Disclaimer: Todavía no logró que Himaruya-Sama me seda los derechos de sus personajes, pero esperen (¿?)

Notas de inicio:

Y como ya se volvió tradición actualizar esto a cada Halloween diré, lo siento XDD

Perdonen, siempre trato de actualizarla antes, pero por una razón u otra voy dejando de lado esta historia y cuando me doy cuenta ya se hizo un año de nuevo... Sé que es horrible de mi parte, en mi defensa diré que si he estado trabajando en otras cosas y lo saben.

Soy una autora con muchos bloqueos, a veces de escritura y a veces de saturación~

Este año ya no voy a prometer actualizar esto pronto, quizás solo así lo logré, quizás~

En fin, espero que lo disfruten mucho~

One, Two, Three ¡Go!

~*~ El Fantasma del Tren ~*~

Realmente se había sentido culpable todo el resto del día, y la culpa aumento cuando estuvo frente a las vías esperando su último tren, miraba la hora constantemente en el reloj, no quería encontrarse con Arthur ese día, no después de lo que había sucedido con la llamada de esa tarde.

Él no tenía derecho a meterse en nada de eso, no sabía cómo lo había pasado la familia con la desaparición de Arthur, no sabía por cuanto tiempo lo había buscado sin éxito, no sabía nada y aun así había creído ciegamente que podría ayudar a Arthur.

Estaba tan decaído que si no fuera por el frío que lo invadió de pronto ni siquiera había notado a Arthur abordar el tren.

Se sorprendió un poco al verlo, realmente no sabía si lo estaba viendo de verdad o no, Arthur era tan transparente en ese momento que no le quedaron dudas de que se trataba de un fantasma, su corazón se llenó de miedo cuando Arthur se acercó a él.

Se notaba demacrado también, estaba viendo la versión más fantasmal de Arthur y eso le erizaba la piel al punto de hacerlo querer huir lejos, aunque las puertas del vagón se cerraron para impedirle un posible escape.

Se preguntó si el aspecto que notaba en Arthur era porque él mismo había deseado no encontrárselo ese día, quizás por eso lo veía apenas, el ambiente también se sentía más tenso, como si en cualquier momento Arthur fuera a soltar algunos lamentos fantasmales, de esos que Alfred definitivamente no quería saber nada.

Decidió no mirarlo hasta que el miedo pasara, odio un poco a su hermano por haberle causado ese trauma en el pasado.

Matthew estudiaba en una escuela diferente a la de Alfred, era la forma que sus padres encontraron para evitar peleas, aunque no es que pelearan tanto tampoco.

Al pensar en su propio hermano recordó al de Arthur en el teléfono ese día.

Él no podía imaginarse la vida sin Matt, miró a Arthur que era casi un holograma deformándose con la rapidez del tren y las imágenes distinguiéndose a través de él, lo que sus ojos veían es ese momento era solo la mínima parte de lo que Arthur era en realidad. Le dio un poco de miedo que un día ya no pudiese verlo más.

¿Qué pasaría si él ya no podía verlo o escucharlo y Arthur seguía viéndolo a él? No quería dejarlo abandonado.

—¿Sucede algo? — Preguntó Arthur con suavidad, a diferencia de su cuerpo la voz era muy clara, se escuchaba tan calmada como siempre. Alfred seguía queriendo ayudarlo, todavía no sabía si él era el único que podía verlo o escucharlo, pero quizás Arthur se le había aparecido a él por alguna razón en específico y no quería dejarlo solo. Se negaba a fallarle.

Alfred negó un poco con la cabeza en respuesta a la pregunta y le dio una sonrisa para tranquilizar a Arthur de alguna forma, no podía decirle nada sobre sus pensamientos así que le intentó tomar la mano para tranquilizarlo y tranquilizarse él mismo también, no estuvo seguro de poder hacerlo dada la condición de Arthur, pero lo logró de alguna manera inexplicable.

Un escalofrió todavía más intenso que los anteriores le escalo por el brazo, Alfred medió tembló, pero se aseguró de no soltar la mano de Arthur, el chico comenzó a ser más sólido ante sus ojos poco a poco, Alfred entendió lo que sucedía, Arthur estaba absorbiendo su energía, le pareció que era algo muy peligroso.

¿Cuánto tiempo podría darle su energía a un fantasma? ¿Qué pasaría con él si se les iba la mano?

Literalmente estaba tocando la muerte, bueno, a un muerto.

Las mejillas de Arthur se colorearon de rojo, de nuevo se veía demasiado vivo como cualquiera, aquel sonrojo fue suficiente para que Alfred decidiera no soltarlo pese a los riesgos que hubiera.

—¿Sabes? Me gusta esto... de alguna forma...— El murmullo fue tan bajo que Alfred apenas y lo escucho entre el traqueteo del tren, se dejó vencer, envolvió a Arthur en un abrazo que de alguna forma le devolvió la calidez que Arthur le había robado momentos antes.

A él también le gustaba eso, fuese lo que fuera.

Arthur lo miró así tan cerca como estaban y Alfred no vio nada más allá que los ojos verdes, del color brillante de las esmeraldas, aquellos bellos diamantes lo observaban con una expresión entre sorpresa e intuición.

Su corazón se aceleró de pronto y sintió el rostro más caliente de lo normal y eso solo por la mirada de Arthur, pero en esos momentos Arthur era tan sólido como encantador.

De pronto la oscuridad absoluta los envolvió, era el túnel de la estación número ocho.

Sin que lo meditará un poco sus labios se encontraron con los de Arthur en una sincronización perfecta con él, el beso fue ligero y tan rápido que para cuando la luz volvió a inundar el tren ellos ya se habían alejado.

La única unión que quedó fue la de sus manos, Arthur miraba al suelo seguramente demasiado abrumado o avergonzado, Alfred hacía algo similar, en su caso preguntándose por lo que acaba de suceder. Los fantasmas debían darle miedo, no gustarle hasta el punto de besar a uno.

Por suerte el tren avanzó rápido y llegó a su estación de un momento a otro, Alfred se levantó casi de un salto y al fin soltó la mano de Arthur.

—Te veré lunes, Arthur...— Murmuró antes de salir del tren, Arthur al fin lo miró de nuevo y le dio una sonrisa tan bonita que Alfred de nuevo quedó prendado de ese fantasma misterioso.

Arthur no se transparentó al irse en el tren, Alfred de nuevo lo veía más sólido que nunca y eso lo hizo sentir mucho mejor, Arthur era real. Lo que sentía por él también lo era.

Pudo ir tranquilo a casa, su pequeño fantasma no desaparecería, era probable que siguiera asechando el tren y Alfred estaría ahí de nuevo para verlo en la semana y compartir con él esos viajes de media noche.

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Había dormido más de lo normal, era medio día cuando se levantó, y ya que era fin de semana no se preocupó tanto por la hora, tenía bastante hambre y lo primero que notó fue que su madre había salido a hacer las compras con su hermano, pero le había dejado una nota junto al almuerzo.

Se comió el almuerzo frío, eso era mejor que no tener nada en el estómago cuando tenía tanta hambre y tan pocas energías para hacer algo más que solo comérselo.

Después de la comida fue a lavarse la cara, apenas y tenía energías para algo y se sentía medio dormido todavía, se echó en el sofá y paso los canales buscando algo bueno que ver.

La puerta sonó, pensó que era demasiado pronto para que su madre hubiese vuelto de las compras, aunque no era imposible, a veces cargaban con tanto que ni se molestaba en maniobrar para sacar las llaves y abrir ella misma, solo tocaba el timbre y esperaba a que Matt o él le abrieran la puerta.

Se levantó con rapidez y abrió la puerta sin mirar quien era antes. Frente a él encontró a un hombre pelirrojo vestido con un fino traje a rayas azul marino, el hombre lo observó y Alfred sintió los nervios apoderarse por completo de él. Eran los mismos ojos verdes de Arthur, las mismas cejas, eran tan similares que de no ser por el cabello rojizo del hombre habría creído que se trataba de una versión adulta de Arthur.

—¿Vive aquí Alfred F. Jones?— Preguntó el hombre con una autoridad que Alfred reconoció como el hombre del número telefónico de los Kirkland, era el hermano de Arthur.

—Sí, soy yo...— Respondió Alfred con cierto miedo a decirlo, si Arthur era la calma hecha persona su hermano debía ser la tormenta.

El hombre lo vio con un odio que casi le atravesó el cuerpo, lo miró de pies a cabeza como si quisiera deshacerlo con la mirada.

—Así que eres tú...— Alfred paso saliva, lo invitó a pasar en un acto reflejo, tampoco se podían quedar ahí parados, el hombre miró por sobre su hombro a un auto negro que Alfred no reconoció, seguramente le pertenecía. Al final el hombre entró con paso firme, un paso capaz de adueñarse de cualquier lugar nuevo.

—¿Te puedo ofrecer algo? ¿Agua, soda...?— El hombre le dio otra mirada de odio puro, Alfred entendió que era un rotundo no así que mejor se quedó callado.

Pasaron a la sala y tomaron asiento, tan lejos del otro como los sillones se lo permitían.

—Soy el gerente general de la compañía telefónica más importa del país... te dije que podría rastrear cualquier teléfono si quería...— Alfred ni siquiera se había preguntado por qué o cómo es que el hermano de Arthur lo había encontrado, pero tener una respuesta clara era bueno, o al menos eso creía.

—Entiendo...— Respondió con calma y un nudo en la garganta, se preguntó qué es lo que diría su madre si llegaba y encontraba al hombre ahí ¿Qué explicación le daría?

Y más importante ¿Qué quería el hermano de Arthur con él?

—¿Y bien? ¿Es todo lo que dirás?— Alfred no pudo evitar sentir pánico, se sentía como si estuviese siendo regañado.

—No sé qué es lo que esperas escuchar de mí... — Murmuró un tanto nervioso.

—Lo que espero es una explicación a tu llamada y si no tienes una, entonces sería bueno que empezarás con una disculpa— Las palabras eran tan autoritarias que Alfred se sintió empequeñecido ante ellas.

—Lo siento... solo quería ayudar a Arthur, pero sé que actué de forma impulsiva, no debí llamar jamás— El hombre se cruzó de brazos y el sillón crujió bajo el movimiento.

—¿Ayudar a qué?— Con la pregunta Alfred notó al fin lo que había dicho, quiso golpearse por ser tan tonto, lo más sano hubiese sido decir que solo había sido una broma y ya estaba, dejar que aquel hombre lo regañase y se fuera para no volver más. Pero en lugar de ello había tenido que mencionar a Arthur.

—¡No! olvida lo que dije, yo solo... no debía llamar y ahora lo sé... te ofrezco una disculpa, no volveré a molestar, lo prometo— Alfred esperaba a que el hombre se conformará con eso, se levantará y se fuera, pero en cambio el silencio se extendió y nadie se movió.

—¿Sabes? He tratado a algunos mocosos como tú antes... Incluso personas mayores que me han asegurado haberlo visto aquí y allá... Ninguno me molesto lo suficiente como tú— Alfred pasó saliva, se esperaba todo, gritos, una amenaza de muerte, golpes, se encogió un poco en su lugar casi preparándose. —Incluso ahora sigue abierta su búsqueda, lo que dijiste... Nunca se encontró un solo rastro así que piensa antes de hablar de lo que no sabes...— Alfred se enderezó al escuchar aquello, al escuchar el sentimiento en la voz del hombre. Aunque pareciera duro por fuera notó que la ausencia de Arthur le pesaba de alguna manera.

—Sigue en el tren...— Susurró para sí mismo, si jamás se había encontrado algo y la familia de Arthur no había cerrado la búsqueda pensando que podrían encontrarlo en algún momento, entonces eso solo significaba que Arthur no podía descansar en paz porque nunca lo habían encontrado.

Las lágrimas se deslizaron solas desde sus ojos, si el alma de Arthur seguía en el tren era muy posible que su cuerpo también lo estuviera. Lo invadió un sentimiento de impotencia que apenas y pudo controlar.

Arthur merecía más que eso, pero lo habían condenado a la soledad todos esos años, era simplemente insoportable pensarlo.

—¿Qué tren?— Preguntó el hombre mirándolo con seriedad, Alfred volvió de sus pensamientos, se limpió la cara recordando que no estaba solo y que estaba dando una escena.

—En el tren en el que desapareció...— Respondió entre dudas, el hombre soltó un suspiro frustrado.

—¿A qué te refieres?— La pregunta fue dicha con clara impaciencia, Alfred se preguntó si era demasiado arriesgado revelar el secreto, todo era teoría suya así que no había manera de saber si lo que pensaba era cierto o no. No tenía manera de demostrarlo tampoco.

—Te lo diré, aunque es posible que no me creas...— El pelirrojo no dijo nada, pero lo seguía mirando con atención. —Yo lo veo todas las noches... en el último tren que va hasta la estación 11... Al principio creí que era una persona normal, pero al hacer el mismo viaje cada noche junto a él me di cuenta de que no lo era, no creo que él sepa lo que pasa tampoco...— Explicó de forma breve, no quería dar los detalles de ello y menos cuando la sensación de los labios de Arthur pegados a los suyos le invadió el pensamiento.

Si ya de por sí confesar que veía a un fantasma era cosa de locos no quería ni pensar en revelar que se estaba enamorando un poco de dicho fantasma.

—Tenías razón, no te creo...— Aseguró el hombre con voz neutra y dura, Alfred asintió comprendiendo. Un tanto decepcionado, pero conforme con ser sincero y no recibir burlas a cambio.

— Bueno, no esperaba que lo hicieras, tú fuiste el que vino hasta aquí a preguntar— El hombre lo miró de nuevo con ese odio en los ojos verdes, tenían exactamente la misma tonalidad de los de Arthur y no se podía creer lo diferentes que eran ambas miradas.

—Dime algo... lo que sea, nada de su físico, la descripción está en todo internet...— Alfred se sorprendió con la repentina petición, lo pensó un poco, realmente no había hablado tanto con Arthur como para conocerlo.

—Bueno, su voz es muy suave y hasta tranquilizadora... Siempre sube con un libro así que debe gustarle leer, va a la última estación del tren y me ha dicho que siempre va solo después de la escuela...— El pelirrojo volvió a moverse en el sillón claramente incómodo o quizás como una forma de cortar a Alfred.

—¿Te ha dicho?— Preguntó el hombre elevando una de sus gruesas cejas en expresión incrédula.

—Sí, lo veo cada noche así que he hablado con él... solo un poco— Por la forma en la que el hombre lo miraba sabía que no creía en ninguna de sus palabras. De hecho, le dio la sensación de que, en efecto, él mismo se había vuelto un poco loco.

—¿Eres algún tipo de esos que cree ver cosas sobrenaturales y así?— Alfred se ofendió un poco con la pregunta aunque no tenía manera de contestar ya que en efecto, estaba viendo un fantasma.

—No, soy un chico común y corriendo... de hecho detestó todo el tema de los fantasmas así que, si esto fuera solo una broma no me tomaría tantas molestias, si no puedes creer en mis palabras no lo hagas, ya me disculpé por la llamada... si eso no es suficiente entonces dime lo que quieres y lo haré para que te vayas tranquilo...— El hombre pareció sorprendido por todo aquello, incluso su mirada se notó menos dura.

—Haremos esto... te llamaré el martes, asegúrate de responder la llamada y conseguir algo por lo que yo pueda creerte... Algo que solo Arthur conozca de él mismo, si puedes decirme algo para entonces... aceptaré tu disculpa y que tenías razón... eso es todo, hasta el martes entonces— El hombre se levantó y Alfred después de él, lo acompañó en silencio a la salida, realmente no se imaginaba qué tipo de cosa podría preguntarle a Arthur para convencer a su hermano, pero quizás debía intentarlo.

No es que quisiera congraciarse con el hermano de Arthur, pero si lograba ganarse su confianza ya no estaría solo en el misterio de la desaparición de Arthur y quizás solo quizás podría ayudarlo de verdad.

—Una última cosa, Alfred Jones... Si descubro que esto solo es una broma haré que te arrepientas en serio— Con aquello el pelirrojo abordó su auto y arrancó dejando a Alfred solo de nuevo en su casa. Ahí estaba la amenaza que se había esperado, pero ese momento le sonó más a la desesperación de creer en Alfred y encontrar por fin a Arthur.

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Su madre llego bastante más tarde, dejando a Alfred solo por tantas horas que él empleó en pensar en Arthur y solo en Arthur.

No sabía lo que había pasado con él y en ese punto no estaba seguro de querer averiguarlo, aunque hubiese sido tantos años atrás, el que Arthur siguiese ahí atrapado en ese tren quería decir que quizás su muerte no había sido nada pacífica y si de verdad seguía ahí en algún lado del tren, entonces se trataba de la muerte más horrible que podría existir y Alfred no se sentía capaz de enfrentar algo así.

Sobre todo cuando al cerrar los ojos veía la mirada de Arthur, su sonrisa y sentía ese cosquilleó en los labios que le recordaban aquel beso fugaz que había compartido.

Más que gustarle, de verdad que se estaba enamorando de aquel fantasma.

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Cuando el día lunes llegó a su fin no tenía un plan en concreto, así que al abordar el tren estaba bastante nervioso.

En primera por el beso que había tenía con Arthur días atrás y por otra parte por el encargo que Scott Kirkland le había hecho. Arthur ya lo había tachado de acosador varias veces así que si se ponía a preguntar cosas personales era posible que jamás se quitará aquella etiqueta.

Además no sabía bien como se iba a tomar Arthur el asunto del beso y todo eso, no habían hablado al respecto todavía.

Arthur apareció en la estación tres, abordó el tren y le dio una sonrisa algo tímida, Alfred se alivió bastante de verlo tan sólido como lo había dejado ir dos días atrás, le correspondió la sonrisa de inmediato.

—Te ves mejor hoy— Murmuró Arthur al sentarse a su lado, Alfred sonrió un poco más.

—Tú también~— Declaró con una sonrisita, aunque claramente Arthur no supiera de lo que él estaba hablando realmente.

—¿Tuviste un buen fin de semana?— Preguntó Arthur con interés y seguramente como una forma de no abordar el tema incomodo del beso, Alfred no se pudo resistir a lo cercanas que estaban sus manos, entrelazo los dedos con los ajenos notando el sonrojo instantáneo en Arthur.

—Fue interesante, la verdad— Y entonces se le ocurrió la idea perfecta para sacar la información que necesitaba de forma casual. —Mi madre nos dio un sermón a mi hermano y a mí... ya sabes, lo clásico que inicia como un regaño y termina con que de la forma en la que vamos no tendremos un buen futuro— Arthur sonrió de inmediato divertido con la plática.

—Imagino que fue incomodo...— Opinó con esa voz que Alfred al fin identifico como un acento, era lógico, Scott Kirkland ya no tenía ese acento por todos los años que llevaba viviendo ahí, pero Arthur se había quedado con ese acento tan único de los británicos.

—¿Qué hay de ti y tu hermano, los han regañado por no ponerle empeño a algo?— Arthur se quedó pensativo y miró hacía las puertas del tren como buscando una respuesta ahí afuera.

—Nuestros padres son muy estrictos en todo... por ello creo que no estamos tan acostumbrados a cometer errores que requieran regaños... Aunque Scott es más rebelde que yo— Alfred pensó en el hombre que había conocido, más que rebelde lo habría llamado intenso.

—¿Qué futuro crees que tenga tu hermano?— Arthur se mordió el labio como una forma de contener una risa.

—Sueña ser una estrella de Rock, imagina... Aunque si me lo preguntas, tiene el aspecto de algún cantante famoso, pero de esos que terminarían en bancarrota por su mala actitud o las drogas... siempre le he dicho que terminará así— Ambos se rieron un poco con aquello, Arthur claramente estaba bromeando.

Alfred se sintió bien al saber que Scott no había terminado mal, sino todo lo contrario, pensó que Arthur seguramente estaría feliz si lo supiera.

—¿Y tú, tienes algún sueño que alcanzar?— Le dolió un poco hacer aquella pregunta porque Arthur ya no tenía un futuro por delante, pero de alguna manera quería saberlo, saber lo que aquel pequeño fantasma había soñado con ser.

—Mmm... Escribir... quizás— Murmuró un tanto avergonzado, Alfred estaba seguro que de haber podido seguro que Arthur lo habría cumplido.

Quiso abrazarlo y no soltarlo de nuevo, pero su estación estaba cerca y lo único que se le ocurrió en ese momento fue robarle otro beso ligero antes de levantarse y salir del tren para ir a casa, desde afuera le dedicó una despedida con una sonrisa sincera. Miró a un Arthur sonrojado alejarse con rapidez y el solo verlo más solido le renovó los ánimos bastante.

Arthur ya no tenía un futuro, ya no tenía tantas cosas, y aun con ello Alfred pensaba que era la persona más maravillosa que había conocido y lo quería así, siendo solo poco más que un recuerdo.

Lo quería aunque en algún momento fuera a desaparecer.

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Continuara...

Ya sé que pese a mis intentos están sufriendo gente, pero tranquilas, piensen en algo bonito y se les va a pasar el mal rato (¿?)

¿Hubiesen preferido que Scott fuera una súper estrella de rock? Yo sí, la verdad XDD

Espero que les haya gustado hasta aquí, planeó traerles más extras como el que ya puse y pues bueno, en el capítulo que viene tendrán más respuestas... quizás~ pronto (¿?)

En fin, nos veremos luego :3 ¡Algún día!