Una particular bestia (Continuación del fic de Lyle)

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¿Qué hacer frente a un conflicto de aquella naturaleza?, pues… Bastaba con examinar los intereses contrapuestos, sopesarlos y elegir la opción que garantizase la máxima satisfacción con la menor producción de daño.

En otras palabras, ¿qué tanto podía sacrificar por ella sin que ese sacrificio le resultase contraproducente?.

Tal principio, en su simpleza, había logrado despejar las dudas que desde un inicio oprimieron su corazón, dejando en claro que lo que haría, era lo correcto.

En ese instante y posiblemente por el resto de su vida, tuvo la convicción necesaria para admitir que siempre la protegería. Hacerla feliz se superpondría a cualquier otra cosa, a cualquier otro interés aunque claro, sin que de por medio pudiese salir perjudicado.

Podría considerarse una grave violación a la ética, podría poner en peligro mi carrera, pero es necesario hacer esto–, pensó al darse cuenta de que no deseaba otra cosa en la vida que pasar sus días junto a Leni.

Una de muchas justificaciones, algo que cualquier otro sentiría dado el estímulo adecuado, y que sentimiento más maravilloso era, que cosa más sublime le resultó el admitir que ya la amaba.

Leni lo había humanizado de forma tal que ninguna otra persona o experiencia se podía comparar.

Debe hacerse, mientras más pronto mejor–, murmuró frente a la ansiosa familia de la joven rubia a la que se había avocado a proteger, –El tiempo es crucial, no podemos postergar las cosas–

Ojeando el expediente, tanto las partes oficiales como extra oficiales, dio por hecho de que ya tenía suficiente como para elegir un curso de acción. Con el apoyo de los padres y de las hermanas sería sencillo el lograr su cometido y hacerla feliz nuevamente, y no hablaba de la falsa felicidad que ese pequeño engendro proveía, sino de la plena, honesta y real alegría que Leni se merecía.

Deseaba verla sonreír porque su sonrisa era gloriosa, cuando Leni Loud sonreía, la tristeza que siempre embargó su corazón desaparecía por completo, ¡se esfumaba tal y como la oscuridad lo hacía frente al sol!.

Entrelazando los dedos, se enfocó en los cansados padres de Leni, los señores Loud, que a pesar de haber hecho un pobre trabajo al cuidar de Leni, al menos habían tomado la acertada decisión de sacar al responsable de casa y conseguir ayuda para su hija.

Pero pedir ayuda no bastaba, era necesario que se sacrificasen de verdad.

El hermano volverá, pondrá en riesgo todo nuestro avance, la pondrá en peligro a ella–

Amor, amor incomparable con cualquier otro sentimiento, superior a toda emoción.

Amor, consumiendo todo aquello que existía en su mundo, llenando su pecho de un fervor antes inexistente.

Amor, trastornado, torcido y cruel, convertido en una obsesión enloquecedora, ciega y hambrienta.

Leni, Leni Loud era la criatura más cautivadora de toda la creación, y debía de ser suya.

Lincoln Loud tenía que desaparecer, ¡debía irse!.

Fue Luan quien lo sacó de sus pensamientos.

¿Estás seguro de que esto ayudará a mi hermana?–

Bajo su aparente calma, imaginó las más cruentas torturas para todas y cada una de esas personas. La familia Loud tenía la responsabilidad de guiar a Leni y le habían fallado monumentalmente, dejando que su naturaleza bondadosa fuese explotada por ese depravado de cabello blanco.

Su intervención, oportuna y veras, repararía en la medida de lo posible el daño que Lincoln Loud había hecho, pero no era suficiente.

Todavía debían sacrificar más.

Se relamió los labios al contestar, cuidando que sus palabras fuesen exactamente lo que los Loud necesitaban oír.

El progreso de Leni ha sido sorprendente, me alegra decirles que creo que su hermana estará mejor dentro de poco–

Sus sonrisas valieron la pena, su alivio, una justificación más. Más allá de su rencor en contra de la familia, debía reconocerles su preocupación y disponibilidad para abordar tantos cambios y sin embargo, les faltaba. Todavía se resistían a dar el paso definitivo, el único que realmente contaba y que lamentablemente se hallaba fuera de su control. Aquellos lazos familiares, los mismos de los que se había aprovechado el hermano menor, debían desaparecer.

Los había preparado a todos, a los padres y las hermanas, tan solo se necesitaba que aceptasen de una buena vez que su familia ya no sería la misma de antes.

Me dicen que Lincoln pronto volverá a vivir con ustedes y yo ya les he dicho que es una mala idea, así que, ¿qué opinan al respecto?–

Fue Luna quien respondió, habiendo tomado el lugar de líder de facto en ausencia de Lori.

Los padres de Leni no intervendrían luego de que la representante de las hermanas se hiciese parte de la conversación. Era sorprendente el ver como esas chicas dominaban a Rita y Lynn, dejando a esos dos como un par de monigotes que se contentaban con verse tristes y preocupados sin decir palabra alguna.

Eran absolutamente patéticos esos dos.

Es el fin del año escolar y no pueden retenerlo por más tiempo, y como cumplió con su castigo no podemos hacer mucho para evitarlo sin revelar lo que sucedió–, murmuró Luna apenada, –De verdad esperaba que pudiésemos enviarlo a otro lugar, pero al parecer, no todos en esta familia piensan en el bienestar de Leni–

Lynn padre tuvo la decencia de mostrarse avergonzado, al igual que Rita. Como lo esperaba, el par todavía no comprendía la importancia de mantener a esa amenaza de dientes torcidos lejos de Leni, pero los haría entender, claro que lo haría.

Señores Loud–, comenzó con aquel tono gentil que ellos ya conocían, –El progreso de Leni no ha sido sencillo, ustedes deben entender que todo lo que hemos trabajado, todo lo que se ha sacrificado, ha significado una enorme carga emocional para su hija. Lo que menos necesita es quedar expuesta a situaciones poco placenteras, ¿me hago entender?–

Lynn Loud se adelanto a sus hijas, temiendo que fuesen de nuevo a silenciarlo.

Pero leí que era bueno que Leni enfrentase a su abusador, y además, sigue siendo mi responsabilidad. No puedo patearlo a la calle y ya–

Loyd se inclinó hacía adelante, enfrentando al patriarca de la familia aunque ese título le quedaba grande. Ante sus ojos, Lynn Loud era un pobre diablo, un impotente hombre inmaduro cuyo potencial había sido desperdiciado y al que solo le quedaba el consuelo de su mediocre restaurante. Su único logro había sido criar a sus hijas con relativo éxito, y con lo sucedido con Lincoln pues… No se podía considerar su crianza siquiera como un intento.

Su profundo desprecio por ese débil hombre permaneció sepultado salvo por aquellas partes que necesitaba fuesen tomadas en cuenta por Lynn.

Señor Loud, entiendo su predicamento, créame, sé lo difícil que debe ser todo esto para usted al tener que cargar con el peso que significa tener a un hijo como Lincoln–

Primero, la aparente simpatía, el respeto que ese desperdicio humano tanto añoraba y luego…

Es decir, todavía planea apoyarlo. Debe ser muy valiente sabiendo que lo que hizo Lincoln ya no será un secreto en cuanto regrese, con toda seguridad, ya pensó en el estigma que provocará esto en su vida diaria, el fuerte golpe a la reputación de su negocio–

Luego venía el insulto atado con el halago, algo tan simple, tan evidente que era irrisorio que no lo pudiese ver.

Me pregunto cómo se lo dirá a Leni, yo podría ayudar, por supuesto, pero no será fácil justificarlo así que necesitaré su ayuda, necesito comprender el que usted este dispuesto a sacrificar todavía más por Lincoln–

Hundiendo más y más profundo la daga, convenciendo al padre de ponerse en contra del hijo.

No le será sencillo a Leni convivir nuevamente con Lincoln, no imagino la presión a la que va a someterla, pero como dice, ¡no puede abandonar a su hijo!. No sería lo correcto–

Observó complacido como el hombre se derrumbaba bajo el juicio constante de sus hijas y su mujer, ya desmoralizado, Lynn Loud no volvería a presentar un peligro para Leni.

Con las hermanas de su lado, convencidas de que su padre era incapaz por si solo de manejar el hogar, no tuvo problemas en reclutar también a Rita. En pocos meses, conforme avanzaban las sesiones de Leni, logró crear un frente unificado contra de Lincoln. Sin importar lo que sucediese a futuro la familia Loud no olvidaría su animosidad en contra del hijo prodigo y lo mantendrían a raya, bien oculto como el sucio secreto que era.

Luego de designar roles y dejar a Lynn y Rita en manos de las chicas, llamó a Leni a su oficina.

¿Por qué querías hablarles aparte?–, preguntó la joven rubia, tomando asiento justo frente a su escritorio.

Loyd se puso de pie y cambió de ubicación, la distancia profesional que antes los separaba fue disminuyendo conforme su interés por Leni aumentó. En el presente, poco y nada se molestaba por mantener aquella falsa disparidad que empleaba con otras personas.

Acariciando el vientre abultado de la rubia, continuó hablando con ella sobre esto y aquello y en especial, sobre el posible regreso de Lincoln.

Sabes, aunque no me creas, yo de verdad quiero ver a mi hermano–

Loyd consideró las palabras de Leni como las brasas de lo que alguna vez fue un gran amor, que a pesar de haber sido engendrado gracias al engaño y la manipulación, se sentía real para ella. Obviamente, él sabía que tal cosa era solo un mecanismo de defensa con el cual Leni protegía la imagen inocente del hermano que le había fallado.

Minar ese afecto le tomó mucho esfuerzo y tiempo, mas, había valido la pena. Leni ya no hablaba de Lincoln con devoción, ya no lo defendía ciegamente ni demostraba tanto interés en contactarlo. Estaba seguro de que con algo más de tiempo, lograría llevarla a un punto en el cual la rubia aborrecería la presencia de su hermano, incluso si solo era de forma inconsciente. Tal cosa funcionaría como una protección extra para Leni, así, si Lincoln volvía a acercarse, ella sería capaz de defenderse a cabalidad.

Toda la frustración, todo su rencor, todo lo que envenenaba a Leni sería dirigido a Lincoln, al traidor que estuvo cerca de arruinarle la vida y que despedazó a la familia Loud.

No creo que tenga nada de malo que podamos dejar las cosas en el pasado, es decir, siempre seremos hermanos. Nada ni nadie cambiará eso–

Sabes, creo que tienes toda la razón–, concedió Loyd, –Al igual que con ese ex novio tuyo, ¿cómo se llamaba, Chaz?, creo que lo mejor para ti será confrontarlo y decirle exactamente lo que piensas Leni–

La rubia tragó saliva al recordar los eventos de los últimos meses, desde que sucedió aquello con Lincoln y se supo del bebé que esperaba, su vida se fue por el caño. Las excusas para no atender más a la secundaria y estudiar desde casa no convencían a todos, no a sus amigos que se enteraron y que a pesar de no hacer preguntas, no podían evitar la sospecha que afloraba en sus ojos y sus palabras, las silenciosas acusaciones que Leni no sabía si eran reales o no, porque más que nadie, más que cualquier otra persona, era ella misma su peor enemigo, la que más odio sentía por su persona al dejarse llevar por lo que era a todas luces un romance condenado.

Chaz lo intentó, por un tiempo, hasta que ella le recriminó todas y cada una de las cosas de las que se culpaba a si misma, todos esos defectos que en realidad eran reflejos de Lincoln.

Con Lincoln de seguro sucedería algo peor, con Lincoln…

Claro que si temes que suceda lo de la última vez, entenderé que quieras posponerlo–

Solo hasta que este segura–, murmuró Leni.

Solo hasta que estés segura–, concedió Loyd, –Ahora, retomemos lo de la semana pasada. Dime, ¿cómo te fue en tu cita médica?–

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¿Qué hacer frente a un conflicto de intereses?, pues eso dependía de lo que se quisiera lograr y lo que se tuviese que sacrificar.

Últimamente, Loyd había tendido que reexaminar la clase de sacrificios que cometería por su familia.

Habían pasado semanas desde que esos dos volviesen juntos, cambiados, y no de una forma que él fuese a aprobar.

No le gustaba para nada.

En fin, no tardó mucho en descubrir cuál era la causa del silencioso acuerdo entre madre e hijo, más que nada debido a que nunca había dejado de seguir los pasos de cierto individuo.

–Solo tardaré un par de días–, murmuró, –Sí, creo que con un par de días será más que suficiente–

Suspirando, guardó sus cosas y se aseguró de que el estanque estuviese lleno, Leni, bendita sea, solía encargarse de que ambos vehículos estuviesen siempre en buenas condiciones.

No, no era por desconfianza, no era porque temiese que un día lo olvidase pues esa clase de cosas ya no le pasaban a su mujer, tan solamente prefería verificar. Después de todo, nada de malo había en tener fe en alguien, pero cerciorase era siempre lo mejor.

Era un asunto puramente personal, algo que ella no necesitaba saber, algo de lo que debía protegerla después de que ella se arriesgase por la familia.

–Me sorprende que esos dos pudiesen guardar un secreto por tanto tiempo, bueno, no tanto de parte de Lyle, pero sí de parte de Leni. Ella no es buena guardando secretos–

Deteniéndose luego de cerrar la cajuela, se reprendió a si mismo por hacer algo tan insensato como charlar consigo mismo.

Aquello era por Leni, porque ella siempre solía hablar sobre Lincoln y su habito de hablarle a nadie, narrando su muy insignificante vida antes de su estrepitosa puesta de escena, de la cual, todavía se sentía orgulloso por su muy significativa participación.

Era ridículo, incluso infantil y a la vez… Pues, se sentía bien.

Se sentía muy bien el al fin sentir que alguien le prestaba atención, incluso si se trataba de su propia imaginación.

Haciendo una pequeña reverencia, se presentó a si mismo.

–Hola amigos, mi nombre es Loyd Fitzgerald, tengo cuarenta y cinco años, estoy casado y tengo un hijo. En estos momentos mi hijo se encuentra encerrado en su vieja habitación mientras que mi mujer, que se preocupa demasiado, intenta por todos los medios ocultarme algo–

Los aplausos no se hicieron esperar, así que animado por la cálida recepción, continuó con su acto.

–La vida es buena, la carrera va bien, mi empleo es de lo mejor. Soy un hombre exitoso, un hombre influyente en la comunidad, con un hogar envidiable que he cultivado y protegido durante años–

En medio de los murmullos de aprobación, y algunos cuantos de envidia, alzó las manos frente al público para pedir silencio. Todavía le quedaba mucho que decir.

–Estoy orgulloso de mis logros, orgulloso de los logros de mi familia y del impacto que tengo en la vida de los demás–, explicó, –Estoy orgulloso de que mi tonto hijo lograse mentir por tanto tiempo, tan orgulloso que casi estoy tentado a dejar que se salga con la suya, y sin embargo, fallaría de la forma más desastrosa en mi deber como padre de pasar por alto su conducta–

Más murmullos, ahora de curiosidad, de seguro preguntándose qué podría ser tan grave como para alejar al doctor de sus pacientes y sus ya numerosas responsabilidades con su familia y comunidad, pues ciertamente debía de existir otro motivo, algo que impulsase al hombre usualmente calmado y contento que era para recurrir a la violencia.

Lo que su audiencia imaginaría de seguro ignoraba, aunque no por mucho tiempo, debía añadir, era que Loyd jamás dejó de velar por su familia, ni siquiera por un instante. Todo lo que debía de saberse lo sabía, todo lo que debía de hacerse de seguro él lo haría. En todo sentido, había tomado un rol tal en la familia Loud que estaba seguro no sobrevivirían sin él.

Esa familia, todos y cada uno de ellos lo necesitaba, y en especial Leni, que a pesar de haber mentido no se salvaría de recibir ayuda.

–Con el tiempo lo entenderá, ¿no?, se dará cuenta de que todo esto es por su bien–

Desvaneciéndose la audiencia, Loyd cerró la cajuela del vehículo y luego revisó su itinerario. Tenía asuntos importantes por resolver, asuntos concernientes a cierta peste de la que jamás pudo disponer a su antojo, no sin revelar demasiado de lo que sabía.

–Cómo cambian las cosas, y pensar que en un punto, Lincoln Loud de verdad fue un problema para mi–

Lo vería, de seguro después de lo Leni. Lo vería y luego…

–Fuera pensamientos negativos–, dijo para si mismo, –Ya no más ideas tristes, solo paz y felicidad…–

Con un vistazo final a su hogar emprendió su pequeño proyecto.

–¿Estarás bien cariño?, no me gusta que viajes solo–

Leni había salido de la casa,usando su conjunto de bata y pantuflas verdes. Con la nariz enrojecida, dio un par de estornudos antes de despedirse con el mismo pañuelo con el que se había limpiado.

Lyle permaneció en todo momento detrás de su madre, rostro impávido, sin traicionar el secreto el cuál todavía no sabía que su padre conocía.

Como lo había mencionado antes, los dos eran trasparentes, lo que le resultaba en extremo conveniente a Loyd a la hora de cuidar de ellos.

–¡Estaré de maravilla mi vida!, no te preocupes–

Leni asintió satisfecha, con la más bella sonrisa que pudiese existir y Lyle…

–Cuida de tu madre campeón, mantenla a salvo–

Lyle asintió con la cabeza, sonriendo y de seguro planeando, preguntándose qué podría hacer para intervenir cuando ni siquiera imaginaba lo que iba a suceder.

–Ya es hora de que seas más responsable, hijo, que esto sea una lección para ti–

Y tras decir eso se marchó.

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Semanas antes de la epifanía de Loyd, alguien más tenía una revelación.

En una pequeña habitación junto a una capilla pronto a cerrar, Lincoln Loud aguardaba a que el día terminase.

–Ya sé, ¡ya sé!–

En el silencio, su consciencia conspiraba para destruir la frágil psiquis del hombre.

–Ya sé que soy un fracaso–

Sentado sobre la cama, biblia en mano, cerró los ojos.

–Lo sé, sé que no debería haberlo hecho, sé que soy culpable–

Hora tras hora de humillación, hora tras hora de contemplación, todo para quedarse sin respuestas.

–¿Qué quieres que haga?, sabes bien que no puedo tomar mi propia vida–

Sonrió con desdén, después de todo, ¿qué daño haría otro pecado a su ya larga lista de faltas?.

Bien podría pasar el resto de sus días orando con fervor ciego, o simplemente ofrecerse como misionero para así ser al menos útil al prójimo, y sin embargo, permanecía estático, atrapado en su infinita culpa.

–Tan solo desearía que todo esto acabara–, pidió antes de ponerse de pie para cerrar las cortinas.

Detrás de él, sobre la cama, descansaban un par de prendas que no le pertenecían, muestra patente de su profunda vergüenza y a pesar del dolor que le traían, le fue imposible el desprenderse de ellas.

Solo un par de veces en su vida logró entregar su corazón de esa manera y ambas ocasiones fue un error. Leni había sido su hermana y ya no lo era por el horrible crimen que cometió contra ella, Laura era Lyle, y Lyle creía sentir algo que ambos sabían sería el acto más egoísta que cualquiera de los dos pudiese cometer.

–Pero que hermoso hubiese sido, que aquel sublime sentimiento pudiese perdurar–

Sacudiendo la cabeza, permitió que las sombras tomasen posesión de sus aposentos. Le esperaban meses de recriminación y una vida de culpa de la que no escaparía, y a la cual, dedicaría sus oraciones con tal de pedir por su ya condenada alma inmortal, mal que mal, aquellos pecados imperdonables no le pertenecían a nadie más. Leni era inocente de la inmoralidad de su hermano y Lyle tan solo estaba confundido, en ambos casos, el responsable era Lincoln.

–Apenas han pasado un par de días, debo recordar que estas cosas toman tiempo–

Recogiendo de la cama sus últimos recuerdos de Lyle, los guardó en el fondo de su armario, en el lugar que protegía los restos de su vieja vida.

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Día tras día y mes tras mes, cada momento desde la última vez que hablaron hasta que plantó los pies en la estación de autobuses fue dedicado a la contemplación. En su vida corta y estrepitosa pocas cosas tenían sentido aparte de ella, tanto así que la sola idea de que no lo estuviese esperando jamas se cruzó por su cabeza. Con todo ello en cuenta tampoco pretendía que todo siguiese igual, no era del todo un iluso ni un tonto. Sabía de antemano que tendría que pelear contra toda su familia con tal de convencerlos de que no estaba enfermo y que Leni estaría a salvo a su lado, tarea por demás complicada siendo que Leni seguía dependiendo mucho de sus padres y de las chicas, pero con su regreso se aseguraría de infundirle a su hermana la confianza que tanto necesitaba, y les demostraría que Leni era más que capaz de manejar su propia vida, incluso si de vez en cuando necesitaba ayuda.

No pensó, o mejor dicho, se negó a creer que el final de su historia ya estaba escrito, y no por él, sino por alguien más.

El pecado del orgullo lo condujo de regreso al camino de la humildad, aprender que no todo estaba bajo su control le ayudó a comprender su propia insignificancia.

Tal fue la estructura de su derrota, la cual se gestó en secreto y mucho antes de que pudiese darse cuenta. Debió haberlo notado al quinto o sexto intento, cuando el teléfono dejó de sonar para dar paso a alguien a quien creía reconocer y que le dijo que estaba marcando al número equivocado. Lo interpretó todo como una broma de mal gusto, lo que no sería una novedad.

No quiso escuchar, no a esa voz que respondía en lugar de Leni.

Caminó de regreso a casa ignorando lo que estaba frente a sus ojos, porque su cerebro se rehusaba a aceptar el hecho de que Leni no lo amaba. De seguro, su familia intentaba mantenerlos separados.

Sonriendo con denotada malicia se aprestó a enfrentarlos, antes de que sus pies se congelasen sobre las acera, y una imagen familiar se grabase en sus retinas.

Un extraño ocupaba su lugar.

Debieron haber pasado unos treinta o cuarenta minutos o quizás más para que alguien lo hallase fuera de casa, y vaya sorpresa, que era su reemplazo. Allí estaba bloqueando el camino, con las manos en los bolsillos y una expresión de marcado disgusto que Lincoln deseaba borrar a golpes.

Así que regresaste–

Lincoln reconoció esa voz de inmediato y se puso en guardia.

Tú contestaste mi llamada–, fue su respuesta, –¿Por qué?, ¿quién eres?–

Simple y directo, tal y como funcionaban las cosas en el miserable lugar al que lo enviaron. Las secuelas de la violencia no se hicieron esperar, a su mente, volvieron los recuerdos de las primeras palizas, las vejaciones diarias hasta que se las arregló para contraatacar. Claro, las golpizas no cesaron, pero se hicieron menos frecuentes, más riesgosas para los que todavía insistían con atacar al nuevo.

No deberías haber regresado Lincoln–

Eso fue suficiente para que el muchacho marchase a paso firme y corriese a ese sujeto de un empujón, los años encerrado lograron su cometido al transformar su lastimero físico con una notable musculatura y cierta dosis de agresión que le fue fundamental para sobrevivir. Quizás, fue ese nuevo aspecto suyo el que le permitió llegar hasta las afueras de su hogar y vencer el temor que significaría el descubrir que allí, no existía un lugar para él.

Hacía tan poco tiempo que eran los dos ocupando el sofá, con Lincoln consolando a Leni y Leni sonriendo para él, ahora, su hermana que se hallaba bebiendo cocoa de espaldas contra la ventana, rodeada por sus padres y sus hermanas, charlando alegremente.

Sus ojos no lo engañaban, lo que veía era algo completamente distinto al día en que lo sacaron de casa. Sin lagrimas ni vergüenza ni recriminación.

Leni…–

Por incontables noches en las que soñó con su reencuentro practicó las palabras precisas para expresar todo lo que sentía, todo lo que lo comía por dentro y ahora… ahora no tenía ni la menor idea de qué decir.

Se aclaró la garganta y se dispuso a seguir avanzando, hasta que el resplandor dorado de una banda alrededor de uno de los dedos de su hermana lo cegó.

¿Qué acaso no entiendes?, ¡ella no quiere verte!–

Giró el cuello y se encontró con el mismo tipo que había tratado de detenerlo, el cual portaba un anillo similar, y sin pensarlo dos veces lo sujetó del cuello, con un puño en alto y listo para demolerle el rostro. No importaba que lo enviasen de regreso, que tratasen de encerrarlo de por vida, porque Lincoln tarde o temprano sería libre, libre para proteger a Leni, para amarla y quedarse a su lado y…

No, ella no habría hecho eso sin decírmelo–, gruñó enfurecido, –Asqueroso hijo de puta, ¡voy a arrancarte la lengua!–

Lo hizo, llevamos un año felizmente casados–, se defendió el extraño, –Y si crees que te tengo miedo, pues adelante, pregunta tú mismo–

Su barriga estaba abultada y sus mejillas rojas, sus ojos resplandecían al igual que la sortija.

Espera a mi hijo, a tu sobrino, ¿qué no sientes nada de compasión después de lo que le hiciste?, ¡ya dejala en paz!, ¡deja que Leni sea feliz!–

No, no era cierto, no podía ser cierto. Querían engañarlo, mentirle, para apartarlo de Leni una vez más, querían… Querían…

¿Está todo bien allá afuera amor?, ya vuelve adentro antes de que ese vago te haga algo–

Tan solo logró verla por el rabillo del ojo antes de emprender su huida. Leni… Leni lo había olvidado, había renunciado a su promesa.

Ya ni siquiera lo reconocía.

La vida de Lincoln había acabado, al menos, la vida que llevó hasta entonces.

Ya expuesta su naturaleza orgullosa, la ruina del hombre buscó desprenderse de todo lo que le ataba a su pasado. Leni ya tenía a alguien más para protegerla, tendría su propia familia, sus hijos, y sería feliz, inmensamente feliz. Nadie la juzgaría ni trataría de tomar ventaja de su persona, nadie la llamaría por nombres horribles ni la condenaría por amar. Y dado que su hermana sería feliz, él buscaría la redención por haberla apartado del buen camino..

Ya sin su orgullo y con el corazón roto, podría al fin darse por vencido.

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Al llegar la noche de ese día y asentarse la oscuridad, Lincoln recordó que debía moverse, o de otro modo otro tejón intentaría convertir el altar en su hogar. Con paso trémulo, se puso de pie y se dirigió a cada ventana abierta, dejando como última fuente de luz una moribunda linea naranja proveniente de la puerta. Sin ya la necesidad de ver, dejó su mente en blanco, obedeciendo sus músculos a los impulsos grabados tras tantos y tantos años de tareas sencillas. Barrer en oscuridad, pulir en oscuridad, siempre en silencio para así no perturbar aquellos pensamientos que Lincoln sabía debían de ser reprimidos.

Trató así en vano de refugiarse en el enmudecido paraje que su cerebro creaba para mantenerlo a salvo, solo que ahora, ni las oraciones ni los cánticos eran suficiente, ahora, conocía la verdad.

Durante años, temió y ansió el reencontrarse con ella, con Leni. Durante años esperó paciente por el momento para redimirse, creyendo sin titubear, que de algún modo lograría limpiar su nombre y lograr que su hermana mayor le perdonase.

–Al final… ¿Siquiera valió la pena?–

Se encontró a si mismo sujetando con fuerza la escoba, la mirada atenta al piso, a la negrura que lo devoraba subiendo por sus pies para extenderse en todo su ser. Una noche hecha velo, extendiéndose a sus brazos, trepando por su garganta y colmando su cabeza de la añorada presencia de Leni.

–¿Sirvió de algo?, ¿fue suficiente para ti y para ella?–

Aquel mismo día había sido feliz, tenía planes para la sede, planes y propuestas nuevas para toda su congregación.

Aquella mañana tenía a Laura, tenía a una amiga, y si bien sabía que ya nadie lo haría feliz como Leni, al menos sabía que su corazón no estaba del todo muerto.

Aquella mañana, Lincoln Loud todavía podía respirar.

–¿¡Por qué me sigue culpando!?, yo la amaba, ¡todavía la amo!–

la escoba se partió a la mitad, y su patético quejido resonó en todo el templo. Jadeando y rechinando los dientes, de las sombras, emergió un hombre al que se le estaba acabando la fe.

–¿Todavía la amo?, debo estar loco–, murmuró para si mismo, perdiendo todo semblante de cordura conforme pasaban los minutos.

–¿Quién podría amar a alguien así?, nada más que una inútil, alguien incapaz de cuidar de si misma–

Paseándose de un extremo al otro, con los nudillos blancos y el pulso retumbando en sus orejas, expuso ante la muda audiencia la lista de sus pecados.

Muy, muy en el fondo, se reconocía a si mismo como un hombre débil y voluble. Tal defecto lo cargaba con la consciencia de que solo mediante la fe y la oración podría alcanzar la disciplina como para no dejarse influenciar por sus deseos básicos, solo que, al verse nuevamente expuesto a ella, aquella disciplina cultivada durante años se desvaneció por completo.

Mal que mal, era un hombre débil y voluble, no un santo y ni por lejos digno de dar fe de la palabra del señor.

Al final, ¿de qué había servido?.

–¿Y qué si es linda?, todo el mundo ve eso, ¿qué acaso no se dan cuenta de que es una idiota?, ¡o quizás ese es el encanto!, una rubia tonta y fácil de la que cualquiera se podía aprovechar, ¿qué también es buena y bondadosa?, pues eso no importa, sigue siendo una imbécil–

Suspirando pesadamente, intentó controlarse, tal y como hacía cuando era un niño y alguna de las chicas lo sacaba de quicio.

Poco y nada le sirvió.

–Buena… Buena… Yo les diré lo buena que es Leni a la hora de juzgar a las personas, ¿¡o acaso creen que es normal lo que hicimos!?,, pero no fue ella quien pagó el precio porque Leni es demasiado preciosa, demasiado pura como para ser mancillada por los pecados de otros mortales, no ella, jamás ella… En cambio yo, el mísero pecador, ¡sacrifiqué mi maldita alma por ella!, ¡TODO!, ¿¡y cómo me paga luego de que yo tuviese que hacer el papel ese de novio!?, pues me niega y me culpa de todo, todo lo que ha salido mal en su vida, ¡todo lo que es injusto!. Eso es lo que hace, eso es lo que ella siempre hace…–

Súbitamente, el hombre en el que se había convertido volvió a ser el niño asustado que corrió de casa al darse cuenta de que ya no era bienvenido. Paso a paso, ante la atenta mirada de Jesús, Lincoln Loud recordó cada palabra hiriente que alguna vez su traicionera consciencia hubiese conjurado en contra de Leni.

Conforme su frustración aumentaba, peor se volvía la aberración en la cual su amor se había tornado.

Leni no era una santa, ni un ángel ni nada por el estilo.

Leni era una traidora, alguien incluso peor que sus hermanas, que sus padres, y a la vez, era más inocente que ellos.

¿Por qué seguía teniendo fe en ellos?.

–Siempre es lo mismo con ella, ¡siempre!, mi maldita hermana mayor… Mi maldita hermana que es peor que una cría, más indefensa que cualquier otra y a la que de nada puedo culpar–

La realización de que había sacrificado tanto de su vida en alguien que jamás podría corresponder sus sentimientos fue devastadora, allí estaba él, siguiendo un camino incierto bajo la creencia de que sacrificaba su felicidad por la de alguien más, cuando en realidad, su sacrificio fue inútil desde un inicio.

Todo lo que había abandonado, todo de lo que se había privado…

–Y todavía la amo–, escupió con sorna, antes de ponerse a sonreír.

–¿Lincoln?–

Sus ojos se enfocaron en la silueta que desde el marco de la puerta interrumpía su soledad, deteniendo así la demencial carcajada que escapaba de sus secos labios.

Sin mediar palabras entre los dos, retrocedió hasta el altar, buscando del silencioso ídolo aquello que creyó alguna vez haber capturado, solo para darse cuenta de que sin importar lo mucho que pidiese y se arrodillase, jamás obtendría una respuesta.

¿Por qué seguía engañándose a si mismo?.

Me alegra saber que estás bien–

Aquella misma tarde, Leni se apareció en su vida así como si nada, y lejos de la calidez que sabía no recibiría, fue su condenación lo que más lo sorprendió.

No tenía ni la menor idea de lo mucho que ella lo despreciaba.

¿Por qué te escondes?–, preguntó Leni, a lo que él contestó, –No entiendo la pregunta–, y sonrió, como se le había hecho costumbre.

Había intentado sonreír, porque las sonrisas siempre ayudaban y Leni solía creer que él tenía una linda sonrisa.

Otra gesto vacío, otra pequeña traición a si mismo, esperando que tal vez, de milagro, ella le extendiese una respuesta similar.

¿Es por venganza?, ¿por querer vivir mi vida luego de lo que me hiciste?, no te bastó con arruinar mi adolescencia, no fue suficiente abandonarme cuando todavía esperaba a mi hijo, sino que tuviste que hacerte el mártir, y castigarnos a todas y ahora, después de años de sentirme responsable de lo que te pasó, ¡resulta que sí eres una basura, Lincoln!, la peor de todas…–

Ella pensaba que los pequeños gestos podían arreglar el mundo, aunque claro, esa era la Leni que Lincoln conoció durante su infancia y adolescencia, pues a la adulta nunca llegó a verla y mucho menos a comprenderla.

No era distinto de charlar con una ilusión.

¿Quién era la persona que tenía en frente?.

Lo siento Leni–

¿Lo siento?, ¿eso es todo?–

Vivir enamorado durante tantos y tantos años, sin siquiera cuestionar la veracidad de sus recuerdos.

¿Acaso alguien podría recriminarle por aferrarse a la única parte de su corazón que todavía le pertenecía?

Sabes, por años he pensado en lo que sería enfrentarte, decirte lo que siento sobre ti Lincoln, decirte cuanto me has lastimado y ahora que te tengo frente a mi… Pues me doy cuenta de que no tengo nada bueno que decirte–

De haberlo sabido antes, de haber comprendido la profundidad de los sentimientos de su hermana, Lincoln jamás se hubiese permitido el aceptar a alguien más en su vida.

¿Por qué te involucraste con mi hijo?–

De haberlo sabido antes…

Leni, no tengo la menor idea de lo que estás hablando–

De haberlo sabido antes, no estaría sumido entre las tinieblas. Su luz, la luz de su mensaje, lo protegería.

Mas, sus acciones lo habían expuesto como indigno de su compasión, y ni la cruz de madera ni los santos que todo lo contemplaban ofrecerían su auxilio.

No los merecía, no merecía ser salvado.

¡No me mientas Lincoln!–

¿Había intentado huir?, no podía recordar bien, no después de que Leni le cerrase el paso. Después de la primera bofetada su cuerpo se negó a reaccionar, después de ver sus ojos consumidos por la rabia, pues… ¿Qué se suponía que hiciera?.

¡Te dije que no me mintieras!–

Y luego habló.

Eres despreciable, un monstruo que solo piensa en si mismo, ¿tienes idea de lo mucho que me costó superarte?, ¿acaso se te ocurrió pensar que hay un motivo por el que nadie de la familia desea verte?–

Y habló.

¿¡Cómo fue que me enamoré de alguien como tú!?, ¿acaso entiendes lo que me hiciste?, ¡estuviste a punto de arruinar mi vida Lincoln!–

Y siguió hablando… Sobre Laura, Laura que no existía, porque en realidad era Lyle, y Lyle era el hijo de Leni, no el que tendría con Lincoln porque aquella criatura no llegó a nacer.

Leni había abortado a su hijo, ella y su familia, las chicas, sus padres, ellos…

–Ella te mató–, murmuró horrorizado a la figura que lentamente se acercaba, la cual, sin saber qué hacer, se cubrió la boca al notar el estado deplorable del sacerdote.

Lincoln sacudió la cabeza, contemplando mudo a la manifestación de sus pecados.

Laura no existía, su bebé estaba muerto, Leni y su familia lo odiaban y Lyle le había mentido.

No tengo ni la menor idea de lo que le dijiste para hacer eso, pero te juro Lincoln que es la última vez que le haces daño a mi familia y me haces daño a mi–

Y por más que siguiera hablando y hablando, Lincoln solo podía pensar en el hijo que jamás conoció, desapareciendo, así sin más, sin siquiera tener un aliento, un sueño en el cual desvanecerse antes de que la oscuridad lo reclamase.

Quiero que desaparezcas, hoy mismo, y que nunca jamás vuelvas a ser un problema. No más notas, no más dinero, no más nada. Tan solo… Vete, ¡y no vuelvas!–

Ni siquiera notó la hora que era al marcharse Leni, ni dio importancia a la súbita ausencia del sol. En lugar de concentrarse en tan mundanos asuntos, en cuanto recuperó el control sobre sus miembros, barrió el piso una y otra y otra vez, pensando y meditando sobre el consuelo tan largamente negado por el cual renunció a Leni.

Tantos años dedicados a su iglesia, convertidos en polvo en apenas unas cuantas horas…

–Lincoln, yo de verdad lo lamento, no tienes ni la menor idea de lo mucho que me avergüenza todo lo que te hice–

Laura… Laura no existía, Laura era un espejismo.

Estaba hablando solo.

–Vienes a burlarte de mi–, dijo antes de dejar caer el trozo de escoba que todavía sujetaba, para así, atrapar a aquella molesta ilusión.

–¿De qué estás hablando?, nadie vino a burlarse de ti Lincoln, ¡Lincoln!–

La sujetó del sweater, arrastrándola contra la pared, justo debajo de uno de los ventanales, y sin dejarla ir, plantó su rodilla en la entrepierna de la ilusión.

Puesto que Laura no existía, Lyle tomó su lugar, mas, para Lincoln eran indistinguibles. Mismo rostro, mismas facciones, mismo aroma y mismos manierismos hasta el más mínimo detalle.

Ninguna de esas personas existían, no realmente.

¿Por qué no hacer, si quiera por una maldita vez, lo que en realidad deseaba?

–¿Es esto lo que quieres?, ¿por esto intentabas volverme loco?–, susurró sujetando del cuello a aquella extraña criatura que venía a tentarlo, –¿Te parece gracioso?, tu madre… Ella me lo dijo todo, me dijo que mató a mi hijo, y luego te tuvo a ti con ese asqueroso hijo de puta, el mismo que prácticamente me escupió en el rostro cuando traté de volver a casa–

Lyle abrió la boca sin saber qué decir, Lincoln estaba…

–¿Qué esperabas que sucediera?, ¿que abandonase mis votos para luego reírte de mi?, o quizás… Quizás querías saber si era capaz, ¿he?, saber si de verdad soy capaz de hacerlo–

Lincoln estaba acabado, pensó Lyle, y era por culpa de él, por haber llevado un juego nada inocente demasiado lejos, sin pensar siquiera por un segundo en las consecuencias.

–No imaginé que ella fuese a reaccionar de esa manera–, susurró el joven para si mismo, –Lo siento tanto Lincoln, de veras que no tienes idea lo mucho que lo lamento–

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Pocas veces la había visto así de molesta, y generalmente no era por su culpa.

¿Qué demonios había pasado entre esos dos?, apenas la perdió de vista en cuanto su madre le informó que le haría una visita a Lincoln, la cual, lamentablemente, Lyle no pudo impedir.

Se suponía que tan solo charlarían un poco, que quizás se reconciliarían o algo y de algún modo Lincoln volvería a ser parte de la familia sin que lo de "Laura" volviese a ser mencionado, y en lugar de eso pues…

–Estás molesta–

Leni cerró la puerta de golpe, cortando toda opción de escape a su hijo.

–¿En qué estabas pensando Lyle?–

–Mamá, puedo explicarlo–, se apresuró a decir, –Todo esto es un malentendido, verás, Lincoln y yo somos amigos…–

Antes de que pudiese ofrecer más excusas, ella le interrumpió, cerrándole los labios al mismo tiempo que buscaba en su bolso la receta para controlar su estrés.

Dentro de Leni, era como si un interruptor se hubiese encendido, y todos sus sentimientos positivos, todos sus buenos y añorados recuerdos por su hermano se hubiesen desvanecido.

Lo que quedó era un incontrolable rencor alimentado durante años, y esperando, al fin, tener la oportunidad de manifestarse.

–No, no puedes explicar ni justificar nada. Ni siquiera lo intentes Lyle–

Era raro el que su madre le hablase así, demasiado raro.

Papá era el de los castigos fuertes, el duro aunque sin demostrarlo. Lyle había perdido la cuenta de todas las veces que su padre lo puso en su lugar sin siquiera alzar la voz, tan solo con algunos gestos y una reprimenda que en apariencia parecía insignificante, solo que en realidad no lo era.

Mamá en cambio… Pues ella casi nunca se enfadaba de esa manera.

–Mira, fue un juego que se salió de control, eso y nada más–

Leni finalmente consiguió extraer la botella desde el fondo de su bolso, desenroscando la tapa de la misma y paseándose por el departamento de su hijo en busca de un vaso limpio.

–¿Un juego?, ¿un juego dices?, de seguro crees que soy una estúpida, ¡de seguro me crees idiota!–, exclamó la rubia al entrar a la cocina, –Tú y tu padre siempre hacen lo mismo, se creen mejor que yo, se creen más listos, pero no soy yo la que siempre se mete en problemas ¡no señor!, son ustedes, los listos–, terminó de decir con marcado sarcasmo.

Lyle se sintió mortificado, preguntándose si de verdad él y su padre menospreciaban a mamá por ser siempre tan despistada, y la verdad, es que no siempre se comportaban de la mejor manera.

¿De verdad soy tan insensible?–, se preguntó el joven consternado, mientras que Leni, todavía libre del efecto de las píldoras, seguía despotricando en contra de su desconsiderado hijo.

–¡Nadie me respeta, ni en casa ni aquí!, pero claro, ¡claro!, hay que darle a Lyle la oportunidad de abrir sus alas y volar–, entonó Leni furiosa, –"Estará bien amor, no te preocupes"–, dijo imitando a su marido, –Bien… Si claro, ¡mira lo bien que haces las cosas!–

–Por favor no alces la voz, no quiero que nadie más se entere de esto–

Se arrepintió de abrir la boca en cuanto vio la mano de su madre alzarse.

Esto no está pasando–, pensó Lyle boquiabierto, –Mi madre… Ella jamás me pondría una mano encima–

–Mamá… Perdón, en serio que lo lamento–

Notando la incertidumbre en su hijo, Leni bajó su palma y respiró profundamente.

Debía recordarse a si misma que su hijo, si bien no era inocente, no compartía el mismo grado de responsabilidad de Lincoln. Eran casos muy, muy diferentes y Lyle no tendría porqué sufrir por culpa de la falta de consciencia de ese hombre.

–Lyle, si fuese algo… Distinto, con otra persona, lo comprendería–, murmuró la rubia sacudiendo la cabeza, –Pero es con Lincoln, ¿lo entiendes verdad?, es Lincoln, es mi hermano y también es tu familia por mucho que deteste admitirlo–

Lyle se sacudió de hombros, sintiéndose como un tonto al darse cuenta de que había caído en su propio juego y arrastrado de paso a un tipo inocente. Honestamente, no tenía ni la menor idea de lo mucho que su madre resentía a Lincoln, en especial porque siempre que hablaba de él lo hacía de manera afectuosa.

–No es su culpa–, dijo el joven en un hilo de voz.

Leni solo fue capaz de controlar su frustración gracias al efecto químico de sus medicinas. La bendita calma que la sobrecogió le ayudó a la hora de articular sus pensamientos.

–Nunca lo es–, murmuró la rubia, –Jamás es culpa de Lincoln. Lo que me hizo no solo a mi, sino a toda la familia no es su responsabilidad–, añadió con un dejo de desprecio.

Dejando el vaso en el lavabo, tomó de la muñeca a su hijo y lo llevó a la única habitación del departamento. Allí, se detuvo, abrió el armario y buscó un nuevo atuendo para Lyle.

–Lincoln siempre es inocente, una blanca paloma–, canturreó Leni, –Una víctima de todas nosotras, siempre tan débil y necesitado, siempre sobre nuestros hombros, metiéndose donde no le corresponde, tomando decisiones que no son suyas para luego desaparecer, y así hacer que todo mundo sufra–

Lyle recogió la ropa de brazos de su madre que se sentó sobre la cama, ignorando por completo la condición menos que prístina del cuarto.

De haber sido una ocasión normal, Lyle estaba seguro de que lo hubiesen puesto a limpiar, pero en lugar de ello su madre apenas permanecía despierta, reposando en el lugar en el que le dio forma a Laura.

–Mamá, no lo entiendo, creí que todavía lo querías–

–¿Quererlo?, no, para nada. Quizás a la persona a la que recordaba antes de que tu padre me ayudase a ver quién era realmente Lincoln Loud–

Los ojos de la rubia comenzaban a cerrarse, ya con la ayuda de las píldoras no tendría que pensar en Lincoln ni en lo mucho que la había decepcionado.

Y pensar que llegué a amarlo, que ciega fui en ese entonces–

Sin pensárselo dos veces, llamó a su marido y le dio una historia convincente, que en el caso de Leni era hablar mucho sobre cualquier detalle que le pareciese interesante hasta aburrirlo. Tal detalle lo había aprendido casi al comienzo de su relación, al darse cuenta de que a veces, lograba adormecerlo con su charla.

Al finalizar se quitó los zapatos y se recostó sobre la cama de Lyle, odiando y amando a la vez el perfume que emanaba de su almohada.

Su hijo, su muy bello y muy especial Lyle había cometido un acto horrible al involucrarse en la vida de Lincoln Loud, y Leni ni siquiera sabía por dónde comenzar a abordar lo grotesco de toda la situación.

Tal era su decepción, que consideró inútil el perder más tiempo en ese lugar. Lyle obviamente no estaba listo para vivir por su cuenta.

–Mira Lyle, necesitaré algunas horas para sentirme mejor y mientras tanto será mejor que pienses en una buena excusa para tu padre porque vendrás conmigo a casa–

–Mamá, aquí está mi empleo, y mi departamento. No puedo irme así como así–, protesto Lyle.

Leni sacudió la cabeza, sintiéndose más y más cansada, preguntándose en qué momento de idiotez se permitió caer con alguien tan débil como Lincoln, y maldiciendo, más que nada, que tal falta de carácter, tal depravación hubiese infectado a su hijo.

–Eres igual a él…–, susurró Leni aletargada.

–Dos días hijo, tendrás dos días para decidir–

Y luego, cayó dormida.

Lyle aguardó hasta escucharla roncar para salir de la habitación, no sin antes cubrirla con una manta.

–Todo esto es tu culpa–, le dijo a su reflejo, a Laura, que desde el cristal sonreía con una enfermiza fascinación.

Con un nudo en la garganta se internó en el baño, se duchó y luego recogió sus llaves. Su madre estaría fuera de combate por unas cuantas horas gracias a uno de los muchos milagros médicos a los que su padre tenía acceso.

Tratando de poner algo de distancia entre el desastre que era su vida y lo poco y nada que le quedaba de vida a Lincoln, condujo hasta la iglesia y la encontró, sorprendentemente, todavía abierta y a oscuras.

Eso era preocupante, Lincoln jamás dejaría desatendido el templo.

Recorrió los alrededores, entró en la capilla que seguía abierta, cerró las puertas y luego fue a su despacho, se adentró y se paseó por la oficina e incluso su recamara que fue donde lo halló, todavía vestido y hablando consigo mismo en voz baja.

–¿Lincoln?–

Lo encontró allí, murmurando en completa oscuridad.

–Lincoln, me tenías preocupado, ¿qué fue lo que te hizo?–

Para Lyle, aquellos tensos minutos que pasó buscando a Lincoln bien pudieron haber durado horas, y sin embargo terminaron mucho antes de que pudiese enmendar todo lo que había hecho.

Después de eso todo empeoró y Lincoln le dijo un par de cosas bastante horribles e incluso, se puso algo violento. Lyle, no acostumbrado a lidiar con esa clase de situaciones se sintió impotente. No quería pelear, no deseaba hacer más daño después de ver el estado lastimero en el que su madre lo dejó.

Lincoln tenía razón en preguntar y juzgar, ¿qué era lo que esperaba que sucediese?, ese tonto, tonto juego de Laura y Lyle no tenía sentido, no tenía ganadores.

Sintiéndose como un invasor, lo guió por sus aposentos y esperó el el despacho a que Lincoln utilizase el baño e incluso le alcanzó una toalla, manteniéndose siempre cerca.

Lo vio salir de la ducha, esbozando una incierta sonrisa.

–Laura, o Lyle, que pena que me hayas visto así–, dijo apenado, –Pues… Creo que ahora que todo esta dicho y hecho, lo mejor es que no nos volvamos a ver, ¿no crees?. Eso es lo más sano, es lo mejor para todos–

El joven sacudió la cabeza y se hizo a un lado para que Lincoln pudiese pasar.

–Es Lyle, y lo siento por mentir–, respondió, –Laura fue… Oh rayos, no tengo cómo explicar Lincoln, Laura fue algo que se me salió de las manos–

Sin detenerse, Lincoln entró a su cuarto y cerró la puerta.

–Lo sé, es solo que todavía me cuesta asimilarlo–, dijo desde el otro lado, –Debo haberme visto como un tonto–

Lyle trató de sonreír, claro, ese era el objetivo inicial, que Lincoln se viese como un tonto por asumir algo tan estúpido y entrometerse en los asuntos de sus demás.

Era su culpa, siempre lo fue y eso… Pues eso era falso.

Desde el inicio, Lyle había querido averiguar qué tanto podía empujar a ese hombre hasta hacerlo estallar, era divertido, era intrigante y más que nada, muy estimulante.

Sin siquiera darse cuenta, había recargado todo su cuerpo contra la puerta, deseando más que nada acabar con esa barrera para ver más de Lincoln.

–Descuida, no te lo hice fácil–, le dijo en todo de broma, –Y jamás te viste tonto, es más, cualquiera que te hubiese visto pensaría que fuiste un perfecto caballero–

–¿Por qué mentiste?–

Lyle se puso a jugar con el picaportes, sin atreverse a girar la perilla.

–Lo lamento Lincoln, es solo que… Todavía no entiendo el motivo, supongo que me sentí bien contigo, me sentí cómodo y bueno, las cosas se salieron de control y no sabía cómo decirte la verdad. Jamás fue mi intención el que esto sucediese, de hecho, me sorprende el que mi madre haya reaccionado tan mal–

Silencio… No quería eso de parte de Lincoln, no todavía, no mientras le quedase tiempo.

–¿Me perdonas?–

Lincoln abrió un tanto la puerta, apenas lo suficiente como para que se viese parte de su rostro.

–No hay nada que perdonar, no te culpo Lyle–

Lyle mantuvo la boca cerrada, tan solo para forzar a la ya atribulada consciencia de Lincoln a revelar la extensión completa de sus pecados.

Lincoln sacudió la cabeza e hizo rechinar los dientes. Obvio, Laura jamás le facilitaba las cosas, ya se tratase de una disculpa o un comentario, ¿por qué motivo Lyle sería diferente?-

–Lamento todo lo que te hice, antes y hace poco, no debería haberte forzado. Me propasé Lyle y estoy muy, muy arrepentido–

–Olvidalo, no fue nada–

Sin atender objeciones, Lyle entró en la habitación de Lincoln y se sentó sobre su cama.

–Por un instante pensé que me besarías y luego tratarías de propasarte conmigo–, bromeó Lyle, –Aunque viéndote así, no creo que me hubiese negado–

Lyle lo había dicho con la mejor intensión, sin darse cuenta de que su pequeña broma tenía mucho de verdad entremezclada.

Laura existía como una forma de despertar los instintos base que Lincoln buscaba suprimir. Era una tentación, un constante recordatorio de lo que el pobre hombre había abandonado con tal de seguir una fe que a Lyle le parecía cruel y contradictoria.

Lincoln se mostró incómodo, el pensar en Laura de esa manera no era algo que lo enorgullecerá, mucho menos al descubrir que tal persona no existía, mas, Lyle tenía su rostro, y su aroma y la misma forma de moverse.

–No es algo que no haya querido hacer, fue… Lo siento Lincoln, sé que odiarás saber esto pero desearía que te hubieses propasado porque no tenía intención de detenerte–

El sacerdote se sacudió de hombros, rememorando las escasas ocasiones en las que le ofrecieron el mismo consuelo.

Desapasionado, indiferente, libre de impurezas, así se suponía que debía de ser.

Un hombre digno, alguien que en realidad nunca existió.

–Hice votos–

Lyle arrugó la nariz antes de contestar, obviamente disgustado con la rigidez de la fe de Lincoln.

–Esa es una práctica insensata y arcaica–, bufó el joven, –¿Por qué demonios alguien se sometería a eso?, no es normal Lincoln, no es sano que alguien se reprima porque un protector de pedofilias allá en Roma tenga miedo de perder su poder–

Antes de que el peliblanco pudiese protestar, Lyle se puso de pie y lo arrinconó contra la puerta.

–Además, no me digas que no has sentido curiosidad–

En cualquier otro momento Lyle hubiese recordado que Lincoln había sido sacerdote casi desde siempre, y que su experiencia lidiando con sus deseos carnales no podía ser mucha, pero francamente, en aquel instante no le importaba.

–Algunos sacerdotes… Pero yo nunca… No sentí interés, no después de abandonar mi otra vida–, confesó Lincoln, sin poder quitarle de encima la vista a Lyle.

–Lidio con eso por mi cuenta, cuando siento la necesidad…–, explicó, –Y tú ya deberías irte Laura–

–Digamos que por hoy seré Laura–, ofreció Lyle, –Digamos que yo sí he sentido curiosidad por ti y que a pesar de que estaba dispuesto a olvidarlo todo, ahora que mamá me atrapó, ya no tendré otra oportunidad–

Estaba demasiado cerca, demasiado personal, notó Lincoln.

Reclamando el control, Lyle le tomó de la mano y lo guió a la cama para que se sentara. Nervioso, logró desabotonar la camisa del sacerdote y quitarse el sweater color crema que llevaba puesto, debajo, tenía una simple camiseta blanca ajustada.

Luego, se agachó frente a Lincoln, sujetó la banda del pantalón del sacerdote y comenzó a deslizarla hacía abajo conforme Lincoln le ayudaba levantándose.

Detrás de un boxer negro había algo que Lyle solo había visto de manera personal en si mismo.

–Lyle…–, murmuró Lincoln desde la penumbra, –En realidad no necesitas hacer esto, no tienes para qué contaminar tu alma. Tú estas limpio, no eres como yo–

–¿Mi alma?–, preguntó Lyle sonriendo, –¿Eso es lo que te preocupa?, ¿tienes miedo de que me arrepienta?–

Lyle empujó a Lincoln sobre la cama haciendo crujir los viejos resortes. En las paredes de la habitación, desnudas salvo por un viejo crucifijo, apenas se dibujaba su silueta envuelta por la luz azul de la luna.

Un rostro como el de Leni pero diferente descendió desde el oscuro firmamento, con labios ligeramente partidos y mejillas encendidas.

Un viejo recuerdo de aquellos días que había tratado de enterrar, tan dulce, tan precioso, por siempre y para siempre vagando en su mente.

–Eres demasiado noble–, susurró Lyle conforme besaba el cuello del pastor, –Demasiado noble, demasiado prudente y tan lleno de remordimiento–

Su erección quedó enterrada entre los suaves muslos de Lyle, que habiendo abandonado todo decoro admitió que sentía algo sumamente inapropiado por aquel hombre.

–¡En verdad me gustas!–, confesó alegre, –Lincoln, solo por esta noche, ¿podemos fingir que todo es normal entre los dos?–

Solo una noche, solo una noche y nada más, y el precio a pagar sería su insignificante y corrupta alma que nadie querría recibir.

Solo por una noche y no más que una noche, Lincoln se permitiría a si mismo la debilidad humana de la que no podía correr, el afecto enloquecedor de alguien que lo veía con todos sus horrendos pecados a cuestas, todas sus terribles imperfecciones y aún así lo aceptaba.

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Apenas se marchó su padre, Lyle volvió a su habitación, cogió su teléfono y se sentó sobre la cama. Buscando entre sus contactos bloqueados, encontró un número al que se suponía ya nunca volvería a llamar, incluso si su vida peligraba.

El precio por aquella noche fue la separación total de su breve existencia con Lincoln junto con la perdida de confianza de sus padres. En otras palabras, estaba de regreso en casa, como un perdedor, y no había mucho que pudiese hacer al respecto salvo pretender que nada más había sucedido y esperar a que mamá hiciera lo mismo.

Pero su padre obviamente sospechaba y no se quedaría en paz hasta averiguarlo todo.

–Una llamada, solo una llamada incluso si le prometí que no volveríamos a hablar, al menos le debo eso…–

Quiso marcar de inmediato, pero sus dedos le fallaron.

–Solo una llamada, ¿y luego qué?–

Claro que se había hecho preguntas después de esa noche, de la clase que viene con el arrepentimiento y la inmutabilidad de sus dispares situaciones. De haber sido Laura real, de no tener relación alguna, de no ser su madre tan sobreprotectora ni su padre tan controlador, de no vivir ahogado en culpas, de no ser tan desafortunados y bueno, los argumentos eran interminables, las excusas infinitas, mas nada de eso importaba porque al Lincoln al que añoraba era lo que era, y justamente por eso no podía poseerlo mientras que Lyle era Lyle, y sin importar lo satisfecho y realizado que se hubiese sentido esa noche, sabía que esperar más sería insensato, y Lyle siendo Lyle no era ningún insensato, excepto cuando se trataba de Lincoln Loud.

No había necesidad de condenarse a una nueva tragedia. Partirían en paz, con bellos recuerdos y eso sería todo, solo que ahora, incluso eso podría perderlo.

Solo una llamada para advertir, y con su advertencia arruinar otro recuerdo para Lincoln.

–Pero al menos lo salvaré de cualquier cosa que papá tenga planeada–, se dijo a si mismo al marcar, temiendo y rogando que contestase pronto.

Pasaron los segundos, pasó un minuto y el tono indicó que el número en cuestión ya no existía, que su último tentativo vínculo con aquel hombre también había sido cercenado.

En la soledad de su habitación Lyle contempló la pantalla sin saber qué hacer. Su padre de seguro ya sabía donde vivía Lincoln y en cuanto lo hallase…

–Supongo que yo también te falle–, murmuró cabizbajo.

–Lincoln… Ojala te hubiese dicho algo mejor que eso de "me gustas", ojala te hubiese convencido de volver a vivir–

Inmutable y constante, así parecía ser la tragedia que perseguía a ese hombre, de la cual su familia entera era parte, de la cual, al parecer, jamás se libraría

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¿Me fui por mucho tiempo?, porque siento que desaparecí por mucho tiempo, aunque creo que ahora que he vuelto a estar ocupado tendré la energía para escribir de nuevo

Nos vemos, ojalá en un futuro no lejano