Pareja:UsUk, AlfredxArthur etc.
Disclaimer:Todavía no logró que Himaruya-Sama me seda los derechos de sus personajes, pero esperen (¿?)
Summari:
Advertencia: No tengo idea, ya les lance la bomba desde el capítulo anterior XDDD Pero oh esperen, soy yo la escritora muajajajajajajajajaj
Notas de inicio:
¡God! Una disculpa de verdad, sí he estado activa por si lo dudan, lo que sucede es que esto de ir actualizando mis historias una por una hace que parezca que abandono mis trabajos por eternidades enteras u.u
No es la intensión, lo saben, sé que muchos esperan esta historia más que las otras por eso me pase sobre The Writer para actualizar esto antes y por supuesto que coincidiera con estas fechas llenas de las criaturas de la noche XDDDD
Y bueno, para no alargar más esto adelante, pasen a leer :3
One, Two, Three ¡Go!
~*~ El Fantasma del Tren ~*~
Alfred no podía negarlo, los nervios lo invadieron en cuanto el tren de la noche avanzo con aquel estridente sonido metálico, toda la tarde había evitado pensar en el tema, a él siempre le habían aterrado los fantasmas pero Arthur era diferente.
Además si Arthur de verdad fuera malo había tenido oportunidades suficientes para hacerle daño y en lugar de eso solo se había dedicado a hacerle compañía, quizá el mismo Arthur buscaba compañía y por ello se aparecía todas las noches en aquel tren.
¿Cuánto tiempo había estado viajando solo en aquel tren? ¿Cuándo había muerto? Y lo más importante ¿Por qué había muerto? ¿Por qué su espíritu se había quedado atrapado en ese tren?
Alfred sintió un escalofrío recorrerlo, era inevitable para él temerle a los fantasmas, todo había iniciado en su infancia, su hermano Matthew le había jugado una broma que más tarde se volvió su mayor miedo.
Una noche Alfred se había despertado y se había encontrado la cama de su hermano vacía, escuchó ruidos en el armario y fue a revisar sin esperarse lo que encontraría ahí dentro, cuando abrió la puerta su hermano le había lanzado una sábana blanca con una cara espantosa pintada en el centro, Alfred se había enredado con la sabana intentando huir de ella y el pánico lo había hecho llorar como un histérico, solo tenía seis años en ese entonces.
Tuvo que ir a varias terapias para que al fin lograra abrir su armario por sí mismo, Matthew se deshizo en disculpas los años siguientes y prometió no volver a hacerlo pasar por algo así, pero eso no había borrado el miedo y el trauma permanente que le dejó.
El tren se detuvo en la estación tres, Alfred paso saliva y se preparó para enfrentarse a su mayor miedo, cuando Arthur subió al tren el aire se volvió más frío a su alrededor, Alfred jamás había prestado atención a ese detalle, pero ahora que estaba más consciente de todo lo notaba con claridad.
Como de costumbre Arthur le dio una sonrisa amable y se sentó a su lado.
—¿Por qué tan serio? — Preguntó Arthur mirándolo de reojo, Alfred se preguntó si todos podrían ver a Arthur o solo él podía hacerlo.
—Por nada en especial…— Alfred trato de sonreír sin mucho éxito, no es que Arthur le causara tanto pánico pero de pronto volvió a sentirse mal por él, Arthur era demasiado joven para haber muerto.
—Bueno, es bastante obvio que estas deprimido por algo, entiendo que no quieras decirme, apenas y nos conocemos… pero si necesitas hablar con alguien yo te escucharé ¿De acuerdo?— Por un impulso tonto Alfred buscó la mano de Arthur, de nuevo se sorprendió por lo sólida que se sentía ¿Todos podrían tocarlo o solo él podía hacerlo?
Entrelazó sus dedos con los de Arthur y aunque la sensación helada le escalo por el brazo se negó a soltarlo, Arthur lo miró sorprendido con la acción y desvió la mirada claramente sonrojado.
—¿Todavía no olvidas mi broma del otro día o qué? — Preguntó Arthur cada vez más rojo por el contacto.
—Nada de eso, y creo que aunque fuera cierta no me darías miedo…— Contestó Alfred con decisión, por supuesto que todavía no estaba seguro si Arthur era consciente o no de su condición pero Alfred no estaba asustado, aunque no entendía nada sabía que Arthur no lo iba a lastimar y eso lograba controlar su miedo.
—Ayer no parecía ser cierto… tu cara de pánico me lo dijo todo…— Murmuró Arthur con la voz más titubeante de lo normal, Alfred notó que su mano temblaba un poco bajo la suya ¿Un fantasma nervioso? Eso era tan absurdo que Alfred notó como su ánimo mejoró de inmediato, Arthur estaba muy lejos de ser un fantasma común y corriente.
—Creo que mi miedo era por verte desaparecer o algo… Si me dejas solo en el tren me enojaré mucho contigo…— Comentó Alfred con una sonrisita mucho más animada que antes, la mano de Arthur tembló un poco más y su rostro se sonrojo hasta cubrir sus oídos.
—¿Q-que tipo de amenaza es esa?— Preguntó Arthur con la voz temblorosa, Alfred se olvidó de todo, Arthur solo era un chico, vivo o muerto.
—No es ninguna amenaza, es más bien una petición… No desaparezcas ¿De acuerdo? — Alfred lo miró con una sonrisa deseando que Arthur cumpliera su petición.
—Qué extraño estas actuando hoy— Murmuró Arthur sin atreverse a mirar a Alfred a la cara, Alfred se dio cuenta que en efecto, había perdido la cordura por un segundo.
—¿Te molesta? — Preguntó Alfred de pronto preocupado.
—Nunca dije que fueras molesto, dije extraño…— Corrigió Arthur de inmediato reafirmando con suavidad el agarré. —Y supongo que ya que estas deprimido no puedo negarme a tu petición… No voy a desaparecer, así que anímate ¿de acuerdo?— Alfred se sorprendió un poco de la energía con la que Arthur había dicho aquellas palabras.
—¿Lo prometes?— Arthur al fin lo miró a los ojos y Alfred pensó que podría caer perdido en aquellas verdes esmeraldas ¿Cómo podía la gente siquiera pensar que aquellos ojos te iban a maldecir? Eran mucho más amables que los de la gente viva.
—Lo prometo…— Un alivio entero lo invadió de pronto, se dio cuenta que de verdad había temido aquello, el que Arthur fuera a desaparecer de un momento a otro, tal y como había aparecido en su vida, tal y como lo hacían los fantasmas.
Cuando levantó la mirada notó que ya estaban por entrar a la décima estación, sin embargo se sentía mejor, más tranquilo y lleno de confianza, todo por una simple promesa con aquel fantasma.
—Te veré mañana Artie…— Alfred sonrió completamente animado de nuevo, Arthur desvió un poco la mirada pero se las arregló para responder un simple "sí".
Cuando Alfred bajo del tren la sensación de haber mantenido la mano helada de Arthur entre la suya se le quedó grabada un buen rato, como un recordatorio de que los fantasmas eran reales, tan reales como para poder tocarlos.
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Estuvo tratando de evitar aquello pero la curiosidad le ganó por completo, con un suspiro derrotado tecleó en su computadora el nombre letra a letra.
"Arthur Kirkland"
Supo que sería difícil dar con el correcto pero no perdió la esperanza, se desplazó de página tras página leyendo con rapidez los articulos y descripciones.
Agregó la palabra "Tren" a su busqueda y la busqueda se filtró un poco, al tercer articulo lo encontró, un nudo se formó en su garganta al ver la imagen de Arthur en una foto en blanco y negro.
Estaba en una pagina de personas desaparecidas, tenía la descripción física correcta, joven de 17 años, cabello rubio, piel blanca y ojos verdes, procedente de Inglaterra.
El reporte anunciaba que había sido visto por última vez en la estación 3 de la ruta que Alfred tomaba, y solo decía comunicarse con la familia Kirkland si lo has visto y por supuesto había un teléfono al que se debían comunicar en caso de ver al desaparecido.
Alfred buscó fechas y se sorprendió bastante con lo antiguo que era el anuncio, era de casi 30 años atrás, miró el teléfono que aparecía en el artículo y lo anotó en su propio teléfono guardando el contacto.
Decidió que no llamaría hasta que tuviera una buena excusa pensada, no quería parecer ese tipo de gente que se contactaba con los familiares y les decía algo como "tú familiar se contacto conmigo desde el más allá y me dejó un mensaje para ti". Además ni siquiera estaba seguro de si había algo que decir a su familia, quizá era mejor no meterse en esas cosas.
Lo siguiente que buscó fueron los accidentes que habían ocurrido alrededor de aquella estación, no encontró nada y eso se le hizo extraño, si Arthur no hubiese muerto ahí su espíritu no estaría aferrado a ese tren.
¿Todas las almas vagaban así después de la muerte? ¿Su familia sabía que Arthur había muerto? ¿Habían quemado o enterrado su cuerpo?
Con la última pregunta su corazón se estremeció y una lágrima resbaló por su mejilla hasta su barbilla, no quiso ni imaginar a Arthur metido en un ataúd, la simple imagen le rompería el corazón en mil pedazos.
Trato de borrar la idea de su cabeza y con la misma rapidez se limpió el rostro, recordó al Arthur sonrojado de la noche anterior y se quedó con ese pensamiento, cerró su buscador, dejó caer su cabeza hacía atrás y se hizo una pregunta más difícil que las anteriores.
¿Cómo iba a reaccionar Arthur si Alfred le decía toda la verdad?
¿Que tal si Arthur no podía avanzar, a donde quiera que los muertos fueran, debido a que todavía no aceptaba su propia muerte?
Sus compañeros de clase llegaron a sacarlo de sus pensamientos, tenía que apresurarse a su entrenamiento y por suerte fue lo suficientemente duro para hacerlo olvidar cualquier cosa.
Cuando la noche cayó ya no sentía gran parte de su cuerpo, se arrastró como pudo a la estación y subió en el vagón de siempre solo para desplomarse en el asiento y tratar de no volver a moverse en lo que restaba del año de preferencia.
Arthur subió y se sentó a su lado sin hacer un solo ruido, las preguntas amenazaron con rondar en su mente pero estaba tan cansado que ni siquiera llegaron a formarse.
—Luces terrible…— Murmuró Arthur un tanto burlón, el tren empezó a avanzar y Alfred soltó un suspiro lastimero como respuesta.
—El entrenador estaba muy motivado hoy…— Comentó Alfred con una sonrisa débil.
—Pero te vez más animado ¿Se solucionó tu problema de ayer? — Arthur lanzó la pregunta tan sutil y casual que cualquiera llegaría a pensar que solo preguntaba para ser educado, pero después de lo que le había dicho la noche anterior y los nervios que había mostrado Alfred dedujo que realmente estaba preguntando por interés.
—No lo sé… no era un problema en realidad, era algo como estar triste y solo eso… sin una razón en especial…— Mintió Alfred encogiéndose de hombros, Arthur pareció creerle.
—Todos tenemos ese tipo de días…— Murmuró Arthur como si nada.
—¿Puedo preguntarte algo? —
—Dime…— Alfred pensó un poco la pregunta antes de lanzarla, no quería sonar sospechoso y tampoco quería revelar nada de lo que había estado investigando.
—¿Recuerdas lo que hiciste ayer al llegar a casa? Ya sabes, el tipo de cosas como hacer tu tarea, cenar con tu familia o darte un baño…— Alfred quería ir poco a poco, irle dando a Arthur señas de su condición, decidió empezar por ahí, quizá Arthur no recordaría y eso le daría la clave para que él mismo empezara a preguntarse el por qué.
—¿Qué clase de acosador eres? ¿De verdad quieres saber si me di un baño o no anoche? — Alfred se sorprendió con aquello y no pudo evitar el sonrojo escandaloso en su rostro, quizá no había elegido las palabras correctamente.
—¡No me refería a eso! — Aclaró de inmediato y Arthur se echó a reír dejando en claro que solo estaba jugando con él.
—Bueno, si de verdad quieres saber mi rutina si, hago mis tareas, ceno con mi hermano y tomó un baño antes de dormir… De verdad que eres extraño para preguntar ese tipo de cosas…— Alfred en efecto se sintió como un acosador.
—No es eso… No es que este acosándote— Murmuró sin saber bien como debía defenderse, no podía decirle a Arthur la verdadera razón de sus preguntas.
—Solo bromeo, no creo que lo seas…— Arthur le sonrió con una ternura y sinceridad que Alfred sintió que su cuerpo volvía a la vida con esa simple sonrisa, se olvidó del cansancio y de nuevo sintió ese impulso por entrelazar sus dedos con los de Arthur.
Como sí el británico le leyera la mente sus manos se rozaron ligeramente, Alfred no lo pensó más, el contacto no le molestó en lo absoluto, se iba acostumbrando a aquel tacto helado y escalofriante.
—Artie, quiero ayudarte…— Confesó Alfred de pronto dándose cuenta él mismo de que quería hacerlo, quería descubrir cómo había muerto ese chico y por qué su alma seguía ahí atrapada.
—¿A qué? — Preguntó Arthur mirándolo con curiosidad, Alfred le sonrió un poco recordando que todavía no podía decirle nada al respecto.
—A lo que sea, quiero estar ahí cuando me necesites y no solo me refiero a hacerte compañía en este tren cada noche…— Contestó Alfred para despistarlo un poco, Arthur lo miró y de nuevo pareció ponerse nervioso con las palabras que Alfred le estaba diciendo.
—Eres demasiado extraño en serio… no sé a qué viene eso, apenas y nos conocemos… Pero… G-gracias, supongo…— Murmuró Arthur de lo más abrumado, Alfred tenía una terrible forma de expresarse con palabras, todo lo que decía siempre sonaba mal o extraño, aquello había sido tierno hasta cierto punto pero Arthur no sabía bien cómo interpretarlo.
¿Le estaba diciendo que fueran amigos? Eso era lo más lógico, pero había algo más ahí que Arthur no supo cómo interpretar.
¿Alfred se le estaba declarando? No sabía qué pensar al respecto, nunca nadie se le había declarado, y menos aún un chico al que apenas y conocía.
—Ya se acerca tu parada, será mejor que te prepares…— Comentó Arthur soltándose del agarre de Alfred, Alfred por su parte lo librero sin más, se estiro un poco y se levantó con su mochila al hombro.
—Te veré mañana, Artie…— Alfred salió del tren y por suerte su cuerpo no se sintió tan pesado como antes, Arthur se despidió con la mano mientras las puertas se cerraban.
Alfred lo observó como de costumbre y se sorprendió un poco al notar que Arthur no se transparentaba como las dos últimas veces que se había quedado mirándolo ahí, no entendía nada de nada, su cabeza iba a estallar de tanto pensarlo, pero no le importó mucho, quizá Arthur se veía más real a sus ojos porque él así quería verlo.
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Al día siguiente Alfred estaba cada vez más decidido a resolver el misterio de Arthur ¿Qué clase de hero sería si no ayudara a aquel fantasma solitario?
En una rato libre subió hasta la azotea del edificio en el que estudiaba y antes de poder arrepentirse marcó el botón de llamada sobre el contacto que había guardado el día anterior.
"Scott Kirkland ¿Quién habla?"
La voz era de un hombre, sonaba seria, nada parecida a la amabilidad que tenía la voz de Arthur, era una fortuna que el mismo hombre que atendió su llamada le dijera su nombre.
"Kirkland"
El mismo apellido de Arthur, Alfred se preguntó si era su padre, de pronto los nervios lo invadieron ¿Qué debía decir? ¿Qué llamaba un amigo de Arthur?
Estaba a punto de decir eso cuando recordó que Arthur llevaba muerto casi 30 años y Alfred ni siquiera cumplía los 18 todavía.
"¿Hola? ¿Hola?"
Escuchó la voz en el teléfono y sin saber que decir o hacer terminó pulsando el botón de colgar, aquello era un desastre, la próxima vez debía pensar de verdad lo que iba a decir antes de llamar.
El sonido de llamada de su celular lo asusto un poco por lo inesperado, en la pantalla aparecía como llamada el contacto de los Kirkland, los nervios lo invadieron y quiso colgar pero apretó el botón equivocado y terminó contestando.
"Tengo una llamada de este número ¿Es una broma? Porque si lo es no es divertido, sé de dónde conseguiste este número y sé con qué intensiones marcaste, así que será mejor que hables"
Alfred sintió la intensidad de cada palabra, intento decir lo que fuera pero nada salió de su boca.
"Déjame adivinar, es sobre mi hermano ¿no? Me vas a decir que lo encontraste y luego te vas a reír de mí… Pues bien, te meterás con la persona equivocada, puedo rastrear cualquier número…"
Aquella voz realmente sonaba molesta, Alfred sintió miedo y decidió hablar de una vez antes de que las cosas empeoraran.
—Lo siento, yo… n-no es una broma, lo juro…— Murmuró Alfred con timidez, un silencio tenso se hizo al otro lado de la línea.
"¿Entonces? ¿Para qué marcaste?"
Alfred sintió un nudo en la garganta con la pregunta ¿Para qué había marcado?
—Escucha, solo quiero saber más sobre el asunto de Arthur… yo, no puedo decirte mis razones ya que no vas a creerme y pensaras que de verdad estoy intentando jugar una broma… es muy complicado, solo quiero saber cómo murió— Un nuevo silencio se formó en la línea.
"Vete al diablo, idiota"
Y con aquello la llamada se cortó
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Continuara…
Chan, chan, chan chaaaaaan –inserte aquí al cuervo ese del meme XDDD-
Bueno ya, no sé qué decir, quiero que esta historia no se vaya a lo sad pero no encuentro cómo hacerlo porque pues, ya saben…
Me encantaría decirles que no, Arthur no está muerto pero tristemente si lo está y pues supongo que ustedes se preguntan lo mismo que Alfred al respecto, por ello ya decidí de qué irá el cap que se viene ¡Espérenlo!
Esto tenía que haber estado listo ayer pero la tecnología me odia y creo que no fue mi día pese a lo animada que estuve… en fin, mañana les subo otra cosilla (one-shot) de terror porque acá en mi país se celebra el "Día de muertos" así que ya saben :3
Siento que esto va muy corto pero ya me acostumbre a irlo actualizando así, quizá más adelante intente alargar más los capítulos, no sé, quizá XDDD
En fin, sean felices, coman muchos dulces y tengan dulces pesadillas muajajajajaja ¡Chao!
