La revancha de Marshall

El hijo de un agente especial

Es un domingo por la tarde, se encuentran a solo media hora de cerrar Rush Pizzas. Suena la última ocasión que en teléfono podrá hacerlo este día y un empleado no tarda en responder. Por la expresión de su rostro, podría parecer que es otra cosa, quizá una broma, pero el sujeto toma nota de todas formas. Al colgar, se dirige a la cocina sin tardanza.

—Oigan, miren esto, nos pidieron una pizza para una casa que está enfrente de Burning Pizza.

—¿Es una broma?

—En serio, mira.

—Je, je. A Blue le encantará esto.

De manera oportuna para agilizar la trama, Blue terminaba de limpiar los baños, así que regresa a la caja para sentarse y esperar la hora de cerrar. Aquel empleado lo encuentra de inmediato.

—Oye, Blue, mira esto.

—Estoy ocupado.

—No estás haciendo nada.

—Estoy pensando, eso es algo.

—Esto es importante.

—Pensar es importante.

—Pero… ¡Solo abre los ojos y mira esto!

Lo decía como broma, pero la verdad es otra. Han pasado algunos días de aquel combate. No ocurrió nada desde entonces. Decenas de preguntas inundan su mente a la par que recuerda el resto de esa tarde. Cuando las autoridades se acercaron a interrogar, el erizo tomó a sus amigos para huir. La única explicación que pudo dar fue un supuesto temor por ser reconocido o salir en noticias regionales. El que sus padres se enteraran de algo como eso podría perjudicarlo o, incluso, obligarlo a volver a casa. Esas fueron las razones que dio. El único convencido en su totalidad fue Qkidna, pero era evidente que Katly no se fue igual de satisfecha. Esto abre camino a muchas otras preguntas que no tienen tiempo de ser formuladas por la insistencia de su compañero.

—A ver —dijo en medio de un suspiro—, ¿qué hay aquí?

Blue solo se queda viendo el pedido sin dar señales de vida como por 30 segundos hasta que el empleado se desespera.

—Bueno, entonces, ¿qué te parece?

Blue solo guarda silencio.

—¿Qué?

—Solo hagan la pizza, que ya solo nos quedan 15 minutos.

—¿Eh?… Rayos, es verdad.

El empleado toma el pedido de vuelta y se va a la cocina. Y cuando Blue se queda completamente solo…

—¡Ja, ja, ja! ¡Cómo deben de ser esas pizzas para llegar a esto! ¡Ah, ja, ja, ja!

El erizo se ríe como loco como por cinco minutos hasta que el empleado sale de la cocina con la pizza lista. Entonces se queda completamente serio, disimilando la risa.

—Ehh… aquí está, la última orden del día. Cerraremos ya, te esperaré para que dejes la moto y podrás irte. Mejor deja ese uniforme, no lo vayas a arruinar otra vez.

—¿No me dejarán olvidarlo? —dijo con un tono de voz poco característico. Tomó la comida y salió.

—Qué seriedad tiene hoy…

Lentamente se sube a la moto, la enciende, se va y, cuando desaparece de la vista de todos, comienza a reír en locura otra vez.

Después de dos minutos viajando a máxima velocidad —excepto por donde hay oficiales de tránsito—, llega a la casa que, en efecto, se encuentra justo enfrente de Burning Pizza. Aquel local es mucho más grande que su competencia directa. Su logotipo es tan solo una pizza en llamas. Parece que cerraron hace poco, pues hay dos almas que notan la llegada del erizo.

Uno de ellos es Marshall, recargado, de brazos cruzados, en una pared. Levanta las orejas y sus ojos se abren cuando reconoce al erizo. Llama la atención se su compañero. Un camaleón verde de ojos café. No destaca por mucho más que su larga cola y su intento de imitar la vestimenta del lobo con lo que su presupuesto de estudiante alcanza. Alcanza el metro de altura, pero puede que no crezca más.

Cuando Marshall descubre que su rival está entregando un pedido, se enfurece.

—Oye —habló el camaleón con una voz aguda y audible a metros de distancia—, ahí vive la señora que vino antes de cerrar.

—¡¿Qué?! ¡¿Vino aquí antes?! Y ¿por qué…?

—Tal vez sea porque le dije que estábamos por cerrar.

—Espera, ¿le negaste un pedido por la hora?

—Pues… Sí, ya nos íbamos, ¿no?

—¡No rechazamos ningún pedido hasta que las cortinas estén abajo!

—¡Ahh! ¡Lo siento!

—Te quemaría vivo ahora mismo, pero…

Luego de recibir propina, Blue da un vistazo obligatorio al comercio rival. Reconoce a los chicos de inmediato, por lo que no duda en subir a la moto y dar las vueltas correctas para llegar a su encuentro.

Una sonrisa llena de orgullo, como si se trata de una gigantesca victoria, es lo primero que les regala.

—Oye, Marshall. Oye, Marshall. Oye, Marshall…

—¿Qué quieres, Jethog?

—¡¿Viste lo que acaba de pasar?!

—Hmph. Sí, lo vi. No tiene importancia.

—¡¿Ehh?! Pero, hace un momento dijiste que…

—¡Cállate, Leon!

—Eso les pasa por querer cerrar más temprano —seguía burlándose.

—Bah. Una sola pizza no nos arruinará. Además, no podíamos quedarnos más tiempo.

—¡Hoy es el gran día!

—No es para tanto, Leon.

—¿Ah? ¿Qué día es ese?

—¿Recuerdas a Kira?

—Por supuesto… ¡Oh! ¡No me digas que…!

—¿Hablaban de mí! —se escuchó una voz profunda, madura a comparación de los chicos.

Para seguir agilizando la trama, el susodicho se hace presente. Se trata de un albatros. Sus ojos grises darían la impresión de tener algún poder, pero no es el caso. Su plumaje es de un brillante gris que se decolora hasta ser blanco en las puntas de cada pluma. Este detalle se hace más presente en sus alas desnudas, donde el contraste es mayor.

Las alas de los mobianos son diferentes por cada especie e individuo. Kira es de los que nacen sin poder volar, pues su plumaje no es muy abundante en esa zona y es incapaz de extenderlas. No viene a cuento explicar cómo sucede esto.

Su vestimenta es un poco formal. Un pantalón gris, camina blanca abotonada solo hasta el pecho, con una playera aún más blanca por debajo y un par de zapatos negros. Sin embargo, Kira destaca más por su altura y tamaño en general. Llegando al metro con 40 centímetros, su prominente pecho y fuertes alas demuestran que su cuerpo está tanto o más entrenado que el de Marshall. Las piernas no se quedan atrás, pero es menos visible por el pantalón. Carece de un plumaje largo en la cabeza, este sería el cabello para las aves, pero se compensa con las plumas de la cola.

—No esperaba verte hoy, Blue.

—Je, je. hola, Kira. A que no sabes lo que pasó. Verás…

—¡Oye, Kira! —interrumpió Marshall— Ya se nos hace un poco tarde, ¿no?

—Cierto. Estoy ansioso, ¿nos vamos ya?

—¡Ey! No me quiero perder eso. Iré a dejar la motoneta y los alcanzaré cuanto antes —dijo con entusiasmo para arrancar de inmediato.

—Espero que no —respondió Marshall, incapaz de ser escuchado por el erizo.

El trio comienza su camino.

—El examen escrito fue demasiado fácil. Espero que las pruebas físicas impliquen un verdadero desafío.

—Te has estado preparando para esto toda tu vida, Kira. Será demasiado fácil para ti.

—Sí —reafirmó Leon—, sobre todo siendo un Zenoka. Es increíble que al fin lo vayas a intentar.

—¡Ja, ja! No lo pensaste ni un instante desde que cumpliste la mayoría de edad.

—Je, je. Lo había estado esperando con ansias.

Antes expliqué el desarrollo físico de los mobianos, tardando, todos, el doble de tiempo en desarrollarse que un humano, sin importar la especie. En este mundo y tiempo, la mayoría de edad se cumple a los 30, que serían 15 para nosotros. Siguen siendo chicos, pero han vivido mucho más de lo que aparentan.

Luego de un corto paseo, llegan a una estación de policía.

—Bien, llegó la hora.

—No te pongas nervioso, Kira. Este es el primer paso.

—¡Sí! Descuida, fue tu padre quien te entrenó. Esto es un juego para ti.

—Es cierto. Además, recuerda también que fuiste tú quien me enseñó a pelear.

—Ja. Un Ser de Mobius, alguien sin poderes, enseñando a un Ser Especial. Es gracioso.

—¡¿Llegué a tiempo?! ¡Llegué a tiempo! ¡Genial!

La pequeña ventisca provocada por su velocidad anunció su arribo antes que su voz.

—¡Jethog! ¿No tienes otra cosa qué hacer hoy?

—No.

—Está bien, Marshall. Vamos de una vez.

Dos puertas de cristal se abren cuando los chicos pisan una plataforma. El interior de la estación pareciera solo largas y abiertas oficinas. Kira los conduce hacia una caseta, donde lo reconocen de inmediato por su apellido: "Zenoka".

Un oficial de uniforme manchado por el café y las rosquillas los conduce por un pasillo que terminaría por revelar el verdadero tamaño del complejo. Solo la sección que visitan impresiona a Blue y a Leon, quienes no habían entrado antes.

Una gigantesca habitación separada por delgadas, pero resistentes paredes, es lo que llaman el hangar de entrenamiento. Es solo uno de tantos. No hay nadie ocupando los numerosos espacios con variadas herramientas y máquinas.

Aquel oficial de dudosa condición física explica que será quien supervise la prueba física de Kira. Prueba que definirá su estadía y papel en las fuerzas de la policía. Este albatros es uno de los pocos mobianos del planeta que tienen los privilegios y las habilidades para dejar de lado los estudios y dedicarse a otra cosa en específico. Por supuesto, esto llegada la mayoría de edad.

Entre explicaciones largas y aburridas, en las que Leon se pierde cazando moscas con la lengua, aquellos detalles salen a la luz. Marshall piensa un poco esas cosas y recuerda ser un año mayor que Blue, sin embargo, le faltan solo dos para llegar a donde está Kira. Entonces, ¿por qué Blue está aquí, viviendo por su cuenta? ¿Es legal? ¿A alguien le puede importar?

Estos pensamientos son interrumpidos cuando el oficial los dirige a la primera sala, donde probarán la fuerza de Kira.

A lo largo de tres paredes, un techo y el mismo piso, están repartidas una serie de baldosas de distintos tamaños. Kira debe seguir una rutina ensayada con anterioridad, cada baldosa calculará la fuerza de los golpes y patadas que el albatros conectará. Se jugará eso y la ejecución de los movimientos. El albatros encarga su camina a Leon; su playera y pantalón están pensados para realizar cualquier actividad física.

Desde el comienzo, la fuerza del ave genera una pequeña presión que es perceptible por todos los presentes en cada golpe. Quien mejor puede sentirlo es Blue, maravillado de la fuerza que un Ser de Mobius puede tener.

Cada golpe y patada es preciso y da justo en el centro de cada baldosa. Los datos registrados llegan a una tableta electrónica en manos del oficial. Un aparato que revela numerosos hologramas por cada ventana y grafica abierta, manipulables con gran facilidad. Al leer los números, los labios del agente se abren un poco.

—Impresionante.

—Hmph —Marshall mostraba la reacción opuesta. Por supuesto que es así, el resultado será el esperado.

La siguiente prueba es de puntería. Los oficiales de policía deben ser capaces de utilizar cualquier arma básica con efectividad. Conocen la visión que un albatros puede tener, por lo que arreglan todos los objetivos a 300 metros. Dianas, objetos pequeños de cristal y siluetas mobianas con puntos vitales marcados son los objetivos que Kira debe cazar con un par de pistolas. Una contiene proyectiles físicos, los que todos conocemos; la otra, es un arma de energía artificial. Pequeñas secciones con transparencia en la primera mitad del cañón indican la cantidad de energía que ésta posee.

Las armas de energía contienen munición infinita, pues pueden recargarse solas en poco tiempo. Sin embargo, son mucho menos letales que sus contrapartes físicas, pues el daño que ocasionan en un cuerpo adulto mobiano es mínimo. Se utilizan para inmovilizar objetivos tras algunas ráfagas acertando en puntos vitales. Pueden ser programadas para causar más daño a costa de más munición.

Una vez más, el resultado sorprende a todos excepto a Marshall. A pesar de que sus objetivos se mueven de manera aleatoria, el margen de error se mantuvo al mínimo. El único detalle a destacar fue el tiempo que le tomó disparar a los objetos más pequeños.

Algunas pruebas más están diseñadas para medir sus reflejos, su resistencia, estilo de combate, entre otras cosas. Quien parece más entusiasmado por estas cosas es Blue, seguido muy de cerca por Leon. El único en verdad aburrido es Marshall. Conoce a Kira desde la más tierna infancia, así que todo esto es solo una formalidad para él. Sería una conspiración que su amigo no pasara las pruebas, al menos así lo cree.

En algún punto, Blue comienza a sentirse abrumado. Kira no solo es fuerte, tiene un entrenamiento que el chico solo había rozado con su mente en contadas ocasiones. Conoce los puntos vitales, su postura es firme todo el tiempo y cada ataque hecho por él tiene una fuerza y precisión espeluznantes. Ni siquiera Marshall ha demostrado algo así. El lobo y el erizo no han necesitado tanto entrenamiento hasta ahora, su poder es más que suficiente.

Tras todo esto, solo queda hacer una breve prueba de salud, por lo que el trio acompañante deciden esperarlo fuera de la estación. Blue y Leon se muestran ansiosos, sentados al filo de la acera. Por otro lado, Marshall mantiene la postura habitual: brazos cruzados mientras su mirada es fija, alta, y su cola apenas se mueve.

—¿Cuánto tiempo creen que le tome a Kira ser agente especial?

—No lo sé. Podría entrar al Equipo Especial ya, si quisiera. Quiere comenzar desde cero, por algún motivo.

—¿En serio? Sabía que era hijo de un agente especial, pero creí que necesitabas algo más para entrar directo.

—El Equipo Especial es la fuerza élite de Mobius —explicó Marshall—, no aceptan a cualquier solo por ser alguna especie de prodigio. Sin embargo, el padre de Kira no es solo un agente especial más. Se trata del mejor agente que Mobius ha tenido en un par de siglos. Si fuera por él, Kira entraría directo.

—¿De verdad? ¿Por qué no…?

—El agente Zenoka lo sugirió hace mucho tiempo. Fue Kira quien rechazó la idea.

—¡¿Qué?! ¡¿En serio?!

—Sí. No le gusta la idea de entrar solo por influencias externas. Prefiere llegar ahí por sus propios méritos. Es así desde que lo conocí, je, je.

—¿Qué hay de ti, Marshall?

—¿Ah?

—¿También quieres ser agente especial?

—¿Acaso no sabes nada del Equipo Especial? Son una organización mundial independiente. Todos son Seres de Mobius. Son orgullosos, odian la ayuda de los Seres Especiales.

—¿De verdad? Qué extraño. Pensé que, por el nombre, la mayoría serían Seres Especiales.

—El nombre no se lo pusieron por eso… ¿No prestas atención en las clases de historia? Oh, cierto, no puedes.

—¡Oye! ¡¿A qué viene eso?!

—Es la única explicación para tu ignorancia.

—No necesito saber todas esas cosas. Sé solo lo que necesito saber.

—Eso solo te vuelve un idiota.

—Oye, no necesito saber cosas para vencerte. ¿Cómo vamos ahora mismo? ¿Tres victorias a cero?

—Tsk… Las carreras en motoneta no cuentan.

—Eso lo haría siete victorias a cero. ¿Prestas atención en clases de matemáticas?

—Eh…

—¡Ja, ja, ja, ja! Te la aplicó bien, Marshall —se burló el camaleón, quien callaría tan pronto los ojos del lobo le apuntaran, con un intenso brillo rojo en sus iris.

—Son tres victorias a cero. Solo es una mala racha. Puedo remontar cuando quiera.

—Ohh. ¿Qué tal ahora?

El rostro malhumorado del canino desaparece, reemplazado por una confiada sonrisa.

—¿Comenzamos de una vez?

En cuanto Blue se pone de pie, ambos comienzan a caminar alrededor del otro. Poco a poco salen de la acera para terminar a media calle. Por fortuna, se encuentran en una zona amplia, con pocos edificios cercanos. Leon los ve de lejos, nervioso por la experiencia previa en esta situación.

El erizo parece listo para comenzar a correr en cualquier momento. Marshall, por su lado, al fin suelta los brazos. Se mantiene firme, la espalda recta, buscando verse más alto a pesar de ya superar en altura a su rival. Se detienen, están listos para comenzar el combate.

—¡Esperen! ¿Seguros que es buena idea hacerlo aquí y ahora?

—¡Sí! —gritaron a la par, abalanzándose contra su oponente.

Marshall solo pudo avanzar tres pasos, pues Blue corrió a una velocidad considerable para dar un pequeño salto y arrojar una patada en horizontal. El lobo se cubre levantando su brazo, apoyando con su otra extremidad, pero la fuerza del ataque lo hizo retroceder un par de metros. Sin embargo, el ígneo se mantuvo siempre firme, sin tambalear ni un poco; la suela de sus zapatos al deslizarse dejó una marca en el suelo.

Blue no de detendría ahí. En cuanto aterriza, se abalanza de nuevo contra su rival, quien ya se encontraba juntando energía en su mano para arrojarla al suelo, levantando una potente llamarada que obliga al erizo a retroceder. Marshall avanza entre sus propias llamas para ser él quien intercepte a su rival esta vez.

El lobo arroja feroces golpes con sus puños bañados en fuego, pero no es capaz de hacer contacto, pues Blue puede esquivar cada ofensa con mucha facilidad. El gusto le duraría poco, pues Marshall extiende su brazo entero para disparar un lanzallamas; el erizo lo esquiva, pero el ataque solo dura medio segundo, menos de lo esperado. Marshall utiliza el fuego de esa misma mano para impulsarse y dar un giro, conectando al fin un golpe a la mitad del esquive del erizo. Blue lo recibe cruzando las manos; el impacto da en las esferas, intactas e intermitentes.

Es ahora el chico quien retrocede algunos metros. Logra reincorporarse para esquivar otro golpe. Una vez más, Marshall utiliza el fuego en sus manos para ganar impulso, girar su cuerpo y caer con un puñetazo que le erizo esquivaría de nuevo. Al contacto con el suelo, se levanta una pequeña, delgada y breve cortina de fuego alrededor del lobo.

Al levantar la mirada, ver al erizo rodando en el aire, cubierto por su energía celeste, elevándose poco a poco. Reconoce la técnica de inmediato y permanece inclinado en la espera. Blue dispara su ataque y Marshall esquiva haciéndose a un lado con el mismo impulso de sus manos; recibe un roce por un lado del rostro, lo que le enfurece un poco.

El erizo rebota al golpear el suelo y su rival no desaprovecha un solo segundo para acumular energía en ambas manos y dispararla como un proyectil, una bola de fuego. Blue no se reincorpora a tiempo y recibe el ataque. Se desliza un poco para girarse y recibir la agresión de Marshall, el mismo intercambio del inicio se repite.

Leon observa desde fuera de la estación, abrumado por sus propios nervios que crecen al ver los diminutos incendios que el lobo deja a su paso y las grietas que los ataques giratorios del erizo provocan. Por fortuna, estos pequeños daños se reparan en cuestión de segundos. La ciudad entera tiene nanomáquinas repartidas en cada rincón para que estos detalles no representen ningún tipo de problema. Es normal en un mundo habitado por seres tan fuertes por naturaleza. Las observaciones del camaleón son interrumpidas al ser distraído por un pequeño temblor.

Los temblores se repiten, volviéndose más fuertes en cada ocasión. Los chicos no son capaces de sentirlos por el calor de su propia batalla. A pesar de su velocidad, Blue no encuentra una ventana para contraatacar. La postura de Marshall se mantiene tras cada golpe, teniendo su defensa bien en alto, ambos brazos buscando cubrir cualquier sitio que el erizo intente golpear. Tras entender todo esto, el chico busca retroceder para salir del peligro y buscar otras opciones, pero esto queda cubierto cuando Marshall arroja varias bolas de fuego, fallando a propósito para que impacten en el suelo y creen incendios permanentes. Cada opción a espaldas del erizo queda cubierta. Solo quedan los costados, pero el lobo arroja un potente lanzallamas con cada brazo, creando dos paredes no muy altas.

Las opciones de Blue quedan limitadas. Si salta, un proyectil lo alcanzará. No puede cargar un ataque rodillo sin que Marshall lo intercepte antes. Las llamas no se apagarán hasta que su rival quede sin energía. Solo quedaría correr a través del fuego, pero es probable que el lobo espere esto para subir la intensidad y, no ganar la pelea, pero sí acertar un daño a considerar. No hay opción segura excepto ganar el combate cuerpo a cuerpo. Esto es, Blue está decidido a sacar el máximo provecho a su velocidad, solo que, el tiempo que pensó todas estas cosas fue suficiente para que Marshall tomara la iniciativa antes.

Un puño cubierto en pequeñas llamas se aproxima, la reacción es cubrirse con ambas manos; las esferas reciben el ataque de nuevo. Ambas extremidades se mantienen juntas, pero retroceden tras el golpe, abriendo la defensa del erizo, cosa que Marshall buscaría aprovechar, pero su rival se cubre de nuevo a tiempo de la misma manera.

Esto se repite muchas veces. Pronto, Blue queda acorralado a espaldas de aquellos incendios. Su única defensa es la velocidad a la que puede poner sus pequeños escudos frente su cuerpo, pero llega a debilitarse demasiado. Un golpe más logra separar las manos. Alcanza a cubrirse el siguiente golpe con una, pero esto abre aún más su defensa a consecuencia. Cuando pone su otra mano enfrente, Marshall lo toma de la muñeca y lo jala para darle un cabezazo. Tras desconcertarlo, lo toma de los hombros para empujarlo y derribarlo justo sobre un incendio.

—¡Argh!

Con ambos cubiertos de fuego, Marshall acierta un golpe en el rostro para luego pisar su pecho e impulsarse en una pirueta hacia atrás. Al aterrizar, levanta una mano para subir la intensidad del incendio hasta agotar su energía. Todo el fuego alrededor se apaga también.

Los ropajes del lobo están casi intactos, solo mostrando quemaduras pequeñísimas. Esto explicaría su apariencia y lo irreconocible del material. Es costosa, eso sí, pero está hecha para soportar, en cierta medida, el fuego que el mismo Marshall genera. No es lo mismo para el erizo. Todo lo que fuera de un color claro pasó a ser negro o de un amarillo que se decolora hasta llegar a aquel tono. Lo único que permanece casi intacto es el pañuelo y, por supuesto, los guantes, cuyas esferas no muestran un solo rasguño, solo suciedad, como si fueran nuevas. Esto dejó de impresionar al ígneo hace mucho. Lo que sigue sorprendiéndolo es la resistencia de Blue.

Adolorido y tembloroso, el chico logra girarse un poco para apoyarse con ambas manos.

—¿De verdad? ¿No has tenido suficiente? Vas a terminar casi desnudo como aquella vez. No es que me importe, pero, tendrás una derrota humillante.

—Je, je —logró ponerse de pie, aunque tambaleando un poco—. Al menos déjame meterte un buen golpe. No me dejaré irte tan limpio. Lo único que podría hacerme sentir humillado es el no poder golpearte bien a pesar de mi velocidad.

—Nos hemos enfrentado durante un año, ya. Me obligaste a adaptarme. Hmph, incluso Kira dice que me volví ridículamente rápido por tu culpa.

—Pues, de nada. Veamos si soy capaz de remontar ahora.

—Buen intento, ¡no te dejaré sanar! ¡Se acabó la charla!

Marshall se impulsa de nuevo usando ambas manos como propulsores. Blue lo espera, con ambas piernas dobladas. Cuando están cara a cara, el erizo suelta una patada alta, pero el lobo atrapa su pierna. Se escucha un fuerte impacto y la energía de antes se dispersa en una pequeña onda expansiva a poco más de dos metros alrededor. Marshall muestra su dolor en una pequeña mueca, pero arroja la extremidad a la par que genera una diminuta explosión en su mano para darle más impulso. Esto saca por completo de equilibrio a Blue, quien solo puede esperar el siguiente golpe que acabará con el combate.

Ninguno se dio cuenta, pero hay oficiales saliendo de la estación desde hace un minuto. Todos llevan armas de energía con cañones largos y gruesos, se necesitan ambas manos en la mayoría de los casos para cargarlas. Leon desapareció ya. Una gran sombra cubrió a los agentes por un instante, ayudándolos a localizar al invasor. Cuando Marshall está por conectar el golpe final, un gigante de metal aterriza a un costado de ellos, levantando escombros y enviando lejos a ambos.

Blue cae, rebotando un par de ocasiones, solo Marshall consigue usar sus propias flamas para impulsarse y reincorporarse en un aterrizaje improvisado.

—¿Qué demonios es esa cosa?

—¿J…Justo ahora?

Este robot tiene una altura similar al anterior, solo que se mantiene encorvado. Se trata de una gran ave, ninguna especie reconocible. Al aterrizar, cierra sus gruesas alas. Posee un pico que parece imposible de abrir, solo con un pequeño orificio en la punta. El último detalle a destacar son sus patas, largas y con tres garras afiladas cada una. La estructura es similar al gigante anterior.

De inmediato, todo el escuadrón de la policía abre fuego. Al recibir un daño mínimo, la criatura busca a sus atacantes con la mirada. Se ve un poco de energía gris y sin brillo acumularse en la punta del pico. Entonces, se dispara un láser capaz de cortar el suelo y rebanar estructuras delgadas.

—Maldición, ¿qué está ocurriendo? ¿por qué…? ¿Ah?

Cuando consigue que los oficiales retrocedan, devuelve su mirada a los chicos, mejor dicho, a Blue. Marshall lo nota de inmediato.

—¿Será acaso…? ¡Jethog! No me digas que fuiste tú el que destruyó el de aquel día.

—Je, je. ¿Es muy obvio?

Tankdo se ve de verdad sorprendido ahora. No hay oportunidad de expresar nada más, pues la gran ave extiende sus alas de nuevo. En algunas plumas se acumula un poco de energía.

—¡Cuidado!

El erizo detecta a tiempo un ataque y advierte para que ambos puedan huir de una serie de láseres. El ataque dura muy poco y las alas se cierran. Pero la criatura se dispone a cazar al chico utilizando sus garras y pico. Cada paso apresurado que da genera un temblor cercano y deja una gran huella. Por supuesto, Blue no tiene problema para solo huir. Sin embargo, está muy adolorido para realizar cualquier ataque de rodillo con efectividad. El brillo en las esferas sigue siendo intermitente, aunque con poca intensidad.

Mientras la criatura corre, comienza a recibir más proyectiles de energía que apenas logran dejar una mancha. Se dispone a silenciar a los oficiales al abrir sus alas una vez más, pero una gran bola de fuego golpea su rostro. El daño sigue siendo mínimo, pero logra llamar su atención.

—Me ofende que no me tomes en cuenta.

—¿Marshall?

—Si pudiste vencer uno similar, ¡no puedo quedarse atrás!

—Oye, oye, ¡¿quién dijo que fue fácil?! ¡Marshall!

Los intentos de advertencia son en vano. El lobo se impulsa con fuego para esquivar uno que otro láser ocasional y no entrar en contacto con las garras o el pico, herramientas que se clavan con fuerza, dejando una grieta enorme en el suelo cada ocasión. Al ver que sus bolas de fuego hacen muy poco daño, decide descargar toda su energía en la forma de un lanzallamas cargadísimo, apuntando solo a las piernas. Debe dejar de moverse para esto, se dispone a cancelar su ataque en cuanto el ave busca golpearlo con su pico, pero ésta recibe varios proyectiles de la policía. Prefiere dirigir su agresión hacia ellos, extendiendo las alas de vuelta para cargar sus láseres. Es entonces que un ataque rodillo golpea su rostro con fuerza. Solo hace girar un poco su cabeza, haciendo que pronto recuerde quién es su verdadero objetivo.

Blue cae con muchos problemas para mantenerse de pie. Por su lado, Marshall observa con atención en brillo de las esferas. Celestes, intermitentes, pero con poco brillo.

—¿Ya está en su límite? —dijo a la par que se le acaba el fuego.

El ataque del lobo logró dejar marca en toda la pierna del ave, ambas. Pero no evita que siga moviéndose con demasiada agresividad.

El erizo esquiva un picotazo y varios intentos de agarre. Se tambalea mientras intenta deslizarse como siempre, hasta que tropieza en el momento justo para que una garra lo atrape. En ese preciso instante, una fuerte corriente de aire se hace presente; el poder del viento logra levantar Blue, alejándolo del peligro. Cae a pocos metros, algo desconcertado.

—¡¿Por qué tardaste tanto?! ¿Acaso es parte del código, o algo así?

—Lo siento, buscaba las armas pertinentes —habló el albatros, con ambas alas extendidas, pues fue él quien provocó la ventisca.

Kira lleva consigo un cinturón donde carga una pistola de energía y un pequeño artefacto del tamaño de su palma con un único botón en medio.

—¿Es un chiste? ¿No sabes usar algo mejor?

—No conseguí que me prestaran algo mejor.

La conversación termina tan pronto como inicia, pues el ave se abalanza sobre el erizo una vez más. Blue ya se encontraba de pie, pero solo puede seguir esquivando agresiones que destruyen más el terreno, levantando pequeños escombros y arrojando vehículos.

—¿Cómo lo vencemos?

—Primero debemos segarlo.

—¿Segarlo?

—Sí. La inteligencia artificial con la que funciona se ve limitada, a menos que esté siendo controlado remotamente. Depende de sus ojos para identificar el terreno y potenciales amenazas.

—Ya veo. Bien, déjamelo a mí.

—¿Cómo planeas acercarte tanto?

—Eh…

—Hagamos esto…

La máquina sigue recibiendo proyectiles. Algunas plumas de metal comienzan a desprenderse de sus alas, pero esto no lo detiene para nada. Es como si supiera que Blue está exhausto, es solo cuestión de tiempo para dar un golpe certero. Los láseres dejaron de ser una opción desde que algunas plumas cayeron y se volvieron fáciles de esquivar gracias a cierta habilidad para sentir energía.

A pesar del inmenso terreno que tiene para sí, Blue se siente acorralado. Su cuerpo adolorido y la energía que no tiene oportunidad de regenerarse le brindan pocas opciones de movimiento.

—Quizá… deba… solo por unos segundos —apunta la mirada a sus guantes, pero no tiene oportunidad de pensar o tomar cualquier decisión. Un paso fuerte del ave lo hace caer.

En ese momento, Marshall se desliza por debajo del gigante. Utiliza ambas manos y pies para impulsarse en un gran salto, quedando frente su rostro y arrojar un breve lanzallamas. Esto no sería pasado por alto, pero, antes de poder contraatacar, el lobo utiliza sus extremidades como propulsores con pequeñas explosiones que lo impulsan en el aire, rodeando al ave mientras le sigue con la mirada y la energía comienza a reunirse en su pico.

El lobo cesa las explosiones para comenzar a caer a la par que Kira, impulsado por la fuerza de sus alas, da un enorme brinco para llegar a la misma altura. Toma su arma y dispara directo a ambos ojos en una ráfaga. Esto le causa poco daño a la criatura, cuya energía termina de cargar en la punta del pico. El albatros aterriza y un láser es disparado en su dirección, pero estaba listo. Toma aquel pequeño artefacto y presiona el botón justo a tiempo para generar una delgada abarrera frente sí.

Este escudo, creado de la misma energía que recibe, logra reflejar el láser, controlado ahora por Kira. Lo primero en recibir daño es una de las alas del gigante. De inmediato, Zenoka redirige el resto del láser hacia el pecho de la criatura artificial, obligándola a retroceder y cancelar su ataque de inmediato. En ese momento, Marshall ya se elevaba en dirección al rostro del robot. Usa el pico para apoyar ambas piernas con fuerza. Sus puños se encontraban cargadísimos de fuego, como gruesas antorchas. Sin pensarlo un momento, conecta un fuerte golpe al ojo izquierdo, luego al derecho; lo repite así hasta comenzar a fracturar ambas partes.

La gran ave no puede hacer nada, con un ala rebanada y la otra ocupada en mantener el equilibrio, no tiene manera de quitarse al parásito del rostro. Por fin, ambos ojos so destruidos. Marshall da una larga pirueta hacia atrás para volver con Kira. Para sorpresa de ambos, el gigante comienza a disparar su láser de manera aleatoria mientras aletea y patea en un frenesí defensivo. Su ala dañada se parte a consecuencia, pero no le da importancia.

—¿Ahora qué?

—Hay que buscar un patrón y esperar el momento exac…

Un ataque rodillo logra golpear una de sus piernas, como si un hacha talara un tronco, dejando una gran marca. A consecuencia, esa misma extremidad comienza a romperse por el peso de un ave atacando al suelo en busca de sus enemigos. Pero un segundo ataque giratorio termina de rebanarla. El gigante pierde el equilibrio, causa de su propia agresión.

Cae con muchísima fuerza, provocando un último temblor para terminar desmoronándose por los daños recibidos y la débil estructura. Una vez en aparente inactividad, Blue se acerca a su rostro para intentar sentir algo. Otra posible autodestrucción.

Solo puede detectar la energía desvanecerse a pasos lentos hasta no quedar nada. Puede relajarse con un largo suspiro y dar a la máquina por muerta.

—¡Jethog! —se aproximó el lobo, seguido del albatros.

—¿Ah? ¡Marshall!

—¡¿Cómo es que no estás muerto?! —gritó, burlándose de la poca eficacia del erizo en este combate.

—¡¿Ah?! ¡¿Qué clase de pregunta es esa?! En perfecto estado, lo habría derrotado como al de la última vez.

—Ya veo. Entonces sí fuiste tú quien destruyó aquel robot —confirmó Kira.

—Ah… Bueno, yo…

—¿Por qué te pones nervioso? ¿Acaso pensabas quedarte con todo el crédito de la victoria? Siempre recuerda esto, Jethog. No eres el único héroe en potencia de esta ciudad —concluyó con una gran sonrisa en su rostro, cruzado de brazos mientras apoya un pie sobre los restos del robot.

—Chicos…

Blue se muestra admirado por la determinación de su rival. Pero, sin duda alguna, lo que más logró impresionarlo es el valor de Kira. No tiene ningún poder, pero no dudó un solo instante en utilizar las herramientas que estaban a su alcance para ayudar en el combate. A pesar de todo ello, se muestra humilde e, incluso, ríe un poco frente el orgullo de Marshall. Sin duda, un par de aliados que serán valiosos en el futuro, no, lo son desde ahora.

Blue parecía querer decir algo, pero la policía se aproxima.

—Rayos…

—¿Eh?

—Debo irme ahora. Eh, sé que parecerá extraño, pero, ¿podrían no mencionar que participé en esta pelea?

—¿Qué? ¿Por qué haríamos…?

—¡Solo háganlo, por favor! Lo explicaré otro día.

Sin más tiempo para hablar, el erizo se hecha a correr, mucho más lento de lo habitual, pero desapareciendo casi al instante de cualquier forma. Los dos restantes se ven a los rostros, intrigados, pero deciden ignorarlo tan pronto comienzan a ser interrogados por el resto de oficiales.

Alrededor, se puede ver cómo la calle, acera y algunas estructuras dañadas comienzan a repararse sin ninguna prisa. Oficiales comienzan a examinar los restos del robot mientras las partes fáciles de cargar son llevadas dentro de la estación a la brevedad. Todo esto, mientras el sol comienza a ponerse, marcando el fin de otro día. ¿Qué pasará después? ¿Qué significado tuvieron estos ataques?


Los nuevos poderes #3

Grupo Elemental: Seres de Fuego

¿Qué más se puede decir de ellos? Son aquellos cuyas técnicas se basan completamente en el uso del fuego o del calor. Tienen la capacidad de crear incendios con su propia Energía Vital, y su poder puede incluso aumentar solo con la luz del sol. Sin embargo, en general, tienen el defecto de perder mucho poder solo con mojarse, siendo que meterse de lleno al agua puede ser muy peligroso para ellos.

Gracias a su anatomía, son completamente inmunes al calor y los únicos que pueden usar la energía de los ataques de otro Ser de Fuego a su favor.


Próximo Capitulo

"¡Vacaciones al fin!"