Oscuridad, silencio. Lo único perceptible es una brillante esfera celeste, estática. Tras un leve destello, se revela su verdadera forma: un cristal, descansando para adornar un guante, gris, sin dedos, adornando con azul donde deberían comenzar. Con un aro negro muy delgado en la muñeca. Pronto, la luz es suficiente para hacer notar la misma que lo posee. La piel de un tono café medio, cerrando el puño con fuerza y luego soltarlo tan pronto se hace visible. Un destello más hace aparecer el rostro y parte superior del torso de Blue.
Poco a poco, el resto de su cuerpo se manifiesta. El erizo mantiene la vista en esa esfera. Los parpados superiores cubriendo casi la mitad del iris y la pupila. Sus labios cerrados, inexpresivos.
Con lentitud, alza su otra mano para posarla sobre este guante, aprieta e intenta sacarlo. Parece estar muy bien sujeto, pues no consigue nada al inicio. Haciendo una diminuta mueca, jala con más fuerza, apenas moviendo un poco la prenda y, al hacerlo, su rostro se llena de terror, pues voces y gritos comienzan a distinguirse entre la oscuridad. Se detiene.
Pequeñas gotas de sudor salen de su frente, aprieta sus dientes con fuerza, pero, tras un par de segundos, vuelve su vista hacia el guante para intentar retirarlo de nuevo. Los gritos se vuelven más intensos por cada milímetro que consigue avanzar.
Acompañando la terrible sinfonía, su corazón late con mucha fuerza, acelerándose más y más con el volumen de todos los gritos y alaridos. Pero no se detiene, jala con más fuerza. Cierra sus ojos, pero sus oídos comienzan a sangrar. Aquel brillo se vuelve intermitente, mostrando una intensidad nunca vista y muriendo una y otra vez. Cuando parece lograrlo, su brazo muestra grietas, extendiéndose cada centímetro que el guante abandona.
Con su brazo, la realidad también parece desquebrajarse. El invisible suelo, el mismo campo de visión de Blue, aunque sus ojos permanecen intactos. Si existía una luz que le permitiera verse a sí mismo, comienza a morir también, dejando solo el brillo celeste de sus guantes dominar.
Con fuertes quejidos, Blue cierra los ojos de nuevo, parece sentir mucho dolor, no solo físico. La realidad se fragmenta hasta parecer la visión a través de un cristal roto. Antes que todo caiga en pedazos, Blue deja salir un fuerte grito. Abre los ojos.
El aire se le escapa, lo jala de vuelta solo para soltarlo con la misma fuerza y desesperación.
—¡Chico, tranquilo, tranquilo!
—¡Blue, respira! ¡Está bien! ¡Todo está bien!
—Qkidna… Katly… ¿Qué?
Una vez calmado, se da cuenta de su realidad. Se encuentra recostado en una camilla, sábanas blancas, al igual que la suave almohada. Una habitación como la de un hospital, con todos claros, casi blancos también, un televisor en lo alto y una ventana donde se puede ver un cielo oscuro sobre luminosos edificios no muy altos.
En una pequeña mesa con tres niveles, descansan ciertos objetos. Un dañado, casi irreconocible pañuelo, sus zapatos negros, con los calcetines dentro; un teléfono, un par de llaves; pero, lo que llama más su atención es una piedra azul, sujeta a un delgado hilo en un orificio. Brillante, hermosa, pero, incompleta, como si debiera encajar con algo.
—Oh… ya veo… ¿Al?
En una esquina, Alvin permanece observando, con las manos cruzadas sobre su pecho, los puños entre cerrados. Parece nervioso.
—Le dije que no lo intentara, pero insistió.
—¿Qué cosa?
—Ya sabes. Le advertí que ni muerto te quitarías los guantes. lo intentó y despertaste.
—No solo eso, parecías muy alterado, tu energía fluía como si fueras a atacar.
—Las esferas brillaban como si la batería fallara… ¿son de batería?
—¿Ah? No, Qkidna, esta es mi energía en realidad.
—Ahh, sí. Tiene sentido. ¡Alvin! Deja de ser un cobarde y regresa aquí.
Por fin, deja de temblar. Acomoda sus gafas para reunirse con los chicos.
—Entonces, ¿estoy en un hospital?
—No, estamos en la estación de policía. Nos trajo el equipo de Kira. Él y Marshall están abajo.
—Descubrieron algo interesante, quizá bajemos luego.
—Entonces, todo salió bien, ¿cierto? ¿Vencimos?
—Sí… Algo así. Quedó un cabo suelto.
—Qkidna…
—¿Qué cosa?
—Ya sabes… La espía que resucitaste.
—¡¿Ah?! Entonces —volvió su mirada a la palma de su mano, luego la gira para observar la esfera—… de verdad lo hice, funcionó… Je, je.
—Q… ¡¿Por qué te alegras?!
—Eh —mostró una mueca nerviosa…
—Basta, Qkidna. No importa ahora.
—¡¿"No importa ahora"?! Ella pudo llevarnos hasta Genevil.
—Bueno —intervino Alvin—, no estábamos seguros de eso. ¿Cómo la haríamos hablar?
—¡A la fuerza! Obviamente.
—Creo que eso sería trabajo de la policía, en cualquier caso —aclaró Katly.
—Como sea, lo importante en realidad es, ¡¿por qué?!
—Yo… Es difícil de explicar. Supongo que… quería ver si podía.
El rostro de Qkidna se alarga tras la enorme decepción.
—¡¿Qué?! ¡¿Eso es todo?! ¡¿Quién ayuda a su enemigo solo para ver si puede hacerlo?! ¡¿Qué pasa contigo?! ¡Katly! Dime si miente.
—Eh… No lo hace.
—¡¿Ah?!
—Una verdad incompleta —sugirió Alvin, provocando una leve reacción en Blue.
—Sí… ¡Una verdad incompleta! Eso debe ser, tiene sentido. Debes ser experto en eso, chico. ¡Confiesa!
—Qkidna, basta.
—Está bien, está bien. Yo… en el instante que atravesé a ese robot… ¡dolió mucho, por cierto!
—Je, je, je.
—Pude sentir la energía de ambas. Supongo que todo el poder que acumulé agudizó mis sentidos, o algo así.
—Estás hablando de que te tomó una diminuta fracción de segundo sentir a la perfección dos fuentes de energía distintas. Asombroso. Así que, eso es tener super velocidad, el mundo debe moverse muy lento a tu alrededor.
—Sí, sí, Stius, eso lo sabemos ya.
—No solo sentir su energía, Al. Pude interpretar ambas. Su nivel, sus emociones…
Quien se muestra más impresionada es Katly, mas son los chicos quienes hacen ruido.
—¡¿Pudiste sentir todo eso en una fracción de segundo?! ¡¿Esa es la super velocidad?!
—¿No sabías eso ya, Qkidna?
—Cállate, enano.
—Je, je. Así es, pude sentir todo eso, incluso antes de confirmar que el robot comenzaba a quedarse sin energía. Entonces, me di cuenta que no peleaban por gusto.
—¿Ah?
—¿Por qué lo hacían, entonces?
—No lo sé, solo estaba seguro que… ambas sufrían. Sobre todo, la pequeña. Supuse que no querían pelear en realidad. Luego —cambió su humor— me di cuenta que el robot explotaría e intenté reincorporarme de vuelta lo más rápido que pude, pero, ¡el fuego de Marshall es más caliente en cada ocasión! ¡Se los juro!
—¡Ja, ja, ja! Debió ser su desquite por aquella derrota.
—Si no peleaban por gusto… ¿creen que Genevil las haya obligado?
—¿Por qué haría eso? Sé que es malvado, pero, ¿por qué?
Nadie puede imaginar una respuesta. Un par de horas pasan en medio de charlas y risas. Durante ese tiempo, Katly muestra una atención especial a la piedra azul que descansa sobre la mesa. Por el lado de Alvin, sus ojos asechan los guantes todo el tiempo. Son los mismo de siempre en cuanto al brillo: celestes, como una ligera linterna que imita a una enorme luciérnaga en intensidad, suave, visible solo por su extraña belleza.
Cuanto es muy tarde, demasiadas llamadas desde casa fueron ignoradas ya por Alvin y Qkidna, es hora de irse. Un último vistazo a los objetos mencionados no pudo faltar antes de salir por la puerta. La última promesa es que el chico estará listo para salir en la mañana.
Una vez solo, Blue se recuesta, pasando sus manos debajo de sus púas, acariciando su cabeza con la mirada perdida en el techo sin color.
—Ese sueño…
La cacería del guante
Una noche de conflictos
—Te lo digo, amiga —cerró el refrigerador con fuerza, un cartón de jugo en una mano, algún aperitivo en la otra—, tu vago es demasiado extraño.
—Azuri, si sigues comiendo así, tendré que hacer más compras antes del fin de semana.
La cocina de Katly es una soñada por muchos. Estufa eléctrica con horno, pegada a una pared tan azul como el cielo a medio día. El piso con mosaicos blancos que forman patrones como vapor, posible obra de algún artista. Su refrigerador mide poco más de dos metros, de un color metálico, oscuro; dispensador de hielo y algo más; dos puertas. Al lado del lavatrastos, un cubo de cristal, con una textura semejante a una piedra preciosa color verde, solo para servirse agua. En medio de la habitación, una barra para comer, pues no hay algo parecido a un comedor cerca.
Sin paredes interponiéndose, al lado, se encuentra la sala de estar. Enorme, con algo parecido a una chimenea en medio. Sin televisores, pero dos largos sillones en cada extremo y una extensa mesa de vidrio en medio, pero las luces aquí están apagadas, pues las gatitas permanecen en la cocina. Katly sentada, apoyando su cabeza sobre una mano cuyo codo descansa en la barra. La rubia permanece recargada, cerca de refrigerador.
—Oye, ¿qué intentas decirme? —dio una gran mordida.
—Solo… Que no termines con mi comida. Si mi padre llega…
—Está bien, está bien. Es lo último que tomaré hoy, lo juro.
—Gracias —dio un corto suspiro.
—Te decía: sus motivos no me convencen, cualquiera la hubiera capturado en su lugar. Además —masticaba entre líneas—, de verdad, ¿qué pasa con sus guantes? ¿Qué sientes en ellos?
—Es como si mayor parte de su energía se concentrar ahí. A veces me doy cuenta, fluye de su corazón hacia ellos, luego de vuelta hacia todo su cuerpo con normalidad. Es muy extraño. En cada batalla, su poder aumenta y disminuye, como si pudiera controlarlo, en especial ayer.
—Ajá… Y, ¿qué sentiste cuando curó a esa enana?
—Yo no la llamaría enana en tu lugar, Azuri.
—¡Oh! Cierra la boca —dio otra mordida.
—Je, je. Pues… la energía dorada pasó a su mano y, luego, se esfumó.
—¿Ah?
—Pero, conforme lo hacía, la de Blue aumentaba. Creo que… Era como si el poder del anillo se convirtiera en suyo.
—Eso hacen, ¿no?
—No, no, es muy diferente. La energía dorada aumenta el poder, es decir, potencia la energía de quien la absorbe, eso sentí en otras ocasiones. Ahora, fue como si la energía de Blue manipulara de alguna forma la del anillo para hacerla suya. Fue… muy extraño.
—Yo no entiendo de energías y poderes complicados, así que, si tú lo dices…
—Fuiste tú quien preguntó.
—La verdad no sé qué esperaba escuchar, je, je. En fin, Qkidna jugará esta tarde, ¿quieres venir?
—Eh… No, intentaré descansar hoy, gracias.
—Ahh, ya veo, es porque tu vago no estará ahí hoy, ¿no?
—¡No es un vago! Y no es eso, yo de verdad —comenzó a acariciar su brazo hasta su hombro…
—Está bien. ¿Te veo en la noche?
—Parece que no tienes cosas por hacer, Azuri.
—¡Ja, ja! Oye, una solo intenta estar con su amiga todo el tiempo posible. Está bien, quieres estar sola. Te veré mañana, entonces.
El resto del día pasa como si de una cuarentena se tratase. Si hubiera una cámara escondida en la entrada, se vería a Katly caminar de un lado a otro, entrar y salir de cada habitación, subir y bajar las escaleras como su buscara algo. De vez en cuando, el tiempo pasa con su teléfono.
La noche cae, pero las luces permanecen apagas, en su mayoría. La gatita recuesta su cabeza sobre la barra; un par de platos vacíos al lado. No intenta dormir, pues sus ojos permanecen abiertos y saludables. Aunque su expresión no luce tanto así.
—Quizá si salgo a caminar un poco …
La hora de dormir de los niños bien, la hora de la acción para Alvin. Su habitación es el mismo desorden de siempre, pero lo es más su escritorio. Dejando el cañón de lado, llena su mochila con diferentes herramientas con una rapidez y entusiasmo que poco deben envidiarle a la super velocidad.
La toma con fuerza para colgarla en sus hombros. Las gafas bien puestas. Una sonrisa ideal para un perfil de su respectivo Tinder, pero sin visitas.
—Muy bien, hoy es la gran noche. Misión: infiltrarse en la casa de Blue, extraer los guantes y descubrir su secreto. ¡Todo en nombre de la ciencia! ¡Descubriré qué eres en realidad, Blue Jethog!
—¡Alvin Stius! —se escuchó la furiosa voz de una señora en el piso inferior— ¡¿Qué te he dicho sobre hablar solo?! ¡Das vergüenza, mijo!
—¡Lo siento, 'amá!… No doy vergüenza… Ya, como sea. No puedo salir por la puerta, tendré que usar la ventana. Genial, buen momento para vivir en el segundo piso.
—¡Sigues hablando solo!
—¡Perdón!…
Colocando un dedo sobre sus gafas, acciona un par de comandos que deslizan los cristales de cada ventana hacia arriba. Se aproxima para ver por debajo, tragando un poco de saliva, sintiendo un escalofrío subir desde los dedos en sus pies hasta la cabeza.
—No, no, ¿qué me pasa? Peleo con robots, ¿cómo me puede asustar una altura como esta?
Con mucho cuidado, sube a la ventana, sosteniéndose de la pared. Balbucea un poco, separa un pie del nivel para comenzar a salir.
—Debo… dar el paso… antes de que… ¡alguien me vea!
Con un pequeño brinco, se deja caer, arrojando al aire un breve grito agudo. Golpeando rápido sus zapatos, activa sus patines, usando sus propulsores para caer con suavidad. Al ver que funciona, se limpia el imperceptible sudor de su frente.
—Bien, bien. Puedo hacerlo, ¡puedo hacerlo!
No sin antes cerrar sus ventanas, se hecha a patinar con prisa. Son altas horas de la noche, pasadas las 11. Aún hay muchísimos autos en circulación, pero los peatones son pocos, pues permanece dentro de las colonias, sin acercarse al centro o carreteras muy transitadas.
Aprovechando la ocasión, decide poner a prueba su velocidad máxima. No duda impulsarse cada vez más, usando sus gafas para fijar la mejor ruta y evitar obstáculos. Aunque sabe su mejor trayectoria, muestra algunos problemas para maniobrar a grandes velocidades. Algunos obstáculos como vehículos, peatones, basura o animales pequeños debe saltarlos, usando los mismos propulsores para aterrizar con una fuerza que hace temblar sus piernas. Solo un pensamiento lo hace insistir: "sin ninguna práctica, nunca seré mejor".
El camino seguirá igual, pero, en un momento, pasa cerca de un puente alto. Una carretera construida en el aire, se ven muchas en ciertos sectores de la ciudad. Quizá, si desvía un poco el camino para subir por uno de esos, comience a perder el miedo a las alturas y, de paso, garantizará que Blue esté dormido al llegar. Así lo hace.
Alvin no es el único despierto a esta hora. En uno de esos altísimos puentes, una chica descansa sobre la acera, observando la extensa jungla de brillantes edificios y calles infinitas. Vestida de negro desde los zapatos hasta su delgada chaqueta, la cual, tiene un largo gorro cubriendo su cabeza.
Ambos brazos cruzados, apoyándose sobre el barandal que separa a cualquiera de una caída mortal. Sus ojos atentos a la nada. Un largo suspiro antes de volver a la realidad.
—Fue suficiente —pensaba—, creo que estoy más tranquila.
La calma se ve interrumpida con el pitar de los automóviles, pues, no muy lejos, parece haber problemas de tráfico. Vehículos esquivando y librándose de choques por muy poco. Entonces, Katly consigue ver al responsable, quien se desvía tanto de su carril que, en un intento de esquive, da un enorme salto. El susto y los nervios no le permitieron tomar la decisión correcta, pues la trayectoria lo enviará directo al vacío. Al darse cuenta, su miedo le impide reincorporarse y pierde toda estabilidad por el errático movimiento de sus pies.
Los ojos de Katly parecen volverse más grandes cuando reconoce al chaparro. Sin pensarlo comienza a correr en su dirección, pero es muy tarde para intentar atraparlo, así que salta de la carretera en su búsqueda.
—¡Esto fue una pésima idea! ¡Ahh! ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡No hay ayuda! ¡Debo volar! ¡Volar! ¡No sé volar! ¡No puedo volar! ¡Ah! ¡Moriré sin conocer el amor! ¿Ah?
Por un instante, abre sus ojos y ve el momento exacto en que Katly lo atrapa, abrazándolo con fuerza mientras el choque de inercias los hace girar como un objeto errante.
—¡Ahh! ¡K…Katly!
—¡Sujétate fuerte, por favor!
—¡S…Sí!
Extiende una sola mano, dispara su pulso de energía en una búsqueda por frenar su caía y los giros.
—Quizá… no muera sin conocer el amor.
—¿Ah? ¡¿Dijiste algo?!
—¡Vamos a morir!
—Cielos…
Cerca del suelo, una última y larga descarga de energía en la forma de ondas púrpura casi invisibles consigue frenarlos lo suficiente para no romperse algo al caer. El impacto llama la atención de algunos espectadores.
—Je, más suicidas.
—Es triste ver a tantos jóvenes irse de esta manera.
—Bajemos nuestros sombreros en señal de…
Pero ambos comienzan a toser, bajando los ánimos lo suficiente para olvidar todo y marcharse. Katly sufrió el impacto por Alvin, cargando con todo su peso. Exhausta y, viendo que su amigo está bien, deja caer su cabeza.
—Lo hicimos.
—Eh… ¿Estás… bien?
—Eso creo… Ay… Alvin…
—S… ¿Sí, Katly?
—Te ruego que te bajes, de verdad.
—¡Oh! ¡Claro!
Sin muchos problemas, ambos se levantan.
—G… Gracias por salvarme.
—Alvin, ¿qué estabas haciendo?
—Pues… Yo… ¡Ah! Probaba mis patines. Pensaba que, si no practicaba, no podría mejorar a tiempo para un futuro ataque, y…
Tras limpiarse un poco, vuelve a ponerse el gorro de su chaqueta, luego, guarda de nuevo sus manos en un par de bolsillos de la misma. Alvin olvida todo, viendo esto.
—¿Y…? —habló con sincera curiosidad, visible en sus ojos, haciendo más tardado el proceso por regresar a la realidad en el armadillo.
—¡Oh! Y… bueno, creí que, si tomaba una carretera alta, perdería el miedo a las alturas.
—Y —observaba el temblar de sus piernas—… ¿funcionó?
—¡Sí! Bueno… es un comienzo, je, je.
—Pero… ¿por qué ahora?
—Porque no sabemos cuándo será el prox…
—No, no. Quiero decir, ¿por qué a estas horas?
—Ehh… ¡Oye! Te puedo preguntar lo mismo, ¿qué haces aquí, Kat?
—Yo… Solo salí a despejar un poco mi mente.
—Oh, ¿algo te molesta?
—Sí… muchas cosas, realmente. ¡No esquives mi pregunta!
—Eh, ahh… ¡Solo decidí que era ahora o nunca! Ya sabes…
—Mientes.
—Ehh…
—Alvin, puedes decirme la verdad. Somos amigos, ¿no?
Su forma de hablar, la expresión en su rostro, esa sonrisa, incluso su mirada. Lo último que Alvin piensa es en lo poco parecido que esto es a un Ser de las Sombras popular. Pero es la palabra "amigos" lo que ilumina sus propios ojos, pintando una mueca en busca de ocultar una sonrisa. Sin embargo, la emoción se apacigua tras recordar su verdadero objetivo esta noche.
—Yo… ¿prometes guardar el secreto?
—¡Claro!
—Y… ¿no enojarte?
—Eh, de acuerdo…
—Yo… pues… me dirigía —se encogió de hombros y cerró los ojos con fuerza, bajando la mirada— ¡a la casa de Blue! —terminó, para abrir un poco el párpado en busca de la reacción.
Katly se ruboriza un poco, alza la mirada, gira su rostro un par de veces, como si el sentido de todo en la vida se fuera a manifestar de alguna forma. Tras sobre pensarlo un poco…
—P… ¡¿Por qué?!
—Sus… guantes…
—Sus… Ah, ahh, claro, sus… ¡¿Sus guantes?! ¡Alvin! ¡¿Qué planeas hacer?!
—¿No es obvio? —se giró, activando sus patines de nuevo— Pienso sacárselos a la fuerza.
Para evitar más explicaciones, reanuda el camino. La gatita solo puede extender su mano con intensión de frenarlo. Lo ve irse.
—¡Qué incómodo! —pensaba, viendo la nueva ruta más corta— No dejará de preguntarme todos los días. ¿Habrá sido mala idea decírselo? ¿Me delatará con Blue, con el resto? Esto es malo, muy malo.
Pensando esas cosas y más, Alvin se abre paso con mucho cuidado hasta acercarse al edificio del chico.
Es una colonia tranquila, o, al menos eso parece. El edificio departamental, con tan solo seis pisos, luce como es, barato. La pintura comienza a mostrar grietas, y algunas ventanas permanecen sucias, lo que evidencia el ahorro en maquinaria o sistemas de limpieza. Es fácil imaginar la ausencia de otros servicios, entre ellos, algún sistema de seguridad complejo que evite entrar por las ventanas. Así lo piensa Alvin, pues, tras un breve escaneo, localiza una prominente fuente de energía en el cuarto piso, cuya única ventana accesible se ubica en un callejón entre este y otro edificio similar.
Si dos pisos eran mucho para Al, cuatro parecen un infierno.
—B…Bien. Es tu momento de brillar, amiguito.
Tras realizar unos cuantos comandos en sus gafas, un bolsillo de la mochila se abre, liberando una pequeña libélula robótica. Pintada de verde, aunque no con mucha habilidad, la criatura muestra tener algo de personalidad, pero obedece sin objetar.
—Bien, parece que funcionas a la perfección. Sube hasta esa ventana —señaló— y examina la estructura. Necesito saber si tienen alarmas de algún tipo y qué tan difícil será entrar.
Su forma de volar es veloz, precisa; llega a su objetivo en dos parpadeos. De sus diminutos ojos, una luz azul se forma, vista como una red por los costados, como una larga línea vertical de frente. Analiza la ventana de lado a lado.
—¡Qué suerte! Es un cristal común y corriente. Marco de madera, paredes de concreto. Vaya… Bien, solo debo subir y entrar… ¿Ah?
En sus gafas, aparecen dos fuentes de energía que no tardan en tomar la forma de los guantes, ambos en su respectiva mano.
—¡¿Duerme con esas cosas puestas?! Qkidna no exageraba… ¡Me muero por saber qué son en realidad!
Activa sus patines para ascender con suavidad, pues su potencia no alcanza para más. En el lento trayecto, sigue analizando detalles en sus gafas, como el tamaño de la habitación, posición de los muebles, otros accesos que se reducen solo a una puerta, entre otras cosas que no consigue ver, pues algo golpea con fuerza su cabeza, dejando caer tierra, pedazos de cerámica —según las gafas— y una planta. Esto lo hace perder todo balance y cae de vuelta, impulsado por sus propios patines.
—Auh… ¡¿Qué?! ¿Es una broma? ¿Una maseta?
Acariciando su cabeza con ambas manos, se pone de pie, buscando al responsable sin conseguir nada.
Una vez más, golpea con suavidad sus pies para ascender con lentitud.
—Blue duerme bajo su ventana, ¿cómo conseguiré entrar sin despertarlo?… ¡Woah!
De improvisto, algo jala su pierna sin que él consiga ver al responsable, hasta que la figura de Katly se hace visible.
—¡¿Kat?! ¡¿Qué haces?! —intentó bajar su voz.
—¡¿Estás loco?! —de igual manera— ¡Alvin! ¡Esto está mal!
—¡Claro que no! ¡¿No quieres averiguar qué esconde?!
—¡Creo que hasta es ilegal, Al! ¡Por favor!
Los patines no soportan el peso de ambos, bajando sin más remedio.
—Kat, ¡Katly! ¡Suéltame, por favor!
Entonces, Katly se vuelve intangible, regresando al suelo.
—Grac… ¡Ah!
Tras la caída de otra maseta, el armadillo arremete contra el sucio suelo de nuevo.
—¿Por qué alguien…? No importa. Alvin, debes parar. Creo que esto es un poco enfermizo, incluso.
—No me importa —se levantaba de nuevo, sobando su cráneo, una mueca de dolor—. ¿No te mueres por saber lo que te ha estado ocultando por un año entero? Lo conocí hace poco, y me muero de curiosidad, ¿por qué tú no lo estás?
—Claro que me siento así, pero confío en que nos dirá todas esas cosas en su momento.
—¿"Todas esas cosas"? ¡¿Significa que hay más que solo sus guantes?!
—No… ¡Sí! ¡No sé! No nos corresponde averiguarlo.
—No, pero lo haré de cualquier forma. ¿Viniste a detenerme?
—¡Sí! Usaré mi hipnosis de ser necesario.
—Ugh… Espera, vamos a hablarlo, no pensé muy bien lo que dije.
—¿Ah?
—A ver —comenzó a caminar de un lado a otro—, protege sus guantes con tanto celo, que despierta de un posible coma solo para evitar que los retiremos de sus manos.
—Por favor, Al…
—No, no, escucha. La manera extraña en que la energía dorada pasa por sus guantes, quiero decir, ¡específicamente! por sus guantes, cambiando su brillo de amarillo a celeste, como si… la transformara en su propia energía, para luego sanar heridas que requieren al menos 50 anillos, ¡con solo cinco de ellos!
—Sí… Pude sentirlo.
—¿Pudiste sentirlo? ¡Entonces entiendes de lo que hablo! ¿Qué son esos guantes? Quizá un potenciador de energía, o una fuente alternativa. ¿Por qué los tiene? ¿De dónde los consiguió? ¿Sabes que eso no se vende al público? Además, ¿qué otras habilidades, no propias de un Ser Común con un poder fijo, posee?
—Ehh…
—¡Te interesa! ¿A que sí?
—Nunca creí que te escucharía hablar tanto y tan rápido…
—Tú y Qkidna son las personas más cercanas en su vida ahora, ¿no? Piénsalo, ¿qué secretos tan grandes puede esconder para no contarlos a sus mejores amigos?
—Estás… exagerando.
—¡Claro que no! Conocer el poder oculto de sus guantes me ayudará en mis propios trabajos, ¡sus secretos podrían ser vitales en nuestras próximas batallas! ¡Esconde secretos de gran importancia a su equipo! ¡¿No temes lo que podría pasar de seguir ignorándolo?! ¡Debemos subir y desentrañar cada misterio que…! ¡Ah!
Un objeto más cae sobre el chico, un grueso portafolio. Katly lo vio desde el inicio, solo dejó que pasara. Alvin fue derribado por completo solo con el peso del maletín.
—¿Por qué…?
—Escucha, Alvin. Yo… no lo niego, Blue es una de las cosas que me hace pensar todo el día.
—Ya veo…
—Pero… ¿Sacar a la luz todos sus secretos a la fuerza? Traicionaremos su confianza, ¿solo por curiosidad?
—¿"Curiosidad"? No, Katly, ¡sabemos que hay algo! Es necesidad.
—Yo… Ah…
Una vez más, se puede apreciar como acaricia su brazo. Antes de poder ofrecer una respuesta, se escucha un grito que hace temblar los cristales.
—¡Estás loca, mujer! ¡Era mi mejor portafolio!
—¡Arrojaste mis mejores macetas, demente!
—¿Qué está pasando?
—Suena como una discusión de pareja.
Las luces de ambos edificios comienzan a encenderse, concentradas en los pisos, del segundo al sexto.
—Oh, cielos. Oh, cielos, ¡¿qué hacemos?!
—¿Salir de aquí?
—¡No me iré sin esos guantes!
La luz en la habitación de Blue se enciende también.
—¡Ahh!
—¡Calla!
Tapa la boca del armadillo con su mano y lo lleva hasta un contenedor de basura cercano, sosteniéndolo de la cintura para sentarlo a su lado mientras todo sucede. El amarillo se ruboriza por todo esto.
—¡Estoy harto de tener tus cosas estorbando en todo el apartamento! ¡Apenas puedo respirar o dar un paso sin tropezarme! ¡Pero nunca me escuchas!
—¡Tú no paras de despreciar todas mis cosas! ¡Incluso la forma en que visto! ¡¿Crees que no sé lo que haces! Quieres tener siempre el control, ¡cada que hago algo sin consultarte…!
—¡Oigan! ¡Es la una ya! ¡Intentamos dormir!
—¡Sí, muchos trabajamos temprano!
—¡Ja, ja! —sonó la voz de Blue— Muy bien, gente, ¿a quién le toca esta noche?
—¡No finjas demencia, Jethog! ¡Sabes que es tu turno!
—¡Ah! ¡No es verdad! ¿Quién fue la semana pasada?
—¡Yo! —una voz en la ventana de al lado.
—Ay, no es cierto…
La pareja sigue discutiendo con fuerza mientras esto ocurre.
—Katly —susurraba el armadillo, sazonando su voz con toneladas de miedo—, Blue podrá sentir nuestra presencia. Estamos fritos.
—No, no lo hará.
Al cerrar sus ojos, Katly busca concentrarse solo en su energía y la de Alvin, quien se muestra desesperado y confundido. Entonces, el mismo armadillo puede sentir su propia energía disminuir.
—Q… ¡¿Qué hiciste?!
—Silencio. Nuestra energía sigue igual, solo la comprimí para hacerla imperceptible. Ni siquiera Blue debería poder notarnos ahora. Tuvimos suerte, con tantas personas despiertas y alteradas, debe ser difícil reconocer las nuestras.
—Ya, veo… ¡es perfec…!
—¡Calla! Solo oculto nuestra energía, puede vernos y oírnos aún.
Con la mano de Kat de nuevo en su boca, Alvin solo alza un pulgar.
—¡Veamos qué te parece perder esto!
Alzando por completo la mirada, se puede ver un pequeño computador asomarse en esa ventana, sujeto solo por un dos delgadas manos. Alvin comienza a balbucear con abundante estrés hasta que la gatita retira su mano.
—¡Es un hermoso computador! ¡Esa mujer debe estar loca!
—Por favor…
—¡Te volviste loca, mujer! ¡Regresa aquí con eso!
—¡Ahh! ¡Oigan! ¡Oigan! —Blue interviene por fin— ¡Acá abajo, vecinos! ¡¿Se puede saber por qué pelean?!
—¡Ella intenta arrojar mi computador por la ventana!
—Te juro por todo lo no he perdido que eso sospeché. Pero, ¡¿por qué?!
—¡Él no deja de arrojar mis macetas! Primero su portafolio, ¡ahora su computador!
—¡Detente, mujer!
—¡Espere, espere! ¿Podemos ir a la raíz del problema? ¿Por qué arrojó sus macetas?
—Presiento que esto irá por partes.
—¿En serio? ¿Qué te hace pensar eso?
No bastaron cinco minutos, tampoco diez, o 20. Se necesitaron dos horas completas para que la feliz pareja llegara al inicio de todo el conflicto.
Katly y Alvin debieron aguantar, pero los vecinos también, pues los gritos e interrupciones traducidas en más peleas y gritos hacen imposible dormir. Blue ya suena exhausto también.
—Pero, ¿por qué envió su vestido hasta la región Dezamei?
—Porque… ¿por qué lo hice?
—¡Eres un inútil! Lo hiciste porque… porque… ¿Por qué lo hiciste?
—Peleábamos por algo…
—¿Por qué peleábamos?
—Es cierto, ¿por qué peleamos? ¡Te amo!
—¡Yo aún más! Toma tu computador.
—¿Quién lo necesita? ¡Te tengo a ti!
Con lo poco que sus ojos logran distinguir a través de sus ojeras y marcas rojas, Blue ve caer el aparato y morir en un doloroso crujido. Alza la mirada de nuevo, pues sonidos húmedos y apasionados incomodan al público.
—¡Oigan! ¡Lo besos en privado! Puede haber niños leyendo esto.
Las cortinas se cierran, luces se apagan. Con esto, todos en el vecindario sueltan un largo suspiro para luego volver a sus camas. Una por una, las luces se apagan, incluyendo la del chico.
—Terminó al fin. Qué extraña pareja, aunque nadie parecía sorprendido. Je, je, ¿puedes creer que tengan un sistema para decidir al mediador en cada dis…? ¿Alvin?
El rostro y su mirada clavados en el suelo, solo se escucha un ligero sollozo. Sus puños apretados con fuerza al lado de cada oreja.
—¿Estás bien?
—Lo juro…
—¿Ah?
—¡Juro que te vengaré! —extendió su mano hacia los restos del computador— Una hermosa pieza tecnológica, desperdiciada de esta forma, ¡no lo puedo soportar!
Sus lágrimas solo consiguen sacar de quicio a Katly, quien pronto se pone de pie.
—¿Kat…?
—Me voy.
—Eh, ¡eh! No puedes irte, ¡la ventana está abierta! ¿Viste lo cansado que estaba? Ya debe estar dormido de nuevo. Y contigo ocultando nuestra presencia, ¡será fácil!
—No estoy segura de querer hacerlo, Alvin.
—¡Pero lo estás considerando!
—No funcionará.
—¿Ah?
—Llevo más de dos horas usando esta habilidad. Ahora mismo solo pienso en dormir hasta medio día. ¿Qué pasa si fallo? ¿Y si Blue nos descubre?
—Ja, ja. ¡Claro que no fallarás! Solo…
—¡Podría fallar, Alvin! Porque yo… soy débil…
—¿Ah?
Se vuelve hacia el chico, regresando al lugar donde esperaban sentados.
—¿No me viste en los últimos combates? Blue tenía razón, solo sirvo para volverlos intangibles de vez en cuando. Por más que lo pensé, no encontré la manera de hacerle daño al robot —juntó sus rodillas, cruzando los brazos sobre ellas—. Incluso en mi batalla contra esa chica, ni siquiera tuve la oportunidad de tocarla. De no ser por mis habilidades para detectar energía, hubiera acabado conmigo en un instante. Ni siquiera podía respirar por sus ataques…
—Ya veo…
Como si de un contagio se tratara, los ánimos de Alvin también caen. Se sienta al lado. Permanecen en silencio un par de minutos. Katly no cambia de posición ni un momento, solo recarga su cabeza en la pared, intentando buscar el cielo con su mirada. El armadillo, por su lado, permanece con las piernas extendidas, sosteniendo su propia muñeca mientras piensa, cabizbajo.
—Creo que estamos igual.
—¿De qué hablas?
—Bueno, Blue es muy rápido y, hace cosas raras; Qkidna es muy fuerte, Marshall crea fuego de la nada, incluso Kira parece poder ayudar un poco.
—Espera, espera, ¿de verdad crees que Kira ayuda?
—¡Lo sé! ¿Cierto? Me cuesta creer que esas corrientes de aire de verdad potencien algún ataque. Creo que lo hace para fingir que ayuda.
—¡Yo pensaba lo mismo! ¡Ja, ja, ja!
—¡Ja, ja! Ahora creo que no estamos tan mal.
—¿De qué hablas, Al? Tú fuiste quien más daño hizo al robot.
—Sí, pero… en verdad, soy muy malo para usar estas cosas. El cañón, los patines. Cada ataque dio en el blanco solo porque el objetivo era muy grande y los chicos se encargaban de tenerlo ocupado en el mismo lugar —habló con énfasis en el último punto—. Por mi cuenta, no sirvo.
—Entiendo… Espera, ¿sabes qué pienso?
—¿Qué?
—Ninguno de los chicos sirve sin el resto.
—¿En serio lo crees?
—¡Claro! Solo piensa en el último combate. Blue y Marshall no podían hacer nada para dañar al robot. Incluso Qkidna hubiera caído antes de conseguir algo. En otras peleas, Blue pudo perder de no ser porque nos tenía a nosotros apoyándolo, con disparos, energía extra o, tan solo, volviéndolo intangible cuando lo necesitaba.
—Eh, ¿tú punto es?
Mostrando una pequeña sonrisa, se levanta.
—Todos necesitamos de los demás para ser más fuertes. Compensamos las debilidades de otros, mientras ellos compensan las nuestras. Lo que no podemos hacer solos, lo haremos juntos.
—Katly…
—Sí, soy la más débil, pero puedo hacerme más fuerte al lado de Blue, Qkidna, ¡contigo también, Alvin!
—Lo —muestra un poco de rubor, de nuevo—, ¿lo dices en serio?
—¡Claro que sí! Y es lo mismo contigo, Alvin. Es el comienzo. Podemos ser más fuertes.
—Es cierto, ¡es cierto! —fijó su mirada en los patines— Soy malo ahora, ¡pero puedo mejorar!
—¡Así es!
—¡Solo debemos seguir luchando! —se levantó de golpe.
—¡Correcto!
—Por eso, ¡me ayudarás a conseguir los guantes!
—¡¿Es en serio?!
—Je, je… ¿Por favor?
Tras soltar un leve suspiro, da un vistazo más a la ventana. Sus ojos brillan, una suave mordida a su labio inferior revela duda, tentación.
—Tener activa esta habilidad también suprime el resto de mis poderes. Significa que apenas podré sentir su energía, no sé si podré detectar si despertará o no. ¿Seguro que quieres seguir?
—Ya llegué hasta aquí.
La falta de dudas en Alvin motiva un poco a Kat, quien extiende su mano, invitando a estrechar y cerrar un acuerdo imaginario. El niño no lo entiende al inicio, pero corresponde la oferta. Sin otra cosa para discutir, baja su mochila para buscar algo.
Una cuerda, hecha con algún material similar a la goma. En los extremos, un par de ganchos. Tras girarla un poco para ganar impulso, la arroja hacia la ventana. Los ganchos responden, iluminando el resto de la cuerda con un tono gris, parecido a energía. En las gafas, se aprecia que el objeto es controlado por el mismo Alvin, quien hizo clavar el filo por debajo de la ventana, como si el concreto fuera solo una pared de espuma.
—¿Vienes?
Tras tantear un poco si está bien sujeta, comienza a escalar. Tan solo consigue avanzar un metro para cuando comienza a sudar y jadear, aunque intenta disimularlo al recordar que Katly lo observa, esperando su turno para subir.
—Alvin… ¿y si subes con tus patines y luego usas la cuerda para subirme?
Los labios del chico parecen dibujados por un bromista cuando reacciona. Dando un suave golpe a sus pies, activa los propulsores. Solo debe estabilizarse un poco antes de soltarse para subir con calma.
Al verlo cerca, Katly sujeta la cuerda, esperando ser elevada. Por fin, Alvin consigue su primer objetivo; su pequeña libélula lo esperaba, oculta sobre el marco en la ventana. Como se le avisó antes, Blue duerme bajo la luz de la noche, escucha sus agudos ronquidos antes que sus ojos lo encuentren. Casi lo olvida, su compañera espera.
Comienza a jalar la cuerda, pero silenciosos quejidos y la forma de apretar sus dientes delatan mucho esfuerzo. Tras un minuto entero, Katly consigue subir. Ambos se sujetan del marco superior para no caer.
Con su cabeza mirando la habitación, una mano en el pecho y otra perdida en el colchón, Blue tiene un sueño profundo. La delgada sábana solo cubre sus pies y las piernas muy por debajo de las rodillas. Viste una pantalonera con un par de parches en una rodilla y un muslo. Descalzo, y con una playera blanca de mangas cortas. Por supuesto, los guantes permanecen donde siempre.
Con cuidado de no perder el equilibrio, Alvin se acerca el oído de Katly,
—Necesito que entres a la habitación.
—¡¿Ah?! ¿Por qué yo?
—Shh. No puedo entrar sin hacer ruido. Necesito que consigas aquel guante, yo puedo extraer el que está sobre su pecho.
—E…Está bien.
Lo piensa un poco. Decide quitar sus zapatos, dejándolos caer. Junta un poco sus piernas para doblarlas y conseguir un poco de impulso, luego, da un salto, aterrizando con la punta de sus pies y doblando su cuerpo para amortiguar su caída todo lo posible. El impacto fue suave, si Alvin lo escuchó fue solo por la atención excesiva y sus nervios. Katly levanta el pulgar.
Ambos tragan un poco de saliva, pues lo único por hacer es robar esos guantes. Dando pisadas suaves, la gatita se acerca con sigilo mientras el armadillo aproxima su mano al objetivo, con mucha lentitud. Katly observa eso con rareza, hace algunas señas inentendibles que Alvin entiende por motivos de argumento.
—"¡¿Por qué no tienes alguna herramienta para esto?!"
—"¡No pensé bien las cosas! Solo… ¡adelante!"
—"Como sea."
Con cada paso, su corazón se acelera. Lo mismo podría decirse de Alvin por cada centímetro que su mano se aproxima.
—¿Qué es esto? —pensaba— Me siento terrible, como si se me fuera a abrir el pecho. ¿Es mi conciencia? Mis… ¡Mis manos tiemblan! Hace… un poco de frío.
Llega a la cama. Lo primero que ve es el rostro de su amigo. Con la boca un poco abierta, respirando profundo, causando silbidos o leves ronquidos en ocasiones. Pero, acompañando su expresión de comodidad y paz, adornan pequeñas heridas y quemaduras, en especial sobre las púas y los brazos.
Katly junta sus manos sobre el pecho, mordiendo su labio.
—Pst, ¡Kat! —susurró con fuerza para hacer señas de nuevo, insistiendo en robar el guante. Katly solo responde con más señas agresivas, terminando por callarlo.
Para adoptar una posición cómoda, da un paso más y su pie golpea algo, causando un sonido pequeño, pero tan repentino, que provoca una pérdida de equilibrio en Alvin, quien estuvo por caer, y que la sangre terminara por helarse en Katly, aunque, quizá no solo haya sido por el miedo.
—"¡Ten más cuidado!"
Kat solo hace un gesto de enojo, pero lo olvida rápido, pues se agacha con cuidado para ver el objeto que tocó. Alvin no consigue comprender cuál es la importancia de revisar aquello. Sin embargo, la quietud al dormir de Blue parece terminar, pues su rostro refleja alguna ligera molestia y su respiración se volvió un poco pesada. Aprieta el puño en su pecho.
—¡Kat! —susurró con fuerza— ¡Creo podría despertar pronto! ¡¿Qué haces?!
Se levanta con una quietud inusual. En sus manos, carga un largo y delgado estuche. Negro, metálico, parecido al de algún instrumento, solo que rectangular. Protegido por una pequeña cerradura. Midiendo casi el metro, Katly debe usar ambas manos para alzarlo en silencio hasta que Alvin consigue verlo.
Con frustración y rareza en su exagerada expresión, el armadillo intenta preguntar "¿Qué rayos haces? Concéntrate" a su cómplice, pero este semblante cambia al notar el de la chica.
No solo parece demasiado curiosa, sus manos muestran intenciones de abrirlo, como si la cerradura no existiera. Alvin hace un breve ruido juntando dientes y lengua para recuperar su atención, preguntando de nuevo con una expresión menos emocional. Kat solo alza sus hombros al no encontrar respuesta.
De improvisto, Blue comienza a quejarse un poco. El corazón de Alvin intenta escapar cuando, acompañado a eso, los guantes emiten un parpadeo. Como si fuera poco, Katly libera un suspiro lleno de sorpresa. Sus ojos se abren hasta no poder más y, en ese instante, deja caer el objeto sin querer.
—¡¿Ah?! —sonó la voz del chico, aun dormido, mas no por mucho.
La única reacción de Kat es tomar impulso para saltar contra un alarmado Alvin, a quien toma con ambos brazos para caer juntos por la ventana. Tras el inevitable sonido de su caída, Blue despierta.
—¡¿Qué?! ¡No!
Alarmado, soltando sudor por la frente, deja que sus ojos busquen alrededor. No tarda en comprender que nada sucede.
—Maldita sea —expresó en silencio para agachar un poco su cabeza y recuperar el aliento. Por el rabillo del ojo, consigue ver su estuche.
—¿Qué haces ahí? Je, je, debí llamarte mientras dormía.
Baja de la cama solo para patear el objeto de vuelta a su lugar.
—No recuerdo nada, pero creo que era un buen sueño que… se volvió aterrador en el último momento.
Regresa de un salto a la cama, aterrizando en la posición perfecta para pensar mientras ve el techo, recostando su cabeza sobre ambas manos.
—Está bien, ¿cierto? Aunque me aterra, no puedo desecharla, entonces, ¿está bien si solo la guardo ahí? ¿Tendré que usarla eventualmente? Si eso pasa, debo aprender a controlar mi poder a tiempo —estos pensamientos lo llevaron a observar una de las esferas en sus guantes, mostrando el brillo de siempre.
Al ver por la ventana, solo consigue ver muros y ventanas. Inconforme, se levanta de nuevo para asomar por ahí la mitad de su cuerpo, buscando ver el cielo. Negro por completo, la luz en la ciudad opaca todo brillo que hasta la estrella más deslumbrante pueda ofrecer. Lo único en lo que el chico piensa es en ese negro cubriendo todo lo que pueda ver sobre él.
—Negro… ¿Qué simboliza el negro? ¿Maldad? ¿No hay más que pueda ver?… ¿Ah? Pero ¿en qué estoy pensando? —se dio un par de palmadas en el rostro para luego girarse y regresar al interior— Quizá, cuando capturemos a Genevil, mi mente esté más tranquila. ¿Qué más da lo que todo signifique? Mientras pueda hacer bien…
Aunque intente olvidar muchas cosas para descansar con paz, un último vistazo a sus guantes regresa la duda. Silencio, sus labios muestran un pequeño hueco por sí solos. Una mano acaricia la brillante esfera para luego sujetar la prenda. Intentará removerla, pero bastó poco más de un milímetro para el arrepentimiento. Menea un poco su cabeza, como si pudiera sacudir el exceso de ideas e intenta volver a dormir, dejándose caer boca abajo sobre la almohada.
Fuera del alcance de su distraído radar, Katly y Alvin en el suelo, recargando sus espaldas contra una pared y una en la otra. Cansados, adoloridos, terminando de recuperar el aliento tras la fugaz huida.
—Katly —hablaba con poco aire—, ¿cómo es que soportas tanto dolor? Caí sobre mi coraza y no creo poder levantarme.
—Te juro que… no lo sé. No debería poder soportar tanto en tan poco tiempo. Alvin…
—¿Sí?
—Acordemos no hacer de nuevo algo como esto, ¿quieres?
—Mmm…
—¡Alvin!
—¡Está bien, está bien! Por mi espalda, no volvamos a hacer eso. Solo, una cosa. ¿Qué viste en ese portafolio?
—¿Ah?
—¡El enorme estuche que te asustó! ¿Qué viste en él? ¿Por qué te interesó tanto?
—Yo… no lo sé, al principio solo me pareció extraño, pero, de la nada, sentí una energía que… no sé describir, nunca había sentido algo así.
—¿Qué? ¡Debemos averiguar lo que esconde ahí!
—No, por favor, no más.
—¡Claro que sí! Debemos inten… ¡agh!
—¡Je, je! Ni siquiera puedes ponerte de pie ahora, Al.
—Tienes razón, quedémonos aquí un ratito más… Auh…
—Sí, también estoy adolorida. ¿Sabes? Estoy segura que no tendremos que descubrirlo nosotros.
—¿Qué dices?
—Si Blue quisiera, podría tirar esas cosas o solo irse, ¿no es así? Al menos para mí, eso significa que nos dirá todos esos secretos algún día, estoy segura.
—Katly…
Puede girar su cabeza solo un poco, pues su cuello parece torcido, pero, aun con esta limitación, consigue ver un poco de la paz que contagia el rostro de la gatita, mirando hacia arriba, sin enfocar nada en especial sino sus propios pensamientos.
—Ya… veo… Katly, no volvamos a hacer algo como esto.
—¿Me lo dices tú a mí? ¡Ja, ja!
—¡Está bien, está bien! No lo volveré a hacer.
—Pero, ¿sabes? Fue divertido.
—Sí, lo fue.
—Deberíamos salir así más seguido.
—Lo… ¡¿Lo dices en serio?!
—¡Claro! A veces me siento… extraña, y salgo a caminar por las noches. Cuando necesite distraer mi mente de nuevo, te llamaré.
—C… ¡Claro! ¡Ahí estaré!
—Ja, ja. Bien.
El resto de la noche pasará con calma para ambos, pues sus mentes se relajan un poco al fin. Con tantos misterios y dudas a su alrededor, es normal sentirse agobiado, pero, a veces, lo único que necesitas es a tus amigos.
Los Nuevos Poderes #13
Dúo Eternidad: Seres Lumínicos
Este grupo está compuesto solo por dos tipos. Como ya saben, se conocen 13 tipos de Seres Especiales registrados en Mobius. Los Seres Lumínicos son considerados como héroes y símbolos de paz y justicia, sin embargo, como en todos los demás casos, es un estereotipo. Su energía vital es luz pura, y sus ataques se basan en el uso de la luz que cubre al universo. Son, sin duda, seres de gran poder y su naturaleza los convierte en seres que buscan la paz. Aunque cada tipo tiene su naturaleza, muchos logran superarla.
Realmente se tiene muy poca información sobre estos seres, pues existen en menor porcentaje comparado con los demás grupos.
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"Todos contra Genevil"
