Es un día tranquilo, soleado, algunas nubes, pájaros de colores volando por la ciudad, puestos de comida y pequeños espectáculos clandestinos en la plaza central de la ciudad; sí, un hermoso día para que nuestro protagonista aproveche viendo imágenes graciosas en su teléfono. Y no es que esos sean todos sus planes para el día, solo terminaba de ver un reportaje especial sobre la pelea entre Qkidna y Kira.

—Nos estamos haciendo muy populares, hubiera preferido quedarme en el anonimato, pero, supongo que yo me lo busqué… ¡En fin! Es mediodía y fin de semana.

Comienza a buscar un número, muchos de los teléfonos en esta época son un rectángulo completamente hueco y muy delgado del cual se activa una pantalla a ser sujetados por cualquier mano; y este es solo uno de muchos modelos.

—¿Hola?

—¡Hola, Qkidna! ¿Estás libre? Llama a los demás y vamos a jugar básquet.

—Lo siento Blue, mis padres salieron y tengo que cuidar a mis hermanos y… ¡Richie! ¡Suelta eso o ya verás! —gritó con enfado— Je, je, ya sabes cómo son… ¡Archie! ¡Deja esos guantes! ¡Son de edición limitada! ¡Argh!… Chico, estoy muy ocupado ahora, así que será otro día.

—Je, je, entiendo, otro día será, entonces, nos vemos —dijo Blue con desilusión para luego colgar—. ¿Y ahora?… Llamar a Katly creo sería un poco extraño, a Azuri apenas la conozco, y Alvin… bueno… es Alvin… ¿Quizás Marshall?… No, ya tuvo suficiente por una temporada… Ahora que lo pienso, casi no conozco gente… Podría solo salir a caminar y ver qué pasa.

Se levanta y toma sus cosas para luego salir.

Un nuevo compañero

Manzanas, rosquillas y anillos dorados

No tardó demasiado en darse cuenta de que quizá el caminar sin rumbo por una ciudad tan grande como Begin resultaría aún más aburrido que tan solo quedarse en casa, pues, en su mayoría está cubierta de edificios y zonas residenciales, los pocos lugares interesantes están siempre cerca de la zona central.

—No puedo creer que diga esto, pero, cómo me gustaría que Genevil atacara la ciudad de nuevo. Ahora que lo pienso, ha estado muy calmado últimamente, ¿estará planeando algo grande?

Mientras pensaba, se escucharon los gritos de algún señor no muy lejos de él.

—¡Detengan a ese chao! ¡Se robó mis manzanas!

—¿Qué? ¿Un chao sin dueño en la ciudad?

Entre la multitud, aparece volando a toda velocidad la mencionada criatura. Cargando tres manzanas, esquiva a la gente que trata de atraparlo mientras muerde una de ellas. Es de color azul marino con una decoloración gris al final de cada extremidad, sus alas tienen esa misma decoloración; en la punta de la cabeza tiene una curvatura hacia atrás —como una hilera de púas en un erizo—. Pasa cerca de Blue, cuya velocidad innata le permite observarlo a pesar de la rapidez.

—¡Alguien, por favor! ¡Atrápelo!

—Bien… no será Genevil, pero, al menos ya tengo algo qué hacer, ¡yo voy por él!

Blue se echa a correr y en un par de segundos lo alcanza.

—¿A dónde vas, pequeñín? ¿Me das una manzana?

El chao cambia de dirección de inmediato, pero Blue lo hace igual en el instante.

—Oye, robar está mal, ¿me harías el favor de devolver esas manzanas?

El pequeñín le saca la lengua y cambia de dirección.

—Ah, conque esas tenemos, eh. Bien, que sea por las malas.

La persecución sigue el mismo ritmo, cambiando de golpe el trayecto cada que el chao es alcanzado hasta dar con un callejón sin salida.

—No tienes escapatoria, entrégate y tal vez… ¿Qué?

El chao se eleva para llegar al techo.

—Claro…

Se empieza a comer una manzana mientras vuela, luego se da cuenta de que Blue lo sigue saltando de pared en pared.

—Estás muy lejos de casa, ¿eh? Oye, ven, vamos a hablar.

El pequeño comienza a elevarse más rápido, tratando de huir, ya estando ambos arriba, la persecución continúa.

—Ya… te… tengo…

Llegan a la orilla y por supuesto que el Chao sigue adelante, pero Blue olvida por completo en dónde estaba y para cuando intenta detenerse es demasiado tarde.

—Ah, pero ¡qué listo! ¡Ahh! —gritó mientras caía.

El azulito lo ve caer mientras muerde otra manzana, luego, se va tranquilamente. Baja del edificio y se pone cómodo sobre un bote de basura a comer. Termina una y, cuando va a comerse la segunda…

—¡Te atrapé!

Blue aparece de la nada y lo toma por las alas.

—Je, je, eres un tipo duro, eh.

El chao trata de soltarse, forcejeando mientras hace los no tan agudos sonidos característicos de estas criaturas, pero no logra nada.

—Je, je, ahora, hay que devolver estas manzanas.

El chao le arroja una en la cara, pero Blue la atrapa.

—Tengo los pies, manos, ojos y reflejos más rápidos en esta ciudad, así que no lo intentes de nuevo.

Luego de esto, el erizo regresa al comercio de donde salieron las manzanas. Devuelve las dos sobrantes, pero el vendedor exige la tercera que el chao logró comerse, así que Blue debe tranquilizarlo pagando por ella y, ya estando tranquilo, decide comprar una canasta entera. Tanto el vendedor como el chao se ven confundidos.

Luego de caminar un rato, usando Blue las manzanas para mantener al pequeño a su lado, llegan a un parque en donde deciden sentarse un momento.

—Nunca había visto un chao como tú, y no hay ningún jardín chao cerca de aquí, que yo sepa, ¿de dónde saliste?

El chao solo come sin prestar atención, así que el erizo comienza a comer una también, aunque lo hace en ritmo lento en comparación.

—¿Y solo comes manzanas?

La criatura contesta negativamente moviendo su cabeza de lado a lado y sigue.

—Entonces solo comes frutas.

Asiente moviéndola de arriba a abajo y sigue.

—Ya veo… ¿de verdad ustedes entienden completamente lo que les dicen?

Asiente de nuevo.

—Entonces…

Mientras hablan, dos sujetos con traje se acercan, y como todo personaje que va a permanecer en esta historia, tienen una apariencia llamativa. Uno de ellos es un dragón de komodo con una piel verde muy oscura, ojos amarillos como ámbar. A su lado, un puma de pelaje con tonos grises, de gran tamaño, pero solo un poco intimidante para alguien común. Ambos mucho más altos que Blue o incluso Kira. El dragón trajeado intercepta a nuestros protagonistas.

—Disculpe, ¿usted es dueño de este chao?

—¿Ah?… Pues no, no realmente.

—Bien, entonces me temo que tendremos que llevárnoslo.

—¿Y eso por qué?

—Permítame presentarme, soy el agente Kyusai Shinkaketsu, y él es mi compañero, Harito Noburo. Formamos parte del Equipo Especial de ciudad Begin. Este chao no ha hecho más causar problemas desde la última semana. Así que lo llevaremos con nosotros para decidir qué hacer con él.

El chao se asusta desde el momento que escucha mención del Equipo Especial y se esconde detrás de la canasta.

—Eh, ¿no hay otra manera de solucionarlo? Además, ¿el Equipo Especial contra un chao? ¿No les parece un poco… muy exagerado?

—Bueno —interrumpió Harito—, si el chao tuviera dueño sería él quien cargaría con la responsabilidad.

Se ve de inmediato que hay una diferencia en la forma de actuar de ambos. Mientras que Kyusai gusta de hacer las cosas por las malas, Harito parece ser más pasivo y generoso.

—Bien, entonces quiero adoptarlo.

—Eh… está bromeando, ¿verdad? Este chao es… un delincuente.

—Por favor, ¿qué cosas dice? Además, no creo que sea tan difícil cuidar de una criatura tan inteligente como los chao.

Ambos se ven los rostros un momento, Harito parece estar de acuerdo, sin embargo…

—Agh… Bien, ya que estás tan seguro, te propongo un trato —habló el dragón con dominio en su voz—. Tú adoptarás al chao. Si al final del día has logrado que no cometa ningún robo, te libero de toda responsabilidad por sus actos.

—¿Solo debo hacer eso? Será pan comido.

—Pero, si comete un solo crimen, nos llevaremos al chao y usted tendrá que hacer servicio comunitario lo que queda del año, ¿entendido?

—Esto…

Blue comienza a dudar, pero, al ver el rostro del chao, quien lo mira a los ojos con la esperanza de una oportunidad, se determina a cumplir con el reto.

—Pues me parece bien.

—Acompáñenme a firmar los papeles de adopción —solicitó Harito.

—¿Oíste eso, pequeño? Ya tienes dueño.

La pequeña criatura se ve más confundida que alegre. En poco tiempo, llegan a la base del Equipo Especial de Begin, es un edificio realmente enorme, son 51 pisos y el mismo ocupa varias cuadras a la vez, no cabe duda que podría ser el edificio más grande de la ciudad. A pesar de esto, Blue solo tiene la fortuna de subir a unos de los primeros pisos y una típica oficina.

—Llene este formulario, por favor.

—Ay, cómo odio los formularios.

El erizo se lo toma con calma, hasta que llega a la parte de nombrar al chao.

—Un nombre, un nombre… ¿Cómo te gustaría llamarte?… Mmm… ¿Speedy?

Por la expresión del chao, cualquiera podría deducir que lo odió.

—Entonces… ¿Loky?

Y eso lo confundió.

—Entonces, ¿cómo?

Blue se pone a pensar un buen rato mientras todos esperan curiosos por el nombre.

—Lástima que nunca fui el bueno para los nombres —pensaba—… Rayos, ella le habría puesto uno de inmediato… aunque creo saber cómo lo nombraría… quizá…

Su mirada se pierde por un momento.

—¿Chao, chao? —llamaba la atención la criatura.

—¿Eh? Ah, sí, ¿qué tal si te pongo "Zomi"?

El chao solo guarda silencio por unos momentos, parece confundido, pero, hubo algo diferente en la manera que Blue mencionó ese nombre, no fue aleatorio. Las miradas se cruzan un momento, los ojos curiosos del chao y el brillo en los de Blue. Para sorpresa de todos, la criatura responde con alegría y aprobación.

—Debe ser una broma, le gustó —pensaba…

—¿Cha chao?

—Esto… entonces te llamaras "Zomi" de ahora en adelante.

Blue escribe el nombre en el formulario y por último lo firma. Luego, sellan el documento y en poco tiempo le son otorgados los papeles de adopción.

—Muy bien, ya eres de la familia Jethog.

—¡Chao, chao!

—Jethog —pensó en voz alta—… Ahora, no olvides el trato, mi compañero los seguirá y observará por el resto del día. Me notificará sobre cualquier cosa; ya pueden retirarse.

Así, ambos deciden ir a caminar por el parque de nuevo, aunque, Blue se ve distraído.

—Zomi, Zomi, Zomi —lo pensaba una y otra vez—… ¿Realmente es el nombre que ella le pondría? Definitivamente lo es, ¿por qué lo dudo? Creo que, más bien lo que me molesta es… ¡Muy bien, Zomi! Hora de demostrarle a esos tipos que eres un buen ciudadano… ¿De…De donde sacaste eso?

El pequeño come una rosquilla. Al ver a Blue, solo se ríe un poco y la sigue comiendo.

—¡¿Dónde está mi rosquilla?! —gritó un policía que andaba por ahí.

—¿En serio, Zomi? ¿En serio?

El pequeño chao intenta sentir algo de culpa, pero no lo consigue y sigue saboreando.

—¡Devuelve eso ahora mismo!

Se niega.

—¡Dámela, dámela, dámela!

—Así que ustedes robaron mi rosquilla —fueron interceptados por sorpresa.

—¡¿Eh?! ¡Por supuesto que no! ¿Cómo cree?

—Conque robando a un oficial de policía, ¿eh? Eso merece un castigo.

—No, espere, pagaré por la rosquilla. ¿Cuánto…?

—Son siete dólares.

—¿Qué? ¿Siete Dólares por una rosquilla?

—Parece que tendré que…

—No, espere, aquí tiene.

—Bien, nada qué hacer por aquí —dijo para disimular e irse.

—Oye… No sé si pagué por una rosquilla o acabo de sobornar a un oficial… Policía corrupto. ¿Zomi, qué haces?

Ahora trae una manzana con caramelo.

—¡Mami! ¡Me robó mi manzana! —grito una niña en medio de lloriqueos molestos.

—¡Dame eso!

Blue arrebata el producto robado, entonces, llega la madre y le da una bofetada para luego recuperar la manzana. El erizo solo se queda con la cara azul —y roja por la bofetada—.

—Ouch… ¡Zomi, ¿ahora qué rayos?!

El chao está apunto de robar el algodón de azúcar de un niño, entonces, el erizo lo sujeta de las alas.

—¿Estás tonto o qué? Si sigues robando, te van a llevar. Además, yo tendré que hacer servicio comunitario por el resto del año. ¿Tienes idea de lo difícil que es limpiar cada desastre que ocurre por aquí?

El pequeñín solo se molesta y comienza a forcejear en medio de quejidos casi tan molestos como los de la niña.

—No, no te voy a soltar. De hecho…

Momentos después, pueden seguir con el paseo con calma, pues Zomi vuelta con una correa, y su rostro enfadado hace juego perfecto con sus diminutos brazos cruzados.

—Lo siento, no me dejaste otra opción, te quitaré la correa una vez que hayas aprendido a comportarte.

En respuesta, la criaturita solo hace sonidos con su garganta, mostrando su enfado.

—¡No me mires así! ¡Es por tu propio bien!

Solo le gruñe como respuesta.

—Muy bien —dijo luego de un suspiro—, entonces, míralo de esta manera, si dejamos que esos tipos te lleven, no sabemos a dónde vayas a parar, hay gente que usa a los chao para probar sus productos y hasta para hacer experimentos. O, hasta podrías terminar en el mercado negro, donde te pueden usar como esclavo, ¿te gustaría algo como eso?

Las palabras de Blue, aunque más falsas que el Shadamy, parecen funcionar y logra asustar a Zomi.

—¿Chao, chao?

—Ya cayó —celebró su mente—. Entonces tienes que aprender a comportarte, pero, no te preocupes, yo te daré la educación que necesitas. De hecho, lo único que necesitas es quitarte ese hábito de robar todo lo que se te antoja. Y ya sé a dónde ir.

Blue lleva a Zomi al mercado que está en el centro de la ciudad, donde venden todo tipo de comida deliciosa. Al chao se le hace agua la boca con solo llegar.

—Veamos si puedes controlarte, pasaremos por cada uno de los puestos y, si intentas algo, jalaré de la correa, ¿oíste?

El chao hace como que escucha, pero es evidente que solo está pensando en la comida, solo hay que ver cómo cae saliva a chorros de su boca.

—Ey, concéntrate, esto es de vida o muerte. Bien, comencemos.

Así, comienzan a pasar por todos y cada uno de los puestos. Como lo prometió, cada vez que Zomi intenta algo, Blue jala la correa. A la mitad del camino, Zomi se harta y solo vuela de brazos cruzados.

—¿Qué? ¿Ya te cansaste? Apenas vamos a la mitad.

Por supuesto, el chao pone su cara de enfado.

—Bien, mira, si terminamos el recorrido sin que intentes robar nada, y quiero decir, sin que siquiera te acerques, te compraré un pastel de manzana.

Zomi se imagina el manjar y lo bueno que sería comerla, su actitud cambia de inmediato, como cuando a un bebé llorando le das un dulce y se ríe.

—¡Cha, cha chao!

—Bien, entonces sigamos.

El recorrido, aun estando ya a la mitad, termina sintiéndose terriblemente largo, pues ahora Zomi tenía una razón para no robar, sin embargo, logra controlar sus impulsos poniendo todo su empeño y fuerza en ello, y cuando menos se dio cuenta, el recorrido había terminado.

—Muy bien, Zomi, y ahora…

—¡Chao, cha chao! —gritó la criatura con emoción.

—Sí, sí, eso iba a decir, tranquilo. Vamos por tu pastel.

Rápidamente, llegan a la primera pastelería que encuentran, Blue compra un pastel no muy grande, ni muy pequeño, deciden sentarse a comérselo ahí mismo, pues el lugar cuenta con un pequeño comedor. El chao come cada rebana con la velocidad de un protagonista de ánime shonen.

—Oye, pero déjame algo…

El pequeñín lo ignora y sigue comiendo.

—Oye, comparte.

De nuevo…

—Mmm, si me das un poco de pastel quizá te quite la correa.

El chao lo piensa un momento.

—¿Trato?

—Mmm… ¡Chao, chao!

Y así lo hacen. En muy poco tiempo, el postre es reducido a solo unas migajas, las cuales también son comidas con Zomi.

—Cielos, parece que nunca te llenas. Bien, iré a pagar y luego nos iremos, ¿puedo confiar en que no harás nada?

—¡Cha chao!

—Bien, ahora vuelvo.

Zomi sigue buscando migajas hasta debajo de los platos, entonces, escucha ruidos cerca, parecidos a golpes, y al escuchar los quejidos de una persona, sale de la pastelería para ver qué sucede, sigue los gritos hasta un callejón y encuentra a tres tipos golpeando a un pobre sujeto para robarle. El pequeño se enfurece y ataca a los criminales, dándole la oportunidad a la víctima de escapar.

—¿Qué es esto?

—Es ese estúpido chao de nuevo.

—Atrápenlo, no debe huir otra vez.

Los tres intentan atraparlo, pero no logran acercarse un poco, Zomi es demasiado rápido, y al darse cuenta, se burla de ellos y muestra su lengua mientras hace una mueca, esta distracción automática le permite a uno de ellos sujetarlo de las alas.

—Je, je, ¿qué debemos hacer con él, jefe?

—Dame un minuto para pensar.

Mientras tanto, Blue recién se da cuenta de la ausencia de Zomi; sin pensarlo dos veces, se echa a corren en su búsqueda.

—¿Alguno ha probado la carne de chao? Dicen que es la más dulce que hay.

—¡Chao, chao, chao, chao…! —gritaba el pequeñín, con miedo.

—¡Ya, quédate quieto!

—Así que carne de chao, ¿eh? Sí, creo que será un buen castigo por los problemas que nos ha causado.

—¡Oigan! —gritó el erizo desde el otro extremo del callejón.

—¿Eh?

—Disculpen, pero ese chao es mío.

El erizo muestra un semblante fuera de lo común, no se aprecia su amigable apariencia de siempre; con una mirada seria, una voz ligeramente más profunda, y ambos puños cerrados con fuerza, amentando de a poco el brillo de las esferas.

—Escucha, mocoso, será mejor que te vayas a casa.

—¿"Mocoso"? ¿Me llamaste "mocoso"?

La voz de Blue hace un poco de presión en el ambiente, esto a causa de su energía siendo liberada entre palabras, intimidando así a los ladrones.

—Bien, si no acceden por las buenas, tendrá que ser por las malas.

—¡Ja, ja! ¡¿Escuchó eso, jefe?!

Quien parece ser el líder del grupo sería el único que se toma en seria la advertencia, pues los otros dos solo se burlan del chico, disimulando así el miedo causado por la posibilidad de estar enfrentando a un Ser Especial o Común.

—Dame a ese chao y denle una lección a ese mocoso.

Los dos tipos sacan una navaja y se lanzan contra Blue. Él corre hacia ellos y da un giro sobre sí mismo, pasa al otro lado sin problemas.

—¡Ahh! ¡Mi mano!

Una pequeña cantidad de sangre cae de la mano de uno de los ladrones, dejando caer el cuchillo, manchando éste junto con el suelo.

—¿Eh? ¿Qué te pasó?… ¿Dónde está mi navaja?

—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó el líder, furioso y asustado.

—Si fastidias a un erizo, él te dará las púas; logré tirar la navaja de uno y… bueno… el otro tuvo suerte de no perder la mano, ¿saben?

—¡Maldito! ¡Me las pagaras!

—Oye, ¡espera!

El tipo trata de golpear a Blue, pero él esquiva todos sus movimientos con las manos en la espalda, sin perder en ningún momento su semblante serio y atemorizante. De un momento a otro, se convirtió en una pelea de dos contra uno, pero nada cambia, pues el chico esquiva sin problemas cada golpe que le arrojan.

—¿Quién es este tipo? Como sea, será mejor terminar con esto antes de que pase a mayores.

El líder saca una pistola y apunta al erizo.

—¡Chao, chao!

—¿Qué?…

El disparo se escucha por varias calles alrededor. Los tres criminales ven aterrados cómo la bala cae al suelo con una abolladura. Blue se cubrió usando la esfera de uno de sus guantes, ésta no muestra siquiera un rasguño, solo el retroceso de la mano por el impacto, sujetando su pecho.

—Hmm… ¿Quién eres?

—Soy quien se convertirá en la cosa viva más rápida. Pero, por hoy, seré su peor pesadilla.

Los tres criminales, están temblorosos, sin saber qué hacer.

—Escúchenme bien, trío de inútiles; gracias a mi velocidad, es imposible que me den con un arma de fuego, aun a corta distancia.

De repente se oyen patrullas llegar al lugar.

—¡Jefe! ¡Es la policía!

—Maldición…

—Suelta al chao, y los dejaré ir.

—Agh… Bien, aquí lo tienes.

El ladrón libera a Zomi para que se reúna con Blue y, a continuación, el erizo les abre el paso. En un momento, la policía entra en la escena, pero solo encuentran un callejón vacío, no ven siquiera la bala abollada a sus pies.

Blue y Zomi están en la azotea del edificio. Al atardecer, el erizo solo observa al horizonte, pensativo, sin decir una palabra; Zomi nota algo de tristeza en su mirada.

—Cha, chao…

—Lamento que conocieras ese lado de mí.

—Chao, chao…

—No sé si hayan visto lo pasó ahí, pero, si lo vieron, es seguro que no me permitan quedarme contigo, lo siento, Zomi, creo que te fallé.

—Chao…

Se acorruca en sus piernas. Viendo la puesta del sol, Blue sonríe un poco.

—Parece que se nos acabó el día, tenemos que ir a que nos evalúen. Zomi, lo siento si no fui el mejor dueño.

El pequeño se eleva y coloca frente a Blue, le hace varios ademanes inentendibles mientras balbucea con una sonrisa, entonces, se calma y cierra los ojos.

—¿Zomi?

La curva que tiene al final de su cabeza se levanta, su decoloración gris cambia por amarillo y comienza a brillar, luego, en su cabeza se crea un aro brillante que se eleva hasta la punta de su curvatura ya elevada por completo. Zomi vuelve a la normalidad y el aro dorado se queda flotando sobre su cabeza. El pequeño lo toma y entrega a Blue.

—Increíble… Espera, esto es… ¿un Anillo Dorado?

—¡Chao, chao!

—Un chao con el poder de crear Anillos Dorados ¡Eres increíble! ¡Alvin se volvería loco por ver esto! ¡Es algo tan…!

La emoción de Blue desconcierta un poco al chao, así que el erizo recupera la compostura.

—Ah, sí, tenemos que ir. Gracias por todo, Zomi.

—Chao, chao.

Blue guarda el anillo en un bolso, ambos se ven los rostros y sonríen.

Más tarde, en la oficina:

—Por si se lo preguntan —decía el dragón, firme pero enfadado—, sí vimos lo que pasó en la pastelería, y en el callejón.

—Rayos, de verdad tenía la esperanza de que no lo hubieran visto.

—Y después de presenciar la escena, llegamos a la conclusión de que…

Harito se aclara la garganta para llamar la atención de Kyusai.

—Está bien, está bien, tú ganas, bien. Después de ver lo que pasó en ese lugar, mi compañero decidió que tú serias un excelente dueño para este chao.

—¿Qué? Entonces… ¿Puedo quedarme con Zomi?

—Así es. Aquí tienes, tu certificado de adopción —dijo con calma y enfado a la vez, para luego entregarles el mencionado papel.

—¡Mira esto! ¡Me quedaré contigo después de todo!

—¡Chao, chao!

—Si necesitas cualquier cosa, aquí está mi tarjeta —dijo Harito, feliz del resultado final.

El erizo y su chao celebran un buen rato en la oficina, hasta que Kyusai le ve forzado a echarlos del lugar. Una vez estando solos, el dragón cuestiona la decisión de su compañero.

—¿Estás seguro? Hay mucha gente tras ese chao y acabamos de descubrir por qué.

—Estoy seguro, después de todo, este chico arriesgó su vida por en pequeño chao, creo que no hay mejor persona que él para cuidar al pequeño Zomi.

—¿Y ahora lo llamas por su nombre?

—Je, je.

—Parece que te has olvidado de que se trata del chao que se le escapó a Esmeralda Negra y, por si fuera poco, ya se ha confirmado la presencia de Yurakir Hollow en esta ciudad. ¿De verdad crees que el chico podrá protegerlo siempre? Creo que, tarde o temprano, alguien más del Equipo Especial se lo arrebatará sin más.

—Es probable, pero, ¿sabes? Ese chico me da una extraña sensación de confianza, creo que podemos confiarle la tarea de cuidarlo y ni siquiera sé por qué.

—Ya veo, entonces tú también sentiste lo mismo que yo al verlo, esa sensación tan familiar, por alguna razón siento que lo conozco de algún lado. No debemos quitarle los ojos de encima por ningún motivo.

—¿No tenemos otros trabajos qué hacer, Kyusai? No te convertiste en detective especial solo para cuidar a un chico y su mascota.

—¡No se trata de cualquier mascota, Harito! ¡Probablemente tampoco de cualquier chico!

—Tranquilízate un poco —dijo entre risas al ver la ansiedad de su compañero—, solo nosotros sabemos de la presencia del chao en esta ciudad, y su apariencia es distinta a la que poseía originalmente, además, no es el único chao con la capacidad de crear anillos dorados, fácilmente puede ser confundido por cualquier otro chao.

—Está bien —contestó entre gruñidos—, espero que tengas razón. Si alguien descubre lo especiales que son esos anillos…

Ya en la noche, el erizo llega a su departamento.

—Bienvenido a tu nuevo hogar.

—¡Chao, chao!

El pequeño se emociona y comienza a volar por todo el lugar, a pesar de ser algo pequeño. Explora cada rincón, e incluso esculca entre las cosas de Blue. Encuentra el estuche que el erizo nunca abre.

—Oye, oye, deja eso ahí.

Lo arrebata y pone de nuevo debajo de la cama.

—Quizá debamos fijar algunas reglas aquí.

El chao lo ignora y deja salir un gran bostezo, luego, se acomoda en la cama.

—Oye… Cielos, qué travieso, creo que es justo la compañía que necesitaba.

Se queda bien dormido.

—Je, je… ¿Ahora cómo voy a dormir yo?

Sin más, se acomoda con cuidado para no molestar a su compañero. Estando tan cómodo como pudo, se quita el collar, elevándolo por completo para contemplar la brillante piedra azul zafiro.

—Cada vez es más difícil olvidar… ¿Zomi será una oportunidad para redimirme?

En poco tiempo, se queda dormido.

Esa misma noche, en aquella arboleda a las afueras de la ciudad, un encapuchado se encuentra con cierto halcón.

—Al fin llegas.

—Perdón por hacerte esperar —dijo Marshall, quitándose la capucha—, yo también suelo estar ocupado, ¿sabes?

—Hm, y dime, ¿qué decidiste al fin? ¿Te unirás a nosotros, o no?

En un árbol, escondida, Rebeca espera ansiosa su respuesta, con su katana lista.

—Genevil, ya tengo una buena vida, y no puedo dejarla de esa manera, tengo amigos a los cuales no puedo dejar, así que comprenderás el por qué no puedo irme con ustedes.

Rebeca tiene problemas para contener la emoción.

—Grave error, lobo…

—Entonces, me temo que…

—Sin embargo…

—¿Eh?

—¿Umh?

—Es cierto que los dos tenemos al mismo sujeto haciéndonos tropezar. Así que no me uniré directamente a ustedes. Pero sí les ayudare a combatir a Jethog, no directamente, claro.

—¿Qué rayos está diciendo?

—Ya veo… Interesante decisión.

—Ten esto.

Marshall le arroja un pequeño chip a Genevil, al atraparlo y postrarlo sobre su mano abierta, una pequeña cantidad de archivos aparecen en un holograma.

—¿Qué es esto?

—Es una carpeta con todos los datos acerca de la investigación que la policía está haciendo sobre ti. Te recomendaría ya no llevar camaritas la próxima vez que hagas un movimiento.

—¿Por qué me lo das?

—Considérame tu guardaespaldas secreto. Un amigo mío me da acceso a los archivos de la policía y del Equipo Especial, no diré quién. Además, yo te puedo informar acerca de los planes que tengan contra ti; por ejemplo: la próxima vez que mandes un robot, Stius pondrá un rastreador especial en la cámara que siempre aparece gravando cada pelea contra tus máquinas, entonces encontrarán tu base. Bien, eso es todo de mi parte, aún tengo tu teléfono, si necesitas algo, llámame, si no contesto entonces no es buen momento, llama tres veces seguidas cuando se trate de algo urgente.

—Muy inteligente de tu parte, aprecio tu cooperación.

Sin nada más por discutir, Marshall vuelve a poner su capucha y se retira. Sin ningún testigo, Rebeca baja del árbol.

—Señor, ¿me puede decir cuál es su plan exactamente?

—Ninguno en especial, solo pienso que es buena idea hacer crecer nuestra familia. Tankdo tiene un gran potencial, pero, por ahora, parece que solo podemos usar su rivalidad con Jethog a nuestro favor.

—Yo… creo que entiendo. ¿Qué haremos ahora?

—Creo que es momento de hacer una última prueba.


Próximo Capitulo

"En busca de un maestro"