Comparado con los capítulos anteriores, este parece ser un día tranquilo para toda ciudad Begin. Como siempre, la actividad se siente desde muy temprano, como si compitieran con el sol. Una personita en especial sigue esta rutina también.

Una casa común. Dos pisos, pintura color ladrillo y carbón la caracterizan. Ninguna planta adornando. Unos cuantos escalones hacia la entrada y las ventanas siempre cerradas. Dentro, una sola habitante despierta.

En el segundo piso, una habitación oscura, solo iluminada por la débil luz que busca su entrada a través de las cortinas. Una cama tamaño reina, algunos muebles para ropa, un escritorio sencillo y un enorme peinador cuyo espejo se mantiene cubierto por una sábana. Pero, en esa cama, la chica se resiste a despertar. No necesita una alarma, su instinto hace todo el trabajo, una extraña habilidad que aparece solo cuando se requiere. Abre sus ojos, no lucen cansados, pero faltos de ganas. Permanece en esa misma posición un momento más: de lado, viendo solo la pared y lo que su cabeza no aplasta de la almohada.

La delgada sábana cubriéndola hace una calca de su figura. Delgada, las rodillas hacia su vientre, las manos unidas en su pecho. Siente que ya ha perdido mucho tiempo. Se gira para ver para arriba, cierra los ojos mientras saca sus manos de entre la sábana para estirar ambos brazos juntos hacia el techo. Sus piernas se estiran a la par mostrándose solo un poco menos delgadas a través de la tela. Tras esto, deja caer sus brazos a los costados. Su cabello un poco esparcido alrededor de su cráneo, como una especie de flor.

Por fin, hace la obligatoria abdominal para comenzar a salir de la cama. Deja caer la sábana, revelando su torso. Una blusa negra de tirantes, tan delgada como ella. Parece no querer salir aun, recarga su espalda en el respaldo, mirando aun a la nada. Sus ojos se entrecierran mientras acaricia su brazo derecho un momento. Pero no hay más tiempo que perder.

Al salir de la casa, se puede apreciar el aroma de la mañana, el sonido de los autos a lo lejos y el cantar de algunas pequeñas aves alrededor. Por otro lado, el cabello purpura que antes no conocía el orden, ahora se aprecia brilloso y liso, peinado solo con algunas ligas para mantenerlo cercano a sí mismo, pero libre para caer y cubrir mayor parte del cuello y la espalda alta. La gatita gusta vestir de pantalón negro, combinando con sus zapatos como si fueran la misma pieza. Una blusa abotonada con cuadros de tonos variados en blanco y morado, para combinar con su cabello y los brillantes ojos, además, destaca un poco su figura; por debajo, se puede notar otra blusa negra. Por último, lleva consigo un bolso, en su mayoría, negro, solo variando con decoloraciones moradas, aunque no parece caro ni es para nada vistoso, tampoco de gran volumen; si se presta suficiente atención, los colores no son fijos, parecen cambiar como un lento flujo de energía.

Tan pronto asegura su puerta con llave, se pone en marcha. En poco tiempo, se encuentra en la zona céntrica de Begin, lugar donde se concentra la mayoría de negocios y empresas importantes. Sus destinos son varios, super mercados en lo principal.

A lo largo de la mañana, visita numerosos sitios para comprar artículos de limpieza, alimento, entre otras cosas como herramientas, hace evidente que conoce de lo que compra. Pareciera que planea arreglar algunos desperfectos en su casa, pero solo ella sabe.

Durante el camino, unos cuantos mobianos la reconocen, clavan, sin darse cuenta, la mirada en ella. Los que van acompañados incluso susurran algo sin esfuerzos por disimularlo. Esto sucede tanto en la calle como en todos los lugares donde entra, solo aquellos que la han atendido antes parecen poco interesados en mostrar alguna reacción y soltar cualquier comentario. Todo esto, en momentos, parece afectarla, pues permanece cabizbaja mayor parte del tiempo. Sin embargo, también parece recordar algo en esos momentos, pues es constante su decisión por ignorarlo y levantar un poco la mirada.

Le toma casi toda la mañana, se acerca el medio día, pero termina sus compras. Su última visita es una cafetería, donde, para variar, puede descansar un poco, aunque no de todo lo anterior.

Espera algo. Para matar tiempo, revisa su teléfono. Para su fortuna, aquello no demora, pues un par de manos tapan sus ojos. Es a quien esperaba, se nota en su sonrisa y la falta de sorpresa. Dos guantes blancos con diseño clásico, suaves, aunque no tanto como la rapidez que las mueve.

—¡Adivina! —se alzó una voz llena de energía, resonando por todo el sitio.

—¿Alguien que se quedó dormida esta mañana?

—Eh… ¡No fue así! ¡Lo juro!

—Mientes —rio un poco.

—Ash, no puedo contigo.

Retira sus manos para que Katly pueda darse la vuelta y levantarse. Una pequeña felina, al igual que ella. Rubia, ojos azules, de menor estatura, acercándose por muy poco al metro, pero no tan delgada y de una figura para modelar. Contrastando con Kat, su vestimenta es mucho más colorida, combinando azules y blancos por doquier. Lleva una blusa sin mangas, de tirantes, su sostén se nota un poco, dibujándose en la tela; pantalón de mezclilla, pero dejando libre sus tobillos. Lo último de que destaca es su cabello, un poco menos largo que el de su amiga, pero sujeto formando una cola de caballo.

Como si llevaran años sin verse, dan un fuerte abrazo a la otra, la rubia más entusiasmada que la púrpura, pero, es su respectiva naturaleza.

La amiga sobreprotectora

Hielo, juegos, helados y teléfonos

Un par de bebidas en la cristalina mesa; algo parecido a un té para Katly, algo frio y refrescante del otro lado.

—Entonces, ¿terminaste las compras?

—Sí, llevo todo aquí.

—Ay, deberías conseguirme un bolso de esos. Podría llevar lo que quiera a donde sea.

—Ya sabes que no los comercializan. Además, tiene un límite de volumen que no dudo puedas superar.

—¡Oye! Eso no es tan cierto…

—Je, je. Claro —tomo un delicado sorbo a su té.

—Te vi, eh.

—¿A qué te refieres?

—Vi con quien hablabas justo antes de taparte los ojos.

La reacción es poco usual en Kat, casi escupe su bebida, pero no debe esforzarse mucho para mantener los estribos.

—Azuri…

—No puedo creer que sigas hablando con él, ¡ja, ja! Ya te lo dije, no es para ti. Un vago como él nunca será digno de una mujer como tú.

—Ya te he dicho que no es un vago.

—Sigues defendiéndolo.

—Eso no es… Eh…

—A ver —se inclina hacia enfrente y alza una mano para contar sus dedos—: vive solo…

—Lo sé…

—No va a la escuela…

—Lo sé…

—Tiene un pobre trabajo de repartidor…

—Lo… sé…

—¡Vive en un apartamento pobre! ¡Por favor!

—¡Lo sé, lo sé! Eso no importa.

—¿Qué no importa? Lo único bueno que tiene es que es un Ser Común, ni siquiera tiene un poder genial. Incluso Marshall suena a un mejor candidato.

—Azuri, basta. Yo… ni siquiera he hablado con Marshall alguna vez. No tiene sentido.

—Lo que intento decir es que entiendas quién es ese vago y no olvides quién eres tú.

Tras escucharla, su mirada baja de nuevo. Mantiene sus manos juntas alrededor de ese grueso y hondo baso con té. Al darse cuenta de la metida de pata…

—Eh… ¡Oye! ¡¿Me viste en vivo?!

Su expresión cambia. Una ligera mueca burlona contrasta con lo de hace uno segundo tan pronto alza su mirada de nuevo.

—Oh, claro que te vi. Creo que tu desempeño disminuyó un poco. A ese paso, nunca serás líder de porristas.

—¡¿Ah?! ¿En serio lo crees? ¿Qué me falto? ¡¿Qué me faltó?!

—Todo. Me pregunto qué habrá sido lo principal. ¿No será más bien que te faltó…?

—Ay, no, ya entendí…

—¿Qki…?

—No…

—¿…dna?

—¡Oye! ¡Puedo hacer un gran trabajo como animadora sin que Qkidna esté ahí para verme!

—Estás nerviosa.

—¡Ay! No puedo mentirte a ti. Literalmente, sabes cuándo miento. Sí, lo extrañé mucho en el viaje. Siempre estuve pensando en él, imaginando que lo animaba y él me miraba…

Su delirio entre suspiros dura bastante, ocuparía un buen porcentaje de palabras en este capítulo. Por fortuna…

—Te ves ridícula hablando así cuando apenas y le hablas.

—¡Calla! Sabes que le gusta hacerse el difícil.

—No es verdad. Siempre carga contra cualquier chica que le guste sin dudarlo.

—Bueno, solo lo es conmigo, no sé por qué.

—¿De verdad, Azuri?

—Ay, no…

—Siempre apareces de repente. No dejas de hablar y adularlo.

—¡Eso a veces funciona!

—Le gusta ser elogiado, por supuesto que lo hace, pero se va tan pronto se distrae con otra cosa.

—Cierto…

—Invades mucho su espacio. Quizá si no parecieras una acosadora…

—¡No lo acoso!

—Revisas sus perfiles al menos diez veces al día.

—Yo… Eh…

La divertida discusión les hace perder la noción del tiempo. Como si fueran minutos, pasan un par de horas charlando sobre diferentes temas. Las bebidas terminaron antes de darse cuenta.

—De verdad, necesitas comprar ropa nueva. ¿Cuándo dejarás que te haga un cambio de imagen? Siempre te ves tan deprimente.

—Gracias, pero, no, gracias. Cielos, no me di cuenta de la hora. Creo que debería ir a casa ahora, ¿me acompañarás?

—¿Por qué tienes que ir tan pronto? Eres muy buena limpiando, no tardarás. Puedes hacerlo antes de dormir.

—No creo que eso funcione para mí, je, je. Además…

—¿Qué ocurre? —su apasionada voz cambia de una forma muy drástica. Un tono cuidadoso, de volumen más bajo.

—Mi padre escribió hace poco. Podía volver en cualquier momento, cualquier día. Debo estar preparada siempre, por eso hice tantas compras hoy.

—Ya veo. ¿Estará todo bien?

—Eso espero, con lo de Albert Genevil, no estoy segura de lo que pasará.

—Entiendo… ¡Oye! —regresó la gritona de antes— Dices que puede ser cualquier día, ¿no? ¿Por qué debería ser hoy?

—Azuri…

—¡No me mires así! No hemos salido en mucho tiempo. Y no es seguro que sea hoy. De hecho, ¡no creo que vaya a regresar hoy!

—Azuri, no estoy segura…

—¡Vamos! Puedo ver que no te has divertido de verdad. ¡Debemos hacerlo! No sabemos si luego podremos.

—Yo…

Al principio, muy indecisa. Acaricia su brazo un momento mientras piensa. La mirada un poco perdida, pero, al ver la cara entusiasmada al frente, cambia el semblante.

—¡De acuerdo! Tienes razón. Eh…

—¡Bien! Debes estar cansada de tanto comprar, ¡hagamos algo divertido!

Sin dar oportunidad a sugerencias, la toma de una mano y corre a la salida, no sin antes, ser detenidas por un trabajador, pues la rubia olvidó que no han pagado nada.

El ritmo apresurado y lleno de energía en Azuri las hace adentrarse en la zona céntrica, rodeadas de edificios y gente.

—Bien, ¿qué quieres hacer primero? Hace mucho no voy a la pista de patinaje. Pero, debes tener hambre luego de hacer tantas compras. ¿O prefieres ir a ver chicos? ¡Oh! También podemos ver esa película que tanto…

—Pues, Blue y Qkidna estarán en…

—¡No!

—¿Ah?

—¡Sin "esos" chicos! ¡En especial el tuyo!

—Eh, pero…

—¿Crees que no sé que lo ves casi todos los días? Por todos los cielos, ¡no! Este día será solo para nosotras. Primero, iremos a comer algo que te dé energías. Después, iremos a la pista de patinaje.

—Pero, no sé patinar.

—¡Aprenderás! ¡Vamos!

Imposible negarse. Ambos felinos pueden identificarse como el completo opuesto del otro, incluso desde la apariencia. Una colorida y sonriente, la otra un poco más opaca y reservada. La primera, extrovertida, la segunda, introvertida. Esto no les impide compartir parte de ellas. Su gusto en comida, algo de música, programas favoritos y demás cosas triviales.

La velocidad con la que camina la rubia obliga a Katly a seguir su ritmo, pero, también la hace indistinguible para quienes podrían reconocer a la felina silenciosa que caminaba por el centro esta mañana. Desde la plaza central hasta los centros comerciales, esto es así.

Como acordaron —creo que acordaron—, visitan aquella pista de patinaje tan pronto terminó su comida. Dentro de uno de tantos edificios gigantescos, se siente el bajón de temperatura tan pronto cruzan la entrada. Parece que ambas tienen dinero de sobra, pues rentan un par de patines sin alguna preocupación.

La pista es enorme, como un lago congelado y repleto de mobianos que avanzan alrededor, como un cardumen de peces en su danza diaria. De no ser así, el caos gobernaría, seguro.

Kat lo piensa muchísimo para entrar, contradiciendo su entusiasmo en la puerta. Por otro lado, Azuri se mueve con gracia y gran facilidad, pero sin alejarse de la entrada, animando a su tímida amiga. Es obvio que perderán mucho tiempo en eso, por lo que decide jalar una vez más de su brazo para obligarla.

La gatita no tarda mucho en caer, pero recibe la ayuda de su amiga. Como un pequeño ciervo en su primer invierno, Katly tambalea sus piernas, perdiendo su equilibrio y resbalando sin parar. Azuri no la suelta un solo segundo. Se mueven con lentitud, cambiando un poco el camino del resto.

Con asombrosa y enternecedora paciencia, Azuri explica a detalle cómo patina: el movimiento de sus piernas, mover su punto de equilibrio, y demás. De forma constante y, a veces, inconsciente, Katly busca sostenerse de la orilla, pero la rubia toma su brazo para evitarlo, invitándola al riesgo. Una estrategia para quitarle el miedo, eso cree ella.

A pesar de eso, no la deja sola. Sostiene un brazo o su cadera todo el tiempo, solo soltándola en intervalos, pues no aprenderá nada de no ser así, como un niño queriendo montar su bicicleta.

Les toma casi toda su hora, pero, después de todo el esfuerzo, Katly sigue cayendo una y otra vez. Aunque, es más consistente para permanecer de pie y avanzar unos cuantos metros antes. Las carcajadas de la rubia no faltan nunca.

Quedan pocos minutos, Azuri decide aprovecharlos. Katly no tiene ningún problema, permanece apoyándose en la orilla mientras se desliza con cuidado alrededor, viendo los largos giros llenos de estilo, energía; en ocasiones, elegancia. Un Ser de las Sombras sonriendo con encanto es algo que muchos consideran extraño, fuera de su naturaleza. Pero es lo que la gatita demuestra al ver a su amiga.

El tiempo ahí se les acaba, pero el día está lejos de hacerlo. Azuri habla con emoción las opciones que tienen enseguida, pero debió darse por completo la vuelta para descubrir que Kat apenas y le prestaba atención, pues parece perdida en la pantalla de su teléfono, presionando los botones del teclado en ella con asombrosa velocidad. Una sonrisa hace más evidente para la rubia quién es el destinatario. Basta con un leve grito para recuperar su atención.

No abandonan el centro comercial, pues, en uno de sus 5 pisos, se encuentra un sitio lleno de incontables juegos electrónicos. Se utiliza una tarjeta especial que, por supuesto, ambas tienen a causa de Azuri, para poder jugarlos; una membresía para niños, se podría decir.

Algunos videojuegos a los que no se acercan, máquinas tragaperras, clásicos desafíos por golpear la plataforma con un martillo y sus derivados, juegos de carreras donde los muñecos avanzan dependiendo de la rapidez con la que gires una esfera como único control. Incluso algunas pequeñas atracciones para los niños, como trenecitos y demás. Por supuesto, el objetivo del día es juntar la mayor cantidad de monedas virtuales con el crédito que recién recargaron en sus tarjetas. Para eso, deben obtener los mejores puntajes posibles en distintos juegos.

Para sorpresa de Kat, el primer juego visitado por Azuri es el de encestar. La púrpura no tarda en comprender que es por Qkidna, quien adora el básquet. Aunque encestan muy pocas, consiguiendo pocos créditos, parecen divertirse; lo importante aquí no es ganar, para ellas.

Luego de esto, visitan cada juego posible. Algunos de puntería, otros sobre ver quién presiona más rápido un botón. Pero, en todos ellos, hay una sola cosa que se repite: en algún momento, Katly deja de lado todo para usar su teléfono. Azuri siempre lo nota, pero lo ignora, pues nunca toma mucho tiempo.

Uno de los juegos trata de arrojar pequeñas esferas hacia una serie de agujeros, protegidos por paredes que pueden ser rodeadas con la fuerza y trayectoria correctas.

Concentrada, la vista fija en su objetivo, el hoyo de los 100 puntos en medio de todos. Cuando se enfoca, Azuri muerde un poco su lengua, visible entre la leve mueca. Para lanzar la bola, se debe deslizar por una larga plataforma, pues una reja protege los agujeros de tramposos con puntería.

Tras juntar toda su determinación, hace su lanzamiento. Falla. Consigue solo los 20 puntos por participar.

—¡Demonios! Bien. ¡Es tu tur…!

De nuevo, Katly está distraída. No hay manera de averiguar qué fue lo que terminó por molestarla. ¿Será el tiempo que tomó para terminar de teclear? ¿O la sonrisa y el ligero rubor durante el proceso?

—Kat, tu turno…

—¡Oh! ¡Lo siento! —guardó aprisa el aparato.

Al momento en que la gatita toma una esfera, se percata del cambio en el flujo de energía de Azuri.

—¿Pasa algo?

—¿Eh? ¡Ash, Kat! ¡Te digo que nunca uses tus poderes en mí!

—L…Lo siento. Sabes que eso no puedo solo apagarlo.

—Lo sé, lo sé. ¡Oye! ¿Nos darás 100 puntos? ¿O te unirás al triste club de los 20 puntos?

—¡¿Ah?! ¡Daré en el blanco!

Pareciera que olvidó por un segundo de qué va el juego. Ni una cosa ni la otra, el club de los 50 parece el más apropiado para la chica. Para la mala fortuna de una, esta escena se repite algunas veces, aunque intenta ignorarlo.

Lo último es más sencillo cuando los créditos terminan, es momento de intercambiar monedas virtuales por premios. Ni siquiera es necesario describirlos, pues, a pesar del esfuerzo, no podrían cambiar algo que les guste. Esto desata la ira de Azuri, quien no para de acusar en voz alta a todo el sitio de ser estafadores y crear un sistema de premios en los que terminarían gastando más dinero en créditos que en el valor del mismo premio; solo para que una linda pareja llegue para reclamar el muñeco más grande de la estantería.

Parece que esto es rutinario, pues Katly intenta tranquilizar a la aún más enojada rubia mientras jala de su brazo para dirigirla a la salida.

Tan pronto se alejan del lugar, el mal genio desaparece. La razón es un puesto de helados a solo unos pocos metros. Una vez más, demuestran que el dinero es lo de menos, pues Azuri compra triple bola de distintos sabores, cubierta por nueces, almendras y chispas de colores. Kat, por su lado, es más sencilla, comprando nieve en un vaso, aunque adornado un poco también con malvaviscos.

Se sientan un momento para disfrutar de su dulce y ver a la gente pasar. Es difícil encontrar huecos entre las multitudes que van y vienen por todas direcciones.

—Un 7, sí, no se merece más. Uy, pero mira aquellos brazos; le doy un 9, ¿tú qué opinas?… ¿Kat?

Para este momento, Azuri ya devora el cono de su helado, pero el vaso de Kat permanece medio lleno, a su lado, pues usa ambas manos para teclear en su teléfono.

—¡Kat!

—¡¿Ah?! ¿Qué ocurre?

—Creo… que tenemos que hablar.

—¿En serio? ¿Sobre qué? ¿Pasó algo?

—Pasa algo, contigo.

—¿Oh?

No tarda en comprender.

—¡No hablaba con Blue! Yo… atendía algo.

—¿En serio? ¿Cuántos contactos tienes?

—Unos… cuatro…

—Qkidna, el cuatro ojos, Qkidna y yo. ¿Me dirás que hablabas con el armadillo?

—Ehh…

—¿Sabes que es lo mejor de nuestra amistad?

—Que no podemos men…

—Que no podemos mentirnos —concluyó al unísono—. Entonces, ¿hablabas con ese vago?

—¡No es un vago!

—¡No me importa! ¡¿Hablabas con él?!

En movimiento brusco, Azuri intenta tomar el teléfono, pero le es imposible superar la reacción de Katly. Como daño colateral, el vaso cae, derramando un poco de nieve derretida junto un par de pequeños malvaviscos.

—Katly, yo…

Ignorando la voz arrepentida de su amiga, la gatita solo recoge al caído.

—Quizá… debamos ir a un sitio más tranquilo. Odio que la gente nos vea.

La rubia no se percató antes, pero robaron las miradas de muchos mobianos que pasaban por el lugar. Sin objeción, Azuri se levanta junto con su amiga.

Afuera, el sol sigue iluminando con fuerza, acalorando a quienes no saben vestirse o las especies con basto pelaje. Pero pronto comenzará a esconderé entre los edificios para bajar por las lejanas montañas. Las gatitas caminan en este clima con absoluto silencio. Esto es hasta llegar a una colonia un poco más silenciosa, sin muchos carros que transiten. Katly conoce muy bien esta ciudad.

—Kat.

—Lo sé.

—¿Qué sabes?

—Sé que no debo encariñarme demasiado con nadie.

—Kat…

—Eres mi única amiga. En la escuela, no hablo con nadie más.

—Kat, debes…

—He estado sola toda mi vida, pero…

—No, Kat, tú…

—No puedo evitarlo.

Silencio. Ambas dejan de caminar.

—¡No puedo evitarlo! ¡Sé que no debería encariñarme demasiado con él! En especial ahora. Pero… yo… de verdad quiero…

—¡No puedes!

—¿Ah?

—No puedes llevar una vida normal y lo sabes, Kat. ¡Déjalo! No lo digo porque no sea lo suficientemente bueno para ti. Tú sabes todo lo que puede pasar si lo dejas entrar en tu vida…

—¡En verdad no sabemos eso!

—¡¿De qué estás hablando?!

El tono de ambas voces escala poco a poco.

—Hasta ahora he podido vivir tranquila. Intento llevar una vida normal. Estoy en la escuela. Tengo unos cuantos amigos, pero los tengo. En verdad no es seguro que mi vida cambie cuando mi padre regrese. Podría…

—¡"Podría" nada! Hay un científico loco allá afuera, ¡planeando su próximo ataque! ¿De verdad crees que puedes permanecer como estás ahora?

—Tú… ¡Tú no sabes eso! ¡No sabes cómo será mi futuro! ¡¿Por qué intentas detenerme?! Yo solo… solo quiero…

—Kat, no quiero detenerte, solo…

—¡Mientes! —con el grito, cierra sus ojos y, sin querer, un poco de energía es expulsada de su cuerpo. Se desvanece en poco tiempo, pero, al mirar de nuevo, Azuri ha retrocedido un metro.

—Kat… Está bien —habló con firmeza—. Sí quiero detenerte. Solo te harás daño a ti misma. También a él. Quieres creer que puedes tener una vida normal, por lo menos tranquila, pero no es así. Ambas lo sabemos, por eso aprovechamos al máximo cada oportunidad.

—Calla.

—¡No, Kat! Escúchame, sabes que tengo razón.

—Calla, cállate, cállate, por favor.

—No digo que lo alejes por completo de tu vida, solo no te apegues demasiado.

—¡Cállate!

—Kat…

—Soy débil, ¿de acuerdo? Siempre lo he sido. Por eso estoy sola todo el tiempo. Pero…

—Kat, no…

—Quiero vivir eso, Azuri. Quiero enamorarme, ¡¿de acuerdo?! Puede que nunca más pueda hacerlo.

—Katly, ¡no! Ni siquiera creo que en verdad estés…

—Y no voy a dejar que ni siquiera tú me lo impidas —alzó una mirada firme, contrastando con su rostro y voz hace un momento.

—¡Tu padre te lo impedirá!

—No tendrá necesidad.

—¡¿Por qué no quieres escucharme?! ¡Solo detente a pensar un momento! ¡En verdad no crees nada de lo que dices!

—¡Claro que sí!

—¡Claro que no!

—¡En verdad crees que eres lo suficientemente débil como para que cualquiera que sea tu plan funcione?! ¡¿Ya viste el flujo de tu energía?!

Es cierto. Conforme la discusión avanzaba, su cuerpo se cubría de una leve aura morada. Al ver sus manos, se da cuenta, pero no consigue apaciguarla. Esto solo la altera más.

—No, no… yo… Esto es solo.

—¿Crees que no lo había entendido? Me mantuviste al tanto de todo lo que ocurría mientras no estaba. Katly, es inevitable. Mientras sigas peleando, te harás más fuerte, y sabes lo que eso significa.

—¡No! ¡No! No es cierto. No me había fortalecido cuando de verdad lo intenté. ¿Por qué pasaría ahora? Solo estoy enojada.

—No lo sé, Kat. Solo…

—¡Ya déjame en paz!

Ese último grito libera algo de presión alrededor, alertando a Azuri, quien no podrá reaccionar a tiempo cuando Katly decida huir del lugar.

—¡Katly! ¡Espera, por favor!

No duda en perseguirla, pero la diferencia de velocidad es muy obvia, nunca podrá alcanzarla.

Parece que corre sin rumbo, pero no es así, conoce la ciudad tan bien, que cada vuelta que toma debe ser con un propósito; no podría perderse, aunque quisiera. Sin embargo, corre sin parar por mucho tiempo, hasta que su dificultad para controlar su aliento la frena. A partir de ahí, decide solo caminar.

Es claro que muchos la vieron; con extrañeza, algunos sin importancia, pero, esto es lo de menos para Katly.

El sol se recuesta sobre las montañas, pintando el cielo de naranja por unos minutos. Un deleite para la gatita, observando la ciudad desde un puente alto, donde, detrás de ella, cientos de automóviles avanzan a gran velocidad, levantan un viento que alza su cabello.

Aunque es un punto muy alto, es difícil ver donde termina Begin, solo las montañas en el horizonte fijan un límite. Enormes edificios, infinidad de ser moviéndose de un lado a otro. Aves viajando con las nubes. Todo esto pasa por sus ojos mientras ellos buscan respuestas. Con ambos brazos sobre el barandal para poder recargar su cuerpo y descansar.

Intenta convencerse con recuerdos alegres, momentos de felicidad al lado de sus amigos. Azuri, Blue e incluso Qkidna, pero le invaden otro tipo de imágenes. Imposible ignorarlas, por más fuerza con que aprete sus parpados o los puños bajo su pecho.

Una pequeña lágrima baja por su rostro. Cuando cae y se deshace al chocar con el concreto, ella lo siente. Las imágenes finales que recuerda son los últimos combates contra las máquinas de Genevil, pero, en especial, aquel ataque con el que frenó la victoria de un jaguar que espiaba la casa de Alvin. Tan pronto aquella lágrima se evapora por el calor que el sol depositó durante el día, Kat se pone firme y, extendiendo una sola mano, dispara un fuerte pulso de energía.

Una rápida onda expansiva con ligeros toques de aura morada avanza hasta desaparecer.

Sin desviar la mirada de la escena, Katly baja su brazo con lentitud. Sin perder la firmeza, aunque resulta difícil, notable por el temblar de sus labios y los ojos húmedos.

—Tienes razón, Azuri.

—Lo sé.

Katly la sintió llegar. Una agotada felina rubia a unos tres metros, sin más intenciones por acercarse.

—Me estoy fortaleciendo. Ahora más que nunca. Sigo siendo algo débil, pero, no sé por cuánto tiempo más. Yo —agacha su cabeza—… no sé qué sucederá. ¿Cuánto tiempo me falta?

—Katly, creo que…

—¡Azuri!

Estalla en llanto a la par que corre en busca de su amiga, ofreciendo un fuerte abrazo que, de primera, sorprende a la rubia.

—¡Lo siento tanto! ¡Siempre has estado para mí y no dejé de gritarte! ¡Tienes razón, tienes razón! ¡Tienes razón en todo!

—Kat —correspondió su abrazo, cerrando los ojos mientras sonríe—… Te perdonaré si, para varias, me dejar terminar de hablar.

—¡Lo siento, lo siento!

—¡Deja de disculparte! —apretó con más fuerza— Quizá yo estaba exagerando un poco también. Es tu vida, después de todo. No sabemos cuándo regresará tu padre. Deberías aprovechar al máximo el tiempo que tienes. Has lo que quieras, después de todo, de verdad no sabemos lo que pasará.

—Sí —separa su cuerpo al fin, secándose las lágrimas, más tranquila—… Pero, también tienes razón: no puedo apegarme demasiado. E, intentaré que él no lo haga. Aunque no sé si podré.

—Deveras, ese vago no es buen partido para ti.

—Azuri, eres insufrible.

—Lo sé.

Ríen un poco. La discusión ha terminado.

—Ya es algo tarde. Volveré a casa, tengo mucho por hacer.

—Te ayudaré.

—¿No tienes nada qué…?

—¡Claro que sí! Pero no quiero hacerlo, ¡ja, ja! Mejor iré contigo.

—De acuerdo.

En medio de risas, se ponen en marcha. Es cierto, las vidas de todos los mobianos de ciudad Begin está por cambiar muy pronto, pero es imposible saber con exactitud lo que sucederá en el futuro. ¿Es necesario preocuparse? ¿Podemos vivir el momento sin pensarlo tanto? Al menos, por ahora, las respuestas son claras para ambas.

Y ¿qué mejor oportunidad para vivir el ahora? Pues el momento de alguien más se acerca para cambiar los destinos de estos chicos para siempre.


Los Nuevos Poderes #9

Grupo Aural: Seres de las Sombras

Los hermanos menores de los Seres Oscuros por opinión popular. Estos se caracterizan por tener una personalidad pacifica, pero con un extraño gusto por intimidar. Sus poderes se basan en la manipulación de sombras, esto tarda mucho en perfeccionarse, y la mayoría de sus ataques creados a base de energía suelen ser muy débiles en un principio. Sin embargo, comparten muchas características con sus hermanos del mismo grupo, los Seres Espirituales, ya que ambos pueden dominar la intangibilidad o la posesión temporal de un cuerpo, aunque lo hacen de diferente manera.

Dato extra: muchos de sus ataques basados en energía causan un efecto secundario.


Próximo Capitulo

"La infiltración"