Disclaimer: Todavía no logró que Himaruya-Sama me seda los derechos de sus personajes, pero esperen (¿?)

Notas de inicio:

Y de nuevo nos encontramos aquí para este épico momento en el que Hikari está cumpliendo su calendario en tiempo y forma XD

¡Feliz Halloween!

¿Truco o dulce?

En esta ocasión es truco, así que prepárense~

~*~ El Fantasma del Tren ~*~

Scott Kirkland llamó en la tarde del día martes, por supuesto que llamó. Y aunque Alfred estaba esperando la llamada eso no significaba que estuviera más preparado para recibirla.

— ¿Hola?— Murmuró con timidez al teléfono, casi encogiéndose en un rincón. De nuevo estaba en la azotea de la escuela, lejos de las interrupciones y de los oídos ajenos.

"Soy yo"

Escucho la voz del mayor y sí, era intimidante, autoritaria y quizás algo ronca. De alguna forma se las arreglaba para transmitir toda la intensidad de la personalidad de Scott.

"¿Y bien?"

Preguntó el mayor con cierta prisa, Alfred podía escuchar teléfonos sonar a la distancia y los típicos ruidos de oficina, sabía que Scott no tenía tiempo para estar al teléfono así que decidió ir al punto.

— ¿Por qué no te convertiste en una estrella de rock como querías?— Preguntó Alfred armándose de valor y deseando por un momento tener el control de la situación.

"Maldito, hijo de…"

Escucho un ruido seco y después otro par de maldiciones lejanas. Le dio la impresión de Scott arrojando lejos el teléfono o quizás solo se le había caído, en cualquier caso Alfred no tuvo de otra que esperar en la línea.

"¿A qué hora sales de la escuela? Pasaré por ti, no puedo hablar esto por teléfono"

Le dijo el pelirrojo cuando al fin volvió al teléfono y posiblemente a controlar su temperamento también.

—Mi entrenamiento termina a las 10:50… Pero lo siento, haré esto a mi manera y no puedo saltarme el tren de las 11:30… Puedes verme en mi casa o esperar la fin de semana— No iba a fallarle a Arthur de ninguna manera y debido a la larga pausa que siguió al teléfono supo que Scott entendía bien el por qué Alfred no planeaba perder ese tren.

"Bien, entonces iré contigo en el maldito tren"

Le dijo Scott como una resolución tranquila, Alfred de inmediato grito un "No" rotundo.

—No puedes hacer eso… Imagina que Arthur te ve… sabrá de inmediato que eres tú, pero han pasado 30 años, puede que lo asustes, él no sabe que está muerto y no quiero que lo sepa aún, no hasta tener una respuesta de lo que realmente le paso— Escuchó la respiración de Scott, era como si un toro gigante te respirara en el oído, justo el aviso de que está a punto de atacar.

"Esto no tiene ningún maldito sentido… Pero de acuerdo, te veo afuera de la estación 10 entonces, asegúrate de aparecer"

Le exigió el otro y sin esperar una sola respuesta colgó el teléfono, Alfred se desplomó en el suelo después de aquella llamada, recostándose a mirar al cielo, había algunas nubes negras y densas, era probablemente que llovería ese día y el invierno estaba cada vez más cercano, eso no lo tranquilizaba y su humor estaba de pronto tan gris como el cielo.

Tal y como lo predijo, la lluvia repentina hizo que fuera libre de ir a casa más temprano de lo normal, pero por supuesto, él no podía hacer eso, se fue en cambio a deambular por los pasillos y salones de la escuela, refugiándose de la lluvia y perdiendo el tiempo en una caminata solitaria porque ya todos se habían ido a sus casas o estaban en otras áreas más cómodas que las frías aulas.

Terminó yendo a la biblioteca, compró un café de una máquina expendedora y se entretuvo buscando libros sobre espíritus y fantasmas atados a la tierra.

Todo era más fantasioso que lo que realmente estaba buscando encontrar y tal como se lo temía, hablan de seres que daban miedo con solo verlos o sentirlos, porque según las leyendas escritas, los espíritus que quedaban atados a la tierra tenían muertes horribles que se reflejaban en su aspecto fantasmales.

Pero Arthur en cambio parecía siempre normal, sin heridas, sin lamentos o cualquier otra cosa fantasmal, eso sin mencionar el frío de su tacto y su tendencia a hacerse traslúcido de un momento a otro.

Trató de recordar algún detalle, alguna pista que le revelará la causa de muerte de Arthur pero no había ninguna, por ello se propuso una nueva misión esa noche, observar a Arthur y tratar de descubrir algo que le diera una pista de su razón de muerte.

Aunque seguía sin estar seguro de querer saber sobre eso.

.

.

La lluvia pronto se volvió una tormenta, y aunque corrió lo mejor que pudo, llegó a la estación helado y mojado hasta los huesos, siempre olvidaba llevar un paraguas en esos climas y su chamarra apenas hizo algo por protegerlo.

Subir al tren no hizo diferencia, en cambio la velocidad a la que se movía y la falta de calor humano porque el vagón iba vacío solo logró que se enfriara más de lo que ya estaba.

Para cuando Arthur abordó el tren en la estación de siempre, tuvo que luchar para disimular el temblor de su cuerpo, le dio una sonrisa de bienvenida y aunque trató de decir algo tenía el presentimiento de que sus dientes iban a castañear al intentarlo así que solo se dedicó a observarlo entrar y sentarse a su lado.

—Luces muy congelado… ¿Estás bien? ¿No tienes un paraguas?— Arthur lo miró genuinamente preocupado, Alfred negó con una sonrisa avergonzada. Siempre le pasaba lo mismo, cada año terminaba igual de mojado y eso no era suficiente para que él fuera más precavido de lanzar un paraguas a su mochila.

—Lo olvidé…— Murmuró acurrucándose más en su chamarra húmeda, tratando de recuperar algo del calor perdido.

—Eres tan torpe…— Mencionó Arthur con un suspiro suave. —Sigue lloviendo demasiado, te darás otra empapada cuando vayas a casa… te prestaré el mío, de todas formas puedo llamar a papá para que me encuentre afuera de mi estación con el auto— Mencionó Arthur revisando a su lado entre sus cosas, Alfred notó como las manos de Arthur se congelaban al no encontrar lo que buscaba.

—Está bien, Arthur... También puedo llamar a mamá o incluso tomar un taxi afuera de mi estación…— Le dijo Alfred tratando de llamar la atención del otro, pero Arthur seguía casi estático, mirando su mochila. — ¿Arthur?— Preguntó Alfred preocupado por no tener reacción de parte de Arthur.

—Nunca olvidaría traer un paraguas en un día lluvioso… Ni siquiera lo dejaba si estaba un poco nublado— Mencionó Arthur como si aquello fuera algo transcendental.

—Parece que alguien se distrajo y lo olvido por primera vez— Se burló Alfred, Arthur enrojeció un poco y aunque le arrugó la frente con molestia Alfred notó que el británico siguió pensando en ello por la forma en la que volvió acomodarse en su asiento y se quedó callado.

De un momento a otro Arthur lo miró y de nuevo pareció sorprendido.

—Está lloviendo demasiado… ¿Cómo es que tú estás tan mojado y yo no?— Alfred sintió el clima más frío y aún con ello no se dio cuenta que todo iba mal.

—Yo que sé… ¿Tuviste más suerte de atajarte que yo?— Alfred bromeó pero sabía que no era por eso, Arthur nunca salía de la estación así que no le afectaría el clima de afuera y fue entonces que cayó en cuenta del error, pero ya era tarde, Arthur pareció realmente perturbado de un momento a otro.

—Nunca olvidaría traer un paraguas...— Insistió Arthur y la temperatura del vagón descendió de nuevo. Todo eso se unió a la repentina oscuridad del túnel de la estación 8, Alfred tuvo una sensación extraña, como si de pronto todo quedará en un silencio y oscuridad perpetúa, pero ninguno de los dos dijo nada en los segundos que duró aquel túnel, solo se percibía la respiración de Alfred en el silencio.

—No es gran cosa… yo lo olvido todo el tiempo— Intentó Alfred una vez que la luz opaca volvió a iluminarlos buscando una forma para que Arthur dejara de pensar tanto en ello, notando como el vagón se enfriaba más y más ante la inquietud que mostraba Arthur. Se estaba dando cuenta y Alfred también estaba aterrado a su vez de lo que pasaría cuando Arthur descubriera la verdad.

—Pero yo no…— Susurró Arthur barriendo con la mirada todo el vagón del tren, como si buscase una explicación lógica a su dilema mental, su mirada se detuvo justo frente a él, más concretamente en el piso frente a ellos, Alfred notó que la mirada de Arthur se congelo en ese punto y decidió ver ahí también, pero él no notaba nada distinto, solo era el mismo piso sucio de siempre. —Es extraño… últimamente siento que olvidó cosas, no cosas como un paraguas, cosas de mi vida… No puedo recordar cómo llegué aquí sin mojarse si no tengo un paraguas ¿No crees que es demasiado extraño?— Explicó Arthur con la voz vuelta un murmullo suave.

Alfred no respondió, el punto que Arthur miraba de un momento a otro le dio escalofríos y tuvo que apartar la vista. El ambiente se saturó con algo que Alfred no podía explicar pero si sentir trepando por la piel.

Era como ese escalofrío que te recorre cuando un mal presagio te llega, cuando vez un acto terrible cometerse desde la distancia y se te entumecen los músculos por el miedo a ser un testigo, como cuando alguien te apunta con un arma y tú solo quieres correr, salir huyendo de ahí a un lugar seguro.

Miró en su lugar de vuelta a Arthur y notó que se volvía traslúcido de nuevo, Arthur se estaba desvaneciendo frente a sus ojos.

—Arthur… hay algo que debes saber— Se apresuró a decir, Alfred estaba temblando, tanto de frío como de miedo, Arthur le devolvió la mirada y sus ojos se notaban vacíos, sin brillo, el rostro de nuevo más demacrado y fantasmal, de alguna forma dejando abandonando la poca humanidad que le quedaba, Arthur se llevó una mano al cuello e hizo un puño tenso de sus ropas, como si le costará respirar.

Alfred empezó a extender su mano para tocarlo, para ayudarlo a volver en sí, para darle su energía como la otra noche en la que lo había hecho, sin embargo cuando lo alcanzó su mano atravesó a Arthur o al menos a lo que era visible de él.

—Lo siento…— Fue lo único que escuchó por parte del fantasma antes de que esté se desvaneciera por completo.

Su mano se quedó suspendida en el aire dónde Arthur había estado, el pánico lo invadió por completo, no, no era por confirmar de nuevo que Arthur era un fantasma, tampoco por la sensación de horror que Arthur había dejado flotando en el confinado aire de vagón, Su miedo se debía a que Arthur posiblemente lo había descubierto, había notado al fin que estaba muerto, que era un fantasma y porque había desaparecido en el acto.

No sabía que hacer al respecto ¿Era así de simple? Los fantasmas simplemente notaban su propia condición y cruzaban al más allá ¿Así de fácil?

Alfred no lo sabía, pero le aterraba de verdad que Arthur no volviera a aparecer jamás, le aterraba aún más perderlo que el hecho de saber que era un poco más que esos espíritus de los que había leído antes.

Su estación llegó antes de que pudiera levantarse y tratar de buscar a Arthur por todo el tren, aunque sabía que Arthur no estaba ahí, no estaba en ningún lado de ese tren, de alguna manera lo sentía, la fría presencia de Arthur siempre era algo difícil de ignorar.

Cuando las puertas se abrieron no le quedó de otra que bajar a su estación, pero una vez desde ahí observó con detenimiento cada vagón que pasaba frente a él, incluso corrió por todo el andén cuando el tren cerró sus puertas y volvió a avanzar, Alfred lo siguió, persiguiendo la vista de cada ventana.

Cuando el tren se fue, se quedó ahí un momento, armando un plan nuevo, necesitaba encontrar a Arthur de vuelta, incluso se planteó seriamente bajar por las vías y recorrerlas a pie, pero eso era absurdo tomando en cuenta la hora y lo peligroso que era aquello.

Su teléfono empezó a sonar en su bolsillo, lo sacó y leyó el nombre que se iluminaba en la pantalla. Su mente volvió a conectarse y sin responder la llamada corrió a la salida, ahí lo vio, el carro de Scott Kirkland era demasiado lujoso para pasar desapercibido y Alfred lo reconoció de inmediato, sin avisar o hacer alguna señal antes, corrió a abrir la puerta del copiloto y se deslizó en el interior del coche, Scott aún estaba con el teléfono pegado al oído y el ceño fruncido.

En cuanto lo vio entrar, colgó el teléfono y dio un suspiro resignado, Alfred seguía mojado, congelado e intranquilo.

—Te llevaré a casa mientras hablamos— Mencionó el mayor subiendo discretamente la calefacción, Alfred se notaba pálido y tembloroso, Scott asumió que era por lo empapado que estaba. —Ponte el cinturón… apenas veo algo del camino con esta lluvia— Le ordenó el otro encendiendo el motor y acomodándose para manejar.

—Arthur se dio cuenta…— Susurró Alfred al fin, con la voz apenas más alta que la lluvia y el ligero sonido del motor del auto. Subió los pies al asiento dónde estaba sin importarle ensuciar el auto ajeno y abrazo sus rodillas.

Se sentía inevitablemente triste, desolado y lleno de dudas, de alguna forma le tranquilizaba que el mayor estuviese ahí. Quizás podrían pensar en algo juntos, una solución, una teoría, lo que fuera.

—¿Darse cuenta de qué?— Preguntó Scott enfocándose en Alfred de nuevo, olvidando por un momento la idea de empezar a manejar, después de todo el aura de Alfred le dio a entender que eso era delicado.

—De que no está vivo… Desapareció en cuanto lo descubrió la verdad— Alfred en ese punto sintió que podría llorar como un niño, pero trató de reprimir sus emociones y enfocarse en buscar una explicación.

—Que conveniente suena eso… ¿En serio era solo una broma, no? Me dices todo esto, me haces creer en tu historia de fantasmas y ahora que te sientes más atrapado y te estoy tomando en serio sales con que desapareció… No me jodas— Alfred levantó la cabeza y se enfrentó a la mirada furiosa del pelirrojo, su dolor se convirtió en ira con rapidez, se culpó a sí mismo por buscar la ayuda de ese hombre que no le había creído desde un inicio.

—No lo entiendes… Nunca lo entenderías— Le acusó Alfred presionando su mandíbula un poco más de lo normal, indignado al ser llamado mentiroso de nuevo, sobre todo en ese momento, cuando necesitaba que alguien lo ayudará a entender y enfrentar la situación.

— ¿Tienes déficit de atención o algo así? ¿Tus padres jamás han sugerido que veas a un psicólogo?— Preguntó el otro con el tono serio y frío, Alfred estalló con aquello, solo se podía culpar a él mismo por esperar algo de un hombre con aquel.

—Eres un idiota… Arthur tenía razón eres de lo peor— Siseó Alfred jalando de la manija de la puerta para salirse del auto, no le importó ir bajo la lluvia, empezó a caminar a su casa lleno de furia, dejando el carro atrás.

Escuchó la voz de Scott llamarlo a la distancia, incluso escuchó pasos apresurados que lo alcanzaron aún con el torrente de lluvia furiosa que caía sobre ellos.

—Está lloviendo mucho, te llevaré a casa como un último favor…— Ofreció Scott tratando de detenerlo del hombro, Alfred ni siquiera lo miró, se sacudió el agarre y siguió caminando.

Scott entonces se puso frente a él y le bloqueó el camino, cuando Alfred iba a rodearlo para evadirlo de nuevo, el mayor lo tomó de ambos hombros para que no se fuera y lo enfrentará.

—De acuerdo…— Murmuró el mayor aún con los ojos furiosos, presionó más su agarré cuando Alfred hizo intentos de soltarse de nuevo. —Lo siento, Alfred, es solo… es solo que llevo 30 años buscando, pensando día y noche que él podría estar por ahí, que pude haberme cruzado con él en el supermercado, en la tienda… en todas partes, con gente diciéndome todo el jodido tiempo que lo dejé ir, que lo superé… y luego tú, cuando dijiste que estaba muerto por teléfono quería simplemente tenerte enfrente para darte un maldito puñetazo en la cara… Me está costando mucho no hacerlo cada vez que pienso que estás jugando conmigo... Pero lo que dijiste esta tarde por teléfono… Nadie más lo sabía, ni siquiera mis padres… Y me está costando pensar en una excusa de cómo demonios conseguiste esa información…—

Ambos se quedaron estáticos bajo la lluvia, mirándose de nuevo el uno al otro y compartiendo un sentimiento parecido, uno lleno de melancolía y dolor. Aferrándose a desconfiar del otro. —Vuelve al auto… Tus padres deben estar preocupados, te llevaré…— Volvió a ofrecer Scott, aunque ya no había caso de tratar de refugiarse, ambos estaban escurriendo de agua, pero Alfred acepto en silenció de todos modos antes de agregar algo más.

—Cuando Arthur desapareció hoy… creo que puedo comprender lo que se siente, tengo miedo de que no vuelva, de no volver a verlo nunca más… ¿Es así de simple? ¿Es como que ellos descubren que están muertos y se van?— Preguntó Alfred con la voz entrecortada, las lágrimas se escurrieron de sus ojos fundiéndose con la lluvia, Scott lo miró sorprendido por las preguntas y quizás por lo frágil que Alfred se veía.

—No tengo idea…— Le respondió con honestidad.

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Cuando volvieron al auto, el mayor se dedicó a conducir en silencio, y de un momento a otro estaban frente a la casa de Alfred.

—Gracias por traerme…— Susurró Alfred quitando su cinturón de seguridad, Scott habló antes de que él pudiera bajar del auto.

—Han pasado 30 años… ¿No crees que se pudo dar cuenta antes? ¿Por qué ahora?— La repentina plática le sorprendió, había creído que todo trato entre ellos se había terminado momentos antes, no habían hablado más dentro del auto y el mayor solo se había limitado a dejarlo frente a su casa por lo que Alfred asumió que era el final de su extraña conexión.

—Son pocos los que toman el tren de esa hora… y no estoy seguro si la demás gente lo ve también o solo soy yo…— Argumento Alfred pensando un poco en ello, de alguna forma tenía lógica.

—Pero fueron 30 años…— Alfred lo considero también, al inicio había pensado que bastaría con encontrar el cuerpo de Arthur para que pudiera descansar, pero el evento de esa noche lo estaba haciendo dudar de muchas cosas sobre los fantasmas. —De todas formas ¿En serio crees que está ahí? Porque pensé en enviar a alguien a investigar, llevara tiempo conseguir los permisos y buscar en todas las estaciones pero…— Alfred sonrió un poco al descubrir que Scott se lo estaba tomando en serio de nuevo, también de alguna forma se sintió aliviado.

—Tú lo dijiste, nunca hubo un solo rastro… y yo sé que Arthur aparece cada noche en el tren… debe seguir ahí— Insistió con un poco de miedo a equivocarse, Arthur había desaparecido esa noche así que no sabía que más pensar al respecto, sin embargo Scott no dijo más tampoco.

—De acuerdo… Te contactaré después— Le dijo el mayor pero no parecía muy convencido de ello.

— ¿Me dirás si encuentras algo? ¿De verdad vas a buscar, no?— Miró al otro a los ojos y Scott le sostuvo la mirada.

—Lo haré… Supongo que te crea o no, lo haré… Jamás había pensado en ese tren, ahí desapareció, tiene lógica buscarlo ahí, debimos desmantelar el maldito lugar desde el inicio— Alfred asintió aliviado de la lógica en las palabras del mayor, de saber que Arthur sería buscado como lo merecía.

—Arthur aparece en la estación 4 y va hasta la 11… Eso te va a ahorrar algunos metros de camino…— Le mencionó mirando hacia la lluvia, no parecía más ligera que antes, pero Alfred estaba un poco más tranquilo. —Scott... Esto no es por mí… Esto se trata de él, desde un principio la llamada fue por Arthur— Le dijo por último y jaló de la palanca para salir al fin del auto.

— ¡Alfred! ¿Si vuelve a aparecer me lo dirás?— Preguntó Scott de pronto cuando él ya había bajado del auto, Alfred le dio una sonrisa pequeña.

—Lo haré…— Asintió con seguridad, cerró la puerta del auto y corrió a la puerta de su casa a refugiarse.

Antes de entrar dio un vistazo atrás, mirando como el auto se perdía entre la cortina distorsionada que la lluvia creaba, al menos ya no estaba solo en eso y Arthur tampoco.

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Debió adivinar que eso pasaría, a pesar de que tomo un baño caliente y se secó bien el cabello antes de dormir, al día siguiente despertó con una fiebre tan alta que su madre decidió llevarlo al doctor en lugar de dejarlo ir a la escuela.

Le habría gustado mentir y decir que se sentía bien para asistir de todas formas a la escuela o al menos poder escaparse en la noche para ver si Arthur volvía a aparecer, pero el malestar era tal que lo único que pudo hacer en todo el día fue dormir, en parte por el resfriado y por la ayuda de todas las medicinas que le recetaron.

Además, su madre lo mantuvo en casa esos días que le duró el malestar, al tercer día lo dejo asistir a clases, sin embargo Alfred no pudo quedarse a su entrenamiento en esos días y no encontró la manera de volver a la estación a la hora del último tren bajo la estricta vigilancia de su madre y así se le escurrió la semana, entre pensamientos y preocupación por Arthur.

Cuando llegó el día lunes de nuevo y él salió de su entrenamiento la ansiedad apenas y lo dejaba respirar, abordó el último tren, se sentó en el vagón de siempre y espero impaciente.

Se levantó de golpe cuando vio a Arthur ahí de nuevo, abordando el tren en la estación 4, se notaba tranquilo, sólido e imperturbable.

—Arthur, creí que no te vería de nuevo ¿Estás bien? Me enferme la semana pasada y no pude verte más— Se acercó al encuentro del otro y envolvió a Arthur en sus brazos cuando las puertas del tren se cerraron detrás de ellos, sintió el escalofrío familiar de siempre trepar por su cuerpo a pesar de su gruesa chamarra pero no le importaba, no cuando estaba tan aliviado de tener a Arthur ahí frente a él de nuevo.

El otro de inmediato se puso rígido e intentó apartarlo, Alfred lo soltó entonces mirándolo con confusión por el repentino rechazo que Arthur mostró ante su abrazo.

— ¿Quién eres tú?— Le preguntó el británico un poco horrorizado, poniendo distancia entre ambos tan rápido como fue liberado del abrazo, Alfred sintió su estómago convertirse en un hueco vacío.

Las palabras de Arthur volvieron a su memoria mientras ambos se miraban a los ojos. Arthur con desconfianza y Alfred al fin comprendiendo la situación.

"Es extraño… últimamente siento que olvidó cosas"

Entonces lo supo, eso pasaba, eso pasaba cada vez que Arthur descubría que era un fantasma, Scott había tenido razón, Arthur llevaba treinta años ahí atrapado y quizás cuando descubría la verdad simplemente volvía a iniciar, tal vez desde el día en que murió, no había manera de saberlo, pero el hecho era que algo había pasado con la memoria del británico.

Arthur no lo estaba rechazando, él no lo reconocía.

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Continuará…

Buuu~ :3