Capitulo ambientado en el episodio 116 del anime.


Cuando Karin despertó, sintió como alguien limpiaba su herida. Al abrir los ojos se encontró con unos ojos marrones familiares, pensó que era su hermana; pero con su visión volvió por completo se encontró que era la mismísima Kikyo.

Se sentó rápidamente dándose cuenta que se encontraba dentro de la casa de Suikotsu con los niños rodeándola mirándola preocupados y con Kikyo a su lado.

—Recuéstate tu herida en la frente es profunda y aún no se cierra —pidió Kikyo—. Seguro que te golpearon con algún objeto.

Karin miro incrédula a la sacerdotisa, su la había visto de cerca y su único recuerdo de ella era cuando robaba las almas de su hermana; pero viéndola de cerca era algo desconcertarte encontrarle un leve parecido a su hermana. Claro que ella era la reencarnación de la gran sacerdotisa Midoriko y aun así su parecido con ella era nulo.

—¿Kikyo? —solo pudo decir ella.

La sacerdotisa con su expresión seria la miro.

—¿Me conoces?

La azabache suspiro, lo mismo paso con Koga era ofensivo que nadie la mencionara, aunque sea un poquito.

—Soy la hermana mayor de Kagomecita —reveló ella viendo un poco en asombro en los ojos de Kikyo, pero luego desapareció.

—Tienes que volver a recostarte —pidió de nuevo la sacerdotisa.

Karin solo una risa sin gracia, ya había perdido mucho tiempo y aún tenía que recuperar a Rin. Esperaba que por lo menos Sesshomaru la hubiera encontrando primero.

—Agradezco que curaras mi herida —Karin se levantó rápidamente—, pero tengo que salvar a una niña que fue secuestrada por dos personas llamadas Suikotsu y Jakotsu.

—¿Suikotsu? —Kikyo se sorprendió.

—Lo conoces —declaró Karin por la forma en la que esta había dicho el nombre con familiaridad—. Seguro debes saber dónde está —insinuó.

—No puedes ir así —dijo Kikyo señalando la herida que Karin no podía ver y que ignoraba por completo.

—Me conmueve tu preocupación, pero no pienso escucharte, hay una niña que está en peligro y si sabes dónde puede estar ese psicópata llévame ahora mismo —exigió ella seriamente mientras veía su arma en la punta de la habitación que se encontraba.

—No estoy preocupada —mencionó Kikyo con el ceño fruncido—. ¿Y porque yo te ayudaría?

—¿Por qué tú también buscas a Suikotsu o me equivoco? —Karin sonrió porque sabía que tenía razón, ya que Kikyo conocía a este y se encontraba en la casa de él. Asique suponía que esta lo debía estar buscando.

Kikyo se quedó en silencio.

Después de varios minutos de debate, al fin, ambas jóvenes se pusieron de acuerdo para ir a buscar a Suikotsu. En el momento que se encontraron a la fuera de la casa, Karin miro a los niños huérfanos con preocupación y luego, Kikyo, le aseguro que esos niños sabían cuidarse y que estarían bien.

La azabache noto que Kikyo se encontraba débil hasta el punto que caminaba con la ayuda de su arco. Viendo que tenía dificultad para subirse al caballo, la ayudo y luego se subió ella.

—Sujétate fuerte —indico Kikyo.

—No me lo digas dos veces —refunfuño Karin mientras se sujetaba de la sacerdotisa.

Cuando el caballo comenzó a galopar, Karin escucho como los niños se despedían de ella y de Kikyo.

En el transcurso del viaje, Karin decidió sacar charla.

—Cuéntame. ¿Tu e Inu bonito ya se llevan bien? Lo que quiero decir, ¿Ya hablaron como personas civilizadas? —pregunto ella.

Kikyo que se encontraba concentrada mirando las riendas del caballo, frunció el ceño al escuchar el apodo absurdo. Aquella chica que era la hermana mayor de su reencarnación, también conocía a Inuyasha y ahora le preguntaba a ella sobre su relación con este como si fueran cercanas.

—No tengo porque decirte nada acerca de mi relación con Inuyasha.

—Me preocupo por Inuyasha, pero sé de tu historia y pienso que tampoco debías morir de esa forma. Hay muchas cosas en la historia en el día de tu muerte que no se sabían hasta ahora, solo espero que tu relación con Inu mejore porque al fin de cuenta sigues siendo una persona especial para él.

Karin veía a la sacerdotisa permanecer en silencio.

—¿Te conmoví con mis palabras? —insinuó ella divertida.

—¿No te dijeron que eres molesta? —preguntó Kikyo.

Karin soltó una risa.

—Todo el tiempo —dijo ella—. Ahora cambiando de tema, tengo decirte algo de Suikotsu —mencionó—. El poco tiempo que lo conocí, descubrí que su mente está divida por dos personalidades —explico ella de una forma que la sacerdotisa la entendiera—. Por un lado, está la personalidad llena de maldad que me ataco y luego está la otra personalidad conocida como el médico que supongo que tú conociste. Si mi poco conocimiento de medicina no me falla, Suikotsu debe haber pasado por un momento traumático que desencadeno esa personalidad malvada.

—¿Cómo sabes todo eso? —pregunto Kikyo sospecho mientras movía las riendas para que caballo corriera más rápido hacia el monte de las Ánimas.

—Primero antes de pelear con Suikotsu, lo escuche a él hablar con Jakotsu de cómo se deshizo de la personalidad del médico, pero claro que él se equivocó porque cuando intente proteger a los niños, él no podía ejecutar el ataque por completo, "algo" lo estaba reteniendo —explico Karin—. Segundo soy una persona culta —dijo vagamente ya que no quería entrar en detalle de su conocimiento sobre medicina y que uso el término "culto" sabiendo que Kikyo no sabría lo que significaba porque era una palabra con demasiados significados sino se explicaba en el contexto en que lo decía.

—Eres una persona extraña.

—Gracias.

—No fue un cumplido.

Karin noto como rápidamente se encontraban en el momento de las Ánimas y mientras más avanzaban sentía la presencia del fragmento llena de energía maligna y de tres presencias. A lo lejos, podía notar como dos personas peleaban y no le sorprendió que una de aquellas personas era Sesshomaru al notar su llamativo cabello plateado.

Mientras más se acercaban podía divisar a también a Jakotsu y Suikotsu.

La joven de ojos azules se preocupó al ver a lo lejos como Suikotsu sostenía a Rin mientras usaba una de sus garras amenazantes con intención de atacarla.

—Maldición, el fragmento está contaminado de maldad y Rin está en peligro.

«¿Ella también puede sentir los fragmentos de Shikon?». Pensó Kikyo pasmada ya que no cualquiera puede sentir los fragmento.

Aun con el caballo en movimiento, Karin agarro su arco y una flecha para apuntar a la distancia a Suikotsu.

—No dispares —ordenó Kikyo—, mientras aun nos movamos a hay posibilidades que lastimes a la niña.

—¡No puedo! ¡Suikotsu está a punto de mutilarla! —Karin apunto con precisión, aunque el caballo se encontraba en movimiento, Suikotsu no se movía solo se encontraba aprisionando a Rin contra el suelo y Sesshomaru se concentró mucho más en Jakotsu como para poder salvar a Rin a tiempo. Y aún estaba la inseguridad que le sembró Kikyo, al pensar en la posibilidad de lastimar a Rin, pero prefería intentar salvarla a que verla morir por segunda vez en frente de sus ojos.

«Por favor, que Kami este conmigo y que proteja a esa niña». Pensó Karin respirando hondo para luego soltar la flecha. En el transcurso de la flecha, está brillo fuertemente de una energía violácea que sorprendió a una más a Kikyo y que milagrosamente impactó en el cuello de Suikotsu justamente donde se encontraba el fragmento.

En ese momento, Kikyo detuvo el caballo al haber llegado al lugar donde se encontraba aquellas personas.

«Le dio». Pensó Kikyo. «¿Quién es realmente ella?». Se dio vuelta para mirar a Karin con curiosidad, esta nunca le menciono que era sacerdotisa o que poseía un poder sagrado.

La joven de ojos azules bajo rápidamente del bajo y dio unos pocos pasos.

—Deja a mi niña en paz —dijo ella con sobreprotección viendo como Suikotsu caía al suelo.

En ese momento, Karin noto como había llamado la atención de Sesshomaru y Jakotsu, para luego sentir la presencia de Kikyo a su lado.

—E-esa mujer —tartamudeo Jakotsu mirando a Kikyo—. Ella si le tengo miedo —y dicho esto intento alejarse de la sacerdotisa.

La azabache al ver que la intención de Kikyo era ir hacia donde estaba Suikotsu, la sostuvo de un brazo para ayudarla ya que se encontraba un poco débil para caminar. Kikyo la miro un poco molesta y Karin frunció el ceño.

—No me mires así, porque si no te dejare que camines sola como una anciana hacia el cuerpo de Suikotsu que seguramente para cuando llegues ya va estar hecho ceniza.

Kikyo no discutió y Karin la guio hacia Suikotsu. A mitad del transcurso la joven de ojos azules pudo escuchar a Rin decir en un susurro su nombre, estaba alivia que ella estuviera bien.

Ambas jóvenes se situaron a cada lado de Suikotsu que aún se encontraba acostado en el suelo.

«Se me fue la mano». Pensó Karin viendo con cierta impresión como su flecha se encontraba clavada el cuello de Suikotsu. «Al menos el fragmento esta purificado.»

Suikotsu abrió los ojos haciendo que Karin se pusiera en alerta, luego este miró hacia su lado derecho donde se encontraba Kikyo.

—Señorita Kikyo —dijo él en un tono amable.

Kikyo se sorprendió.

—Señor Suikotsu.

Karin miraba aquella interacción con interés.

«Mmm, hay mucha tensión ahí». Pensó ella. «Supongo que este deber ser el querido y sexy médico.»

—Por fin, puede volver en si —dijo Suikotsu mientras el fragmento de la perla brillaba—. Ese brillo oscuro me impidió salir al exterior.

Karin veía a Kikyo pensativa mientras esta miraba a Suikotsu, parecía estar debatiendo algo en su interior, como si no supiera lo que tenía que hacer.

En ese momento, Suikotsu noto la presencia de la joven de ojos azules. La miro fijamente hasta notar la herida sangrante que se había abierto en su frente. La herida en al frente de la joven era una línea corta y un poco gruesa que Suikotsu conocía perfectamente.

—Lo siento, por herirte —se disculpó Suikotsu con la joven.

—Tranquilo —dijo Karin restándole importancia—, esto no es nada. Yo también te he golpeado y no pienso disculparme.

Suikotsu le dio una leve sonrisa, aquella chica tenía una actitud extraña.

—Señorita Kikyo —dijo él nuevamente a la sacerdotisa—. Remueva el fragmento de Shikon que tengo en el cuello. De esa forma regresare a ser un cadáver —pidió haciendo que Karin se sorprendiera—. Deseo ser liberado de esta maldad.

—¿Eliges la muerte? —inquirió Kikyo.

—Así es —afirmo Suikotsu—. Finalmente recuerdo haber muerto en una ocasión. Cuando aún seguía con vida, me sentía confundido sobre qué era correcto y que era incorrecto. Intentaba salvar a una niña mientras la aldea se incendiaba, algunos aldeanos intentaban que huyera de ahí y que abandonara a la niña, pero yo solo quería salvarla. Un soldado que había atacado la aldea me impidió salvarla e intento matarme. Siendo médico mi deber era principalmente salvar a la gente, pero en un momento de desesperación acabe con la vida de un ser humano usando mis propias manos.

«Lo sabía, ese tuvo que haber sido el momento traumático que desencadeno su otra personalidad». Pensó Karin escuchando el relato de Suikotsu atentamente.

—No podía olvidarlo, fui incapaz de perdonarme. No estaba seguro de que hacer. Después de eso, comencé a escuchar esa voz. En el interior de mi corazón se encontraba una maldad que permanecía oculta. Al darme cuenta de ello, aquella maldad despertó y cometía asesinato tras asesinato. Después conocí a Bankotsu, formé parte del escuadro de los sietes guerreros y sucedieron crueles circunstancias que jamás pude imaginar. Es triste, pero mi otro yo mato a tanta gente todo este tiempo y como médico que soy no pude hacer nada en ese instante para salvarlos. No importa a cuanta gente salve o trate de ayudar en sus problemas, estoy seguro de que mi alma jamás se salvara.

Karin cerro los ojos, podía notar el arrepentimiento en la voz de Suikotsu y como se castigaba a el mismo. Conocía el trastorno que tenía este porque lo investigo ya que tenía que hacer una presentación de algún trastorno o enfermedad que les interesara. Y ella eligió el trastorno de identidad disociativa, porque conoció a algunas personas con esas clases de trastornos. El TID no tenía ningún medicamento especifico. Los planes de tratamiento que se manejan para este trastorno es combinar psicoterapia con cualquier medicamento necesario para ayudar con los síntomas que presente el paciente. No hay mucho más que hacer porque era un trastorno sin cura, que presenta varios síntomas característicos y que puede durar años o toda la vida.

Quería alivianar un poco la culpa de Suikotsu, ya que era trastorno muy desconocido para él y que en la Era Feudal se puede considerar como una maldición o posesión de cuerpo.

—Señor Suikotsu —dijo Kikyo—, en el corazón de las personas habitan los sentimientos de la bondad y la maldad. No puede dejar que maldad lo domine.

La azabache rodo los ojos, Kikyo tenía razón hay maldad y bondad de las personas. Pero en el caso de Suikotsu, necesitaba ayuda para que la "maldad no lo domine"; este no podría hacerlo solo.

—No lo creo —dijo Suikotsu cansado—. Estoy seguro que volveré hacer lo mismo y yo ya no puedo cargar con tanta culpa.

Karin suspiro y sostuvo una mano de Suikotsu para darle contención y llamar su atención.

—Escucha Suikotsu, sé que no nos conocemos bien —dijo ella—, pero conocí a personas como tú que tuvieron una personalidad de más —notó como Suikotsu la miraba con atención—. De donde provengo a esto se conoce como una alteración en el equilibrio mental de la persona llamado "trastorno" y lo que tienes tú es un "trastorno de personalidad" que son causados por pasar momentos traumáticos —explico ella de una forma que lo entendiera—. Lo que quiero decir es que no te castigues, porque es una situación muy desconocida para ti y se requiere de un tratamiento que no existirá hasta dentro de muchos años. Que sientas arrepentimiento y que hayas intentado recompensarlo, demuestra que eres humano y una gran persona.

Aquella joven con ojos azules y un extraño conocimiento en medicina hizo que Suikotsu le sonriera brevemente. No creía que fuera una mentira por aquella joven para hacerlo sentir mejor, parecía comprenderlo, y saber que no era el único que tenía ese "trastorno" como lo llamaba ella, lo hizo sentir un poco en paz.

—Gracias, espero nos encontremos en otra vida —dijo Suikotsu mirando a Karin con gratitud y luego miro a Kikyo—. Por favor, señorita Kikyo retire el fragmento y libere mi alma.

Kikyo miro a Suikotsu con preocupación y lentamente movió su mano para agarrar el fragmento, pero sin previo aviso el ataque en cadena de hojas de sables que Karin conocía, atravesó el cuello de Suikotsu haciendo que el fragmento volara.

Karin se horrorizo por lo sucedido y cuando se dio vuelta se encontró con Jakotsu sosteniendo el fragmento de Shikon.

—Me quedare con esto como recuerdo —dijo Jakotsu alejándose.

Qué hijo de puta —susurro Karin incrédula.

—¡Señor Suikotsu! —llamo Kikyo.

—Déjalo, eso es lo que quiero —Suikotsu sonrió mientras se desvanecía quedando solamente cenizas en su lugar.

«¿Por qué no me acostumbro a esto?». Karin miro las cenizas en el suelo.

—¡Señorita Karin! —Rin corrió hacia la joven abrazándola de improviso.

—Rin —Karin se sorprendió y luego noto la presencia de Sesshomaru que estaba detrás de ella—, pensé que se habían ido.

—No pienso dejarla, señorita Karin —dijo Rin determinada y luego miro a Kikyo—. Gracias, por haber traído a la señorita Karin.

Kikyo le sonrió amablemente a Rin.

—Yo no hice nada, ella fue la necia en venir a buscarte.

—La necia, escucha —Karin frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos.

La sacerdotisa se levantó y camino en dirección donde estaba el caballo. Antes de montarse al caballo, Karin se acercó.

—Voy a decir esto rápido, gracias y cuídate tu como al caballo, porque al paso que caminas no llegaras muy lejos —bromeo ella sabiendo que había arruinado el momento.

—Y tu procura de curar esa herida, porque al paso que sangras no le servirás de ayuda a nadie.

Karin fingió ofenderse.

—¿Qué dices? Sangrando y estando en movimiento, le di al cuello de Suikotsu.

—Fue suerte.

—Supéralo, Kikyo, soy mejor que tú.

—Mejor vete.

—Sí, señora.

Cuando la azabache camino en dirección donde se encontraba Sesshomaru y Rin, comenzó a sentirse un poco débil y rápidamente de olvido de eso al ver como aquel demonio la miraba.

—¿Por qué siento que estás enojado conmigo? —Karin arqueo una ceja mirando a Sesshomaru, había algo en la mirada de este que era hostil cuando la miraba a ella—. ¡Yo también fui la víctima, me caí de un puente! ¡PU-EN-TE! ¡Y tuve que pelea con loco con garras! Al menos, respétame un poco —sintió como un líquido se derramaba al costado de su rostro y al tocarse noto que era sangre. Luego comenzó a sentirse cansada y su mirada se volvía borrosa—. No de nuevo —dicho esto, volvía a quedar inconsciente sin antes sentir como alguien la atrapaba.


Cuando Karin se despertó, se froto los ojos sintiéndose aun somnolienta y con un dolor punzante en su frente. Se dio cuenta que era de noche y que Jaken como Rin se encontraban dormidos apoyados en Ah-Un. Luego ella se dio cuenta que se encontraba recostada en un árbol y con Sesshomaru despierto a su lado.

La azabache bostezo creyendo que todo eso era un sueño. Noto la miraba de Sesshomaru en ella.

—Es la pesadilla más rara hasta el momento —dijo Karin con sus ojos cerrándose de a poco—. Escuche por ahí que te transformas en un perro gigante —dijo ella repentinamente sin sentido—. Algún día tienes que mostrarme —y dicho esto, se durmió rápidamente apoyándose en el hombro de aquel demonio.

Sesshomaru la miró inexpresivo como osadamente dormía apoyada en su hombro. De todos sus años de vida, esa era la humana más extraña con la que se había topado. Se vestía extraño, hablaba con mucha confianza, se atrevía a gritarle, pero al mismo tiempo reconocía su lugar.

Su manejo con el poder espiritual era mediocre, su puntería era decente, pero parecía tener buenas habilidades para pelear. Su pelea con Suikotsu en el puente fue corta, pero se encontraba algo impresionado de que no muriera. Y aunque mostraba tener un extraño conocimiento era tonta por mostrar compasión por sus enemigos. Verla agarrarle la mano y ser gentil con aquel sujeto que la había atacado anteriormente era patético y molesto.

No entendía sus cambios de actitud, para algunas cosas era miedosa y en otras no, como la extraña petición a que le mostrara su forma demoniaca.

Estaba claro que nunca iba a entender a los odiosos humanos.


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¡Hasta el próximo capitulo!