Caminando de un lado a otro mientras Katly lo observa, sentada a las escaleras bajo la puerta de aquella casa con dos pisos, ventanas polarizadas, como si quienes la ocupan no quisieran ser observados ni por error; Qkidna da claras señales de perder la paciencia. Sus puños cerrados con fuerza se columpian con un intenso braceo. Mantiene su mirada clavada en la puerta, esperando.

—Saldrá en cualquier momento, Qkidna…

—¡¿Cómo puedes estar tan tranquila?! ¡Blue está peleando mientras nosotros…!

—T…Tranquilo. Alvin dijo que…

Como si el mencionar su nombre fuera un llamado, la puerta se abre de golpe por el mismo armadillo. Tras su coraza, carga con una mochila más parecida a un paracaídas vacío, desentonando por completo su vestimenta a ser de un color verde opaco y oscuro. Sin embargo, aquello que pronto llamaría la atención de los chicos son el par de guantes con los que carga en sus torpes manos que casi los dejan caer al tropezar en la escalera.

—¡Ya era ahora!

—¡Alvin!

—Woah… ¡Qkidna! ¡Rápido, ponte estos guantes y regresemos al centro!

—¡¿Ah?!

—¡No tenemos tiempo para explicaciones! ¡Intentaré hacerlo en el camino!

Sin más para decir en el momento, extiende sus manos con el par. De un brillante anaranjado por arriba, y un gris casi negro en la palma y la parte inferior de los dedos. Alvin tiene razón, no hay tiempo para pensar o buscar explicaciones. Qkidna toma las prendas y se echan a correr. Sin tardanza, arroja sus guantes blancos para reemplazarlos por estos.

En las gafas de Alvin, se muestran una serie de datos que solo él puede ver y comprender.

—Bien, es un alivio.

—¡Alvin! ¡¿Qué son estas cosas?!

—Escucha, Qkidna. Tal vez sea difícil de creer, pero he estado trabajando en esos guantes toda mi vida, estoy seguro que funcionarán. Si tu voluntad es fuerte, harán de potenciador directo hacia tu energía vital y te darán super fuerza.

—¡¿Qué?!

—¡Super fuerza! ¡Podrás romper cosas con los puños, idiota!

—¡Sé lo que significa!

—Pero no te darán más resistencia, al menos, no por ahora. ¡Úsalos con cuidado!

—Pero… ¡¿cómo es que…?!

—¡No preguntes eso ahora!

Extendió su mano hacia arriba. Esta acción activó un comando confirmado por sus gafas: una serie de mangueras salen de un extremo de la mochila, abriéndose camino mientras una serie de placas metálicas arman un cañón en la mano derecha de Alvin. En cuanto está armado, comienza a brillar de un leve color dorado en el extremo y la parte superior.

—¡¿También tienes un arma?! ¡¿Cómo sabes que funcionarán?!

—Lo harán. No son como mis otros trabajos. Estas armas… ¡funcionan con energía dorada!

Ese día, Alvin y Qkidna se dieron cuenta de que también pueden pelear, defender su hogar.

Invasión a la privacidad de Alvin

La misión de las espías Paipin

Han pasado un par de lunas desde aquel combate. Las reparaciones en la zona céntrica de Begin se han tardado un poco más debido a la complejidad de las estructuras dañadas. La gente intenta vivir sus días de la manera normal, pero resulta difícil, temen por un próximo ataque. Nadie se atreve a decirlo, pero, los días de paz han terminado en esta ciudad, y nadie sabe por qué.

El centro de Begin es enorme, la zona de aquella batalla es solo un punto pequeño a comparación. Incontables establecimientos se mantienen al día sin darle importancia a lo demás. Las calles siguen tan concurridas como siempre.

Uno de los sitios favoritos de muchos es una heladería que se caracteriza por los variados postres y bebidas que ofrece. Es un lugar para pasar el rato con una sola compañía, y se ve reflejado por las pequeñas y circulares mesas de vidrio adornadas con una alta y colorida sombrilla donde solo hay dos sillas. Como siempre, tienen clientes de sobra, aunque, la mayoría de ellos son parejas o amigas que vienen a pasar el rato. No es el caso para quien espera en una de las mesas.

Delgada, de un pelaje rosa con manchas blancas, casi carente de cabello, un par de brillantes ojos verdes. Vistiendo con una delgada chaqueta de mezclilla sobre una blusa blanca sin mangas, pantalones cortos del mismo material. Un jaguar, distraída con su aparente teléfono, observando mientras recarga su cabeza sobre su puño. El aparato es una pantalla sin armazón de ningún tipo, sostenida solo por dos bases, una por debajo y la otra arriba; es imposible ver el contenido por detrás.

—¡Rebeca, volví!

Alza un poco la mirada para ver llegar a su animada compañera. Una coneja que, de no ser por sus largas orejas, mediría solo 90 centímetros de alto. Comparte muchas cosas en apariencia: su complexión, color de ojos y pelaje son lo más destacable, aunque faltan las manchas blancas que distinguen a la otra. Viste con una blusa amarilla de tirantes, floreada en la zona del pecho, un pantalón de mezclilla y los clásicos guantes blancos, al igual que su compañera. Toma asiento para entregarle uno de sus dos helados.

—¿Dónde conseguiste dinero para esto? —cuestionó el jaguar, con un tono de voz casi tan serio y frio como su característica expresión.

—Lo robé —respondió con un habla opuesta al de su compañera, mostrándose alegre y despreocupada.

—O… ¡Oye! ¡¿Cómo que lo robaste?! —no trató de ocultar su molestia.

—Vamos, ¿no se supone que somos los malos?

—Tsk… No se trata de eso, Ashley. Intenta mantenerte al margen y no hacer nada que nos ponga en peligro. Lo pasaré por esta vez. Maldición…

Sin más para quejarse, toma su helado. Sin embargo, antes de comenzar a lamerlo, algo la detiene. Sus ojos se abren un poco más de lo habitual, pues suelen mantenerse casi entrecerrados, como si estuviera exhausta o al acecho, dependiendo de la situación.

—¿Qué pasa?

—No es nada —volvió en sí para comenzar a comer.

—Hacía mucho que no salíamos de ese lugar, ¿cierto? ¿Olvidaste cómo sabe el helado?

—Agh… ¿Qué importa eso? Concéntrate en la misión, Ashley. Stius no tardará en pasar cerca.

—Cierto, cierto, ¡comeré más rápido!

—¿Recuerdas las instrucciones del señor?… ¿Ashley?

—¡Ahh! ¡Mi cabeza! ¡Duele!

—¡No comas tan rápido, torpe!

—Lo siento, lo siento. Encontrar al chico, encender el dron, seguirlo a donde vaya hasta que anochezca, ¿cierto?

—Correcto. Con un demonio, ¿estás segura de que somos familia?

—Primas lejanas, tal vez, eso nos dijo Genevil hace 16 años.

—Sí, eso dijo.

—Oye, Rebeca.

—¿Qué?

—Si Stius y Zenoka son tan peligrosos para nosotros. ¿Por qué no los matamos y ya? Así como intentaste con Jethog.

—Ya te lo dije. Intentamos cobrar el menor número de víctimas posibles. Además, no podemos solo matar al armadillo. ¿Ya olvidaste para que estamos aquí?

Aquel día, cuando las cinco bestias metálicas fueron derrotadas, Rebeca debió regresar y rendir cuentas. En una habitación enorme, alumbrada solo por pantallas y luces en raros y variados controles, el jaguar se inclinaba, rebelando al fin su dolido rostro, ante Albert Genevil, quien la observaba de pie, brazos cruzados, un rostro más bien de confusión.

—¿Por qué te inclinas?

—¿Señor? Yo… Lo siento. Fallé. Le dije que podía confiar en mí, que acabaría con nuestra amenaza sin problemas, pero le fallé.

—Levántate, no tienes por qué inclinarte, no soy ningún monarca o, al menos, no ahora. Además, el resultado fue el esperado, ¿no te lo dije?

—¿Señor? —alzó la mirada para luego ponerse en pie.

—Te advertí que no podrías vencerlo. Tú sola te entrenaste todos estos años para combatir Seres de Mobius, fuera la policía o el Equipo Especial. Por preparada que estés para el combate cuerpo a cuerpo, la velocidad de un Ser Común te hará parecer una amateur del combate. Sin embargo, decidiste ignorarme para ir a enfrentarlo.

—Lo lamento, nuca volv…

—No lo lamentes.

—¿Ah?

—Esa confianza es la que necesitaremos después. Por ahora, solo nos queda fallar y aprender. Sigamos perdiendo. Así, el Equipo Especial nos tomará como una amenaza menor y seremos ignorados; Zenoka quedará descartado de nuestras amenazas. Con cada batalla, recolectaremos datos y aprenderemos a combatirlo a él.

—¿Jethog? ¿Por qué solo él? ¿Qué tiene de especial fuera de su velocidad?

—Estuviste ahí, ¿y no fuiste capaz de darte cuenta?

Estas palabras solo consiguieron engrandecer la decepción que Rebeca siente hacia sí misma.

—Stius, Zenoka, Hóllow, incluso Tankdo y Airth. Ninguno hubiera peleado por su cuenta de no ser por Jethog. La mayoría de potenciales héroes necesitan de un líder, alguien que arroje la primera piedra. Blue Jethog es esa fuerza que apareció para oponerse a nosotros. Era inevitable que sucediera. Por eso, si nos deshacemos de él, no será necesario enfrentar a los otros, ellos mismos se retirarán al perder a su guía, su esperanza para pelear.

—Ya veo. Creo entenderlo.

—Estabas desesperada por salir, ¿cierto?

—¿Señor?

—Lo comprendo. Necesito que hagas algo más por mí. Se trata de Stius. Hijo del mejor inventor de Mobius, fabricante de armas para el Equipo Especial. Igual a su padre. Sus armas fueron las que otorgaron la victoria a Jethog y permitió el surgir de otro héroe. ¿Notaste algo familiar en su cañón?

—No sabría decirle.

—No podrías, no es algo que estas generaciones estén acostumbradas a ver. Quiero comprobar algo. Creo conocer esa energía. Quiero que salgas durante una semana. No lleves armas, solo una nave y suministros justos para ese tiempo. Investigarás todo lo que puedas sobre él. Sus herramientas, creaciones, los sitios que visita. Quiero que encuentres una respuesta, ¿qué hace tan poderosas esas armas?

—Entendido. Saldré mañana a primera hora.

—Y, Rebeca.

—¿Sí?

—Quiero que lleves a Ashley. Estoy seguro que estará ansiosa por salir también.

Con esta misión fue que Rebeca y Ashley se adentraron a ciudad Begin. Viajando desde algún lugar dentro de una gran nave en forma de pez limpia fondos, camuflándose hasta estacionarse en un edificio cercano a la casa del armadillo, comenzando su espionaje desde la mañana de ese mismo día.

—Rebeca…

Se encuentra dormida en sus pensamientos. Una mirada inexpresiva apunta a la nada.

—¡Rebeca!

—¿Ah? ¿Qué sucede?

—¡Tu helado se derrite!

—¡Agh! Qué asco.

Ashley se encuentra a solo una mordida de terminar con su cono, pero la bola de nieve en el de Rebeca solo se deshace sobre su mano.

—Si no lo querías, me hubieras dicho y ya.

—No es eso, solo… ¿Stius?

—¿Ah?… ¿Es el armadillo amarillo de los cuatro ojos?

—Ese mismo. Toma, puedes terminarlo tú.

Le devuelve su postre a la coneja para sacar de su bolsillo una pequeña libélula. Sus ojos hacen la función de una cámara a 360 grados con la que podrán ver todo a través del teléfono de Rebeca. Tan pronto hace volar al bicho, las primeras imágenes se pueden apreciar.

—Hay que movernos. El insecto tiene un radio de señal muy bajo. Creo que el señor lo hizo así para obligarnos a seguirlo.

—Menos mal que lo encontramos al fin. Fue extraño que no estuviera en su casa esta mañana. ¿Cómo supiste que pasaría por aquí?

—Hay varias armerías y tiendas de herramientas alrededor, fue solo una corazonada. Vamos, nos mezclaremos entre la gente. No dejemos que nos vea. Finjamos que solo paseamos.

—¡Eso será fácil!

Alvin Stius, un armadillo de 25 años, comparables a 12 años y medio en un humano; va paseando por el centro cargando con aquella enorme mochila, solo que, aún más flácida que la última vez. Por su forma de caminar, pareciera no estar acostumbrado a salir de casa o, al menos, a moverse entre mucha gente. Sus pasos son torpes, a veces; busca no cruzar camino con todo lo que se ve más alto que él, siempre a la orilla de la acera para esquivar con mayor facilidad. Ambas manos sosteniendo los tirantes.

Por su expresión, parece algo cansado, con deseos de volver a casa y dormir un poco. Pero sabe que eso no será posible, pues su propia determinación se lo impedirá; resultado de aquel combate.

Esa tarde, cuando el cielo se volvía naranja, los chicos trataban de recuperar el aliento fuera de la casa del armadillo. Katly se sostenía del diminuto muro en las escaleras mientras Alvin y Qkidna se sostenían sobre sus rodillas. Blue, por su parte, se dejaba caer de sentón.

—Cielos, chicos… ¿Por qué… debemos huir justo después de ganar?

—Lo siento, amigos. Gracias por hacerme caso. Ya saben, odiaría que mi familia se enterara que peleo contra robots gigantes y esas cosas. Prefiero que ningún reportero me atrape.

—Suena más convincente cada vez que lo dices. ¿Qué opinas, Kat?

—¿Ah? ¿Yo…?

—Puedes detectar mentiras, ¿no es cierto?

—¡Oigan! ¡Olviden eso! ¡¿Cómo fue que Qkidna golpeó justo en la cara a esas cosas?!

—Yo… Es cierto… ¡¿Vieron cómo lo hice?! ¡Parecían animales de feria frente a mí!

—Alvin, esos guantes, ¿tú los creaste? ¿cómo funcionan? Nunca había escuchado hablar de un arma que diera super fuerza.

—Pues… Es complicado de explicar. En realidad, no esperaba que Qkidna pudiera hacerlos funcionar tan bien.

—¿Ah?

—Pero… Si las cosas van a ser así… Si de verdad vamos a pelear todos juntos, deben prometerme que guardarán un secreto.

—¿Secreto?

—Sí. Esos guantes fueron lo primero en lo que comencé a trabajar desde que mi padre me enseñó a usar las herramientas más básicas. Al igual que mi cañón, funcionan con energía dorada.

—¿Qué es la energía dorada?

—Esto…

Dejó caer su mochila para sacar lo que había dentro. Todos se amontonan para contemplar una capsula transparente con un brillante anillo de oro flotando dentro.

—Esperen, creo haber visto esto antes.

—Lo mencionan en los libros de historia —agregó Katly.

—Oigan, no importa por dónde lo miren, siempre parece estar en la misma posición —comentó Qkidna.

—Ya lo recordé. Eso es…

—¡¿Un anillo dorado?! —exclamaron al unísono.

—¡No lo digan en voz alta!

Ese recuerdo solo consigue desanimar más al armadillo en estos momentos.

—Cielos —pensaba—. Me pregunto si fue buena idea contarles sobre eso. Si esa información cae en manos equivocadas…

Entonces, agitó con fuerza su cabeza hacia los lados para luego darse un par de palmadas, cambiando su expresión por una más determinante.

—No debo pensar en eso. Por ahora, debo concentrarme en cumplir mi promesa. Debo mejorar los guantes y mi cañón para aprovechar mejor sus propiedades. Quizá sea bueno crear algo para ayudarme a moverme más rápido. Los chicos parecían tener que arrástrame por mi lentitud.

Pasos lentos y torpes son lo que caracterizan el andar de Alvin, contrastando con facilidad los movimientos de un ocupado erizo.

Es un día como cualquier otro en Rush Pizza. Y, como cualquier día, Blue se las arregla para cumplir papeles múltiples, agilizando el trabajo y haciendo honor al nombre del negocio. Sin embargo, hay algo marcando una diferencia hoy. En una mesa junto a las ventanas, Qkidna y Katly esperan que el día termine mientras dan apoyo, cada quien a su manera. Esto debería dibujar una gran sonrisa al chico, aunque, no es tan notoria como se lo imaginaban.

—Blue parece algo molesto hoy. Creí que estaba acostumbrado a tener tanta presión. ¿Lo estarán molestando en la cocina?

—Nadie se atrevería a molestar a un Ser Común, Kat… Oh, espera, ¿dices que no te has dado cuenta todavía?

—¿Sabes qué sucede con Blue?

—Cielos, Kat. Se supone que también entiendes emociones. Blue está celoso.

—¿Ah?… ¡¿Ah?! ¡¿Por qué lo estaría?!

—¿Ya olvidaste el momento en que me salvaste de ser aplastado por aquella garra?

No es un instante que guste ser recordado por nadie, excepto espectadores. Qkidna se había quedado sin muchas fuerzas tras su último movimiento, situación que un jaguar gigante usaría para acertar un golpe mortal al erizo de no ser por la presencia de Katly, quien, abrazando con fuerza al chico, lo haría intangible para salvarlo de aquel ataque.

—¿Ya lo recuerdas? Noté que Blue nos veía. Creo que le preocupaba saber que ese manotazo nos debió dar. Se llevó una gran sorpresa cuando vio lo fuerte que me abrazabas para que esa garra ni nos tocara, ¡ja, ja! Debiste ver su rostro.

Eso basta y sobra para colorear de rojo el rostro de la gatita.

—¡Basta! ¡Claro que no! ¡Blue no se fijaría en algo como eso! ¡No tengo otra manera de hacerlos intangibles! ¡Un simple toque me habría hecho soltarte! ¡Blue lo sabe!

—¡Ja! ¿Crees que miento?

—¡No! Pero…

—Olvida eso, ¿crees que Alvin tenga listos los guantes antes del próximo ataque?

—Eh… Suena como si lo desearas con ansias.

—¡Claro! Viste lo que pude hacer con un par de "prototipos", ¿no? Cuando estén completos, será como si fuera un Ser Común de verdad; solo que… sin ser tan resistente, supongo.

—No deberíamos hablar de eso en voz alta, recuerda que se lo prometimos a Alvin.

—Cierto, cierto. "Secreto mundial". ¿Te das cuenta de lo afortunados que somos?

—¿Eso crees?

—¡Sí! No solo tenemos a Blue como amigo para pelear. Con Alvin, renacuajos como nosotros podemos hacer algo también. Nos tocó nacer en el lugar y momento exactos para convertirnos en héroes.

—"Renacuajos". Soy un Ser Especial, ¿sabes?

—Lo sé, pero… eh… Vamos, Kat. Tú no eres… veamos… No eres exactamente una peleadora.

—¿Qué dices?

—No te molestes, solo digo lo que veo. Nos has salvado la vida unas cuantas veces. Pero, fuera de ser un apoyo, la verdad…

—¡Oye! Sé que no soy fuerte, pero, hago lo que puedo. Además, pienso que no deberíamos alegrarnos tanto por estas cosas.

—¿Por qué no?

—Esta no es una historia escrita sobre héroes y villanos donde siempre triunfa el bien, Qkidna. Cualquier cosa podría pasar. Blue dijo que el Dr. Genevil seguirá arrojando ataques cada vez más fuertes. Podríamos ser superados y… quizá…

—No lo digas.

—¿Ah?

—No seremos vencidos. Podemos hacerlo, Kat. Generaciones antes que nosotros lo hicieron. Es nuestro turno de defender nuestro hogar. No podemos solo hacernos para atrás cuando las cosas se pongan difíciles.

—Qkidna… Es muy fácil decirlo ahora.

—¿Crees que no sé lo que es la derrota? Vamos, Kat, ¡soy el más pequeño del equipo de lucha de la escuela! He recibido mil palizas para llegar a donde estoy. Creo que puedo hacerlo. Si me dan la oportunidad de pelear, podré contra lo que me pongan en frente.

—Pero… Genevil no te dará todas las oportunidades que el equipo de lucha te dio…

—Eso lo sé. Por eso pienso dar el 100% de mí en cada ocasión.

Katly se muestra impresionada al ver una determinación que solo esperaría de un héroe de ficción consentido por la trama. Quizá sea por la falta de experiencia, todo parece muy fácil para Qkidna. "Solo hay que dar el 100% en cada ocasión". ¿En verdad es posible?

—¿Quieren callarse de una vez? Asustarán a los clientes —interrumpió cualquier intento de pensar para sentarse.

—¿Al fin te dieron tiempo para descansar?

—Solo diez minutos. Chicos, ¿están seguros de querer esperarme hasta la salida?

—Mientras no haya nada mejor qué hacer, cuenta con nosotros.

—Qué conmovedor, Qkidna. ¿Alvin ha dicho lago sobre los guantes?

—Chicos, solo han pasado dos días. Es su trabajo de toda la vida, no creo que le tome tan poco tiempo terminarlos.

—Cierto, lo siento. Es que me da mucha curiosidad probarlos. ¿Se imaginan? Super velocidad y super fuerza. Nada superaría eso.

—Blue, sabes que solo Qkidna podrá usarlos una vez que se los ponga. En verdad no tienes intenciones de probarlos.

—Ah, vamos. A veces odio que te sea tan fácil leerme.

—Descuida, Blue. Con tu velocidad y mi fuerza, seremos invencibles.

—Chicos, lo están tomando muy a la ligera. Aunque sepan algo y tengan su propio estilo de combate, Genevil podría enviar algún robot que los supere tarde o temprano. Solo con velocidad y buenas armas no nos bastará con el tiempo.

—Vamos, Kat, confía en noso…

—No, Qkidna, tiene razón.

—¡¿Qué?!

—Los robots son cada vez más fuertes. Si no entrenamos para superarnos cada día, seremos derrotados en poco tiempo.

—¿Lo dices en serio? Pero, ¿cuándo piensas entrenar? Estás aquí todo el día, todos los días.

—Pero ustedes dos están de vacaciones, ¿no?

—Nosotros…

—¡Es cierto! ¿Qué hacemos perdiendo el tiempo aquí? ¡Debemos entrenar!

—Espera, Qkidna. Creo que lees mucho manga. No podemos solo decir: "vamos a entrenar" y ya. Necesitas de los guantes para aprender a utilizarlos y yo… yo… aún no sé en qué puedo ayudar al equipo.

—No lo averiguarás si te quedas ahí a pensar. Investigaré algunas técnicas de combate avanzado, luego, las aplicaré con los guantes. ¡Perfecto! No tengo tiempo que perder. Nos vemos otro día. Katly dijo que invitaba la pizza esta vez.

Sin demorarse ni un instante, Qkidna huye de la mesa sin que nadie lo pueda detener. Ese entusiasmo, un exceso de auto inspiración, no hace más que preocupar a los chicos. De hecho, ambos lo notan.

Es normal que alguien inexperto tenga una de dos reacciones. Emoción por pelear, o miedo y terror por intentarlo. ¿Por qué ninguno de los dos parece tener alguna de esas emociones? Blue pelea, pero no se ve tan entusiasmado como el anaranjado. Siempre hace énfasis en sus intenciones por terminar con todo lo antes posible. Por otro lado, Katly interviene, aunque no pelea de forma directa. No se niega, pero tampoco parece del todo feliz al hacerlo. Los dos piensan en estas cosas mientras se miran a los ojos hasta que todo pensamiento es interrumpido al darse cuenta de su propio contacto visual.

—Y… exactamente, ¿qué hace un Ser de las Sombras?

—Te pedí que no volvieras a preguntar eso.

—Lo sé. Perdona.

En ocasiones, la tierna voz de Katly se torna un poco apagada. Se vuelven evidentes sus intenciones por ocultar algún sentimiento negativo al mostrar una rápida sonrisa y poner cualquier tema de conversación aparte. Al menos, esto es lo que percibe Blue.

Pero, si de percibir hablamos, son los ojos de Rebeca más atentos que ningunos o, al menos, eso es lo que intenta. Procura mantener una distancia larga en la que ni siquiera pueda ocurrir la casualidad de cruzar miradas con Alvin por error. Intenta concentrarse, pero su compañera está más entusiasmada por otras cosas.

—¡Mira esa tienda! ¡Debemos pasar por ahí la próxima vez! Podríamos conseguir mejores atuendos.

—¿La ropa no la elegiste tú?

—O sea… sí, pero… ¡Oh, mira! ¡Una pastelería! Hace mucho que no comemos algo que no sea pescado o mariscos… ¡Una tienda de mascotas!

—¿Quieres concentrarte, por favor?

—Eso te lo dejo a ti. Vamos por buen camino, ¿no?

—Por supues… ¿Ah?

Fue solo un instante. La mirada de Rebeca se perdió un poco por los agitados movimientos de su compañera. El tiempo suficiente para perder a su objetivo de vista.

—¡Lo perdí!

—¡¿Lo perdiste?!

—¡Esto no habría pasado de no ser por…! Argh. Vayamos a la casa, lo esperaremos ahí.

—No te enojes. Cálmate un poco. Tenemos una semana, ¿lo recuerdas?

—Podríamos perdernos de algo importante. ¿Qué tal si consigue herramientas especiales? Esta sería nuestra única oportunidad de conocer a su proveedor y la perdimos.

—Solo es un "podría". En ese caso, muchas otras cosas "podrían" pasar el resto de la semana. vayamos por unos bocadillos y regresemos rápido a la casa.

—No. No pienso perder más tiempo por ti. Tenemos suficientes suministros en la nave. Vámonos.

—Pero…

—¡Vámonos!

Rebeca es de esas personas que intentan, con todas sus fuerzas, ocultar su estado de ánimo y mantener un semblante serio o neutral. Lo intenta, sin conseguirlo del todo, pues su enfado y frustración se notan de lejos por cualquiera que la escuchara. Ashley reacciona obediente y serena al inicio, pero la fachada es reemplazada por muecas malhumoradas de comedia en cuanto la otra dirige su mirada a otro sitio.

El camino es largo, pero conocen la ruta más corta mejor que el mismo armadillo. Una vez cerca, utilizan un pequeño callejón para subir al techo, saltando de pared en pared.

La casa de Alvin es de dos pisos, pero no es la única en ese vecindario. Justo en frente, las espías tienen la posición perfecta para observar diferentes ángulos. No necesitan usar camuflaje, pero es debido a la ausencia de amenazas. La casa está sola y hay pocas almas transitando la calle.

—Llegamos antes. Si las ventanas no fueran negras, podríamos ver algo.

—¿No podemos usar algún cachivache para ver dentro?

—No es un polarizado común. Utiliza algún tipo de tecnología. De verdad no quieren a los fisgones. Está bien, solo le da más sentido a nuestra misión.

—¿Crees que también esté desarrollando algún tipo de energía nueva?

—No, no. Es imposible que alguien como él sea capaz de eso. Debe tratarse de algo más. Otro tipo de energía que ya existe, pero no conocemos u olvidamos… Oye, tardará en volver. Volvamos a la nave por los trajes de camuflaje.

—Ay, no. Son muy incómodos.

—Más incómodo es llevar todo esto puesto.

—¿De qué hablas? Te ves genial.

—Vamos a la nave —habló con firmeza—. Necesitamos los trajes. No podemos correr el riesgo de ser vistas con tanta facilidad.

—Ash, como digas.

Concentración y paciencia. Las características que Rebeca desea enseñar a su pequeña pariente. Este será su primer intento de siete. ¿Qué secretos podrán descubrir? ¿Qué significará esto para el futuro de ciudad Begin? Por ahora, solo los chicos podrían imaginarse algo así. ¿Quién es Alvin Stius y qué relación tiene con ese poder? ¿Qué es la energía dorada?


Los nuevos poderes #6

Grupo Elemental: Seres del Frío

El calor y el frío forman parte de los elementos que mantienen en equilibrio el mundo, o, mejor dicho, el fuego solo existe para mantener a raya al frío. Estos Seres pueden pasearse como si nada en los lugares más congelados del universo, pero a costa de eso, son muy débiles al calor. Pueden bajar la temperatura de cualquier objeto u habitación, pero no subirla. Su Energía Vital les permite crear nieve o hielo, igual que a los Seres Acuáticos con el agua.


Próximo Capitulo

"Un nuevo poder"