Regresé! Estoy súper feliz y a la vez triste :v tanto tiempo UnU lo siento, pero creo que la noticia que les voy a dar va a ser peor, pues este será el último cap que publique TnT en la nota de autor de abajo les explicaré todo. Sin más, disfruten el cap.
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Reconociendo
Varios de los transeúntes que caminaban por el lugar pasaban de largo, mientras otros se quedaban a cierta distancia siendo espectadores de la pelea entre los dos hombres, sacando deducciones de lo que escuchaban y veían; indecisos de intervenir en el acto ajeno. Ambos hombres, a la vista de los desconocidos eran intimidantes por su físico, y más el de alta estatura.
—¿¡Qué mierdas es lo que te detiene, Vegeta!? ¿¡ES POR ESA MALDITA MUJER!? —escupió sin medir el volumen de su voz, estaba furioso como para preocuparse por eso.
Vegeta frunció el ceño tras no entender lo que decía— ¿¡De qué carajo estás hablando,!? —fue la primera pregunta que le vino a la cabeza. De un movimiento se zafó de su agresor, manteniéndose en guardia a la espera de algún movimiento.
—Sabes muy bien de lo que estoy hablando, pero veo que estás idiotizado, así que te lo preguntaré una vez más ¿Por qué tardas demasiado con la estúpida INFORMACIÓN? —gritó lo último con cólera.
El moreno frunció más el ceño por la manera en que estaba refiriéndose, además no podía decirle la razón por la demora, por lo que optó a responder lo primero que se le ocurrió –: No es asunto tuyo. —dándose cuenta a los milisegundos que esa no era la mejor respuesta debido a la reacción que obtuvo del otro. Involuntariamente cerró los ojos tras el agarre en su cuello y el choque contra el auto por dicha agresión.
—¡Claro que es asunto mío! Estoy a un paso de perder mi empleo por tu CULPA. —escupió en su cara. Enterró con más fuerza sus dedos sobre la piel del azabache, quien desesperadamente buscaba una solución para quitárselo de encima.
Justamente Raditz iba saliendo del edificio cuando vio la escena frente a sus ojos, ni siquiera lo pensó para ir a socorrer a su amigo. De tres zancadas ya estaba junto a ellos, le quitó las manos de encima de su amigo y lo empujó lo más fuerte para alejarlo, quedándose a su lado –si era necesario– para defenderlo. Vegeta tomó una bocanada de aire al sentirse liberado y a la vez, fulminaba con la mirada a su agresor.
Nappa maldijo en alto por ser interrumpido, volteó para encarar a quien lo hizo, rechinando los dientes por verlo —Debí imaginar que también estarías en esto —señaló con rabia al de larga cabellera. El susodicho sólo levantó la barbilla con prepotencia y cruzó los brazos sobre su pecho, demostrando el poco interés en sus palabras. El del bigote regresó su mirada al de cabello flameado, quien no le había quitado la vista en ningún momento —. Una vez más, Vegeta, necesito esa información cuanto antes —exigió encolerizado —, y deja de divertirte con esa Puta. —terminó de hablar y, antes de irse, lanzó hacia el capó del carro las dos revistas que traía en el bolsillo trasero del pantalón. Recién subió a la camioneta, arrancó tan rápido que las llantas derraparon por una fracción de segundo, dejando las marcas de éstas en el oscuro pavimento luego de desaparecer del lugar.
Vegeta tenía las manos tan empuñadas que temblaban, su respiración era fuerte; sintiéndose impotente, no sólo porque un tercero tuvo que intervenir sino que ni siquiera pudo hablar con claridad, incluso se sentía descubierto. Fue ahí cuando recordó que algo le había lanzado, se acercó al lugar para saber qué era. Su asombro se acrecentó, al igual que la ira. Tomó con fuerza el par de revistas, arrugándolas a la vez; maldiciendo a la persona quien les tomó la foto, a la maldita editorial que las publicó y a cada persona que lo haya visto —¡A ver al cine! Gente mierda. —si no hubiese sido por el grito del peli largo, literalmente se habría quebrado los dientes de tan fuerte tenía apretada la mandíbula. Las pocas personas se quejaron por la expresión del tipo y siguieron su destino.
No podía salir en esa circunstancia, así que encapsuló su vehículo y regresó al edificio a paso iracundo seguido de su compañero, quien iba en silencio. Se detuvo de golpe al recordar otra cosa: su celular; corrió a donde estaban anteriormente para buscarlo, inclusive en la calle –¡Mierda! Lo que me faltaba.—maldijo enfurecido por no encontrarlo. Se devolvió al inmueble y rápidamente regresaron al apartamento, encendieron dos computadoras esperando a que inicializaran; cada segundo era una eternidad para ambos. El móvil podía estar bloqueado, tener artimañas para poder utilizar pero, aún así, no se fiaba de nadie; había demasiada información como para que un pequeño aparato pudiese almacenar, información demasiado delicada como para caer en manos equivocadas. Y por eso debía hacer algo rápido —. ¡Rastréalo ya! —ordenó cuando todo ya estaba en función.
Ni una palabra fue dicha, mas que un asentamiento de cabeza. Tecleos y clics ágiles resonaron en la amplia habitación, incluyendo la respiración feroz de un desesperado Vegeta, claro está.
—Está apagado. —espetó seco luego de no hallarlo en el mapa virtual, si no había señal telefónica o alguna otra red para conectarse con el dispositivo, no podía localizarlo de algún otro modo. Se sobresaltó cuando escuchó el golpe de los puños contra el escritorio y su rápido andar —de un lado a otro— en un mismo sitio; sin duda alguna, estaba completamente desesperado para estar de esa manera, y eso lo descomponía en cierto grado ya que era capaz de cualquier cosa. Sus manos comenzaron a sudar por verlo de aquí a allá tomándose el pelo a la vez, quedó petrificado cuando éste volteó violentamente para verlo.
—QUÉMALO —gritó severo. Esa era la única opción que le quedaba.
—¿¡Qué!? —salió de su boca involuntariamente por el susto, a los segundos procesó lo que escuchó—. ¿¡Estás loco!? Perderías todo, Vegeta —se escandalizó. No era necesario que volviese a escucharlo para entender la siniestra mirada que le dedicó —… Al menos dime que hiciste un backup. —retrocedió dos pasos por el repentino acercamiento.
—Sabes perfectamente que odio ser cuestionado— habló en tono bajo luego de tomarlo por el cuello de la camisa para que no huyera. La diferencia entre la altura de ambos era abismal, pero, aún así era mucho más atemorizante que cualquier otra persona cuando estaba sumamente enojado —. Ahora ¡HAZ DE UNA PUTA VEZ LO QUE TE DIJE, INSECTO! —lo empujó hacia el ordenador para que lo hiciera de una vez por todas, quedándose a un lado para presionarlo.
Ni una palabra más, se prometió mentalmente, e hizo lo que le ordenó. Sus manos temblaban y su presencia al lado no le ayudaba en lo absoluto, un error podía costarle el día, por así decirlo. Estaba tan nervioso que podía escuchar el tamborileo de los dedos contra su brazo. Tardó seis eternos minutos para lo que normalmente se llevaba la mitad de tiempo y el suspiro salió solo de su boca cuando terminó. Quienquiera que tuviese el celular le iría mal, la batería se sobrecargaría hasta explotar, el chip se quemaría al igual que la memoria extraíble y la interna dejándolo completamente inservible aunque lo arreglaran —Listo. —susurró, volteó a verlo pero grande fue su sorpresa al no encontrarlo en ningún lugar de la habitación, relajando un poco todos sus sentidos por ya no tenerlo cerca. Dando paso a la intriga, tratando de comprender lo que sucedió en los últimos minutos; recapitulando todo, Nappa le exigió la información, lo que significaba que no había entregado lo debido, pero debía haber una razón para que hiciera eso. Le parecía increíble que no haya dado ni un poco de lo que consiguió, él no era de los que aplazaban su trabajo. Estaría mintiendo si dijera que no tenía curiosidad, siempre fue así y gracias a eso se ha metido en tantos problemas y llevarlo a lo que es ahora. Salió de la habitación inmiscuido en sus pensamientos, tenía la típica pose de la mano sobre la barbilla mientras caminaba pasillo por pasillo, aclarando sus dudas. Llegó a su dormitorio inconscientemente, se quedó viendo a una pequeña bola que había encontrado cuando ordenó y limpió todo el apartamento, era un globo llenado con harina que habían hecho cuando fueron jóvenes; Vegeta era quien más lo utilizaba. La tomó y comenzó a amasarla en su mano, se concentró en la consistencia de ésta y cuantos años había resistido gracias a los tres recubrimientos extras… y, por alguna extraña causa, últimas palabras de Nappa llegaron a su cabeza, aunque no les encontraba sentido. ¿A qué Puta se refería? ¿Vegeta con Putas? ¿Qué tenía eso que ver con todo el asunto? Se preguntaba frecuentemente. Salió de nuevo para seguir armando el rompecabezas, encontrándose al responsable de sus dudas caminando como león enjaulado en su sala de estar.
—Vegeta, le harás un hoyo al suelo si sigues de esa manera —el mencionado ni le puso atención. Resopló enojado y se le acercó —. Toma. —al fin logró llamar su atención, lanzándole la pelotita cuando volteó a verlo.
Estaba tan furioso con todos y consigo mismo que no ponía atención a su entorno, hasta que escuchó a lo último ¿Qué tenía que darle en un momento así? Por reflejo atrapó el objeto lanzado y le dedicó una mirada nostálgica para luego amasarla, olvidándose momentáneamente* todo lo ocurrido. Sin embargo, los recuerdos que obtuvo no eran de bonitos. Su cerebro recreó aquellas imágenes luego de terminar una pelea en el rin, la utiliza por horas para olvidar no sólo el dolor del momento, sino todo lo que estaba viviendo en esa época, obligado a pelear en apuestas callejeras sólo para conseguir dinero debido a que aún era menor de edad. Y, a pesar de todo eso, Raditz siempre lo acompañó, no era de mucha ayuda en cierto sentido pero, jamás lo dejó.
—¡Vegeta!— alzó la mirada inconscientemente para verlo ¿En que momento se había sentado en el sofá? ¿Tan sumido en sus pensamientos estaba?. Estrechó su mano libre para tomar lo que le ofrecía: ¿Un paño? —. Se te está inflamado. —se señaló a sí mismo para indicarle con claridad y luego sentarse al otro lado del sillón en silencio.
—Oh —fue lo que salió de sus labios y comprendió que era hielo para deshinchar el golpe. Lentamente se lo llevó al rostro para situarlo suavemente sobre su pómulo izquierdo, sintiendo la presión y el dolor instantáneamente, soltando un quejido por lo mismo.
Un sosiego nació en aquellas cuatro paredes, que había sido demasiado para el agredido pero no para el testigo, quien lo arruinó en esos pocos minutos.
—¡Vaya! —exclamó sorprendido luego de ver lo que había sobre la mesa de centro. Tomó las revistas escudriñándolas completamente, hojeando todas las páginas que indicaban la portada donde estaba todo el chisme. Logrando, por fin, atar varios cabos sueltos de hace un rato.
Vegeta volteó a ver para saber que era lo que había emocionado a su amigo; éste, al sentir su mirada, hizo lo mismo dedicándole una mirada y sonrisa pícara, instantáneamente cambio de cara que parecía más de puchero que de enojo.
—¿Y por qué conmigo no te besas en público? —reclamó burlón para luego soltar una carcajada por verlo rojo hasta las orejas debido a su comentario.
No podía formular una palabra, insultó o algo por la estupidez que acababa de escuchar. Ensartó las uñas en el globo y podía decir que se habría derretido el hielo de tan hirviendo tenía la sangre. Brincó de su lugar rechinando los dientes, alejándose para no escuchar las carcajadas, y no sólo eso, también podía escuchar las palabras de Nappa debido a lo que había visto en esas hojas. Quería que la tierra lo tragara de inmediato, quería olvidar absolutamente todo.
—Ay, Vegeta, estás enamorado. —siguió molestando y soltó otra escandalosa risa.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso, con toda la ira acumulada lanzó con fuerza ambos objetos que tenía en las mano — ¡Cállate, sabandija! —levantó la voz, se tomó el cabello por pura frustración y comenzó, de nuevo, a andar de un lado a otro.
El peli largo sólo esquivó las cosas lanzadas y a la vez, disminuyendo su risa. Le parecía gracioso el asunto pero prefirió no seguir molestando como de costumbre; Vegeta estaba muy abrumado por todo, por lo que debía ayudarlo y no empeorarlo. Inhaló hondo tratando de menguar su risa y fijó su vista en la otra revista para luego tomarla; está no traía tanta información en la portada como en la otra, sólo en una esquina inferior con la foto de ambos a lo lejos y una indicación en qué páginas se encontraba el resto de la información. Pasó sin cuidado las hojas, encontrando las que buscaba, leyó detenidamente cada párrafo, sabiendo que la mayoría del contenido era pura farándula, por lo que se interesó más por las fotos —Te sacaste la lotería, eh— se atrevió a decir. Elevó su mirada para ver la reacción del azabache, quien sólo gruñó y no le devolvió la mirada, por lo que siguió con la siguiente página —. En serio, Vegeta, está muy buena.— dijo en tono perverso a la hora de ver dos fotos, una donde estaba de perfil abrazada del cuello de su amigo que hacía resaltar sus curvas en este ángulo y la otra donde estaba de espalda, aunque estaba tomada de lejos, podía apreciarse su fina cintura con unas caderas perfectas.
Con esas últimas palabras, sintió un punzón extraño que no era de dolor, no sabía qué era pero no le agradó en lo absoluto. Podía ser su amigo, pero detestó escucharlo en ese momento, quería partirle la cara. Nappa ya la había insultado, cosa que no le había gustado y ahora escuchar a este imbécil, lo descolocó mucho más. Tenía que quitarle las malditas revistas, no quería que siguiera viéndola un minuto más. Se había encaminado para hacerlo, cuando se quedó a medio camino por lo siguiente que oyó.
—Oh ¡Tienes socio! . —vociferó por las últimas fotos e información vista.
—¿¡Qué!? —se quedó estupefacto ya que no comprendió con la referencia de Raditz, él siempre tenía una extraña manera para hablar. Por lo que no se quedó con la duda y fue a averiguar. Le arrebató el folio haciéndolo quejar por el acto brusco, buscó a lo que se había expresado anteriormente, dejando a un lado las imágenes donde salía él con la de cabellos celestes, encontrando fotos de aquella sabandija que estaba aquel día con la mujer en aquel restaurante, fotos donde estaba él solo y también con la científica. Y para ponerle la guinda al pastel, se tomó la molestia de leer la estúpida reseña de la página.
«Como se sabe, la bella científica siempre está rodeada de muchas personas, y los hombres atractivos ni mencionar. Y en este caso, el beisbolista Yamcha no fue la excepción, con quien tuvo una larga relación desde jóvenes.
Pero no se había sabido nada de esta pareja desde hace un tiempo y, por lo que vemos, la hermosa hereda de Corporación Cápsula ha estado con un hombre misterioso en estos últimos días, quien su identidad es desconocida al igual que el tiempo en el que se conocen. Sin embargo, debido a las fotos recopiladas este fin de semana, podría decirse que llevan más tiempo de lo que podemos imaginar.
A pesar de esto, se cree que la muchacha puede estar en un triángulo amoroso, ya que nuestro comentador estuvo presente en una pelea entre estos tres en el fino restaurante Francés de la capital del oeste, donde hubo una pelea verbal entre caballeros, dejándonos a muchos en dudas.
¿Será este un verdadero triángulo amoroso entre la hermosa Brief, el beisbolista y el misterioso hombre? ¿Quién será el nuevo romance de la joven?...»
Y ya no quiso seguir leyendo. No estaba consciente de su pesada exhalación, sus fosas nasales se contraían por su fuerte inspiración, y sus dientes rechinaban. Jamás perdonaría al imbécil que escribió semejante estupidez, quería destazarlo de la peor manera con sus propias manos. Cerró con fuerzas el libro y lo apretujó en su mano derecha, como si así deshiciera todo lo que estaba ahí escrito.
El dueño del apartamento no le había quitado la mirada en ningún momento, él, que siempre ha sido su compañero desde octavo grado jamás le importó un bledo de lo que dijeran sobre él, y verlo ahora era todo un espectáculo. Recordó el otro folio y lo cogió para terminar de checarlo, tomando asiento a la vez para estar más cómodo, encontrando más información y fotos de estos dos.
Aún no procesaba todo lo leído y recordó que todavía faltaba la otra, encontrándola donde no quería. Raditz tenía la revista faltante en las manos, dedicándole una mirada un cierto libidinosa, como si tuviera una de esas revistas especiales para hombres. Abrió sus orbes a más no poder, de nuevo esa sensación extraña de hace un momento del cual lo llevó inconscientemente a quitársela bruscamente de nuevo.
—¡Hey! ¿¡Qué te pasa!? Es la segunda vez que lo haces —se levantó de golpe para poder alcanzarla. El moreno llevó ambas piezas hacia atrás para que no pudiese alcanzarlo, como si fueran dos niños peleándose por un juguete—. Devuélvemela —exigió. Dándole una revelación con las palabras que escuchó a continuación:
—No dejaré que sigas viéndola de esa manera. —habló amenazante, y a la vez, dejándose al descubierto de nuevo. Cerró sus ojos y respiró hondo cuando aquella sonrisa de burla apareció en el rostro del alto, le dio la espalda en espera de más estúpidos comentarios respecto a esto. Sin embargo, este nunca llegó lo cual le impresionó y agradeció. Se sentó en el otro sofá, dejando las revistas a un lado boca abajo para no seguir viendo la estúpida portada. Posó sus codos sobre las rodilla y fijó su vista en un lugar inespecífico, sintiéndose miserable por alguna razón.
¿Por qué seguir atormentándolo? Estaba más que claro que el pobre estaba afectado por todo. No tenía que explicarle para comprenderlo, logró descifrar todo sin que le dijera una palabra respecto al tema. Era hora de ayudarlo. Esperó unos cuantos minutos antes de hablar, buscó con la mirada el globo anti stress encontrándola a un lado del sillón, por lo que sólo se estiró para alcanzarla— Hey— llamó para pasarle de nuevo el objeto del que no fue rechazado ya que la empleó al momento. Al verlo un poco más relajado decidió empezar—. ¿Entregarás la información? —preguntó directo y seco.
Negó con la cabeza en silencio, suspiró hondo y se recostó en el respaldo, adaptando una posición de cansancio —No —volvió a negar.
—¿Es en serio? —cuestionó incrédulo su amigo sabiendo que jamás había sucedido tal cosa. Vegeta tenía todo servido en bandeja de plata desde un principio y decidió no tomarlo. Él siempre cumplía sin cuestionamientos ni titubeos, dando siempre un trabajo impecable.
—°No puede hacerle eso —susurró, aún siendo audible para el otro. Estaba en una encrucijada, por lo que tenía que decidir lo más pronto posible —, ella es un ángel.°—pensó lo último. Por lo que sabía, la mujer y su padre tuvieron varios problemas con su cliente y no quería provocarles más, traicionaría más su confianza; no sólo ya se sentía culpable por eso y saber que trabajaba para la persona que le desagradaba, le carcomía el interior.
Una ligera sonrisa adornó su rostro, ya no necesitaba hacer más preguntas e incomodarlo más al respecto aunque moría por hacerlo, sabía que este no era el mejor momento; sacó su teléfono y se dispuso a ocuparlo para distraerse.
El silencio se adueñó del lugar y la tensión en el ambiente había disminuido drásticamente.
El estómago de ambos resonaron al mismo tiempo porque habían quedado en algo desde un principio. Sin embargo, Vegeta no tenía la más mínima intención de salir ahora mismo, por lo que decidió darle la cápsula del auto y el dinero suficiente a su amigo para que fuese a comprar algo, ya que no podía dar su dirección por varios motivos. Además, este era el mejor momento para quedarse solo y resolver sus dudas, aunque no todas.
Cuando Raditz salió, inconscientemente soltó el aire que estaba conteniendo. Le parecía estúpido todo esto, y más si era en corto tiempo.
Un fuerte gruñido resonó en la habitación, las pisadas se podían escuchar en los apartamentos de abajo ¿Qué debía hacer? Era la única pregunta que se hacía. Una terrible imagen pasó como rayo en su cabeza, donde el doctor Gero se enteraba de una y mil maneras sobre todo esto ¡NO! Él no debe enterarse de esto, tenía que hacer algo al respecto pero conseguir todas las endemoniadas revistas sería tarea difícil… Igual ¡No serviría de nada porque está el imbécil de Nappa! ¡Podría decirle todo!
—¡MIERDA! —gritó al aire porque la frustración le calaba hasta en los huesos. No, esto no debía pasarle, siempre encontraba una solución para todo ¡Todo! Y esta vez no sería la excepción. Se mentalizó con esa idea para no perder la poca calma que le quedada y repasó detenidamente todo lo sucedido para sacar un plan, del cual, surgió otra pregunta menos problemática que la anterior: y… ¿Qué si se enteraba?, no podía pasar nada malo, en todo caso estaba haciendo su trabajo como se tenía y debía, incluso hasta mejor estaba haciéndolo, ni que fuera algo del otro mundo. Negó con la cabeza por enésima vez en el día y exhaló, llevó su mano derecha hacia su sien para masajearla; se había abrumado por un momento y pensó que todo se habría ido al caño —. Ya no pienses en ella —se reclamó a sí mismo como si esa fuera la razón de su estúpido actuar y pensamientos. Y eso lo volvía a atormentar: pensar en la mujer con la que ha estado últimamente; ella no tenía la culpa de nada.
El tiempo pasó y sus dilemas mentales bajaron con este, por lo que podía decir que ya se sentía, en cierto punto, un poco tranquilo por todo el ajetreo.
Su amigo llegó junto con la comida a los quince minutos de haberse ido y ambos se dispusieron únicamente a comer al poner los alimentos sobre la mesa; al terminar, llevaron los pocos trastos sucios al lavado y tiraron los residuos.
La tarde cayó, el cielo se tornaba de naranja a escalas de morado, queriendo dar paso a la oscura noche. Aquel par que se conocían desde adolescente, quienes fumaban en la sala en ausencia de palabras, no necesitaban hablar para entenderse…
Pero ya había aguantado demasiado estando así; además, un poco de risa les vendrá de maravilla a ambos.
—¿Qué hora tienes, Vegeta? —se contuvo para no reír luego de terminar la pregunta. Había un gran reloj en la pared opuesta a él, no era necesaria que le contestara para saberlo. El susodicho como no traía reloj de muñeca rebuscó en sus bolsillos para buscar su móvil y ver la hora, cayendo estúpidamente en su juego.
—¡Maldito hijo de…! —la última palabra fue más bien un gruñido, ya estaba harto de todo y todos, tenía que desaparecer ahora mismo. Se levantó abruptamente para irse; quedándose con la mano sobre la perilla de la puerta principal cuando Raditz le habló nuevamente.
—Y ¿cómo llegaras a tu casa? —preguntó burlón, tomando las llaves entre su dedo índice y pulgar, tintineándolas cerca de su rostro con una sonrisa boba. Cuando vio que se acercaba con aquella mirada asesina decidió lanzarle las llaves y la cápsula del vehículo cuando estaba a medio camino, mejor prevenir que lamentar se dijo mentalmente.
El de cabello flameado se devolvió a la salida sin decir una palabra. Al abrir la puerta dio un paso atrás cuando vio una melena rojiza…
—¡Vegeta! —se lanzó a abrazarlo, dejándolo estupefacto por el acto y apartarla al instante, reconociéndola al instante —. Cuánto tiempo sin verte— le sonrió coqueta, giró alrededor de él para examinarlo con mayor intensidad y, por alguna extraña razón, se dejó hacer; tal vez por el simple hecho de que la conocía… —, ¡Vaya! Cómo has cambiado. —le acarició los brazos. Se sintió incomodo ante su escrutinio, del que antes le habría elevado el ego por esa simple acción pero ya no la encontraba agradable.
—Vegeta ya se iba. —resonó la inusual sería voz del peli largo.
—¡Ay, no seas así! Recién llego —hizo un puchero, con sus brazos realzó sus senos e intensificó su gesto en el rostro para convencerlo de algún modo. Cuando vio que se hizo a un lado para salir, trató de impedir que se fuera —. Quédate un ratito, nos divertiremos los tres —insinuó con un tono aterciopelado y, a su vez, acariciando su pecho; catalogándola más vulgar que cuando la conocieron.
—No, linda —interrumpió acercándose a la pareja y jalar a la mujer por la cintura para separarla —. Él ya tiene con quien divertirse —recalcó la última palabra con tono mordaz. No entendió muy bien a los que quiso referirse, si era una indirecta o simplemente estaba celoso por la situación; dudaba en lo último, él era el tipo más mujeriego que haya conocido, por ello le era difícil creer en su última conclusión. Bufó por lo bajo y se retiró sin decir más nada.
—Ni que fuera a enterarse… —logró escuchar a los pocos pasos que dio luego de salir. Frunció el entrecejo y aceleró el paso para salir lo más pronto posible del edificio.
A lo más salir del inmueble, lanzó la cápsula del auto. Se quedó un buen tiempo dentro de este pensando en qué hacer; no quería ir a su casa ni con la científica, tampoco sabía a dónde ir y perderse por ahí jamás fue lo suyo. Encendió el motor y espero a que la vía se despejara para poder salir, el desvío continuaba por lo que la calle estaba más transitada de lo usual. Resopló luego de esperar siete minutos para encontrar un intervalo entre el tráfico. Su vivienda quedaba a no más de cuarenta y cinco minutos de donde estaba pero no quería ir ahí, por lo que inconscientemente siguió la fila de vehículos sin un destino fijo; llegando a la gran ciudad como resultado.
De repente, se le familiarizaron las calles a pesar de ser hora pico, repentinamente viró y fue cuando se dio cuenta que estaba yendo a Corporación Cápsula. Maldijo entre dientes y buscó el retorno más cercano para devolverse, no quería saber de nada ni nadie y mucho menos de ella.
Debido a su distracción, tardará más de dos horas en llegar a las afueras de la ciudad –donde se alojaba– gracias al maldito tráfico. Una estúpida manera de perder el tiempo.
El dolor de cabeza era insoportable a la hora de llegar a casa, lo primero que hizo al entrar fue buscar un analgésico para, aunque sea, reducir el malestar. Sin embargo, el dolor no disminuía en el lapso transcurrido, debía mantener ocupada su mente para olvidar; y de nuevo la misma pregunta, de la cual, ya estaba harto ¿Qué debía hacer?. Recorrió cada habitación, buscando algo con qué entretenerse sin éxito. Tras ver el ordenador decidió ocuparla, revisaría el archivo que se le envió por la tarde y avanzaría con el informe.
Cada vez que terminaba de describir cada aparato e invento se sentía culpable; por engañarla, por no entregarlo…
Pasando el resto de la noche con ese dilema mental.
…
No encontraba qué hacer en su casa, increíblemente estaba aburrido, ya había terminado con sus anotaciones y ordenado todo e hizo su rutina diaria, necesitaba distraerse de algún modo y que mejor con el idiota de su amigo, aunque lo sacara de quicio por las estupideces que decía o su infantil actuar casi siempre lograba distraerlo, además le debía el almuerzo. Sin embargo, había algo más profundo que esa razón y no admitía aún: ya no le gustaba estar solo; estar con la loca científica le había afecto de sobremanera porque siempre la acompañó desde que se conocieron, al igual con Raditz se habían acercado más desde hace tiempo debido a su encargo. Pensar en lo último lo descomponía y más al recordar lode ayer. Hizo a un lado todos esos pensamientos, no sólo ni durmió por lo mismo y esperaba que no se lo recordara de nuevo.
Los toques en la puerta le sorprendieron, la secuencia que tenía cada golpe eran exactos para saber quién era; creía que, con todo lo sucedido ya no se aparecería por un tiempo, pero de nuevo lo sorprendía. Abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarlo pasar.
—Ya sabía que no podías vivir sin mí. —dijo con una sonrisa burlona, apoyándose en la perilla sin cerrar la puerta y posando su mano libre sobre la cintura a su vez.
—¡Espera! —alzó la voz pero no para insultar, llamando más su atención —. Saca la lengua —pidió repentinamente. Parpadeó tres veces perplejo por la extraña petición. Cerró la puerta por detrás de sí e hizo lo que le pidió. Un puñetazo en la barbilla viniendo desde abajo, impulsando su cabeza hacia atrás por el golpe y, su lengua, casi partida por la mitad por la fuerza entre sus dientes debido al choque.
—Tal vez así dejas de decir estupideces un buen tiempo —se cruzó de brazos y le dio la espalda. Mientras que el alto estaba en cuclillas tomándose la boca como si eso aliviara aquel dolor que lo hacía llorar involuntaria. Esta vez no se la perdonaría —. Me debes el almuerzo, así que alístate. —exigió esta vez.
Secó sus lágrimas con el dorso de sus dedos y acarició su mandíbula con la otra mano, simuló morder algo y mover la lengua a su vez para alivianar el dolor.
Buscó con la mirada el reloj más cercano para cerciorarse de la hora, notando que eran las 11:17 —¿No es… muy temprannno… para al… morzar? —arrastraba las palabras por el dolor.
—No vamos a comer justo ahora ¿O sí? —bramó molesto.
Como respuesta dio un suspiro de resignación. Se levantó y fue a cambiarse ya que estaba en traje deportivo, se sujeto el cabello en una cola baja en la nuca; regresó con Vegeta sin dirigirle la palabra, sólo pasó delante de él y salió primero del apartamento, esperó a que emergiera el vehículo para equiparlo.
Extrañamente, el recorrido fue de los más silencio que nunca. El idiota siempre hablaba de cualquier estupidez pero por lo que le hizo anteriormente debió afectarlo demasiado; le resultaba incomodo disculparse y más si se trataba con él.
—¿Dejaste todo preparado? —se atrevió a iniciar la conversación.
—Claro —habló bajo —. Ya tengo la identificación lista y cuando se haga la transacción las cámaras se inhabilitarán de inmediato, luego se borrará trece minutos de la grabación al igual que los registros del nombre falso, tiempo suficiente para desaparecer. —explicó lento.
Media sonrisa se formó en sus labios, justo en el lado donde no podía verlo —¿No importa dónde sea? —previó algo importante.
—Nop —lo escuchó convencido.
Llegaron al primer banco cercano. Infortunadamente, en la puerta de ingreso había un letrero de fuera de servicio. No perdieron el tiempo y fueron al próximo, encontrando el mismo aviso; sin embargo, no estaba cerrado, Vegeta fue quien entró para averiguar lo que ocurría, informándole que no había sistema hasta nuevo aviso. Dedujeron que era el sector donde no había sistema, por lo que fueron a otro lado; increíblemente en los demás sucedía lo mismo. Sólo les quedaba una opción y era la peor.
Los centros comerciales.
Había demasiada gente, al igual que cámaras y mucho más seguridad, era demasiado arriesgado… Pero no se dejarían vencer.
Necesitaba relajarse y qué mejor que ir al salón de belleza y spa, ya había pasado tiempo desde la última vez que fue y ¿por qué no aprovechar ahora mismo? No había mucho trabajo que hacer –sí lo había para ella pero era lo que la irritó desde un principio– y su padre no estaban para ayudarla. Así que se arregló lo mejor posible antes de salir.
Antes de irse, subió al laboratorio para confirmar su ausencia y dejar indicaciones de lo que debían hacer el día de hoy, no era necesario estar presente.
Monitoreó las cámaras de afuera para asegurarse que todo estuviera a la perfección y no hubiera algún rufián quien la sorprendiera. Conforme con todo, se dio un vistazo antes de salir para cerciorarse que aún lucía bien; asintió a sí misma y fue a la cochera a sacar su auto polarizado.
El día estaba espléndido, perfecto para un cambio de look. Estaba decidía: se cortaría el cabello, aunque no sabía que tanto lo haría, cuando llegue escogería por uno de los tantos estilos que habían. Quería sorprender a Vegeta con esto ya que no se había aparecido ni mucho menos comunicado en estos días; no lo culpaba, él también tenía cosas por hacer, no sólo estar pegado todo el tiempo a ella tal y como lo hacía Yamcha en un principio.
No tardó demasiado en llegar al Centro Comercial, ingresó al sótano para más seguridad y encapsuló su vehículo. Al entrar inhaló hondo como si estuviese entrando al paraíso. Sus pies le obligaron a dirigirse directamente al Salón de Belleza y no a la primera boutique que encontrase, su mente se sincronizó perfectamente con su cuerpo por lo que no era necesario tomar una decisión.
Conocía a todos los estilistas y empleados de ahí ya que recurría constantemente aquí, y cuando llegaba procuraban no hacer escándalo por quien era; al verla, muchos se acercaron para saludarla con cortesía y cariño, agradecidos por atenderla de nuevo. Ella también agradeció por su atención. La trasladaron a la sala de masajes donde le quitaron la ropa y le dieron una bata para no quedar al descubierto, la acomodaron boca abajo sobre una camilla y de nuevo le quitaron la prenda, sólo que esta vez hasta la espalda baja, esperando el anhelado toque. Luego de aquel maravilloso masaje, la llevaron al área de corte y tratamiento para el cabello donde le lavaron su hermosa cabellera celeste cuidadosamente con champús florales y restauradores; envolviéndolo en una toalla al finalizar. Le pidió al estilista que la sorprendiera con el corte, que lo dejaba a merced de él; mentiría si dijera que no estaba nerviosa por cómo quedaría, si le gustaría o no, pero necesitaba algo nuevo, algo que la sorprendiera. Tras pasar treinta minutos de varios jaloneos y tijeretazos, se acercaba la hora de la revelación; ahora estaban cepillándole su melena para darle el volumen, dando como terminado su sesión. Quedó enamorada al ver su reflejo, el cambio era abismal, mas no terrible; haciéndola lucir más joven y radiante ya que resaltar de sobremanera.
Aquel masaje y corte le vino de maravilla, se sentía tan liviana y relajada que no había nada que le cambiara el humor. Se despidió agradecida de todo los empleados, prometiendo regresar pronto; antes de seguir con las compras iría a almorzar una rica ensalada primavera, encaminándose al segundo nivel para ir a los restaurantes seleccionados que contaban con mesas propias y áreas preseleccionadas para cada gusto, no como el área de multi-restaurantes de comida rápida que todo estaba en un solo lugar y tener que batallar por conseguir una mesa apartada.
Paraba en frente de cada local de ropa que llamaba su atención, anotando mentalmente las prendas que le encantaban para pasar luego. Cuando siguió su rumbo, sus ojos captaron a lo lejos algo inesperado: conocía aquella cabellera, su estatura y complexión.
—¡Vegeta! —alzó la voz, haciendo que la mayoría de personas que paseaban por el lugar voltearan a verla, incluyendo al mencionado y su acompañante. Trotó hasta llegar frente a él con una sonrisa .
—¡Bulma! —si no hubiese sido por la voz no la reconocería. Lucía el cabello a unos pocos centímetro arriba de los hombros, dando esa sensación de acariciarlos al estar más visibles y más gracias a la blusa de hombros destapado que llevaba puesta.
—¿Qué te sucedió? —preguntó alarmada por ver el moretón que empezaba a formarse en su rostro, se acercó mucho más hasta quedar a no más de medio metro delante suyo, donde mano derecha al área afectada para cerciorarse cuán lastimado estaba, no llegando a su objetivo ya que su mano fue sujetada a un par de centímetros del rostro.
—Estoy bien —se limitó al contestar, esperando a que no lo cuestionara más; sin soltar aún su mano.
Tras ver su actuar tan esquivo, decidió cambiar de tema suponiendo que el lugar donde estaba no era adecuado para hablar —¿Qué hac… —su pregunta quedó tajada ya que alguien había interrumpido. Al recordar que no estaban solos, soltó su suave mano con rapidez y se apartó hacia atrás. Había esperado la pregunta –aunque no la haya completado, ya sabía cuál era– para interponerse y sacarlos de apuros, aclarándose la garganta para llamar su atención.
—Vegeta está haciéndome un favor —respondió como si a él le hubiese preguntado, ambos voltearon tras escucharlo —. Soy Raditz —se presentó ante ella con una sonrisa ladina.
—Mucho gusto, soy… —quiso presentarse también pero de nuevo fue interrumpida al hablar.
—Bulma, sí. Vegeta me ha hablado de ti— sonrió para ocultar la mentira en sus palabras. Abrió tanto sus párpados pareciendo que sus globos oculares saldrían de sus cuencas debido a la impresión. Al mismo tiempo, el moreno amurró sus labios con disimulo por aquellas falsas palabras.
—¡Vaya! —fue lo único que pudo articular, quedando unos I minutos en silencio imaginando sobre qué pudo hablarle acerca de ella; elevó su mirada hacia él, quien parecía estar esperando alguna respuesta —. Vamos a almorzar, yo pago —invitó cantarina.
Al principio, iba a oponerse, excusándose que no era necesario y necesitaban regresar lo más antes posible; pero no pudo negarse a la súplica de la científica. Resignado, con una mirada le hizo comprender al alto que aceptarían la invitación.
El corto trayecto al restaurante fue de lo más callado; el peli largo iba detrás de la pareja como si fuese un escolta mientras ellos dos iban juntos adelante, observándolos detalladamente y más a la mujer. Imaginando lo que sucedería, volteó para ver a su compañero para comprobarlo: estaba viéndola; se interpuso entre su mirada, quedando a espaldas de ella. A pesar de la bulla a su alrededor la leve risa que escuchó fue clara.
Al llegar, los situaron en una mesa apartada tal como se les pidió; llegando luego para tomarles la orden que llegarían de entre diez a quince minutos.
Veía a Vegeta a cada dos minutos, él estaba prácticamente tranquilo a lo contrario con el otro, quien se veía un poco nervioso debido a su tamborileo de sus dedos sobre la mesa. Le resultaba familiar el tipo, como si lo hubiese conocido o visto en algún lado, e incluso le recordaba a alguien, sin éxito de saber a quien. Inició la conversación para destensar el ambiente, preguntando cómo se conocieron, de nuevo asombrándose de que ambos se conocían desde jóvenes y que han trabajado en distintas ocasiones –sin saber que estaban omitiendo demasiados detalles–, contando varias anécdotas que vivieron juntos en el transcurso de la comida.
A los pocos minutos de terminar de comer, el alto se levanto disculpándose ya que debía irse; pero iba a pagar todo ya que le debía un almuerzo a su amigo y no era molestia pagar el de ella. No quería arruinarles el día, la peli celeste se veía feliz de verlo al igual que él a pesar de tratar de disimularlo, por lo que buscaría otro método de movilización para no molestar.
—Te llamaré cuando ya esté allá —le dijo al azabache, quien hizo una mueca —. ¡Cierto! No tienes celular —golpeó su frente con la palma de su mano recordando lo de ayer —. Bueno, no importa —ahora dirigió su mirada a la científica —. ¡Hasta pronto! —volvió a sonreírle, esta vez coqueto.
No le dio tiempo de despedirse ya que, prácticamente, salió huyendo del lugar. Entonces regresó su vista con quien había quedado al fin a solas, para confirmar lo que escuchó hace un instante:
—¿Cómo que no tienes celular? —lanzó directamente la pregunta.
—Ayer me lo robaron —afirmó aún enojado por eso.
Asustada por lo que escuchó, asumió que la herida en su rostro era debido a eso —¡Kami! Por eso estas así —ahora sí se acercó tocando suavemente aquel moretón para enfatizar sus palabras, esta vez no siendo detenida; sintiéndose ridícula por las estupideces que pensó ayer.
Esta vez no la apartó al ya estar solos, sin embargo no contestó esta vez, dejaría que pensara eso, por lo que asintió muy levemente –casi imperceptible– para no sentirse tan culpable. La escuchó maldecir entre dientes y luego suspirar para relajarse.
No se quedaron mucho tiempo en el lugar, por lo que salieron al poco tiempo al no tener un tema de plática. Pospondría su tarde de shopping, no siendo esto del todo malo: prefería pasar tiempo con Vegeta que estar en un almacén de ropa… además no le pediría que la acompañase a tal cosa, por lo que pidió que salieran del lugar; llegando al estacionamiento sin haber dicho una palabra en el trayecto.
Como siempre, le abrió la puerta del auto para que ella entrara primero. Al meter el pie y recargar su peso en este para poder entrar por completo, se resbaló hacia abajo soltando un gritito sosteniéndose del brazo del moreno, quien la sujetó rápidamente por reflejo para que no se lastimara.
—¿Estás bien? —se apresuró a preguntar aún teniéndola en brazos. Su risa le confirmó que sí lo estaba, y ella también le contestó afirmando, así que la soltó para que se acomodara en el asiento. Asintió conforme y cerró la puerta para ir al lado del piloto.
Aún reía, ya que encontró el culpable de su accidente; le parecía divertido que una revista hiciera tal cosa pero más era el hecho de que Vegeta tuviese una. Esperaba no haberla dañado y que no fuera importante, así que la alcanzó para comprobar, encontrando dos de estas a la vez. Extrañamente las decidió examinar luego de salir de la instalación, estiró la esquina doblada de la revista más dañada, sin imaginar que encontraría una fotografía de ella con quien la acompaña en este momento.
El sonido de las hojas pasar lo alertó, apretó el volante tras saber que encontró aquello que no quería ni saber de su existencia. Las había lanzado al lado del copiloto sin saber bien donde cayeron, no quería saber más de ellas por lo que las dejó ahí sin saber que el día de hoy la llevaría y las encontraría.
—¿¡Qué… !? —fue lo que dijo en voz alta seguido de murmullos tras leer en contenido de la página, estos cada vez se tornaban con más fuerza a medida que seguía la lectura; escuchándola maldecir por segunda vez en el día. En un instante todo su alrededor quedó en silencio absoluto, la inercia lo mantenía a fijo al camino que conducía sin poner atención a su entorno —. Perdóname —la palabra lo trajo de vuelta sin procesarla del todo luego de par de segundos ¿Por qué? Preguntó mentalmente, pero, no fue necesario decirlo en voz alta —, no creí que algo así fuera a suceder. No quería que fueras involucrado en esta… porquería. —escupió enojada, golpeando la revista a su vez.
—No es tu culpa —declaró—… no importa. —alzó los hombros queriendo demostrarlo, cuando no era así. Esto lo perjudicaba en cierta manera, tal y como sucedió el día de ayer; no sólo en eso, sino también en sí mismo, no podía dejar que fotos de él rondasen por ahí ya que podían localizarlo, interrogarían a la científica hasta hallarlo y se daría cuenta de lo que en realidad es… No, aún no debería saberlo ni, mucho menos, de ese modo.
—¡Claro que importa! —alzó demasiado la voz, lastimando el tímpano del piloto —. ¿Quiénes se creen para publicar semejante estupidez? —dijo exactamente lo mismo que él pensó ayer —. ¡No puedo creerlo! Esta vez si me las pagan. —sus palabras sonaban a amenaza. Y así como pensó que nada le arruinaría el día, sucedió. Nuevamente se disculpó y prometió arreglar todo el malentendido aunque Vegeta no se haya quejado –con ella– sobre esto.
No quería hablar sobre el tema y esperaba que ella ya no lo siguiera, decidido a quedarse callado. Y así fue por un rato, dejando la música como obstructor del silencio. A unas calles antes de llegar, le pidió favor que la llevara a la farmacia que estaba en la siguiente esquina.
—¿Estás enferma? —escuchó su preocupación en su pregunta. Volteó para dedicarle una dulce sonrisa cuando el la miró por una fracción de segundo.
—Claro que no —dijo cantarina. Estacionándose frente al local —. Compraré unas Píldoras, no tardo. —y enseguida bajó del vehículo.
Vio como se encaminaba hacia el lugar a paso rápido pero relajado; no entendía lo de las Píldoras, sólo se le venía a la cabeza la típica imagen de una cápsula blanco y rojo ¿Qué tendrá? Se preguntó a sí mismo. Tal y como había dicho, no tardó en regresar, ahora con una pequeña caja en las manos, ella abrió las solapas para sacar el contenido y cerciorarse de éste, cuando le dio vuelta al blíster, pudo ver lo que en realidad eran: pastillas anticonceptivas. Sentía que cada vez más se le venía todo abajo. Debía hacer algo ¡Ya!. El resto del camino se mentalizó para encontrar una solución lo más rápido posible.
Cuando llegaron, no tuvo que pedir que se quedara ya que la siguió cuando bajaron del vehículo —Acompáñame —ordenó recién entraron y sin esperar respuesta alguna comenzó a andar. Cuando llegaron recordó lo que escuchó del amigo de Vegeta, que se quedó sin celular. A pesar de haber estado en un lugar donde vendían, no solucionó su problema cuando tenía la oportunidad y rápidamente sacó –equivocadas– conclusiones; debía ayudarlo y apoyarlo en un momento así. Llevándolo a la parte del laboratorio, justo donde se encontraba su oficina personal, pidió que la esperara a unos cuantos metros de ella, él obedeció sin mencionar una palabra, mientras buscaba en las gavetas de su escritorio.
Sólo la veía por arriba, escuchando cómo somataba cada gaveta después de haberla halado. Esta vez se concentró en ella y no en su alrededor, no examinó ni un metro del lugar como solía ser… ya no. Sus ojos ya no la enfocaron en algún momento debido a su fugaz pensamiento.
—Tómalo —ofreció esta vez al no obtener respuesta cuando se acercó, lo alzó un poco más para motivarlo a recibirlo. No sabía qué era hasta que hizo lo que le dijo —. Era mío pero, por lo que ves, ya no lo utilizo y creo que te sirve más a ti que a mi —sonrió cuando lo sacó de la caja y comenzó a trastearlo —… sólo que, no tiene chip. —finalizó, ya que sería un poco tonto explicarle todas las funciones a alguien que ya conocía sobre estos aparatos.
—Tengo uno de repuesto. —comentó en voz baja, aún con el móvil en la mano; elevó su mirada para encontrarse con sus ojos azules y le regaló una sonrisa.
Tomó eso como un agradecimiento y también le devolvió la sonrisa.
Esta vez, no se quedaría hasta tarde como solía hacer, ni siquiera había anochecido, Se sentía incomodo estando con ella por todo lo que estaba sucediendo, lo que hacía y sabía, era algo que no había experimentado y no le agradaba en lo absoluto. Estaba abrumado. No podía quedarse más tiempo a su lado.
—Tengo que irme. —sus palabras parecían más una súplica que una indicación.
Suspiró desganada. Podía sentir la tensión que tenía encima, no sabía la causa pero quería encontrarla. Había estado más callado de lo normal y evadía sus preguntas con monosílabos, enojándola por no tenerle la suficiente confianza para contarle lo que le sucedía para poder ayudarlo. Asintió con la cabeza y lo acompañó hasta la salida.
—Vegeta —lo llamó antes de abrir la puerta —. En serio ¿Todo esta bien? —volvió a preguntar, esperando esta vez obtener una respuesta más concreta.
La tomó del mentón para que lo viera directamente a los ojos para que le creyera— Sí. —afirmó únicamente con las dos únicas letras que ella no quería escuchar nuevamente, mas su sinceridad en sus ojos hizo que le creyera. Sin embargo, no era del todo cierto, sólo quería hacerle creer que era verdad. Depositó un beso en su frente antes de atravesar la puerta e irse.
Se quedó unos cuantos segundos viendo la sólida puerta de cedro blanco como si fuera él. Aquel comportamiento la hacía dudar, ya que jamás lo había visto así. Sacudió su cabeza tras sus pensamientos, debía hacerle caso y no entrometerse en lo que le estuviera pasando, tal vez sólo no quería preocuparla. Y de nuevo caía en sus absurdos pensamientos, volviéndose una tortuosa cadena.
No había mucho que hacer, no quería ir al laboratorio y tampoco había con quien pasar lo que quedada del día; debía distraer su mente de alguna manera, por lo que decidió llamar a su amiga Milk para pasar el tiempo, sintiéndose culpable por no haberse comunicado antes con ella. Ya había pasado un buen tiempo desde la última vez que hablaron y esta era la mejor oportunidad. Se actualizaron en la mayoría de cosas, aunque aún no le había comentado sobre su relación con Vegeta ya que no llevaban demasiado tiempo para afirmar una relación estable, moría por decirle y pedirle unos cuantos consejos de amiga, pero se retuvo. La llamada se alargó hasta la cena, donde Goku interrumpió la conversación para alegar por qué aún no estaba la comida, despidiéndose al momento.
Se dirigió a su habitación despejando su mente sobre todo, esta noche sí quería dormir y por eso ya no le dio tanta vuelta al asunto por el momento. Él le dio su palabra y confiaría en ésta.
Los siguientes cinco días fueron cíclicos, al igual que fastidiosos por estar en su semana; desde temprano iba al laboratorio para supervisar, dar indicaciones y ayudar. Luego iba a su área para poder continuar su proyecto y avanzar con el tanque, este último era la peor parte del día: continuar con la Cámara de regeneración, se quedó estancada con la programación de la maldita puerta ya que aún lanzaba el mensaje de error en la fórmula, la maldecía como si fuese él mismísimo diablo ante ella; seguido de su receso, del que se suponía que era para descansar completamente todos sus sentidos por el trabajo, más bien en esta instancia se torturaba con comunicarse con Vegeta para saber cómo estaba y si ya solucionó todo, tras esto, se cuestionaba si no lo importunaría por hacerlo; molestándose con él por no comunicarse primero y contarle todo, dejando a un lado su primer propósito. Regresaba al laboratorio a seguir con sus labores para olvidar su enojo con el hombre, quedándose hasta tarde haciendo mucho más cosas de las que solía hacer.
La mañana del sexto día no fue tan diferente a las demás, sin embargo, esta vez fue únicamente al laboratorio para ir a su oficina tras recordar aquel problema de las revistas y su contenido del que tenía que solucionar. Desde todo lo sucedido en su relación anterior, ya no le agradaba lo que comentaban al respecto sobre ella; jamás le interesó la fama por lo que no se dejaba ver tan seguido en público por lo mismo, pero cuando inició su romance con el jugador de béisbol no le prestó mayor atención a este tipo cosas que, al final de cuentas, terminó siendo un desastre debido a esto. Por eso quería evitarlo ahora; tenía como ventaja que Vegeta no era "famoso" como Yamcha pero quería evitar justamente lo que sucedió: que llamara la atención. Contactó con la empresa editorial para llegar a un acuerdo, del cual no se solucionó; dejándola en espera en el comunicador por casi una hora, cortó la llamada para ir a hacer acto de presencia en el lugar. Tenía las de ganar por acto de difamación y calumnia, su persona y empresa estaban expuestas por las estupideces que escribían con tal de ganar dinero.
Al entrar, rápidamente se corrió el rumor que la científica estaba en el edificio. Varios estaban intrigados por verla en un lugar de publicidad y entretenimiento, pues lo primero que se les venía a la mente es para publicitar su empresa e inventos a pesar de que tenían otro medio para realizarlo; muy pocos sabían a lo que en realidad venía por lo que la atendieron de la mejor forma posible.
Luego de dejarla en espera de nuevo, amenazó con cerrar la compañía en un instante y manchar la hoja de vida de todas las personas que laboraban aquí. Odiaba utilizar la superioridad que tenía ante este tipo de situaciones pero lo ameritaba, consiguiendo al fin que la recepcionista la llevara con el superior a cargo.
Cuando debatieron ante el asunto, se llevó una gran sorpresa cuando le dijeron que ya no había información en el sistema ni en Internet, tampoco que el superior estaba informado sobre dicho lanzamiento de revista y que de inmediato mandaría a retirar todo respecto al asunto, también averiguaría el nombre del infame que se aprovecho de la instancia. Finalizando con una grata disculpa por todos los problemas ocurridos y prometiendo que jamás pasaría de nuevo.
Satisfecha con todo, regresó tranquila a su hogar ¿Debía avisarle a Vegeta respecto a su logro? Soltó un suspiro, no lo recordó durante todo el día hasta ahora, de nuevo para empezar con la tortuosa cadena. No se había aparecido ni comunicado toda la semana ¡Qué se creía!.
Increíblemente, ya había atardecido cuando llegó a C.C., no faltaba mucho para dar paso al anochecer.
Cuando entró, una empleada llegó rápidamente a su lugar, avisándole que tenía un invitado en el laboratorio. Sorprendida, se apresuró para atenderlo, puesto que ya era tarde y saber cuánto tiempo estuvo esperándola; no recordaba haber citado a alguien y menos en el laboratorio.
Ya todos los trabajadores se habían ido, esperaba que eso no arruinara todo. Mas nunca imaginó ver aquella cabellera flameada al nomas entrar ¿Cómo entró hasta acá? No le importaba, con tal de que estuviera aquí era suficiente.
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N/A: si te saltaste todo el cap sólo para saber lo que dije arriba, me debes un review xD y si no, pues igual dejame uno ya que eso me pone feliz. No pienso dejar inconclusa esta historia por más tonta y ridícula que me parezca ahora con todas las idea que tengo en mente :3
Perdón por haber tardado tanto, pero como comente en ciertas ocasiones, tenía depresión y una muy horrible, estoy cayendo de nuevo, a parte, comencé a trabajar, a veces trabajo casi las doce horas y hay cosas de las cuales me están molestando ahí... Por lo que no tenía los ánimos ni energía para escribir. Pase tanto tiempo estancada en este puto capitulo que lo odio xD por lo que no me importa si esta mal redactado, poco entendible, inconcluso ¡de todo! Pero igual me gustaría que me dijeran cómo estuvo :v Jajaja estoy echa un manojo de emociones.
Bueno, ya me dejo de excusar y voy con las cosas random de este cap:
* pues como verán, en la palabra momentáneamente esta marcado. ¿La razón? Es muy divertida xD me quedé trabada una semana en esa palabra pues no me recordaba como se escribía en español xD xD y tampoco quería buscarla e.n el traductor por orgullo (?.
°° los circulitos estos en las frases de Vegeta las saque de una película llamada El Santo, amo esa peli, también me inspiró para hacer este fic, al igual que Misión Imposible y Mini Espías xD
Bueno, creo que, como ya salí de este maldito capitulo, podré seguir los demás más fácil, pues ya los tengo en mi cabeza, ah, y solo quedan 8 capítulos para finalizar esta historia c: ¿triste? Haganmelo saber
Me despido, no sin antes exigir comentarios. Si no recibo 5 comentarios como mínimo, olvídense de las actualizaciones. Bai.
Pd: Javier mendz; pls dejame más reviews ❤ no sabes la extraña sensación que tuve porque un hombre me haya dejado u. Review, te mandare mi pack, okno xD
14/01/2018 2:41 am
