Part 2.

El paso del tiempo abrazó a los socios con evidente monotonía. Sus horarios establecidos fueron el núcleo de su fatiga a medida que las semanas se acumulaban dentro de sus bolsillos. Sin embargo, acostumbrarse significó un gran alivio para los dos en cuanto sus esfuerzos brindaban frutos y el asombro de los monarcas se convertía en un reto a superar luego de una serie de funciones efectuadas dentro de la corte, entonces se vieron obligados a renovar otra vez y el desgaste mental los envió a pasear más frecuentemente fuera de los confines del castillo en busca de serenidad. Y aunque solían verse victoriosos en sus metas de forma mayoritaria, existió un nuevo detalle que perturbó la convivencia del felino y el duende; Jevil se sobresaltaba mucho cuando Seam trataba de llamar su atención con un toque, y el hablarle de cerca terminó convirtiéndose en un tabú para los dos cuando en una ocasión su cabeza se desprendió dejando colgar su cuello de resorte sorpresivamente y Seam saltó como nunca mientras se erizaba y siseaba. Acordaron mantener distancia al percatarse que esta situación se repetía sin importar cuántos métodos impusieran y, si los hacía pasar malos momentos, tendrían que ponerlo en práctica aún si esto terminó deprimiendo considerablemente al bufón aunque tampoco se atrevió admitirlo en las charlas espontaneas que compartían al respecto. En la actualidad volvían de una actuación teatral que Jevil había sugerido realizar ante sus reyes para salir fuera de la aburrida rutina que inconscientemente daban seguimiento. Seam detestaba el maquillaje y vestirse de formas estrafalarias pero se sometió a la propuesta de su amigo ya que le había visto algo decaído las últimas horas, más eso no evitó que se quejara continuamente de su apariencia antes y después del espectáculo, tirándose a la cama en medio de protestas para relajarse con la sensación que sólo podía ofrecer una superficie esponjosa como ese colchón. Jevil se carcajeó pero lo hizo disimuladamente, y esto lo desconcertó, pues usualmente no se habría avergonzado de mofarse de su compañero cuando se comportaba de aquella manera, se daba cuenta que el distanciarse también lo estaba volviendo mucho más cohibido y tal lo consideró inaceptable. Esto no podía continuar así. Con una nueva resolución palpitando en su anatomía, Jevil se acercó flotando a la posición de su compañero, sintiendo al pánico acentuarse pero no permitió que este hecho lo intimidara y alejara de su objetivo. Abrió la boca para hablar pero no fue Seam quien emitió el primer sonido al ambiente.

—Por cierto, Jevil —Seam abrió un ojo para mirar al bufón, quien retrocedió levemente como acto-reflejo, mordiéndose los labios sin dejar de prestarle atención a su preciado compañero—, noté que el rey de diamantes estaba menos ruidoso hoy cuando fue tu turno. Y me pareció extraño ya que usualmente es el que más se entusiasma contigo.

—¿Lo estaba, estaba? —cuestionó. Jevil no se había percatado, pues su concentración osciló en su trabajo y en los gestos de Seam así que no se había permitido el capricho de ver el efecto que su acto estaba teniendo en los reyes.

—Si me lo preguntas, creo que deberías buscar bromas nuevas. Las que tienes están bien pero debes recordar que estamos hablando de los monarcas, si una actuación les parece aburrida esto se verá reflejado en nuestra recompensa.

—Bueno, bueno, la verdad es que a mi también me pareció que estaba siendo muy repetitivo, repetitivo —explicó—, por eso quise hacer esta obra. Aunque gracias por notarlo, Seam. Si no me lo hubieses dicho seguro habría retrasado más el desarrollo de mi proyecto.

—¿Proyecto? ¿Y qué clase de proyecto es? —quiso saber el felino, intrigado.

—¡Caos, Caos! —exclamó Jevil con entusiasmo—. Ese es el tema principal de mi proyecto. Quiero que toda la función pierda su orden y ocurran acrobacias en el momento menos esperado así como las bromas y otros actos. ¡Estoy convencido que será un gran impacto para toda la corte, corte!

—Humm, no es una mala idea —comentó Seam en tono meditabundo—, pero si un espectáculo no tiene orden, ¿no crees que el resultado sea todo lo contrario de lo que esperas lograr? Quiero decir, puede ser impactante, es cierto, pero sólo será eso... dudo que esto cambie la perspectiva del público aún con todos los preparativos.

—¡No me estás entendiendo, amigo, amigo! —replicó agitando los brazos—, te estoy hablando, hablando, de una renovación completa que aún estoy estructurando en mi cabeza, por eso tampoco te lo había mencionado antes, ya que quiero que los dos trabajemos en ello una vez esté todo listo.

—Oh, está bien, creo que lo pesco. Sin embargo, para eso necesitaremos entrenamiento. A diferencia de ahora, que planeamos nuestros actos por separado, habremos que darnos un tiempo extra y... sospecho que eso será cansado —comentó acurrucándose en la cama.

—¡Vamos! ¡Será divertido, divertido! Después de todo últimamente nosotros... —Jevil se detuvo al darse cuenta del camino que estaba tomando esta conversación y volvió a sentir cómo le ardía la cara de vergüenza, sensación que fue en aumento en cuanto la atención de Seam fue devuelta a su cara—, nosotros hemos... intercambiado nuestro tiempo de juegos de mesa y... y yo, pues... —agregó en un volumen cada vez más bajo— ...yo me he sentido muy solo y... perdón, perdón... no quiero interferir con tu tiempo a solas... en serio...

Seam se había mantenido en silencio mientras Jevil balbuceaba y esto había causado que un nuevo tono de calor se cerniera en el rostro del diablillo, frustrado por el patético movimiento que había hecho en su intento por devolver la cómoda amistad que al principio habían compartido. Tan sumergido en su embrollo personal que nunca sospechó que el felino se echaría a reír justo cuando la voz del bufón se extinguió dentro de su garganta de resorte. Jevil no concretó hacer más que sonreír tímidamente, todavía inseguro de lo que significaba aquella risa, pero cuánto le había gustado ver esa gran sonrisa dibujada en el rostro de Seam; le había arrancado el aliento por unos segundos.

—¿Cuánto tiempo estuviste pensando en esto sin decirme nada, amigo? —quiso saber manteniendo su sonrisa presente. Jevil -que todavía levitaba- se encogió con cierta timidez en su sitio antes de recuperar su confianza normal.

—¡Maldición, Seam! ¡Todo este tiempo pensé que estarías molesto desde lo de la cabeza!

—Y yo creí que tú necesitarías tiempo para superarlo. Desde ese momento siempre evitaste que nos cruzáramos en los pasillos del castillo.

—¡No es cierto! ¡Valgame, valgame! Es difícil, difícil, leer tu cara de amargado, amargado.

—Mira quién lo dice.

—¡Yo siempre estoy sonriendo, sonriendo! —Luego de estas declaraciones los dos se miraron a los ojos sin decir nada hasta que finalmente un suspiro por parte de Jevil rompió la tensión, agitando la cola de forma irritable y desviando la mirada con una sonrisa complacida—. Eres extraño, Seam. En verdad me gustas, mucho, mucho. Uehe-hee~

Los hombros sorpresivamente tensos de Seam se relajaron al observar este gesto y escuchar palabras tan sinceras. Nunca se molestó en buscar un significado extra en estas, pues Jevil le había demostrado -y señalado- que le costaba trabajo expresarse correctamente, por lo tanto su selección de palabras no era la más acertada dentro de las ocasiones. Así que, en cambio, prefirió abrazar el sentimiento de calidez que abordó su sistema de algodón para corresponder a la muestra de afecto que le era entregada.

—Gracias, aunque... no me genera satisfacción que me llames extraño.

—¡Yo soy extraño también! ¡Entonces ajustamos muy bien juntos, juntos! —determinó extendiendo una mano hacia él, Seam respondió al apretón saboreando cierto gusto a complacencia cuando lo hizo. Se sentía bien tocar a Jevil sin que este se incomodara.

—Si tú lo dices...

—Oye, está prohibido el uso excesivo de sarcasmo, ¿recuerdas? —recriminó con gracia.

—No pude resistirme, disculpa —asintió Seam y entonces volvió a sonreír, Jevil lucía satisfecho así que para Seam eso era suficiente. Era grato que las cosas volvieran a la normalidad por fin, él también había extrañado interactuar con ese diablillo después de todo, no tenía idea en qué momento su presencia se había vuelto tan indispensable para él.

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Después de su charla, Jevil había decidido que se pondría a trabajar en su nombrado proyecto para terminarlo y consecutivamente comentarlo de nuevo a su amigo felino con el fin de obtener sugerencias -o mejoras- para cualquiera de sus funciones, y para ello consideró que la mejor opción sería tomarse su tiempo libre paseando por las hectáreas del jardín real, pues quería que su nivel de concentración fuera tan profunda que inclusive él no lograse diferenciar los estrictos horarios del reino oscuro. Mientras tanto, Seam le había asegurado que estaría en la habitación si llegara a necesitarlo, tomando una siesta antes de ponerse a leer un libro o tomando otra siesta si lo requería. Sonriendo, Jevil le pidió que no se preocupara y posteriormente emergió de la habitación y del castillo después de cruzar los diversos pasillos y descender por las escaleras tranquilamente, pues no le apetecía usar los elevadores, jamás le habían gustado los espacios reducidos y al aventurarse a ello estaría atentando contra sí mismo y su invasiva claustrofobia, de la cual nunca habló con nadie, ni siquiera con Seam. Se preguntó si debería compartirlo con él alguna vez, después de todo él conocía muchos defectos -como Seam los había llamado- suyos y no consideraba correcto ocultar los propios existiendo plena confianza ahora.

Una vez afuera se tomó la libertad de seguir flotando sin mayores complicaciones, saludando alegremente a los guardias y soldados que se iba encontrando en el camino, lanzandoles un par de trucos mágicos sorpresa con el pretexto de mantenerlos alertas, lo cual generó risas compartidas antes de que continuara su camino por los senderos silvestres. Jevil jamás imaginó que se acostumbraría tan fácilmente a esta vida, pues en algún punto se había resignado a lo que había tenido antes de que siquiera conociese a Seam.

Meditando sobre los estándares de su proyecto, realizó un par de acrobacias con las manos, descubriendo que sus métodos eran bastante aburridos, y verlo desde esta perceptiva no culpaba al rey de diamantes por el poco entusiasmo que -según Seam- había demostrado en su última función, así que se dispuso establecer un distinto orden. Sin embargo, pese a sus esfuerzos, la secuencia de movimientos no lo convencían, necesitaría más que un par de maniobras extras y cantidad de objetos danzando en el aire para hacer del espectáculo lo más sorprendente jamás visto en el mundo oscuro. Se detuvo junto a un banquillo que yacía postrado bajo un arco de hiervas rojizas y se acomodó sobre este mirando directo al cielo eternamente nocturno. Curioso buscó algún indicio de luz que lo inspirara. Pero lo único que encontró cuando bajó la vista fue una silueta más allá de su posición, la cual parecía perderse con la distancia. Jevil no le hubiese prestado importancia de no ser por el extraño sonido que este despedía. Era un sonido que no había llegado a escuchar en todo el reino , considerando que toda su vida había estado de aquí y allá igual que un nómada indomable.

Jevil se levantó de donde estaba y levitó hasta aquella misteriosa figura pero su sorpresa fue grande al notar que mientras más se acercaba al individuo se distinguía menos, como si estuviera huyendo de algo, quizás de él. Flotó lo más rápido que pudo pero sus esfuerzos fueron en vano, la silueta había desaparecido cual espectro sin dejar rastro alguno en el entorno. Jevil revisó un poco más el lugar, registrando el menor detalle que pudiese llevarlo a una respuesta sobre lo que acababa de ver, ya que le había parecido que el sujeto se estaba derritiendo igual que un liquido conforme avanzaba en su camino. Y mientras pensaba en lo extraño que esto era, por fin se dio cuenta que no estaba solo así que se giró a sus espaldas y sonrió al caballero que lo cubría de pies a cabeza con su sombra.

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Seam abrió los ojos cuando el lejano sonido de un golpe interceptó sus oídos, y somnoliento se removió sobre la cama en un intento vano por desperezarse. Tomó nota mental de que aquella había sido su tercera siesta y entendió que ya era hora de que se pusiera a trabajar en el papeleo pendiente que tenía descansando sobre el escritorio. Con mucho esfuerzo logró ponerse de pie, pero otro golpe más cercano fue el causante de que su cuerpo entero despertara de forma instantánea, pues aquel golpe esta vez provino del pasillo y sospechaba que la agitada respiración que se aproximaba a la puerta tenía por destino la zona que él ocupaba. Sin embargo, pese a la anticipación, fue victima de la impresión cuando la entrada fue golpeada por su compañero bufón quien se soltó a reír siquiera lo vio, extendiendo los brazos a modo de saludo, más el desconcierto de Seam sólo fue posible cuando este comenzó a gritar.

—¡Lo logré, logré! ¡Lo averigüe! ¡Soy un genio, Seam! Todo este tiempo estuvo frente a mis ojos y no me había dado cuenta —exclamó eufórico. A simple vista cualquiera hubiese supuesto que se trataba del Jevil usual, aquel de personalidad impetuosa y sonrisa radiante, pero Seam no; había algo raro en la mirada de su amigo que no supo interpretar enseguida.

—¿De qué se trata? ¿Que descubriste? —interrogó calmadamente aún así.

—¡Sobre mi actuación! Verás... hace unas semanas atrás había dejado de ponerle el empeño que debía y eso se vio reflejado en la actitud del rey de diamantes, diamantes, así que me puse a pensar en los motivos que me llevaron a esto y me dí cuenta que me aburría. Así es, Seam. Todo este tiempo estuve aburrido de mi mismo. Por eso pensé en el nuevo proyecto. ¡Quiero darle un color distinto a nuestro mundo, mundo!

—Por supuesto, fue de eso de lo que hablamos hace unas horas, ¿no? Por eso dijiste que irías al jardín para terminar la planificación —rememoró Seam.

—¡Exacto, mi esponjoso amigo! —Jevil asintió con misma energía. Seam se reconoció turbado entonces, pues sintió esta conversación como una repetición innecesaria, extraña, incierta. Para el felino fue como si el reloj hubiera retrocedido y traído a la nueva linea temporal un desarrollo distinto, más siniestro, alejado de la calidez que había llenado el ambiente entre ellos y reemplazado por un frío misterioso.

—Entonces... —Seam trató conservar compostura—, ¿ya decidiste cuándo comenzar el entrenamiento?

—¿Entrenamiento? —Jevil ladeo la cabeza.

—Si, dije que necesitaríamos hacernos un tiempo extra para practicar, ¿recuerdas?

—Oh, eso, eso... Uehe-hee~ no será necesario.

—¿Puedo saber por qué?

—Improvisaré en ese momento —declaró recargando su nuca en sus palmas y recostándose sobre el viento con total despreocupación, esto fue como un timbre de alerta más remarcado en el sexto sentido del felino purpura.

—Pero eso podría resultar en desastre, ¿sabes?

—No te preocupes en esos pequeños detalles, Seam. No importará mucho si fallamos la primera vez, después de todo esto es un juego. —El felino retrocedió inconscientemente con esta última oración, había algo en la forma que lo dijo que elevó su alerta al máximo, en riesgo de estallar, pues incluso la pronunciación había sido desquiciada; le hizo sentir escalofríos—. Déjamelo todo a mi, a mi.

Jevil flotó más alto manteniendo su sonrisa y sentándose en el techo mientras jugaba a botar una pelota de hule de estrellas que debido a la fuerza aplicada conseguía atraerla de vuelta a sus manos ansiosas por continuar. No había desvanecido esa sonrisa extasiada en todo el rato que estuvo haciendo uso de su juguete. Al verlo así Seam no pudo resistir al impulso de salir de esa habitación cuanto antes mejor, pues el oxigeno de pronto le parecía pesado entre esas cuatro paredes. Dejó las hojas que antes planeo revisar -cuya superficie contenía garabatos de sus próximos trucos mágicos- olvidadas sobre el escritorio hasta siguiente aviso. En esos momentos solamente quería largarse de ese lugar.

—Saldré un momento, Jevil —avisó pensando que esto haría al diablillo dejar de botar la pelota un momento pero se vio en la necesidad de evadir el juguete que en una situación distinta habría capturado su atención por completo, y quizás hasta se uniría a Jevil. Cuando por fin tocaría el pomo de la puerta la voz del diablillo vibró tras su oreja.

—Seam, ¿nunca te he dicho que me parece hipnotizante la forma como caminas?

Seam se paralizó sin aliento frente a la puerta cuando comprobó que Jevil estaba justo detrás de él, flotando tan tranquilamente que por un momento creyó estaría presenciando una alucinación, pero al mirar al techo donde la silueta del diablillo debía encontrarse de cabeza no había nadie y el rebote de la pelota con la que estuvo jugando estaba reduciendo hasta finalmente rodar por el suelo derrotada en su totalidad.

—¿Cómo... hiciste eso? —quiso saber, y la risa de Jevil fue casi melodiosa.

—No eres el único con trucos bajo la manga —musitó, deslizando los dedos por el hombro de Seam con cuidado, como si fuese a romperle la piel al atreverse a profundizar el contacto un poco más. Seam se tensó perceptiblemente y esto Jevil lo notó, pues pronto levitó lejos del felino, cediéndole el espacio que necesitaba para proseguir—. Te veré más tarde.

El diablillo se giró avanzando en el viento para enseguida tirarse de forma descuidada contra la cama donde Seam había estado dormido originalmente, al darse cuenta que su calor todavía no se esfumaba por completo, Jevil se acurrucó un poco más con la intención de tomarlo todo antes de que el sonido de la puerta le indicara que Seam se había marchado. Estando solo no se evitó suspirar cómodo con aquello y reír nerviosamente por el acelerado palpitar de su alma. Jamas había hecho un movimiento tan atrevido y estaba feliz por ello.

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Un nuevo día oscuro y una nueva función. Los reyes se habían reunido en la sala de trono como era costumbre para aguardar por la nueva presentación de su sorprendente mago y su gracioso bufón, los cuales habían aparecido sin falta a la hora de siempre. Seam y Jevil habían hablado poco de su espectáculo así que Seam no estaba del todo seguro si su compañero planeaba mantener el orden de siempre o pretendía cambiar algunos actos, de lo que si estuvo seguro es que no estaba comportándose igual que siempre, tal lo confirmó cuando llegó el momento de saludar a sus monarcas con una reverencia y él se había inclinado mientras Jevil se había quedado de pie sin novedad con la misma sonrisa maliciosa que lo había transformado en alguien tan reconocido desde su época como hurtador.

—Si me permiten, señores, señores... ¡Oh, grandes grandes feudales regentes del mundo oscuro! —dijo y esto impactó contra el entendimiento de los reyes y de Seam quien lo miró con evidente confusión sin deshacer la reverencia, en absoluto incrédulo—. Quisiera aclarar algunas cosas antes de comenzar. Hay una duda enorme picoteando mi cabeza.

—¿Qué te compete, estimado bufón? —cuestionó el rey de corazones.

—Es sobre la estructura del castillo —señaló—, ¿creen que una bomba sea capaz de hacerla caer o es lo suficiente resistente para burlarse de dicho encantamiento?

—Hummm, dependería de la magnitud del encantamiento —aseguró el rey de picas meditando profundamente en el tema expuesto—. Existen muchos elementos a considerar cuando se quiere echar abajo una construcción tan poderosa y antigua.

—Ya veo, ya veo —comentó Jevil urgándose los bolsillos con insistencia—. En vista de que tienen tanta confianza en la obra que nos brinda esperanza a sus súbditos, no les importará si hago la prueba, ¿cierto? —completada su frase extrajo un objeto redondo, cual diseño rápidamente alertó a los espectadores—. Afortunadamente preparé algo que nos ayudará en este humilde experimento.

—Jevil... —El felino intentó atraer la atención de su compañero pero no tuvo éxito.

—¡Con ustedes, les presentó la bomba mágica más destructiva nunca antes expuesta públicamente! ¡Comprobaremos su poder destructivo a todo color ahora, ahora!

—¡Jevil, no! —exigió Seam pero ya era tarde, Jevil había lanzado la bomba varios metros arriba, causando el pánico de todo aquel que tuviera algo de aprecio por su propia vida. El rey de picas, por el contrario, se mantuvo en su trono, expectante por lo que ocurriría.

Y mientras la bomba iba descendiendo el extraño pitido que despedía aumentaba su velocidad. Seam reaccionó lanzando una aguja conjurada por su magia para elevarla mucho más con la intención de causar el menor daño posible en quienes los rodeaban y lo logró, pues -en el instante que la aguja lo había llevado a un nivel cercano al techo- la bomba había terminado su conteo y la explosión de luces cruzó el fuego entre sí formando figuras impresionantes en el ambiente como corazones, picas, diamantes y tréboles. Maravillado, el público entero comenzó aplaudir, impresionados por el sofisticado manejo de sucesos. Al darse cuenta del efecto que aquello había causado, a Seam no le quedó de otra más que imitar las reverencias de Jevil, con el fin de mantener apariencias. Su compañero jamás le había dicho nada sobre eso así que fue inevitable que le frustrara cada uno de los trucos nuevos que ejecutó frente a los reyes, entre tales la peligrosa acrobacia de tirar y atrapar cuchillas en el viento, las cuales sin duda muchas veces le cortaron la piel, pues la eterna sonrisa que adornaba el rostro de Jevil había titubeado varias veces durante su progreso. Terminada la función, las alabanzas por parte de la realeza y servidumbre fue el triple de extasiada, por lo cual Seam pudo concluir que su trabajo estaba hecho aunque no sentía lo mismo al mirar en dirección al diablillo, cuyas manchas en las manos revelaban cuánta sangre suya había sido derramada para completarlo. Y una vez tuvieron permitido retirarse, Seam no dudó un minuto en sujetar al diablillo de la muñeca, apresurandolo camino a su habitación donde preparó los remedios necesarios para tratar sus heridas.

—Pudiste intentar ser menos temerario con todo esto —regañó acercándose a su posición en una silla acolchonada junto a una mesa de cristal—, fue muy arriesgado que jugaras con toda esa artillería sin consultarme, no sólo para nuestros espectadores, también para ti.

—Fue divertido, divertido~ —canturreó, gimiendo después de que el desinfectante tocara un nuevo corte entre sus dedos.

—Sólo piensa en lo que hubiese ocurrido si algo salía mal, tal vez incluso me hubiese visto obligado a recogerte del suelo para prepararte un funeral.

—Uehe-hee~ eso hubiese sido cómico~

—¡Usaste una bomba, Jevil! —replicó Seam apretando la mano del bufón de manera inconsciente, el diablillo se quejó en voz baja pero no se evitó mirar a su compañero directamente a los ojos, estaban tan cerca que podía sentir su aliento agitado por la furia, inevitablemente quedó embelezado por ellos—. ¡No vuelvas hacer algo así! Además, también pienso que debemos cambiar esas cuchillas por algo menos peligroso, algo con cero filo, de preferencia. ¿Me estás escuchando? —cuestionó irritado por la falta de respuesta.

—Quiero abrazarte —dijo, arrancando de la garganta del felino todo reclamo o queja que pudo intentar proferir contra el diablillo. Los ojos de Jevil yacían fijos en él, reflejando emociones de ternura y vehemencia inalterables, tan profundas que parecía a punto de perder el control de sus acciones y esto a Seam lo incomodó.

—Jevil... —El mago se reconoció nervioso pues el toque en su mano era juguetón e insistente, aunque delicado, y la cola delgada de Jevil golpeaba su cadera con suma lentitud, ofreciéndole una invitación sin interpretación—, ¿te sientes bien?

—Bien, bien... estoy bien, bien...

—Yo no lo creo... tienes mucha temperatura...

—Seam —el murmullo de Jevil fue sugerente y el ligero acercamiento de sus rostros rosó lo subliminal, el felino no estaba seguro de lo que ocurría pero la sensación de su cola siendo apretada suavemente entre la de Jevil lo ayudó a reaccionar apartándose, acción que disimuló al siguiente instante llevándose los remedios utilizados a un estante cercano.

—Descansa, pequeño bribón. Más tarde hablaremos de lo que sucedió hoy y cambiaremos un par de cosas, ¿de acuerdo?

—No quiero descansar —se quejó el bufón apretando los bordes de la silla entre sus dedos, frustrado por el rechazo recibido pero manteniendo la calma antes de levantarse y saltar un par de veces de forma animada—, apenas estamos a la mitad del conteo del reloj, seguro hay muchas más cosas que puedo hacer antes de venir a dormir, dormir, he-hee~

—Como quieras pero no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.

—¡Oh, Ya sé! ¡Juguemos un juego, Seam!

—Jevil, ahora no es-

—¡Vamos, vamos!

Antes de que Seam tuviera la oportunidad de negarse a tan tentadora oferta, el diablillo había flotado hasta él y lo había jalado de una mano fuera de la habitación mientras sostenía bajo su brazo izquierdo un tablero de ajedrez armable. Agobiado por la velocidad a la que era sometido por su compañero, Seam no se atrevió a formular nuevas replicas y se dejó llevar cruzando distintas salas hasta el Gran Salón del Castillo de Cartas. Habiendo encontrado su rincón predilecto, el bufón soltó la mano del otro y se apresuró a traer dos sillas y una mesa, sobre la cual colocó el juego de hermosas piezas de madera. Luego de una función agotadora les gustaba acomodarse en ese mismo sitio en compañía de bocadillos, para ambos había sido su parte favorita de la tarde desde el momento que se convirtieron en integrantes de la corte; lo habían convertido en tradición. Sin embargo, el semblante de Seam era negativo esta vez, pues no le apetecía jugar con Jevil debido a sus acciones anteriores, de esta manera sentía como si le estuviera mostrando una lección de vida. Pero cuando miró dentro de esos ojos brillantes y esa sonrisa ilusionada no tuvo el corazón de para aferrarse a su idea inicial así que se aproximó a su silla y acomodó sus piezas en su lado del tablero mientras una sonrisa confidente se apoderaba de sus labios felinos, compartiendo la comodidad momentánea con su amigo quien le devolvió la sonrisa, mostrado sus afilados dientes de oreja a oreja. Jevil también estaba disfrutando de ese momento a pesar de que ni siquiera había comenzado la primer ronda, pues también representaba una victoria el que Seam accediera tener este juego con él sin imponerle condiciones.

—¿Quién da inicio? —cuestionó Seam

—Humm... hazlo tú, Seam. La última vez inicié yo, yo.

—Pero la vez pasada me venciste.

—No importa, no importa. Quiero que tú hagas la primer jugada.

—Si insistes —asintió el gato purpura con un suspiro para mover su primer pieza de forma debota y desafiante—, pero a partir de este movimiento considérate miembro oficial del club de perdedores.

Jevil se cruzó de brazos y piernas sobra la silla, adoptando una postura pedante mientras movía su peón con la cola, respondiendo a la deliberada provocación. Y Seam volvió a corresponder con un gesto relajado. De esta manera el enfrentamiento prosiguió. Era en esta clase de actividades donde sus almas adquirían una vestidura de compatibilidad.