Un escalofrío regocijante le recorre el cuerpo como una ola furiosa. Su cuerpo se contrae debido a la excitación que ese hombre le causaba con cada toque, roce o caricia que le brindaba gustoso con sus expertas manos. Lo único que se podía escuchar en esa habitación eran los gemidos llenos de placer que ella en vano trataba de callar. Su cuerpo se retorcía bajo el caliente y fornido cuerpo de él, pidiendo más y más con cada movimiento involuntario que hacía con su cuerpo cegado por el placer.

— Aah… —Un suave gemido salió de su garganta. Arqueó la espalda tratando de sentir con más intensidad las caricias de ese hombre que comenzaban a volverla loca— Naruto… —Suspiró su nombre con urgencia. Deseaba que la tocara más y que terminará con esa dulce, lenta y placentera tortura que le estaba proporcionando con sus manos y boca— Por favor… —Suplicó jadeante. Estaba volviéndose loca.

Él, por su parte, disfrutaba de sobremanera verla en ese estado. Tan excitada y suplicante por más. Retorciéndose por el placer que él mismo le brindaba con su boca y manos. Sonrió de lado perversamente. Le sobre excitaba verla gimiendo por más. Su miembro, aún enfundado en esos molestos bóxer, palpitaba con fuerza, ansiando el momento de sumergirse dentro de ella. Ya no podía aguantar la tortura que él mismo le estaba dando. Necesitaba hundirse dentro de ella en ese mismo momento.

Mandando todo al carajo, sacó sus expertas manos de la vagina de Hinata, se desprendió de su última prenda, mostrando su hinchado y palpitante pene, listo para penetrarla, y en una certera y dura estocada, se adentró en el interior de Hinata. Ambos gimieron. Era tan cálida y estrecha que con solo estar dentro sentía que se iba a venir. Comenzó a moverse lentamente, disfrutando la sensación electrizante que causaba cada estocada. Hinata, en un movimiento rápido, envolvió sus piernas sobre las caderas de Naruto, profundizando la penetración. Era tan estrecha y caliente que sentía que lo volvía loco. Aumento el ritmo de sus penetraciones, sacando fuertes gemidos de la garganta de Hinata que inútilmente trataba de callar.

— Hinata —Gimió su nombre con voz contenida. Sentía que en cualquier momento se vendría. Pero él quería más. Su rostro empapado por el sudor le mostraba con deleite a Hinata las expresiones que ella causaba en él, excitándola más. Ella también estaba a punto de correrse.

— ¡Aaah, Naruto! —Gritó con fuerza, y con una fuerte estocada por parte de él, llegó al ansiado primer orgasmo de la noche. Y la noche apenas comenzaba.

— ¡Hey, hey, tierra llamando a Hinata! —La irritada voz de su amiga rubia la hizo volver a la realidad antes de perderse en las memorias de aquella noche. Confusa, concentró su atención en Ino, algo desorientada—. Vaya, por fin me pones atención —Habla irritada y molesta.

— Lo siento… eem… de qué estábamos hablando —Frunce el ceño en una mueca de duda y desorientación.

Su rubia amiga suspira molesta. No la había escuchado en todos los veinte minutos que llevaban desayunando en su restaurante favorito. Ahora se sentía una idiota.

— ¡Te dije: a dónde fuiste la noche anterior! —Exclamó molesta y demandante mientras posaba con fuerza sus manos sobre la mesa de cristal, haciendo que la mayoría de los cubiertos puestos sobre la mesa saltaran y sonarán con fuerza. La gente que también se encontraba desayunando en el mismo restaurante voltearon a verlas, curiosos.

— Baja la voz —Susurró avergonzada.

— ¡Entonces dime de una puñetera vez dónde fuiste o con quién te acostaste maldita perra traicionera! —Ella también comenzó a susurrar— ¡Me abandonaste!

— ¡Te mandé un mensaje! —Se excusó.

— ¡Cuando ya habías terminado de revolcarte!

— ¡Tú me ignoraste durante toda la noche, te dije que iba a salir a tomar el aire!

— ¡Y que bien que lo hiciste! ¡Dime, quién!

— Ya, ya… pero tranquilízate —Sabía que Ino se iba a molestar a la mañana siguiente por su repentina escapada con cierto hombre peli rubio, pero en ese momento no le importó y se había dicho mentalmente que ya después le mandaría un mensaje explicando todo. No era la primera vez que lo hacía, así que suponía que ya sabría qué fue lo que había pasado. Pero eso no quitaba la furia de su explosiva amiga.

— No me parece justo que mientras tú te revolcabas con sepa quién, a mí me mandaban a la verga —Se cruzó de brazos, recordando el momento con furia y vergüenza.

— ¿Qué fue lo que pasó?

— Nada, sólo que el hombre vio a una mujer mucho más sexy y joven que yo —Rueda los ojos— ¡Pero no quiero hablar de mí, a dónde fuiste ayer en la noche y con quién!

Inmediatamente, al recordar lo vivido con el rubio, un furioso sonrojo invadió su rostro pálido. Recordar las caricias, los besos, los toques y las embestidas salvajes que el rubio le había regalado hacía que una terrible excitación recorriera su cuerpo. Sonrió.

— Ayer me encontré con un hombre a las afueras del estadio. Rubio, alto, bronceado y con unos arrebatadores ojos más azules que el mismo océano. Solo lo miré y me quitó el aliento.

— ¿Tan bueno estaba? —Sonrió coqueta—. Y… ¿de una noche…? o ¿conseguiste a uno nuevo?

— Tengo su número —Muestra con orgullo el número anotado en su celular. Una sonrisa sesgada traiciona su porte inocente y calmado. Ino ensancha su sonrisa al verla.

— ¿Otro escándalo?

— Tal vez —Recarga de manera despreocupada su espalda sobre la silla, subiendo una de sus piernas sobre la silla sobrante que había aún lado de ambas, mostrando sin pudor sus torneadas y apetecibles piernas, mientras miraba el número que el mismo rubio había guardado minutos antes de despedirse.

— Nombre —Exige mientras saca su celular. Hinata inmediatamente responde e Ino comienza a teclear su nombre en Google— ¡Por dios, amiguis! —Le muestra la sensual imagen que logró encontrar, mientras con la mirada la felicita emocionada— ¡Esta buenorro! —Continúa investigando y al final termina dando con su perfil completo—. Tal perece que es otro luchador de la UFC, eso explica porqué estaba ahí. Tiene 27 años. Soltero. Vive en Michigan. Tiene un hermano mayor y una hermana igualmente mayor. Mmmn, no le va nada mal en su carrera —Dichas sus palabras le muestra a su amiga una fotografía donde él sale junto a un hermoso auto deportivo, teniendo de fondo lo que parece ser su mansión—. Oh, es amante de los perros y tiene uno llamado Kurama. Y tal parece que su última relación fue hace cuatro meses con una tal… ¡No! —La exclamación repentina de Ino hizo que el cuerpo de Hinata diera un brinco del susto. Sorprendida, Ino le mostró la pantalla de su celular, en donde sale la información del rubio.

— ¡Salió con Sara! —Exclama ahora ella mientras toma con sus pequeñas manos el celular de Ino.

— Genial. Te follaste lo mismo que esa perra se folló —Hace una mueca de asco al pensar en eso.

Mientras tanto, Hinata miraba sin poder creer que ese hombre olímpico hubiera podido salir con la perra de Sara.

— Mala suerte… —Le da un trago a su copa y después vuelve su atención a Hinata— Eh, pero no le quita lo bombom.

Hinata le da un manotazo suave, sacando una risa a su amiga. En ese momento, el celular de Hinata comienza a sonar, interrumpiendo el momento que estaban teniendo ambas. Al ver el nombre de su padre marcado en la pantalla, con una señal discreta, le dice a su amiga que guarde silencio.

— Buenos días, padre —La voz viva, alegre y confiada con la que siempre hablaba, ahora se había apagado. Su voz se había vuelto débil y tenue y la confianza se había esfumado apenas había contestado el celular— ¿Ahora? —La rubia enarcó una ceja, curiosa de la conversación de su amiga— Si… si… entiendo… En veinte minutos llegaré… bye…

— ¿Y bien? —Preguntó una vez que la Hyuga había guardado el celular.

— Tengo que irme. Mi padre solicita verme —Apresurada, toma su bolso—. Te hablo en la noche, bye —Le da un fugaz beso y, apresurada, sale del pequeño restaurante en donde habían estado desayunando tranquilamente.


— Señorita Hinata, su padre se encuentra esperándola en su despacho —Avisa una mucama a la recién llegada.

Hinata tenía la respiración acelerada. Había tenido que correr desde el portón de la entrada hasta la enorme mansión en donde vivía con su padre y hermano mayor. No había llevado su auto, razón del por qué tuvo que pedir un taxi. La noche anterior, fue Ino la que la llevó al estadio, y fue el rubio quien la llevó un lujoso hotel. Cuando la fogosa y placentera noche terminó y la mañana llegó se despidieron, dejando una clara invitación para segunda vez, y se retiraron del hotel. Pidió un taxi y se reunió con la rubia para desayunar.

Algo temerosa y nerviosa, comenzó a caminar hacia el despacho de su padre. Subió los escalones de la escalera lentamente, rogando y deseando que el tiempo se detuviera el tiempo suficiente como para mentalizarse y darse valor. Valor que en estos momentos le faltaban.

Con suavidad toco la puerta de caoba del despacho de su padre. Pudo escuchar desde el interior la fuerte, autoritaria y grave voz de su padre permitiendo su entrada. Temerosa y cautelosa, entró con suavidad, encontrándose con su padre sentado sobre uno de los sillones que tenía acomodados a un costado de su su escritorio en compañía de Sasuke. Extrañada, se acercó a ellos.

— ¿Uchiha? —Se mostró confundida al verlo sentado plácidamente en otro de los sillones, bebiendo un poco de whisky con su padre—. Es un gusto volver a verlo —El Uchiha sonrió. Claramente no creyendo en sus palabras— ¿Solicitaba verme, padre? —Se giró hacia su padre, quien en todo momento permaneció estoico y tranquilo.

— Si… —Con un quejido suave, se puso de pie, haciendo que Sasuke lo imitara— Hinata, de ahora en adelante Sasuke es tu prometido.

De forma cruda y monótona su padre le da el anuncio con una sonrisa de satisfacción y aprobación plasmada en su rostro. Su sonrisa solo acrecentaba las ya notorias arrugas que se formaban en torno a sus ojos, dándole una imagen más senil y acabada. El rostro desconfiado y temeroso de Hinata se volvió blanco como la nieve. El sonrojo habitual desapareció, haciéndola ver más como un cadáver. Su rostro se transformó en uno lleno de horror y desconcierto. Con tan solo escuchar la palabra "prometido" hizo que su respiración se detuviera y que su corazón dejara de latir. No podía creerlo y se negaba a creerlo. No quería aceptar que lo que le había dicho su padre fuera cierto, quería creer que era una mentira.

Mientras la mente de Hinata se rompía, Sasuke disfrutaba ver el rostro lleno de consternación y desaprobación ante la repentina noticia. A decir verdad, él tampoco deseaba casarse con una chiquilla mimada que lo único que sabía hacer bien era meterse en problemas y escándalos para llamar desesperadamente la atención de sus familiares que la trataban como un estorbo sin función. Era triste, lamentable y desesperante para él. No quería unir su vida con la de ella, pero las órdenes de su padre eran claras. Si quería asegurar un futuro lleno de comodidades y despreocupaciones, tenía que casarse con ella, aunque no quisiera. Fallar no era una opción. Casarse con Hinata para crear un lazo entre ambas empresas y que de esa forma las acciones crecieran con la repentina y esperada noticia del compromiso de la hija mayor del afamado empresario con el emporio más prestigiado, conocido e importante del continente americano. Ser el esposo de Hinata Hyuga era un lujo que muchos anhelaban y ser el dichoso de poder cumplir ese papel lo llenaba de un regocijo enfermizo; al punto de vista de él.

— Padre… yo… —La débil y quebradiza voz de Hinata llamó la atención de los dos hombres en esa habitación. Su rostro estaba deformado por la súplica y la piedad. No quería casarse. No quería servir solo para eso. Lo que siempre estuvo evitado ahora se estaba volviendo realidad— No… —Quería suplicar clemencia a su padre. Pedirle otra oportunidad. Poder demostrarle que su función no era solo casarse y hacer alianzas.

Quería demostrarle que ella valía más y que no por ser mujer su deber era estar bajo la espalda de un hombre. Pero la dura y fría mirada de su padre le dio a entender que a pesar de que rogara, no era algo que iba a debatir entre los dos ni reconsiderar. Se mordió los labios, frustrada. Quería llorar, pero no frente a todos. No podía demostrarles que en realidad era tan débil y frágil.

— Estoy seguro de que esto hará una unión firme y sólida entre nuestras empresas —Habló Sasuke. Le estiró la mano al patriarca de la familia Hyuga para cerrar el trato entre ellos dos.

— Estoy seguro de que si —Apretó con fuerza su mano. Cerrando por completo ese trato que pronto se convertiría en la vida de Hinata—. Hablaré con mis abogados para que todo esté en orden.

— Y yo le informaré a mi padre para que dentro de unos días podamos sentaremos a dialogar el tema con profundidad.

— Me parece bien —Sonrió satisfecho con las palabras del Uchiha.

Los dos se despidieron y el patriarca salió de la habitación, dejando solos a los dos jóvenes. Hinata solo podía apretar sus puños con fuerza, cargados de impotencia y cólera. Y el Uchiha solo intentaba ignorar su molestia.

— De verdad lo hiciste… —Se mofó del moreno. Estaba furiosa. Quería golpearlo hasta que se cansara y dejará deforme esa cara que tanto presumía, pero de nada serviría, no mientras estaban dentro de su propia casa— De verdad lograste tu objetivo… —Su voz temblaba por la ira y estaba segura de que Sasuke comenzaba a guardar su distancia por precaución.

— Siempre cumplo —Desvió la mirada hacia la ventana que estaba detrás del escritorio del patriarca Hyuga. Dejando pasar la brisa fría y placentera por la habitación, la imagen del jardín trasero de la mansión Hyuga deslumbraba los ojos del frío e impasible Uchiha—. No lo tomes personal y no esperes vivir tranquilamente siendo perteneciente a una de las familias más importantes del país. Era natural que en algún punto de tu vida llegaras a casarte con alguien. Agradece que sea yo quien esté dispuesto a unir su vida con alguien como tú —Con una mirada de reojo examinó el cuerpo tembloroso de Hinata por culpa de la furia e impotencia que contenía—. Hay que llevar esto en paz. No es buena idea que tu padre se moleste. Esta es una alianza que beneficia a ambas empresas, piensa sabiamente tus acciones. Tu vida no te pertenece a ti y eso se decidió desde que naciste con el apellido Hyuga —Con una fría y letal mirada, salió de la habitación.

Con el sonido de la puerta cerrada, dejando salir toda la furia que había tratado de contener todo ese tiempo, tomando con fuerza y decisión lanzó con ira un pequeño jarrón que su padre tenía en su despacho como una simple decoración. El sonido agudo que desprendió al impactarse sobre el suelo quedó impregnado en sus tímpanos. Su respiración era pesada y veloz. Quería mandar todo al diablo y decirle a su padre que no importaba qué era lo que le fuera a hacer, que ella no se casaría con el cínico y egocéntrico Uchiha menor con un orgullo desmesurado. Ni muerta.

Salió veloz del despacho. Bajó de dos en dos los escalones dirigiéndose al garaje. Tomó las llaves de su lujoso auto y salió dejando completamente preocupados a los sirvientes que la habían visto. Estaba tan molesta que poco le importó pasar el límite de velocidad. Les iba a dar las razones suficientes a todos los imbéciles que trataban de controlar su vida de que ese compromiso no iba a funcionar de ninguna manera. Y si no bastaba con eso, ella misma les diría en la cara que no se iba a casar hicieran lo que hicieran. No iba a dejar que siguieran controlando su vida. Era de ella y de nadie más.

Marcó el número de cierta persona en la pequeña pantalla de su auto. No tardó mucho tiempo en que respondiera.

— Bueno.

— Hola, Naruto. Soy Hinata… —Se hizo un pequeño silencio entre los dos antes de que ella volviera a hablar— ¿Estás ocupado?