Pareja:UsUk, AlfredxArthur etc.
Disclaimer:Todavía no logró que Himaruya-Sama me seda los derechos de sus personajes, pero esperen (¿?)
Advertencia:Mmmm... ¿Aquí es donde debo poner como advertencia la muerte de un personaje? Pero ustedes ya saben que está muerto... ¿Entonces?
Notas de inicio:
Vale, esto va como compensación de algo, no sé bien de qué pero de algo será XDDD Me siento culpable y quiero borrar ese sentimiento (¿?)
Quizá por el largo abandonó de esta historia, quizá por lo corto del capítulo anterior, quizá porque mi bloqueo pasado fue monumental... ¡Qué sé yo! Por algo será y a ustedes les conviene eso así que no se diga más...
¡Extra de esta historia!
Será algo corto, pero igual va con mucho amor, espero que lo disfruten.
One, Two, Three ¡Go!
~*~ El Fantasma del Tren ~*~
A veces sus recuerdos eran borrosos... como sueños de otro soñador.
Arthur recordó la pregunta de Alfred "¿Recuerdas lo que hiciste ayer al llegar a casa?"
Sí, lo recordaba, pero era exactamente lo mismo que había hecho el día anterior y el anterior, y el anterior a ese.
Su cabeza empezó a doler un poco mientras caminaba haciéndolo trastabillar en sus pasos, se sintió tan débil que creyó de pronto que ni siquiera podría sostenerse en pie por mucho tiempo.
Sus rodillas tocaron el suelo y sus ojos se cerraron, algo estaba mal, tenía miedo.
Su memoria se precito al pasado y de pronto el escenario a su alrededor cambio, estaba en la estación tres, acababa de salir del colegio al que sus padres lo habían inscrito al llegar a América.
No se sentía cómodo en ese lugar, pero tampoco era como que pudiera regresar a Londres por su propia cuenta, su padre había sido trasladado a Estados Unidos por trabajo y toda la familia se había tenido que mudar, en un solo parpadeo había cambiado la tranquilidad de su hogar por esa otra ciudad extraña y desconocida a la que poco a poco se iba acostumbrando.
El sonido metálico le aviso que el tren llegaba, colocó el separador a su libro y espero a que las puertas se abrieran, un hombre se ubicó justo frente a él en el vagón que Arthur había elegido.
Siempre elegía los primeros vagones, aunque iba muy solos él ni lo notaba porque en general pensaba que el tren se vaciaba en algún punto del recorrido.
Las puertas se cerraron y como siempre Arthur retomó su lectura con la poca luz que le proporcionaba el vagón, era un largo recorrido de 9 estaciones hasta llegar a la suya y por ser tan noche todo era demasiado silencioso, al menos sin contar el traqueteo constante del tren al avanzar por las metálicas vías.
El hombre que había subido con él al mismo vagón lo miraba fijamente desde su asiento, Arthur incluso sentía la mirada sobre él, pero prefirió no hacer contacto visual.
Era tarde, estaba solo y creyó que si miraba al otro iban a empeorar las cosas. Podía solo tratarse una persona aburrida, pero si se tratase de algún tipo de acosador entonces devolverle la mirada podría ser peligroso.
Una sensación de incomodidad lo invadió, apenas y podía enfocar la primera línea de su página frente a él y ni que decir de lograr darle un significado. La mirada constante lo ponía muy nervioso.
Cuando bajo el libro derrotado para enfrentarse al tipo que lo miraba, el hombre ya estaba ahí, tan cerca que Arthur ni siquiera pudo escapar o gritar. No tuvo tiempo de defenderse del ataque. No pudo pensar en nada.
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Cuando sus ojos se abrieron de nuevo estaba acostado boca abajo en el vagón del tren, era ligeramente consciente de la vibración bajo su cuerpo, el tren seguía avanzando, su libro estaba más allá, con algunas páginas dobladas, la cabeza le dolía tanto.
No duro mucho consciente.
Su mirada se enfocaba solo para oscurecerse de nuevo, se preguntó si estaría en un sueño, no sentía miedo o incomodidad por la posición en la que estaba, de hecho, apenas y sentía algo que no fuera el movimiento del tren y el dolor de cabeza.
Alguien lo jalo hasta que las luces del tren lo cegaron, siempre se quejaba de la mala iluminación y en ese momento las luces le parecían demasiado brillantes, estaba boca arriba esta vez, una sombra negra le tapó la luz de pronto. Pudo ser el hombre de antes, pudo ser cualquier persona, estaba tan mareado que no podía distinguir nada.
Un peso nuevo sobre él.
Una presión insoportable en su cuello.
La falta de aire.
La lucha fallida y entorpecida.
Se estaba ahogando y él intentó manotear como si estuviera bajo el agua e intentara salir a la superficie.
Las lágrimas que resbalaban de sus ojos hacia sus oídos.
El tren seguía avanzando.
La comprensión de lo que está por venir.
El último respiro desesperado que no llegó jamás a sus pulmones.
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Después. Nada.
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Arthur miró frente a él, el sonido del tren era tan ensordecedor al llegar a la estación que sintió que lo había sacado de un sueño extraño.
Sentía la cabeza como si algo lo hubiese deslumbrado demasiado, ese tipo de sensación que no llega a ser dolor de verdad, pero está ahí para molestar un poco.
Le costó enfocar el panorama frente a él, pero por el ruido sabía que era el último tren. Debía abordar porque ya no habría otro. Odiaba salir tan tarde del colegio, pero no había nada que hacer al respecto.
Además de pronto sentía un incómodo dolor de garganta, pensó que quizás iba a enfermarse por el clima. Empezaba a hacer más frío por lo cerca que estaba el invierno.
Cuando al fin abordo en el vagón tres Alfred estaba ahí sentado esperándolo.
Se acercó a él con tranquilidad, no iba a llegar a admitirlo, pero Alfred comenzaba a caerle bien, quizás más que eso.
Era raro hablar con el chico porque Arthur no hablaba con nadie en sus recorridos, el tren siempre iba tan vacío que no había nunca nadie con quien hablar, pero la compañía de Alfred le sentaba bien cada noche.
El chico lo miró con cierta tristeza, ya con ese era otro día en el que Alfred se mostraba deprimido, Arthur no sabía nada de su vida, pero no pudo evitar preocuparse, un chico como aquel no parecía de las personas que se deprimieran con facilidad.
—¿Sucede algo? — Preguntó Arthur con suavidad, deseaba poder ayudar a Alfred, aunque solo compartían esos recorridos.
Era consciente de que no podían llamarse amigos, pero de verdad tenía esas ansias de ayudar a Alfred en lo que pudiera.
Alfred negó un poco y le dio una sonrisa algo dulce, Arthur soltó un suspiro al notar la mano de Alfred sobre la de él. Se sintió algo decepcionado de que Alfred se negase a hablarle de lo que le molestaba, pero él no podía obligarlo y de hecho era lógico pues, apenas y se conocían.
Con el agarré de Alfred fue un poco consciente de que no era normal sentirse así cuando alguien lo tocaba, con Alfred era extraño, lo recorría un escalofrío cálido y reconfortante.
Con el simple contacto se sentía más vivo, como si todo fuera posible si permanecía tomado de esa mano. Aunque era raro, tampoco quería soltarse de la mano de Alfred.
¿Era eso el amor? ¿Así debía sentirse?
Arthur no se creía esas conexiones casi soñadas que leía en sus libros, donde solo una mirada era suficiente para enamorarse.
Pero con las sensaciones que Alfred le provocaba empezaba a creer un poco en ese tipo de romance.
Quizás las almas gemelas si existían y esa corriente que sentía era un aviso inminente de que ambos estaban destinados a encontrarse y quizás hasta amarse.
—¿Sabes? Me gusta esto... de alguna forma...— Murmuró bajito, sentía el rostro caliente. Alfred lo abrazó con ternura en lugar de contestar con palabras y Arthur fue más consciente de los latidos ajenos que del traqueteo del tren.
Le gustaba eso.
Le gustaba Alfred también.
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Continuará...
¿Alguien le entendió?
Díganme que sí o me sentiré mal por no haberme expresado mejor con esto~
Sé que es confuso, pero no sé, por más que lo revisé llegue a la conclusión de que estaba bien XDD
En fin, es el primer vistazo al pasado, ya vendrán más, no teman ~
Se que la calma con la que me estoy tomando esto las va a volver locas, pero un día les lanzaré la bomba así de pronto XDD quizás~
PD: Realmente quedó más corto de lo que esperaba, pero no quería perturbarlas con lo que tenía en mente al inicio... Mejor así gente (¿?)
