Jelou! Qué tal? :3 por fin aparecí

Estuve a un pelo de rana (? De eliminar esta historia D: pero luego dije NO, no quería dejar más cosas inconclusas en mi vida.

Así que disfruten c:

Advertencia: escenas de índole sexual (aguanten esa formalidad xD) Lemon

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Resolviendo

No podía soportar estar más tiempo cerca, debía irse ahora. Sus constantes preguntas lo desesperaba en sobremanera a pesar de evadirlas o contestarlas con simples monosílabos y, cuando pensó que por fin dejó de insistir, se interpuso en su camino antes de dejarlo salir. Tuvo que convencerse a sí mismo para hacerlo con ella y no delatarse en su mentira, así dejándolo ir sin más preámbulos.

De tantas cosas que debía hacer y solucionar, que no sabía por donde empezar, su trayecto había sido tan corto como para pensarlo con claridad.

Se quedó un buen rato dentro del vehículo, como si así encontrara la solución a todo… mas sí lo ayudó por donde iniciar para hacerlo con el-primer-problema. Cuando volteó al lado del copiloto notó aquellas revistas que aborrecía con todo su ser, ahí es por donde comenzaría. Se estiró para alcanzarlas y bajó rápidamente. Encendió tres de sus computadoras para acelerar el proceso, buscó hasta la última e insignificante información con respecto a la editorial. Maldiciéndose por haber dejado pasar tanto tiempo para resolverlo.

Códigos indescifrables tecleaba como si nada, atinando a cada clave y contraseña como si él fuese el encargado de almacenar toda la información confidencial. Cada programa que tenía lo respaldaba para más precisión, cada archivo fue eliminado de cualquier lugar, ya sea interno, en una nube o hipervínculo externo… en la compañía.

Encontrar la noticia en otros lugares en Internet no sería tan difícil del todo, el problema sería las revistas o encabezados en afiches y periódicos pues sería lo más tortuoso de cómo resolver, por lo que buscaría la cantidad de estas en físico y con cuánto se abasteció cada sucursal de estas igual que su cantidad de venta.

Estampó sus puños a los lados del teclado al no hallar una solución congruente a esto, no podía ir de local en local para comprar todo respecto al chisme. Soltó una falsa carcajada por las estupideces que pensaba, el cansancio ya lo estaba matando a pesar de no haber hecho esfuerzo físico en el resto del día.

La hora en el extremo inferior del monitor lo tomó por sorpresa, pues ya eran más de las cuatro de la mañana. No quería dormir sin antes resolver este embrollo, pero ya estaba completamente agotado mentalmente, haciendo que pensara cosas absurdas. No quería imaginar qué podía llegar a hacer en ese estado, así que optó por hacer lo más sano.

Sin apagar los ordenadores, se dirigió a su pieza. Ni siquiera se cambió para su comodidad, sólo se sacó la camisa y los zapatos de la forma más brusca posible y se lanzó al colchón sin cuidado, enseguida quedándose dormido sin encontrar una posición confortable para descansar adecuadamente. Tal y como se lo había propuesto, no durmió más de tres horas para poder continuar.

Al menos se sentía un poco más estable.

Antes de reanudar con lo que estaba, fue a hidratarse lo suficiente para no perder más tiempo, además no tenía hambre como para entretenerse y seguir aplazando sus problemas… ni ducharse estaba en sus planes.

Regresó no sin antes de estirar su cuello y brazos, crujiendo a su vez, para luego acomodarse en su silla, frente al gran monitor.

Las cosas salían fluidamente que ya no era necesario quebrarse-la-cabeza para hacer las cosas en su adecuada forma, encontrando mucho más rápido lo que necesitaba remediar.

Aquello le tomó el día completo, podía asegurar que estaba a una milésima para completarlo todo, pero tampoco lo dejaría a la suerte, la manera más acertada sería pedirle ayuda a cierta persona, por lo que optó para dejarlo al día siguiente. No quería hacer tal cosa pero no le quedaba otra opción.

Suspendió cada máquina para no interrumpir varios procesos que dejó en funcionamiento para mayor precisión, y por si en algún momento llegase a necesitar algo por urgencia, estas no tardarían en arrancar.

Se tomó su tiempo para realizar sus cosas cotidianas y descansar luego de tan ajetreado día; empezaría por un relajante baño como recompensa.

Salió a paso relajado hacia su habitación, ordenó las pocas cosas que tenía esparcidas para no estorbar su camino, a pesar de ser un aficionado al orden; antes de despojarse de las pocas prendas que llevaba puestas, sacó todos los objetos que llevaba en los bolsillos: llaves, billetera… y su nuevo celular. Había olvidado acerca de su nueva adquisición, sin embargo, en ningún momento de quien se lo dio. Mentiría que todo lo que recién hizo era de modo personal, también lo hizo por la científica, pues ella también se había ofuscado con aquel escándalo que les provocaron…

La reputación de ambos estaba en juego.

Dejó el aparato en una repisa arriba del lavabo y prosiguió con lo que estaba haciendo antes de distraerse, no quería congestionarse más en su momento.

Ajustó la temperatura del agua hasta conseguir la medida adecuada, se situó debajo de la lluvia artificial levantando el rostro para que el agua le caiga encima sin restricciones, luego inclinándolo para que circule por su costado izquierdo y viceversa.

Su idea era relajarse, pero no lo consiguió. Era claro pues aún no había completado lo que debía hacer y aquello lo molestaba, saber que hay cientos, o más bien dicho, miles de fotos –tal vez las mismas– suyas rondando por ahí lo acribillaba... De nuevo, teniendo sensaciones desconocidas por todos estos hechos.

¡Por supuesto que no podía descansar hasta tener todo concluido! Aún faltaba demasiado por hacer ¿Cuándo él dejaba pospuesto su trabajo? ¡Jamás! Debía continuar ahora mismo o sabía que se arrepentiría.

No le importó el exceso de agua en su cabellera, sólo pasó la toalla lo más rápido posible en su torso y se la anudó en la cadera. No se fijó en el rastro que dejaba a cada pisada, tampoco las gotas que dejaba esparcidas en cada movimiento que realizaba. Maldecía cada vez que se le deslizaban los dedos sobre las teclas, arruinando la composición de las cadenas y atrasándolo más por corregir cada carácter mal escrito. Sin embargo, dejó de molestarse pues ya había encontrado la manera de no equivocarse por el agua que aún escurría de sus manos que, a los minutos, comenzó a evaporarse.

Logró encontrar treinta y seis franquicias cercanas donde se había abastecido con la revista, pero el problema sería en dar una razón congruente a estos para que devolviesen aquel suministro. Además, el o los distribuidores de ésta se cuestionarían por qué se les regresaba la mercadería si jamás enviaron una orden de devolución. Luego venía otro inconveniente: ¿Qué harían si se llegase a devolver todas esas revistas? ¿Se quedarían almacenadas o las destruirían? No sabía que sucedían con dichas cosas pues jamás le tocó pasar por algo así y tampoco era algo que debió aprender.

Bien, no se alteraría por eso ahora. Lo que haría sería buscar todos lugares abastecidos, luego ingeniárselas para poder recuperarlas de alguna forma que pareciera que la editorial la pidiera de regreso. Tenía la idea pero era demasiado trabajo para terminarlo él solo en un día.

Como pensó, le había llevado demasiado tiempo encontrar los lugares donde las vendían, sabía que aún hacía falta pero la luz del sol comenzaba a colarse por las ventanas. Estaba tardándose y eso era muy malo, por lo que enlazó cada archivo e información para poder avanzar en otro lado y dejó todo como estaba. Dejó programado un cronómetro para liberar todos los archivos a las otras maquinas para cuando estuviese allá y nadie pudiese entrometerse en su sistema.

Fue a vestirse con lo menos complicado de ponerse, un pantalón deportivo azul marino y una camiseta gris, buscó un calzado que no fuera de amarre y se preparó en tiempo récord. De tan apurado que iba, había olvidado las llaves de su auto, y sus demás cosas. Se devolvió colérico a buscar todo ya que no recordaba donde los había dejado; perdiendo más su valioso tiempo. En el último lugar que buscó fue en su baño, maldijo los objetos y se apresuró en salir.

Su camino consistió en insultos e incoherencias para todo lo que se le atravesase y retrasarlo aún más. Un semáforo cambió a rojo antes de que él pasara; no lo dudó y aceleró a fondo para no quedarse parado, rozando con otro auto que venía de la otra dirección quien también iba apurado. A estas alturas, no le importaba lo material…

Liberó el aire que no sabía que retenía, y agradeció por fin haber llegado.

Sólo esperaba que por ser tan temprano, no lo dejara afuera. No podía hacer escándalo y menos si era un edificio compartido, llamaría demasiado la atención. Aquello lo hizo refunfuñar en medio del rellano y acelerar el paso y, sin darse cuenta, comenzó a hacer lo que dijo que no debía hacer, golpear la puerta de manera brusca resonando en todo el lugar. Maldecía a cada toque por no ser atendido rápidamente.

—¡Ya te escuché!— abrió violentamente al saber quién tocaba de esa manera —¿Por qué tan temprano? —su pregunta parecía más un reclamo. Se hizo a un lado para dejarlo entrar, no sin antes hacer movimientos sobrehumanos para no dejar caer lo que le lanzó.

—Ya sabes que hacer —dijo refiriéndose al celular, luego se adentrarse a la residencia y dirigirse al cuarto de cómputos; sorprendiéndose al encontrar la mayoría encendidas. Media sonrisa adornó su rostro, él ya se había adelantado por lo que venía; no dudaba de él, pues ambos sabían a lo que se dedicaban y algo así como lo que había pasado, les costaría demasiado. Se acomodó para continuar lo que había en pantalla.

—¿Cómo lo conseguiste? Ni siquiera han anunciado fecha de lanzamiento … O sea, ya sabía de estos, pero no encontré nada más al respecto —hablaba emocionado el alto, moviendo con destreza los dedos para alterarlo y dejarlo seguro para su uso. Luego recordó quien los distribuía —. ¡No me digas! —gritó al darse cuenta. El azabache se tensó por un instante, para luego encogerse de hombros y continuar en lo que estaba —. Consígueme uno cuando vayas… —comenzó a molestarlo pero no continuó cuando el otro le dio una mirada enojada.

—¡¿Cómo crees?! —gritó ofuscado, entendiendo lo que quiso decirle. Él no lo había robado, no haría tal cosa siendo un lugar significativo –por el momento– y recapacitó al instante—. Uhm… —vaciló un momento para decirle la verdad: —. Ella me lo dio —se limitó contestar en un susurro, regresando su vista al monitor tratando de ocultar su rubor.

—Qué envidia —también habló bajo, ahora conectándolo a otra máquina para instalarle lo restante. Tardando menos de diez minutos para finalizar todo, y se felicitó mentalmente ya que la última vez que lo había hecho se tardó el doble de tiempo —. ¡Servido! —giró el móvil entre sus dedos como si este fuese un bastón de porrista, luego extender su brazo para entregarlo. Dejándolo con la mano en el aire al ser ignorado.

Estaba tan ensimismado en lo que hacía, que no ponía atención a su entorno. Aún no sabía cómo mandar un nota de devolución a tantos lugares sin tardarse una eternidad. Pegó un salto cuando su amigo lo empujó por un costado para ver con más claridad lo que hacía.

—¿Qué es lo que te hace pensar tanto? —le preguntó en tono burlesco luego de echarle una ojeada a lo que estaba en pantalla. Habían tantas ventanas abiertas de vínculos que no sabía a qué quería llegar exactamente —. ¿Qué es lo que quieres hacer? —se dio por vencido al no comprender.

—Enviar un mensaje para que devuelvan todo… Maldición, pero no estoy dispuesto a hacerlo uno por uno, a pesar de que sea copiar-y-pegar… —gruñó.

—Si que te afecta estar enamorado, eh —bromeó —. Dame espacio —pidió antes —. Mándalo como un si fuese un mensaje de difusión y ya. No te compliques —y tomó el mando por un momento. Cerró todo lo que no necesitaba y comenzó a redactar la información como si se tratase de la persona encargada del área.

En cambio Vegeta se sentía un estúpido en todas sus letras, el alto tenía razón, se estaba complicando en algo tan sencillo. Sólo podía verlo, cómo formulaba cada oración y sentirse cada vez más miserable por no haber pensado en eso desde un principio. Estaba tan aturdido por todo el asunto que había olvidado cómo se hacía tal cosa. No había razón para contradecir lo que le había dicho anteriormente, porque sí, reconocía que desde que sentía algo por la científica ya no hacía las cosas como antes y como debía. Su disgusto creció más cuando el estúpido de Raditz se inclinó hacia atrás y alzó sus piernas para poner sus pies sobre el escritorio y rebosar de una sonrisa burlona indicando que ya había terminado sin ninguna dificultad.

—Gracias —susurró avergonzado. Incomodando también a su amigo por aquel repentino agradecimiento pues era algo inusual que lo dijera en palabras, siempre asentía con la cabeza o se chocaban los puños u otra cosa para expresarlo, y no recordaba cuando fue la última vez que lo había escuchado; se removió en su lugar y no supo qué contestar más que asentir, regresando su vista al monitor.

Tomando lugar en otra máquina, encontrando cada vez más cosas sobre todo el problema.

La atmósfera de ese cuarto se había vuelto tensa por alguna razón, no se dirigieron la palabra por un buen tiempo, sin embargo, aquel silencio se interrumpió cuando Vegeta comenzó a maldecir por encontrar una transmisión en vivo donde estaban justamente hablando sobre la científica y él. Rápidamente, el dúo comenzó a poner manos a la obra e intervenir en el asunto cortando la transmisión por varios segundos, haciendo que acortaran el tiempo de la sección de la farándula por los "inconvenientes".

Con este nuevo acontecimiento, deberán estar más al tanto de la noticia, ya que no sabían en qué momento podían volver a transmitirlos pues eran la comidilla del momento. Así que encendieron un par de computadores más para no descuidar las demás cosas y ocuparse de todo al mismo tiempo, aunque fuera más cansado.

Por un momento se había quedado solo en la habitación, alternándose en un segundo ya que no podían perder tiempo por nada del mundo, hasta que el de pelo largo apareció con un par de aperitivos en mano, dándole uno cuando este volteó a verlo. Aquello no le había tomado importancia, a pesar de no haber comido desde el día anterior, no sentía hambre, estaba tan concentrado como para preocuparse por alimentarse, descansar y, sobre todo, la hora. Su estómago sonó cuando vio y sintió el olor del bocadillo, lo aceptó y se lo llevó a la boca solamente para sostenerlo con los dientes y no morderlo hasta terminar de escribir un par de cadenas y eliminar los archivos.

Así pasaron dos días seguidos con esa rutina, cuando pensaban que ya habían terminado, encontraban más información donde menos se lo imaginaban; las transmisiones eran las peores pues los hacían perder más tiempo del que no tenían, ya que en varios canales eran muy persistentes cuando se entrecortaba la señal y muy pocos contaban con buena seguridad y antivirus para que no lograran sabotear el directo, aún así, lograban hacerlo con un poco más de tiempo.

Los escritorios estaban decorados con latas vacías de bebidas energizantes, basura de botanas, servilletas y unos cuantos platos sucios. Se turnaban para traer las cosas casi que corriendo, sin embargo no hacían lo mismo para limpiar.

Un sonido fuera de lo normal hizo que le diera un terrible escalofrío por todo el cuerpo, buscó el origen de aquel espantoso chirrido para pararlo, sin imaginarse que fuese su compañero de cabello puntiagudo, nunca había imaginado que los ojos hiciesen un ruido así al ser restregados, pero al ver en el estado en el que estaba y en la forma en la que lo hacía, fue que comprendió. Estaba hecho un desastre, tenía los ojos hinchados y rojos por estar tanto tiempo expuesto a la luz cercana de todos las pantallas, tenía la cara perlada y la camisa empapada de sudor desde el cuello hasta la cintura por el calor de las máquinas, exudada cansancio desde cualquier ángulo que se le viese; no estaba acostumbrado como él en este tipo de casos.

—Oye —trató de llamar su atención, siendo fallido su intento —. ¡Vegeta! —alzó la voz, esta vez cumpliendo su objetivo. Cuando éste le dedicó su vista, tuvo que parpadear varias veces para enfocar su cansada vista —, deberíamos de descansar un poco… —no terminó de sugerir por el grito que recibió.

—¡Estás loco! ¿Cómo crees que voy a descansar en un momento así? —contestó exaltado, sus hombros tronaron apenas los levantó un poco de su lugar, su espalda dolió por la posición encorvada en la que estaba… quejándose por lo bajo.

—¿Lo ves? —recalcó al notar su mueca —. Salgamos de aquí un rato —ofreció, esperando a que aceptara.

Estaba a punto de negarse, pero cuando inspiró pudo darse cuenta en el ambiente en el que estaban: el aire del lugar estaba caliente debido al calor de las computadoras y su estadía, estaba tan rígido por estar tanto tiempo en un mismo lugar que sentía que había pasado a la tercera edad en un par de horas.

—De acuerdo, pero serán un par de minutos —dispuso serio y convencido.

Salieron de aquél lugar que, en vez de ser un cuarto de cómputos, parecía uno de sauna; apreciando el clima templado de la madrugada. Tomaron aire fresco como se lo permitieron sus pulmones. El azabache dedicó unos cuantos segundos para estirarse, haciendo tronar su cuello y sus hombros para aliviar la tensión. Aprovecharon el receso comiendo y bebiendo un poco más esta vez, se acomodaron en el living para degustar la comida rápida de microondas. Comieron callados para su conveniencia, el alto se había encargado de recoger todos los servicios y la basura, dejando solo al cansado hombre. Involuntariamente, subió sus piernas al sillón y se acomodó los cojines por detrás de las cabeza, sus párpados cayeron por el cansancio y su cerebro le exigió descanso, obligándolo a dormirse al instante.

Se removió entre sueños y su cuello dolió por la forzada posición en la que estaba, finalmente despertando. Y sin esperarlo, la luz del sol lo remató cuando entre abrió los ojos, forzando a que volteara bruscamente y cubrirse con la mano. Maldijo por lo bajo, se insultó a sí mismo por quedarse dormido y al peli largo por no haberlo despertado ante la situación que estaba, suponiendo que ya era pasado de medio día. Se levantó furioso para retomar el trabajo, encontrándose con el antagonista del momento en la entrada de la sala hacia el pasillo…

—Creí que te despertarías cuando moví el sillón hacia la ventana, pero me equivoqué —rió cuando lo vio venir, pensando que estaba enojado por su broma.

Ni siquiera había notado dicho detalle debido a su ira, viéndolo bien, por eso le cayó directamente la luz hacia la cara. Increíblemente, eso lo irritó más ¡cómo podía hacer ese tipo de cosas en un momento así! —. ¿Qué mierda haces acá? —perdió la paciencia al verlo en el marco de la puerta en su relativo estado de despreocupación. Se encaminó justo donde él estaba para ir a la otra habitación y retomar todo lo que estaba haciendo.

—¡Tranquilo! —alzó sus manos para detenerlo a unos cuantos centímetros, tomando en mal su acercamiento—. Hemos estado ahí metidos por más de cincuenta y seis horas y no sé cuántas más hiciste antes de venir. Yo también necesitaba un respiro… —intentó explicar para no alterarlo más —. Además, ya me encargué del resto —infló su pecho al sentirse orgulloso de sí mismo por lograr tal hazaña en unas cuantas horas—. Creé un mecanismo para encontrar todo relacionado al asunto a base de toda la información encontrada recientemente y eliminarla automáticamente —sonrió amplio llevando sus manos a su nuca y recostarse en la pared.

—Yo no estaría muy seguro… —lo pasó por el lado para salir de la pieza y dirigirse de nuevo a las computadoras, deteniéndose a medio camino cuando lo escuchó en un tono ofendido.

—¿Acaso no confías en mí? —por alguna razón, le molestó su comentario pues siempre había sido el sarcástico de los dos. Esperaba encararlo pero el moreno jamás le devolvió la mirada.

Una fantasmal sonrisa se le formó, podría decir que era la única persona en quien más confiaba, pero no se lo diría en voz alta. Tristemente no podía decir lo mismo de hermosa científica ya que le habría dicho la verdad desde un principio.

—¿Crees que lo he hecho alguna vez? —y continuó su andar hacia la otra habitación, dejando al pobre hombre con un sabor agridulce en la boca, quería ver cómo funcionaba aquel sistema que recién le comentó porque también lo emocionó.

Comprobando que todo lo que le dijo era cierto, se quedó un rato apreciando como emergían ventana tras ventana a cada mili segundo mostrando la infernal información y al mismo tiempo ser eliminadas cuando la pestaña se desvanecía. Aquellos foros y transmisiones iban incluidos en aquella transición aunque salían repetidas veces, pero no era de preocuparse ya.

—¿Qué harás ahora? —cuestionó —. ¿Le dirás sobre esto? —le salió sin querer pues era lo que más curiosidad le daba.

—No —respondió automáticamente a la segunda pregunta, aún no le diría. Cada cosa a su tiempo se dijo mentalmente. Varias veces lo había pensado, decirle a lo que se dedicaba y lo que le pidieron, y la respuesta de ella ante esto era lo que más le preocupaba.

Se quedó un rato más, sin ver directamente al ordenador por andar pensado. Satisfecho con todo el resultado, se levantó para ir al baño, y aprovechó para darse una ducha ahí mismo, buscó en el gabinete ya que anteriormente había dejado una Cápsula con ropa y otras pertenencias para casos así como este.

Se quedaría el resto del día, esperando a que no surja algún problema. Eso no significaba que no confiara en su amigo, siempre debían estar al pendiente porque no sabía qué otra cosa podía suceder en el momento más inesperado. Entrada a la noche decidió que ya era tiempo de irse, ya estaba todo solucionado; a parte, Raditz había comenzado a atacarlo con su-relación-con-Bulma –quien se había dado cuenta lo que sentía por su forma de verla y, sobre todo, en cómo actuaba– , pidiéndole que le dijera lo que era y no les afectara en un futuro, o hiciera algo al respecto con lo que le pidieron. Salió agotado de tanto escucharlo, pidiéndole antes de irse que no se metería en sus problemas.

Y es que aquello no lo dejó dormir, imaginaba mil y un escenarios en cómo reaccionaria cuando le dijera, idealizado la mejor y la peor forma; luego venía el hecho de haber completado su encargo, no podía pensar en qué pasaría luego de eso ¿se alejaría de ella, como si nada hubiese pasado entre los dos?.

Su tortura mental había sido interrumpida por su estómago, quien exigía por comida luego de mucho tiempo sin alimentarse correctamente. El resto de la madrugada se dedicó únicamente en comer, no se las complicó para cocinar, hizo cosas sencillas para no prolongar su hambre.

Ahora se encontraba tamborileando sus dedos sobre la pequeña mesa de vidrio templado, tratando de organizar sus ideas y su tiempo, qué y no haría a partir de ahora.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que dudó en hacer una acción –estaba tan acostumbrado a hacer lo que le dijeran y pidieran y demostrar lo mejor de sí mismo, pero no a hacer lo que quería y sentía. Sin embargo, estas últimas semanas lo había experimentado de cierta forma y, hasta ahora, reconocía que le agradó.

Debía apresurarse para tomar una decisión.

No era fácil, porque sabía que todo dependería de esa sola decisión y todo, absolutamente todo cambiaría –según su perspectiva. Pero estaba dispuesto a arriesgarse.

Meditaba bien el asunto mientras ordenaba y limpiaba todo su alrededor, repitiendo en su imaginación los mismos escenarios, porque era realista… no debía crearse ilusiones... Debía cumplir ¿Qué debía cumplir? Al carajo, al carajo el Doctor Gero, al idiota de Nappa y su trabajo.

Después de tanto tiempo, haría lo que quería. Como si fuese un adolescente rebelde. Asumiría sus consecuencias, y tomaría una decisión al final de cuentas, sí estas valían la pena.

Así, el tiempo se le había volado.

Sin darse cuenta, ya se había cambiado de atuendo, ensartaba la llave de su vehículo para arrancarlo y salir, porque el deseo de querer estar con ella le ganó esta vez. No sabía si avisarle que llegaría o darle una sorpresa; se inclinaría más por la segunda opción, sólo esperaba no ser inoportuno. A medio camino se encontró con otro dilema: ¿Cómo entraría? Siempre estaba con la mujer o era ella la que se encargaba de recibirlo cuando llegaba.

Como tal, encontró una solución antes de llegar a su destino.

Cuando se bajó y encapsuló el auto, inhaló hondo y comenzó a andar hasta llegar al otro extremo de la instalación donde se encontraba la otra entrada para los clientes y personas importantes para la compañía. Al entrar, quedó asombrado por el amplio lobby pues nunca había estado en esa parte de la corporación; dejó de lado su escrutinio y rápidamente se dirigió con la recepcionista para informarle que lo estaban esperando.

Al principio, la mujer se había negado, puesto que no le habían informado sobre dicha reunión. Pensó que, de cierta forma, lo había descubierto; sus nervios afloraron, pero pudo salirse con las suyas: dijo que era algo urgente y que si no le creía, podía preguntarle a Bulma. Al escuchar sus palabras en tono serio, era importante, asumiendo que el asunto era reciente y por eso no se le había comentado con antelación, decidió hacerlo pasar con otro empleado para no tener problemas. De una vez, pidiéndole que lo llevara al laboratorio porque acordaron en ese lugar; agradeciendo mentalmente porque esta persona no le diera tanto impedimento para llevarlo.

Pidió que lo dejaran solo, que esperaría lo que fuera necesario. Negó todo ofrecimiento de los otros empleados para tenerlo a gusto mientras esperaba a la científica. Al poco tiempo, la servidumbre comenzaba a retirarse, para su sorpresa, varios se despidieron de él –lo habían reconocido cuando llegó–, dejándolo completamente sólo en el amplio laboratorio.

Comenzó a pasearse por el lugar sin segundas intenciones, más que pasar el tiempo. A cada rato veía su móvil para observar la hora, no pasaban más de tres minutos cuando lo hacía. Justo cuando estaba por darse por vencido, escuchó por detrás unos pasos apurados por la otra entrada, asumiendo quién era. Se volteó para poder recibirla.

Dejó su bolso en la mesa más cercana y corrió para besarlo, no quería hacer otra cosa luego de no verlo casi una semana. Lo tomó por las mejillas y estampó sus labios contra los de él para besarlo desesperada, abrazándolo a su vez, siendo recibida de la misma manera.

La empleada entrelazó sus manos y sonrió tras ver el romántico encuentro, dio media vuelta para salir del laboratorio y darles su espacio.

—Me alegra que estés aquí —habló sonriendo sobre sus labios, juntando sus frentes. Vegeta sonrió en modo de respuesta, a la vez tomándola de la cintura; quedándose así un par de minutos disfrutando del silencio y compañía. —. ¿Cómo es que entraste? —rompió aquel momento.

—Me presenté por el otro lado, dije que fui citado por ti en laboratorio y me llevaron ahí a pesar de que no estuvieses —explicó sencillamente.

—Qué extraño —deshizo el abrazo y lo tomó de la mano para salir del lugar —, saben que hay ciertos horarios para… No, olvídalo —rió al darse cuenta —. Con decir mi nombre era más que suficiente para que te dejaran entrar, además, creo que la mayoría de aquí ya te conoce. ¿Vas a quedarte? Pidamos algo de comida —no paraba de hablar ni para tomar aire, estaba tan feliz de tenerlo a su lado otra vez. Llegando a la sala de estar, acomodándose juntos en el amplio sofá.

Puso los ojos en blanco cuando no lo dejaba ni escuchar sus propios pensamientos, hubo un momento en la que ya no le puso atención, hasta que le gritó, aturdiéndolo.

»¡Vegeta! ¿Por qué no habías venido o no me llamaste todos estos días? —de nuevo preguntó, esta vez cruzando sus brazos demostrando su enojo porque no le ponía atención.

Por una fracción de segundo, su vista se desvió a sus senos ya que se realzaron por la acción que había hecho sin mala intención. Regresó a la mirada a la oceánica de la mujer, tratando de recordar qué le preguntó—… Estuve ocupado, mujer — se limitó a justificar la verdad.

Sonrió avergonzada, pues no había razón para recriminarle tal cosa, estaba actuando muy posesiva y autoritaria, como si él no tuviese cosas importantes por hacer al igual que ella. Se mordió el labio inferior para retener sus palabras y se acurrucó a su lado, abrazándolo por la cintura. La aceptó gustoso y se acomodó también pasando su brazo por el fino hombro hasta situar su manos sobre su estrecha cintura, cerró sus ojos y se permitió descansar luego de tanto tiempo, encontraba reconfortante estar a su lado. Era más que suficiente tenerla ahora mismo a su lado y sentir su calidez.

—¿Vegeta? —lo llamó en bajo tono cuando sintió su pausada respiración, lentamente levantó parte de su torso para confirmar su especulación: estaba dormido; notando también sus oscuras ojeras. No lo molestó más y lo dejo ser, reacomodándose como estaba antes.

Brincó del susto cuando la sintió levantarse bruscamente. De nuevo, no se había percatado en qué momento se quedó dormido. Suspiró hondo por pura frustración y se sentó mejor para poder recibir a la mujer, quien venía con los paquetes de comida rápida que no sabía en qué momento pidió. Iba a levantarse para ayudarla y llevar las cosas al comedor, al final, sólo la ayudó a acomodar todo pues le dijo que comería ahí mismo.

Entre la plática –más bien, sólo Bulma hablaba– le comentó que había solucionado cierta parte del asunto de las revistas, explicando con detalle todo lo que le dijo el jefe de la compañía y en cómo se desharía de todo el mal-inconveniente.

Logró sorprenderlo, pues justamente pensaba hablarle sobre lo mismo, no con tal detalle, sino como siempre lo había hecho: limitándose a una explicación. Sin embargo, no se atrevió, sabía que no era el momento. Sonrió orgulloso, verla hablar con una satisfacción debido a sus actos también lo contagiaba, y porqué no, si él también había puesto de su parte –de una forma indirecta– para resolverlo también, y según lo que entendió, había funcionado todo lo que hizo con el alto. Lo único que expresó es lo aliviado que se sentía por haber arreglado el tema. Había comenzado a bostezar para entonces, entre tanta plática no se percataron que estaría por culminar la noche y dar paso a otro día más. Así que recogieron los restos y la basura sobrante y la depositaron en su lugar.

Y como lo había indicado la de cabello celeste la vez pasada, se fueron a la misma habitación. No tardaron en recuperar el tiempo en el que estuvieron separados, uniéndose sobre el mismo lecho tantas veces como les permitió el cansancio.

Por fin pudo descansar de la forma en que necesitaba y, lo mejor, estando en la comodidad de sus brazos. No podía pedir algo mejor que estar con ella.

Para su felicidad, había despertado a su lado a pesar de ya ser tarde. Siempre era él quien se despertaba antes, por lo que se tomó su tiempo para apreciarlo dormir, se veía tan relajado a pesar de tener el ceño fruncido. Llevó su mano hacia su rostro, delicadamente delineando cada área de su perfecta cara –para ella lo era– deteniéndose sobre sus labios. Había sentido su tibia mano recorriéndolo, cuando se detuvo sobre su boca, él, aún con los ojos cerrados, le tomó delicadamente la mano y le depositó un suave beso para luego halarla y cayera sobre su torso. Atrajo su rostro sobre el suyo, el cabello corto le rozaba a los lados haciéndole cosquillas, y se fundió en sus ojos zafiro. Quedándose así largos segundos, sin hablar, sólo contemplándose el uno al otro.

Desvió su mirada hacia sus labios, cerró sus ojos e inhaló hondo, removiéndose de su lugar, rompiendo el momento. Él sabía que algo pasaba, que algo diría.

—¿No debes irte? —recordó que él también tiene obligaciones que hacer. Se dejó caer sobre su espalda para darle libertad, fijando su vista en el insípido techo blanco.

—¿Quieres que me vaya? —respondió con otra pregunta en tono serio, casi dolido. No tuvo la intención de moverse hasta escucharlo de ella.

—¡Por supuesto que no! —chilló, regresando a su lado para abrazarlo por la cintura, apoyando su rostro de porcelana sobre su cincelado pecho, atesorando el sonido de su acelerado palpitar; reconfortándola —… es sólo que —y es que cuando estaba con él, le costaba formular las palabras. No quería que se fuera y ya estaba, prácticamente, echándolo—. Tienes que trabajar ¿no? —dijo en un hilo de voz, arrepentida de sus palabras.

La tomó con delicadeza del mentón para que lo viese y le regaló una sonrisa de comprensión, recordando que la última vez que se quedó, se había ido dejando como excusa el trabajo. La atrajo hacia sus labios para degustarlos como había querido antes de que se apartara. Mordió su labio inferior antes de separarse y, esta vez, uniendo sus frentes.

—Me tomaré una largas vacaciones antes —susurró como si alguien más, aparte de ellos dos, pudiese escucharlo. Y es que, esta vez, no sintió culpa, porque no mentía; aunque no sabía si a lo que se dedica podría llamarse trabajo, quería librarse de ello por un tiempo… Tal y como se lo había dicho Raditz, tal y como se lo propuso.

Nada dijo, no podía expresar con palabras lo que sentía, mas que besarlo nuevamente y abrazarlo con brazos y piernas. Sentía su lengua explorando toda su cavidad con desenfreno; atrayéndola más con su abrazo para eliminar todo espacio entre ellos.

La temperatura comenzaba a aumentar, aquel beso se tornaba más fogoso y le hubiese encantado continuarlo, pero ella no podía tomarse la misma atribución que Vegeta aunque lo quisiese, ya había tomado el día anterior para zafarse del laboratorio. Ahora todo el deber recaía en ella al no estar su padre, del que le tenía envidia en ese momento. Con toda su fuerza de voluntad, lentamente se separó de sus labios dejando un hilo de saliva en su trayecto, exhaló por frustración sobre su rostro e intentó levantarse.

La retuvo cuando la sintió removerse, pudo ver el recelo en sus ojos de cristal y aquello le extrañó. Iba a preguntar la causa de aquel sentimiento pero ya se le había adelantado…

—Debo ir al laboratorio —dijo en un melancólico susurro, desviando su mirada para no ceder ante él y mandar todo al caño por estar juntos.

Antes de que pensara algo más, la joven mujer había sido levantada en un parpadeo. Sólo logró sostenerse del cuello del moreno para no caer, cuando la cordura regresó, sintió ser cargada por debajo de las piernas y sostenida por la espalda –al estilo novia– aun estando desnuda… al igual que la persona quien la llevaba. Asustada por lo último, rió cuando el agua cayó sobre el rostro, por fin comprendiendo lo que pasaba. Vegeta le hizo una buena jugada y, comprendiendo sus intenciones, le daría su recompensa retomando lo que tenía planeado antes de separarse hace un momento.

Besó desde su mandíbula hasta llegar a sus labios. Soltó un gemido cuando sintió su espalda chocar con el frío azulejo de la pared, mientras el azabache degustaba de su hálito y la reacomodaba, únicamente soltando sus piernas para bajarla, pero ella no pareció de acuerdo pues, de un salto, se había enganchado a su cintura con sus piernas. Sintiendo su dureza en su centro, y no prolongó más su deseo.

La mesa sentía más amplia al ser los únicos que la ocupaban. Sin embargo, no se sentían solos; la heredera de la corporación no echaba del todo a sus progenitores al tener a Vegeta a su lado, quien se había encargado de preparado una comida liviana y, a la vez, abundante; ya que no habían desayunado y para la hora en la que estaban, era demasiado tarde para llamarlo como tal… además, con la actividad que llevaban desde la noche anterior, estaban más que hambrientos.

Entre los elogios hacia su talento culinario, rompió el tema pidiéndole que la acompañara al laboratorio aunque sea a hacerle compañía y tener con quien hablar, sin decirle que no quería apartarse de su lado y tampoco podía dejar su trabajo. Creía que sería difícil de convencerlo pero le acepto a la primera.

Al terminar de comer, agradecieron por los alimentos y ordenaron, accionando los robots de limpieza antes de irse hacia el laboratorio.

En el fondo, todavía estaba ese impulso de estudiar su alrededor y anotar mentalmente todo lo que fuera necesario para completar satisfactoriamente su trabajo. Se dejó llevar e inspeccionó su entorno, tal y como lo había hecho el día anterior: sin segundas intenciones, sólo apreciación. Al principio, cuando recién lo habían comisionado, jamás imaginó llegar hasta donde estaba ahora: dentro de Corporación Cápsula y más, en el laboratorio; mucho menos estar con una de las mejores mentes del mundo y responsable de los tantos artefactos de sus días.

Sin duda alguna, el destino le hizo una buena jugada, mas no sus sentimientos.

Tal vez era poco el tiempo en el que se conocían, pero era el suficiente para que aflorara lo que sentía por la hermosa científica.

Se acomodó en el sofá del extremo opuesto del que ella se encontraba, podía pasar horas contemplándola en lo que hacía y no hacía, si le hablaba o no, como ahora.

Se había ensimismado en lo que estaba que, sin quererlo, lo había olvidado.

Observaba como remataba con el teclado y la mayoría de cosas que quedaban a su alcance, la curiosidad lo llamó para acercarse y saber el origen de aquel enojo. Cuando la desesperada científica se levantó para pasearse de un lado a otro sujetándose la cabeza, aprovechó para tomar su lugar y hurgar lo que la aturdía; sólo con un vistazo supo lo que ella quería y cuál era su error. Sabía sobre esto, no le tomó ni dos minutos para corregirlo y la luz verde emergió indicando su validez.

—Mujer —lo escuchó llamarla, buscó donde lo había visto la última vez antes de sumergirse en la tortuosa codificación, pero no lo halló. Su vista periférica captó la flameada forma de su cabello en su lugar. Iba a preguntar qué sucedía pero su media sonrisa y el reflejo de la intermitente luz verde que le reflejaba el monitor respondió su duda sin haberla formulado verbalmente. Sus orbes se ampliaron y corrió para poder confirmarlo. Se hizo a un lado para darle espacio.

—¡Es enserio! —chilló eufórica cuando apreció el aviso emergente de siguiente. Saltó por todos lados cuál niña emocionada por haber recibido un gran premio, sus gritos de alegría retumbaban en toda la toda C.C. Regresó a la pantalla para ver que no era un sueño —. ¡Eres increíble! Te amo —dijo feliz de una manera tan espontánea, lanzándose para besarlo como agradecimiento. Un beso corto pero lleno de gratitud. Y es que, con lo conmocionada que estaba, se apresuró a terminar aquel invento que la desesperó por mucho tiempo, salió corriendo para informar al área encargada que ya había terminado y que podían proceder con el mecanismo computarizado; dejando a un aturdido Vegeta en el olvido.

Aquellas palabras le calaron hondo, no podía hacer otra cosa más que repetirlas en su mente. Lo dijo de una manera especial, sin persuadirlo, porque supo que lo dijo de verdad, porque era lo que sentía. Se sintió ansioso, ya que no era el único que sentía ese sentimiento del que no estaba seguro.

Las fuertes pisadas le alertaron que alguien estaba ahí, pero no reaccionó a tiempo cuando la joven de cabellos celestes le abrazó por el cuello y colgarse de él. Su fuerte mano la sostuvo por la cintura, mientras con la otra se sostuvo de la mesa más cercana para que no cayeran.

—Muchas gracias, Vegeta —agradeció en susurro en su odio. El calor de su aliento sobre su oreja, hizo más reconfortante sus palabras. Sonrió como si pudiese verlo, reafirmó el abrazo y le respondió con un beso en la mejilla, aún no podía formular palabra de lo atónito que se encontraba por sus anteriores palabras.

Se separaron de golpe cuando alguien había entrado con la misma euforia de la científica por haber terminado la programación, el intruso se disculpó por haber interrumpido pero necesitaba que autorizará y supervisara la instalación restante al no estar el doctor Brief.

El azabache le dio la espalda a la pareja que intercambiaba palabras para ocultar su sonrojo al ser descubiertos. Podía estar consciente de sus sentimientos pero no venía al caso demostrárselos a todo el mundo. Pero, al parecer, ella se empeñaba a que todos lo supieran ya que lo había arrastrado de la mano y se mantuvo abraza a su brazo en todo momento; podía notar, al igual que él, la incomodidad de la situación.

—Enhorabuena por haber finalizado la programación, señorita Bulma —elogió el joven encargado de programar el computador de la compuerta del Tanque de regeneración, ya que había esperado, como todos, para poder hacerlo.

—Muchas gracias, pero yo no lo terminé —contestó cantarina, aferrándose más al brazo del hombre avergonzado del que tenía sujetado. Supo lo que iba a preguntarle cuando le dedicó una mirada curiosa, así que se adelantó en responder —. Fue Vegeta quien lo hizo —recalcó orgullosa.

El susodicho no sabía donde esconder la cara en ese momento por lo apenado que estaba, estaba rojo hasta las orejas ¿Qué podía decir en un momento como éste? Era lo único que se preguntaba. Sintió los ojos zafiros sobre él, le devolvió la mirada con la esperanza de encontrar una manera de librarse de ahí.

—Oh —interrumpió a la pareja —, entonces ¿trabajará con nosotros? —cuestionó, lo había visto un par de veces junto a su superiores pero nunca lo vio trabajando aquí.

Aquella pregunta le sonó a propuesta, no se le había pasado en la cabeza tal idea. Y como Vegeta estaba de vacaciones, podía ayudarle en laboratorio, había confirmado sus capacidades justamente ahora.

—¡Sí! —confirmó la efusiva científica como si él hubiese aceptado. Ambos hombres se le quedaron viendo, uno sorprendido por su extraño actuar y el otro porque no comprendía ni una pizca de lo que la puso tan emocionada—. Vegeta, trabaja con nosotros.

—¡¿Qué?! —fue lo único que le salió por el asombro. Dio dos pasos hacia atrás como si tratase de huir.

Más de una semana había pasado, se había vuelto rutina ir con ella al laboratorio que, a final de cuentas, había aceptado la proporción de ella: trabajaría con ellos. Logró convencerlo sin tanto esfuerzo, más bien se sentía manipulado en cierto sentido, ya que luego de haber salido del laboratorio, comenzó a insinuarle la ventajas que tendría si aceptaba, su trabajo sería remunerado y pasarían más-tiempo-juntos, que podía quedarse a vivir con ella.

La semana había llegado a su apogeo, al ser viernes y el último día de labor, era más calmado, por lo que no había mucho que hacer porque todos se aseguraban de tener un fin de semana sin preocupaciones. Y no era su excepción.

Se encontraba recostado en el escritorio –al lado de la científica– viendo cómo ella se cercioraba de que todo estuviera en orden, la vio asentir para sí misma y luego ponerse de pie para desabrochaba su bata blanca para quitársela y estirarse libremente; cuando alzó sus brazos, su blusa gris se levantó un par de centímetros dejando ver la suave y nívea piel de su vientre. Se había percatado que estaba observándola desde hace rato, confirmó la hora en el monitor y se levantó, a propósito dejó que la prenda se subiera un poco para exponerse y así llamar más su atención, cumpliendo su objetivo haciéndola sonreír de lado.

—¿Tienes hambre? —preguntó acercándose lentamente. Él negó únicamente con la cabeza, mientras la tomaba por la cintura para apegarla aún más a su cuerpo. Lo besó de una manera lenta y luego apasionada, presionando su pecho para intensificar la unión, sintiendo sus grandes manos escabullirse debajo de su blusa y quemar la piel de su vientre —. Tenemos tiempo… — susurró con una sonrisa ladina sobre sus labios. Hacerlo en su oficina del laboratorio era una de sus fantasías desde hace tiempo, nunca tuvo la oportunidad antes –cuando estuvo con Yamcha– porque con él era de salir juntos a distintos lugares y no quedarse en la casa, extrañamente había entrado al laboratorio y a su oficina más que para ir a traerla , incluso, trató de insinuarle pero no le captó la idea; además estaba su padre rondando por el lugar y podía sorprenderlos. Ahora todo estaba a su favor, así que aprovecharía todo al máximo.

Entendió perfectamente cuando vio su mirada lujuriosa, un hormigueo le trepó por la espalda y el pelo de su nuca se erizó, no estaba seguro de hacerlo ahí mismo; pero al sentir cómo desabotonaba su camisa lo alentó e hizo lo mismo con ella, de abajo hacia arriba y, cuando llegó al último botón superior, la tomó por los hombros y la acercó para volver a besarla de forma desesperada. Jadeó sobre sus labios cuando bajó las copas de su sostén y amasó sus senos, enredó sus dedos en su cabello profundizando el encuentro.

Cambió de dirección sus besos, bajando hasta la mandíbula, ella ladeó su cabeza para darle mayor acceso a su níveo cuello; mordió levemente sus clavículas y siguió descendiendo, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a su monte izquierdo, lamió su erecto pezón que lo esperaba ansioso para luego llevárselo todo a la boca. Un gemido se le escapó cuando lo sintió succionar más fuerte y luego dejarla para atender el otro de la misma manera, mordió su labio inferior para no gemir alto y llamar la atención de sus empleados, no sabía en donde pudiesen estar. Gruñó cuando sintió las manos de ella escabullirse para bajarle la bragueta y tirar de sus pantalones y demás, jadeó cuando comenzó a tocar su erecto miembro y a estimularlo suavemente; también llevó su mano a su hombría sólo que posándola sobre la de ella y reafirmando su agarre.

La caricia se había intensificado con los minutos, sin embargo no era suficiente. Iba a protestar cuando la detuvo, pero Vegeta la había volteado y recostado sobre el escritorio antes de poder hacerlo. Le subió la falda hasta la cintura, apreciando brevemente el cachetero negro de encaje que combinaba a la perfección con la forma de melocotón de su trasero y luego bajarlo hasta sus cremosos muslos, agarró su candente virilidad con la mano izquierda y la llevó hasta la mojada entrada de la científica y la penetró de una estocada, aliviando su excitación. Gritó al sentir su brusca intromisión, sin darse cuenta tomó varios papeles que estaban esparcidos sobre la mesa y los arrugó por su agarre; a cada embiste, los gemidos le salían más fuertes sin darse cuenta. Recostó su pecho sobre la menuda espalda de la mujer y llevó una mano para cubrirle boca y, dolorosamente, callar sus chillidos; sintiendo cómo mordía su palma, haciendo que lo encendiera más.

Las piernas comenzaban a fallarle ya que no podía llevarle el ritmo por más tiempo, agradeció que la estuviera sosteniendo del vientre, su vaivén era más rápido y sus paredes comenzaban a contraerse más, llegando al punto de clímax; mordió más fuerte su mano y arruinó los folios que tenía en manos a la hora de correrse. Su estrechez lo torturaba, aún no se había liberado pero cuando sintió a la mujer temblar y morderlo, aumentó su ritmo sin dejarla reponer, así, liberando su semilla a los segundos…

Apoyó su mentón sobre su hombro para descansar, jadeando por el esfuerzo físico, liberó su boca al recordarla y también la escuchó jadear intensamente cuando lo hizo. Cuando se recompuso, salió de su tibio interior y se levantó lentamente, para luego acomodarse la ropa.

Sus piernas todavía temblaban, así que se incorporó con la ayuda de sus codos y se apoyó sobre sus palmas. Rió insonora cuando apreció cómo dejó las hojas por su fuerte agarre, lo bueno es que no eran documentos tan importantes y lo mejor es que tenía una copia de ellos, los dejó por un lado para concentrarse en su ropa y arreglarla. Lo primero que hizo, fue subirse las bragas y recomponer su falda corinto, tratando de alisarla con las manos; reacomodó su corpiño y estiró su blusa, se le dificultó abotonarla ya que le temblaban los dedos, así que se tomó su tiempo; siendo apreciada bajo la mirada de su cómplice.

Justamente, cuando terminó de arreglarse, alguien había entrado a la oficina sin permiso. Una empleada, con teléfono en mano, disculpándose por la intromisión ya que había tocado un par de veces sin tener respuesta por lo que decidió entrar porque la estaba buscando; le dio el teléfono indicando que era el doctor Brief y que quería hablar con ella, pero como no le contestó, llamó a la empresa. Despachó a la mujer, rogando que no haya notado su estado y atendió la llamada. Se disculpó con su padre por no contestarle antes, le explicó que estaba ocupada con los proyectos pendientes, y que por eso no había escuchado su celular.

Vegeta había desaparecido un momento, había aprovechado la interrupción para ir al sanitario para asearse y pensar un poco acerca de todo lo que estaba pasando… por fin, para tomar una verdadera decisión.

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N/A: les juro que me da vergüenza leer los primeros capítulos de esta cosa xD estaba a punto de eliminarla por eso :'v pero luego recordé que inicie esto solo para entretenerme y pasar el tiempo cuando, lo comencé porque había enfermado de hepatitis en ese entonces, aún tenía 17 años uwu . Me parece injusto borrarlo, es como un recuerdo especial ... Del que no termino xD. Además, tiene más de 3.5k de views, me sorprende de lo que he llegado, al principio creí que tendría solo como 100 views y un par de comentarios. Ay, como los amo 😍

Lamento si tiene faltas ortográficas o mala redacción, estaba tan ansiosa de subirlo c: También siento que hay un par de lugares en que siento que salieron muy forzados, pero meh. Era eso o no actualizar nunca.

Díganme que les pareció :3 amo cuando me dejan un review

Tuve demasiados inconvenientes para poder escribirlo, tenía como cinco líneas escritas desde abril :'v, sólo dependo de mi celular y este se quebró y me está dando muchas fallas, además me han pasado muchas cosas, mi estado emocional no me permitía hacer nada. Hasta que renuncié a todo: mi trabajo, mi forma de pensar y muchas cosas malas de las que me estaban afectando. Y, sólo así, pude sentirme mejor nwn. Y aquí hay un capítulo más como recompensa :'D (sorry si les cuento esto, sé que no les interesa, pero la verdad es que no tengo amistades con quien compartir mi ¿felicidad?. O sea, sólo hay una, pero no es lo mismo xD)

Me despido de ustedes, lectores. Que tengan un excelente mes y la pasen bien y saludables c,: Bai

(reeditado porque no me di cuenta que no le cambié un párrafo xD)

06/09/2018 2:40 am