1. GUERRA
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. (Génesis 3:19)
I. MILLICENT BULSTRODE
Después, en el silencio de su habitación, Pansy se permitirá un momento para maldecir a Draco en murmullos tan apagados que no llegarán ni a sus propios oídos. Pensará en enviarle una carta, pidiéndole respuestas que no estará segura quiere conocer. No llorará, porque creerá que no vale la pena derramar lágrimas cuando se siente tan orgullosa del maquillaje en sus ojos y se morderá un poco los labios antes de soltárselos porque no querrá hacerse heridas en ellos. Se tirará en la cama, con un cuidado que le costará mantener y se repetirá hasta la saciedad que todo está bien, que ella es feliz y que el mundo es un lugar bonito como el de las novelas rosas y cogerá de su mesita Cuando los muggles atacan y leerá hasta que todas las dudas desaparezcan.
De momento, en la sala de estar de su casa, agarra la taza de té con más fuerza entre sus dedos y, sentada en ese sofá azul cielo sobre el que sus padres discutieron durante dos semanas enteras si comprar o no, escucha con interés a las amigas de su madre cotillear sobre la muerte de su mejor amiga.
—Tenía sangre mestiza, ha sido un sacrificio necesario para limpiar el apellido manchado de los Bulstrode.
—La pobre era tan vulgar. El mundo es un lugar mejor sin ella.
Pansy asiente, con una línea recta en los labios y da un sorbo de su taza. El té todavía está caliente, pero parece que sea dagas de hielo en su garganta.
—La chica tenía la misma edad que mi Pansy, —añade su madre. Hace una mueca de asco con la boca, tan parecida a la que hace normalmente ella que a Pansy, por un momento, le parece que se está mirando en el espejo y se le revuelve el estómago. —Iban al mismo curso en Hogwarts.
—Pobrecita, —una mujer con el cabello rizado y cara de caballo, la señora Cainsworth, le apoya una mano sobre la falda, con cara de pena y unos ojos que gritan la lástima que le tiene.
Pansy le dirige una sonrisa amable y deja la taza en la mesa mientras la mujer le da un apretón a su pierna antes de apartar la mano.
—Al menos este año, seguro que Hogwarts está más limpio. Últimamente daba pena.
La señora Goyle niega con la cabeza, triste.
Y así es como Pansy se entera de que no va a volver a ver más a Millicent Bulstrode.
No le escribe una carta a Draco en todo el verano. Es la primera vez desde que se conocieron que Pansy pasa tanto tiempo sin intentar contactar con él. Pansy piensa en él. Cada vez que su madre se enfada, Pansy piensa en Draco. Cada vez que en la salita de su casa las amigas de su madre hablan de sangre limpia y sangre pura y todo sangre, Pansy piensa en Draco y en todo lo que quiere contarle. Antes de ir a dormir, se imagina que le cuenta lo que está pasando y que Draco le cuenta sus secretos a ella.
Pero la realidad no se encuentra en su imaginación, la realidad es que Pansy descubre que Milli, su Milli, está muerta y no tiene el derecho al duelo.
Pansy sueña con manos sucias, sangre marrón, barro en las manos. Pansy sueña con la señora Goyle, sus manos grandes alrededor de una taza (victoriana, pan de oro, la única que queda entera del juego que los Rosier le regalaron a su madre por el matrimonio de sus padres) y, en vez de líquido, bebe una neblina negra que se le atraganta, la cara se le enrojece y Pansy la mira desde su asiento (sillón Luís XV, color azul cielo, cojín con bordado de plata), su taza vacía y labios negros, pensando en que va a tener que contárselo a Gregory y en que no sabe cómo.
¿Dónde está Lisa? Empieza a escribirle a Daphne. Y tacha la pregunta y quema el papel y hace desaparecer las cenizas. Por si acaso. ¿Qué le ha pasado a Milli? Empieza otra, esta vez mentalmente. Nott es un cabrón. Continua. Draco, asesino. Sueña. Daphne, traidora. Piensa.
Su madre se ríe. Desaparece por las noches, con los Crabbe, los Lestrange y los Mulciber. Siempre llega más contenta de lo que se fue. Pansy se alegra, la recibe como debe, pregunta con el entusiasmo que se merece. Piensa en su padre, en la alfombra delante de la chimenea, en sus dedos en su cabello y en como le susurraba los cuentos para dormirla, como si fueran un secreto. Piensa en Milli y en sus dedos en su cintura. Te echaré de menos, empieza a escribir en su cabeza, igual que he echado en falta a mi padre.
–Pansy, cariño, —la interrumpe un día su madre mientras comen. Han sacado la vajilla que solo sacan en Navidad, la que tiene árboles rosas que Pansy no reconoce, pero que es más vieja que el cuadro de su tatarabuela. —¿Has oído hablar de la legeramancia?
Y Pansy deja de pensar en Millicent Bulstrode. Cuando llega la noche sueña. El verano es caluroso y ella duerme con la ventana cerradas, y seguramente es por eso que sueña con Milli (Bulstrode, quiere decir) deshaciéndose en su cama de Hogwarts y en el señor Bulstrode y su hermana (la señorita Bulstrode, que se casará con el primo de Vincent) y, a veces, con su padre.
Si se le hace tarde soñando, los elfos la despiertan y ella se prepara con sus pendientes esmeralda y sus faldas largas (y respetables) y sus zapatos y sus uñas pintadas y todo perfecto y puro. Por encima de todo, puro. Cuando baja a almorzar con su madre (nunca tarde), esta siempre le sonríe.
(Pansy abre la boca y grita.)
(En sus sueños.)
