En el capítulo anterior… ¿alguien no sabe lo sucedido ahí? Deberías leerlo si no.

La batalla sigue el mismo plan. Blue y Marshall compiten para ser quién distrae más al titán.

—¡Oye! ¡Máquina estúpida! ¡Tienes el mismo color que las paredes de mi baño!

El robot voltea y Blue le hace mal de ojo mientras enseña su lengua. Un puño es arrojado al suelo, pero se esquiva con facilidad.

—Pss, por favor. Mira esto: ¡Oye, pedazo de lata crecida! ¡Cuando era pequeño jugaba con robots más peligrosos que tú!

Otro puño cae, buscando a Marshall, pero el resultado no cambia.

—Oigan… ¿Cómo están seguros que puede escucharlos?

—Este…

—Amm…

—¡Estoy listo! —avisó Alvin.

—¡Todos, háganse a un lado!

Se atiende la advertencia, Alvin dispara, dando en el blanco una vez más.

—Chicos, se me acaban los anillos. A este paso, no lo venceremos nunca.

—¿Alguna idea?

—¿Lo peguntas en serio? Hm, ¡Kira!

—Listo.

El ave se coloca detrás de Marshall mientras éste prende fuego en todo su cuerpo.

—Lo harán de nuevo…

Bracea con todas sus fuerzas para generar una corriente de aire tan potente, que todo el fuego que su compañero genera se extiende y avanza como una tormenta compacta, cubriendo el cuerpo del titán. El calor y su luz roja se hacen notar en todo el campo de batalla; los presentes observan con asombro.

—Él debe ser… Tankdo —aseguró Rebeca, en voz baja, la guardia en alto.

Marshall se apaga, Kira se detiene. El lobo se ve algo cansado, pero firme, la máquina sigue cubierta en llamas.

—¡Jethog! ¡Es tu turno!

—¿Qué?… Ah, sí.

Blue se enrolla para cargar su ataque giratorio. Se podría decir que está más entusiasmado, pues pocas veces se le ve girar con tanta fuerza mientras ondas de energía celeste parecen acumularse en su cuerpo.

Sale disparado, salta mientras rueda y, en un instante, llega a la máquina. Se escucha el fuerte impacto. Luego de unos segundos, Blue cae al suelo, inclinado, se ve adolorido.

—¿Qué pasó?

—No es suficiente.

—¿Cómo?

—¡No es suficiente!

—Es una broma…

Las llamas se extinguen y el titán continúa su ofensiva sin problemas; golpes, patadas, todas siendo evitadas por los medios posibles. Incluso Kira intenta frenar los movimientos del gigante con sus corrientes aéreas, pero no surten efecto. Alvin comienza a cargar.

El señor de los anillos

Un milagro de vida

—Oye mocosa —hablaba Qkidna, buscando burlarse—, no te mueves nada mal, pero necesitas más que eso para vencerme.

Tras oírlo, Ashley da un par de saltos atrás, baja su guardia para inclinar un poco su cuerpo, fija su mirada en el rostro de Qkidna y pestañea de una manera coqueta.

—¿Qué…?

Distraído, no consigue reaccionar a un veloz movimiento, con el cual, la coneja entra en su espacio vital y conecta dos patadas aéreas al rostro.

—Agh… ¡Odio esos trucos! —sobaba su cara.

La batalla entre las dos felinas no es tan cómica. Rebeca es más rápida, Katly apenas puede seguirle el ritmo solo para saber en qué momento volverse intangible. El jaguar cambia su patrón de ataques muy seguido, pero, el poder sentir su flujo de energía le da a la gatita una pequeña ventaja para reaccionar y evitar cada corte. Hasta ahora, se ha limitado solo a retroceder en círculos.

—Yo… ¿de verdad creí que podía ganar? —pensaba, llena de frustración y, algo de tristeza— ¿Siquiera puedo ofrecer un verdadero combate? ¿Cuánto falta para que no pueda hacerme intangible?

Pero no puede sentir la energía de objetos inanimados, por lo que nunca pudo evitar ese tropiezo; hay demasiados escombros alrededor. Con Katly en el suelo, Rebeca intenta una y otra vez dar la estocada o corte final.

—¿Qué puedo hacer? Solo me quedaré aquí y esperaré a que algo pase. Mientras no me mueva, ella no me puede hacer daño. Por favor… ¡que algo pase ya!

—¡Voy a disparar!

—¡Todos, a un lado!

Otra enorme y veloz esfera de energía dorada impacta con el titán, obligándolo a retroceder un par de pasos por primera vez. La pintura borrada y evidentes desniveles en su forma ya no tan circular lo deja claro, hay daños graves al fin.

—Creo que puedo atravesarlo —aseguró Blue— ¡Alvin, creo que ya es suficiente, puedo atravesarlo, pero necesito un anillo!

—Muy bien.

Con prisas, el armadillo busca un aro suelto en su mochila y no lo piensa dos veces para arrojarlo a Blue. Pero una aguja consigue golpearlo, haciéndolo caer lejos.

—¿Qué rayos…?

—¡Es mío!

El grito de Ashley alerta a su compañera, quien olvida todo para ir de cacería. Katly al fin puede respirar, aunque no tranquila. Se levanta y muestra la misma confusión que Qkidna; ambos se miran sin poder expresar nada excepto un levantar de hombros.

Por supuesto, Blue se suma temprano a la carrera, pero su adversario original le entorpece el paso con pisadas y amenazas de golpe, dando ventaja a las de negro.

—¡No deben llegar al anillo!

—¡Demonios, ¿qué he hecho?! —gritó Alvin, aterrado.

Marshall y Kira tratan de avanzar, pero los ataques del robot son frenéticos. Consigue golpear a Marshall y el cuerpo del lobo impacta con Kira. Ambos caen cerca de Alvin.

Ashley llega al anillo, mas no consigue ver a tiempo el pie de Rebeca, recibiéndolo de lleno por un costado. El jaguar intenta tomarlo, pero su adversaria se reincorpora al instante para arrojar algunas agujas, forzándola a retroceder. Sin pensarlo, corre y toma en objeto, pero solo consigue ser pateada por Rebeca en la espalda, cayendo junto con el tesoro. Viendo que no hay más necesidad de usarlos, el felino envaina ambos sables.

—Esperen, ¿qué pasa aquí? ¿No se supone que trabajan para la misma persona? —cuestionó el erizo, confundido.

—¿Acaso están… compitiendo? —comentó Alvin.

—Como sea, no permitiré que…

—Silencio —dijo el erizo, interrumpiendo a Qkidna—, hay que ver esto.

Mientras esto pasa, Kira, el único no distraído, observa al robot, dándose cuenta que tiene la vista fija en ellos.

—¡Ey! ¡Esa cosa está haciendo algo!

—¿Qué?… ¡Rayos, es un láser! —advirtió Alvin.

No fue mentira, un rayo rojo es disparado, haciendo que todos deban separarse y huir. Su ataque atraviesa el suelo, borrando el terreno al menos cinco metros el volviendo cenizas cada objeto que se ponga en su camino.

Blue trata de llegar con Rebeca y Ashley para recuperar el anillo, pero la máquina se interpone en su camino, deslizándose veloz, sin dejar de disparar. Los demás siguen huyendo del láser.

—¡Donde esa cosa nos alcance estamos bien muertos!

—¡No me digas! —gritó Marshall, molesto.

—¡Ya cállense, hay que hacer algo!

—¡Tú los has dicho!

Mientras corre, Qkidna une sus manos como si planeara disparar su propio rayo. Los demás observan, confundidos y creyendo que se trata de una broma, pues pareciera querer imitar al protagonista de alguna serie animada que va de peleas sin fin. Pero esa creencia se desvanece cuando ven las líneas rojas de sus guantes volverse doradas hasta aquellos círculos en las palmas; está acumulando energía en ellas. Cuando cree estar listo, se gira, frenando su avance para disparar con la mejor precisión posible un ataque similar a los de Alvin. Por fortuna, da en el rostro de la máquina, apagando el láser a causa del daño, justo a tiempo para no ser pulverizado.

—Maldición —se quejó Marshall, aliviado…

—Esperen… ¿Qkidna también ha podido hacer eso desde el principio?

—Sí —respondió Alvin—, de hecho, con los dos guantes, el tiro puede llegar a ser más poderoso que mi cañón. Además, sus guantes recargan solos. No por nada llevo años diseñándolos.

—¡¿Y por qué no lo hicimos así desde un principio?!

Qkidna y Alvin se ven las caras y comienzan a balbucear, tratando de dar una excusa para su increíble falta de ideas.

—Es que, con eso de los energéticos, je, je…

—Debe ser una broma —el lobo siguió gruñendo.

Por su lado, las de negro siguen luchando por el Anillo. La coneja persigue a su rival para quitárselo, saltando de pared en pared hasta que ambas terminan subiendo a los hombros humeantes del robot; entonces, la máquina decide despegar, activando propulsores en manos y pies.

—Digo, pudimos haber vencido al robot desde un principio si tan solo…

—¡Jethog! ¡Déjate de tonterías y presta atención!

—¿Ahora qué?

El titán se eleva, ignorando un combate ocurriendo sobre su cabeza y hombros.

—Oh, ouh… ¿Alguien sabe volar? ¿Tú? ¿Y tú? ¿Tampoco? ¿Y tú, Kira?

—Lo siento, no soy de los que vuelan.

—Pues ni modo, hay que ir tras de él.

—¿Por qué rayos nos elevamos?

—¿Qué importa? Tengo el anillo.

—¡Dámelo!

Ashley arremete contra Rebeca, estaba sobre el extremo de un hombro, se vio forzada a saltar hacia un edificio cercano. La coneja la sigue, no se puede ignorar que el gigante comenzó a descender tras la huida del jaguar.

—¿Qué pasó?

—¡Es nuestra oportunidad! ¡Ataquen!

Blue comienza se enrolla para cargar, Marshall crea una enorme Bola de Fuego en sus manos, Qkidna y Alvin cargan sus respectivos ataques y Kira se prepara para crear una corriente de aire e impulsar los ataques. Solo Katly decide no hacer nada. Retrocede, agachando un poco su mirada.

Cuando el titan los encuentra, los ataques avanzan a gran velocidad gracias a la corriente de aire, sin darle tiempo para cubrirse, otorgando todo el daño posible. Blue se resiente al impactar al mismo tiempo que las otras tres esferas; cae al suelo. Por fortuna, no es el único en hacerlo, pues el titan hace temblar el suelo al golpearlo con su espalda y brazos.

—¡Blue!

Sin pensarlo, Katly corre al encuentro del erizo, quien permanece sentado en su intento por reincorporarse, sobando bajo sus púas.

—Auch… pensé que sería buena idea.

—Tú y tus proezas. Debes dejar de asustarme así.

—Lo siento, je, je —rio un poco mientras recibía su ayuda para sostenerse.

—¡Miren, allá arriba! —avisó Alvin.

Ashley salta de un edificio y cae de pie sobre el robot, seguida de Rebeca. El titán decide despegar, sin siquiera levantarse, solo gira sus manos y pies al separarlos un poco de su cuerpo. Mientras se eleva, la coneja contempla el anillo en sus manos. Pero Rebeca no se hace esperar y aterriza a solo un par de metros.

—¡El anillo!

—¿Y ahora qué hacemos?

—En eso estoy, en eso estoy. Mmm…

Todos parecen alterados, solo Kira y Blue parecen mantener la calma, pero la preocupación no se oculta en sus rostros. Todos observan al robot, hasta que el erizo…

—Creo que tengo una idea… Creo…

—Ashley, dame el anillo, trataré de no lastimarte tanto.

—¡No! Estoy harta de que me trates así. Si lo quieres, tendrás que pelear conmigo.

—¿Quieres que te haga sufrir de verdad? ¡Así será!

Rebeca desenvaina su katana de nuevo, Ashley pone agujas entre sus dedos. Ambas miradas conectan unos instantes, la respiración de la coneja se acelera junto con su corazón, mientras que Rebeca solo la observa con enojo. La máquina ya se ha elevado bastante, comienza a alcanzar la altura de los edificios más altos.

La coneja decide atacar y se abalanza sobre su compañera, intentando golpear con las agujas entre los dedos, pero Rebeca la esquiva y conecta con la parte plana de su katana en el rostro, haciéndola retroceder. Ashley se enfada y trata de golpear de nuevo, pero su oponente repele cada uno de los golpes para luego golpearla con el lado sin filo de su arma. La pequeña se ve acelerada, mientras que la mayor sigue con calma.

—Estás demente, Jethog.

—Solo así lograré elevarme lo suficiente para destruir esa máquina de una vez por todas.

—Es una locura —comentó Qkidna—, te quemarán vivo.

—Aunque, eso no suena tan mal.

—¡Marshall! —exclamó Katly.

—¿Qué?…

—No lo sé, las probabilidades de que lo logres son muy pocas —advirtió Alvin.

—Y serán menos si seguimos hablando, tenemos que intentarlo.

Rebeca da un fuerte golpe a Ashley con la katana. La pequeña muestra algunos cortes en su cara.

—Déjalo ya, no eres nada frente a mí, acéptalo y dame el anillo. Yo se lo entregaré al señor.

—¡Nunca!

—Si no dejas de insistir, atacaré en serio, ¡no me importa cómo pueda terminar esto!

Ashley se enfada cada vez más, llega al punto en el que aprieta demasiado el anillo con su mano. Entonces, absorbe su energía; sus pequeñas heridas sanan. El robot baja un poco su velocidad.

—¿Qué…? ¿Qué está pasando?

—Increíble… No lo sé, pero nunca me había sentido tan bien en toda mi vida.

—¿Qué?… Entonces —pensaba—, esto es lo a lo que el señor se refería. La fuente de energía máxima, en la forma de un pequeño anillo de oro.

Ashley pega un fuerte grito y se lanza sobre Rebeca, es esquivada por muy poco.

—¿Cómo demonios…?

Se da la vuelta sin dilación y arroja agujas con todas sus fuerzas, Rebeca las repele con la katana, pero algunas logran rozar en su rostro, sorprendiéndola y…

—¡Argh! ¡Pagarás por eso!

Por primera vez, la ofensiva del jaguar va en serio. Ambas se mueven con la misma velocidad y fuerza, el intercambio de golpes es equivalente. Cada que Rebeca consigue blandir sus sables, conectando la parte plana o sin filo, también consigue que la coneja retroceda al ofrecerle patadas y codazos, un golpe de cabeza ocasional cuando ella salta.

Ashley no se queda atrás, ha conseguido ver gotas de sangre en el rostro de su rival gracias a sus agujas. Esto siempre viene acompañado de un fugaz grito que refleja la ira de Rebeca. Una increíble agilidad nunca antes mostrada, sumada a veloces y precisos saltos son lo que le permite conectar algunos ataques, como patadas y golpes con agujas entre dedos, a la vez que esquiva represalias.

Ninguna se ve exhausta, pero se alejan un momento para respirar y observar a su oponente, quizá para planear otra estrategia.

Arremeten de nuevo. Un sable busca los pies, pero la coneja salta, girando todo su cuerpo para impulsar una patada en guillotina. Rebeca retrocede a tiempo, pero, tan pronto aterriza, Ashley desliza una mano, arrojando sus agujas en ella. El jaguar se ve obligado a bloquearlas con un sable, dando tiempo a su oponente para arrojar una patada lateral baja, haciéndola inclinar. Antes de recibir el siguiente golpe, el felino lanza un corte con su otro sable, consiguiendo un ligero corte en el pecho de su oponente, quien retrocede.

—¡Ahh!

—Tsk…

Los ojos bien abiertos, la respiración acelerada. Ashley muestra una expresión de terror, pero ira a la vez. Rebeca parece sorprendida o, quizá, un poco asustada por un instante, pero su semblante regresa para ponerse de pie y reanudar el combate.

Ashley es la primera en correr, pero salta antes de cerrar distancias. Mientras su cuerpo gira al llegar a su máxima altura, arroja sus agujas sin conseguir otra cosa excepto ver los sables protegiendo el cuerpo de Rebeca. Aterriza tres metros detrás, inclinada, lista para cualquier movimiento, pero usa su posición solo para arrojar más agujas de una en una. Es muy fácil bloquearlas con un solo sable mientras el otro es envainado, la última aguja de esa mano es atrapada por el jaguar para ser arrojada de vuelta.

Ashley esquiva el contraataque, arroja su otra mano de agujas de dos a la vez mientras corre alrededor de su oponente, quien se limita a bloquear cada ataque con veloces deslices usando ese sable. Por más que la coneja busque diferentes puntos vitales a lo largo del cuerpo, no conseguirá atinar uno solo. Para cuando se da cuenta, no quedan agujas.

—No…

—¿Te rindes ya?

—¡Claro que no!

Corre hacia ella para cerrar distancias. No se entiende bien lo que busca, pero, al momento que Rebeca coloca su sable frente sí misma para bloquear, Ashley la sujeta, pasando sus dedos por la parte superior, pues no hay filo ahí.

—¿Qué…?

—Dime, Rebeca —sonó una voz más silenciosa, mientras su mirada se pierde en el metal que sostiene—, ¿por qué estamos peleando?

—Sabes muy bien porqué.

—Dímelo.

—¿Ah?

—¡Dime por qué peleamos!

—Tsk…

Desliza el arma, pudo cortar los dedos de no ser por su posición. Ashley no retrocede, se inclina solo un poco mientras alza la mirada, preparando otro ataque.

—Acabaré contigo, y así entenderás —habló mientras se preparaba para responder a la agresión.

—¿Listo?

—Listo.

—Blue, espera —interrumpió Katly, con evidente preocupación—, prométeme que regresarás en una sola pieza.

—Je, je, estaré bien. Tengo que hacerlo. Marshall, no te contengas.

—Ja. Es una promesa.

Blue se enrolla sin tardanza. Carga, pero sus giros no son tan rápidos o potentes como antes. Por su lado, el lobo prende fuego en sus manos, incendiando también la totalidad de sus brazos, aparentando un ligero aumento de volumen hasta los hombros. Ambos acumulan energía hasta que no pueden más.

Cuando está preparado, Marshall arroja toda su energía en la forma de un lanzallamas apuntado directo a Blue, pero no lo hace con fuerza, solo la libera.

—¡Kira! ¡Creo que un poco de ayuda servirá!

—¿Seguro?

—¡Sabes que sí!

Se coloca detrás para aletear y crear una corriente que avanza desde la espalda del lobo hasta Blue, aumentando la fuerza de las llamas.

Parte del fuego escapa, pero, desde el inicio, los giros aumentaron su potencia y velocidad, haciendo más intenso el clásico sonido de la carga. Aquellas ondas de energía celestes, visibles cuando la energía acompaña la carga, jalan las brasas que obligan al resto a retroceder por el inmenso calor. Pronto, la esfera giratoria adopta un brillo rojizo, tan intenso y vivo como un micro sol. Al fin, Marshall queda sin energía.

—¡Airth! ¡Es tu turno!

—S… ¡Sí!

Ambos, lobo y albatros, retroceden con un salto, abriendo el paso a Qkidna, quien, protegido con sus guantes, toma al erizo, quien no para de girar y, sin poder perder un instante, lo arroja un poco al aire para conectar el golpe más fuerte hasta el momento. El impacto hace temblar un poco el suelo, soltando un pulso fugaz que hace a todos cubrirse un poco en reacción. Depende de Blue dar en el blanco.

Las de negro seguían su lucha, pero, pasado un segundo tras recibir el golpe, Blue atraviesa el torso de la máquina. Ni Ashley ni Rebeca podrían haber distinguido el objeto que pasó frente ellas. El impacto las empuja, el jaguar cae del torso, pero consigue sostenerse de un dedo en la mano gigante. Para su fortuna, los propulsores quedaron desactivados, por lo que no sufrió represalias por esto.

La coneja sigue arriba, pero es evidente que la energía del anillo se agotó. Lo único que ve es un enorme agujero en medio de la máquina. Busca con la mirada en el cielo al objeto responsable, pero solo ve un rastro de humo que desaparece. Entonces, siente cómo la máquina llegó a su máxima altura al perder todo su impulso. Todos los propulsores apagados, solo le espera caer. Se pone de pie, pero es ahora que consigue ver que, por dentro, el titán sigue haciendo corto circuito.

—Oh, ouh…

Rebeca consigue subir, ambos sables están guardados. Entonces, ve lo mismo que la pequeña, con ella frente el agujero.

—¡Ashley!

Desde el suelo, todos ven al titán partirse en dos tras una enorme explosión. Las extremidades se separan al no existir más campo magnético. Su gran enemigo se desploma en pedazos de vuelta al suelo.

—¡Genial, ese fue un gran golpe! —gritó el naranja.

—¿Qué pasó con Blue? ¿Dónde está? —preguntó Katly.

—¡Ouh!… No pensamos en la parte del aterrizaje.

—Ay, no…

Mientras piensan en esto, las partes de metal comienzan a tocar el suelo, levantando olas incompletas de humo y escombros a metros de los chicos. Katly reúne a todo grupo para volverlos intangibles, aunque no pasan muchas cosas a través de ellos.

Cuando todo termina, Katly suelta a los chicos. Todos observan la pila de partes robóticas, enormes rocas, vehículos aplastados, y todo el conjunto llamado destrucción que esta batalla dejó.

—Todo esto… tardará solo un par de días en repararse, ¿cierto? —Qkidna, angustiado.

—Una semana, a lo mucho —confirmó Kira.

—Eh, chicos —Alvin, confundido al sostener sus gafas—, tengo un mensaje de… Azuri. Me envió su ubicación… ¡Dice que encontró a Blue!

—¡¿De verdad?!

—Más bien, Blue la encontró a ella. Dice que nos necesita, ¡ahora! ¡Síganme!

Lo último que ven antes de moverse son vehículos de todo tipo llegando al lugar. Policía, reporteros, chismosos, etcétera. Antes, les pareció divertido, pero se muestran un poco molestos ahora.

En un sitio no muy alejado, Azuri puede ver el humo que las piezas muertas del robot liberan al aire. Sentada sobre la banqueta, con Blue descansando la cabeza en sus piernas. Su ropa por completo quemada, es increíble que siga unida. Su rostro cubierto de negro, mientras sus ojos permanecen cerrados y hace un gran esfuerzo por respirar.

—¡Azuri! —gritó Katly al reconocerla.

Tan pronto la rubia los ve, alza las manos. Pero, antes de encontrase con ella, se detienen en seco, solo Alvin avanza un poco más antes de frenar sus patines. Blue no es el único descansando en el suelo. Al lado de Azuri, una coneja rosa, mostrando incluso más heridas y quemaduras que el erizo. Su bufanda desapareció, y el traje negro está dañado, revelando algunas partes de su cuerpo, incluyendo heridas que permanecerían ocultas de otra manera.

—Ella… ¡es una de las que intentaban robar el anillo! ¡¿Qué hace aquí?!

—¡¿Ah?! ¡¿Es de los malos?!

—¡Sí, Sindon, es de los malos! ¡¿Por qué está contigo?!

—¡No lo sé, Qkidna! ¡Blue la cargaba en su espalda cuando me encontró!

—¡¿Ahh?! —expresaron todos al unísono.

—Quieren —sonó débil, acompañado de toz— ¿callarse un poco?

—Blue…

—Jethog, ¿qué planeas? ¿La tomaste como rehén?

—No, Marshall. Intenté salvarla.

—¡¿Ah?!

—Verán…

Blue no explica todos los detalles, imposible saber si es por su cansancio, o solo decidió omitirlos.

Al momento en que se desenrolló para intentar reincorporarse en el aire, alcanzó a ver la explosión. Con ello, pudo sentir la energía de dos mobianos sobre el robot, recordando aquel combate. A pesar de sus heridas y el estar todavía cubierto de fuego en brazos y piernas, se enrolla de nuevo, cargando solo un poco para impulsarse a donde una de esas fuentes de energía lo guían.

Al estar cerca, se desenrolla, encontrándose con Ashley. Ambas orejas sangrando y con quemaduras. Se impulsa un poco más para alcanzarla, extiende su mano, entonces, los restos de aquella bufanda que cubría su rostro se separan de ella, revelando un rostro triste, herido. La expresión de Blue refleja un fuerte dolor, sus ojos se humedecen. Las esferas de sus guantes, únicos objetos casi intactos, comienzan a brillar con gran intensidad. Cae con mayor rapidez hasta que consigue abrazarla. Gira su cuerpo, como si hiciera su clásico ataque, pero lo hace con cierta suavidad, no se percibiría agresión ahí.

De la nada, el curso cambia, Blue dirige su propia caída superando la velocidad del resto de escombros. El ángulo de su caída se alza poco a poco, como si intentara elevarse de nuevo, hasta que aterriza. Consiguió entrar a una calle larga y amplia, golpea el suelo incontables veces en rebotes, moviendo su cuerpo hacia abajo en cada ocasión, amortiguando a la chica, hasta que pierden inercia y sus cuerpos se arrastran hasta parar. Blue mantiene el cuerpo de la coneja sobre el suyo.

Adolorido, abre los ojos, buscando de inmediato aquel rostro que no ha cambiado. Pero, consigue sentir un débil palpitar, acompañado de un casi imperceptible flujo de energía.

Las esferas siguen brillando con gran intensidad. Cuando Blue intenta levantarse, ese brillo celeste parece avanzar con prisa de sus manos al resto del cuerpo, de manera intermitente. Coloca a la chica en su espalda, luego, libera algo de energía de sus guantes, haciéndola avanzar como rápidas, pero amables ondas expansivas. Nada es golpeado por esta, apenas fue perceptible por algunos. La mirada del erizo permanece firme, sus ojos apenas se mueven, pero, si alguien excepcional prestara atención, pareciera que buscan algo en un espacio microscópico. No pasa mucho para cuando lo encuentran. Blue se pone en marcha y, cada tantos pasos, su energía vuelve a pasarse de sus manos al resto del cuerpo.

—Pero, ¿por qué? —Katly, quien ya se había inclinado en el suelo para estar con él.

—¿No era más fácil dejarla… morir?

—¡Qkidna!

—¡Solo digo! De verdad, ¿por qué salvar a tu enemigo?

—No es momento para discusiones morales. Blue está herido. Llamaré a mi equipo, podremos llevarlos a un hospital rápido.

—Espera, Kira…

—¿Ah?

—Alvin, ¿te quedan anillos?

—Ahh —da un rápido chequeo a sus gafas—… No me quedan cápsulas ni anillos sueltos. La cápsula de mi cañón solo tiene la energía de 5 anillos ahora.

—Es suficiente.

—¿Ah?

—Blue, ¿qué planeas?

—¿Piensas sanarte solo con 5 anillos? No seas ingenuo, Jethog, necesitas al menos 50 para curar todas tus heridas.

—Tiene razón, Blue, esperemos a la policía.

—No son para mí. ¡Alvin, por favor!

—¿Qué?…

—¿Acaso piensas…?

Marshall da un vistazo a la otra víctima. No tarda en comprender.

—¡No seas un idiota ahora, Jethog! ¡¿Por qué la sanarías a ella?! Deja que la policía se haga cargo.

—¿Sanarla? —Katly, viendo con asombro a la coneja.

—¡¿Puede hacer eso?!

—No —respondió Alvin—. Puedes absorber energía, pero no puedes pasarla así nada más. Necesitas una herramienta, una habilidad, algo. Solo un ser vivo puede absorber energía dorada.

—Puedo hacerlo. Alvin, por favor —intentó levantarse, inclinándose un poco con el apoyo de Katly.

El armadillo lo piensa un poco, pero, al ver la mano de Blue, extendida, solicitando su ayuda, parece cambiar un poco de parecer. No es por lo que el resto piensa. Sus guantes están intactos, solo sucios; las esferas sin ningún rasguño visible, su brillo solo un poco más opaco, pero presente.

—Bien.

—¡¿Qué?! —Marshall, con frustración.

—¡Ehh…! ¡Esperen! ¡¿Lo podemos discutir?! —Qkidna, lleno de conflictos.

—En realidad —bastó con presionar un poco la parte inferior de su cañón para abrir el compartimiento y tomar la cápsula—, hay algo que quiero ver. ¿De verdad puedes transmitir energía dorada? ¿Estás seguro? Eres un Ser Común, tu poder es solo la super velocidad, ¿no es así?

—Confía en mí, por favor.

Su manera de pedirlo, el tono de su voz. Blue de verdad desea hacerlo. Los demás no pueden decir una palabra más al escucharlo. Sin otra cosa por preguntar, Alvin extiende su mano hacia el erizo, entregando la cápsula. Blue agradece asintiendo un poco su cabeza. Con la ayuda de Katly y Qkidna se pone de pie. Alvin desactiva su cañón para dejar libre su mano y ponerlo de vuelta en la mochila.

Tan pronto consigue sostenerse solo, camina hacia Ashley, pero…

—¡Argh!

—¡Blue!

Sin ningún aviso, una navaja se clava bajo su hombro, haciéndolo caer de rodillas por el dolor. Mantiene su agarre fuerte sobre la cápsula, apoyándola contra el piso.

Encuentran de inmediato al culpable, aquel jaguar de antes. Su traje también muestra daños, pero menores en comparación a su compañera. Camina hacia ellos, pero con lentitud, cojeando un poco. Se nota furiosa, desenvaina ambos sables. Los chicos se preparan para pelear.

—¡No!

—¿Eh?

—¡¿Ahora qué?!

—Déjenla, argh… Por favor, retírense, debo hacer esto. ¡Ella debe verlo!

—Perdiste la cabeza —el lobo, incapaz de encender más fuego, pero en guardia.

—Ni hablar, no te dejaremos, Blue.

—¡Por favor! Confíen en mí, ¡debo hacerlo!

—Yo confío.

—Kat…

La morada acaricia un poco la espalda de Blue, pasando por las púas en ella. Parece querer abrazarlo.

—¡Vámonos! ¡Debemos darle espacio!

—Katly, estás tan loca como él, ¿lo sabías? —Qkidna, quien cambia su semblante una vez que mira el de ella. Los ojos un poco entrecerrados, de pie, dispuesta a retirarse— Aunque… ¡ahh! ¡Los odio!

Baja los puños y se gira, tomando a Alvin de un brazo para obligarlo a irse también. Katly los sigue, mientras una confundida y callada Azuri camina a su lado. Rebeca observa con extrañeza, no consigue entender ninguna estrategia, pero decide mantener sus ojos en Marshall y Kira, sus únicos obstáculos, por ahora.

—Jethog… ¿seguro que es buena idea?

—Seguro.

—¡Tienes una maldita daga clavada en el brazo! ¡¿Seguro que es buena idea?!

—Estoy… seguro —cada que es obligado a hablar, se escucha más cansado.

—¡Hmm! No lo creo.

—Marshall.

—No, ¡no, Kira! No puedes…

Coloca un ala sobre su hombro, luego, se retira también.

—Kira… ¡Kira!… ¡Hmph! ¡Si te mata! ¡Juro que…!

—No lo hará…

Una mirada más bastó. La sonrisa en Blue busca otorgar confianza, pero, solo provoca más frustración el lobo, aunque es su intento por ocultar algo de admiración. Por fin, se retira. Todos permanecen a metros, observando, es imposible que alguien intervenga a tiempo.

Con Rebeca de pie a tan solo un par de metros en la escena, Blue hace un esfuerzo final por sostenerse un poco y acercarse a la pequeña. El jaguar se ve distraído, intentando comprender lo que sucede: la cápsula en mano, sin nadie que pueda salvarlo de un último ataque. Reacciona al ver a Blue casi caer sobre Ashley al quedarse sin fuerzas. A la vez que el erizo se inclina, un sable se mueve. Los chicos alrededor se aterran, pero, detienen todo intento de avanzar al ver que Rebeca se frena de golpe. Aquel sable solo se acercó poco al cuello del chico.

Blue no necesita voltear para saber lo que Rebeca observa. El rostro y cuerpo de Ashley, todas las heridas, quemaduras, la sangre seca en su pelaje. Aunque solo los ojos de la mayor son visibles a través de la bufanda, ellos bastan para comprender su expresión. Abiertos, temblorosos, el verde iris brillando por la humedad que intenta controlar.

Solo el sonido agudo y metálico de la energía dorada siendo absorbida de golpe por Blue la hace reaccionar de nuevo. Desbordando ira, intenta cortar el cuello de nuevo, pero, con la capsula echa vapor y la energía absorbida, Blue consigue frenar el sable con una mano. Las miradas se cruzan, el semblante de Rebeca no ha cambiado mucho, pero Blue, con los ojos entrecerrados y apretando sus dientes, se mantiene firme para no soltar ese sable y evitar un movimiento del jaguar, quien ya está buscando su otro sable.

De lejos, todos alcanzan a ver que la energía dorada pasó directo a las esferas de los guantes, aumentando la intensidad de su brillo, justo como en ocasiones anteriores, sin embargo, no avanzan al resto de su cuerpo. Mientras todo sucedía, Blue extendió su mano libre, apuntando al cuerpo de Ashley. Rebeca solo se percata cuando el brillo se roba su atención. Transfiriéndose de una mano a otra, pasando a través de brazos y hombros en la forma de una leve luz celeste, termina por acumularse toda en aquel guante, dando a la esfera un brillo como nunca antes.

Entonces, la energía celeste sale de su mano, con lentitud y, perceptible de alguna forma, amabilidad o compasión.

Bastaron menos de 5 segundos para agotar la energía. Durante el proceso, Rebeca vio con asombro las heridas desaparecer o, por lo menos, dar un enorme paso para terminar de sanar. La antes imperceptible respiración de Ashley se restaura, se puede ver cómo su pecho se infla un poco tras escucharla exhalar con fuerza por primera vez. Sin embargo, Ashley no despierta, permanece descansando.

Con la energía agotada, el brillo en las esferas regresa a la normalidad, pero pronto se vuelve opaco, en especial cuando el chico intenta ponerse de pie y falla, perdiendo el resto de sus fuerzas para caer de espaldas. Rebeca lo atrapa, Blue solo la percibe por un leve instante para luego desmayarse. Con un sable en mano, el felino muestra intenciones de atravesar el pecho del erizo, pero, al ver a los chicos alarmados, abandonando sus posiciones, guarda el arma y recuesta a su enemigo lo más veloz y gentil que puede.

Sin perder un segundo, toma a su compañera en brazos y se dispone a correr. Qkidna es el único que intenta entorpecer su camino al disparar veloces, pero débiles proyectiles dorados. La felina, consciente de esto, varía su trayectoria y da alargados saltos para esquivar. Cuando está algo lejos, Katly pone su mano sobre un brazo del naranja; al verla, se tranquiliza.

Alvin ya se encuentra revisando a Blue, quien muestra signos vitales estables, según las gafas. No tarda en informarle esto a sus preocupados compañeros. Katly baja para asegurarse por sí misma a pesar de confiar en las palabras del armadillo. Un detalle que nadie pudo pasar por alto, es que no hay un solo corte en el guante que frenó aquel sable.


Los Nuevos Poderes #12

Grupo Aural: Seres Espirituales

Algo débiles en comparación al resto del grupo, esto les obliga a desarrollar más sus poderes y habilidades. Leyendas populares mencionan que pueden adquirir habilidades para comunicarse con los muertos que aún deambulan en el mundo, poseer cuerpos, ya sea vivos o muertos de poco tiempo, entre otras cosas. Lo cierto es que, ante la ventaja de tener todas esas habilidades, también tienen la desventaja de que sus ataques y/o técnicas basadas en energía son muy débiles, y difícilmente se llegarán a comparar con las de otro Ser Especial. Por esto mismo, a pesar de sus cualidades, los Seres Espirituales son muy pacíficos inactivos. Son como fantasmas. Se dice que un Ser Espiritual que muere joven aun deambula como un espirito atrapado en este mundo.

Como dato extra: este tipo no existía originalmente y todas sus características iban a ser parte de los Seres de las Sombras, por eso en esta historia se les va a comparar en varias ocasiones.


Próximo Capitulo

"La cacería del guante"