¡Vacaciones al fin!

¿Quién se encontraba detrás de los ataques?

Este viernes por la tarde es uno de los más atareados en el año para todo tipo de negocio enfocado a la comida. No es la excepción para Rush Pizza. Muchas familias y grupos de mobianos jóvenes visitan el lugar para comer u ordenar algo para llevar. Esto tiene a todos aprisa, pues deben defender el nombre de la pizzería y dar el servicio más veloz posible.

Meseros caminando de un lado a otro, tomando y entregando pedidos a todas las mesas. Repartidores entrando y saliendo sin tiempo siquiera para beber algo. La cocina llena de calor y movimiento. Con todo esto, hay un solo empleado que puede cubrir varios roles simultáneos. Un control perfecto de su velocidad le permite moverse libre por todo el sitio, sin importar qué tan llenas vayan sus manos. Las esferas en sus guantes brillan como siempre y no parece estar cerca de cansarse.

Con el apoyo de este compañero, algunos pueden darse el lujo de alternar turnos de cinco minutos para descansar.

Todo comienza a tranquilizarse al atardecer, cuando el cielo parece volverse naranja. Aunque ha sido un día laborioso, aún falta poco para que termine. Con pocos clientes ya, dan tiempo a Blue para descansar mientras el gerente permanece en su oficina.

Por fin puede relajarse. No duda para sentarse en la primera mesa vacía y revisar su teléfono, tomando la postura más cómoda posible. Parece sonreír al ver algunos mensajes.

No pasa mucho tiempo cuando alguien llega a ocupar la mesa. Por supuesto, Blue se levanta sin pensarlo, sin embargo…

—No, no, por favor, espera. No he venido para ordenar.

—¿Oh? Entonces, ¿en qué puedo servirle?

—De hecho, lo estaba buscando a usted.

Esto pone un poco nervioso al chico, pero no lo demuestra en ningún momento.

—Ah, vaya. ¿Quiere tomar asiento?

Este extraño comensal viste con gabardina beige, pantalón y zapatos negros. Se trata de un halcón. Un adulto joven; voz profunda, pero viva; una gran ave de 1.8 metros; ojos marrón bien atentos a lo que enfocan; un plumaje gris, pero con diminutas secciones que se decoloran a un tono café muy claro en secciones del cuello, las plumas de la cola y, probablemente, el largo de las alas. Hablando de, no se pueden apreciar por las gruesas mangas, pero el uso de los clásicos guantes blancos indican que el plumaje no es muy abundante, tampoco contaría con una extensión de sus alas que le permitan volar o siquiera aletear.

—Y, ¿en qué puedo ayudarle?

—Permítame presentarme. Soy el Dr. Albert Genevil. Me especializo en el uso y experimentación con energía, aunque también me considero muy diestro en algunas ramas de la robótica.

—Ya veo. Suena interesante. Imagino que son muchísimos años de estudio, ¿no?

—Se supone, pero pude adelantar algunos años. A mis 56, dos doctorados no son poca cosa.

—Ya veo —expresó, maravillado—. Oh, lo siento, no sé si sepa mi nombre, pero soy Jethog, Blue Jethog.

—"Blue Jethog", un nombre singular. Está bien, Blue, iré directo al grano. Eres quien enfrentó aquellos robots, ¿no es así?

—Eh… ¿Cómo…?

—Fui yo quien los envió.

—¡¿Qué?!

El repentino grito llama la atención de todos alrededor. Pero el doctor parece mantener la calma, a pesar del golpe que el erizo pegó a la mesa con sus palmas. Genevil lleva un dedo a su pico, soplando un poco en un chicheo.

—Será mejor que no hagas una escena, ¿ves esto? —levanta su mano, revelando un pequeño artefacto con solo un botón— En cualquier momento puedo activar un escudo sobre mí y mandar a volar este pequeño local.

—¿Qué? ¿Por qué…?

—Solo quiero hablar un poco. Espero que puedas cooperar.

La amabilidad del halcón se desvaneció en esa última frase. Blue voltea a ver a todos con evidente nerviosismo, da varias señas y balbuceos para disculparse y aclarar un poco las cosas. Una vez de vuelta, el erizo se muestra enfocado, su amabilidad de antes ha desaparecido igual.

—Parece que ya nos entendemos. Muy bien —guardó su mano bajo la gabardina, indicando que puede pulsar aquel botón en cualquier momento.

—¿Quién eres en verdad? ¿Por qué atacaste la ciudad?

—Puse a prueba las defensas antes de arrojar un verdadero ataque. Quería saber si había mobianos dispuestos a defenderla. Seres Comunes o Especiales, el mismo Equipo Especial, o algún otro rival. Me topé con la primera posibilidad.

—¿Nos… pusiste a prueba?

—Lo dije ya. He estado al pendiente de lo que sucede en esta ciudad por un tiempo. Reconozco a cada individuo destacable. Tankdo, Stius, Hóllow y, sobre todo, Zenoka. Son los apellidos que tuve presente desde que decidí iniciar. Sin embargo, apareciste tú, un héroe sorpresa. Nunca en mi vida había escuchado hablar de un Jethog. Un Ser Común que apareció para responder un llamado del universo y equilibrar una balanza. Un hecho clásico que se repite en nuestra historia.

—No… No entiendo lo que dices. ¿Conoces a Marshall, Katly, Alvin e, incluso, a Kira? ¡¿Por qué?!

—Cálmate un poco. Como dije, eran potenciales amenazas a tomar en cuenta. Pero poca importancia tienen ahora que logré identificar al que respondió a mi llamado.

—¿De qué hablas?

—¿Sabes por qué inicié este ataque? ¿Te das una idea de mi verdadero objetivo?

—¿Quieres…? ¿Dominar al mundo?

—¡Ja, ja! Sí, así es —se lo toma con mucho humor, aunque sus risas son controladas, casi silenciosas—. Elegí ciudad Begin porque es casi el centro de la región, es decir, todo el continente. Es una ciudad comercial importante, muchos caminos al resto de la región conectan aquí, sin mencionar edificios importantes como la base del Equipo Especial o la cede de Tekno Sora.

—Estás demente.

—¿Hm?

—Ningún científico loco consiguió hacerse con el mundo en el pasado, ¿por qué lo harías tú? Te recomiendo rendirte de una vez.

—No soy un científico loco, mucho menos uno más del montón. Entiendo que confundas las cosas de inicio, pero, me daré el lujo de explicarte un poco mis objetivos. No me interesa tanto el poder o el control.

—¿Qué más podrías ser?

—El cambio.

—¿Ah?

—Quiero cambiar el mundo.

—A tu "imagen y semejanza".

—¡Ja! Por supuesto que no. Al menos, no es tan simple. La próxima vez que salgas a la calle, quiero que mires a tu alrededor con atención, date el tiempo de observar a lujo de detalle. ¿Crees que vivimos en tiempos de paz? Solo es una ilusión. El mal sigue existiendo y está más activo que nunca, solo que oculto, silencioso. Cambiaré el mundo y crearé uno en el que ese mal no pueda ocultarse. Juzgaré a cada mobiano vivo con mi propia mano y haré desaparecer el mal. No importa si es con miedo.

—Tsk… ¿Te escuchas cuando hablas? Estás demente. ¿Cómo harías eso?

—Parece imposible, lo sé, pero tendré el poder de hacerlo. Antes, debo tomar el control por la fuerza, comenzando con Hiddlem desde Begin. Sé que intentarás detenerme de cualquier modo, pero, insisto, mira en lugar donde vives con atención y tal vez tengas suerte de conocer el verdadero mal, podrías cambiar de opinión respecto a mí.

—No necesito buscar para conocer el mal, Genevil.

—Lo imaginaba. Te creo, puedo verlo en tus ojos.

—¿Qué?

—No miraste a mis creaciones de la misma manera. Sí, pude ver cada combate. Me observas con odio, un poco de ira, quizá. No es la primera vez que ves al mal a la cara, ¿cierto?

—Yo…

Traga algo de saliva, no parece poder responder, su mirada se pierde en sus manos, apreciando aquellas esferas brillantes a las que Genevil ya les había puesto el ojo antes.

—Crearé un nuevo orden mundial. Tendrás que elegir un bando. Únete a mí y juntos cambiemos el mundo, eliminemos el mal desde la raíz. O, puedes oponerte a mis ideales y defender el orden que ya conoces —concluyó para levantarse no sin antes recordarle al chico sobre el pequeño botón—. Fue un verdadero placer conocerte, espero grandes cosas de ti, no importa lo que decidas.

Sin más qué decir, Albert Genevil abandona el lugar, desapareciendo entre la gigantesca cantidad de gente. Un espécimen de halcón de gran tamaño, hace cuestionarse al erizo si será capaz de algo más que solo construir robots de combate. No es la única pregunta que cabe plantearse ni la más importante. ¿Cambiar el mundo a la fuerza? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién es esta persona?

El resto del día, Blue se movió más despacio de lo habitual. Distraído por lo que sucede a su alrededor sin que otros puedan darse cuenta, el día finalizó antes que pudiera despabilar.

Los siguientes dos días pasaron igual. Todos sus compañeros lo notaron, intentaron preguntar si algo andaba mal, pero las respuestas eran similares siempre: "todo está bien, solo estoy un poco distraído".

Pero no solo era eso. Estaba al pendiente de todo lo que pudiera estar ocurriendo afuera, en cualquier punto de la ciudad. Nunca en su vida le habían importado tanto los reportes noticiarios; incluso los demás estaban intrigados al verlo prestar tanta relevancia al televisor cuando se daban las noticias. Siempre volteaba por la ventana, esperando que otro robot apareciera como la primera vez. Pero nada ocurría, las horas pasaban y las calles estaban intactas, agitadas solo por el movimiento de vehículos y transeúntes.

El domingo al mediodía, cerraron con normalidad. Caminando por las calles, hace justo lo que Genevil le sugirió. Está al pendiente de todo a sus alrededores. Ambas manos en los bolsillos de su pantalón, generando un bulto extraño de ver a casusa de las esferas. Pero los ojos y su sexto sentido siempre atentos.

Quizá solo estuvo sobre reaccionando, ¿y si no hay otro ataque? Tal vez, si lo hay, pase mucho tiempo hasta entonces. Lo único útil que puede hacer para entonces, es entrenar, volverse más fuerte para enfrentar cualquier amenaza que se ponga enfrente. También sería útil advertir de esto a Marshall y Kira, aunque no haya tenido contacto con ellos desde ese último combate. No suelen hablar mucho fuera de su rivalidad, pero sería mucho mejor para ambos bandos unirse y entrenar. El ígneo no es el único Ser Especial en Begin, puede recordar esto para olvidar de momento el resto de sus dudas al ver a Katly, esperando al lado de la entrada de un barato edificio departamental.

Blue sonríe al verla. Cabello sujeto por atrás, pero solo para mantener un peinado, pues prefiere llevarlo lo más suelto posible, cubriendo un par de manos debajo de los hombros. Siempre tiene la misma cara cuando se encuentra sola en el exterior. Cabizbaja, los ojos bien abiertos, como si algo le preocupara o no quisiera llamar la atención. Levanta la mirada de pronto, Blue conoce el significado de eso, lo sintió llegar, lo busca hasta que al fin lo reconoce. Ambos se saludan desde el otro lado de la calle con gran felicidad.

Al encontrarse, Katly se pone un poco molesta al ver el pañuelo de Blue. Algo quemado, incompleto, un trapo.

—Cielos, ¿de verdad usas esa cosa en el trabajo?

—¿Qué tiene? Da una impresión de sobreesfuerzo y explotación laboral, ¿no lo crees?

—Ni siquiera sabes de lo que hablas. Podría comenzar a cobrarte cada vez que lo reparo.

—Oh. ¡Es cierto! Entonces podrías llamarlo "explotación laboral" de verdad.

—¿Qué? No, no es lo que… Ay, olvídalo.

Entrando al edificio, Blue debe registrar su regreso en la recepción. Un espacio muy extenso, pero un poco desperdiciado. Solo hay unos cuantos sillones y mesas pequeñas para colocar papeles, entre otras cosas que no llaman la atención. Se ve la entrada a varias oficinas a los extremos y unas escaleras al lado de la misma recepción, por donde subirían apenas el erizo termina lo suyo.

Llegando al cuarto piso, entran a uno de tantos apartamentos. Al entrar, la sala o comedor sigue tan vacío y adornado con telarañas como siempre. Pasan directo a la habitación del erizo, quien debe tender la cama y recoger prendas sucias tan pronto como abre la puerta.

Buscando entre sus pocos cajones, encuentra un par de agujas, algo de hilo azul y un par de trapos de un color similar.

—Entonces, ¿el viernes fue el último día de clases?

—Así es. Vacaciones al fin, wojoo —expresó un poco de indiferencia.

—¿Tienes algún plan?

—Vamos, sabes que no. Mi padre se ausentó hace poco, debo cuidar de la casa mientras regresa.

—Cierto, cierto, ya es esa época.

El erizo se quita el pañuelo para entregarlo junto con los materiales a Katly, quien nota de inmediato un delgado listón colgando en su cuello. Ya había intentado preguntar por ello antes, pero nunca obtuvo respuesta, lo ignora esta vez para evitar otro momento incómodo y disfrutar de esta oportunidad que pocas veces se presenta. Comienza a trabajar.

—¿Quién ganó esta vez?

—Fue… un empate.

—Ohh, suena a que Marshall comienza a remontar.

—No, de verdad, otro robot interrumpió el combate.

—Oh, ¡¿de verdad?!

Los siguientes minutos tratan sobre el combate de aquel día. La gatita se muestra angustiada de momentos, pero esa expresión se pierde al concentrarse en la aguja y el hilo. Parece que esta prenda es importante para el chico, pues es lo único que no se atreve a desechar a pesar de los daños provocados en sus continuas peleas con el lobo.

—Ah, y, por cierto, creo que conocí al sujeto que envió ambos robots.

—Cierto, me escribirte algo sobre eso.

Tras comenzar a explicar los detalles, Blue se ve más serio que de costumbre. No se muestra tranquilo, pues no es tan simple como se imaginó desde un inicio. ¿Era demasiado tonto esperar solo un villano de portada que buscara dominar al mundo, y ya? Genevil no parecía mentir en ningún momento. Busca cambiar al mundo, pero, ¿por qué? ¿por qué él y con esos métodos? ¿de verdad se puede cambiar Mobius de esa manera? Lo más probable es que solo sean las fantasías de alguien poco cuerdo, pero, no puede evitar considerar lo contrario.

Katly escucha todas estas cosas con mucha calma, concentrada más en reparar el pañuelo. No parece muy ajena a estos temas, o, al menos así la percibe Blue al verla.

—Cambiar al mundo… puede ser mucho más complicado que imponer un nuevo orden, ¿no lo crees?

—¿Será así?

—Es lo que creo. ¿Cuándo fue la última vez que el mundo sufrió un cambio de ese tipo?

—No lo sé.

—Nunca prestaste atención en las clases de historia, ¿cierto?

—¡Vamos! ¡¿Tú también?! —se quejó, provocando una pequeña risa silenciosa en Kat.

—La última vez que Mobius se transformó, requirió de un poder inmenso, algo que nunca se volvió a ver desde entonces. Si ese Genevil tuviera tal poder, no haría las cosas de este modo.

—Cierto. Creo que tienes razón. Quizá solo está loco. Si vuelve a aparecer, no dudaré en combatirlo y detenerlo de una vez.

—Blue…

—Entre más rápido lo capture, será mejor.

—¿Cómo es que…? —Katly se ve un poco maravillada de la firmeza del erizo.

—¿Ah?

—¿Cómo es que estás tan seguro de querer combatirlo? Creo que… si llegara a ser una amenaza mayor, el Equipo Especial o cualquier otro héroe lo enfrentaría.

—Bueno, no lo sé —se detuvo un momento para pensar—… Yo di el primer golpe en defensa de la ciudad. Si el vino a buscarme en persona, es porque soy su principal amenaza ahora. Si es así, debo ser yo quien termine el combate, ¿no lo crees?

Los ojos de Katly están llenos de admiración. Terminó su trabajo, el pañuelo no se ve como antes, pero al menos está completo, solo hay pequeñas variaciones en el color. Lo entrega de vuelta a su dueño.

—Eres un idiota.

—¿Ah? Oye…

—Lo digo de buena manera. Solo, no dejes que te hagan mucho daño, por favor, ¿sí?

Blue traga algo de saliva cuando sus miradas se cruzan.

—¿De qué hablas? Mientras pueda correr, estoy seguro que siempre podré ganar. Sobre todo, si cuento con ayuda.

—Más te vale —regaló una sonrisa.

Esa expresión en el rostro de su amiga, sumado al poder sentir sus emociones, ruboriza a nuestro erizo casi al instante. Por supuesto, Katly pasa por el mismo proceso en respuesta.

En una búsqueda por salir de ese ambiente, Blue se pone de vuelta el pañuelo. Su objetivo quedó claro para la chica desde hace tiempo. Lo usa solo para cubrir aquello que cuelga de su cuello. ¿Por qué lo oculta? ¿Qué necesita hacer para que el chico comparta algo, al parecer, tan importante? No es la primera vez que se encuentran, ya han tenido estas sensaciones antes, esos sentimientos y aquellas incógnitas hostigando sus mentes. Blue no es el único con secretos, pero ha mantenido un control absoluto a sus ganas de preguntar.

Ha sido así los últimos dos meses. Las oportunidades para verse y conversar han sido casi tan limitadas como las palabras que comparten. Platicas triviales, leves referencias a preguntas que han sido esquivadas antes cuyo propósito no pueden cumplir. Contacto físico accidental, pequeños roces de manos o tan solo dedos que logran sacar de balance a ambos, obligándolos a desviar la atención con alguna anécdota rápida.

A pesar de lo mal aprovechado de su tiempo, éste se acaba rápido, notable para ellos solo cuando deben encender la luz para ver con claridad. Ambos cuentan con una visión excepcional, sobre todo en la noche, pero es la misma capacidad la que les permite notar que sería mejor agregar algo de iluminación, en especial cuando el brillo en esas esferas celestes comienza a destacar. Una vez que el cielo oscurece —porque buscan extender su tiempo todo lo posible—, Katly debe marcharse. Nunca ha podido quedarse más allá de las nueve, ha sido muy estricta con eso desde el inicio.

Sus despedidas son torpes de principio a fin. Katly se levanta para acercarse a la puerta con lentitud, solicitando en silencio que un caballero le abra el camino. El chico no tarda en reaccionar, pues es rutina a estas alturas, pero finge no entender de inicio. No entran en contacto físico para nada; puede que pase un poco de tiempo para poder verse a solas de nuevo, pero no hay un abrazo, un beso de mejilla, ni siquiera un apretón de manos. Blue la acompaña hasta salir del edificio y se despiden alzando las palmas una vez que la calle los separa.

Ambos lo saben. Son conscientes del conocimiento del otro. Ha sido así desde meses atrás. Pero ninguno puede dar un paso más, sobre todo ahora que algo más exige la atención del erizo.

Ahora, sus conclusiones son más claras. Solo resta esperar la siguiente aparición de ese sujeto. Cuando vuelva a cruzar su camino con Albert Genevil, sabrá qué hacer. Con esto en mente, tiene intenciones de pasar sus siguientes días con la mayor normalidad posible. Lástima que no le será posible en lo mínimo. Sus días de "normalidad" han terminado.

La oportunidad para demostrar su resolución ha llegado tan solo un día después. Buscaba ser un día más de trabajo y pizzas, pero un gigante metálico ha aparecido. Sin embargo, solo puede enterarse gracias a noticias de último minuto. Se encuentra por la zona céntrica de ciudad, donde los edificios y centro de negocios más importantes funcionan, sin mencionar la, tan cercana, plaza del centro, donde cientos de personas visitan para pasar el rato o como ruta alternativa; un sitio lleno de todo tipo de pequeños negocios y mobianos.

No lo piensa dos veces. Arroja su uniforme a cualquier sitio y sale del local para ir a su encuentro. La enorme máquina ya se encuentra combatiendo a la policía, pero el combate es pausado cuando un ataque rodillo lo golpea, tomando por sorpresa a todos. Solo hay unos pequeños instantes de silencio, todos observan al chico, quien no teme mostrarse esta vez. Una voz familiar se escucha a través del gigante.

—Me complace ver que apareciste de nuevo. Dime, ¿tomaste una decisión?

—¿Estás ahí dentro? O ¿me hablas desde tu casita?

—Por supuesto que mantendré la distancia mientras me sea posible. No es necesario que me muestre en estos momentos. Dime, ¿qué decidiste? ¿Pelearás a mi lado? O ¿te atreverás a defender lo que conoces?

—Tengo el presentimiento de que solo eres alguien muy listo que perdió la cabeza. No hay manera de creer que el mundo que imaginas pueda funcionar o siquiera existir, no importa cuánto lo creas tú. Mientras busques tomar el control por la fuerza, yo defenderé esta ciudad, ¡me enfrentaré a ti, Genevil!

—Ya veo. Tenía una leve esperanza. De acuerdo, si las cosas deben ser así —la máquina dio un paso al frente—, comencemos esta pelea. Que el ideal más fuerte prevalezca.

Este fue el comienzo de todo. La batalla eterna entre el bien y el mal. El héroe que buscará defender la libertad y la justicia de todos los que le rodean y creen en él. Al menos, esto es lo que aparentó ser durante estas vacaciones de verano.


Los nuevos poderes #4

Grupo Elemental: Seres Eléctricos

A estos mobianos les corre electricidad por las venas. Suelen tener mucha energía la mayor parte del tiempo. A muchos se les paga para crear Esferas Eléctricas que se usan como baterías para instalaciones grandes por largo tiempo. Recibir un ataque directo de estos seres puede llegar a ser letal, y la mayoría de sus ataques suelen tener la parálisis como efecto secundario.


Próximo Capitulo

"La espía"