Visto lo visto, que no soy capaz de mantener mis promesas de publicar cuando lo digo, esta vez ni siquiera intento decir una fecha aproximada sobre el próximo capítulo.


II. BLAISE ZABINI

En algún momento durante sus años en Hogwarts, Blaise y Daphne empezaron una discusión continúa sobre qué contaba como cumplido y qué no. La discusión en cuestión les duró años (y quizá les continué y ella no lo sepa porque no los ha vuelto a ver) y los dos se iban ganando compañeros que les ayudaban a defender sus opiniones.

Daphne decía que un cumplido solo valía si era sincero y se decía sin ningún objetivo más que el de decirlo. Blaise defendía que, mientras el cumplido fuera sincero, no importaba si la persona que lo decía tenía algún otro propósito.

Poco tiempo después del inicio de la discusión, Marcus Flint les dio la idea de que no importaba si el cumplido era sincero o no. Y Terence Higgs le siguió, diciendo que ni siquiera era necesario que fuera verdadero.

En la sala común, se creó un gran revuelo y los Slytherin se dividieron en cuatro grupos según a quien seguían. Pansy se puso de lado de Daphne, porque era su mejor amiga y en aquél entonces pensaba que tenían que apoyarse en todo, y cuando Daphne se plantaba, espalda recta y cabeza alta, delante de Blaise y le llevaba la contraria en cualquier cosa, Pansy se quedaba detrás de ella, apoyándola, mirando a Blaise con lo que esperaba fuera una cara intimidante.

Blaise se reía de ella, a sus espaldas y delante de ella, pero otras veces la miraba con ojos brillantes y se lamía los labios mientras la miraba y Pansy se sentía bien. Y se lo perdonaba todo por un momento de lujuria que veía pasar en sus ojos oscuros.

Tenían un trato, una especie de pacto no hablado que Blaise mantenía con casi todos sus compañeros en Slytherin. Blaise no tenía amigos: tenía compañeros. Tenía gente que le debía favores y gente a la que debía algún favor y su punto fuerte era el de equilibrar los favores de manera que él siempre saliera ganando.

Tenía un pacto, el que peor llevaba de todos, el que le preocupaba más y que repasaba mentalmente varias veces al día intentando buscar una manera de inclinarlo más a su favor, con Marcus Flint. Pero Flint era un chico extraño para todo el mundo, para los mismos Slytherin también.

Flint sabía secretos de la familia de Blaise que este temía y Blaise tenía secretos sobre Flint, que quizás Flint no temiera, pero odiaba (Flint lo odiaba todo y a todos, era otro tipo de persona de los que no tiene amigos, —solo que él sí los tenía, aunque todavía no los supiera apreciar—).

Flint era extraño en cosas como que no se dejaba comprar y luego aparecía como capitán del equipo de Quidditch con escobas nuevas en la mano, un Malfoy detrás suyo y un antiguo buscador echado del equipo. Era raro porque no era el tipo de persona que se parara a pensar en cómo hacer daño a alguien (Flint se enfadaba y atacaba, Flint se enfadaba —siempre estaba cabreado —y alguien acababa con dos dientes menos, un morado en el hombro o un ojo hinchado que no podía cerrar) y todos sabían de la jugarreta hacía Potter y las sabanas negras y el hacer ver que eran dementores.

Así que, disimuladamente, Blaise temía a Marcus Flint. Disimuladamente, le admiraba. Todavía más disimuladamente, lo disimulaba todo.

A Pansy, le gustaba. Al menos, a ratos. Sabía que estaba interesado en ella de la misma manera en que ella estaba interesada en Draco y eso le daba un calorcito agradable por todo el cuerpo.

A veces se mordía los labios, escondida detrás de Daphne, cuando los dos discutían, y disfrutaba de los nudos que se le hacían en el estómago cuando él se callaba durante dos segundos en su argumentación contra Daphne y le miraba la boca, lamiéndose los dientes. Luego volvía a prestar toda su atención a sus palabras, como si no hubiera pasado nada:

—-Decía, Greengrass, que el caso de la leyenda del amor de la noche no solo no cuenta como ejemplo de la función de la inocencia porque sus personajes no sean humanos, sino que el origen de esta tampoco es humano. No se puede aplicar un concepto humano a una criatura no-humana.

¿Quién no desconfía de la noche? ¿Es el ciego, que no ve la oscuridad? ¿Es el niño, que no la entiende? ¿Es el ladrón, que se esconde en ella? ¿Eran ellos dos, que buscaban excusas para discutir? Lo que está claro, es que no ella, que la conoce mejor que nadie.

—¿Por qué? ¿No tienen la suficiente capacidad mental para entender el concepto de no-culpabilidad? Qué no lo entiendan no significa que no lo apliquen.

Nott carraspeó. A su lado, Draco dejo ir una carcajada mientras movía su peón. Lisa se levantó de su sillón y se acercó silenciosamente a Pansy, que no la vio hasta que sintió una mano en su hombro.

—¿Has visto a Milli? Tenía que devolverme mi copia de Jeroglíficos mágicos y logogramas. Lo necesito para acabar mi trabajo, —susurró.

—¿No está en su habitación?

—No.

—¿Y en la biblioteca? —Añadió Blaise, que la había escuchado.

—¿Qué? —Preguntó Daphne, que no le gustaba que interrumpieran sus momentos.

-Tengo que ir a dejar un libro, si la veo ya le diré que te busque rápidamente. —Le susurró Pansy de vuelta a Lisa. Esta asintió y volvió a sentarse en su sillón.

Blaise pasó al lado de Daphne y Pansy, que miraba a Draco, para variar, vio como este levantaba una ceja ante los movimientos del chico y movía un caballo, mirándolos, distraído del juego. Pansy se sonrojó, aunque supiera que no la estaba mirando especialmente a ella y se sintió una niña pequeña con su primer flechazo.

Sintió el brazo de Blaise en sus hombros y su aliento caliente en su oreja, poniéndole la piel del cogote de gallina y deseó que Draco dejara de mirarlos, que no viera esa parte de ella que disfrutaba de la atención de otra persona.

Era estúpido, intentar esconder esa parte cuando Draco disfrutaba de la atención más que nadie. Se alimentaba de miradas y casi que se hinchaba como uno de esos pavos que su padre tenía en el jardín de su mansión. Cambiaron, con el tiempo, muchas cosas sobre Draco, pero el deseo de ser el centro de atención nunca desapareció. (—Mírame a mí. Solo a mí. —Desea Draco mientras su insulto resuena por todo el edificio sagrado y Pansy se habría reído si hubiera estado ahí y se ríe cuando lo sabe, con sábanas blancas tapando piel pálida y deseos más palidecidos aún). Quizás el deseo por atención empequeñeció o Draco aprendió a disimularlo mejor, pero lo que está claro que cambió fue el tipo de atención que recibía. Al menos, eso aprendió a controlarlo, aunque ese aprendizaje fuera fruto de su cobardía.

—¡Qué casualidad! Yo también tengo que ir a la biblioteca. ¿Me acompañas a buscar mis cosas y vamos juntos? —Blaise le rozó la oreja con los labios y Pansy vio como sonreía, de reojo.

Daphne chasqueó la lengua y se fue a sentar detrás de Nott. No se había rendido de convencer a Blaise que ella tenía la razón y ya estaba pensando en más argumentos a su favor. Delante de Nott, Draco había rodado los ojos por las palabras de Blaise y Pansy ardía de vergüenza y de algo más que le subía por el esófago hasta secarle la boca.

—Vamos, —aceptó la invitación Pansy.

Blaise la empujó con un brazo en un hombro y uno en la cintura, dibujando circulitos que no escondían para nada sus intenciones.

Subieron las escaleras y subió el nivel de anticipación que sentía Pansy. Cerraron la puerta de la habitación detrás de ellos y Pansy se relajó al ver que la habitación estaba vacía, aunque ya lo supiera de antes.

Blaise susurró algo que Pansy no escuchó bien y ella asintió, le cogió la muñeca y lo besó, metiendo el dedo entre la manga de la túnica y acariciándole la piel. Blaise apretó los dedos contra su cintura y le devolvió el beso, empujándola hasta la cama.

Hablaron entre besos, rieron un poco y la mano de Blaise desapareció debajo de la falda del uniforme escolar mientras los dedos de Pansy se peleaban con los botones de la camisa.


Cuando salieron de la habitación, Draco seguía jugando al ajedrez con Nott y ni siquiera levantó la cabeza cuando ellos pasaron por el lado. Por una vez, a Pansy no le dolió el corazón. Estaba contenta, se sentia bién, fuerte, segura de ella misma.

Luego encontrarón a Milli.

Una Gryffindor de sexto año la tenía agarrada por el cabello, zarandeándola de un lado a otro. Milli tenía los ojos abiertos como platos, como si la hubieran cogido por sorpresa.

—¡Vosotras! —Gritó Blaise.

Pansy dio dos pasos hacia adelante.

Milli agarró el brazo con el que la chica le había cogido la coleta y, enganchando los pies en el suelo, le dio un puñetazo a la otra chica.

—¡Sangre sucia! —chilló ella.

Se giró y dio otro puñetazo. Se lo devolvieron.

Pansy y Blaise se quedaron quietos y Milli los vio, distrayéndose y haciéndo que no viese venir las uñas de una de las chicas hasta tenerlas sobre el párpado.

Milli gritó, como un animal herido. Pansy pensó en buscar un profesor, en pararlo de alguna manera.

Milli recibió otro puñetazo, esta vez en la nariz y Pansy pensó que se la habrían roto. Blaise reaccionó entonces, empezándose a mover detrás de una de las chicas Gryffindor. Antes de llegar, Milli la tumbó de un golpe, pateándola en el suelo.

—¡Maldita hija de muggles! —Gruñó la otra.

Milli la tiró sobre la pared, le dio otro puñetazo en la barriga y un codazo en un hombro, empujándola hacia el suelo, donde esperaba su amiga.

—Milli… —Llamó Blaise.

—¡Vamos a la enfermería! —Añadió Pansy.

—No, da igual.

Pansy se acercó a ella. Milli respiraba fuertemente, cogiendo y sacando el aire por la boca como un toro.

—Dos contra una. Y, además, un año más grande. —Oyó Pansy decir a Blaise. Una de las chicas se levantó y Blaise se puso delante de ella. —Los profesores están en camino, —mintió. —Será mejor que os vayáis. —Añadió: —Ya.

—¿Volvamos a nuestra habitación?

Milli asintió. Blaise le dio una palmada que hizo que trastabillara y que Pansy la guiara, aguantándola por los hombros.

—Eres una bestia, chica. Les has dado una paliza increíble.

Milli cojeaba, se mordía los labios. Pansy no sabía si era porque estaba enfadada y quería decir algo o porque iba a llorar. De cualquier manera, le apretó los hombros.

Tenían quince años. Estaban a punto de acabar lo que creían sería el antepenúltimo año de los tres y Pansy era la que tenía más amigos de los tres y, aun así, no eran muy buenos. No estaba segura de que fueran amigos entre ellos. Ellos mismos, ni siquiera eran buenas personas.

Antes de entrar a la sala común, Milli agarró los dedos que le estrujaban los hombros. Tenía las manos calientes, humedas por el esfuerzo.

—Pansy, déjame.

—No.

Detrás de ellas, Blaise andaba sin disimular su sonrisa, aguantando los libros de las chicas y divirtiéndose con la situación.

Al entrar, Draco ya no estaba jugando al ajedrez. Nott había subido a su habitación, con Daphne, probablemente, y Gregory y Vincent estaban sentados al lado de Lisa, hablando en susurros entre ellos. Había un par de niños de primer año y los cazadores del equipo de quidditch debatiendo su próxima estrategia delante del fuego.

Gregory los miró al entrar, fue el único de los que allí estaban que les prestó alguna atención.

Pansy se adentró, enfadada de repente, y se plantó delante de Draco.

—¡Draco!

Millicent estaba detrás de ella, pero al escuchar la voz enfadada de Pansy, posó su mirada aburrida encima de ella.

Años después, Pansy hubiera visto las pestañas rubias moverse lentamente, habría entendido que no importaba lo que hiciera, el daño ya estaba hecho. Años después, Pansy hubiera sabido que decir, que hacer, con tal de que las cosas tomaran el rumbo que ella quisiera. Años después, Pansy se alegra de no haberlo sabido entonces, porque lo que habría querido es muy diferente de lo que querría después: querría cambiar el futuro, alguna cosa del pasado, pero en aquél momento, habría cambiado el presente.

Blaise bufó. Pansy no lo vio, pero lo oyó. Y le ignoró. De reojo, notó a Millicent acercarse a ella, cojeando un poco con la pierna con la que había dado una patada a la chica de Gryffindor. Le pareció ver los labios de Draco moverse, formando esa sonrisa que le gustaba tanto y que siempre venía antes de formar alguna burla.

Se giró y cogió a Millicent por la cintura, intentando parar el ruido que la chica hacia al intentar andar sola, y Millicent se apoyó en ella, rodeándola con un brazo por los hombros.

Miró a Draco, directamente a los ojos, desafiándolo. El peso de Milli, a partir de entonces fue siempre Milli, casi protegiéndola, rodeándola, caliente.

Siempre había sido grande, Milli. Las más grande entre todas las demás chicas de su edad y más grande que muchos de los chicos. Alta y gorda: a muchos le daba miedo.

A las demás chicas con las que compartía dormitorio, no; la habían visto lagrimear con una canción particularmente romántica que tocaban por la radio y pelearse con un nudo que no quería desaparecer y perder y estaban acostumbradas a verla encogida, acariciando a un gato horroroso como si fuera la criatura más hermosa que ella hubiera visto nunca.

Con Milli a su lado, Draco no podía herirla.

—Nosotros no dejamos que ataquen a los nuestros.

Era verdad. La única persona que podía herir a los suyos era ella misma, por eso mismo eran suyos.

Draco no dijo nada. Seguía mirando a Milli, la sonrisa a medio formar congelada y los ojos grises que tanto le gustaban congelados.

A Pansy no le hizo falta que dijera nada. Llevo a Milli a la habitación y lo dejo ahí, sentado en el mismo sofá en el que lo había encontrado, imaginándose que le había hecho daño con aquella acción igual que él se lo había hecho a ella tantas veces.

Hasta que no llegaron a la habitación, no se acordó de Blaise.


Blaise se sentó con Gregory, que los había visto entrar, pero al que no le importaba lo que había pasado.

Turpin se levantó y subió las escaleras detrás de Bulstrode y Pansy, a buscar un libro para poder acabar un trabajo de Runas Mágicas. Vincent lo miró. Y hizo esa cara rara que hacía cuando no entendía algo.

—A Pansy le sigue gustando Draco, —le explicó Gregory, mirando a Blaise.

Vincent hizo un ruidito, como indicando que lo había entendido. Eso significaba que no lo entendía y que le daba igual.

—Le puede gustar quién quiere, —replicó Blaise. En voz alta, para que Draco le oyera, añadió—Que yo ya me la he tirado.

Draco no le hizo ni caso. Los problemas de Pansy no le interesaban, él seguía pensando en las últimas palabras de la chica y en la sangre encima de Millicent.

Vincent rió, alto y cruel, y a Gregory también se le escapó una risilla, que contuvo rápidamente y lo miró con unos ojos que habrían hecho arrepentirse una persona mejor que él.

Hay un mundo donde el que muere quemado es Gregory y Draco no lo supera. Se casa con una chica de postura elegante, con ojos verdes y un apellido que no ha sido manchado por la guerra, y tiene un hijo, un niño rubio que se queda huérfano de madre antes de tiempo. Draco se sumerge en trabajo y persigue los cambios que su mujer quería ver en la sociedad y viste la viudez igual que los dos anillos de su dedo anular. En ese mundo, Pansy ni siquiera tiene una oportunidad.

—Ya lo sabías de antes. Todo el mundo lo sabe.

Gregory le regañó. Vincent no se enteraba de nada, pero hacía ver que sí. Blaise ardía en rabia. Había estado tan contento, unos momentos atrás, pensaba que no había nada que le pudiera estropear el humor, había pensado que Pansy y él se habían convertido en algo más.

—¿Estás diciendo que yo soy el culpable?

—¿El culpable de qué? No. Ella no debería…

—¡Pues lo ha hecho! —Ni siquiera estaba seguro de que se suponía que Pansy no debería haber hecho, ¿acostarse con él? ¿hacerle creer que sentía algo por él? ¿hacerle creer que lo había puesto por encima de Draco? —¡Joder! —Entrecerró los ojos. Arrastró las letras. —Lo hemos hecho. Y ella lo ha disfrutado. Le ha encantado.

Vincent rio. Gregory no:

—Ya.

Tenían un pacto secreto, Blaise y Pansy. Estaba basado en el hecho de que los dos estaban enamorados de alguien que no les correspondía. Blaise rompió el trato, basado en el hecho de que Pansy lo había rechazado menos de una hora después de besarlo con la boca abierta y las piernas alrededor de su cintura.

Blaise defendía a Pansy de Draco cuando este se ponía particularmente insoportable (palabras de Blaise) y podía y Pansy no dejaba que Blaise se quedara sin enterarse de los chismes que corrían por el castillo.


Pansy lo aceptó (y Blaise la odió un poco más por ello y se volvió enamorar a la vez) cuando fue a contarle el nuevo chisme que había escuchado (los granos de Edgecombe no parecían salir con nada) y Blaise no le dio ni las gracias, sino que se levantó de la silla en la que estaba sentado, acompañando a Nott, y la dejo a media frase, hablando sola.

Nott no le hizo ni caso, le pasó una mirada rápida por encima antes de que se callase y volvió a centrarse en su libro.

Pansy lo aceptó, pero no bien.

—¿Cómo se atreve? — Gritó dentro de su habitación. —¿Cómo se atreve a dejarme con la palabra en la boca?

—¿Se ha enfadado contigo? —Preguntó Milli, acariciando a su gato con una mano mientras con la otra sostenía una pluma con la que escribía a su padre.

—Evidentemente, —contestó Daphne.

—¿Por? —Preguntó, mientras Pansy seguía gritando una retahíla de maldiciones. A su lado, Lisa, que la estaba ayudando con los deberes antes de que empezara a escribir una carta, le contestó mientras pasaba la página del libro que leía:

—Porque se acostó con él. Y luego Blaise se dio cuenta que sigue enamorada de Draco. Así que ahora está enfadado.

—¡Pues que no se crea que yo voy a ir arrastrandome detrás de él! —Exclamó Pansy, que no las había escuchado.

Ninguna de las otras tres chicas había creído ni por un momento que Pansy iría arrastrándose detrás de otra persona que no fuera Draco, pero el hecho de que ella misma lo considerara lo encontraran interesante.

Lisa se lo tomó como una prueba de que, aunque fuera un poco, le gustaba Blaise. Daphne creyó que, al fin, se empezaba a pasar (como si fuera un resfriado) el enamoramiento y la obsesión con Draco. Millicent consideró las dos opciones y, como no estaba segura cual significaba más para ella, dejó de pensar en ello y dejó que el tiempo decidiera lo que tenía que pasar.