Part 3.

Una nueva y repentina explosión sofocó los rincones de la corte mientras los reyes reían con el magistral espectáculo que se desarrollaba delante de ellos. Los fuegos mágicos se distribuyeron por el terreno, entre las colosales estructuras negras, igual que serpientes voladoras, guiados por los movimientos de brazos que ejecutaba Seam desde su posición en un sitio seguro. Mientras tanto Jevil se encargaba de correr delante de las serpientes simulando huir de aquellos polvos brillantes, tropezándose intencionalmente para ganarse nuevas risas y aplausos antes de levantarse con torpeza y asegurar que estaba bien. Para finalizar el acto, Seam envió los juegos de luces danzar en forma ascendiente con un sencillo movimiento de dedos, haciéndolos estallar nuevamente sin esperar que Jevil levitaría hacia ellos y crearía nuevos encantamientos que tomaron forma de cuchillas, las cuales se deslizaron hacia él, activando su cuello de resorte antes de que estos estallaran enviándolo al suelo. Las risas continuaron y Seam corrió en su auxilio, consiguiendo su objetivo de sostenerlo antes de que impactara contra las lozas tan oscuras como las paredes, liberando un suspiro aliviado que disimuló cuando Jevil devolvió su cuello a la normalidad y levitó con suma tranquilidad a su costado para reverenciar a sus espectadores; Seam lo imitó resignado por la actuación. Los aplausos le siguieron, incitando un sentimiento de calma en el felino, pues por lo menos el duende había dejado relativamente los actos peligrosos y su comunicación había mejorado, por lo tanto no podría quejarse de las improvisaciones del impredecible bufón.

—¡Gracias, gracias! —exclamó Jevil poniéndose de cabeza y Seam sonrió.

Una vez en los pasillos Jevil y Seam se toparon de frente con una figura que andaba en sentido contrario hacia donde caminaban ellos, sonrisa altiva, mirada inquisidora y ropajes azules brillantes hicieron a los dos arrugar la nariz inconscientemente ante la nueva presencia interesada en abordarlos, y cuyo porte recto y elegante el felino rápidamente reconoció como el duque que acompañaba al rey de Picas la mayoría del tiempo.

—Buem trebajo, señorez. Maravilloze aktuasión —comentó una vez bloqueó su camino. Seam se detuvo en reacción, y -aunque levitaba- Jevil se quedó quieto junto a su compañero de trabajo descendiendo la sonrisa que había estado presente en su cara mientras comentaba detalles al azar para llenar el ambiente silencioso que los había estado rodeando—. Ez lo primmare vez que io asizto a su humilda espectacule pero ha valido honzas en oro ciertanemte.

—Gracias, supongo —Seam extendió un brazo en dirección al hombre de cabellos blancos bajo la mirada curiosa del diablillo—, ¿duque... ?

—Rouxls Kaard, pur favar —asintió el hombre respondiendo respetuosamente al saludo.

—Interesante nombre.

—Graxiaz, provienne di u llinaje familiarem.

—Tu dialecto también —observó Seam agregando una sonrisa a su expresión. Jevil, por el contrario, hizo mala cara sin apartar su vista del noble—, es una verdadera bendición que se asemeje bastante al nuestro, de otro modo la comunicación construiría una barrera.

—Pero apuesta que pura ty no significaríe muchu.

—Yo no estaría tan seguro de ello, espero que no le moleste que le pida me repita sus palabras en caso de no entenderle.

—Dezcuida, stoy acostumbrado. —El duque le dirigió una mirada suspicaz al bufón quien había alargado su sonrisa tras escucharle hablar detenidamente, el gesto parecía burlarse de él aunque Rouxls intentó mantenerse amigable en todo momento—. Ha sido un hunor tamvem ver su aktuasión, señore buffom.

Como primer respuesta, Jevil se echó a reír, demasiado divertido con el modo de hablar del noble para contenerse, más en cuanto se ganó una mirada reprobatoria de Seam se obligó contenerse las ganas de continuar riendo para tomar las manos de Rouxls, agitandolas loca y descuidadamente al mismo ritmo que se movía su cola.

—¡Al contrario, contrario! —dijo—. Estoy agradecido de que se permitiera la libertad de asisitir, siempre es gratificante tener nuevos espectadores —agregó alargando la pronunciación de la letra S en su última palabra, incluso después de liberar la mano del duque, y no se detuvo hasta que Seam le dio un golpe con el codo.

—¿Susede algo acazo? —quiso saber Rouxls claramente ofendido.

—Perdonelo, así es él, le cuesta trabajo leer el ambiente —se disculpó Seam apenado.

—¿Qué estás divulgando, Seam? ¡El ambiente y yo tenemos una estrecha relación relación! Me susurra secretos cuando nadie está ahí para leer su transparencia.

—Jevil, basta —replicó cubriéndose el rostro con una mano y bajando las orejas.

—Debe tennerlo complikade, señore Seam —le compadeció el duque con un gesto angustiado—. Nu suquiera loz plebezos tennen lo lengua tan largaa.

—¿Lengua? ¡Si, si! ¡Puedo alargarla! —exclamó Jevil de pronto—. ¡Puedo hacerlo! —el diablillo abrió la boca y dejó salir su lengua para hacerla crecer ante la mirada estupefacta de sus dos acompañantes, quienes tan sólo pudieron mirar cómo Jevil extendía su delgada lengua purpura como una goma antes de devolverla completamente a la normalidad sobre sus azulados labios.

—¿Desde cuándo sabes hacer eso, bribón? —quiso saber Seam confundido.

—Uehe-hee~ ¡Yo puedo hacer cualquier cosa! —declaró divertido con el resultado de su espontaneo experimento.

—Uegh, devo retiradme —dijo Rouxls con expresión asqueada—. Ay azuntoz por atendher.

—Oh, por supuesto. Adelante —correspondió Seam apenas consiguiendo apartar la mirada de su complacido compañero para observar la trayectoria que siguió el duque a lo largo del solitario pasillo, sus pasos creando eco mientras se alejaba. Una vez se quedaron solos, el felino suspiró y le dedicó una mirada de reproche a su todavía risueño socio.

—Jevil, tenemos que hablar.

—¿Viste su cara, cara? ¡Estaba impactado, Seam!

—Si, y yo también, pero esa no es manera de dirigirte a un duque. ¿Qué crees que pasará con nosotros si convence a los reyes de despedirnos?

—Sólo tendríamos que cargar partida otra vez. ¡Te preocupas demasiado, amigo!

—¿Cargar partida? —repitió Seam desconcertado. Ahí estaba otra vez esa señal de locura. Su compañero siempre había sido extravagante, positivo e hiperactivo pero desde aquel día que estuvo a solas en los jardines del castillo -en ciertas ocasiones- usaba términos muy extraños que aludían una solución rápida para los problemas que les amenazaban, Seam sabía que algo no estaba bien y le inquietaba bastante, pues la locura era un padecimiento grave que estaba penado en el reino pero si preguntaba su amigo eludía la pregunta o le ofrecía respuestas el doble de incoherentes. No estaba seguro si era prudente dejar que las cosas siguieran este curso—. Jevil, sé honesto conmigo. ¿Qué es lo que te está pasando?

—¿Hum? —el diablillo inclinó la cabeza a un costado—. ¿De qué hablas?

—No mientas —advirtió Seam arrodillándose a su altura y sujetándolo de los hombros, su reacción logró inquietar un poco al bufón—. ¿Qué ocurre contigo? Hace unos meses hablabas conmigo con normalidad, es posible que fueras un poco tímido pero siempre fuiste sincero. Ahora, desde nuestra última charla sobre el espectáculo, comenzaste a distanciarte no sólo de mi sino de todo el mundo. Por favor, dime qué pasa. Quiero ayudarte.

Las extremidades de Jevil habían comenzado a temblar y este fue un detalle que Seam notó. Sin embargo, la expresión sorprendida de Jevil no tardó en suavizarse antes de que sonriera con una ternura impropia de su personalidad bromista e impertinente.

—¿Estás... preocupado por mi, Seam? —quiso saber, conmovido.

—Siempre lo estoy —respondió el felino con firmeza. Jevil bufó con gracia en respuesta, pues sintió a su corazón rebosar de dicha sólo al escucharlo.

—Gracias.

—¿Me dirás entonces qué es lo que está pasando?

—No ocurre nada, nada malo. Es sólo que... conocí a un sujeto extraño y él me dijo cosas.

—¿Qué clase de cosas? —inquirió Seam suspicaz.

—Cosas sobre este mundo, cosas... interesantes. Lo son. Seam, tal vez tú también seas capaz de verlo —Seam se sobresaltó ante aquella afirmación, pues el rostro de Jevil había expresado emoción al mencionar este punto—. Nadie parece ser capaz de verlo, nadie, nadie más que yo. Pero él sólo aparece cuando estoy completamente solo. Si vas allá por tu cuenta hay una alta probabilidad de que tú lo veas. No puedo... ser el único ¿verdad?

—No sé qué estás sugiriendo...

—Esto significa mucho, mucho, para mi, Seam —replicó Jevil, posando su mano sobre una de las peludas de su acompañante quien por reflejo miró hacia ese contacto brevemente antes de devolver su atención a los ojos del duende—. Y... no estoy seguro de que pueda decirte todo lo que sé si... un jugador como yo, yo... Necesitas verlo por ti mismo.

Los dos se miraron a los ojos durante un lapso de tiempo en absoluto silencio, uno cuya extensión y profundidad secretamente encantó al diablillo. Seam suspiró unos segundos más tarde, convencido de que esta era su única opción para llegar al fondo del asunto. Si tal prueba bastaba para persuadir a su socio de hablar se sometería a sus demandas. —Está bien —asintió resignado y su respuesta inspiró una sonrisa donde el bufón mostró sus afilados dientes sin dilación—. ¿Dónde puedo encontrarme con ese tipo? —Seam se puso de pie y se cruzó de brazos mientras le dedicaba una mirada serena al otro.

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Cuando llegaron por primera vez a los confines del castillo de cartas, Seam no estaba seguro qué momento había sido la última vez que descendió en el elevador a los afueras del monstruoso edificio. Su vida como mago era tan cómoda que raras veces tenía la inquietud de explorar más allá de su habitación compartida, pues sus visitas al Gran Salón era más frecuente que sus salidas al exterior a diferencia de Jevil. Sin embargo, ahora que estaba afuera realmente lamentaba que esta sensación de paz que le generaba pisar los caminos del jardín real no hubiese sido un viaje de placer pero su mente debía ocuparse en buscar la ubicación exacta donde el diablillo le aseguró haber visto al sujeto extraño por primera vez. El lugar estaba tan solitario que Seam se encogió levemente en alerta y el constante soplar del viento ambientaba la situación como una escena digna de suspenso, por un segundo el felino reflexionó en marcharse antes de que alguna clase de peligro viniera atacarle pero se tranquilizó e impulsó tomar asiento bajo un arco de hiervas rojas, tomando la decisión de visualizar los alrededores como quien espera por la llegada de un conocido. No había nada que temer, se convenció. Aún con el testimonio de Jevil no había certeza de que alguien apareciera en verdad, y si ocurría, no había manera de que se tratara de un espectro de mal augurio; este sujeto del que hablaba Jevil debía tratarse de otro habitante Oscuro como ellos, como cualquiera. El crujido de una rama seca detuvo abruptamente su monologo interno e instintivamente dirigió la mirada en la misma dirección. Sus orejas giraron en busca de otro sonido similar pero de pronto la quietud lo había abrazado. Se levantó del asiento y caminó un par de pasos hacia la nada para olfatear la atmósfera meticulosamente; no había nada fuera de lo común pero no se conformó con estas señales, pues sus sentidos de mago le advertían sobre cierta presencia extraña que se estaba acercando, una que no podía ni debía ignorar sin importar lo que sucediera.

—Es inusual verte por aquí —la sorpresiva voz vació la atención del felino en el infinito, obligandolo volverse a sus espaldas donde el rey de Picas le solicitaba. Su gran tamaño y su expresión cruda sorprendieron al felino quien no podía creerse que ese gigantesco cuerpo se acercara hasta su posición sin hacer el minimo ruido para mostrarle ese rostro severo, un gesto amargo que únicamente en sus espectáculos lograban cambiar.

—Mi señor —le saludó Seam con una reverencia forzada, pues su pelaje aún estaba ligeramente erizado a causa de la sorpresa y esto el monarca lo notó.

—Estás un poco tenso, Seam.

—Mis disculpas, me sorprendió —explicó. Una mueca burlona se adueñó de los labios del rey quien ni siquiera se molestó en mostrar compasión por el estado de su subordinado.

—Ya veo. Un gato asustado es un gato peligroso, me alegra mucho que no hayas decidido darme un sarpazo en cuanto te volteaste.

—Mi nivel de serenidad me premia, su majestad. Sin importar cuán concentrado me encuentre no puedo permitir a mis instintos tomar el control.

—Hoy lo he comprobado —La barbilla del rey se elevó, indicando con su gesto que su mirada se había deslizado hacia donde Seam había estado mirando antes, así que el felino no pudo evitar devolver la vista también—. ¿Qué estabas vigilando? —interrogó con aparente ambigüedad. Sin embargo, Seam interpretó la amenaza en su voz cuando una de esas toscas manos alcanzaron su hombro y su intimidante sonrisa intensificó—. Espero que no hayas estado conspirando algún extraño encantamiento en tu mente de mago. Sería una lastima que un súbdito ejemplar como tú fuese alcanzado por la locura.

—No necesita preocuparse por mi sanidad mental, su majestad. Vine a este jardín para despejar mi cabeza, los preparativos para nuestras funciones han sido muy exigentes estos días —mintió, procurando mantener a Jevil fuera del esquema. El rey de Picas podía ser aterrador sin siquiera esforzarse y él compartía la opinión de su socio sobre él. Más que su posición como rey, su simple presencia provocaba completa inseguridad.

—Bien —el rey apartó su mano del cuerpo felino para tomar una postura relajada—. Me enorgullece que apliques estos métodos para mantener tu eficiencia. Tal vez deberías sugerirle a tu amigo hacer lo mismo. Rouxls cree que le falta un tornillo.

—Es imposible. Jevil sólo es... demasiado excéntrico.

—Puedo corroborar eso. No he hablado con él tanto como contigo pero sin duda es el tipo de sujeto que como es en su acto lo es en su estado natural.

—... Si —asintió Seam un tanto incomodo, lo que menos quería era que la conversación los llevara a cuestionar la naturaleza de su socio, en especial ahora después de lo que acababan de hablar en el pasillo, pues los riesgos eran demasiados y no quería que nadie se enterase cuando una aparente locura significaba un grave riesgo.

—En fin, estaba pensando que sería agradable que dieras una función privada a mi hijo.

—¿Ocurre algo con el príncipe Lancer?

—Ha estado un poco triste desde que su madre se marchó y últimamente no he tenido tiempo para pasar tiempo de calidad con él... ¿Te importaría? —Con un gesto de su brazo, el rey de Picas invitó a Seam acompañarle y el felino purpura no tuvo más opción que avanzar a su lado por mucho que deseara negarse a su petición; su encuentro con el sujeto misterioso del cual había hablado el bufón tendría que esperar.

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Por mucho que Seam alardeara sobre su nulo gusto por los niños, debía admitir que el príncipe Lancer contaba con un encanto que incluso hechizaba a alguien tan agrio y falto de tacto como él. Mostrarle sus trucos mágicos y maravillar esa brillante mirada infantil era reconfortante en cierta forma y no podía quejarse de entretenerlo en ocasiones especiales como esta donde su progenitor parecía negligente a divertirlo él mismo, después de todo esta no era la primera vez que el rey de Picas lo solicitaba, y aunque muchas veces Seam estuvo tentado aconsejarle, al final siempre accedía con la sumisión incondicional de un esclavo. Una vez había terminado no dudó marchar de regreso a su habitación, encontrando a un ansioso Jevil siquiera abrió la puerta -y a pesar de que lo sorprendió- no quiso darle la satisfacción de ver su desconcierto provocada por esa sonrisa afilada.

—¿Cómo fue, fue? Pudiste verlo ¿cierto, cierto?

—Si iba a tener ese encuentro con él me temo que el rey de Picas nos interrumpió —Seam se alzó de hombros, restandole importancia, la sonrisa de Jevil descendió con sus palabras.

—¿El rey? —la mirada del diablillo se había vuelto sombría ante el recuerdo de aquel oscuro mientras Seam terminaba de cerrar la puerta y se encaminaba a su cama—. ¿Qué quería contigo? —interrogó bruscamente, Seam quiso ignorar aquel acento receloso que solían ocupar los labios de su compañero cuando hablaban del segundo rey a cargo.

—No es nada, quería que alegrara a su heredero. Creo que la estaban pasando muy mal, cuando llegué a la habitación estaba llorando ruidosamente dentro de su cuna.

—¿Y por qué no vino buscarme a mi? —el nuevo acento celoso de Jevil fue evidente así que Seam no pudo evitar dirigirle una mirada burlona.

—Vamos, no olvides que cada vez que vas solo lo haces llorar, era obvio que yo sería la mejor opción para tranquilizarlo.

—¡Eso es injusto, injusto! ¡Yo puedo ser un mejor entretenimiento que tú! —declaró con excesiva energía, Seam se dejó reír con aquel gracioso temperamento. Entonces el diablillo controló su cambiante estado de ánimo para dar un giro a la conversación y regresar al tema que realmente le interesaba intercambiar—. De cualquier modo, Seam. Tienes que volver a intentarlo. ¡Te sorprenderá mucho! Ese hombre habla con las manos.

—... Odio decirlo, Jevil —El felino dejó su actividad para enfrentar a su compañero de cuarto mientras tomaba asiento en el borde de su cama, buscando la manera de ser lo más amable posible, después de todo era consciente de lo delicado que era este tema para Jevil y lo importante que le parecía—, pero dudo que pueda encontrarme con el tipo del que hablas. No estoy descartando posibilidades pero tu encuentro con él podría tratarse de algo que sólo tú tienes permitido ver. Ya sabes, algo parecido a la profecía de los elegidos. ¿Has pensado que pudiste ser seleccionado entre los oscuros para una misión? Si así fuera, aunque yo lo intentase, sería incapaz de ponerme a tu nivel ¿entiendes?

—¿Qué insinúas?

—Yo no soy alguien especial, en realidad el que yo esté aquí en el castillo lo atribuyó a un golpe de suerte. Si no te hubiera conocido en el campo probablemente jamás hubiese tenido la oportunidad de trabajar para la realeza.

—¿Significa que... no quieres verlo conmigo, conmigo? —cuestionó Jevil desalentado, bajando la cabeza con semblante entristecido. Seam reaccionó instantáneamente.

—No es eso. Quiero decir... es muy posible que no pueda.

—¿Crees que estoy loco?

—Jevil... —Seam se sintió acorralado, sin saber qué más argumentos usar, estaba caminando por una senda de espinas y no quería lastimar a su camarada con la conclusión a la que ya había llegado desde que todo comenzó.

—¡Quizás esté loco, loco! —exclamó Jevil, impresionando al felino por su cambio de humor, de repente se le veía tan feliz—. Ese sujeto dijo que así me verían todos una vez fuera libre —Jevil se aproximó a Seam quien instintivamente se hizo para atrás cuando el rostro del diablillo estaba cerca de impactar contra su nariz—. ¡Puedo entenderlo todo, Seam! Ahora me doy cuenta de que todos, todos, somos jugadores, y cada uno deberá seguir su ruta para concluir el ciclo, ciclo. Y cuando ese momento llegue... Seam, ¿serás tú quien me llevará a la libertad?

—¿Eso es lo que quieres? —quiso saber, tragando saliva con dificultad.

—Tal vez sea tu propio destino, destino —las pequeñas manos del diablillo sujetaron las de Seam tiernamente, quien ni siquiera se inquietó por su acción—. Tenía la esperanza de que ambos caminaríamos por el mismo sendero. ¿Tal vez me estaba cegando a mi mismo?

—¿Por qué crees eso? —interrogó. Las manos de Jevil eran cálidas, Seam reconoció que el ameno contacto no le molestaba en lo absoluto y en realidad se sentía cómodo con ellas rodeando las suyas. En esos momentos sentía que jamás las dejaría ir.

—Por la misma razón, razón, que tú crees fui elegido. Es cierto, el hombre que habla con las manos me reveló cada secreto de este mundo. Lo sé todo, como dijiste, fuí encomendado a una misión. La reina volverá —Seam sintió que una descarga de electricidad nacía desde las profundidades de su alma al escuchar esta información, como una advertencia de muerte estimulada por sus instintos de supervivencia. En ningún instante, los ojos de Jevil se apartaron del rostro del otro, apreciando la forma en que su rebelde pelaje purpura señalaba en todas direcciones como las extremidades de un sol que nunca había visto y no tendría la oportunidad de admirar—. Yo quería que vinieras conmigo —agregó con acento desilusionado. La repentina declaración consiguió alarmar por completo al felino quien afianzó el agarre que compartían entrelazando sus dedos.

—Jevil, lo que sea que estés pensando hacer, no lo hagas —aconsejó—. Te encerrarán, pasarás el resto de tu vida en prisión. Aún podemos prevenir las cosas.

—Gracias, Seam. Por todo, en serio —Jevil se liberó del contacto de aquellas suaves patas levitando a una altura conveniente para seguir mirando a los ojos de su socio—. Iré a estirar las piernas. Uehe-hee~ ¡Ha sido un día agotador!

—Jevil —Seam se levantó al verlo alejarse, presintiendo lo peor.

—Tranquilo. Simplemente iré a despejar la cabeza cabeza. —La elección de palabras no hicieron más que mortificar al felino con mayor intensidad.

—No puedes engañar a mis instintos, bribón —reprendió Seam tomando una postura amenazadora—. Puedo percibir una inmensa sed de sangre emanando de tu figura.

—No soy un asesino, asesino, Seam —comentó el bufón sin menguar su sonrisa—. Jamás me atrevería lastimar a nadie. ¿O es que vas a privarme de mi libertad manteniendome aquí? —Seam bajó la cabeza, ocultando nuevamente sus garras bajo su pelo purpura, cediendo a su debilidad por aquel diablillo más que a su deber como integrante de la corte real—. Eso pensé pensé... te veré más tarde, querido socio.

El bufón volvió a darse la vuelta para salir de la habitación flotando, sin siquiera molestarse en cerrar la puerta trás su cola. Seam no hizo más que volver a desplomarse en la cama con las energías disipadas de su organismo, completamente vencido por la razón. Se llevó una mano a los ojos, refregandolos con obvia frustración. Sabía que no era una buena idea dejar a Jevil sin supervisión después de que le hubiera confesado los motivos de su comportamiento, a pesar de que aún quería creer que su locura había tomado todo de su ser; pero el que nombrase a la reina con tanta seriedad aludía todo lo contrario de sus crueles suposiciones. Jevil sin duda tenía mayor conocimiento del que había demostrado anteriormente y su encuentro con ese misterioso hombre que habla con las manos debía tratarse de algo tan grande como la partida y aparente retorno de la reina. El mundo oscuro yacía en relativa armonía porque cuatro reyes habían sido elegidos para controlar la decadencia que dejó el abandono de los Seres de Luz, pero desde un principio esto no era más que una fachada capaz de romperse con un descuido, y si ese descuido resultaba ser Jevil el reino atravesaba un grave problema de equilibrio. Pero si informaba sobre esto a los monarcas el caos no tardaría en desatarse y la vida de su socio estaría en riesgo. Estaba claro que no quería ser quien se enfrentase a la única agradable compañía que había conservado en años; el único sujeto que podría llamar amigo. Seam estaba sufriendo un inmenso dilema y no estaba seguro qué camino tomar para obtener un resultado positivo, pues así como deseaba que Jevil continuara convida, no quería que el reino se rompiera por completo. Amaba tanto su realidad que el mínimo soplo de cambio sería devastador para su psiquis.

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Mientras tanto, el flote sutil de Jevil desplazandose en linea recta por los pasillos apenas alteraron el silencio que balanceada atmósfera por la que surcaba. Por fuera podría verse tranquilo, incluso normal, pero por dentro una tormenta de emociones sacudían su cuerpo hasta las profundidades de su alma. Tantos pensamientos y rencores transitandolo lograron colapsar la facilidad de su sonrisa, cuya naturaleza traviesa rápidamente fue reemplazada por un corte de malicia tan marcado que incluso ayudó hacer brillar sus pupilas, despidiendo un resplandor carmesí usualmente blanco y puro como un niño recién nacido. Estaba convencido de lo que debería hacer una vez las sombras del castillo le dieran la señal, así que se anticipó formando la cuchilla del diablo, la cual tomó entre sus manos con una excitación inmensurable, ansioso por comenzar. Y aunque todavía lamentaba que no recorrería la misma vereda de Seam, se aseguraría de disfrutar al máximo el desafío que este retador juego de números le tenía preparado en el futuro.


*Odié escribir los diálogos de Rouxls. Sé que hubiese sido más sencillo ignorar su rara forma de hablar pero quería mantener la esencia del juego aunque tal vez no me quedó tan bien como habría querido. Ojalá no les hayan sangrado los ojos al leerlo.

Notas Finales: ¡El siguiente capitulo contendrá gore! Y también le habré brindado por fin su debido desenlace a este divertido proyecto. ¡Estén atentos a la próxima actualización! Ya falta poco.