—Entonces, Qkidna resbaló y sujetó el balón tan fuerte por el susto, que rebotó lo suficiente para que un oso lo tomará y encestara con todo y erizo enrollado.

—¡¿Es en serio?! ¡Ja, ja, ja! Qkidna no mintió al decir que les dio la victoria.

Es una noche tranquila cuyo silencio solo es interrumpido por las risas de Blue y Katly. La habitación del erizo está más ordenada de lo acostumbrado, no es necesario adivinar la razón y velocidad con la que esto cambió.

—¿Sabes? Me impresiona lo que Qkidna puede hacer sin tener poderes. Desde que enfrentó con nosotros a esos robots, siento que no es solo un tonto con alta autoestima.

—Sí, fue impresionante. No puedo esperar a ver los guantes terminados en acción. Los tres, seguro seremos un gran equipo. Será más sencillo derrotar a Genevil juntos.

—Eh… ¿"Los tres"? Creo que contaste mal, somos cuatro en total.

—Ah… Claro, sí, por supuesto.

—Eh… Blue, ¿por qué siento que intentaste decir algo más?

—Bueno, es solo que… Somos: Alvin, Qkidna y yo quienes… pues… pelean.

—¿A qué te refieres? Yo también he participado.

Se acabaron las risas. Mientras que el chico solo puede hacer más evidente su nerviosismo al tratar de suavizar sus palabras, Katly muestra una molestia en aumento.

—Sí, no me malentiendas, es muy útil que tengamos alguien que puede hacernos intangibles cuando lo necesitamos, pero…

—¿"Pero"?

—Es solo que… no puedes hacer nada más.

—¡¿Ah?!

—Vamos, Kat. Si estuvieras frente a frente, tú sola, contra cualquier robot, ¿qué podrías hacer?

Con sus ojos bien abiertos, mira los de su amigo mientras piensa una respuesta. Tan pronto se percata que le falta alguna, aprieta sus labios mientras la busca con la mirada, como si pudiera materializarse al hacerlo.

—¿Lo ves? Pero, ¡ey! Cuando dije "nosotros tres", me refería solo a… "los atacantes", ¿sabes? Por supuesto que eres parte del equipo. Nos salvaste el trasero en un par de ocasiones.

—Soy solo un soporte ocasional, ¿ah?

—¿Eh? No. Bueno, por ahora, tal vez. ¡Pero, no debes pensar mucho en eso, Kat! Todos podemos hacernos más fuertes, tú no eres la excepción. Seguro podrás hacer algo si entrenas y…

—Creo que debo irme.

El cambio en su tono de voz dejó frío al chico. Seca, sin sentimiento perceptible. Katly se levanta y agradece a Blue por permitirle quedarse a conversar un rato.

¿Qué acaba de pasar? Blue nunca había sentido una alteración tan radical en la energía de Kat. Sus emociones se invirtieron en un instante, como si fuera este su estado de ánimo usual. De una chica animada con una bella sonrisa, pasó a ser algo indiferente, apagada y con la única intención de no saber nada más de cualquier cosa.

El erizo la acompaña hasta la salida del edificio, una caminata breve y callada. Para cuando la gatita se va, Blue solo puede pensar en cómo fue que pudo meter la pata; sin mencionar todo lo que pudo percibir, pero no interpretar en ella.

Sin embargo, no son los únicos con ligeros cambios de humor esta noche, pues, sobre un pequeño edificio, las primas Paipin intentan observar a través de los oscuros cristales que Alvin tiene en su casa por ventanas.

Un par de gruesos visores apoyados por una tableta, todo en posesión de Rebeca, son lo que debería atravesar esas defensas. Pero no hay frutos hasta ahora. La frustración se hace notar en la mueca y los casi imperceptibles chasquidos que el jaguar hace con los dientes.

—Tal vez deberíamos rendirnos por hoy —habló Ashley tras un bostezo.

—¡Ni hablar! Debemos aprovechar cada instante. Mientras las luces estén encendidas, Stius podría estar trabajando en su cañón o cualquier otro aparato. Si no descubrimos cuál es su fuente de energía…

—Tenemos toda la semana para averiguarlo. Si no podemos ver por las ventanas, intentemos otra cosa. Pero intentémoslo mañana, por favor.

—Si tan solo pudiera averiguar qué tecnología usa para reforzar los vidrios…

—Cielos…

Rebeca no para de pasar sus dedos por la pantalla de esa tableta, intentando calibrar las gafas. Queda claro para Ashley que seguirá siendo ignorada. Sin más qué hacer o manera de ayudar, decide recostarse para ver lo que alcanza a notar de un cielo despejado que, de no ser por las luces de la ciudad, seguro sería un espectáculo.

—Rebeca… ¿hacemos lo correcto? ¿de verdad haremos un mundo mejor?

Una vez más, fue ignorada, aunque no parece importarle. Luego de un último bostezo, sonríe para luego decir:

—Buenas noches, Rebeca.

Le toma incontables horas, pero, por fin, luego de tantos intentos, se da por vencida. Se quita las gafas, las cuales quedaron un poco marcadas en el pelaje de su rostro. Sus ojos se muestran un poco enrojecidos por el extremo cansancio y el largo contacto con dos pantallas. Lo primero que escucha al apagar ambos aparatos es la respiración de su pequeña compañera. Con las orejas como despeinadas, el rostro girado a una dirección para que el exceso de salivación pueda escurrirse como una pequeña fuente. Su delgado pecho se infla con calma, detalle que lleva a Rebeca a recordar que ambas llevan aun ese ajustado traje, pensado para la facilidad de movimiento y adjuntar las herramientas que fuesen necesarias, aunque no las llevasen para esta misión.

—Estúpida. Quedarse dormida y, encima, con ese traje puesto. Si no dejas que tu sangre circule…

Mientras hablaba, la conejita recoge sus manos hacia su pecho, juntando sus labios. El movimiento de sus orejas da la impresión de estar soñando algo. ¿Qué podría ser? ¿Algo lindo? ¿El inicio de una pesadilla? Solo ella podría narrarlo al amanecer.

—Por todos los… ¿De verdad somos primas?

Luego de adjuntar los binoculares y la tableta sobre su cintura, pasa sus manos por debajo de Ashley para levantarla con un cuidado y calma que se pensarían poco característicos de ella. Al tenerla encima, como por instinto, la coneja pasa sus brazos por su cuello para sostenerse. Esto sorprende en gran medida a Rebeca, comienza a dudar que esté dormida de verdad, pero, de no ser así, seguro habría alguna mueca que delatara algún intento de contener la risa o, al menos, la inevitable sonrisa. Pero no es el caso.

Tras volver en sí, Rebeca camina con calma para luego saltar al siguiente edificio, luego el que sigue, así hasta llegar al más alto de la colonia, donde una nave en forma de pez limpiador desactiva su camuflaje al estar ambas cerca.

Un nuevo poder

El mundo que debemos cambiar

Una gran calidez le abraza. Seguro es el sol, cubriendo como una segunda manta. Pero es demasiada, es incómoda, es demasiada. Hay que despertar ya.

Al abrir sus ojos, Ashley nota que ha dormido demasiado. Se levanta de golpe solo para percatarse al instante que descansó sobre un sillón largo, dentro de una nave casi vacía, adornada solo por algunas cajas pequeñas. Lo siguiente que descubre es su traje, descansado a sus pies. Solo lleva puesta una delgada blusa de tirantes y unos shorts muy cortos. Lo siguiente en pasar por su cabeza es la increíble idea de que Rebeca la haya cargado hasta ahí para ponerla cómoda, pues sabe que, al menos ella, es capaz de dormir en el piso sin ningún problema cuando es necesario; no debería extrañar el obligarla a hacer lo mismo. Pero, ¿esto?

Recuerda que es tarde, así decide ponerse el traje de nuevo para salir. La nave ya estaba camuflada bajo la instrucción de Rebeca, quien descansa unos edificios al frente, en la posición de ayer. Ashley salta de tejado en tejado con gran velocidad, incluso, mostrando más agilidad en este ámbito que el mismo jaguar.

—¡Lo siento! Me quedé dormida. ¿Me perdí de algo?

—Nada importante —sentada, mirando hacia la casa, con una pierna recostada en el suelo mientras la otra permanece doblada para recargar un brazo sobre la rodilla—. El enano no parece estar despierto, trabajó hasta muy noche. He estado investigando cómo meter el dron a la casa, pero su seguridad es altísima. Ya no me sorprende que lleve ese apellido.

—Y… ¿qué hacemos ahora?

—Es casi mediodía, deberíamos ir a comer; tú, sobre todo. Sigues demasiado delgada y no dejas de dormir como un oso. Es la última vez que permito que ignores el desayuno y el almuerzo.

—Je, je, lo siento, pondré un despertador temprano.

—Solo lo ignorarás —se levantó—, seré yo quien te despierte cada día a partir de ahora.

—Je, je… Rayos.

Pero, si de complexiones delgadas y comida hablamos, debemos visitar Rush Pizzas. Siendo solo martes, resulta un día tranquilo, con muy pocos pedidos entre horas.

Mientras hace sus labores, Blue dirige su mirada hacia la mesa preferida de Qkidna y Katly, como si los buscara. Lleva así toda la mañana, aprovechando cada oportunidad, volviéndose consciente de esto cuando lo repite en demasiadas ocasiones.

—Rayos —pensaba—, me pregunto si Katly está enfadada conmigo. No debí decir esas cosas. Pero, de cualquier forma, Katly es bastante débil para alguien que tiene poderes, ¿no? Quiero decir, ¿de verdad estuvo mal dar a entender que solo es un soporte? Le dije que puede volverse más fuerte también, ¿no? ¿Por qué estaría enojada? Maldición, ¿qué puedo hacer? ¿Solo una disculpa bastará?

Tiene tiempo de sobra para pensar en esas cosas, pero algo debería interrumpir eso por su bien, y quien mejor para hacerlo que su propio teléfono. La vibración logra sacarlo de su trance para responder al instante.

—¿Qkidna? ¿Qué sucede? ¿Sigues demasiado aburrido para…? ¿Qué dices?

Lo pidió de manera inconsciente, de eso no hay duda, al fin tiene algo para distraerse. Lo mismo pasa con las primas. Ciudad Begin está repleto de sitios para comer, pero el presupuesto es poco, así que algo sencillo es lo que elige Rebeca esta vez, aunque no es lo único para lo que tuvo voz en esta ocasión.

—Parecemos graduadas.

—¿Quieres decir "licenciadas"?

—Eso.

—Por supuesto que no, sigue siendo algo casual.

—Prefiero el vestuario que elegí ayer.

—Por supuesto que sí. Lamento que nuestros gustos en vestimenta difieran tanto.

Como el jaguar expresó, Ashley solo exagera un poco. Ambas llevan una blusa abotonada que logra relucir un poco sus figuras —quizá más a la mayor—; Rebeca una negra, y una gris para la pequeña. La diferencia principal es el pantalón, mezclilla para la orejona, uno negro para el depredador.

Se encuentran en el exterior nuevamente, esperando su comida en una mesa para cuatro, cuyas sillas sobrantes fueron puestas a un lado. Un largo tejabán improvisado les protege del feroz sol de la tarde, pero nada les evita lidiar con el ruido de automóviles y civiles andando sin huecos de silencio. Por si eso fuera poco, el puesto de comida elegido por Rebeca es muy visitado también. Personas pasan frente ellas todo el tiempo, levantándose una y otra vez de sus mesas cada que se les llama u olvidan algo, sin mencionar también los antojos extra.

—Creo que sería más difícil que nos reconozcan con la ropa que elegí.

—Ya te lo dije, el vestuario no importa para eso. No vieron mi rostro y no te conocen. Olvídalo.

—Ash… No es justo, a ti se te ve mejor eso que a mí.

—Olvídalo, Ashley.

—Hmm —refunfuñó un poco para luego verse distraída con una pareja en una mesa cercana. Parecen felices, conversando quizá de cosas triviales. Eso la lleva a observa a todas las personas a su alrededor, todas atendiendo sus propios negocios, atravesando sus caminos.

—¿Pasa algo?

—Ah, nada, solo…

—¿Qué?

—Estaba pensado… ¿Este es el mundo que el señor quiere cambiar?

—¿A qué te refieres? ¿Quieres hablar de eso en otro momento? Aquí no es adecuado.

—¡Hablemos en código!

—¡¿Ah?! Está bien, como sea.

—Quiero decir que… ¿estas son las cosas que el jefe quiere cambiar? Es que… veo a muchas personas felices, ocupadas. El ruido es insoportable y a veces quisiera deshacerme de todos para poder caminar tranquila sin tener que esquivar a nadie, pero… ¿sabes? Siento algo de… no sé cómo decirlo… algo muy agradable estando aquí…

Tras escuchar esto, Rebeca echa un vistazo a su alrededor. Mobianos de todo tipo, colores y formas. Gente alegre, algunos con aspectos un poco más intimidantes y muchos mamíferos pequeños. Todos avanzando en sus vidas, ignorantes de los infinitos mundos que los rodean y caminan a la par. Esa misma ignorancia consciente es lo que Rebeca no tarda en recordar. Tal vez demasiada inocencia de parte de su compañera, o eso es lo que cree.

—En estos momentos solo podemos ver las cosas lindas de este mundo. No es por todos ellos que estamos aquí. Las cosas que nos rodean ahora mismo poco o nada tienen que ver con nuestro propósito.

—Pero…

—Tal vez no puedas verlo. Tú eras muy pequeña, no lo recordarías nunca. Toda la maldad, el odio, la oscuridad; aquí están. Ocultos a simple vista. Cualquiera de ellos guarda un secreto. Aunque muchos sean solo civiles comunes que solo buscan cumplir sus propios sueños, existen miles que no dudarían ni un segundo en arrebatar los de otros.

—Pero, ¿cómo puedes saber quiénes…?

—No podemos. Es por eso que la maldad puede seguir existiendo. Es por eso que debemos cambiar el mundo, Ashley. Para que nadie más tenga que seguir sufriendo.

—Ya… veo…

No parece muy convencida, esto lo nota Rebeca, pero tampoco está dispuesta a seguir hablando del tema. Ambas se mantienen calladas hasta que la mayor es llamada por su comida, esto regresa los ánimos a Ashley, quien no puede dejar de hablar, contrastando con el ambiente de hace tan solo un momento.

Tan pronto terminan, es momento de volver, pero el insistir de Ashley provoca desviar el camino para seguir conociendo la ciudad. "Es temprano, no hay problema, tenemos tiempo", es lo que concluye la mayor.

Por más que caminan, no parecen cansarse en ningún momento, sobre todo la coneja. Pareciera que cada cosa que ve es nueva, desde una simple librería, hasta los centros comerciales más grandes. Sin mencionar aquellos sitios para divertirse a los que Rebeca se niega a entrar, pues perderían demasiado tiempo. No evitan llamar la atención y provocar breves comentarios de cada persona que se cruzan, pues, para cualquier habitante de esta ciudad, las cosas que impresionan a Ashley son de lo más cotidiano. ¿Serán extranjeras? ¿De qué sitio podrían venir, si cada cosa le sorprende a la pequeña?

A cierta hora, Rebeca decide que es momento de volver a su puesto. No más paseos, excepto el necesario para regresar a ese barrio. El trayecto es aprovechado de igual manera, pues deben tomar otro camino mientras la mayor es guiada por su tableta. El rostro del jaguar siempre es serio, expresando solo un poco de molestia ante la actitud de su compañera, aunque, en ocasiones, parece querer sonreír.

Deben esperar en un callejón a que no exista ni un ojo que las pueda ver subir al tejado, donde la nave las espera. Sin tardanza, vuelven a ponerse aquel práctico traje, cubriendo su rostro con una bufanda negra. Ashley no parece muy emocionada de regresar a su puesto, sabe que es baja la probabilidad de conseguir algo, pues nada ha cambiado desde ayer. Solo observan, sin necesidad de activar su camuflaje, no parece haber nadie cerca o en la casa.

—Intentar ver por la ventana no servirá más. Solo queda buscar la manera de entrar.

—Podríamos disfrazarnos de trabajadores públicos y decir que venimos a revisar la luz, ji, ji.

—¿Quieres pensar en serio? Por favor. Tomará tiempo, pero, podríamos usar el dron para observar a Stius y descubrir las contraseñas de seguridad.

—O podríamos, ya sabes, hacer que… "desaparezca" … y luego… tomar su lugar.

—O podrían levantar las manos y entregarse pacíficamente. ¿No suena genial?

La sangre se hiela al instante. Sus rostros llenos de sorpresa giran rápido para reconocer al dueño de esa burlona voz. Dos erizos, un armadillo. Listos para pelear.

—¿Cómo…?

—¡Ja! —Qkidna, burlón— ¿Creían que este enano no se daría cuenta que lo espiaban? El miedoso no deja de ver a su ventana todo el tiempo.

—O…Oye…

—Yo… ¿Fui descuidada?

—Rebeca…

Los oídos de Blue se levantan en atención.

—¿Ese es tu nombre?

Ante esto, el jaguar solo puede arrojar una mirada para culpar a la pequeña, quien luce ahora más preocupada y arrepentida.

—No podrán contra los tres. ¡Hay que atraparlas!

—Quizá nos digan dónde encontrar a Genevil.

—¡Huye!

La coneja lo duda un instante, pero comienza a correr para dar un enorme salto hacia el edificio de al lado, solo para ser interceptada por Blue al aterrizar.

—No irán a ningún lado. ¡Alvin, Qkidna! Es muy peligrosa, ¡cuídense mucho!

Como si el chico hablara en su propio idioma, el anaranjado se arroja a los golpes con muchísima confianza, sin que su compañero pueda detenerlo solo con palabras.

Sin pensarlo, arroja un golpe, solo para que Rebeca lo evite, dejando aquel puño pasar a un costado de su rostro. Jala de su brazo, golpea su abdomen y levanta al chico para arrojarlo fuera del tejado. Alvin apunta su cañón, pero se detiene al entender que disparar solo empeoraría la situación.

—¡Qkidna!

Al tenerlo sobre su cabeza, cae al suelo, soltando al erizo, quien rebota para caer de cualquier forma. Cuando Alvin lo pierde de vista, Katly aparece en la orilla, inclinada, pues es quien sujeta al chico de ambos brazos.

—¿K…Kat?

—¡¿Katly?! —exclamó Blue. Solo Alvin no parece sorprendido.

La gatita está resbalando un poco, hasta que Qkidna consigue impulsarse un poco usando sus pies para trepar de vuelta. Para entonces, Rebeca se ha reincorporado y está lista para contraatacar, pero un cañonazo la obliga a retroceder. Al seguir la energía dorada con la mirada, ve cómo el ataque impacta con lo que parece un escudo invisible protegiendo la casa Stius.

—Acaso… ¿nunca hubiéramos logrado entrar?

El anaranjado arroja otro golpe, pero Rebeca lo atrapa al instante sin que siquiera su mano retroceda al recibirlo. Busca golpear su abdomen de nuevo, pero el chico se vuelve intangible y falla. Ese instante le es suficiente para entender lo que pasa. Katly, intangible también, solo debe tocarlo para compartir el efecto. Pero no hay tiempo para que ninguno ataque otra vez, pues Alvin dispara, obligando a la cazadora a retroceder.

Da un salto, pero su sorpresa es grande cuando Ashley cae a su lado.

—¡Oye!

—Estoy bien, estoy bien. Pero… ¡Cuidado!

Solo su instinto consigue guiarla para agacharse, esquivando una patada voladora de Blue, quien se reúne con el resto al fallar y reincorporarse en el acto.

—Kat, ¿qué haces aquí?

—¡¿Ah?! ¿Por qué te sorprendes? Alvin nos llamó a todos, ¿no?

—¡¿Ah?! A mí me llamó Qkidna. ¿Por qué…? ¡Ey!

Las espías buscan huir, aprovechando la distracción. Para sorpresa de nadie, excepto Ashley, Blue las alcanza de inmediato. Están rodeadas.

—¿Por qué el señor nos prohibió traer armas? ¿Cómo saldremos de esta?

—Deja de mostrarte asustada, solo les das más confianza. Maldición, no podemos matarlos aun, ¿cierto?

—Eso… ¡¿Eso importa?! ¡Mataremos gente de cualquier forma!

—¿Qué estás diciendo? Concéntrate. No pierdas la calma.

—¡Nadie tiene que morir! —respondió Blue, con extraña naturalidad— Si se entregan, podemos hacer esto de manera pacífica.

Rebeca se pone en guardia, reafirmando que no se han rendido aun, pero nota en ese instante que Ashley no responde de la misma manera.

—Oye, ¡en guardia! Él solo es rápido. Ninguno está entrenado como nosotras. Podemos vencerlos.

—Pero… ¿y si no…?

—¡Deja de hablar así!

Ashley mira a su alrededor. Alvin con el cañón listo. Qkidna dando pequeños saltos, con la guarida alta. Y Katly, aunque no muy firme, lista para actuar.

—No… Si nos atrapan…

—¡Oye!

—¡Oigan! No peleemos. Solo hablemos un momento, ¿quieren?

—¡Blue! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Acabemos con ellas de una vez!

—E… ¡Estoy de acuerdo!

—Chicos…

Katly y Blue son los primeros en darse cuenta del extremo nerviosismo en Ashley.

—Si nos atrapan… ¡¿De qué habrá servido todo lo que Albert hizo hasta ahora si nos atrapan?!

Con el grito, la coneja arroja algo de sus manos, extendiendo una hacia los chicos, otra hacia Blue. El erizo evita y alcanza a distinguir delgadísimas agujas con una ligera decoloración amarilla en las puntas. Katly se hace intangible, pero al momento se percata que no cubrió a sus compañeros, quienes no logran esquivar.

—¡Ahhh! ¡¿Qué es esto?!

—¡Duele mucho! Yo… siento un cosquilleo en mi brazo…

—¡Yo también! ¡Agh! … ¡Oye!

Ambos chicos caen al suelo, incapaces de moverse.

—¡¿Trajiste tus agujas?!

—¡Lo siento! ¡Tenía que hacerlo!

—¡Sabes lo que dijo el señor!

—¡Rebeca!

Blue logra interceptar al jaguar. La toma de los hombros para derribarla.

—¡¿Qué hicieron?!

Su única respuesta es un rodillazo en abdomen seguido de un choque de frentes. Ahora es él quien recibe el agarre de Rebeca y es arrojado al suelo en maniobra. El choque es fuerte.

—¡Corre!

—Pero…

—¡Corre! —reafirmó con fuerza, a lo que no hay más objeción.

Mientras ve a su prima irse, siente un pequeño empujón, o, ¿era un golpe? Parece ser el caso, pues se repite en varias ocasiones. Busca a su agresor con la mirada, y es cuando lo siente en el rostro que reacciona para sujetar por la muñeca a una Katly invisible. Jala de ella para derribarla igual, haciendo que aparezca de nuevo. Para entonces, Ashley ha desaparecido.

—No puedo matarlos; él me lo prohibió. Pero no sabes cuánto deseo hacerlo justo ahora.

—Agh… ñgth.

—¿En serio eres tú quien se interpondrá en nuestro camino? —conecta su mirada en desafío— ¿Eres tú con quien me enfrenté aquel día? ¡¿Este es nuestro obstáculo?!

—Blue… ¿qué haces? ¡Pelea! —habló un adolorido Qkidna, quien apenas puede levantar el rostro.

—No me importa ninguno de tus amigos. Si desapareces, todo habrá valido la pena. Es una lástima que no pueda…

—¡Suéltalo!

—¿Ah?…

—¡Suéltalo! —elevó su voz, cerrando los ojos, quizá el gritó más fuerte y desgarrador que ha emitido en su vida, pues una manta de energía cubre su cuerpo solo para ser liberada al instante como una onda expansiva.

Aunque intenta poner resistencia, el jaguar es golpeado con fuerza por toda esa energía para ser arrojada lejos de los chicos. Por desgracia, Blue recibe el mismo ataque. Ambos intentan levantarse, pero lucen mareados. Es Rebeca la primera en recuperar su equilibrio. Al ver a su oponente en un inusual estado, dos enemigos inmóviles y una sola amenaza en la forma de una pequeña gatita…

—Esto… Argh… No se quedará así.

Sin que nadie pueda impedirlo, emprende la retirada. Solo Blue no es capaz de verla saltar de edificio en edificio hasta desaparecer por un instante, pues ha entrado a la nave. Ésta sigue camuflada, solo se distingue por una leve distorsión en el espacio que ocupa.

Luego de menear un poco su cabeza, Blue se recupera al fin. Mira a su alrededor, sus amigos inmóviles, esperando alguna clase de ayuda. Por otro lado, Katly, quien no deja de ver sus manos hasta que residuos de su energía purpura desaparecen, entonces, dirige su mirada al chico.

—Blue, yo…

—¿Acaso?

—Descubrí un nuevo poder…

—Eso… Eso parece…

—¡Descubrí un nuevo poder! Yo… Puedo hacerme más fuerte. ¡Blue! ¡Puedo ser más…!

Su expresión se congela un segundo y cambia al recordar que, de hecho, está enojada con el erizo.

—Aunque, seguro fue solo suerte —se giró, dando su espalda al erizo mientras sujeta su propio brazo, dejando, sin querer, en evidencia que no es solo enojo lo que siente.

—Kat, yo… Me equivoqué.

—¿Ah?

—Me equivoqué. Lo admito. No creí que fueras una peleadora. Todo este tiempo te vi más como un soporte, lo acepto, y lo siento, estuvo mal.

—Ah, ¿sí? ¿Por qué ese cambio de opinión? ¿Seguro que no solo intentas quedar bien conmigo y ya?

—No, Kat, pude sentir tu energía. Sabes que no te puedo mentir. Solo un peleador de verdad puede liberar su verdadero poder cuando la situación lo amerita. Pude sentir los latidos de tu corazón con el fluir de tu energía. Conozco esa sensación. Por eso, no me queda duda ahora.

—Blue —vuelve a girarse, aun abrazándose a sí misma.

—Vamos, Kat, volvámonos más fuertes juntos, seamos un equipo.

—Blue, yo…

—¡Sí, sí! ¡Qué románticos! ¡Necesitamos ayuda aquí! ¡Dejé de sentir mis piernas hace rato!

Sonrojados, recuerdan que el equipo es de cuatro integrantes para olvidarse de todo e ir en su ayuda.

"Todo está bien y acaba bien", al menos para este cuarteto, pues, el ambiente se siente algo denso dentro de aquella nave, donde la pequeña Ashley espera, nerviosa, a que su prima termine su reporte, pues debe dar razones a Genevil por su regreso.

—Entendido, llegaremos en unos minutos. Lo siento mucho, señor.

Solo se escucha el corte de transmisión. El piloto automático está activado, el jaguar se levanta para dirigirse a su compañera, quien juega un poco con sus manos, un instinto dirigido por el miedo, los nervios. El rostro de quien debe ser considerada como su líder no ayuda en lo absoluto.

—Re… Rebeca, sé que crees que esto podría ser mi culpa, pero…

—No, es que lo crea. Es completamente tu culpa.

—Ah… Pero…

—Después de todo lo que hemos pasado, con la promesa de un nuevo mundo, luego de los sacrificios que el señor ha hecho por nosotras. Aun así, no has aprendido nada.

—Rebeca, yo…

—¡Basta! Eres solo una niña, ¡¿cuándo piensas madurar?! ¡¿cuándo comenzarás a tomarte esto en serio?!

—Rebeca, no es eso, yo…

—No te atrevas a dar más excusas. Es obvio que nunca entenderás lo grande que es todo esto. Espero, de verdad espero, que el señor no vuelva a asignarnos ninguna misión juntas.

—Pero, Rebeca —su voz comienza a cortarse…

—Si no fuera por todas esas distracciones. De no haber permitido que jugaras por la ciudad —comenzó a bacilar al aire—, ¡de no haber tenido que cuidarte todo el tiempo!

—¡Rebeca! ¡Puedo cambiar! ¡Te lo juro! No volverá a pasar. ¡Puedo ser como tú! ¡Ambas somos Paipin!

—¡No! —alzó aún más su voz, señalando su rostro— ¡No te atrevas a pronunciar ese apellido! No me importa lo que nos hayan dicho, ¡no hay manera de que tú y yo seamos familia!

No hay manera de saber qué ataque fue el más fuerte, aquel arrojado por Katly, o el recién emitido por Rebeca. Solo se puede ver un par de ojos bien abiertos, humedeciéndose; un rostro que intenta ocultar algún sentimiento con una máscara de ira, pero es delatado por el temblar de labios hasta sus manos y la poca fluidez en sus palabras.

—¡¿Y qué si lo somos o no?! ¡¿De verdad importa?! Se suponía que debíamos estar solas. ¡Ojalá Genevil nunca nos hubiera encontrado! ¡No me interesa hacer equipo contigo!

Con eso dicho, da un pequeño salto hacia el asiento trasero, pues no hay otro lugar al cual ir.

—¡Bien! ¡Que así sea! ¡No te necesito para cambiar el mundo!

Palabras emitidas, Rebeca vuelve al asiento del piloto, más por capricho que por necesidad. El resto del viaje es silencioso; permanecen así hasta que la nave desciende para sumergirse en el océano.


Los Nuevos Poderes #7

Grupo Elemental: Seres Naturales

Los últimos por mencionar de este grupo. Ellos tienen cierto control sobre la naturaleza, pueden hacer crecer todo tipo de vegetación, desde pequeñas flores hasta gigantescos árboles, aunque con ciertas restricciones. Su Energía Vital está ligada con la naturaleza. Pueden imitar algunas técnicas de los Seres de Fuego con la ayuda de la energía solar que todo el tiempo absorben, o imitar a los Seres Acuáticos estando cerca de un manantial o algo parecido. Estos son de los que más técnicas de curación tienen.

Curiosidad: Estos Seres no existían en la versión original de esta historia.


Próximo Capitulo

"El más poderoso"