La espía
El asalto del equipo de mamíferos pequeños
Poco ha pasado desde aquel día. Ciudad Begin se encuentra bajo la constante amenaza de Albert Genevil. Es por esto que el erizo con super velocidad se ha dedicado más que nunca a mejorar sus habilidades, comenzando con aquello que lo define.
De pie, al filo de una calle poco transitada, Katly, Qkidna y Alvin esperan con paciencia. Es la primera vez que los tres se reúnen. La razón podría estar explicada por el pequeño aparato que el armadillo lleva consigo. Con la claridad que sus enormes gafas le permiten apreciar, se maravilla del poder que se puede sentir al momento que Blue corre frente a ellos, sin intenciones para detenerse. La razón para emocionarse son los números que registra una pequeña y circular pantalla. Los otros dos se asoman por los hombros del erudito, quien puede sentir la respiración de Qkidna en sus orejas; intenta alejarlo un poco moviendo su hombro, pero es inútil.
—Impresionante.
—¿Qué opinas? —Katly, con emoción.
—Bueno, no es el chico más veloz que se haya registrado.
—¿Ah? ¿Qué quieres decir, Stius? —el erizo, algo molesto por la declaración.
—Bueno, su aceleración es muy buena. Puede pasar de cero a casi el máximo de su velocidad en un instante. Pero su máximo hasta ahora ha sido solo de 150 kilómetros por hora.
—¡¿Ah?! ¡¿Solo eso?! ¿Seguro que esa cosa funciona? Digo, es otro de tus máquinas, ¿no?
—Te aseguro —intentó darle profundidad a su voz para remarcar su molestia al comentario—, Qkidna, que mis máquinas funcionan. Ya he probado este cachivache antes.
—No puede ser. El chico se ve más rápido que eso.
—Es la ilusión que crea al aumentar su velocidad en tan poco tiempo. En un parpadeo ya llega a los 30 metros por segundo. Pero, en términos de super velocidad, sí es el Ser Común más lento del que me he enterado.
—¡Ja, ja! Espera a que se entere. Lo único que ha repetido desde que lo conocí es que quiere convertirse en "la cosa viva más rápida".
—¿De verdad?
—Sí —habló Katly—. También me lo ha dicho. Es su sueño. Llega a hablar mucho de todos los que han ganado el título en su tiempo. Aunque, creo que él quiere ir un poco más lejos que solo ser el más rápido de nuestra generación.
—No me digas, ¿quiere…?
—¡Quiere supera también al destello azul! ¡Ja, ja!
—¡¿De verdad?! ¿Sabe que nadie le ha arrebatado el título en casi mil años? ¡Ni siquiera su decendencia lo consiguió!
—¡Lo sé! También se lo he dicho.
—Oigan, no necesitan burlarse, yo creo que es lindo tener un sueño así.
Aunque Alvin intenta guardar silencio, Qkidna no depara en asustar a los pequeños pájaros cercanos con su carcajada. Poco tiempo para reírse tiene, porque el chico regresa al terminar su circuito. Está algo sudoroso, pero no le cuesta mucho recuperar el aliento. Las esferas brillan con una intermitencia que puede estar imitando los latidos de su corazón, bajando su intensidad hasta que el brillo es leve y constante.
Pregunta de inmediato por sus resultados al armadillo, quien demora un poco en explicar algo en verdad sencillo, pues da círculos por un poco de la historia de los mobianos con super velocidad. Es forzado por Qkidna para ir directo al punto, pero el dato no parece emocionar mucho a Blue.
—Eh… ¿Estás seguro? ¿No estará averiado? Katly me dijo que a veces tus máquinas fallas.
—¡No está averiado! Lo calibré antes.
—¿Solo 150? ¿He estado enfrentando a Marshall con menos que eso? Eso explica que se esté adaptando tan bien. Daré algunas vueltas más.
—Eh… ¿seguro? Creo que tienes toda la mañana en esto.
—¿De verdad? Mmm… Solo unas cuantas vueltas más, lo prometo.
—Pero…
Para cuando Alvin intenta dar razones, Blue ya estaba en posición para dispararse en carrera de nuevo. El viento que provoca levanta un poco las gafas del chico, quien parece algo frustrado.
—Ji, ji. Lo siento, Al. Gracias por aceptar venir a ayudarnos.
—¡Sí! Gracias, enano. No pensé que fueras a aceptar tan fácil.
—No lo hice porque me lo hayas pedido tú, Qkidna; ya me debes demasiados favores.
—¡¿Ah?!
—En verdad me interesa analizarlo un poco.
—¿Analizarlo? ¿De qué hablas ahora?
—¿No les parece un poco inusual? Da una extraña sensación solo al verlo.
—Bueno… sí, eso es cierto, pero…
—Le da honor a su especie, "Ser Común", ja. Cómo se sentirá que te llamen así.
—Al menos tiene un poder, Qkidna.
—Egh… Cierto.
—Además, hablo en serio. Alguno de ustedes sabe qué pasa con esos guantes.
—Bueno…
Por supuesto que ambos se lo han preguntado. Sin embargo, las respuestas de Blue son confusas, ambiguas y giran en torno a lo mismo: "me gusta mucho su diseño". Katly ha confirmado en más de una ocasión que el chico solo intenta evadir el tema, como si debiera ocultar algo. Pero ninguno pudo llegar más lejos que eso. Le explican esto al armadillo, solo para hacer crecer su curiosidad.
—¿Lo ven? Es obvio que no es tan "común". ¿Qué serán esos guantes? ¿Algún tipo de arma? ¿Un potenciador?
—Ah… No creo que importe tanto, en verdad. Si Blue quisiera, ya nos habría alejado hace tiempo.
—Eso… no suena muy convincente.
—Sí, concuerdo con el enano, Kat —la anterior palabra molestó al armadillo—. Si no es tan veloz y solo es un Ser Común, ¿no es extraño que se guarde tantas cosas? Lo conozco desde hace un año y nunca quiso decirme qué pasa en realidad con esos guantes.
—Bueno… Hay otra cosa que esconde también, pero…
—¡¿Ah?! ¡¿De verdad?! Lo sabes solo porque eres tú, ¿cierto?
—¿Ah? ¿De qué hablas, Qkidna? —dejó notar nerviosismo en su voz.
—No me engañan, sé que se ven a solas de vez en cuando. ¿Qué sabes que yo no? ¿Eh?
—P…Pues…
Kat pensaba solo en aquel supuesto collar que se deja notar solo cuando el pañuelo está fuera. Ese pequeño trapo permanece siempre presente, al menos ante los ojos de Qkidna y todos en Rush Pizza. Por fortuna para la minina, Blue regresa justo a tiempo para que Alvin recuerde que debe registrar su velocidad. Tan pronto como pasa frente ellos, da la vuelta y regresa solo para escuchar del armadillo que fue un par de segundos más lento. Frustrado, pero no cansado, decide iniciar otro circuito. Sin embargo…
—¡Oye, Blue! Dijiste que invitarías las bebidas esta vez. No intentes evitarlo. Vamos ya.
—¿Eh? Pero…
—Llevo toda la mañana esperando y es raro que te den un día extra para descansar. ¡Vamos ya!
Las miradas de Katly y Alvin apoyan, sin querer, a Qkidna. Blue no tiene otra opción, así que no correrá más. Comienzan la trayectoria, pero algo detiene al chico, gira su rostro de pronto, buscando algo sobre un edificio pequeño y cercano. Katly es la primera en percatarse del cambio en el erizo.
—¿Pas algo? —hizo girar también a los chicos.
—Eh… Me pareció ver algo. No importa. ¿La refresquería de siempre?
Sin nadie más que Katly para sospechar, siguen su camino como si nada pasara. Caminando detrás de los chicos, Blue vuelve a echar un ojo a ese lugar, alto vacío, ni siquiera los pájaros bajan a descansar ahí. Solo cuando decide que no es necesario darle importancia, sigue adelante. Es entonces que aquella figura deja de temer mostrarse, observando a sus presas con atención. Cuenta con un traje negro que le permite camuflarse, solo necesitaba activarlo y agacharse un poco. Sin embargo, tan pronto como los chicos doblan la esquina, debe activar su traje de nuevo para abandonar su posición.
A los pocos minutos, los chicos arriban a su sitio de reunión preferido. La refresquería es tan solo un puesto de chucherías pequeño construido solo de concreto. Sin embargo, el terreno es mucho más grande que eso: dos decenas de mesas metálicas con sillas del mismo material, cubiertas del sol por grandes sombrillas coloridas. Al fondo, se ven algunas rampas y demás pistas para patinetas. Algunos chicos llevan patinetas de madera y con ruedas, otros más afortunados usan pequeños aerodeslizadores.
Qkidna parece ser quien más disfruta de la sombra y su gaseosa de naranja. Mientras conversan de trivialidades, Alvin se ha mantenido distraído revisando números en aquel aparato. Pronto, su poco usual compañía no se lo permite más. Es el anaranjado quien arrebata el aparato frente sus narices.
—¡Oye, Qkidna!
—Lo siento, Al. Te doy una oportunidad para salir con nuevos amigos, ¿y así es como me lo agradeces?
—Yo… Yo no pedí salir…
—¿Ah? Pero lo necesitas. No recuerdo una sola vez en mis 26 años de vida el haberte visto fuera de la escuela.
—En todo caso —ajustó sus gafas—, dudo que recuerdes al menos tus primeros cuatro años de vida. Además, solo estoy aquí porque me pediste ayuda para analizar la velocidad de Blue. Acepto la bebida y la… comida chatarra, pero, planeo irme a casa cuanto antes.
—¿Ahh? Vamos, pasas demasiado tiempo en casa. Blue hacía lo mismo cuando lo conocí, tuve que obligarlo a salir más seguido. Era exactamente la misma escena, no despegaba la mirada de su teléfono. Ahora, es raro que lo use a menos que Katly no esté presente.
—Eso —Kat intentó argumentar algo, pero su voz no terminó de salir…
—Cierto. Oye, Blue. Qkidna dijo que eras de Little York. ¿Estuviste ahí el día de la anomalía?
—Esto…
—Oh, sí. A Blue no le gusta hablar de eso.
—¿De verdad? Me pregunto por qué será.
—Si me dieran diez créditos por cada vez que me preguntan por eso. Un extraño evento ocasionó una reacción de energía que terminó en explosión. Cientos de heridos, casas destruidas, casi la mitad del territorio convertido en tierra muerta. No es algo que nos guste recordar. Tuve suerte ese día.
—Sí, leí algunas cosas en su momento. El Equipo Especial se involucró un poco, pero no dieron más información al respecto. Todo quedó como un enorme misterio.
—Vaya, Blue. Lo describes mejor cada ocasión. Si no dejamos de preguntarte, quizá seas tú quien resuelva ese misterio al final, ja, ja.
—Sí… eso sería gracioso.
El tonó de voz en el chico dicta lo contrario, así que Qkidna busca cualquier motivo para cambiar el tema de inmediato. Katly es quien mejor interpreta el sentir de Blue. Algo de tristeza e ira, unidas en una danza sin ritmo, chocando de manera constante hasta que el anaranjado dice algo gracioso y todos parecen olvidar aquel asunto.
Los dos erizos son los primeros en terminar sus bocadillos y bebidas. Alvin ha sido el más lento para comer.
—Oye, Al. Para alguien tan gordo, esperaba que fueras un poco más rápido.
—¡No estoy gordo! Es la coraza.
—Lo que digas.
—Cambiando de tema. Blue, ¿qué pasa con tus guantes?
—Veo que te gusta ir directo al punto.
—Así es como trabaja un científico.
—Ya veo. ¿Qué te puedo decir? —giraba una mano frente sus propios ojos, visualizando la prenda— Me gusta cómo quedan. El destello azul combina con mis ojos y el pañuelo. Solo eso.
—¿Cómo funcionan? ¿Cómo es que se conectan con tu pulso?
—¿Eh? ¿De qué hablas? —comenzó a emitir algo de nerviosismo, solo detectable por la gatita a su lado.
—Encontré algunos videos de tus combates callejeros con Tankdo. Ese supuesto brillo artificial parece reaccionar con el uso que le das a tu poder. Si tuviera que adivinar, aseguraría que parpadean al ritmo de su pulso cardiaco. Su destello se intensifica a la par de tu energía y disminuye de la misma manera. Todo muy curioso para ser solo unos guantes caros. Es una tecnología que no se vende solo por moda.
—Ehh… Yo… creo que estás analizándolo demasiado, je, je. No creo que sean el único modelo que hacen todo eso.
—Cierto, pero, ¿no eras de bajos recursos? Siguen siendo un dinero caro y difícil de conseguir.
—Fueron… un regalo.
—¿Un regalo?
—Sí, mis padres me los regalaron poco antes de que saliera de la ciudad. Por eso les tengo un cariño especial, ¿sabes? Por si ibas a preguntar el por qué no me los cambio.
—Ya veo… Suena algo convincente, supongo.
El último suspiro que Blue emite reanima las dudas de Alvin, pero decide guardárselas para después. Gracias a los comentarios de Qkidna, sabe a la perfección que se evitará el tema, no conseguirá respuestas tan pronto ni preguntando de manera directa. Deciden dejar el sitio.
A pesar de estar todos listos para irse, Qkidna se lo impide a Alvin bajo los mismos argumentos. Sin duda, el armadillo no se ve como alguien que disfrute mucho de conocer gente nueva. Pero, el erizo no está tan interesado en hacer que el chaparro socialice en verdad, solo lo usa para alejarse un poco de Blue y Katly, dándoles su propio espacio. A pesar de sus poco evidentes esfuerzos, solo consigue decepcionarse cada minuto al ver que ninguno aprovecha el valioso tiempo de caminata juntos; al menos, así lo ve él.
Por fin consigue ver que la gatita intenta caminar más de cerca al chico. Con sus manos juntas en timidez, avanza un milímetro con cada paso hasta que Blue puede notar la diferencia. Más decepción y sorpresa se lleva Qkidna cuando ve la reacción de su amigo, buscando alejarse casi a la par que su amiga se aproxima. Su rostro comienza a demostrar su frustración conforme la escena avanza.
—De verdad, Qkidna, no necesito que me invites a salir más a menudo. De hecho, preferiría que no lo hagas y ya. Tengo mucho trabajo en casa. Planeo adelantar otro año y quiero trabajar en mis propios proyectos.
—No, yo creo que de verdad necesitas salir un poco más. Creo que no sabes darte cuenta de lo que ocurre a tu alrededor.
—Sé que solo me hablas para que Blue y Katly caminen juntos.
—Eh…
—¿Ah?
—¡¿Ehh?!
—Lo siento, chicos, era demasiado evidente.
—Si lo sabías… ¡Oye! ¡¿Sabes lo que es la complicidad?! ¡No se supone que lo digas en voz alta! Tengo casi un año esperando que esos dos inicien algo.
—Q…Qkidna…
—Oigan, oigan, no es lo que parece. Solo es…
Mientras Katly y Blue intentan dar razones y excusas, comienzan a adentrarse más hacia el centro de la ciudad. No parece que siguieran algún rumbo en específico, como si supieran que hay algo ahí para ellos solo por instinto. Después de todo, es la zona central donde se encuentra la mayor variedad de sitios para visitar en la ciudad. Desde la enorme plaza hasta comercios, museos, teatros, centros de entretenimiento y demás. Claro está que también se encuentra concentrada la mayor cantidad de mobianos activos de la ciudad. Sin darse cuenta, ya caminan entre multitudes. Separándose de vez en cuando para moverse en maniobras por lo general innecesarias.
Una broma tras otra, Alvin comienza a sentirse un poco más cómodo con los chicos al ver lo vulnerables que dos mobianos con poderes pueden ser ante un chico común y corriente que solo molesta con un emparejamiento, al inicio, imaginario. Qkidna siempre ha sido así, es difícil dejar de escuchar su voz y salir limpio una vez estás con él.
—Piénsenlo. Cuando tengan hijos, ¿qué especie y qué poder tendrían?
—¡¿Hi…Hijos?!
—No nos hagas pensar en eso, Qkidna.
—Pues —tomó Alvin la palabra—, estadísticamente es más probable que nazca un gato y sea un Ser de las Sombras, si llega a tener poderes.
—¿Ah? ¿Cómo lo sabes?
—La madre siempre tiene prioridad al momento de heredar esos rasgos.
—Ah, ¿sí? Tiene sentido, mi madre es un erizo, aunque el color lo heredé de mi padre.
Las victimas deciden no comentar nada más para evitar otras burlas. Sin querer, miran sus rostros solo para ruborizarse y girar a otro sitio de inmediato. Todo esto es interrumpido de golpe cuando ambos sienten algo a sus espaldas. Una agresión, intenciones de matar, un ataque. Katly es la primera en girar su mirada. Hacía justo unos segundos, una figura un poco extraña pasa a su lado. Un poco más alta que ellos, cubriendo su cabeza con una capucha que se extiende en una larga capa que cubre el resto de su silueta. En la mano, una navaja en camino para apuñalar al erizo, quien se gira en ese mismo instante para bloquear la agresión con una de sus esferas, arrojando el arma lejos.
Esto no solo sorprende y conmociona a los chicos, la gente alrededor comienza a huir ante la presencia de un potencial asesino. La figura desaparece entre la multitud, solo para volver y abalanzarse contra su presa. El ataque falla de nuevo. Es tarde para huir, la zona está demasiado despejada.
—¿Qué…? ¡¿Qué está pasando?! —Alvin, aterrado.
—¿Qué es esto? ¿Ya no envían robots? ¿Ahora contrata a alguien para matarte? —Qkidna, indignado.
—Supongo que Genevil debe probar todo lo que esté a su alcance. ¡Oye! ¿No vas a mostrar tu rostro, al menos?
El atacante decide retirar el delgado y gastado abrigo. No revela mucho de cualquier manera, pues lleva un traje negro y delgado. Una bufanda de un tono y grosor similar cubriendo la mitad de su rostro y un cinturón con algunas navajas más. Mide poco más de un metro con 20 centímetros. Por su delgada figura, se puede apreciar que es una chica. Su cabello parece cortado hace poco, casi destacando por su ausencia. Su pelaje es de un rosado muy claro, decolorándose a blanco en la punta de cada pelo. Manchas blancas en su delgada cola, orejas y lo que apenas se ve de su rostro indican que es un jaguar.
Tomando una navaja en cada mano, está lista para iniciar un combate.
—¿Sin presentaciones? De acuerdo. Chicos, ¡no intervengan!
Sin que alguien alcance a decir una palabra, Blue se abalanza contra su rival, abrumándola al instante por su velocidad. Aunque su postura era firme, no tiene una sola oportunidad de atacar, pues el erizo utiliza las esferas de sus guantes para desarmarla como al inicio. La supuesta asesina consigue bloquear una patada alta cruzando sus brazos; lo repele, buscando una apertura mientras está en el aire, pero se reincorpora y regresa al suelo en un instante. No cabe duda, es un combate injusto.
—¿Lo ayudamos?
—Tranquila, lo tiene todo controlado.
—Quizá… deberíamos alejarnos, ¿no?
—No te asustes, Al. Hemos sobrevivido peores.
Una última patada empuja lejos a la atacante, a pesar de cubrirse con propiedad. El deslice de sus pies marcó un poco el suelo. Se ve a sí misma acorralada, pero sus brillantes ojos verdes no muestran ninguna señal de miedo o derrota. Siempre firme, enfocada. Busca algo en su cinturón, un botón poco visible; no duda en presionarlo.
—¿Qué acabas de…?
No termina su pregunta cuando logra sentir varias fuentes de energía acercándose. Sus ojos buscan en el cielo, guiados solo por esa capacidad. Cinco figuras se acercan, nuevos gigantes metálicos que ya se encuentran persiguiendo su presa: Blue.
Impulsados con propulsores, aumentan su velocidad en cuanto su objetivo está en la mira. El erizo se aleja en un parpadeo, dejando que garras y grandes puños rompan el suelo al caer. Con un diseño similar a los anteriores, un leopardo, un varano, un simio y una araña liderados por un halcón; siendo éste el único en superar los tres metros. Las bestias muestran el comportamiento de sus respectivas especies en un estado de caza y un humor terrible. Intimidando a todos los presentes con altísimos rugidos que estremecen los cristales cercanos.
—Oye, oye. Son demasiados está vez. ¿Podrá Blue con todos?
—Yo… No lo sé.
—Ja —exclamó el erizo en extrema confianza—. Debí suponerlo. Aumentará la dificultad en casa asalto, ¿no es así? Después de todo, está probando nuestra fuerza.
Para este punto, el lugar ha sido evacuado por sí solo. Los únicos con el valor mínimo para acercarse son periodistas en helicópteros o vehículos terrestres de gran velocidad.
El combate inicia. Todas las criaturas se abalanzan contra el diminuto enemigo. Como era de esperarse, no logran capturarlo, pues su velocidad y perfecto control de dirección le permite moverse con una libertad envidiable, evitando zarpazos, golpes y posibles roces de parte del ave. Sin embargo, esto significa también una dificultad frustrante para atacar a las bestias. Con cinco enemigos de gran tamaño, teme que un pequeño error o solo diminutos instantes de guardia baja signifiquen un gran daño. Con todos haciendo agresivos movimientos, el terreno no tarda en dejar su forma plana para volverse un campo de escombros y concreto volando alrededor, dificultando aún más cualquier movimiento.
En ocasiones, intenta enrollarse para atacar, pero cambia de parecer en cuanto siente alguna extremidad moviéndose con fiereza. Por si todo eso fuera poco, el halcón comienza a cargar un láser de energía gris, neutra. Blue lo siente de inmediato, lo tomará en cuenta para sus siguientes movimientos. Logra sentir algo más. Su anterior atacante se une también a la batalla luego de haber recuperado sus navajas. Busca alguna oportunidad, pero solo consigue entorpecerlo un poco por la sorpresa. A pesar de haber entrado de improvisto, los gigantes la evitan con facilidad; pareciera que fueron creados con ese propósito.
—Maldición —pensaba—, son rápidos y muy fuertes. Si intento con un ataque teledirigido, podrían atraparme en el aire. ¿Qué puedo hacer? ¡Rayos!
Katly es la primera en darse cuenta. Las esferas en sus guantes brillan con más intensidad de lo habitual, sin parpadear como en anteriores ocasiones.
Sin hacer bromas de puntualidad, la policía se hace presente. Varias decenas de agentes llegan en vehículos terrestres con numerosas armas de energía y algunas físicas de gran tamaño. Los chicos se han alejado lo suficiente, observando desde lejos.
A pesar del apoyo de la policía, las cosas no cambian mucho. Las armas de energía pueden ser ignoradas por los gigantes, preocupando solo a los mobianos que se enfrentan en medio del caos. Es hora de un cambio de tácticas. Las armas grandes deben ser cargadas por dos agentes a la vez. Apuntan en largo cañón con cuidado, midiendo los movimientos de las bestias y disparan. El estruendo alarma a Blue y su atacante, mientras que las bestias detectan el peligro desde antes de que el arma se disparara. Los enanos bajan la cabeza, mientras los gigantes esquivan sin demora. El enorme proyectil solo consigue hacer un hoyo en la pared más cercana, poniendo en riesgo el edificio al que pertenece. La batalla reanuda sin mucho intermedio luego.
—¡Blue necesita ayuda! ¿Y Marshall? Si la policía está aquí, ¿dónde está Kira?
—Eh… Creo que lo mejor será esperarlos. La policía puede dar un mejor apoyo, ¿no?
—¿Qué es los que ves, Alvin? Solo entorpecen más el combate. No tienen las herramientas ni el valor suficiente para enfrentarlos —dijo esto con algo de rabia para luego susurrar para sí mismo—. Si yo pudiera…
Esto hace que una oreja de Alvin se levante. Comienza a cuestionarse toda la situación. Aprieta un poco los labios, algo lo mantiene indeciso. Parece querer extender su mano hacia Qkidna, quien sigue observando, impotente. Katly se percata de todo esto. Regresa su mirada al combate, parece calmarse un poco, sin embargo:
—Blue perderá.
—¿Ah?
—¿Qué dices, Kat? Blue no puede perder.
—Las máquinas intentan no perder mucha energía. Tarde o temprano, Blue se quedará sin ella. Si se cansa, será más fácil golpearlo. Es solo cuestión de tiempo —elevó sus manos, una hacia su pecho y la otra rozando sus labios—. ¿No hay nada que podamos hacer? ¿Ni siquiera la policía puede…?
—Tsk… ¡Oye, Kat! ¡No lo des por muerto aun!
—Hay algo…
—¿Ah?
Katly sonríe, pero la mueca se mantiene oculta de los chicos.
—Hay algo… que podemos hacer. Yo…
—¿Qué cosa? ¿Podemos hacer algo? ¡Alvin! ¿Qué sabes? Habla.
—Cielos… Tengo un par de herramientas que podrían ayudarnos a pelear.
—¿Pelear? ¿Nosotros? ¡¿Lo dices en serio?! —estalló en emoción y, tal vez, esperanza, de algún tipo.
—S…Sí. Pero, debemos apurarnos. Están en mi casa. Si Blue puede aguantar unos veinte minutos más…
—¡Es mucho tiempo!
—¡Hay que correr!
Solo comparten un par de opiniones más antes de huir los tres. Blue nota su ausencia de inmediato, estuvo al pendiente de ellos cuando las bestias llegaron. Sonríe por un leve instante antes de concentrarse una vez más.
La batalla se alarga. Ningún individuo da señales de cansarse. Proyectiles, láseres y escombros vuelan por todos lados. Un par de edificios pequeños caen. Solo aquella espía mantiene sus movimientos al mínimo, aprovechando solo las oportunidades más claras. Es un Ser de Mobius, sin ningún poder o capacidad especial. Debe guardar su energía dentro de lo posible.
—¡Oye! —el erizo llamó su atención— ¿Por qué hacen esto? ¿Quieren cambiar el mundo? ¡¿De qué forma?! ¡¿Qué los llevó a hacer todo esto?!
Solo lo observa, sin dar alguna respuesta excepto por su expresión de intriga. ¿Qué esperaba ella? ¿Se imaginó que recibiría ese tipo de preguntas? Quizá solo veía un obstáculo a derribar. Pasa tanto tiempo pensando, que no se percata del ataque por venir hasta que el erizo ya está a un metro de ella, elevando un pie, retractándose a tiempo para saltar y esquivar las garras de aquel felino metálico. La expresión de la chica fue de sorpresa, ahora es de ira. Deja de lado cualquier pensamiento para regresar al combate.
Durante el combate, aquella espía va observando las esferas celestes de Blue. Han pasado algunos minutos, comienzan a mostrar una leve intermitencia. Es posible que el erizo se esté agotando. Es momento de aumentar la agresión.
Ahora, el terreno parece algo ajeno a cualquier zona urbana. Más que correr, debe dar pequeños saltos y maniobrar entre tierra, rocas y escombros. Es así, hasta que tropieza al fin.
—¿En serio? —pensó, frustrado, sorprendido, asustado, derrotado, humillado para sí mismo.
Cae, pero no tarda en reincorporarse, dándose un poco de impulso al enrollarse en reacción. Sin embargo, el láser del halcón estaba listo para dispararse, mientras los demás gigantes cubren toda ruta de escape posible, listos para aplastarlo.
—Oh, no. ¡Rayos, rayos!
Se prepara para esquivar, pero lo detiene sentir una nueva fuente de energía aproximándose. Voltea hacia arriba y solo su visión le permite contemplar una esfera de energía, brillando de un dorado intenso, golpear la cabeza el ave con la fuerza suficiente para hacerle retroceder y fallar el láser.
Todos quedan más que impresionados. Gigantes y mobianos buscan la fuente de ese ataque. El primero en encontrarla es Blue.
De pie, con las piernas firmes pero el resto del cuerpo algo tembloroso, Alvin sigue apuntando con un cañón de mano. Anaranjado en el extremo y parte inferior, dorado en el resto. Va conectado por una especie de mangueras delgadas a una gruesa mochila que lo hace parecer tener dos corazas. El armadillo sujeta con fuerza su brazo para apuntar, pues resulta un poco pesado.
Detrás de él, se encuentra Qkidna, cuya única diferencia son sus guantes. Dejó de lado los clásicos blancos para ponerse unos cuyo diseño imita los colores del cañón.
—¿Chicos? —es la primera vez que Blue se muestra así de impresionado. No estaba en sus planes, nunca consideró que alguno de ellos fuera a intervenir en cualquier batalla. En especial, Katly, quien se hace presente también.
En cuanto las bestias comienzan a moverse de nuevo, Alvin dispara sin molestarse en apuntar bien. Ya conocen la fuerza de sus disparos; son constantes, a diferencia de las armas fuertes de la policía, por lo que no pueden solo ignorarlo. El halcón se prepara para disparar otro láser en dirección al chico, quien se espanta al darse cuenta, pero un ataque rodillo lo golpea justo bajo el pico, elevando su rostro para hacerlo fallar. En el aire, Blue hace un ataque teledirigido para dañar más su cabeza. El ave se ve obligada a retroceder mientras las demás bestias avanzan.
El varano corre a una velocidad endemoniada contra Alvin, quien solo puede quedar paralizado del miedo. Es Qkidna quien se pone en medio. El reptil utiliza sus garras, pero un par de pequeñas manos se extienden para atrapar su pata. En ese instante, solo visible para los ojos más rápidos y atentos, energía dorada sale de los guantes, bañando el cuerpo del erizo para así, atrapar y repeler la gran extremidad. Por su expresión y un audible quejido, a pesar del escándalo alrededor, se puede pensar que esto le causó dolor a Qkidna. Solo Katly puede confirmarlo. Pero no se detiene ahí, da un pequeño salto y aprovecha haber sacado de balance al reptil para golpearlo en la cabeza, aplastando lo que imita el cráneo y destruyendo los ojos en el proceso.
Qkidna se ve adolorido, pero…
—¡No te quedes ahí! ¡Dispara!
—Ah… ¡Sí!
Solo tres cañonazos bastaron para hacer explotar la cabeza del gigante. Cae, como si de verdad hubiera muerto. Los chicos solo pueden contemplar la escena. Extasiados, sorprendidos por su propia hazaña. Incluso Katly parece incrédula.
—Lo hicimos… ¡Alvin! ¡Lo hicimos! ¡Tus armas funcionaron! ¡Podemos pelear!
—Qkidna… ¿Acaso no… está cansado? ¿Adolorido? ¿Algo?
Solo Alvin puede ver esto. En sus gafas, una serie de datos rápidos se muestran y actualizan en tiempo real. El estado de su cañón, cuya fuente de energía está en la mochila y se encuentra al 65% de su capacidad máxima, al igual que los guantes y el cuerpo de Qkidna. Ahora es él quien se muestra incrédulo. En definitiva, su cuerpo se lastimó un poco por el sobreesfuerzo, pero su energía vital se encuentra estable. Sus gafas no le ayudan a ver esto, pero su entusiasmo es mucho mayor al de su reciente logro.
—¡¿Qué estamos haciendo aquí?! ¡Ayudemos a Blue! ¡Peleemos también! ¡Alvin, Katly!
—Sí…
—Eh… Claro…
Tanto la gatita como el armadillo se sienten igual. Un poco inseguros, pero las evidencias están frente sus ojos. Tienen una oportunidad, es momento de aprovecharla y unirse a la lucha.
Con un enemigo menos y el líder dañado, Blue puede moverse con mayor facilidad. Su primer atacante ya no es capaz de seguirle el ritmo, así que retrocede. Por fin, puede atacar también. Rodando entre las garras y los golpes, logra rozar las piernas de un par, pero el daño es apenas visible. Un par de cañonazos los interrumpen. Alvin corre tras Katly y Qkidna, éste último al frente.
De inmediato, el simio va a la carrera para encontrarse con quienes destruyeron a su compañero. Arroja un golpe, pero Qkidna lo intercepta con el suyo. Se siente la fuerza el choque alrededor, pero es el gigante quien termina perdiendo toda función de su brazo al fracturarse en diferentes puntos. Qkidna emite un fuerte quejido, pero su rostro muestra determinación. Un par de cañonazos por parte de Alvin bastan para arrancar ese brazo.
El simio retrocede, pero el leopardo se adelanta para intentar aplastar al erizo con sus garras. Katly reacciona el peligro en un instante. Corre para abrazar a su compañero y ambos se vuelven intangibles. A pesar de aplastar la tierra bajo sus pies, creando un pequeño hoyo. Katly busca mantener su concentración al máximo, apretando sus parpados con una fuerza equivalente con la que sus brazos estrujan al chico.
El gigante felino recibe un cañonazo en el rostro, dañando su ojo al punto de volverlo ciego. Levanta sus patas en reacción para atacar, liberando a los chicos se su prisión.
Por su lado, Blue terminaba de cortar las delgadas patas de la araña. Sin las enormes estacas pisoteando en su caza, ya no hay nada que le impida moverse. El insecto gigante cae, quedando inútil, aunque activo. El chico se prepara para interceptar al halcón, esperando por su laser para esquivar y buscar una apertura. Para sorpresa de ambos, el cuerpo dañado del leopardo le cae encima. Blue observa, todavía más impresionado, que fue Qkidna el responsable.
Con sus manos extendidas aún por el lanzamiento y el aliento escapando de su desequilibrado cuerpo, el erizo se muestra concentrado, exhausto y orgulloso.
Ambos gigantes restantes se levantan, haciendo a un lado al otro. Ni Blue ni Alvin les dan tiempo de reincorporarse, pues el erizo carga un poco su ataque rodillo para salir disparado a la par del proyectil del armadillo. El cuerpo giratorio envuelto en una estela de energía celeste logra decapitar al ave, mientras el proyectil dorado acaba con la mitad del rostro felino, apagándolo por fin. Ambas bestias caen al suelo y el combate termina.
—Lo hicimos… ¿de verdad lo hicimos? ¿Lo logramos? ¿Vencimos?
—Aún no —respondió Qkidna.
Adolorido, apenas con fuerzas para caminar, el anaranjado se aproxima al único gigante aun activo. La araña no tenía otra herramienta además de sus ocho patas. Sus ojos siguen brillando de un leve gris, incapaz de hacer cualquier cosa que no sea ver.
—Me pregunto si… ¿alguien nos observa ahora mismo? ¿Sabes quién soy? Mi nombre es Qkidna Airth y, mientras haya fuerza en mi cuerpo, defenderé esta ciudad con mis propias manos. ¡No lo olvides!
Con esto dicho, da un último golpe para acabar con la araña y el combate.
Los nuevos poderes #5
Grupo Elemental: Seres Acuáticos
La mayor ventaja que tienen es que no hay límites al estar bajo el agua. Su cuerpo posee una composición molecular que los hace diferentes a todos los seres vivos; con tiempo y práctica pueden hacer líquido su cuerpo y formar parte de cualquier sustancia, además de manipular todo tipo de líquidos. Su Energía Vital les permite crear agua pura de la misma manera que nuestros cuerpos crean sudor o saliva, me refiero a la facilidad para crearla. Estos Seres ayudan al ambiente purificando ríos, manantiales y demás. Tienen una fuerte debilidad a las temperaturas extremas, se inmovilizan ante un frío muy fuerte y se enferman fácilmente con el calor.
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"Invasión a la privacidad de Alvin"
