Ah, al fin! Me sorprende que hayan personas que aún esperan una actualización de esta historia. Nunca nadie había esperado algo de mi TwT
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Una decisión
A pesar de la corta estadía en Corporación Cápsula, sentía que ahí había vivido por mucho tiempo. Asumía que, al estar al lado de la científica, llenaba aquel gran vacío del que se había acostumbrado a lo largo de los años, ya que al estar junto a alguien a quien le importara era tan gratificante…
Hasta que llegaba el momento de recordar del por qué la conoció.
En su plan no estaba directamente conocerla, sólo debía conseguir información del lugar sobre lo que distribuían y todos los movimientos empresariales, tal vez unas cuantas cosas más para demostrar su eficacia. Pero el destino le hizo una buena-jugada, oportunamente dejándole todo servido en charola de plata. Sin embargo, como el profesional que era, sabía que nunca debía comprometer sus sentimientos ni nada personal con el trabajo, porque podía ser perjudicial para él y a todos con los que había interactuado.
El lapso desde que había sido comisionado, fue demasiado. Mucho tiempo diría y nunca reportó lo que debía ni lo que consiguió; había sido más que suficiente para haber terminado su encargo en tiempo récord y, aún así, no lo completó. Siendo ésta, la primera vez en que dejaría un resultado insatisfactorio, esperando a que también sea la última.
Ya que, por fin, tomó una decisión.
Jamás pensó que haría tal cosa, sin embargo, por primer vez había tomado en cuenta sus sentires…- y las palabras de su amigo. Y reconocía que, inmediatamente debía hacer algo al respecto, ya que todo cambiaría al momento de actuar, y aceptaría el resultado ya sea para bien o mal.
Se propuso aún no confesarle respecto a su trabajo y lo que le pidieron, ya que el asunto aún estaba muy fresco para soltar toda la verdad, su prioridad en el momento era cancelar el encargo y si bien iba como lo pensaba, la Patrulla Roja cerraría, entonces soltaría todo y el cargo de culpa sería mínimo.
Pero, lo que más le preocupaba, era en cómo ella se tomaría la noticia…
Inhaló lo más profundo que pudo, cerrando sus párpados para aclarar todo el embrollo que lo abrumaba. Al soltar todo el aire que retuvo, cambió de posición hacia su costado izquierdo para poder abrazar a la mujer, mientras acomodaba su rostro en la curvatura del fino cuello y restregar su nariz para impregnarse de su aroma. Había despertado hace una hora y aún era de madrugada, la ansiedad le revoloteaba los nervios como para poder dormirse de nuevo.
La estrepitosa alarma había sonado, asustando a la pareja que aún no se acostumbraban a ésta, siendo apagada de sopetón para no aturdirlos más. Un gruñido femenino siguió luego del escandaloso ruido, indicando que aún no estaba de acuerdo en despertarse y menos en levantarse cuando sintió el cálido abrazo desde su espalda pero este no duró mucho tiempo, ya que Vegeta se había levantado. Aquello le llamó la atención ya que siempre él trataba de levantarla primero, así que volteó para buscarlo únicamente con sus brazos y reanudar el encuentro, mas no lo halló; cuando abrió sus ojos, él ya había desaparecido cuando ingresó al baño. A fin de cuentas, no le tomó mayor importancia y volvió a dormitar.
Entonces un leve zangoloteo y una voz a lo lejos logró despertarla. Gimió en modo de protesta y pidió cinco minutos más para seguir durmiendo, pero lo que escuchó hizo que se le espantara el sueño:
—Vamos, mujer, tengo que salir y tú tienes que trabajar —espetó el moreno ya un poco cabreado por la floja actitud de su contraparte, para sorprenderse al instante por la repentina atención que le prestaba.
—¿Salir a dónde? —cuestionó con notoria curiosidad que la hizo despertar al cien por ciento, sentándose al momento para recibir claramente su respuesta. Si bien Vegeta no era muy comunicativo como ella, siempre le decía sus planes. Esto le había tomado por sorpresa.
Aquella pregunta ya se la esperaba y, por alguna razón, deseaba que no la hiciera. De igual forma, le respondió : — Debo aclarar un asunto—espetó escueto, aún con la espera a que no fuera interrogado.
—¿Un asunto? —repitió al instante —. ¿A dónde? ¿Sobre qué? —comenzó intrigada, sin notar que nada cubría su desnudez. Sin embargo, él sí lo notó y aquello lo distrajo de sus preguntas, lo cual agradecía en cierta parte, no obstante le contestó, mas no fue a alguna de sus preguntas.
—Te explicaré cuando regrese —dio como finalizado el tema antes de salir de la habitación, dejando a Bulma con la palabra en la boca.
Y un sabor agridulce quedó entre ambos:
Él, porque no estaba seguro de qué le diría cuando regresara ya que dijo eso último para librarse de un extenso cuestionario, o una posibilidad de la que ella hubiera pedido acompañarlo. Aún así, pudo salirse sin tantos prejuicios.
Mientras ella, se quedó anonadada, sentía que las cuatro paredes que la rodeaban se encogían a su alrededor. La escena se repetía a cada instante en su mente, hasta que recobró la conciencia; parpadeó varias veces hasta despejar su imaginación y poder pensar claramente. No había nada de malo en el asunto, simplemente se había alterado por no saber qué era tan importante para Vegeta y salir así de temprano sin darle detalles. Sin embargo, sabía que no debía pedirle explicaciones, él también tenía asuntos y obligaciones por cumplir y por estar con ella no omitiría tales cosas. Merecía libertad y no se la estaba dando.
Ya más consciente con su entorno, hizo caso a sus palabras y se levantó para ducharse e irse a trabajar.
Al estar juntos cambiaron muchos hábitos y crearon nuevas rutinas, como el de levantarse mucho más temprano para no perder el tiempo por estar jugueteando por las mañanas y llegar tarde al trabajo. Los baños juntos se habían vuelto parte de ellos pero, ahora estando sola, había sido la ducha más rápida que se dio desde entonces.
El tiempo sobrante que tenía pasó lentamente, imaginando que así sería el resto del día.
Un hormigueo le incomodaba en la parte baja de la espalda, no sabía exactamente a qué atribuirle el malestar, pero luego de haber conducido mucho tiempo y por fin haber llegado a su casa, la sensación se había esfumado para recibir algo de nostalgia al haber entrado, notando que todo estaba justamente como lo había dejado. Sin embargo, no tenía tiempo para recuerdos; así que fue directamente por lo que buscaba y salió rápidamente del lugar.
Esta vez, el trayecto hacia la Patrulla Roja había sido breve. Extrañamente le sudaban las manos porque, por más que odiara admitirlo, se encontraba nervioso. Antes de entrar, se las frotó sobre el pantalón para secarlas y respiró hondo, soltando todo el aire lenta e insonoramente; esperando que todo fuera a cursar tal y como lo planeó.
El lugar estaba tan desolado y silencioso que confirmó las malas circunstancias de la empresa. Siendo atendido de una manera tan distinta como el primer día que fue citado, esta vez, se le pidió esperar y no fue guiado tal como fue al inicio de todo.
Sorpresa se reflejó en la cara del doctor Maki Gero al ver a Vegeta tan repentinamente, ya que nada se le había reportado hace tiempo. Asumió que, al tenerlo aquí, traería buenas noticias luego de haberlo hecho esperar tanto. Y ansioso por escucharlo, lo recibió instantáneamente, invitándolo a que se retiraran directo a su despacho para más privacidad.
—Mil disculpas, señor —comenzó Vegeta aún sin haber tomado asiento, tratando de salir de esto lo más pronto posible —, pero no podré continuar con el encargo.
De la sorpresa y felicidad, cayó a un atónito desconcierto. Si no hubiese estado su silla, se habría ido de espaldas directamente al suelo.
—¿Qué quieres decir? —logró articular luego de digerir sus palabras.
—No hay manera de que pueda sacar información de Corporación Cápsula, más de la que todos saben —habló con verdad, ya que lo había intentado con Raditz, no encontraron algo más de lo que desconocieran. Si bien tenía conocimiento de los nuevos proyectos e incluso estaba colaborando en uno, ya no era necesaria dicha información si daría por inconcluso el trabajo.
Negaba con la cabeza no aceptando, no dando a lugar lo que escuchaba, no era la misma persona que su ex mano-derecha le había recomendado, ni era el mismo quien le aseguró eficacia en lo que hacía.
—¡No! Esto no puede ser cierto —con rabia golpeó el escritorio con los puños, haciendo revotar todo lo que había sobre este —. ¡DIJISTE QUE PODÍAS HACERLO! —se levantó para señalarlo con el índice —. Lo asegúrate desde un principio, incluso te pagué por adelantado… —pero no terminó con su rabieta.
—Así es, y aquí está todo —interrumpió para sacar de la pequeña maleta el dinero que se le había dado anteriormente. Todo estaba saliendo a cuerdo como lo había pensado, el nerviosismo lo abandonó en ese momento —. No puedo hacer nada más por usted y su compañía. Con su permiso —intentó retirarse.
—DE AQUÍ NO SALES, VEGETA —el gritó salió con tanta ira y desesperación que logró detener al susodicho antes de abrir la puerta, porque sabía que había algo detrás de esas palabras—. Sé que ocultas algo…
La seriedad era su marca personal, pero esta vez cambió a algo más sombrío al escuchar aquella insinuación, así que se volteó para encararlo.
—¿Qué oculto? —preguntó sin rodeos, porque podía imaginar lo que le diría.
—Antes de correr a Nappa, gritó algo sobre ti y la hija de Brief, también un tercero en todo el asun…
—Me lo esperaba —le corto la palabra, acertando en su suposición—. De alguna manera, Nappa dio conmigo, su desesperación por perder su puesto lo llevó a agredirme. No me sorprende que haya dicho algunas estupideces antes de que lo corriera— fue lo único que comentó, no sacando a colación a los otros dos mencionados para no perjudicarlos —. Sin nada más, me retiro. —y logró salir exitosamente.
Antes de llegar al corredor, pudo escuchar las rabietas del viejo Gero y un par de cosas que cosas que seguramente estaban recibiendo su ira. Eso lo hizo salir del lugar con una torcida sonrisa.
Ni siquiera era medio día y todo había salido tal como lo planeó. Había imaginado el suceso mucho más prolongado, pero fue mejor, y eso aumentaba su satisfacción.
Ahora, sólo quería regresar con la persona por quien tomó esta decisión.
El pasar sola en el laboratorio hizo prolongar su tiempo de desesperación, a cada veinte minutos revisaba la hora en su reloj de muñeca y se preguntaba a qué hora regresaría Vegeta. La ansiedad le carcomía por querer saber qué asunto se traía, y si era necesario poder ayudarlo.
Llegó a tal punto que comenzó en divagar en su mente con estupideces, pensó que le estaba mintiendo con tal de zafarse de ella. Aquella suposición le hizo dar cuenta que debía tomar un receso y aclarar su entorno, así que dejó lo que tenía en frente y salió del laboratorio para ir a distraerse con lo que sea. Bajó hacia la primera planta de la corporación y dirigirse a la cocina para poder hidratarse, ya que la ansiedad se apoderó de su estómago para dejarla sin hambre.
Por más trabajo que tenía, no quería regresar. Necesitaba despejar su mente de alguna manera.
Así que salió al amplio patio y apreció las mascotas de su padre deambular por el lugar. Aquel gato negro que siempre acompaña a su progenitor, se le acercó anunciado su llegada con un maullido casi melancólico en busca de su querido dueño.
—Hola, Tama —saludó al minino cuando éste se sentó frente a ella. Se agachó para acariciarlo, extrañamente dejándose tocar, y aprovechó para cargarlo, lo acomodó entre sus brazos antes de ir hacia la mesa de té que se encontraba a un par de metros bajo una pérgola; se sentó en la blanca silla y reacomodó al gato sobre se regazo, acariciando desde las orejas hasta la cola, relajándose con su ronroneo.
El viento mecía varios las plantas de su alrededor, ofreciendo un sonido sutil para calmarla, el aroma que desprendían las flores le recordaba a su madre y, hasta ese momento, se dio cuenta que la extrañaba tanto al igual que su padre al ver al gato que siempre lo acompañaba.
—¿Extrañas a papá? —le preguntó al animalito. Creía que ya había perdido la cabeza cuando le hizo la pregunta a un animal y más escuchó un maullido y lo asumió como una respuesta afirmativa a su duda. Sonrió ante sus locuras —. Yo también — le confesó.
Tras colocarse un mechón de pelo detrás de su oreja que el viento meció sobre su rostro, cerró sus ojos y contempló la brisa que la envolvía. Fue entonces que reconoció que no le gustaba estar sola; siempre estaba acompañada, ya sea por sus progenitores o sus amigos… o Vegeta, pero ahora todos estaban lejos. Y es que cada quien merecía su espacio.
El vibrador de su móvil interrumpió sus desolados pensamientos y asustó al gato que dormía sobre sus piernas, como acto de disculpa, intentó acariciarlo nuevamente pero esta vez recibió un gruñido indicando que no lo tocara. Pasó por alto aquello y se apresuró a contestar, se sorprendió al ver el nombre de la llamada entrante.
—¿Vegeta? —contestó no muy segura del porqué la llamaba.
—¿Dónde estás? —fue lo que escuchó a través de la bocina de su celular y la única respuesta que dio fue un qué al no comprender a lo que se refería —. Llevo rato buscándote, pero nadie te ha visto.
Y tan sólo con esas palabras, su ánimo cambió repentinamente. Una sonrisa se le pintó en el rostro, y su corazón latió enternecida —Estoy afuera, en el patio trasero —respondió, seguido únicamente de un bien antes de cortar la llamada.
Mentalmente se regañó por todas las estupideces que pensaba en tan poco tiempo. Debía confiar, no sólo en los demás sino que también en ella misma. Y como tal, se dijo que no le pediría explicaciones al respecto, dejaría que él lo hiciera si así lo deseara.
Cuando los pasos se hicieron más sonoros, Bulma volteó para recibirlo con uno sonrisa, de la que fue mutua. Y lo siguió con la mirada.
Pensó que tomaría el asiento frente a ella, pero Vegeta había levantado la silla para llevarla justo a su lado y sentarse junto a ella. Tama, quien también estaba al tanto de lo que hacía el moreno, saltó hacia sus piernas cuando al fin se sentó, restregando su cabecita en su abdomen mientras maullaba exigiendo su atención.
Consintió unos minutos al gato, dándose cuenta que, desde que había llegado junto a la mujer, no le había ni saludado. Y eso le extrañó. Esperaba a que lo recibiera con preguntas – de las que no quería, o que le comentara sobre lo que hizo mientras él no estaba, pero nada le dijo. Habían momentos en los que desea que se callara pero, ahora era cuando más quería escucharla. Dirigió su vista para verla y saber qué le pasaba, la encontró viendo al animalito que los acompañaba con un puchero, como si le molestara su presencia:
—¿Sucede algo? —el tono de su pregunta era tan suave y cálida como una caricia que lograba derretirla por dentro, y no como una de preocupación.
—¿Por qué? —sorprendida, le respondió con otra pregunta.
—Estas muy callada, y eso no es normal en ti —le recalcó.
Su sonrisa se ensanchó, y una leve carcajada salió de su boca. Esta vez no sabía qué decir. Vegeta siempre lograba sorprenderla, y eso, cada vez más la enamoraba porque eran detalles inesperados. Estaba consciente de que era muy habladora, e incluso llegaba a aburrir a quienes estaban a su alrededor de tanta palabrería, y daba por hecho que él no era la excepción…
—Aunque no lo creas, yo también me canso de hablar. —bromeó al aún no encontrar el cómo describir lo que la había llevado a callar en ese momento.
Esta vez, la risa había sido de Vegeta, no dando a lugar lo que había escuchado. Jamás, en el tiempo que llevaba conociéndola, imaginó que le diría algo así. ¿Cansada de hablar? Le parecía un buen chiste. Respiró hondo para calmarse y se abanicó con la mano para encontrar más oxígeno.
Bulma, quien se contagio con su humor, no había notado el momento en que él se había levantado y extendido su mano para invitarla a hacer lo mismo. Cuando vio su mano frente suya, el sonrojo causado por la risa había aumentado, preocupada de no saber cuánto tiempo estuvo esperándola; mordió su labio inferior avergonzada y rápidamente la aceptó para pararse. Le preguntó si había comido antes de llegar, a lo que obtuvo una respuesta negativa, y sugirió comer ahora.
En su momento, Tama demandaba la atención del azabache al maullar frente a él. De un instante a otro, había cambiado su postura por una más receptiva y, entonces, salió corriendo hacia el interior del edificio. Ambos lo notaron, sin embargo no le prestaron mucha atención al volátil animalito y siguieron el mismo camino.
Ya en la cocina, buscando los implementos para preparar todo, Bulma Intentaba alcanzar las especias que su madre guardaba en lo alto del gabinete. Mientras se ponía de puntas y se estiraba para llegar a estas, se preguntaba por qué las ponían en lo alto. Entonces una mano se posó sobre su cintura y un fuerte pecho se apoyo sobre su espalda, dejándola paralizada; Vegeta había alcanzado sin ninguna dificultad, mas no se apartó cuando bajó lo que quería —Gracias —musitó por lo bajo.
Una corriente eléctrica recorrió desde la punta de sus pies hasta la cabeza, erizándole los vellos de la nuca cuando sintió una cargada respiración sobre su hombro. Sonrió al ser halada suavemente de la barbilla, porque sabía lo que eso significaba, así que cerró sus ojos para recibir el cálido beso que ansiaba.
Había esperado mucho tiempo para poder besarla y, cuando la vio batallando para tomar los frascos en lo alto, aprovechó la instancia para acercársele. Al sentirla temblar bajo su toque no pudo prolongar más su espera. Reclamó sus labios como el premio de su decisión siendo aceptada. Al momento, la sintió removerse y pensó que ella rompería beso, pero ella sólo se había volteado para tomarlo del rostro y reforzar el encuentro. Sus manos recorrían desde su estrecha cintura hasta su cadera y apegarla a la suya. El beso se tornaba más caluroso… pero se separaron de golpe.
—¡Oh! —un grito de sorpresa salió de la recién llegada mujer rubia —. Lamento interrumpirlos —se disculpó por romper la romántica escena.
—¡¿MAMÁ, qué haces aquí?! —alzó la voz por la repentina aparición de su progenitora, ya que faltaban un par de semanas para que regresaran de su viaje; además de que le había arruinado el momento. Caminó hacia ella para poder saludarla.
—Oh, querida. Tu padre insistió en que regresamos —respondió para su atónita hija mientras se adentraba a la habitación y dejaba un par de cosas sobre la alacena —. Sabes como es él… aparte, te extrañábamos —dijo dulcemente cuando la tuvo cerca para abrazarla, inmediatamente siendo correspondida.
—Me alegra que estén de vuelta —exclamó contenta al recibir el cálido amor que siempre le transmita su madre.
A la vez, el señor Brief llegaba al lugar de toda la conmoción del momento, habiendo escuchado todo el interludio del asunto, acompañado del gato negro sobre su hombro. Fue recibido por la misma efusividad de su hija hacia su madre.
La señora Brief, quien no se había olvidado que había alguien como un espectador silencioso al otro lado, se acercó a él para dedicarle unas palabras:
—También me alegra mucho el verte, apuesto Vegeta —elogió ante su atención —. Muchas gracias por quedarte junto a Bulma todo este tiempo — le sonrío. Y aunque no les hayan mencionado que él estuvo aquí, asumió que así lo fue por la manera en que ella hablaba animadamente por teléfono, y más por como los había encontrado al llegar.
A pesar de que siempre se sintió incomodo ante la presencia de la madura mujer, sus cálidas palabras le impidieron sentir lo mismo esta vez —. No hay de qué —expresó sincero devolviendo una leve sonrisa.
La habitación irradiaba de calidez por cada uno de sus integrantes.
—Me alegra que no hayan comido aún —habló en voz alta para atraer la atención de todos —… porque trajimos el almuerzo —dicho su anuncio, sacó unas cuantas cápsulas y presionó el botón superior para activarla y dejarlas sobre la mesa, desplegando un digno banquete del que nadie podía negarse.
Cada quien tomando su respectivo lugar; la familia Brief, como siempre, hablando animadamente sobre todo lo que hicieron mientras estuvieron distanciados. Fue entonces, donde Bulma notó que alguien había quedado ausente de palabras en la conversación; y, para unirlo, lo sacó a relucir con lo que la había ayudado y los planes que tenía para integrarlo.
Esta vez, Vegeta, mientras le de dedicaban palabras de aceptación por la noticia, supo que no necesitaba que pasara el tiempo ni saber de nada más para darse cuenta que había tomado la decisión correcta.
N/a: no me siento muy satisfecha con este cap, pero creo que puse lo que necesitaba. No he estado bien y por eso no quedó tal cual como quería... Y es gracioso porque cuando algo deja de gustarme, simplemente lo dejo botado... Tenía pensado eliminar este fic, pero yo no soy quien para quitarles algo que les gusta, uwu. Y así como escribí la nota de arriba, me parece increíble que hayan personas que sigan esperando, así que le dedico este cap a Mary GMonterrosas y a Yamileth Vc que siempre andan reaccionando a todo lo que publico en Facebook porque siempre andan al pendiente de ❤😭 y también a esa personita que me comentó todos fics de un sólo xD. Son mi motivo para no suicidarme..
Bien ahora respecto a la historia, he decidió cambiar los futuros capítulos porque estaban bien estúpidos xD xD más bien cliché diría yo, ya que la idea nació cuando aún tenía 17 años y en aquel entonces me sentía bien pro. Y para que se rían conmigo les diré lo que tenía pensado en uno xD como todos sabemos, en algún momento Bulma se enterará y luego de todo esto, Vegeta iba a tener un accidente y nuestra querida bulmis se iba a sentir culpable, e incluso tenía pensado matar a Raditz Xdxdxd (que verga me pasaba) necesito que se burlen de mi xD
Y bueno, si leíste hasta acá ... te amo ❤
Como parte de mi auto terapia,, me propuse terminar esta historia antes de mi cumpleaños,, tenemos con qué entretenernos hasta noviembre entonces :v espero terminarlo antes .
Jamás pido algo, pero me gustaría que me dejaran un review,, eso me animaría bastante, porque estoy colapsando internamente.
Gracias por leer.
11/04/2019
