Los brazos cruzados, pero ojos llenos de asombro, así observa Rebeca a su compañera saltar una y otra vez sobre la camilla en la enfermería. Una habitación blanca, sin muebles que no sean para sostener algunas máquinas y pantallas, tampoco ventanas. La coneja incluso da un par de piruetas con alegría.
—No es posible…
—¡Claro que sí! ¡Me siento como nueva! ¡Apenas puedo creer que un robot gigante me explotó en la cara!
Llevando puesto solo un pantalón corto y una blusa de tirantes, se observan en brazos, manos, piernas y pies solo ligeros raspones entre el pelaje. Probablemente nada deje cicatrices, ni siquiera en el rostro. Por otro lado, Rebeca, quien viste de manera similar, cubre las heridas de todo el cuerpo con parches, algunos más largos que otros.
—Entonces —se deja caer de un sentón en la cama—, ¿qué era lo que ibas a decirme?
—Yo… Hmm…
Voltea la vista, buscando las palabras. Mueve sus dedos arriba y abajo sobre sus brazos mientras hace como que piensa, pues parece más una búsqueda de coraje o, quizá, por derrotar al orgullo.
—Solo… Me alegro que estés bien.
—Ah, eso… ¡Sí! También me alegro que ambas sobreviviéramos. Aunque…
—¿Qué ocurre?
—De no ser por mí, hubiéramos conseguido el anillo.
—Ah, eso. Ashley, las dos somos culpables. Nuestra pelea llevó a nuestra derrota. En mi caso, el estar tan distraída me impidió acabar con nuestros oponentes. El señor tenía todas las de ganar esta vez, y lo arruiné.
Al bajar la mirada, observa la palma de su mano, cerrándola con fuerza. Por otro lado…
—Entonces… ¡somos las mismas perdedoras! ¡Ja, ja!
—¡¿Ah?!
—El señor seguro nos castigará muy feo a ambas, pero, al menos estaremos juntas en eso, ¿eso no es bueno?
Una vez más, asombro se refleja en Rebeca, quien consigue hacer a un lado aquellos sentimientos encontrados hacia sí misma para, por primera vez en mucho tiempo, sonreír con sinceridad.
—Sí, así es.
—Y, ¿qué es esa tarea especial que el señor te encargó?
—Ah, cierto, se trata de…
Todos contra Genevil
Bueno, casi todos
En una tarde cuyo cielo no tardará en volverse naranja, una gigantesca pista de patinaje mantiene sus rampas despejadas, pues todos observan con emoción y, por supuesto, algunas apuestas a dos mobianos singulares competir. Usando dos patinetas prestadas, Blue y Marshall se abren paso con giros y enormes saltos que buscan destacar sobre el otro. De vez en cuando usando sus habilidades para más espectáculo. Marshall con el fuego, Blue controlando su inercia un poco, notándose un leve brillo azul al hacerlo.
No muy lejos, el resto de chicos observa desde su mesa favorita, disfrutando algunos aperitivos y bebidas.
—Presumidos —Qkidna, para luego beber de una vajilla.
—¿De verdad deben competir para todo? —Azuri.
—Su rivalidad va más allá de ver quién puede golpear más fuerte al otro —explicaba Kira—. Se conocieron como repartidores de pizzerías en competencia, después de todo.
—Oye, enano, ¿qué estás haciendo?
Mientras los demás hablaban, las gafas de Alvin reflejan números, letras e imágenes que solo él puede ver y entender con claridad.
—No me distraigas, Qkidna. Intento medir sus niveles de energía. Es asombroso —conseguía una lectura cada que los rivales se dejaban ver en un salto—, parecen estar perfectamente nivelados, en equilibrio, uno no es más poderoso que el otro. Pero…
—¡Ja, ja! Tus anteojos deben estar mal, Stius. Obviamente Blue es más poderoso.
—¿Un Ser Común superior a un Ser Especial? —Kira, escéptico.
—No me digas que crees esas cosas. Blue ha derrotado a Marshall en muchos combates. Además, consiguió dar el golpe de gracia al último robot.
—Ese fue Blue con la energía de Marshall sobre él, impulsado con mis ráfagas de viento.
—Pff…
Alvin apenas consigue tapar sus labios para contener una risa, acompañado en complicidad por Katly.
—Lo que digas, yo solo veo las evidencias.
—No lo sé, Qkidna, mientras más lecturas hago, más extraña es la energía de Blue. Marshall permanece estable en su nivel, variando solo un poco entre movimientos, pero Blue… sube y baja con mucha diferencia, me parece… es como si buscara estar a la par con Marshall. ¡Auh!
—De nada sirven tantos números, Al —le golpeó detrás de la cabeza—. Los resultados son lo único que importa.
—¡Lo mismo digo! —Azuri, quien ya había pasado cinco minutos sin adular a Qkidna.
—Yo solo digo que…
Un enorme y largo grito del público les interrumpe, parece que la competencia ha terminado. En medio de un gran grupo de mobianos jóvenes, Blue y Marshall soban un poco sus respectivas cabezas tras una fuerte caía, levantándose en el proceso.
—¡Ja! Come polvo, Jethog.
—¿Se te fundió el cerebro? ¡Te vencí!
—Pruébalo, ingenuo.
—Conseguí más altura, más giros, mejor aterrizaje, mayor velocidad…
—¡Pero caíste antes! Eso te descalifica de inmediato.
—¡¿Qué?!
—Parece que discutirán otro rato —Katly, sonriendo en pena.
—¿Dices que los resultados son lo único que importa? No concuerdo. Es el entrenamiento, sus habilidades y el control que tengan sobre las mismas lo que puede definir distintos finales. Si pudieras colocar a los mimos individuos en dos escenarios similares al mismo tiempo, verías combates distintos.
—¿Qué?
—Quiero decir que, a pesar de todo, los resultados pueden variar dependiendo del terreno y la mentalidad de ambos peleadores, entre muchos factores más. No puedes definir quién es mejor por solo un combate oficial, sobre todo por lo cercano que estuvo.
—Blah, blah, blah. Piénsalo un poco, ¿de qué te serviría todo el entrenamiento que tienes si llego yo y te derroto?
—No podrías derrotarme, precisamente porque mi entrenamiento es distinto al tuyo.
—Ja, ja. Claro que podría vencerte.
—Bien, ¿por qué no lo probamos?
—¿Es un desafío, Kira?
—¿Escuché bien? —Marshall, regresando a la mesa junto a Blue.
—¿Una pelea entre Qkidna y Kira? ¿Ahorita?
—¡Claro que…!
—No.
—¡¿Eh?!
—No tendremos una pelea callejera, que sea algo oficial, similar al combate de Marshall y Blue.
—Bien, bien, eso me gusta, aunque, no creo que nos presten el gimnasio Begin para eso.
—Ya encontraremos una manera.
—Bien, bien, pueden pelear todo el fin de semana si quieren. ¿No teníamos algo de qué hablar hoy?
—Cierto, gracias por recordarme, Marshall. La policía descubrió algo interesante tras nuestro último combate con Genevil.
De un bolsillo, Kira saca un pequeño disco metálico, del cual, aparece un holograma. La imagen entre azul y gris muestra la figura de un tiburón martillo, solo que a una escala muy pequeña. Su cuerpo es metálico, y los lejanos ojos son negros en su totalidad.
—Los radares descubrieron este pequeño robot en los últimos tres incidentes, pero, en esta ocasión consiguieron descubrir que se trata de una especie de sonda.
—¿Sonda? —Azuri, confundida.
—Una cámara —enfatizó Katly.
—Entonces nos ha estado viendo desde el inicio. ¡Que venga aquí para golpearlo yo mismo!
—Al terminar cada pelea, la sonda huye, elevándose hasta que los radares no pueden detectarlo. La policía planeaba capturarla y utilizar su señal para encontrar a Genevil, pero Alvin tiene otra idea.
—Sí, verán… se me ocurrió que Genevil podría tener eso en mente y solo destruir esa señal y todo rastro que nos pueda llevar a él. Entonces, quiero intentar algo: utilizar la sonda para enviar un obsequio.
Llamado desde sus gafas, aquella pequeña, pero veloz libélula sale de la mochila, revoloteando un poco alrededor antes de aterrizar en medio de todos.
—¡¿Qué es esa cosa?! ¡Aléjala, aléjala!
—Tranquila, Azuri, es un robot —explicó con una sonrisa avergonzada.
—Ahh… ¡Aléjalo! —su grito se intensificó.
—Impresionante, Alvin, ¿lo hiciste tú? —Blue, con sincero interés.
—¡Claro! Este amiguito tiene las herramientas ideales para aferrarse a la sonda, viajar hasta donde quiera que Genevil se oculta e infiltrarse para darnos imagen y ubicación. Para cuando llegue el próximo ataque, me aseguraré de volverlo indetectable y que su señal cubra la mayor distancia posible. Ahora mismo podría llamarlo desde ciudad Destyn.
—Impresionante —Marshall, con una seriedad propia.
—Cuando llegue el momento, mi equipo y yo escoltaremos a Alvin para que pueda posicionarse y enviar al insecto como sea conveniente. Hasta entonces, solo nos queda prepararnos.
—¿No es impresionante?
—¿Qué cosa?
—¿No lo ven, chicos? Todos, amigos, rivales y agentes de policía; unidos para derrotar al científico malvado y salvar nuestra ciudad. Estamos viviendo el sueño de muchos, ¡nos convertiremos en héroes!
—No deberías ir con tanta seguridad, Airth. No es como que tengamos la victoria asegurada. Además, cuando derrotemos a Genevil, ¿qué sigue? Yo espero que podamos volver a la normalidad.
—Argh, no lo arruines, Tankdo.
—Pero, es cierto —intervino Blue—, es impresionante que todos estemos unidos. Si me lo hubieran dicho hace un mes, difícilmente lo creería, je, je.
—Bueno, en eso tienes razón. Pero no te confundas, Jethog. Cuando todo termine, mi meta seguirá siendo superarte en todo sentido.
—¡Ja, ja! Lo mismo digo, Marsh.
—Ash, su rivalidad me da tanta flojera —declaró la rubia, levantando el humor del resto.
Comienza a oscurecerse. Un poco más de charla hasta que los aperitivos se terminan y solo quedan despedidas. Los primeros en irse son Marshall y Kira; pronto, Alvin se va por su cuenta y, cuando Blue parece querer marcharse, Katly habla en su propio idioma con Azuri, quien no tarda en comprender sus intenciones, las cuales, no parecen gustarle, aunque termina accediendo tras poca insistencia, despidiéndose.
Las explicaciones sobran para ellos, pues ya caminan juntos hacia el hogar del erizo.
—Cielos, ¿quién crees que ganaría entre Qkidna y Kira?
—Kira, sin duda.
—¿Incluso con los guantes?
—Eso sería injusto, pero, aun así, Qkidna tendría que logra conectar un golpe.
—Cierto, cierto, creo que Kira es un poco más ágil.
Mientras charlan y caminan, Blue se mueve alrededor de la chica, a veces de reversa, siempre con las manos entre sus púas. De vez en cuando, Katly consigue ver las esferas celestes.
—Aunque, Qkidna ha peleado con rivales mucho más grandes que él en el equipo de lucha, o eso me ha contado, creo que…
—Blue…
—Oh, no…
—¿Eh?
—Presiento que preguntarás algo importante.
—Quizá.
—No, no puedes quedarte a dormir, debo ir a trabajar temprano.
—Eh —procesó las ideas mientras su rostro se enrojecía—… ¡No es eso, tonto!
—¡Ja, ja, ja! Lo sé, lo sé. ¿Qué ocurre? —dejó de moverse al azar, manteniendo su posición frente ella, caminando en reversa.
—Bueno… tus… guantes…
Katly no emite una sola palabra más al sentir un cambio en la energía del chico, quien saca las manos de sus púas, se gira y sigue caminando.
—Katly —su voz adoptó un tono más grave, solo un poco—, lo único que necesitas saber es que… el día en que deba quitármelos, tal vez… muera.
Un fugaz suspiro se le escapa a Kat, observando al chico con sus ojos bien abiertos, brillantes. Su mirada de desvía hacia aquellos guantes. Pero, antes de que pueda pensar demasiado las cosas…
—Huy, me puse un poco oscuro, ¿no crees? Je, je.
—Blue…
—Está bien, hablemos un poco con seriedad, ¿te parece? Lleguemos al edificio, pongámonos cómodos e intercambiemos preguntas, ¿lo has hecho alguna vez?
—Eh… No, para nada.
—Descuida, será más sencillo de lo que crees. Me preguntas algo, yo hago otra pregunta, respondemos como podamos y todos salen ganando, je, je.
—Hm —sonrió—, está bien.
No habrá otra cosa para discutir hasta entonces, se pronostica una noche llena de cosas para pensar, pero no solo para este par.
Por su lado, Marshall y Kira se aproximan a la estación de policía.
—¿Imaginabas que haríamos equipo con ese grupito?
—Nunca pasó por mi mente, lo admito.
—Sí… Kira, ¿por qué peleas?
—¿A qué te refieres? Peleo por lo mismo que ustedes.
—Vamos, entiendes lo que quiero decir —sacó las manos de los bolsillos en su costosa chaqueta—. La policía no interviene directamente en ningún combate desde que Jethog se hizo presente —señaló la estación—, pero tú apareces sin el equipo del que tanto hablas, peleando como si tuvieras algún poder —redirigió la mano a su amigo.
—Marshall…
—No, espera y escucha. Odio ver eso. Detesto que quieras correr tanto riesgo. Incluso Stius mantiene su distancia, aun con un arma tan poderosa. ¿Por qué tú no? ¿Es por tu padre?
—Marshall…
—Al menos deberías exigir mejores armas, tienes el poder para hacer eso, ¿no?
—Marshall, basta. Yo…
—Usa la influencia que te dio tu padre y has que la policía se mueva o mantén tu distancia como ellos lo hacen.
—No necesito usar a mi padre para llegar a ningún lado, entré a la policía por mis méritos, y entraré al Equipo Especial de la misma forma.
—Lo sé… Pero, al menos…
—No te voy a mentir. Cada vez que entro al campo de batalla… siento miedo. No soy como tú, no podría recibir un golpe con tanta facilidad, mi cuerpo sufriría demasiado de entrar en contacto con tus llamas, a diferencia de Blue. Peleo sabiendo que hay un riesgo, y pienso en ello todo el tiempo, lo que pasaría si caigo en combate. Lo que sufriría mi madre, mi padre, tú… Pero no puedo retroceder, en especial ahora, Marshall.
—Kira…
—No, es definitivo, no me harás cambiar de parecer. Si quiero llegar a merecer mi apellido, al menos, debo aprender a enfrentar ese miedo, ser más fuerte y pelear sin importar el riesgo o el poder de mi oponente. Así es un agente especial.
El rostro en el lobo refleja una enorme admiración, pero, antes que Kira pueda dirigirle la mirada, éste cambia su semblante.
—Argh, odio que seas un Zenoka. Eres igual a las historias que he escuchado de tu padre. Pero, no me sorprende, debe ser muy extraño ser hijo del mejor agente especial que ha tenido Mobius.
—No lo dudes, je. Lo he admirado desde que tengo memoria.
—Sí, yo también, yo también. ¿Entrenarás esta noche?
—¿No vienes?
—Paso por hoy, quiero… descansar un poco.
—¿Tú quieres descansar?
—Tengo mucho en qué pensar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, te veré otro día.
Antes de pasar por las puertas de cristal, Kira da la vuelta para ver a su amigo marcharse, guardando las manos en sus bolsillos de nuevo. Lo que haya pasado por su mente, lo hace sonreír, para luego entrar a la estación.
En su propio camino de regreso, Marshall mantiene la cabeza baja, su mirada enfocando nada. Si prestara atención a su alrededor, vería las luces nocturnas comenzar su vida, algo muy común en su rutina.
No pasan muchas calles para cuando alguien consigue sacarlo de su transe con tan solo un toque en su hombro.
—Disculpe…
—¿Ah?
La chica retrocede ante la reacción del lobo, pues se giró de golpe. Se trata de una felina, solo un poco más alta, pelaje rosa, ojos verdes y vestimenta negra, incluyendo un cubre bocas de tela algo pretencioso.
—Oh, disculpe, disculpe, es que, no pude evitar reconocerlo, soy una gran admiradora.
—Ay, no…
—¡Lo siento! Sé que deben molestarlo mucho por eso, pero, en verdad lo admiro mucho, sueño con —pero, sus alegres palabras se ven interrumpidas por una fuerte, pero seca tos—… Lo siento, estoy un poco enferma.
—Ya veo… ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Autógrafo? ¿Demostración? ¿Una foto?
—¡Me gustaría una demostración! ¡Amaría verlo en acción de cerca! Cualquier cosa.
—Está bien —sacó las manos de nuevo.
—Pero, pero, odiaría causarle problemas, seguro muchas otras personas vendrán al reconocerlo.
—Sé lidiar con…
—Vayamos a un lugar un poco más privado, ¿sí?
—¡¿Ah?!… Sí, claro —guardó sus manos—, eso no es nada sospechoso. Lo siento, puedes verme en mi próximo combate —se giró, dispuesto a irse.
—¡No! Espere, ¡lo siento! No quise —pero su tos regresa, interrumpiendo cualquier intento de frenarlo.
La voz rota y la evidente debilidad de la chica consigue conmover un poco a Marshall, aunque intenta no demostrarlo. ¿Qué más da?
—Está bien, está bien, te daré lo que quieres. Solo… no vayas a difundir nada, si la gente llega a pensar que doy shows privados…
—¡No! ¡No! ¿Cómo cree? Será un secreto, y lo atesoraré por siempre, de verdad.
—Bien…
—Por favor, ¡sígame!
Con emoción, la chica camina en dirección opuesta al lobo, quien…
—Su voz no suena tan ronca ahora, ¿eh?
Tras un par de minutos, terminan en una calle estrecha, sin vehículos, personas o una casa que al menos tenga las luces encendidas.
—"Para nada sospechoso". ¿Qué quieres en realidad?
—¿Por qué sigue preguntando eso? Soy solo —pateo el suelo, elevando un par de sables hacia sus manos—… una simple admiradora.
—¡Eres tú! —prendió fuego en sus manos sin pensarlo.
A sus pies, oculto entre la basura, se encuentra un botón, lo presiona sin tardanza y un par de paredes de energía aparecen, obstruyendo las salidas del callejón.
—¿Ese es su plan? Piensan matarnos de uno por uno, ¿no es eso?
—Si quisiera matarte, lo habría hecho en la calle.
—Por favor, sé lo que quieres.
—¿Qué?
—Quieres vencerme de frente, probar que eres superior. Lo entiendo perfectamente.
—Ay, no es cierto…
—Bien, te capturaré aquí, será un enorme salto para capturar a tu jefe.
—¿"Jefe"?…
Deja de lado las palabras, levanta su katana y dobla un poco las rodillas. El lobo, ya en guardia, mantiene los ojos fijos en su rival, esperando el primer movimiento. Rebeca entiende esto, decide atacar.
Muestra una gran velocidad desde el inicio, pero no impresiona al lobo, quien esquiva un corte que desciende en vertical, luego, otro en horizontal, retrocediendo en ambas ocasiones. Como respuesta, crea una pequeña bola de fuego y extiende su mano para dispararla, pero es eludida con facilidad. Sin abrir tiempos para respirar, el jaguar insiste con ataques similares que consiguen el mismo resultado.
Marshall no se dio cuenta hasta que su espalda topó con aquella pared de energía. Cuando reacciona, ve aproximarse otro corte en horizontal. Impulsando su cuerpo con una ligera explosión en sus pies, da un gran salto, evitando el ataque; gira su cuerpo un poco para doblar las rodillas y patear el muro, saltando lejos de su oponente.
Al aterrizar, la ve aproximarse sin dilación. En respuesta, arroja al suelo la energía acumulada en su mano, liberando un lanzallamas que, de inmediato, se convierte en una pequeña pared entre ambos. Confiado en que esto la obligaría a retroceder, camina con prisa a través de la barrera, solo para descubrir la ausencia de su rival. De pronto, un sable cae, clavándose en el suelo frente él; da un paso atrás por la sorpresa, pero siente y escucha el segundo sable clavarse a sus espaldas. Su lógica lo lleva a buscarla por encima, girando su mirada justo a tiempo para recibir un pisotón en el rostro, pues Rebeca lo usa como plataforma para dar un salto hacia atrás.
Mientras gira su cabeza un par de veces con fuerza para despabilar, escucha el sable sacarse del suelo, abre bien sus ojos y la afilada hoja ya está apuntando en medio.
—Tsk…
—¿Quieres otro intento?
—¿Qué? ¡No necesito otro intento!
Deslizando su pie, consigue levantar otra débil barrera que no tarda en extinguirse, pero consigue que Rebeca retroceda. Malhumorado, el canino arroja numerosos golpes al aire, disparando proyectiles y creando pequeños incendios, buscando acorralar a su oponente.
Grande es su sorpresa cuando Rebeca decide correr hacia él, usando velocidad y saltando entre muros para evitar cada ataque. Decide arrojar otro golpe al suelo, pero el sable se calva de nuevo frente él, interponiéndose y obligándolo a frenar de golpe o él mismo cortaría su puño. Levanta la mirada y Rebeca golpea el mango de su arma, impulsándola contra el rostro del lobo y, a su vez, recuperándola. Remata girando con prisa para conectar una fuerte patada lateral en su abdomen.
Al retroceder, Marshall siente el otro sable con su cola. No duda en sacarlo del suelo, pero, al girarse de vuelta, apenas consigue reaccionar para evitar el primer intento por cortar su cuello. Retrocede mientras el jaguar vuelve a arrojar cortes sin freno; intenta bloquearlos con el sable, pero Rebeca patea su muñeca con la pinta del pie, haciendo que el arma se eleve lo suficiente para atraparlo en su otra mano. El lobo, enfurecido, quiere usar esa apertura para golpear, pero su oponente fue más rápida y, en un respiro, ya tiene ambos sables sobre su cuello. Ambos dejan de moverse.
—C… ¿Cómo?
—Creo que ya lo sabes, pero, si quisiera, ya estarías muerto.
—Pero… ¿Qué es lo que quieres, entonces?
Da un par de pasos atrás y clava sus armas de nuevo. El semblante de Marshall no muestra otra cosa excepto confusión.
—Por tu falta de técnica, no me sorprende que el erizo te derrote tan consistentemente.
—¡¿Acaso viniste solo a burlarte?!
—Por favor, claro que no, como si valieras para eso. Al menos eso es lo que yo creo, pero…
—¿Pero?
Parece que Rebeca está disgustada o, por lo menos, en desacuerdo, pues debe dar un largo suspiro antes de seguir.
—Mi señor, Albert Genevil, te ha estado observando hace tiempo.
—"Qué miedo."
—Cierra el hocico y escucha. De alguna manera extraordinaria, él ve potencial en ti…
—¿De verdad no vienes solo a burlarte?
—Vengo a hacerte una invitación. Aunque te cueste creerlo, el final de esta historia está decidido, nuestra victoria es inevitable.
—Je, je, je —rio en silencio, cruzando sus brazos con curiosidad…
—Mi señor no quiere que haya más víctimas de las necesarias, sin embargo, todo aquel que se atraviese en nuestro camino pagará el precio. Por eso, Albert Genevil mantiene sus ojos bien abiertos en busca de nuevos adeptos.
—No es cierto…
—No tienes que escucharlo de mí, aunque, en realidad, no conozco todos los detalles. Ven conmigo y escucha la propuesta de mi señor en persona.
—¡Ja, ja! ¿Qué tan estúpido crees que puedo ser?
—Intentaste vencerme en un espacio cerrado solo con tus puños y un poco de fuego, cuando obviamente solo sabes desenrollarte en espacios abiertos.
—Tsk… Olvídalo, no me interesa —declaró, calentando motores para irse.
—No tienes idea de lo que se viene ni del mundo que mi señor desea crear. Podemos ofrecerte seguridad, a ti y tu familia, amigos…
—Sí, cómo no.
—Podemos ofrecerte poder.
—¿Ah?
—Piénsalo un poco, un Ser Común te ha superado una y otra vez hasta la fecha, puede que eso no cambie. ¿Qué te garantiza que tendrás el poder para proteger a los tuyos si ni siquiera puedes con él?
—Los ha estado derrotando bien hasta ahora.
—Cada enfrentamiento ha sido más duro que el anterior, mi señor solo está poniendo a prueba sus fortalezas. Cuando esté seguro, enviará una amenaza de verdad y no tendrán salvación, pero, si aceptas verlo, escuchar su propuesta, puede garantizar la seguridad de todos los que te importan, ofrecerte poder para ello.
—¿"Pruebas"? Tanta seguridad es graciosa, y lo será todavía más cuando los atrapemos al fin.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué hay de los daños colaterales? Jethog y tú tienen mayor probabilidad de supervivencia gracias a sus genes, pero, ¿qué hay del resto de mobianos? Individuos como Alvin Stius y Kira Zenoka ponen en grave riesgo sus vidas al intentar enfrentarnos. ¿Qué hay de los que no pueden pelear? Los habitantes de esta ciudad que no consigan huir de un ataque sorpresa, están destinados a perecer. Podría ser cualquiera, podrían ser conocidos.
—¡¿Es una amenaza?! —frunció el ceño, mostrando sus filosos colmillos.
—Es una advertencia. No son las intenciones de mi señor, pero es inevitable. Al menos que deba considerarte.
—¿Considerarme? ¿Por qué? ¿Por qué Genevil haría algo como eso?
—Ven conmigo y lo averiguarás. Sin compromisos, la decisión será tuya al final.
Rebeca extiende su mano como última oferta, ambos sables permanecen a su alcance, pero su firme postura y la mirada centrada en el rostro de Marshall dan un poco de seguridad. El lobo se lo piensa mucho, gira sus ojos hacia abajo, buscando concentración. Lleva una mano para acariciar su barbilla con fuerza mientras lo procesa en su mente una y otra vez hasta apretar también los parpados. El jaguar comienza a perder un poco la paciencia, pero debe permanecer serena.
—¡Esta bien! —gritó con fuerza, sorprendiendo a Rebeca— Piensas matarme de cualquier forma si me niego, ¿no es así? Entonces acepto, escucharé su oferta y me iré.
—Eres un cachorro muy listo. Bien, sígueme —tomó sus armas con gran rapidez para luego saltar sobre las paredes, elevándose hasta los tejados.
—¡Oye! ¡¿Cómo que un "cachorro"?!
Propulsado con sus llamas, aterriza sobre escaleras y ventanas hasta que consigue llegar a la cima. Ahí, Rebeca lo esperaba con las puertas de una gran nave abiertas. El vehículo resulta impresionante para el lobo, pues se trata de la réplica de un pez chupapiedras, coloreado de negro con patrones color avellana y dedicados detalles que lo hacen parecer real, pues se encuentran presentes ojos, boca y bigotes a pesar de no ser útiles; solo su tonalidad metálica arrebata cualquier sensación de estar frente un animal real. Se trata de una nave de transporte, no presenta armas y se ven largos sillones a través de la extensa entrada por donde el jaguar aborda.
Se detiene a pensarlo un poco más, pero, ya está ahí, ¿qué consigue al dar la vuelta? Entra a la nave con esa lógica. De no ser por sillones, controles y algún mueble para colocar objetos, el interior parecería hueco; no hay separación entre pasajeros y cabina, donde Rebeca ya se encuentra presionando algunos botones en una ancha pantalla para despegar.
El animal comienza a mover aletas con lentitud mientras toma altura, aumentando su velocidad poco a poco.
—Nos elevaremos lo suficiente para no ser rastreados y tampoco puedas reconocer nada.
—¿No tendrías que subir hasta la atmósfera para eso?
—Eres un cachorrito.
—Grrr…
Y parece que la nave no dejará de ascender, tomará algo de tiempo, así que, ¿por qué no dirigimos la mirada a los chicos en tierra firme?
La pequeña habitación del erizo, llenada solo con una cama, el ropero, un buró con solo dos cajones y un escritorio muy básico, debería ser lo contrario de acogedor para alguien como Katly, pero no parece ser el caso.
—Y luego, ¡pum! —cayó al suelo, con el cuerpo enrollado, destacando solo las púas, excepto cuando asoma los ojos al hablar— Te lo juro, Qkidna permaneció en esta posición al menos 15 minutos.
—Je, je, je, debió ser muy doloroso.
—Yo diría que humillante.
Por su lado, la gatita permanece sentada con gracia sobre la cama. Tras desenrollarse, Blue usa la incómoda silla de su escritorio.
—¿Te conté de la vez que caí de la motocicleta y todas las pizzas cayeron sobre mí?
—No. ¿Te conté de la vez que evitaste todas mis preguntas y me enojé mucho contigo?
—No, porque yo estuve ahí. De acuerdo, de acuerdo, es hora de ponernos serios, supongo.
La densidad del ambiente aumenta, aunque ambos procuren mostrar sus mejores caras al otro.
—¿Quién dirá la primera pregunta?
—Amm…
—Propongo algo, quien consiga generar la mayor presión en el ambiente, comenzará el cuestionario.
—¿Ah? ¿No es un poco injusto? Eres más poderoso que…
—Soy un Ser Común, ¿no? Mi control sobre la energía siempre será inferior al de un Ser Especial.
—Aunque eso tenga sentido, detecto algo que me hace dudar de ti.
—Vamos, inténtalo. No puedes evitar usar tu poder siempre, avanzarás a pasos muy lentos así.
—Bien —habló con repentina determinación, sorprendiendo al erizo.
—Muy bien… ¡comencemos!
Sin levantarse, ambos comienzan a concentrarse solo en su propia energía, cierran los ojos para esto. Solo ellos son capaces de sentirlo, pero el poder del otro aumenta con velocidad, comienzan a percibirse como una manta invisible que los cubre, luego, como si esta manta se extendiera por toda la habitación, sofocándolos. Abren los ojos, Blue muestra un semblante confiado, mientras Kat parece más nerviosa de inicio, pero decide cambiar, demostrar la misma determinación.
Las sábanas comienzan a moverse como si un viento constante y sin dirección las controlara, mientras los muebles y el suelo tiemblan un poco. Se ve algo de sudor en la frente de Katly, quien parece esforzarse más. De pronto, la chica se levanta, elevando mucho la presión en poco tiempo, dibujando una expresión de sorpresa en Blue, quien entiende que debe responder al desafío de la misma forma.
Las esferas de sus guantes brillan con fuerza, reflejando lo mismo en los azules ojos del chico. Los iris de Katly muestran un bello destello también, revelando que se encuentra usando más energía de la que acostumbra.
La cama de destiende, pequeños objetos en los muebles caen. Por más esfuerzo que pone, Katly es la primera en mostrar cansancio, abrumada por la energía de su rival. No será capaz de oponerse más, se deja caer de sentón en la cama y, al instante, Blue se detiene, regulando su energía de vuelta.
—¡Te detesto! ¡Sabías que no podría vencerte!
—Je, je, je. Lo siento, lo siento, me declaro culpable. ¡Bien! —regresó a la silla— Primera pregunta:
—Argh —se dejó caer, recostándose con la cabeza pegada a la pared…
—¿Por qué tu nombre es tan popular en toda la ciudad?
—Querrás decir, "mi apellido".
—¿Oh?
—Cielos —puso una mano sobre su frente, cubriendo casi la totalidad de su vista mientras lo piensa un momento—…
—¿Es por tu padre?
—¡Una pregunta a la vez!
—Ah… ¡Lo siento!
—Cielos… está bien. Sí, en parte es por mi padre. ¿Sabes que el Equipo Especial nos vigila siempre que él está en la ciudad?
—¿De verdad?
—Sí… ¿sabes lo que es no poder ir a la escuela ni estar en tu propia casa sin tener que ver al menos un agente vigilándote a lo lejos? Ha sido así desde que tengo memoria. Y no olvides lo más importante: soy un Ser de las Sombras.
—Oh…
—Sabes de lo que hablo. La gente de por sí le teme a ese título, el Equipo Especial presentándose no lo mejora. Que la organización más poderosa de Mobius te vigile hace que la gente tema solo de tu presencia, sin siquiera saber por qué. Con los años, nacen rumores de lo más absurdos —su voz se suaviza mientras mueve su cuerpo, recostándose de lado, cubriendo un poco el rostro con su cabello—. Por eso el apellido Hóllow es tan popular en todo Begin. A veces solo quiero poder llevar una vida normal.
—Pero, ¿por qué tu padre…?
—¡No! —hizo una abdominal repentina para levantarse— ¡Es mi turno!
—Rayos…
—¿Quiénes eran tus amigos en Little York?
—No lo olvidaste, ¿ah?
—Por supuesto.
—Bien, bien. Conocía mucha gente allá, pero, si puedo mencionar verdaderas amistades, solo son dos. Sus nombres: Silica y Akairo. Nos criamos juntos, los tres teníamos cierta rivalidad, aunque solo dos con poderes. A veces… de verdad los extraño.
Kat no pierde ningún detalle, desde los tonos de voz forzándose a ser alegres, su flujo de energía cambiante y, sobre todo, la manera en que parece buscar algo en su pecho, justo donde le adorna un pañuelo que ha sido reparado incontables veces.
—Je, je, hacíamos de todo juntos. Cada fin de semana, salíamos a explorar alrededor de la ciudad: el bosque, las zonas cercanas a las montañas, incluso teníamos un lugar secreto. A veces ayudábamos en el orfanato de la ciudad cuando necesitábamos dinero.
—¿Por qué no los llamas?
—¡Me toca preguntar! ¡Ja, ja, ja!
—Ash…
—Háblame de tu padre.
—¿Por qué tanto interés?
—¡Yo hago las preguntas ahora!
—Ya entendí, ya entendí, tranquilo.
—Je, je.
—Su nombre es Yurakir Hóllow, es un Ser Espiritual.
—¿Es poderoso?
—Sí… mucho. Pasa demasiado tiempo fuera de la ciudad, nunca sé cuándo volverá. Es… un hombre de negocios.
—¿Qué negocios?
—¡No lo sé!
Desde que la conversación inicio, la actitud en Katly cambió, hace evidente que detesta hablar del tema. No solo eso, un par de posibles verdades incompletas fueron detectadas, pero…
—Entiendo, entiendo. Solo necesitaba saber si es poderoso, je, je.
—¿Ah? ¿Qué tienes en mente?
—Nada, solo por si tuviera que enfrentarlo alguna vez.
Al inicio, la chica luce preocupada por la idea, luego, más bien confundida, hasta que, tras pensarlo un poco, su rostro se ruboriza, pues el autor de esta historia le paga por hacerlo seguido.
—¡De verdad! ¡¿Qué tienes en mente?!
—¡Nada, nada! Nunca se sabe, je, je, je.
—Cielos, no… Eres un idiota.
—Solo digo que…
—¡Mi turno! ¡Háblame del collar que escondes en tu pañuelo!
—Ehh…
Los ojos casi en blanco y su expresión de presa capturada consiguen aumentar los ánimos de Katly.
—Lo viste en la estación, ¿cierto? Todos lo vieron.
Se ríe un silencio un poco. Para él es de lo más curioso, pues lo intentó ocultar por más de un año solo para que, al final, todos lo vieran mientras él dormía. ¿Para qué seguir usando ese gastado pañuelo? Al menos, de nada sirve ahora mismo, así que es hora de ponerlo a un lado y revelar esa pequeña piedra azul que cuelga de su cuello.
Tras desatar un delgado nudo, lo toma en su mano para ofrecerla a Katly.
—¿Eso es…? —se acercó para observar, llena de curiosidad.
—Es un zafiro. Lo llevo conmigo todos los días, pero, quería evitar que preguntaran por él.
—Es muy bonito —lo toma—, ¿por qué está roto? ¿Cómo es posible?
—Son dos piezas. La otra permanece en Little York, supongo…
—¿Supo…?
—Así que llevo esto para recordar mi origen, ¿entiendes? Ahora mismo, es mi único recuerdo de mi vida anterior y todas las personas que me rodeaban. Por eso me aferro tanto a él.
Otra posible verdad a medias.
—Ya veo… ¡Es algo muy lindo!
—Ah… ¿Eso crees? Yo pensaba que era algo bobo —habló con pena mientras rascaba detrás de sus púas.
—¡No! ¡No! Es muy lindo. Aunque, tal vez Qkidna piense que es algo tonto.
—¡¿Lo ves?! Por esas cosas quiero ocultarlo, je, je, je.
Ambos ríen, olvidando por completo todo lo que sus habilidades pueden detectar para ellos. El mar de emociones sobre el que nadan, los diferentes significados que arroja cada una de sus palabras, una experiencia que solo ellos conocen y no tendrían forma de explicar. Lo saben, por más que sigan evitándolo, tarde o temprano deberán enfrent…
—¡Mi turno! ¿Te quedarás a dormir?
—¿Ah?… ¡Ya es muy tarde! No me di cuenta, debo irme.
—¿Eso es un "no"?
—¡¿Tú qué crees?!
—Está bien, está bien. Solo pensaba que es muy noche y, bueno, podría ser peligroso ir sola, ¿sabes?
Katly no puede creer que lo esté diciendo en serio, pues, sobran razones para creer que cualquiera de ellos puede estar fuera durante cualquier momento de la noche sin problema alguno. Su rostro mostraba líneas imaginarias en azul, pero, el semblante cambia cuando…
—Bueno, sí, quizá sea un poco peligroso salir de noche, nunca he estado fuera tan tarde, je, je, je.
—No puedo creer que mienta —sonó con fuerza en su cabeza—… Está bien, puedes usar mi cama, yo bajaré un par de cobijas al suelo.
—De… ¿De verdad no hay problema? No quiero que duermas así solo por mí.
—¡No es nada! He dormido sobre rocas antes, je, je.
—¿Por qué no parece que mienta? —resonó en su mente ahora.
El mar de emociones es otro ahora. Ambos pueden sentirlo, sus nervios y la obvia complicidad. De cualquier forma, es un disfrute para el par. Si tienen suerte, la noche seguirá tranquila, sus sonrisas permanecerán marcadas incluso cuando estén dormidos.
La suerte debe correr con mucha más fuerza para otro personaje. Con la ausencia de las luces nocturnas que hacen difícil concebir el sueño en una ciudad grande, se puede admirar el infinito cielo estrellado, las coloridas nubes lejanas. Ni Marshall ni Rebeca lo pasan por alto.
—Estamos por llegar, abrocha tu cinturón.
Obedece. El descenso da un inicio brusco, no tardan en atravesar las nubes para sorprender más al lobo, pues se encuentran sobre el océano.
—No es cierto…
—Hm.
Entonces se percata, caen en picada, el reflejo de las estrellas se acerca con una inmensa velocidad. Sumando una gran elegancia, el pez se adentra en las aguas saladas imposibles de reconocer.
De inicio, solo se ve oscuridad. Rebeca parecía guiarse con un radar, pero suelta los controles, la nave avanza por sí sola. En medio del oscuro azul, aparece un arrecife de coral, lleno de vida, especies de todo tipo usándolo como un hogar. Comienzan a descender aún más.
Entonces, la inmensa formación rocosa se abre, revelando una entrada con movimientos mecánicos, el arrecife hace función de la fachada más real jamás creada.
—La policía jamás los hubiera encontrado por sí solos… Esto está al nivel del Equipo Especial.
—No me digas.
Avanzan por una corta serie de tuberías. Alrededor solo se observa un vacío y más tubos. El camino se acaba, una compuerta más se abre.
Entran a un hangar gigantesco, un cardumen de naves estacionadas hasta donde alcanza la vista, incontables entradas y salidas también. Por fortuna para los de pies pesados, aterrizan cerca de lo que parece ser la salida correcta.
Hasta el momento en que puede bajar de la nave, Marshall aún se veía impresionado, pero oculta ese rostro al tener que ver de nuevo a Rebeca, quien le invita a seguirla.
La compuerta se abre tan pronto se acercan y un par de robots salen para recibirlos. Con la forma de prismas rectangulares, una larga pierna con una sola rueda para desplazarse, dos brazos con garras mecánicas y un solo ojo, el par se acerca a Marshall para escanearlo sin tardanza.
—¡Ey! ¿Qué demonios?
Los ojos azules cambian a rojo y no tardan en revisarlo con sus garras, sacando al instante su teléfono. El par se marcha.
—¡Oigan!
—Relájate. Te lo devolverán cuando puedas irte. Solo nos aseguramos de no ser rastreados o lleves contigo algún arma.
—Claro —veía la katana envainada en su espalda—, ¿por qué no te escanearon a ti?
—Vivo aquí…
—Eh… Claro…
Sin más palabras, cruzan algunos pasillos no muy largos. Cada espacio que cruzan se siente como un pequeño mundo, pues las paredes son enormes, el techo siempre alto, como si un gigante viviera. Para Marshall, da la impresión de estar visitando un castillo, sin olvidar nunca que está oculto bajo el océano.
Los muros comienzan a verse mejor, dejando un metálico aspecto de base militar para asemejarse a lo anterior dicho, mostrando colores rojizos, algunos cuadros gigantescos con mosaicos que parecen robador de algún museo, pues muestran escenas y figuras interesantes, algunas parecidas a objetos y lugares legendarios.
Viendo todo esto, Marshall no se percató del tiempo o lo que caminó, pues, de pronto, Rebeca le indica que han llegado, encontrándose frente una puerta doble, aparentando madera, pero con un evidente color metálico.
—Mi señor te espera tras esa puerta, aquí es donde nos separamos.
—¿Qué? ¿Sin guardaespaldas? ¿Intenta engañarme?
—No seas ingenuo, cachorrito. Estás en nuestra base, bajo el océano, ¿exactamente qué piensas hacer?
—Yo… Eh… ¡Olvídalo!
—¡Ja! Te veré de vuelta en la sala de despegue. Hasta entonces.
Antes que el jaguar le diera la espalda, Marshall se aseguró que notara su odio infantil hacia ella, aunque poca importancia le da.
Es la hora, Albert Genevil se encuentra tras esa puerta, no hay manera de saber lo que ocurrirá, pero tampoco hay manera de arrepentirse. Traga algo de saliva, pero se llena con determinación, abre la puerta y entra. Se trata de un comedor, tan grande como para invitar a todos los nobles de un país, y una larguísima mesa le hace justicia. Cualquiera se pierde al entrar a un sitio como este por primera vez, pero, por fortuna:
—Me alegra que hayas decidido venir, Marshall Tankdo.
—Albert… Genevil…
Los Nuevos Poderes #14
Dúo Eternidad: Seres Oscuros
Estos, junto con los Seres Lumínicos, se conocen por ser más poderosos que el resto. A diferencia de sus opuestos, los oscuros tienden a ser muy reservados. Tienen el estereotipo de villanos por excelencia, es decir, son los que amenazan Mobius todo el tiempo y ninguno se salva de este destino; eso dice la opinión popular. Al igual que los anteriores, se tiene muy poca información, pues aparecen muy pocas veces. Se cree también que no pueden estar al lado de un Ser Lumínico, no porque tenga algún efecto negativo, solo existe un rechazo natural. Luz y Oscuridad no se pueden juntar, sin embargo, ambos existen para mantener cierto equilibrio.
Próximo Capitulo
"La propuesta de Genevil"
