Emmmmm no me maten xD ya aparecí. No publicaba desde el año pasado :v Jajajaja.

Aclaración: Hay que tener en cuenta esto para entender cierta parte del capítulo. No se cómo funciona el ciclo escolar en los demás países, así que me basé en el mío. Las clases inician en enero, dependiendo qué semana cae -a veces en marzo o abril- vacaciones de semana santa (para ser más específica: de verano. Una semana aprox), vacaciones de medio año -junio o julio-, y el ciclo finaliza en la quincena de octubre.

Advertencia: bueno, yo creo que no hace falta decirlo. De ahora en adelante no sé si avisarles... Lemon.

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Promesas

Luego de recibir la condenada llamada, se sentó un momento para pensar con claridad. Soltó un suspiro, apoyó sus codos sobre las rodillas y se masajeó las sienes, jamás había pasado por esto. Se sentía estúpido. Dependía de su trabajo pero, por alguna razón, no quería terminarlo. Tomó de nuevo su celular, cuando lo desbloqueó vio la hora, 8:09 am, aquí estaba adelantado una hora. Recordó que le había llegado un mensaje antes de iniciar el vuelo; fue hasta la bandeja de entrada de los mensajes de texto, no había nada nuevo, al igual que en sus redes sociales. Entonces ingresó a su correo electrónico ¡ahí estaba! Un mensaje de Nappa, gruñó más fuerte, ni siquiera lo leyó y dejó de nuevo el celular en el sillón. Harto de todo esto, se levanto y se dirigió al cuarto, cuando la vio dormir, se sintió de una manera… extraña, como si la estuviera engañando. No pudo verla más y fue a encerrarse al baño. Se despojó de la única prenda de vestir que llevaba, abrió el grifo del agua fría de la ducha y se colocó debajo de la helada lluvia artificial. Su cabello se acható por el agua, cerró sus ojos para que no le molestara el liquido. Era ridículo cuestionarse por qué siguió este oficio.

–Tarble.– murmuró.

Flashback

Otro fin de semana encerrado en el cuarto que compartía con su hermano menor, se la pasaban jugando videojuegos todo el día y cuando se aburrían preferían ver una película en vez de salir. Era el único momento donde no habían discusiones absurdas entre los dos.

Vegeta, a sus trece años era muy gruñón y antipático, incluso con su hermano Tarble de once. Pero no del todo, cuando quería podía ser amigable. La única persona que consideraba su amigo era su único hermano, quizá porque, a pesar de decirle una infinidad de desprecios él siempre estaría ahí aunque no quisiera.

Su madre siempre decía no tener favoritismo entre los dos, que ella amaba a ambos por igual. Pero Vegeta no lo sentía así, el pequeño demonio siempre llamaba la atención de sus progenitores de cualquier modo y él quedaba en el olvido. Por supuesto, si casi ni hablaba.

–Vegeta, ya me aburrí– soltó el control de la consola y se acostó sobre su cama donde estaba sentado –. Siempre ganas.– reprochó.

–Siempre te quejas de todo, enano.– se levantó y apagó la consola. Luego de eso se dirigió al baño.

Tarble tenía el control remoto y salió del modo para dispositivo de juego, cambiaba de canal rápidamente buscando algo que le gustara a ambos, por experiencia sabía que su hermano mayor estaba de buen humor el día de hoy y no quería arruinarlo. Encontró una película que miraba con Vegeta hace unos cuantos años atrás.

–¡Mira lo que están dando, Vegeta!– dijo emocionado cuando el mencionado salió del baño.

Vegeta se fue a lanzar boca abajo bruscamente a su cama antes de ver lo que Tarble le habló, dio media vuelta y enfocó su vista a la televisión situada sobre el mueble en medio de la habitación –Bah, esa película estúpida.– era la película sobre dos niños que eran espías y tenían que salvar a sus padre -que también eran espías- y tenían artículos sobre exagerados. Se colocó una almohada sobre su cara para ya no seguir viendo.

–No digas esos– le lanzó un cojín por escuchar la mala expresión –. Hace un par de años te gustaba.

–Que la viera no significaba que me gustara.– se quitó la almohada de la cara para poder hablar mejor y la situó debajo de su cabeza y cerro sus ojos pareciendo dormitar.

–¡Mentiroso!– luego de eso ya no hubo respuesta alguna, Tarble se quedó viendo de nuevo la televisión. Una idea surgió en su infantil imaginación: –. Oye, Vegeta– su hermano respondió con su habitual gruñido –¿No te gustaría ser un espía? Igual que ellos. Ambos lo seríamos.– dijo entusiasmado.

–Sí, por supuesto.– dijo sarcástico.

–¿En serio?– Tarble brincó emocionado por la respuesta de su hermano mayor.

Vegeta no podía creer lo ingenuo que era el mocoso y que tampoco reconociera cuando le hablaban con sarcasmo. Pero no quería arruinarle sus fantasías esta vez ya que lo había tomado en cuenta. Y le siguió la corriente.

–¿Por qué no? Sería emocionante infiltrase en algún lugar.– le vio el lado positivo de la fantasía del menor haciéndolo emocionar más.

–¡Sí! Y, y, y que nos den mochilas cohetes para ir cualquier lado.– saltaba por toda la cama desordenando las almohadas, cojines y uno que otro peluche.

–No seas tonto, mocoso. Esos artefactos no existen.– le aclaró enojado por las ridiculeces que decía.

–Aaaah– dijo sin ánimos y dejó de saltar, pero no fue mucho lo que duró ese paro –. Que importa– volvió a saltar entusiasmado –, al menos estaré contigo… ¿lo prometes?– de nuevo dejó de dar saltos sobre su cama para escuchar claramente la respuesta de su hermano mayor.

–Claaaaro…

–¡Promételo!– gritó el menor, no lo creería hasta haberlo escuchado.

Vegeta rodó los ojos y soltó un suspiro, levantó su mano derecha a la altura de los hombros y dijo lo que su hermano estaba esperando escuchar: –Lo prometo.

–¡Síííííí…– su grito y saltos fueron interrumpidos por un cojín que cayó justamente en su cara que lo hizo tambalearse.

–¡Si sigues comportándote así, olvídate de todo!– amenazó el mayor luego de haber lanzado el cojín.

–¡Lo prometiste! Ya no puedes cambiar de parecer. – y le devolvió el ataque.

Ambos empezaron una guerra de almohadas, Tarble intentaba esquivar la mayoría pero no podía. Así que tomó la almohada más grande que tenía cerca y corrió hasta donde se encontraba Vegeta. El mayor hizo lo mismo y propinó un fuerte almohadazo que hizo que el menor cayera al suelo.

Vegeta se alarmó cuando escuchó el gran golpe de su hermano al caer, así que se acercó para ver que no se haya dañado demasiado. Se sorprendió cuando lo encontró riéndose y retorciéndose como lombriz con sal, y se contagió también. No estaba atento cuando Tarble se recuperó y también le dio un gran almohadazo que lo derribó. Rápido se levantó y contraatacó. Una batalla especial entre hermanos, las carcajadas de ambos eran difíciles de creer.

Incluso para la persona que estaba detrás de la puerta escuchando que nada malo pasara entre sus hijos. Sonrió como hace tiempo no lo había hecho. No quería arruinar el momento, pero era hora de cenar y como era costumbre le pedía a su primogénito que la ayudara. Entró silenciosamente para ver qué era lo que estaban haciendo sus hombrecitos, lo primero que vio fue a Vegeta dándole almohadazos a Tarble quien estaba tirado en suelo riendo y protegiéndose del ataque…

–¡Niños, dejen de pelear!– su voz no era de reproche. Ambos niños saltaron al escuchar a su madre que no sabían cuándo entró a la habitación.

–No estábamos peleando, mamá– dijo el menor levantándose –. Estábamos jugando.– corrigió feliz.

–Oh, lamento haber interrumpido su juego pero es hora de cenar– habló cariñosa, observó toda la pieza y quedó sorprendida por el desorden que habían hecho, algo que jamás había pasado –. ¡Que desorden! Tarble, tu te encargarás de dejar todo bien ordenado.– ordenó, el mencionado puso mala cara cuando escuchó a su progenitora.

–¡¿Y qué hay de Vegeta?!– señaló a su hermano indicando que él también había colaborado en desordenar.

–Él me ayudará en la cocina– Vegeta le sonrió burlón al pequeño que se cruzó de brazos –. Dentro de un rato viene su padre, así que apresurémonos.– dijo sonriente y alegre, algo que los menores no habían visto desde hace un par de meses que se enteraron de la extraña enfermedad de su madre, así que no reprocharon nada e hicieron lo que se les pidió.

Los meses transcurrieron, ambos hermanos convivían un poco más que antes, Tarble siempre alegre le repetía constantemente a Vegeta sobre la promesa todas las noches.

Pero luego de que su madre muriera, Vegeta fue el más afectado ya que murió dos días antes de su cumpleaños número catorce; no hablaba absolutamente con nadie y lo único que hacía cuando alguien le hablaba o preguntaba era simplemente asentir o negar con la cabeza o se quedaba callado, ya no era el de antes, incluso dejó de comer una temporada y dejó de asistir al colegio. Tarble intentaba acercarse a él o llamar su atención sin éxito, siempre lo ignoraba, ya ni le decía desprecios como antes, lo extrañaba a pesar de dormir en el mismo cuarto… con el tiempo dejó de insistir.

Un día, Vegeta quiso superar todo de una vez por todas, no podía seguir torturándose así mucho menos a su pequeña familia que quedaba. Faltaban dos semanas para que acabara el ciclo escolar, ya no había sentido para asistir si ya había perdido el año -tres meses y medio sin ir-. Su hermano sí asistía, y lo esperaría para hablarle y hacer algo juntos después de tanto tiempo, pero Tarble no llegó a la hora que debía, jamás salía de casa antes de avisar y además él no tenía esa clase de amigos que lo invitaban a su casa. Habían pasado más de tres hora y no llegaba. Vegeta preocupado, llamó del teléfono de la casa a la oficina de su padre.

–¿Diga?– contesto su progenitor como si fuera otra llamada cualquiera, no vio en el indicador de número por estar leyendo unos documentos.

–¡Papá!– gritó cuando escuchó la voz.

–¡Vegeta! ¡¿Qué sucede?! – se asustó tras escuchar la voz alarmada de su hijo, hace tiempo que él no hablaba y le preocupaba pero no lo presionó, y ahora que lo escuchaba en ese estado sentía que el mundo se le venía abajo.

–¡Tarble no ha venido!– gritó preocupado.

–¡¿Qué dices?!– se levantó de golpe tirando todo lo que tenía cerca de las orillas del escritorio. No lo podía creer, su hijo menor le hubiera dicho si saldría tarde el día de hoy o hubiera tratado de comunicarse con él para avisarle, no quería pensar lo peor –. ¡Por favor quédate ahí en casa, Vegeta. Yo voy para allá!– cortó la llamada y salió los más rápido de su oficina sin avisarle a alguien que se iría temprano, no había tráfico al ser aún temprano lo que le beneficiaba. Llegó rápido a su casa, cuando entró lo primero que vio fue a su primogénito con una cara que nunca había visto, ni siquiera cuando murió su madre. Lo primero que hizo fue tomar el teléfono y llamar al colegio para saber si seguía ahí, pero desafortunadamente le dijeron que todos -incluyendo a Tarble- habían salido y que ya había iniciado la jornada de la tarde.

–¡Tarble no está en el colegio, maldita sea!– gritó enfurecido y angustiado. ¡No podía estarles sucediendo esto! Su esposa y madre de sus hijos había muerto hace poco y ahora su hijo menor desapareció.

Pasaron días, semanas, un mes y Tarble no aparecía. Gastó todo lo que tenía para que las autoridades lo buscaran e hicieran lo imposible por hallarlo sano y a salvo.

Llegó diciembre y no habían señales del desaparecido, la búsqueda había bajado por las fiestas navideñas, Vegeta odiaba más a todos por dejar pausada la búsqueda de su pequeño hermano.

Cinco meses luego, se detuvo todo. Las autoridades dijeron que lo habían hecho todo, incluso buscarlo fuera del país pero no lo encontraron. Nadie lo había visto por ningún lado, ya no se podía hacer nada.

Vegeta jamás olvidaría la única promesa que hizo en su vida, aunque haya sido en forma de broma. Es más, incluso trataría de cumplirla a como dé lugar, sin importar que ya no estuviera a su lado la persona a quien se lo prometió.

Fin flasback

Sus recuerdos fueron interrumpidos por un abrazo junto a unas caricias en su ancho torso y el cambio de temperatura en el agua.


Bulma había despertado porque entre sus sueños no encontró a Vegeta junto ella, había sido una noche fantástica y quería repetirlo cuando despertara. Cuando ya estuvo más consciente escuchó el sonido del agua en la ducha, supuso que él estaba ahí. Así que se levantó, no cubrió con algo su desnudez porque era absurdo quitárselo dentro de unos segundos, su idea era sorprender a Vegeta uniéndose a la ducha. Silenciosamente abrió la puerta, divisó la perfecta figura del moreno a través de la cortina así que se dirigió sigilosamente a la dirección opuesta donde él estaba viendo para sorprenderlo por detrás. Cuando estuvo justamente detrás de él se asustó cuando lo vio tiritando.

–¿Vegeta?– susurró preocupada, lo tocó en el hombro y pudo sentir lo frío que estaba al igual que el agua. No obtuvo respuesta, lo que la preocupó. Estiró su otro brazo para poner el agua tibia, esperó unos segundos para que el agua se regularizara y se abrazó a él por su espalda, acariciando su pecho con sus finas manos, mojándose también. Se alivió cuando sintió sus dedos entrelazarse con los suyos, inició un camino de besos empezando por su hombro derecho seguido de su cuello hasta llegar a su mandíbula, de un movimiento felino se posicionó delante de él, tomó su esculpida cara con ambas manos y lo besó apasionadamente. No obtenía respuesta, así que frotó su cuerpo con el de él.

Vegeta al fin respondió, la abrazó por la cintura atrayéndola más, sintiendo como esos senos se aplastaban en su duro pecho. Era increíble cómo le cambiaba el ánimo sólo con estar con ella, y no quería que eso cambiará. Sentía que estaba hecha especialmente para él y nadie más; cuando la vio con su ex novio sintió celos porque no quería verla con otro, luego de eso la visitaba a diario por las tardes y cuando llegaba antes de la hora un par de veces se excusó diciendo haber salido temprano del trabajo -algo que no era cierto y que con el tiempo ya no era necesario decirlo- sólo por el simple hecho de estar con ella y por eso fue olvidando su cometido. Olvidaba que, por su trabajo era que se había mantenido junto a ella sólo para intentar sacarle información, y lo había logrado, más de lo que pensaba. Pero, si terminaba su encargo ¿se alejaría de ella? No quería perderla, no quería sentirse solo de nuevo, jamás conoció una mujer así de inteligente y a la vez tan bella.

¿Qué debía hacer ahora?

¡Al diablo su trabajo! En este momento la quería más que a nadie, y se lo demostraría.

Así que la tomó por los muslos y la alzó.

Bulma se enganchó a su cadera y empezó a mecer su cadera a un hipnótico ritmo, podía sentir la erección empujando en su centro lo que la hacía jadear fuerte. Vegeta la apoyó sobre los fríos azulejos y de un sólo la penetró, entraba y salía frenéticamente, podía sentir como esas pequeñas uñas lo aruñaban por sostenerse, lo que le excitaba más. La peli celeste gritó cuando llegó a su primer orgasmo, fue tan intenso que no la dejaba respirar y Vegeta no cesaba sus embestidas, lo podía sentir chupando de su seno izquierdo y sostenerla de trasero, era demasiado. Otro intenso orgasmo la atacó, todo su cuerpo colapsaba en un magnífico placer. Vegeta gimió alto cuando llegó al suyo, esparramó toda su semilla en el interior. Sus piernas empezaban a fallarle así que fue descendiendo lentamente aún sosteniendo a la mujer, por suerte había tina.

Se recostaron juntos, presionaron el botón del drenaje de la tina para poder llenarla, Bulma había quedado encima de Vegeta, ambos trataban de recuperar el aliento. Ambos se quedaron callados un buen tiempo, disfrutando del calor mutuo. La tina se llenaba lentamente. La peli celeste se levantó rompiendo la unión para alcanzar el jabón, se sentó sobre sus piernas y empezó a darle masajes circulares en sus pectorales y hombros bajando hacia su trabajado abdomen enjabonándolo completamente, memorizó cada centímetro que tocaba. Siendo de día se podían apreciar mejor ambos cuerpos.

–¿Qué tienes?– le preguntó cuando lo vio a los ojos, él veía a un punto inespecífico como si estuviera ido, ella había pasado un grandioso momento y pensaba que él también, pero verlo así la deprimió un poco.

–… Pensando.– enfocó su vista en ella y le sonrió, la peli celeste le devolvió el gesto.

–¿Puedo saber en qué estás pensando?– preguntó interesada, quería ser parte de la vida de Vegeta como él era en la suya. Acarició su mejilla humedeciéndola con el toque.

Vegeta estaba pensando bien lo que le diría –Me llamaron del trabajo para pedirme que les envíe una información que quieren… pero no lo haré.

–¿Por qué? –parpadeó un par de veces intrigada por lo que escuchó.

–No vale la pena.– sonrió ampliamente y la tomó del rostro y la besó.

Bulma lo abrazó por el cuello recibiendo gustosa el beso, se recostó de nuevo sobre él. Vegeta deslizó sus manos hacia sus redondos y voluptuosos senos para apretarlos, descendió hacia su vientre para luego pasar a su cintura y seguir con la cadera, llegó hasta sus glúteos y los apretó con ganas haciendo que ella gimiera levemente sobre su boca. Se separó de su boca gimiendo en alto cuando sintió dos dedos en su interior moviéndose con experiencia, empezó un pequeño vaivén al ritmo que él iba con sus dedos.

Se concentró en su rostro sonrojado, verla jadeando y gimiendo por su toque lo excitaba demasiado. Retiró sus dedos luego de sentir apretar sus paredes justo para llegar al orgasmo, vio que ella frunció sus cejas y se quejó por no haber culminado lo que ansiaba, eso hizo que riera por lo bajo. La tomó por ambos lados de la cadera para posicionarla correctamente sobre su erección, y lentamente se fue introduciendo, torturándola en cierto punto, fue acelerando constantemente.

La tina se había llenado un poco más de lo suficiente, el agua caía con cada movimiento que hacían, por fortuna había una rejilla para que no sucediera mayor desastre.

Ambos amantes gimieron el nombre del otro cuando cada uno alcanzó su clímax. El agua tibia los ayuda a relajar más rápido. De nuevo jadeando para recupera el aliento. Bulma apoyó su frente contra la de Vegeta, ambos se miraban a los ojos y se sonreían con complicidad. La peli celeste cerró los ojos y lo besó suave y lentamente.

Se separaron un poco al escuchar el agua caer por los lados ya que la tina se había tumbado, así que decidieron levantarse. Bulma se paró primero rompiendo la unión seguida de Vegeta.

–¿Por qué tenías el agua fría antes?– se atrevió a preguntar cuando recuperó el aire.

Vegeta desvío la vista, había sido por variar cosas, pero no podía decirle todo –Me recordé de mi… hermano Tarble.– murmuró, era algo que aún le dolía y que jamás habló con alguien. Pero quería desahogarse desde hace tiempo.

–Oh, tienes un herma…

–Tenía– corrigió amargamente. Vio que ella agachó la cabeza y desvió su vista, supuso que no le preguntaría respecto al tema para no incomodarlo, pero decidió proseguir aunque ella no se lo haya preguntado directamente –. Cuatro meses luego que mi madre falleciera, Tarble desapareció– cerró los ojos, sentía un nudo en la garganta –. Mi padre gastó tanto dinero, pero jamás lo hallaron… él sólo tenía once años.– suspiró luego de hablar.

–¡Por Kami! Por lo que has pasado, Vegeta.– lo abrazó.

Vegeta rió por lo bajo –Eso no es todo.– negó con la cabeza riendo tristemente.

–¡¿Qué?! –se sobresaltó cuando dijo eso.

–Mi padre trató de seguir adelante conmigo, pero cayó en depresión y en el alcohol. Al año de todo esto, murió en un accidente. Desde los dieciséis he vivido y estado solo.– luego de que habló, sintió que todo el peso que tenía se había ido, se sentía tan bien liberarse de los recuerdos.

–Vegeta. – sollozó, las lágrimas rodaban por su rostro, no podía creer por todo lo que había pasado Vegeta. Escondió su rostro en el cuello del moreno para que no viera sus lágrimas pero sus gimoteos eran perceptibles aunque tratara de ocultar.

–Vamos, no llores, mujer. No me tengas lástima.– frunció el ceño, acariciaba su espalda de arriba a bajo para calmarla.

–Lo-lo siento– se separó de él para poder limpiar sus lágrimas con su mano, pero Vegeta se adelantó en hacerlo con ambas manos, tomó un poco de aire para relajarse y hablar mejor –. Te prometo que, de ahora en adelante, no estarás solo de nuevo. –y selló esa promesa con un tierno beso sobre sus labios.

Vegeta sonrió en sus adentros al escuchas tales palabras.

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Llegó la hora de irse de la capital del norte, se despidieron de Kanashiro y Zarbón, éste último le dijo a Bulma que cuando viniera de nuevo lo llamara para pasar más tiempo juntos y enseñarle mejor toda la ciudad. Vegeta escuchó todo, lo fulminó con la mirada más que furioso, gruñó cuando la mujer le dijo al peli verde que sería un placer acompañarlo.

Subieron al avión tranquilamente, cuando entraron los recibió una señorita en vez del joven que los atendió e interrumpió anteriormente. La pareja tomó asiento en el mismo sillón, juntos.

–Hay algo que he estado preguntándome sobre lo que me hablaste.– esas palabras salieron solas de su boca sin darse cuenta, fueron milisegundos para procesar lo que dijo.

–¿Sobre qué?.

–Mmmm… dijiste que has vivido solo desde los dieciséis, pero ¿no tenías más familia que se hiciera cargo de ti?– preguntó tímida y a la vez angustiada.

–Hmp no. Mi padre era hijo único y fue criado solo por mi abuelo, y lo que sé de mi madre es que la echaron de casa por quedar de mí a los diecinueve años, que desde ese entonces ella no quiso saber nada y jamás comentó sobre ellos.– frunció el ceño y gruñó.

–¡Qué injusto para tu madre! Ni que fuera una chiquilla ¿Qué clase de padres tuvo para que no la apoyaran?– reprochó enojada.

–De los que esperan a que terminara sus estudios, luego que se case en altar y vestido blanco para luego ser madre; de los que no se preocupan por lo que siente y quiere su hija pero sí del qué dirán los demás –apretó la mandíbula rechinando los dientes, recordando cuando la escuchó porque Tarble le había preguntado por sus abuelos. Tomó aire para relajarse y seguir hablando –. Sin embargo, ella regresó a la universidad luego que nací ya que mi padre la apoyó en ese sentido; siempre decía que fue lo mejor que le sucedió y que era feliz como estaba. –relajó su rostro y una sonrisa casi visible se le podía apreciar.

–Eso es lo que importa.– sonrió y suspiró, se quedaron un buen tiempo en silencio, la peli celeste apoyó su cabeza en el hombro del azabache, él la rodeó con el brazo haciendo que ambos estuvieran a gusto.

Vegeta disfrutaba y a la vez le incomodaba el calor de la mujer, desde temprano en su cabeza sólo se repetía qué debía hacer, esa pregunta lo estaba agobiando. Suspiró.

El viaje de regreso tardó una hora más que la ida, pero a la pareja no le molestó. No hablaron mucho, hubo más besos que palabras.

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Llegaron a la capital a las 7:42 pm, al salir del aeropuerto Vegeta sacó la cápsula de su auto, y fueron directo a C.C., tardaron cuarenta minutos en llegar. Entraron a la gran casa juntos.

–No te marches.– suplicó en voz baja llegando a la sala.

–Aún no me voy.– contestó confundido y a la vez con el ceño fruncido. Siempre se iba una hora después de cenar, por eso no comprendía la petición.

–Quédate a dormir– especificó ahora –. Mamá y papá no están en casa y me siento muy sola sin ellos– agachó su cabeza escondiendo su rostro con el cabello –… por favor, quédate.– esto último fue como un murmuro inaudible.

Pero Vegeta la escuchó claramente, así que se acercó lentamente y con dos de sus dedos la tomó del mentón para que lo viera a los ojos, le sonrió ladino y asintió con la cabeza para luego darle un fugaz beso en los labios. Esto último la dejó sorprendido ya que siempre era ella la que lo besaba primero, ese gesto la puso tan feliz que se abalanzó sobre él abrazándolo por el cuello y besarlo apasionadamente, enredó sus dedos en ese cabello negro que tanto le encantaba, no quería que se alejara, siendo correspondida de la misma manera.

Bulma lo empujó hasta que cayera al sofá más cercano y montarse con las piernas abiertas sobre su regazo sin dejarlo de besar. Vegeta posó sus manos en esa perfecta cadera para luego deslizarlas por debajo de su blusa acariciando su fina espalda. Separaron sus bocas para tomar aire luego de tanto besarse, la peli celeste por un instante lo vio a los ojos y luego miró a un punto inespecífico quedando ida por un momento, lo que extrañó al moreno.

–Tengo que llamar a mamá– se levanto del regazo del azabache que la veía estupefacto –, para avisarle que ya estamos en casa y comentarle a papá sobre la convención.– a Vegeta le salía una gota de sudor estilo anime cuando la escuchó, preguntándose por qué no los llama luego y seguir con lo que estaban haciendo, suspiró. Esta mujer lo volvería loco.

La científica llamó a sus padres del teléfono de la casa, hablaron y hablaron tanto que, Bulma caminó por toda la casa mientras conversaba, dejando al pobre hombre en el olvido. Podía escuchar la voz chillona de la mujer aún estando en la sala y en cierto grado, lo desesperó; se levantó del sofá y se dirigió a la cocina a buscar algún aperitivo para distraerse, había pasado suficiente tiempo con ellos como para saber donde guardaban la mayoría de cosas además le tenían suficiente confianza. La mujer apareció por el lugar hablando enojada.

–Puedes creer que muchos estaban preguntando por el maldito doctor Gero– cuando Vegeta escuchó el nombre, abrió los ojos lo más que pudo, aguantó la respiración por unos segundos para escuchar mejor –. Lo sé, papá, no tengo que hablar así de él. Pero sabes que no lo soporto– salió de la cocina por la puerta que dirige al gran patio. El moreno soltó todo el aire que estaba conteniendo, las manos le empezaron a sudar y sentía un nudo en la garganta, de pronto ya no quería comer, ya no quería estar ahí. La muchacha volvió a entrar otra vez a la cocina sin hablar por el teléfono y se sentó en la silla más cercana –. Lo siento, mamá estaba hablándome detalladamente sobre el viaje– sonrió, apoyó su brazo sobre la mesa y posó su mentón en su mano. Fijo su mirada en Vegeta –. ¿Qué tienes?– preguntó cuando lo vio, él estaba un poco pálido, tenía los ojos cerrados y estaba apoyado en el gabinete.

Vegeta sólo negó con la cabeza, caminó un poco y se sentó en frente de la peli celeste sin verla. Ella se levantó y fue a sentarse a la par de él, con la mano tomó su rostro para que la viera a los ojos y así poder hablarle:

–Quiero que sepas, que puedes decirme cualquier cosa con confianza.– le sonrió de manera maternal.

Con esas palabras sintió como que alguien lo apuñalaba en el estómago, trató de tragar saliva pero su boca estaba completamente seca, de un segundo a otro ya no podía verla a los ojos, quería desviar la mirada pero no podía hacerle eso. Su mente procesaba todo rápidamente para poder responderle, no podía decirle que estaba así por haber escuchado el nombre de la persona para quien trabajaba en este momento y que lo envió aquí a buscar información; lo único que podía hacer era mentirle, y era algo que odiaba, lo había hecho en muchas ocasiones con ella y eso lo repudiaba, pero era lo único que le quedaba. Sonrió un poco, una pequeña sonrisa falsa y disimulada, bajó un poco la vista y decidió hablar:

–Hhmm estoy un poco cansado y me duele la cabeza, no estoy acostumbrado a viajar.– fue lo que dijo y suspiró, de acuerdo, sí le dolía la cabeza.

–Oh, ya veo. ¿Qué tal si ordenamos algo de comer? Hoy es domingo, todos los empleados están descansando como para hacernos la cena– rió, creyendo lo que le dijo que el moreno –. Tal vez por el hambre te sientas así también.– concluyó. Tomó de nuevo el teléfono y marcó a un restaurante de comida rápida. No quiso seguir hablando para no molestar a Vegeta, se levantó dejándolo solo en el comedor.

Pasaron quince minutos para que llegara la comida, Vegeta se la pasó sentado en el comedor y no supo nada de la mujer en ese tiempo, lo que le ayudó un poco a disminuir su dolor de cabeza, pero justamente ella llegó con la comida.

–¿Quieres una pastilla?– preguntó antes de sentarse. Vio que él asintió con la cabeza, así que se dirigió a una de las gavetas del gran gabinete para sacar dos tabletas de ibuprofeno, fue a sentarse a la par del moreno y le entregó las pastillas. Se dispusieron a comer callados, fue extraño para él ya que siempre conversaban cuando comían.

Terminaron de comer, se deshicieron de la basura.

–¿Te sientes mejor?– su voz era tan maternal, que hacía que se sintiera mejor. Sonrió cuando vio que él asintió con la cabeza, se le acercó para darle un pequeño beso en los labios –. Acompáñame, tengo que ver unos documentos que dejó papá en laboratorio .– le pidió, y por supuesto sabía que no se le negaría. Así que caminó -sabía que él la seguía- a la puerta que la llevaría al enorme patio y lo atravesaron para llegar al gran laboratorio. Encendió sólo las luces del pasillo para llegar a la oficina de su padre.

Vegeta quedó a unos cuantos metros atrás de la peli celeste por estar viendo varios proyectos, no había recorrido por este lado del laboratorio, caminó más rápido para alcanzarla pero tropezó con algo que hizo que casi cayera. La científica paró y volteó a ver tras escuchar el repentino tropiezo del hombre, se sorprendió cuando encontró un gato negro que se sobaba en la pierna del moreno.

–¡Tama!– exclamó al ver el comportamiento del gato de su padre –. Es increíble que esté haciendo eso, no se le acerca a nadie más que a papá. Ni siquiera a mí. –mencionó con un puchero. Se acercó a él, se agachó y trató de agarrar al animalito para quitarlo del camino pero el gato no se dejó, se ponía arisco cuando veía cerca las manos de la mujer.

–Déjalo.– pidió cuando la peli celeste no lograba su cometido.

–¿No te desagradan los gatos?– preguntó luego de levantarse, sabiendo que a muchas personas no les gustaban.

–No.– contestó neutro, lo esquivó para caminar al lado de Bulma, aunque el minino lo seguía

Llegaron a la oficina, Bulma se sentó en la silla de su padre y empezó a hurgar entre todos los papeles que había en el escritorio desordenándolo más de lo que estaba. Vegeta se fue a sentar a un sillón negro para esperarla. Todo estaba tan callado, lo único que interrumpía el silencio eran las hojas que la científica movía de un lado a otro, en eso, un maullido se oyó, Tama estaba en frente del moreno observándolo, brincó al sillón para luego sentarse en el regazo del moreno; él dejó que el gato se acomodara y empezó a acariciarlo, el ronroneo que sentía lo relajó, jamás tuvo ni pensó en tener una mascota, era nueva esta sensación.

–Listo –alzó la carpeta que estaba buscando, desvió la vista para buscar a Vegeta, lo encontró concentrado en el gatito, sonrió al verlo –. Vegeta– lo llamó. El mencionado levantó la vista para saber por qué lo llamaba –, vamos.– se levantó y caminó a la salida.

El azabache tomó al gato y lo alzó para poder levantarse, llegó a la par de la peli celeste que lo estaba esperando en la puerta sin dejar de cargar a Tama.

–Sí que le agradaste– rió bajo refiriéndose al gato. Vegeta contestó con su típico gruñido. Caminaron juntos, al salir del laboratorio Tama saltó de los brazos de los brazos del peli negro y corrió hacia la casa –. Pobrecillo, saber cuanto tiempo pasó encerrado en el laboratorio.

Vegeta no dijo nada, siguió a la joven por detrás en silencio, iban apagando todas luces ya para ir a dormir. Igual que la primera vez que vino, iba detrás de ella al subir las gradas, pero esta vez no soportó verla por tanto tiempo así que bajó más la vista tratando de no mirarla, sentía que no merecía ni verla. Llegaron a sus respectivas habitaciones, él utilizaba la misma desde la primera vez que se hospedó aquí.

Estaba a punto de abrir la puerta de su cuarto –Buenas noch…

–Oh no, señor. Nada de buenas noches. Tú ya no dormirás ahí.– antes de que él entrara a la habitación, lo jaló del brazo y lo metió al suyo. Se lanzó a besarlo luego de cerrar la puerta, tomaba su rostro para profundizarlo más.

El moreno no pudo resistir a la pasión de la mujer y se le unió, tuvo que romper el beso para sacarle la blusa, iba a desabrocharle el sujetador pero ella se adelanto en hacerlo y lo lanzó a un rincón. También le sacó la camisa con velocidad, lo tumbó en la cama para montarlo, meneaba su cadera rozando sus sexos sobre la tela de los pantalones sintiendo su erección atrapada; inició un recorrido de besos desde la mandíbula bajando por su ancho cuello y llegar hasta las clavículas, lamió cada surco de los pectorales y también de su marcado abdomen, se deshizo del cincho y desabotonó para bajar torpemente el pantalón ya que la habitación estaba a oscuras. Vegeta no aguantaba su doliente erección, la tomó por los hombros y de un movimiento la situó debajo de él, le quitó el jeans junto su ropa interior desesperado y los arrojó a un lado de la amplia cama, bajó lo suficiente su bóxer para liberar su virilidad y clavarla de un solo en su núcleo.

Se entregaron a la placer y la lujuria toda la noche hasta entrada a la madrugada, unidos más que en cuerpo.


Un delicioso olor la despertó, se revolvió en la cama buscándolo sin éxito, inhaló profundo para identificar el exquisito aroma. Los párpados le pesaban pero no fue impedimento para abrirlos completamente. Examinó toda la pieza, la luz del sol ya estaba siendo presente y en eso, en su velador había una charola con un desayuno impresionante. Se sentó, con la sabana cubrió su desnudez y se estiró para tomar la charola, sonrió ampliamente al ver todo lo que contenía y su felicidad creció cuando vio el postre hecho de lo que más le gustaba: fresas. En una de las esquinas de la bandeja había una nota, la tomó y la leyó antes de iniciar a comer.

«Lamento no estar a tu lado cuando despertaras, tenía que ir a trabajar. Pero me tomé la libertad de prepararte esto.

Espero que te guste.»

Se le empañaron los ojos, nadie le había dado un detalle como éste. Ahora estaba más que segura que se había enamorado completamente de Vegeta.

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N/A: primero que nada, lamento no haber actualizado. Mi celular caducó, y obviamente me tuve que comprar otro xD. Pero este no salió tan bueno como el que tenía antes, a pesar que es una gama mejor. Tenía una parte del cap hecho antes, lo guarde e incluso lo subí -sin publicar- aquí en ff por si acaso; instalé Word y todo el royo, según yo funcionaría igual. Se supone que tiene la función de guardar automáticamente el archivo sin hacerlo manualmente, pero para mi desgracia, no funcionó con este teléfono :'v. Ya estaba acostumbrada a eso, así que escribía como dos páginas y como normalmente me salía de la aplicación sin ningúna preocupación, no se guardaba ¡me daba un ataque! Y lo peor es que me sucedió demasiadas veces por lo distraída que soy ToT. Lo más terrible es que ni me recordaba de lo que escribía, no podía volver a redactarlo. Me había encantado este cel, pero con todo eso lo detesto, ni siquiera puedo subir el archivo de Word como el anterior, tuve que hacer "copy n paste" ¡horrible!. No he dormido bien por no actualizar, ahora mismo son las 3:30 am. Siempre me decía: hoy tienes que actualizar, perra. Pero no me daba la imaginación luego de tanta mierda por el teléfono. El mismo día que publiqué el cap anterior, empecé a escribir este; imagínense desde hace cuanto vengo con este problema u_u

La inspiración siempre me viene de madrugada.

Un saludo especial para Vegeta Biefs por darme tantos ánimos :') en el cap anterior.

Muchas gracias a todos los que me dejar reviews, y los que me leen ¡wow, 1400 views! Pueden creer que me han leído desde Canadá, Francia, Alemania, Reino Unido, República Checa, y otros países que no pensé :'D soy tan feliz.

Disculpen las palabras revueltas, mala redacción, ortografía y otros horrores.

Hasta la próxima, no prometo actualizar pronto :/

7/01/2017