—¿Significa que…?
—Genevil…
—Sí… debe saber ya de los anillos dorados.
—¡Stius! ¡Eres un idiota descuidado!
—¡Oye! ¡Lo siento! ¡Fue un accidente!
—¡Oigan! ¡Que alguien me explique! ¡¿Qué pasa con esos "anillos dorados"?!
—Veo que alguien no presta atención a las clases de historia —habló solo para quejarse más.
—Qkidna, tampoco prestas atención a ninguna clase —defendió la morada.
—¡Eso no importa ahora! ¡Genevil sabe de los anillos! ¡¿Ahora qué hacemos?!
—No hacemos nada —Blue, el único que no se ve alterado, mirando a todos con determinación—. Alvin, ¿sabes si tomaron alguna muestra? ¿Un anillo? ¿Un prototipo? ¿Algo?
—No, revisé todo mi inventario. Tengo mis anillos bien guardados. Si los hubieran encontrado…
—¡Bien! ¡Chicos, tranquilos! Genevil sabe algo más, ¿y qué? No tiene los anillos ni sabe cómo conseguirlos. Nada ha cambiado. Puede que siga enviando robots que resistan algunos ataques, por eso debemos ser más fuertes, entrenar, ¿no es así?
—Yo… eso creo. Rayos, odio pensar que caímos en una trampa.
—Está bien, debíamos frenar esos robots de cualquier forma. Ahora que sabemos cómo piensa Genevil, seremos más inteligentes, ¿verdad, Alvin?
Las miradas se concentran en él.
—Yo… ¡Sí, lo prometo!
—¡Bien! Ahora, ¿quieres que te ayudemos a limpiar todo esto? No tengo nada mejor qué hacer.
—Yo paso, los veo mañana —Qkidna no tardó en retirarse, todavía molesto.
—¡Yo te acompaño!
—También puedo quedarme —habló Katly.
—¡Hoy no te acompaño!
Tanto Blue como Katly ríen en complicidad al entender el porqué de ese arrepentimiento, solo Alvin parece no comprender del todo.
Las cosas no permanecen tan tranquilas en cierto lugar. Una enorme habitación, lo único que la mantiene exenta de una completa oscuridad son las pantallas y botones brillantes a lo largo de numerosas consolas. Una silla vacía, rara vez se ocupa, pues Albert Genevil gusta permanecer de pie mientras trabaja o expone algo. En este caso, lo que aparece en su pantalla más grande, destacando por sobre todas las cosas en el sitio, por su luz y tamaño; un anillo dorado.
—¿Esa es su fuente de energía? ¿Es en serio? ¿De verdad es posible? —Rebeca, sin ocultar su sorpresa.
Al lado de la felina, está Ashley, con una oreja caía, sujetándose un hombro, parece adolorida, quizá no solo en el sentido físico.
—Los anillos dorados —habló con profundidad, también está impresionado—, la fuente de energía definitiva. Jamás creí que viviría para ver su regreso.
—¿Cuántos años le tomó a Mobius regenerarse?
—Siglos, desde el final de la guerra universal. Tenemos la fortuna de ser las generaciones que presencian su reaparición. Esto significa tanto para nuestra causa, pero están en manos de Stius. No, todo el Equipo Especial debe saber de su existencia, deben haberlo mantenido en secreto.
—¿Por qué son tan geniales? —preguntó la coneja, con un tono algo apagado para ser suyo.
—Los anillos dorados existen desde que la historia de Mobius tiene registro. Nuestro huevo de planeta es más poderoso que el de otros mundos, por eso, expulsa enormes cantidades de energía residual en la forma de aros dorados. Durante eras, fueron usados como fuente de energía, permitiendo a nuestra estirpe evolucionar y coexistir con la naturaleza en perfecta armonía. Sin ellos, Mobius tuvo que adaptarse y buscar otras fuentes de energía. Las ciudades crecieron, intentaron permanecer en armonía con el planeta, pero, es apenas ahora que se ha recuperado. Un solo anillo puede brindar más poder que una capsula de energía artificial, por eso las armas de Stius son tan fuertes. Necesitamos esos anillos, aunque sea uno solo, entonces puedo intentar producirlos yo mismo.
—¿De verdad puede hacer eso?
—No lo sé, pero no pierdo nada por intentarlo —sonrió—. Bien, es hora de atacar en serio. Necesito que estén listas para su siguiente misión.
—¿Ambas?
—¡Sí! Ambas, Rebeca.
—Entiendo, señor.
—Bien, descansen, les espera un largo día mañana.
Obedecen sin más, desapareciendo por aquel ascensor, única entrada a esta sala. Una vez solo, contempla de nuevo su pantalla, la imagen de un anillo, rodeada de información básica.
—De verdad, no podía estar más agradecido de haber nacido en estos tiempos —pensaba—. ¿Acaso puedo creer en el destino ahora? ¿De verdad nací para esto? Sea el destino o mi ambición, crearé un nuevo orden mundial, un nuevo Mobius.
Dentro del ascensor, solo hay silencio. La puerta se abre, ambas salen. Un pasillo gigantesco, con decenas de puertas en los extremos; se podría llevar una batalla campal en él. Parece que tomarán caminos distintos esta vez.
—¿De verdad piensas entrenar todavía?
—Cierra la boca.
—Tsk… ¡Entrenaré también!
—¡No! Tú irás a cenar algo y a dormir. Necesito que al menos tengas energía mañana. Maldición —bajó la voz— ni siquiera sé por qué el señor insiste en…
—Porque me necesitas.
—¡¿Ah?!
—Me necesitas, ¡y yo te necesito! Por eso el señor insiste en enviarnos juntas.
—No seas ingenua, ¿de verdad crees que te necesito? Puedo encargarme de lo que el señor me pida yo sola.
—Tal vez eres mejor peleando, pero ¡ambas nos necesitamos! ¿No lo entiendes? Somos la única familia que tenemos.
—¡Deja de insistir en eso! Es imposible que seas mi familia. Ahora, por favor, ¡ve a dormir para que procures no estorbarme más!
La mirada de Ashley queda en blanco, sus labios temblando. Nunca podría ocultar ninguna emoción, sus lágrimas salen. Rebeca solo se gira, con intenciones de ignorarla e irse.
—¡¿Sabes que nos va a pedir el señor?! ¡Creará otra distracción para que robemos los anillos! ¡Es muy obvio! ¡Los robaré yo sola! ¡Verás que soy tan buena como tú!
—¡Ay, con un demonio! ¡Está bien! Pero, cuando yo consiga los anillos y falles, ¡me dejarás en paz de una vez por todas!
—¡Bien!
—¡Bien!
Sin más que agregar, se giran. Se escucha un poco el sollozo de Ashley antes que ambas abandonen el pasillo. Rebeca, por su parte, golpea una pared. Guiada por el instinto, alza sus manos para verlas temblar. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de ese efecto, ese sentimiento? ¿Ira? ¿Culpa? Quizá, ¿odio? Pero, ¿hacia quién?
El señor de los anillos
¿Una riña familiar?
Es una tarde cálida en fin de semana sobre ciudad Begin. Acompañados por el ruido urbano, algunos grupos de mobianos se reúnen en un parque deportivo para jugar distintos deportes o aprovechar las pistas de patinaje. Entre estos jóvenes, se encuentran Blue y Qkidna, quienes descansan de su juego anterior al lado de Katly y Azuri, viendo a otro par de equipos enfrentarse en un partido callejero de básquet bol.
—Asombroso, encestó desde la mitad del campo.
—¡Ja! Eso no es nada, Kat. ¿Les conté de la vez que encesté cayendo del cielo?
—¿Qué? ¡Ese fui yo, Qkidna!
—¡Shh! Calla, quiero escuchar la historia —interrumpió la rubia, provocando el inicio de una para nada exagerada anécdota.
—Agh. Está bien, adelante, róbate todo mi crédito, no me importa.
—Je, je, ¿de verdad fuiste tú el de la clavada?
—Sí, bueno, no sé, ambos hacemos cosas similares, puede que tenga una diferente a la que pienso.
—Blue estaba acorralado, no sabía qué hacer. Entonces, logré colarme entre el equipo contrario para…
—No, sí es la mía, creo.
—Ja, ja, ja. Qkidna es así. Dime, ¿jugabas mucho antes de venir aquí?
—¿A ciudad Begin? No, no. comencé a jugar cuando conocí a Qkidna.
—¿Qué hacías en Little York, entonces?
—Yo, pues —sin darse cuenta, comienza a menear con lentitud su puño de un lado a otro, como si sostuviera algo pequeño, Katly se da cuenta—… Ya sabes, correr de un lado a otro. Hay muchos espacios abiertos alrededor de la ciudad y, como no tenemos edificios muy grandes, puedes ver los bosques y montañas cercanas.
—Eso suena muy lindo.
—¡Sí! Todos los fines de semana salía de la ciudad para explorar. Era un sitio tranquilo para vivir. Begin es muy diferente.
—Lo imagino. ¿Cómo son tus amigos de allá?
—Ehh…
—No me digas que no…
—¡Sí, sí! Claro que tenía amigos en Little York, solo…
—¿"Tenías"?
—Lástima que Alvin no quiso venir, ¿eh?
—Lo harás de nuevo.
—¿Hacer qué? ¿De qué hablas?
—Hmph.
—Eh… Vamos, Kat, lo siento.
La gatita permanece de brazos cruzados, solo viendo hacia el juego. Para colmo, esto también provoca que Qkidna pare de hablar, pues él y la rubia se dan cuenta del cambio en el semblante de Katly.
—Oye, Kat, no me ignores, vamos, podemos solo…
—No me digas, intentaste cambiar la conversación de golpe otra vez, ¿qué te preguntó?
—Qkidna…
—Creo que escuché, algo sobre sus amigos en Little York, ¿no?
—¡Es cierto! ¡Nunca nos hablaste de ellos! Tenías amigos allá, ¿cierto?
—Claro que sí…
—¡Bien! ¿Cómo son ellos? ¿Alguno es casi tan apuesto o fuerte como yo?
—Nadie es tan apuesto o fuerte como tú, Qkidna —la voz de Azuri se endulzó como azúcar en miel.
—Sí, sí, lo sé.
—Pues, si de fuerza hablamos…
—¡¿Uno de ellos tiene super fuerza?!
—Eh… sí, de hecho.
—¡Genial! ¡Eso explica que seas tan resistente! ¿Lo ves? No es tan difícil hablar de tu pasado, ¿eh?
—Qkidna…
Para este punto, Katly ya ha vuelto la atención a la charla, incluso su rostro malhumorado cambió por uno curioso.
—¿Son todos Seres Comunes? ¿Qué poderes tienen?
—No, Qkidna, éramos solo el dúo fuerte y rápido, basta.
—Ahh, ya veo, eran un grupo como nosotros. El rápido, el apuesto y fuerte…
—Por favor, para.
—Seguro también el nerd y enano, ¿no?
—¡No! Qkidna, por favor.
—Eh, Qkidna —Katly intentó intervenir, pues detecta una fuerte alteración en la energía de Blue, cambiando poco a poco. Azuri logra distinguir un leve parpadeo en el brillo de los guantes, entendiendo la preocupación de su amiga…
—¡Entonces tenías un rival! ¿También un Ser de Fuego? ¿Algo más interesante?
—Era el de la super fuerza, suficiente.
—¡Ahh! ¡Ya lo tengo! Seguro también había una chica, ¿no?
—¡Suficiente! —el grito vino acompañado por la expulsión de un fuerte pulso de energía, una leve onda expansiva que avanzó con fuerza y velocidad, hasta los jugadores la sintieron.
Para cuando Blue se relaja, los chicos están en el suelo, sin ninguna herida o dolor, pero confundidos. El resto de mobianos alrededor fija la mirada en ellos.
—Blue… ¿qué fue eso? —Qkidna, con una voz cautelosa, preocupada.
—Yo… Yo… debo irme.
Tan pronto da un paso para comenzar a correr, la tierra comienza a temblar.
—Ese no soy yo —dijo en voz baja, solo Katly lo escuchó.
—¿Qué pasa ahora? ¿Un temblor?
Pero termina pronto, sin causar otra cosa que más confusión. Se ven los rostros un momento, y es el teléfono de Blue lo que rompe el hielo.
—¿Qué sucede, Al? ¡¿En serio?! Debe ser una broma. Bien, nos veremos ahí —colgó—. Chicos.
—¿Genevil?
—Síp.
—¡Apenas me recuperé del combate de ayer! Bien, ¡vayamos a romper unos cuantos robots!
En esta ocasión en particular, los chicos deben correr en contra de multitudes huyendo. Un escenario nuevo, pues acostumbraban llegar luego que la gente evacuara. Por primera vez, contemplan en primera persona el terror en los gritos, los rostros de los mobianos que protegen. Esto afecta en especial a Qkidna, aunque procura cambiar su semblante tan pronto hace contacto visual con Blue, Katly o Azuri.
El lugar por quedar vacío es la plaza central, específicamente, uno de los ocho puntos donde inicia. Tiendas y puestos de comida y artilugios quedaron vacíos tras el aterrizaje de esta nueva máquina.
Midiendo 15 metros de pie, un robot que, para variar, no parece un animal. Su cuerpo es redondo, una enorme esfera en azul verde. Su cabeza es pequeña, con la forma de un trapecio, encajando con su torso; un largo y profundo ojo de iluminación roja, diseñado solo para intentar intimidar. Sus extremidades, largas y gruesas, parecen estar unidas por algún pegamento, pues no están ensambladas como tal. Solo un par de gafas como las de Alvin permiten ver que, de hecho, no están unidas. Cada articulación está separada, pero es imperceptible con la distancia.
—No parece un robot de Genevil. Es como la tecnología de Bijitsu.
—¡Alvin!
Los chicos llegan, mostrándose tan sorprendidos como el armadillo.
—¿Qué es esa cosa?
—¡Es enorme! ¡¿De verdad piensan pelear contra eso?!
—¡Sabes que sí!
—Alvin, ¿sabes algo sobre este robot?
—Bueno, solo pude ver un par de cosas. Creo que es tecnología a la que usan en Bijitsu. Sus extremidades parecen estar unidas por algún campo magnético. Significa que tendrá más libertad de movimiento, incluso podría separar un poco brazos y piernas para tener más alcance. Debe tener algunos trucos más bajo la manga.
—¡Ja, ja, ja! Claro que no, ese robot no tiene mangas.
Los chicos quedan pálidos, la mirada en blanco.
—Estém… Katly, creo que será mejor que Azuri no participe esta vez. Digo… se ve como el robot más fuerte que nos han mandado hasta ahora, así que…
—Entiendo, entiendo. Azuri, busquemos un lugar seguro, ¿sí?
—¡¿Se están burlando de mí?! Está bien, me dolían los brazos de todas formas.
Las gatitas se retiran, con la promesa de que Katly volverá.
Ni siquiera Alvin se ha dado cuenta, pero están siendo observados. En edificios vecinos, Ashley y Rebeca observan con paciencia. La coneja parece lista, ansiosa por arrojarse al ataque, espera la oportunidad. Su cinturón preparado con algunas herramientas y sus agujas. Por otro tejado, el jaguar se mantiene firme, ambos brazos cruzados, la vista fija en Alvin, también espera la oportunidad.
—Los anillos serán míos, Rebeca, ya lo verás. Verás lo que valgo.
La máquina se mantiene estática, sin algo fijo en donde apunta su ojo. Los chicos siguen intentando comprender la clase de robot que es. Nadie parece tener intenciones de atacar. Katly regresa.
—Oye… Katly, no estoy seguro si debas participar en esta pelea.
—¿Qué? ¿Por qué no?
—Bueno, tienes los ataques más débiles, y…
—¡¿Débiles?!
—¡No es a lo que me refiero, Kat!
—Calla, no necesito que alguien apruebe si debo o no pelear —dijo con un tono serio, poco típico en ella, pero lo suficiente para silenciar cualquier oposición.
Con el ambiente demasiado tenso ya y, ante la falta de respuesta, el robot hace el primer movimiento, avanzando para estirar el brazo a toda velocidad en un intento por aplastar a todos a la vez, pero lo esquivan sin mucho problema, se vio venir el golpe, solo deja un feo hoyo en el suelo.
—Como quieras, Kat —gritó Blue—, no me culpes.
—¡No necesito que me protejas!
—¡Dejen de discutir y pónganse serios! —alegó Qkidna.
El robot arroja otro ataque, estirando ambos brazos; todos esquivan excepto Blue, quien salta y sube a uno de los brazos, corre hasta llegar a la cabeza, hace un ataque teledirigido, pero el robot reacciona demasiado rápido y recoge los brazos para golpearlo con la palma de la mano; la velocidad del movimiento impresiona incluso al erizo. Cae al suelo, pero logra mantenerse de pie.
—Diablos, les dije que este era diferente.
—A ver qué hace con esto.
Qkidna corre hacia el robot disparando con los guantes, pero estos ataques resultan nada efectivos. La máquina arroja un golpe hacia él, pero el erizo reacciona tirándole otro golpe, ambos puños chocan, creando una presión tan fuerte que el suelo se agrieta; ambos retroceden por la fuerza del golpe. El erizo da un gran salto sobre el robot tratando de conectar otro puñetazo, éste se cubre con el brazo y cuando Qkid lo golpea, la máquina lo empuja hacia atrás. Qkidna cae un poco inclinado, debe apoyarse descansando su puño en el suelo.
—Es muy duro.
—Diablos, Qkidna —decía Blue, impresionado—, ¿cómo te volviste tan resistente?
—Es gracias a los guantes —contestó Alvin—, están hechos de energía dorada, ¿recuerdan? Ese salto, su resistencia, ¡Qkidna se adapta más rápido de lo que calculé!
—¡Ja, ja! ¡¿Escucharon eso?!
Sin duda, el ego de Qkidna se alza, lo demuestra al golpear sus dos puños, creando una pequeña pero visible onda de shock, sin causan ningún otro efecto más que el de intimidar —a todos quienes no sean robots, por supuesto—.
—Chicos, tenemos que trabajar en equipo si queremos lograr algo —sugirió el erizo, con evidente preocupación.
—Sí, ataquemos todos juntos —gritó Qkidna, con demasiado entusiasmo.
—Muy bien.
—Estoy lista.
Qkidna, Alvin y Katly cargan con prisa contra su enemigo.
—Esperen, no es a lo que me refería… ¡Oigan!
No se detienen. La máquina trata de golpearlos con el brazo, pero los cuatro saltan; Alvin se impulsa con sus patines para alcanzar la misma altura que sus compañeros.
Blue usa un ataque teledirigido; Qkidna intenta golpear aprovechando la inercia de su salto; Alvin carga su cañón y Katly usa su pulso de energía, pero el robot se cubre con el brazo de nuevo y, cuando recibe todos estos ataques, los empuja con gran facilidad. Caen de pie, excepto Alvin, quien aterriza sobre su coraza. El pulso de energía no hizo nada, Blue ni siquiera lo aboyó, el golpe del naranja apenas lo hizo un poco, pero el cañonazo de Alvin parece haber quemado un poco la armadura, solo un poco.
—Esto no funcionara, ataquemos por separado —dijo el naranja.
—Esperen… Ay, no.
Los cuatro rodean al robot, éste se voltea con Qkidna y ambos tratan de golpearse, chocando puños una y otra vez. Blue se pone a cargar el su ataque rodillo mientras que Alvin dispara una y otra vez. El titan estira su brazo para golpear al armadillo, él apenas logra esquivarlo.
Blue carga al máximo su ataque giratorio y se dispara, golpeando al robot en el torso, pero no causa ni un rasguño. El erizo rebota, pero la máquina responde con una patada, dando en el blanco y enviando su objetivo lejos del combate.
Se levanta, todo le da vueltas, pero no tarda en reincorporarse y volver.
—Trata de golpear la cabeza —sugirió Qkidna en medio de un intercambio de golpes—, nosotros lo detendremos.
—Este es mucho más resistente que cualquiera —pensaba—, pero los cañonazos de Alvin logran hacerle un poco de daño… Quizá…
Blue decide seguir el plan de Qkidna, se enrolla para cargar de nuevo. La enorme máquina comienza a disparar proyectiles desde su pecho; a la vez, intenta aplastar a Qkidna y Alvin, ambos con una mano distinta. Mientras el armadillo esquiva y el erizo responde con sus propios puños, Katly debe hacer un esfuerzo extra por esquivar misiles; dar grandes saltos, hacerse intangible a conveniencia, evitar ondas expansivas y escombros. Comienza a cansarse.
Un golpe más que Alvin evita causa que el puño quede atascado en el suelo. Blue no duda un segundo en dispararse y usar el brazo entero como rampa, golpeando la cabeza con tanta fuerza, que sonó como una grave campanada, retrocediendo casi todo el trayecto de vuelta por la inercia. Al desenrollarse, consigue ver que no hay una sola abolladura, su cabeza resulta igual de resistente que el resto del cuerpo.
—Alvin, ese robot es demasiado resistente para mí o para Qkidna, pero tu cañón es lo que más le hace daño. Trata de cargarlo al máximo las veces que sean necesarias para vencerlo… Este… sé que te estoy pidiendo mucho, pero es la única forma.
—Entiendo, no te preocupes por eso. Traigo suficientes anillos, pero necesito que me cubran mientras cargo el cañón.
—Hecho.
—Claro que sí, pan comido.
—Estoy lista.
No son los únicos preparados, pues, en medio de todos, una figura oscura, pero familiar, aterriza con fuerza.
—¡Tú otra vez! —exclamó Katly.
—Rayos, es ella de nuevo.
—Yo me encargaré.
En esta ocasión, Rebeca viene armada por completo. En la espalda, un par de sables largos descansan en su vaina, decide usarlos; se trata de una katana.
—No, Katly, no podrás con ella.
Es ignorado. Katly se pone en guardia frente a Rebeca, una pose no muy convincente aún, pero firme, parece.
—No podemos dejarla sola.
Justo cuando los erizos apostaban por hacer al robot de lado, una figura más aparece, con largas orejas, cubriendo su rostro con una bufanda, al igual que su compañera, pero sin armas visibles.
—No puede ser —se quejó Qkid—, ésta también. Yo me encargo.
—Pero… ¡espera! Debes ayudarme con Alvin.
—Tranquilo Blue, confío en ti. Además, no me estaré quieto, puedo moverme muy rápido con mis patines, ¿recuerdas?
—Pero…
Solo un pequeño vistazo basta. Katly aprovecha al máximo su intangibilidad para evitar los cortes de Rebeca. Por otro lado, fuerza de Qkidna obliga a retroceder a Ashley, sabe que un solo golpe podría ser el fin.
—Debo terminar esto lo más rápido posible —pensó—. Está bien… cuenta conmigo.
Alvin comienza a cargar el cañón, entonces, el robot le dirige un golpe, él lo esquiva y Blue sube por el brazo de nuevo, pero ahora decide no atacar y se pone a saltar de un lado a otro sobre la máquina entera para distraerlo. Ataques son arrojados, pero el chico se mueve demasiado rápido hasta para los proyectiles, los cuales impactan por todos lados dañando más la estructura alrededor que al robot.
—Cielos, se hace más rápido cada día… ¿eh?… ¡Blue, el cañón está listo!
Tras un último aterrizaje, se impulsa con la fuerza suficiente para regresar con Alvin. Dispara, el ataque da en el blanco, el daño es visible, pero no mucho, el robot sigue de pie. Ashley y Rebeca se distraen por el disparo, pero, al ver que el cañón aún tiene energía regresan, a sus peleas.
—Vamos, un poco más, podemos hacerlo.
La misma estrategia continua. Blue hace todo lo que puede para entretener al robot. Alvin logra disparar otras cuatro veces, pero el cañón al fin se queda sin energía. El armadillo se ve forzado a sacar una cápsula con 100 anillos de su mochila, entonces, Ashley y Rebeca dejan sus peleas para ir contra él.
—¡Ey! ¡Regresa! —exclamó Katly.
—Pero, ¿qué…?
Cuando se da cuenta, el chaparro se ve con ambas cazadoras sobre él. Por fortuna, Blue arremetió contra Rebeca para luego intentar atacar a la otra con un ataque teledirigido. Falla eso, pero ambas retroceden.
—Ya lo entiendo, ¡ya lo entiendo! Es otra trampa, ¿no es así? ¡Al, quieren tus anillos!
—¡Ahh! ¡Tienes razón! ¡¿Cómo no lo pensé?!
Las de negro quieren perseguir al armadillo, pero sus respectivos rivales les interceptan.
—No me importa qué sea lo que quieras, no dejaré que abandones esta pelea.
—¿A dónde tan rápido, conejita?
Tras colocar la capsula en una pequeña abertura de su cañón, éste queda listo para ser utilizado. El robot arroja otro golpe, haciendo temblar el suelo, pero Alvin fue salvado por Blue.
—Sigamos con lo mismo, no estamos lejos de lograrlo.
Alvin nota que la respiración de Blue está muy acelerada.
—Blue, ¿estás bien? Te ves muy cansado.
—Estoy bien —contestó guiñando un ojo—, ¡sigamos!
Corre hacia el robot y éste trata de golpearlo varias veces, pero el erizo lo esquiva mientras avanza. Alvin carga el cañón una vez más y dispara, pero el impacto hace que Blue tropiece. La máquina aprovecha esto y consigue golpear de lleno al chico, enviándolo lejos. Se estrella contra un auto lejano.
—¡Blue!
Qkidna y Katly se percatan de la situación y se distraen tanto que reciben varios ataques.
Blue intenta levantarse, pero, estirando al máximo su brazo, el robot lo sujeta y estrella contra el suelo. El chico no puede levantarse, apenas mantiene los ojos abiertos. Qkidna olvida su pelea al ver esto, una patada en el rostro bastó para derribarlo. La misma suerte corrió para Katly, quien sufrió el rose de uno de los sables en su abdomen, apenas reaccionó para intentar esquivarlo, aun así, el susto no le permitió evitar una patada lateral que termina por derribarla.
El robot levanta el brazo para dar el golpe de gracia; entonces, se genera una fuerte corriente de aire que luego se convierte en una pared de fuego entre el robot y Blue, haciendo que la máquina lo pierda de vista. Aun así, ésta tira el golpe, pero no consigue otra cosa excepto más escombros. Blue abre los ojos.
—¿Qué?
—¿Te están dando una paliza, Jethog? —se burló con su rival en brazos— ¿Ya se te olvido que yo soy el único que te puede vencer?
—¡Marshall!
—Ya sé quién soy —habló con más burla para dejarlo caer.
Otra corriente de aire apaga el fuego y aparece Kira del otro lado.
—Agh… Marshall —intentaba levantarse—, ¿qué haces aquí?
—¿En serio creías que me perdería otra batalla?
Mientras el titan recupera su puño, Alvin se acerca a la escena.
—Nosotros nos encargaremos de esto, ¡vamos!
—¡Listo! —afirmó Kira.
El robot cambia de objetivo, enfocando solo a Marshall, quien ya tiene sus brazos cubiertos de fuego. Por otro lado, Qkidna y Katly usaron la distracción para reincorporarse. Mientras Ashley se sorprende, Rebeca ni siquiera dirige la mirada a su rival, pues al instante arroja cortes que la gatita debe esquivar.
—Alvin, dame un Anillo.
—Mejor toma esto.
El armadillo le da un contendedor con la energía de 5 aros, él lo aprieta, absorbiendo todo. Para Alvin, el cómo aquel brillo dorado entra directo a las esferas de los guantes es demasiado interesante. El chico se recupera casi por completo. Solo da un rápido gracias antes de saltar hasta la pelea entre Katly y Rebeca, interponiéndose al bloquear un corte con la esfera de uno de sus guantes. Su velocidad es abrumadora, el felino no consigue hacer más que cubrirse con ambos sables y retroceder por la fuerza de las patadas.
—¿Qué haces? —se quejó la gatita, con la respiración algo cortada— No necesito tu ayuda.
—Ibas perdiendo, solo quise emparejar un poco la pelea, adiós —dio un salto para alejarse.
Rebeca tardó un poco más de lo normal en reincorporarse, Katly no pasa por alto ni un solo detalle de esto.
Por su parte, Marshall salta mientras Kira lo eleva con una corriente de aire. El lobo arroja Bolas de Fuego al robot, pero no consigue hacerle daño.
—Es fuerte.
—A este no podemos vencerlo con fuego —aseguró Blue.
—¿Entonces con qué? —aterrizó.
Alvin termina de cargar el cañón y dispara, dañándolo un poco más.
—Con eso. Nosotros distraemos al robot mientras Alvin carga su cañón al máximo, es la única forma de dañarlo.
—Pues que así sea, apuesto a que lo distraigo más que tú.
—Ja, ja, eso lo veremos.
—¿Para todo deben competir?
—"Claro que sí." —respondieron a la vez.
El robot prepara otro ataque, Alvin carga el cañón de nuevo. Blue, Marshall y Kira se ponen en guardia.
Los Nuevos Poderes #11
Grupo Aural: Seres Místicos
Muchos dirán que sus técnicas se asemejan a trucos de magia, quizá algo más profundo, complicado. Se desarrollan con mayor lentitud, comparando con el resto del Grupo Aural, por eso, también se dice que son más poderosos y los más difíciles de comprender. Es muy común ver que algunos relacionen sus técnicas con signos del zodiaco.
Próximo Capitulo
"El Señor de los Anillos (Parte 2)"
