En contraste al contraste del capítulo anterior, esta es una mañana agitada. Qkidna demuestra el pánico de toda la ciudad golpeando, con fuerza y tan rápido como su cuerpo le permite, la puerta de Alvin. El cielo está despertando con su azul celeste, pero opaco.

—¡Vamos, Stius! ¡Abre ya! ¡Abre ya! ¡Nos quedaremos sin diversión!

Parece más ansioso que asustado. Por fin, la puerta se abre. Sale el armadillo, vestido, con su mochila puesta y el cañón dorado armado. Esta vez se ve mucho más sólido, ovalado, con algunos ríos rojos donde se verá fluir la energía después. En su mano izquierda, lleva los guantes que Qkidna no tarda en arrebatar.

También amarillos, sin mucha gracia excepto algunas líneas rojas y cuadradas adornando.

—¡Al fin! ¿Seguro que están listos? ¿No me explotarán cuando los active?

—Ja, ja —liberó una voz más molesta que sarcástica—, ojalá lo hicieran. No, les hice las pruebas necesarias. Estamos listos.

—Podemos pelar. ¡Al fin! ¡Corramos antes de que Blue acabe con la diversión! ¡Tres robots! ¡Uno para cada uno! ¡Sí!

Sin esperar a su compañero, Qkidna se echa a correr. Alvin solo suelta su puerta mientras golpea un pie con el otro, activando un par de patines aéreos, impulsados por pequeños propulsores en la planta. Gracias a ellos, puede patinar a gran velocidad y dejar atrás al naranja.

Antes que la puerta pueda cerrarse, una navaja cae del cielo, clavándose en el marco justo a tiempo para interrumpirla.

La infiltración

En busca de la fuente de energía suprema

En una calle amplia, tres bestias metálicas enfrentan al erizo. Un lobo, un gorila y un águila. Todos alcanzando alrededor de 5 metros de alto, variando un poco solo por la especie y sus respectivas posturas.

Para cuando Alvin llega, el lobo cae. Sin una pierna, la cabeza sin forma por el gran hueco en ella. Sin más funcionalidad.

—¡Blue!

—¿Ah? ¡Alvin! ¿Dónde está Qkidna?

—Calculo que llegará en cinco minutos.

—¡Bien! ¡Acabemos con estos dos antes que llegue! ¿Te parece?

—B… ¡Bien!

Abrumado por la excesiva confianza con la que Blue pelea y charla al mismo tiempo, Alvin retrocede un poco antes de sujetar bien su cañón.

—¡Alvin! ¡Viniste!

—¿Ah? ¡Katly! Y… ¡¿Azuri?!

—¡Así es, cuatro ojos! ¡El dúo felino a su servicio!

A un extremo de la calle, las chicas esperan alguna oportunidad. Algo a destacar es que, todos parecen ir en sus pijamas. Alvin con una camina y un short, ambos con rayas verticales en blanco y celeste. La rubia con una blusa blanca y un chao de caricatura dibujado en ella, y una pantalonera rosa. Katly también usa una pantalonera, solo que negra, al igual que la delgada sudadera. Ambas con el cabello sujeto en un molote.

Alertado por el puño del gorila chocando con el suelo, el armadillo levanta su cañón para apuntar. No tiene intenciones de acercarse. Sus gafas hacen el papel de una mira, mientras muestra la energía restante el arma, entre otros datos que solo él comprende.

—En teoría, solo un disparo normal basta. Si consigo dar en las articulaciones.

Los movimientos frenéticos de la voluptuosa bestia, combinados con las casi imperceptibles apariciones del erizo, hacen muy difícil apuntar. Pero de verdad está ansioso por disparar. Lo hace, pero la esfera de energía dorada se pierde en el cielo.

—¡¿A qué le estás apuntando?!

—Azuri… ¡Sé que puedes hacerlo, Alvin!

—¡Es más difícil de lo que pensé! —gritó en su mente, comenzando a sudar solo por los nervios.

Blue también se muere de ganas por atacar, pero aquella ave de acero, que se mantiene fuera del alcance a gran altura, lo tiene siempre en la mira, preparada para disparar con su pico, sin importar que dañe a su compañero. Blue sabe esto, pues el lobo cayó por esa estrategia. Pero el gorila es más resistente, se nota por las abolladuras en su cuerpo. El erizo tiene esto presente, sabe que su inercia será lenta tras el golpe, volviéndose un blanco fácil.

—Ya sé. ¡Alvin! —gritó Katly— ¡Debes disparar al águila!

—¡¿Ah?! ¡De acuerdo!

Aunque más lenta, el ave no se mantiene en un solo sitio. Vuelta en círculos mientras apunta. Ahora también lo hace Alvin. Sus gafas le ayudan a calcular su trayectoria, le es más fácil ahora. Dispara, da en el blanco.

—¡Lo hizo!

—Perfecto —asintió Blue, enrollándose al instante para girar y arremeter contra el gorila, dando en su rostro. De nuevo, esto solo causó una abolladura.

El erizo queda indefenso en el aire, se desenrolla para divisar el enorme puño. Logra controlar un poco su inercia para aterrizar más rápido y con fuerza, pero no logra evitar un segundo ataque que golpea el suelo enfrente suyo, enviándolo a volar.

—¡Azuri!

—Te tengo.

La rubia junta sus manos y Kat salta sobre ellas. La impulsa con la fuerza suficiente para que Katly dé el salto necesario y alcance a Blue, volviéndolo intangible justo a tiempo para evitar un láser del águila. Alvin queda inmóvil ante eso. El erizo y la gatita aterrizan.

—¡Alvin, quítate de ahí! —advirtió el erizo.

El gorila se había acercado. Está listo para aplastar al armadillo, quien, con un pequeño salto, se enrolla en su coraza, convirtiéndose en una esfera amarilla. Se escucha un fuerte impacto, pero el chico está intacto.

—¿En serio, enano? Cuando un gigante te ataca, haces una de dos cosas —habló Qkidna, esforzándose por sostener el puño metálico con ambas manos.

Alvin se desenrolla solo un poco para ver al naranja en su acto, luego, gira para ver a los chicos impresionados, pero Blue comienza a moverse pronto.

—O lo esquivas, ¡o lo enfrentas! ¡Ahhh!

Girando su cuerpo, jala el puño para arrojar al gigante hacia atrás, haciéndolo caer de espalda. La caída causa un largo agujero con la forma de la bestia, además, aplasta un par de vehículos estacionados con los brazos extendidos.

—Estos guantes… ¡son increíbles! ¡El mejor invento de la vida! ¡¿Cómo es que no los encuentras en el mercado?!

—Porque —se desenrolló, levantándose con lentitud—… nadie había podido hacerlos bien. Por lo general, hacen que los brazos exploten.

—¡¿Qué?!

El águila vuela por encima de ellos con Blue atrapado en una pata. Katly hace otro salto para atraparlo y liberarlo con intangibilidad. Los siguen con la mirada y descubren al gorila levantándose.

—Bien, bien, ¡comienza la acción! ¡Anímate, Stius!

Pero, no son las únicas manos ocupadas. Aquella navaja está siendo retirada por Rebeca, quien abre bien la puerta, liberando el paso para Ashley. Ambas con sus trajes, cubiertas hasta la nariz, solo sus ojos al descubierto.

—Esto fue más fácil de lo que creí.

—Una distracción. Esperar lo suficiente para apostar que Stius fuera a probar su cañón. El señor lo pensó bien.

—La madre del nerd trabaja de madrugada, no regresará hasta la tarde, puede que el listillo tampoco. ¡Tenemos la casa para nosotras!

—Al segundo piso. No perdamos el tiempo, habrá cámaras de seguridad, pero, mientras no cerremos esa puerta, no se activará ninguna alarma. Poco importará que nos descubra si tomamos lo que sea que buscamos.

—Bien, bien, ¡subamos!

El primer piso es muy común de ver en cualquier casa. Entrando, lo primero en mostrarse son las escaleras, de madera, rodeadas por paredes verdes. A la derecha, se puede llegar al comedor y la cocina, luego, la sala de estar. A la izquierda, un par de habitaciones, un pasillo largo que termina en su lavandería y un baño. Aunque Ashley quiere explorar toda la casa, decide obedecer y subir sin tardanza.

Aquí, el espacio es muy reducido, solo un baño y una habitación. No concuerda con las medidas de que se deducen al ver desde afuera o abajo. Es lo primero que Rebeca nota. Por fortuna, la puerta estaba abierta, quizá el apuro por salir hizo olvidar este detalle al armadillo.

La habitación es muy amplia, pero poco ordenada. La cama al lado de la enorme, pero blindada ventana, la cual no se ve negra desde dentro. Una larga mesa de trabajo parecida a un escritorio, repleta de cajones y repisas ocupadas por extrañas herramientas. Posters sobre ciencia y distintas series animadas que seguro nadie quiere ver, adornando buena parte de sus paredes.

—La habitación de un nerd, seguro que sí.

—Brillante observación. Comienza a buscar.

—Seguro…

Rebeca no está para nada de humor, no tendrá paciencia hoy. Comienzan abriendo cajones. Diferentes herramientas, enciclopedias, planos, diarios, tabletas, entre otras cosas. Cada objeto interesante es examinado por Rebeca, mientras Ashley los acumula en la mesa. Se distrae un momento, encuentra el bote de basura y husmea un poco. Piezas rotas, partes de herramientas descompuestas y algunos pañuelos de extraño aroma que la hacen arrojar todo con una cómica mueca cubierta por su bufanda.

—¡Deja de jugar!

—¡No estoy jugando! Solo buscaba alguna pista.

—¡¿En la basura?! ¡Sigue abriendo cajones!

—Ya escuché, ya escuché. Ash…

La basura que Ashley tiró solo se suma al desorden. Ropa interior regada, playeras y pantalones por igual. Incluso envolturas y cajas. Es evidente que no se esperan visitas aquí.

Por fin, Ashley encuentra un aparato que la hace gritar.

—¡Lo encontré!

—¿Qué?

—¡Su diario! ¿Quién tiene diarios a estas alturas?

—Bien, ahí debe guardar su progreso. Averigüemos cómo armó ese cañón y los guantes.

Haciendo planos y demás cosas a un lado, colocan la tableta como si fueran a ver una serie, apoyada con la pared. Para mala y obvia fortuna, deben ingresar una contraseña.

—Maldición…

Sin perder los estribos, Rebeca saca dos pequeños lentes de un compartimiento en su cinturón. Conecta un pequeño chip en la tableta y ofrece un lente a Ashley.

—¿Quieres que yo saque su contraseña? ¡¿Yo?!

—¡Sirve de algo! Yo rastrearé la habitación. Debe tener compartimientos secretos de algún tipo. Si no encuentro algo aquí, rastraré toda la casa. Te tomará tiempo. Vamos, sabes hacerlo.

—Lo hice un par de veces como práctica, pero…

La poca paciencia en los ojos de Rebeca silencia de inmediato a la coneja.

—De acuerdo, lo haré.

Ambas ponen manos a la obra. Ashley presionando un par de botones en su lente, Rebeca busca con la mirada, girando su rostro con lentitud. No tarda mucho en arrojar frutos, pues, tras esos posters, hay una puerta secreta.

—Bingo…

—¡Lotería!

—¡Concéntrate!

Pero, si de concentración hablamos, es Alvin quien más tiene problemas. De momento, solo huye, deslizando de un lado a otro, pues ambas bestias no dejan de cazar ambos erizos. Las gatitas ya ni siquiera saben cómo ayudar.

Blue intenta alejar al águila, pero, tan pronto se aleja, el ave regresa para ayudar al gorila, y el erizo debe retractarse para sacar a Qkidna de su apuro. No puede enrollarse ni saltar, pues atacar a uno significa ser presa del otro. El de los guantes no ha tenido la oportunidad de golpear.

—¡Stius! ¡Un poco de ayuda!

—¡Yo…! ¡Ehh…! ¡Ehh! ¡Tú también puedes disparar!

—¡Con un…! ¡Es cierto!

En ambas palmas, dos círculos rojos se dibujan donde el resto de líneas rojas se unen. Qkidna solo necesita pensarlo, como si el guante fuera una extensión de él, pues lo es. Lo rojo comienza a brillar dorado y, cuando siente que está listo, dispara. El gorila lo recibe en el rostro, mostrando un negro crítico en su armadura.

—¡Un ataque más y estará muerto! ¡Blue!

—¡No puedo atacarlo yo! ¡Te lo encargo!

—¡Alvin! —gritó Katly— ¡Debes disparar al águila! Lograste dañar su cuerpo. ¡Apunta a las alas!

—Pero, pero…

—¡Debes relajarte un poco! No ataques con miedo ni prisa. Apunta, toma tu tiempo. Blue y Qkidna aguantarán.

—¡¿Qué?! —Blue.

—¡Oye! —el otro.

—De… De acuerdo.

Al estar fuera del alcance de tanta destrucción, pues concreto y autos vuelan con cada golpe y zarpazo, el chico se toma un par de segundos para jalar aire. Abre los ojos y enfoca solo la escena del combate, los erizos se aseguran de mantenerla en el mismo sitio, concentrando ahí la destrucción. Blue debe maniobrar entre enormes escombros, mientras Qkidna usa sus manos para levantar grandes rocas y arrojarlas contra los ojos de ambas bestias. Cuando un ataque es dirigido a él, la velocidad de su compañero lo saca del peligro.

—Qkidna no es tan rápido como para atacar. Blue parece no cansarse. Las chicas no están en peligro. Bien, puedo hacer esto, puedo hacerlo.

—¡Oye, Alvin! ¡Comienzo a cansarme! ¡¿Y los disparos?!

—¡Qkidna! ¡Deja que se concentre!

—¡Katly, dile a tu vago que no le grite a Qkidna!

—Azuri, por favor …

—¡¿Quién invitó a Azuri?!

—¡Y…Yo la invité!

—¡¿Dejaste que tu chica invitara a Azuri, Jethog?!

—¡Yo no tuve nada qué ver!

—¡Oigan! ¡¿Qué tiene de malo que esté aquí?!

—¡No tienes ningún poder!

—¡Qkidna! ¡Tampoco tienes poderes y estás conmigo!

—¡Tengo estos guantes!

Se ven un par de venas punzando en el cráneo de Alvin. No sabe si apuntar a los robots, o a Qkidna. Pero algo es seguro, su cañón no deja de acumular energía.

—¡Ya basta! ¡¿Por qué no usas tu velocidad para ayudarme a golpear en lugar de salvarme?!

—¡Por la misma razón por la que no ataco yo!

—¡No creo que funcione igual! ¡Debemos intentarlo!

—¡No eres como yo! Si te hieren, ¡estás acabado!

—¡Solo debo darle un golpe!

El armadillo aprieta con fuerza sus dientes.

—¡Blue! ¡Qkidna!

—¿Ah?

—¡¿Ah?!

El brillo en la boca del cañón es asombroso, un amarillo similar a la corona del sol.

—¡Háganse a un lado!

Adivinando el ataque del águila, la cual, clava sus garras en el suelo, dispara. El cañonazo desprende un fuerte ruido, Alvin retrocede un par de metros por la fuerza en que esa enorme bola de energía dorada es disparada. Solo Blue consigue apreciar el momento en que la energía es liberada, su trayecto, y cuando ésta impacta con el cuerpo del águila, haciendo añicos el metal que lo compone, desprendiendo cabeza y alas. Todo lo que sobró de una majestuosa, pero falsa ave, queda esparcida alrededor. La explosión dañó también un poco al gorila, que se encontraba cerca.

—¿Qué fue…?

—Qkidna.

—¿Sí?

—¡Ya puedes golpear!

—¡Por fin!

Blue toma a Qkidna, colocando sus manos, una en la espalda y otra en la nuca, para desplazarlo con su propia velocidad. Antes que el gorila pueda reaccionar, recibe un fuerte puñetazo en una pierna, la cual se dobla y rompe por el peso de la bestia. Lo mismo en la otra. Se desploma boca abajo, su única defensa son sus puños ahora. El naranja aparece frente los ojos del simio. De inmediato, intenta aplastarlo con sus manos. Lo hace.

Cuando las separa, Qkidna aparece intacto al lado de Katly. Entonces, un ataque teledirigido hace una abolladura mucho más profunda en su cabeza. Por último, Qkidna golpea su rostro, destruyéndolo por completo. La máquina queda inservible. La batalla terminó.

—¿Lo hicimos? —se aclara la garganta— ¡Claro que lo hicimos!

—No mientas, Qkidna, estuviste tan nervioso como Alvin todo el tiempo.

—¡No es ver…! …dad…

Su voz se desvanece, cae de sentón, apoyándose un poco con sus manos. Todos gritan su nombre con preocupación. No entienden lo que pasa, hasta que Alvin llega.

—Tranquilo, Qkidna. Tu cuerpo no está acostumbrado a tanto esfuerzo. Necesitas descansar.

—¿En serio? Argh… Por favor.

—Disfruta tus guantes, Qkidna.

—¿Eh?… ¡¿Quieres decir que estos son la versión final?! ¡¿Están terminados?!

—Sí. Igual que mi cañón.

—¡Sí! Argh…

—Recuéstate un momento, Qkidna —sugirió Blue, apoyándolo con sus manos.

—Oye, ¿cómo es que no estás tan cansado?

—Ya sabes, la costumbre —se rascó tras la cabeza mientras sonreía.

No han pasado ni dos minutos, pero automóviles de la policía y medios informativos comienzan a rodear el lugar. Esta vez, el erizo no intenta huir, se queda con los chicos. ¿Qué más da? Todos vieron su combate con el lobo. Aunque, en su rostro se sigue notando la preocupación, Qkidna y Alvin lo notan, mientras que Katly puede sentirla. Por su lado, Azuri llama a camarógrafos y entrevistadores, agobiando mucho más a los chicos.

Pero alguien más debe preocuparse justo ahora.

—Destruyeron a los tres. Debemos apurarnos. ¿Tienes la contraseña?

—Aun no. Debes admitir que se tardaron un poco más de lo planeado. ¿Descubriste cómo abrir esa puerta?

—No. Pero logré armar un bosquejo. Creo que tiene un laboratorio.

—¡¿Un laboratorio secreto?! ¡¿Qué hago buscando una contraseña?!

—¡Su diario podría decirnos cómo entrar, tonta!

—No… No me tienes que gritar.

—Difiero. ¡¿No la tienes aun?!

—¡Lo intento! Es… demasiado complicada. Al menos 30 dígitos. No se anda con juegos.

—Ojalá alguien más se lo tomara así de en serio.

Ashley deja de presionar botones y golpea la mesa con ambas manos. Gira su rostro.

—¡¿Cuándo se te va a pasar el coraje?!

—¡¿Ahora de qué hablas?!

—Peleamos una vez, fue mi culpa, está bien, lo acepto. Pero, ¡no podemos trabajar en equipo si me tratas como basura!

—Deja de comportarte como una.

—¡No soy…! ¡Llevamos la misma sangre!

—Deja de insistir con eso. Yo no lo creo.

—¡Yo sí! ¡Lo creo completamente!

—¡Ja, ja! Por favor. Si fueras mi sangre, tendrías al menos una pisca de mi habilidad.

—¡La tengo! Soy más ágil, salto más alto.

—Eso no es nada.

—¡¿Qué es lo que quieres?! ¿Qué te venza en un combate?

—Disfrutaría verte intentarlo.

Los ojos bien abiertos, los labios con una apretada mueca de disgusto. Ashley se lo piensa solo un poco, pero deja su lente a un lado y se levanta. La guardia arriba, piernas separadas, una enfrente, una atrás; las rodillas dobladas, preparada para saltar. Su mano derecha muy cercana a su labio inferior, mientras la otra permanece alejada, un poco más arriba.

Al inicio, Rebeca se lo toma a juego, se ríe en silencio, pero, al ver el rostro de la coneja, su semblante también cambia. Coloca una pierna detrás, deja caer sus brazos y, con un gesto de superioridad, alza una mano para retarla. Ashley se lo toma muy mal.

—¡Ahh! —gritó Qkidna, quien apenas puede levantar los brazos— ¡Ni siquiera puedo tomar mi bebida sin dolor!

Los chicos ríen. Luego de aquellas tediosas entrevistas, son libres para descansar en aquella refresquería. Como es temprano, no hay mucha gente; las pistas de patinaje están vacías, al igual que el resto de mesas. Todos —excepto el naranja— disfrutan de aperitivos y bebidas.

—¿Te ayudo? —Azuri, aprovechando cada oportunidad.

—¡No! Definitivamente puedo hacerlo. Solo… ¡argh!

—Te ayudaré —tomó el vaso sin recibir más objeción, lo suficiente para que el erizo pueda tomar de la vajilla.

—Bien…

—Alvin, ¿cuánto crees que Qkidna tarde en acostumbrarse a los guantes?

—No es un Ser Común como tú. Nuestros cuerpos son inferiores, aun estando en forma. Necesita muchas batallas para comenzar a sentir el poder como suyo de verdad.

—¿Cuántas batallas? —insistió el naranja.

—¡Muchas! No tengo idea.

—¡No puedo esperar a que Genevil decida atacar de la nada! No es tan seguido como al inicio.

—¡Ya sé! —Blue, emocionado— ¡Entrenemos todos en el gimnasio Begin!

—¡Sí! ¡Justo eso estaba pensando! Ya somos rostros conocidos, nos lo prestarán cuantas veces queramos… Agh…

—¿Entrenar en el gimnasio? —se hicieron notar las dudas en Katly.

—Vamos, Kat —animó Azuri, mientras hostigaba a Qkidna con su bebida—, es una gran oportunidad. No cualquiera pisa ese gimnasio solo para entrenar.

—Ni siquiera la policía —comentó Alvin.

—¿De verdad? Creí que Marshall y Kira lo usarían de vez en cuando.

—Para nada, chico. Marshall tendría que ir solo. Si tiene suerte y alguien le ayuda con las máquinas o el escenario, podría entrenar de vez en cuando. Pero, por favor, hasta su pelea, nadie pisaba ese lugar si no era por mantenimiento o turismo y ¡Azuri, no tengo tanta sed!

—Lo siento, ji, ji.

—¡Perfecto!

—¿Ah?

—Si entrenamos todos en el gimnasio Begin, no solo Qkidna se acostumbrará más rápido a los guantes, también tendré una ventaja sobre Marshall.

—Por favor, hazlo realidad. Ese maldito presentador estuvo a punto de declararlo empate esa vez.

—¿De verdad? —Alvin— Vi las repeticiones, pero apagaba el sonido cada que él hablaba.

—Te lo juro. Ambos se desmallaron al final, pero Blue resistió unos segundos más. ¡Y él conectó el golpe final! Dime si eso no es favoritismo.

Desde que el tema salió, Katly comenzó a prestar especial atención a Blue. Cubiertos bajo su chaqueta, el pañuelo celeste y la holgada pantalonera, se pueden asomar heridas y uno que otro vendaje cada que un movimiento lo permite. Al prestar más atención, el tono de sus púas se oscurece en algunas zonas, reflejando quemaduras aún vigentes. Podría notar más detalles, pero Azuri le golpea una costilla con el codo, regresándola a la nuestra realidad.

—Nunca me agradó ese sujeto.

—¡Comentaría los combates yo mismo si pudiera!

—Eh… Sí puedes.

—¿Qué?

—Solo debes presentarte cualquier día antes de un combate. Como eres alguien reconocido ahora, te darán prioridad sobre él, aunque haya llegado antes, ¿sabes? Nadie le arrebataba el puesto por eso.

—¡¿Es en serio?! ¡Chico, ¿cuándo será su revancha?!

—¡¿Ah?! ¡No me preguntes eso ahora! Aun debo ducharme con agua fría para evitar que las quemaduras duelan. Además, no lo he visto desde entonces.

—¡Necesito una pelea pronto! Auh…

—Oigan, hablando de ducharse…

—Sí —dejó de gritar solo para burlarse—, te iba a pedir que te fueras a otra mesa, apestas peor que mi padre un sábado por la tarde luego del trabajo.

—¡Oye!… ¡El que apesta eres tú! ¿Ya viste tu ropa? ¡Sudaste más que todos!

—Los verdaderos machos sudan de verdad.

—¡Ja, ja! ¿Qué significa eso, Blue? —se burló Azuri, quien notó que el erizo es quien menos sudó.

—¡A…Azuri! —Katly, avergonzada.

—No te confundas. Se necesita mucho más que eso para hacerme sudar de verdad.

—Ah, ¿sí? ¿Necesitas que Marshall te haga sudar?

—¡¿Qué?!

Qkidna y la rubia sueltan una carcajada, el anaranjado incluso da unas palmadas al chico para luego estremecerse un poco por el dolor. Alvin parece no entender.

—¡A…Azuri, basta!

—Oh, vamos, Kat, tu chico no será menos… "macho", por eso —olfateó un poco—… Ugh, tampoco menos vago. ¿Saben? Creo que todos necesitamos un baño.

—Sí.

—Me vendría bien.

—Uff.

—Bien —Alvin es el primero en levantarse—, esperaba volver a cada para calibrar mi cañón.

Toma su mochila del suelo y no tarda en ponérsela. La forma en que se endereza deja notar cierto orgullo al portarla.

—No es culpa del cañón, Stius. Ven con nosotros al gimnasio Begin y afina tu puntería.

Su única respuesta es mostrar su lengua en un gesto por demás infantil.

—Ignóralo, Al. De verdad, ven con nosotros al gimnasio cualquier día. Te enviaré un mensaje.

—Eh… No tienen que hacerlo, puedo practicar mis tiros en casa, de verdad.

—Está bien, Al. Necesitas mejorar tu condición también. No todas las batallas serán solo disparar de lejos.

—Yo… Eso creo.

—De verdad queremos verte ahí, Alvin. Eres parte del equipo —habló Katly con una voz dulce, potenciada con una tierna sonrisa que hace brillar los ojos del enano.

—Eh… ¡Está bien! Veré si puedo acompañarlos algún día.

—¡Bien! Yo te aviso.

No hay más por discutir, Blue extiende su puño hacia Alvin para despedirse. El chico lo mira con sorpresa, sin tener la reacción para corresponder el choque de puños rápido, pero lo hace con gran alegría. Los demás solo mueven un poco una mano para decir adiós; entonces, el armadillo se retira.

—Bien, ya puedo patearle el trasero a alguien cuando entrenemos.

—¡Qkidna!

—¡¿Qué?! No puedo vencerte a ti. Necesitaría suerte para conectar un solo golpe. Además, Katly puede hipnotizarme y acabar la pelea si quiere.

—Sabes que no me gusta hacer eso.

—También puede hacerse intangible. Imposible golpearla.

—¿Eso crees? Pensé en, al menos, diez formas en que puedes vencer a Kat.

—¡O…Oye!

—¡¿En serio?! ¿Cuáles?

—Averígualo cuando entrenemos. Me iré, tendré que lavar ropa luego de esto y no hay lavandería en mi edificio.

—¡Puedes lavar en mi casa!

Qkidna estaba por decir lo mismo, pero quedó congelado tras la velocidad y fuerza con que Katly lo dijo antes. Ella también se congela al darse cuenta. Azuri solo golpea un poco su frente.

—Eh… Eso sería útil, gracias, Kat.

—Lástima que ya tenemos planes para hoy, ¿lo olvidaste, Kat?

—Eh… Sí, lo siento, lo olvidé por completo, je, je.

Una inusual seriedad en el rostro de Blue extraña a Qkidna, pero no le da tiempo de expresar nada.

—Está bien, está bien —su voz mantiene la energía de siempre—, gracias de todos modos. Bien, me iré ya.

—Voy contigo, chico. Mis padres acabarán conmigo por desaparecer así, entre más tarde pase, mejor.

—Je, je, de acuerdo.

Un par de despedidas más bastan. Pero, tan pronto los chicos desaparecen…

—¡¿Estás loca?!

—¡Lo siento! No lo pensé.

—Me di cuenta.

Por otro lado, el erizo camina con una lentitud poco común, aunque eso signifique caminar como un peatón promedio en su idioma. La mirada perdida en el cielo, solo un poco inclinada para seguir distinguiendo el camino. Sus manos dejando descansar la nuca sobre ellas, escondidas en las vastas púas.

—¿De qué te diste cuenta?

—¿De qué hablas ahora?

—Vi tu cara cuando Azuri habló de tener otros planes. Vamos, chico, ¿de qué te diste cuenta? ¿Mentían?

—Sí, ambas.

—¡Lo sabía! Pero… ¿por qué?

—Eso quisiera saber… Oye, Qkidna, ¿qué sabes tú de Katly?

—¿Ah? No la conocí hasta que le hablaste ese día, la conoces mejor que tú.

—No hablo de eso. Todos en Rush Pizzas dicen muchas cosas sobre ella. No, no de ella, de su padre.

—Oh, claro —colocó sus manos en la nuca para pensar un poco, al igual que Blue, solo que las púas no las ocultan tan bien, en comparación—. Nunca mencioné nada, lo siento, chico.

—¿Por qué? —habló con extrema curiosidad— ¿También conoces todos esos rumores? ¿Por qué nunca los mencionaste?

—Todos en la ciudad lo saben, pero tú la conociste a los pocos días que llegaste. No sabías nada, estuve a punto de advertirte varias veces, pero…

—¿Pero…?

—No lo sé, supongo que no quería romper tus ilusiones.

—¿Ah? ¿De qué habas?

—No te hagas el tonto, Jethog. No dije nada porque sé que te gusta.

—¡Eh!… Eso…

—¡Ja, ja! Por favor, Blue, todos sabemos que ambos se gustan.

—¡Olvida eso! ¿Sabes qué rumores pueden ser ciertos?

—Mmm… Bueno, una cosa sí es segura: el Equipo Especial tiene los ojos puestos sobre el padre de Katly desde que tengo memoria.

—¡¿De verdad?! ¿Por qué?

Su reacción lo hace bajar los brazos. Sus ojos permanecen bien abiertos mientras Qkidna busca la información en su memoria.

—Mmm… Creo que nadie lo sabe de verdad, solo hay un rumor tras otro. Su padre se llama Yudakir Hóllow. Es un Ser Espiritual, creo. Pero, como Katly, heredó habilidades de otros tipos, no sé cuáles, quizá también hipnotice, o algo así.

—¿Es fuerte?

—¿Por qué preguntas eso? No estarás pensando en enfrentarlo, ¿verdad, romeo?

—¡No es por eso! Debe ser alguien fuerte para que el Equipo Especial lo busque.

—No estás entendiendo nada. El Equipo Especial sabe dónde encontrarlo, solo no tienen pruebas para culparlo de nada. Aun así, tienen razones para sospechar de él.

—¿Qué razones?

—Quién sabe. Solo hay rumores, rumores y más rumores.

—Entonces, ¿es por su padre que la gente habla tanto de Katly?

—Por su padre y porque es un Ser de las Sombras, chico, no lo olvides.

—¿Qué hay con eso?

—¿De verdad? ¿De qué universo vienes? Los Seres de las Sombras y los Seres Oscuros son villanos por excelencia.

—Eh… ¿qué?

—Ya sabes… Creo que no sabes. Has un par de búsquedas en línea. Muchos villanos a lo largo de la historia son Seres Oscuros y, por su parecido, también se toman en cuenta los Seres de las Sombras. Por lo menos, esa debe ser su naturaleza.

—Tú… ¿de verdad crees eso? —su voz sonó un poco más apagada, quizá haya algo de miedo en ella.

—¿Blue?… ¿Lo preguntas en serio? ¡Por supuesto que sí! Muéstrame un solo Ser Oscuro que sea un héroe y me harás dudar. De verdad espero que solo debamos enfrentar robots y científicos locos, lo último que quiero es conocer un Ser Oscuro.

—Y…Ya… veo…

—Eh, pero, ¡¿sabes?! ¡Los Seres de las Sombras no son tan malos! Al menos, Katly es adorable, ¿no lo crees? Definitivamente fue un error querer comparar ambos tipos, es obvio que son muy diferentes, no como la gente piensa, je, je, je.

—Claro… eso me alegra —un pequeño esfuerzo basta para sonreír de nuevo—. ¡Los rumores deben ser falsos! Katly es una buena persona.

—¡Claro! Por eso no he intentado detenerte. Aunque, si somos honestos, tú sobras para detenerte solo, ¡ja, ja!

—Oh, cállate.

Ambos ríen. Parece que la caminata seguirá con tranquilidad. Si algo tienen en común estos dos, además de su especie, son ciertas expresiones risueñas que acompañan sus bromas y anécdotas. Un par de erizos, similares, pero diferentes.

La caminata más tranquila la tuvo Alvin, o quizá no tanto, pues su facha logra capturar muchas miradas. Tal como Katly, es un rostro reconocido, pero por diferentes razones. Todos ahora saben que defendió la ciudad al lado de otros cuatro chicos. Esto resulta ser algo abrumador al inicio, pero, conforme las miradas se acumulaban, decidió que no hay por qué avergonzarse o sentir vergüenza, merece sentirse orgulloso. Entonces, comienza a caminar con firmeza, tal vez demasiada; su mirada alta, los ojos cerrados, pues así lo vio en caricaturas. Lástima que, solo en ellas, el personaje puede caminar cegado por su propio orgullo sin tropezarse y caer. La vergüenza regresa, aunque no de la misma manera.

Cansado de todo y con ganas de un baño largo, llega a su casa. De inmediato, sus gafas detectan una anomalía. Un pequeño agujero en el marco de la pueta, causado por algún objeto punzante. Extrañado, no demora para entrar.

El primer piso está intacto. No falta un solo mueble, electrodoméstico u objeto valioso. Esto hace aumentar su preocupación, sube aprisa las escaleras, no sin tropezarse un par de veces. Al abrir la puerta, el escenario hace parecer que un tornado arrasó solo con su habitación. Lo único intacto son las ventanas, quizá por su diseño.

Su mesa de trabajo fracturada en distintas partes, los cajones fuera de su lugar, hoyos en las paredes, sus posters en pedazos repartidos por todo el suelo, basura por doquier, al igual que las sábanas. Lo más importante para él: todos sus libros abiertos, esparcidos en toda la habitación.

Entre todo el desorden, encuentra su tableta. La pantalla rota, pero funcional. Al encenderla, la descubre sin contraseña. Al revisar un poco, descubre los últimos archivos vistos: el proceso de creación del cañón dorado.

—Ellas… lograron entrar… Espera, ¿acaso…? ¿El ataque fue una distracción? ¡Ahh! —dejó caer su tableta— ¡No puede ser!


Los Nuevos Poderes #10

Grupo Aural: Seres Cósmicos

Su energía se compone de la misma energía del universo, eso dicen las revistas. Se cree que pueden comunicarse con entidades del espacio invisibles para alguien normal. Estos seres se pueden adaptar tanto a la luz como a la oscuridad. Su poder es demasiado complejo y es de los que más tardan en desarrollarse, pero aun así tienen como potenciador todo lo que rodea el planeta, desde el sol y la luna hasta las estrellas lejanas. Se tiene poca información confirmada respecto a este tipo.


Próximo Capitulo

"El Señor de los Anillos"