— Entonces… —Con tranquilidad y suavidad, dejó un vaso de agua enfrente de la Hyuga menor mientras analiza la situación. La inspeccionó con la mirada. Sin duda se notaba que estaba molesta, pero había cierto destello de determinación en su rostro que lo confundía.
— Lamento haber venido tan de repente, pero… bueno… —No sabía cómo abordar el tema. Miró nerviosamente el lujoso departamento del rubio. Completamente modernizado, con colores oscuros y metálicos, además de que estaba repleto de referencias al deporte que ejercía— Es solo que quiero conocerte más… —El rubio frunció el ceño ante su respuesta— Digo… —Cerró los ojos mientras aclaraba su mente y sus ideas— Quiero aprovechar que me diste tu número —Se acomodó en el incómodo sillón de cuero que con cualquier simple movimiento producía un chirriante sonido que le desagradaba.
— Estás hablando de una relación… —Frunció una de sus cejas ante su propio comentario.
— No exactamente… —Negó con la mirada— Me refiero más… abierta —Representó la expresión con sus brazos mientras miraba avergonzada al rubio.
— En realidad me parece bien. Incluso si tú no me lo hubieras sugerido hubiera sido yo el que te hubiera buscado, pero… —Se cruzó de brazos mientras la miraba con una mirada interrogante, apoyado sobre el respaldo de uno de los sillones— ¿Por qué tan de repente?
— Siento que hubo química entre tú y yo… —Se apresuró a contestar. Sabía que estaba mal mentirle, pero su repentino plan era su única escapatoria— Tú… ¿sabes quién soy? —Preguntó dudosa. Era una completa estupidez, todos sabían quién era, pero aún así quería saber si él realmente sabía quién era en realidad. No lo que todo el mundo sabía, sino lo que sólo los pertenecientes al mundo de la alta sociedad conocían.
— Hinata Hyuga… Modelo y recientemente solista en ascenso… —La miró fijamente. Analizando su porte, sus gestos, todo. Algo en su mente lo inquietaba— O ¿te refieres a lo otro?
— Entonces si me conoces… —Bajó la mirada.
— No en realidad. No te lo tomes a mal, pero realmente no me interesa el mundo empresarial. Mucho menos familias poderosas. Soy más… mi estilo.
— Ya veo… —Sonrió. Algo aliviada— Entonces… eso en qué nos convierte.
— ¿Novios? —Sugirió, más como pregunta.
— Para los medios, pero para nosotros… ¿cómo…?
— Buena pregunta —Llevó las manos a los bolsillos de su pantalón mientras pensaba seriamente qué tipo de relación tendrían en realidad—. Tal vez… ¿amigos con derecho…?
— Me gusta —Le sonrió. No mentía. Era una relación mucho más abierta y libre de lo que esperaba. Además, de qué más escandalosa.
— ¿Empezamos?
— ¿Qué? —Lo miró confusa, pero antes de que pudiera añadir algo más, Naruto saltó sobre ella, sorprendiéndola y tomándola de improvisto.
La besó con fuerza. El contacto fue brusco, pero placentero a la misma vez. Deslizó sus fuertes y macizas manos por los delgados brazos de Hinata mientras profundizaba más el beso. Podía sentir bajo su escultural cuerpo como la respiración de Hinata comenzaba a acelerarse mientras trataba de seguirle el paso con semejante beso que cada vez tomaba más fuerza. Deslizaba su lengua sobre la suya como un experto. Maniobraba y se apoderaba de ella al punto de quitarle el aliento.
Sus manos, que habían permanecido a la espera, pronto buscaron el contacto del rubio desesperadamente. Quería sentirlo. Sentir su calor y su deseo por ella. Quería sentirlo completamente. Deslizó sus finos dedos por encima de la tela de su camisa, degustando el contacto que le brindaban los definidos músculos del rubio. Admirando su contorno y degustando placenteramente cómo se contraía ante sus caricias. Bajó por sus oblicuos, acariciándolos y marcando con sus dedos cada contorno y profundidad con sensualidad. Tomó con suavidad el borde de su camisa y lo alzó sobre sus hombros, cortando el beso y haciendo que él mismo terminara de quitársela por completo. Tan pronto como se separaron volvieron a juntar sus labios desesperadamente.
Jadeantes, movían sus manos por sus cuerpos con sensualidad y experiencia. Acarició las piernas que el rubio tenía a sus costados y se deleito con las suaves contracciones que provocaba en él. Era fácil de estimularlo.
Naruto, desesperado, comenzó a desabrochar los molestos botones de su camisa. Cortó el beso y admiró los generosos, robustos y pronunciados senos de Hinata. Jadeante, lanzó la camisa y se apoderó de sus generosos senos y los acarició con lentitud y generosidad. Sintiendo su tamaño, peso y suavidad. Eran enormes. Y le encantaban. Desde la otra noche se había dado cuenta que le encantaban sus senos, al punto que pronto se podrían convertir en su nueva adicción.
— Naruto… —Jadeó su nombre en una súplica silenciosa. Quería más. No quería esperar. Lo quería ahora.
— Lo sé… —Juntó sus labios de vuelta y llevó sus expertas manos en suaves caricias hacía el broche de su sostén. Y en un movimiento simple liberó los ansiados melones que ansiaba probar de nueva cuenta.
Abandonó sus labios y fue bajando lentamente. Beso su blanco y delicioso cuello y continúo bajando, depositando en su camino húmedos besos en su marcada clavícula.
— Agh… —Gimió suavemente al sentir cómo apretaba con sus dientes uno de sus pezones con fuerza, para después lamerte y al final meterlo por completo dentro de su boca— Naruto… —Cerró los ojos, degustando las caricias que le proporcionaba en sus pechos. Mientras uno lo acariciaba con su palma, el otro era devorado por su boca ferozmente— Por favor…
Quería más, y él lo sabía. Pero quería torturarla. Quería hacerla gozar hasta que ella misma le suplicar y le exigiera que la poseyera, que fuera rudo. Que lo quería dentro de ella, muy dentro de ella. Y esta vez no iba a ser suave como la otra vez.
— Estás más sensible que la otra vez —Comentó mientras mordía con suavidad uno de sus pezones. Con su traviesa y libre mano, fue bajando. Torturándola con su lentitud.
Primero acariciando su plano y caliente abdomen, después delineando con sus dedos su ilion que sobre salía para ir bajando mucho más.
— Apenas te estoy acariciando… y ya estás tan mojada —Sonrió sesgadamente al sentir la humedad que impregnaba sus ajustados pantalones para después comenzar a acariciar su entrepierna con suavidad y lentitud. Degustando las expresiones que el rostro de Hinata le mostraba. Sus carnosos y rosados labios eran mordidos por ella misma, tratando de contener sus suspiros. Le encantaba. Lo excitaba. Lo drogaba.
— Naruto… por favor… —Jadeó. Contrajo su pelvis, tratando de profundizar el contacto.
— Por favor… ¿qué? —En un movimiento brusco profundizó la caricia para después volver a retomar el ritmo, haciendo que Hinata soltara un gemido de sorpresa y placer— ¿Qué es lo que necesitas? Si no me dices… ¿cómo esperas que sepa lo que quieres? —Repitió la misma acción, sacándole otro gemido de placer a Hinata.
— Follame, por favor. Solo follame —Exigió con desesperación. Quería sentirlo. Sentirlo dentro de ella. Follandola duro y fuerte.
Sonrió perversamente al escucharla. Había cometido su objetivo y estaba satisfecho. Pero el juego apenas comenzaba. Detuvo sus caricias, sacando un quejido de la garganta de Hinata, pero que pronto fue olvidado al ver cómo Naruto desabrochaba su pantalón para después bajarlo y hacer que levantara las caderas para quitárselo junto con sus bragas.
— Así está mejor —Volvió a juntar sus labios en un beso feroz y necesitado. Ambos necesitaban más. Más intenso, más duro, más profundo y mucho más fuerte. Lo necesitaban. Lo necesitaban en ese momento.
Acariciaba sus senos con urgencia. Podía sentir cómo el cuerpo de Hinata se crispaba ante sus toques y caricias y sintió a la perfección cómo sus delicadas manos bajaban por su abdomen y comenzaban a desabrochar su pantalón para adentrar esa mano traviesa por debajo de su bóxer y tomar con sus pequeñas manos su ancho, largo y duro pene para comenzar a masturbarlo con suavidad y lentitud.
Cortó el beso y gruñó. Frunció el ceño y se mordió los labios. Se sentía bien. Demasiado bien. Tanto que sentía que se correría en su mano en cualquier segundo. Se aferró con fuerza al sillón. Apretando con sus manos el cuero, haciéndolo rechinar. Fruncía el ceño para el deleite de Hinata. Sus labios, carnosos y estilizados, de tanto morderlos ahora están rojos, hinchados y húmedos, viéndose tentativamente apetecibles. Aumentó la velocidad de su mano y lo jaló hacia ella para volver a besarlo. Lo necesitaba. Ahora. Entonces por qué se tardaban tanto.
En un brusco y repentino movimiento, Naruto le dio la vuelta, ahora estando él sentado sobre el sillón y ella sentada sobre sus piernas. Dejando su respingón pene entre ambos. Hinata tragó, deseosa e impaciente. Él sonrió, admirando y disfrutando ver su enrojecido y jadeante rostro.
— Ya no aguanto —Jadeó. Tomó las anchas caderas de Hinata y la posiciono sobre su duro y listo pene.
— Yo tampoco. Hazlo —Suplicó.
Dejando caer su peso sobre él, en una estocada fuerte y rápida se adentro por completo en su cálido y apretado interior. Ambos gimieron ante la deliciosa sensación de placer que el contacto íntimo les provocaba en sus cuerpo sudorosos y jadeantes. Pero querían más.
Marcando el ritmo de las embestidas, fue Hinata la que comenzó a moverse sobre el rubio. Subiendo y bajando con rapidez y dureza. No quería ser delicada y suave. Eso lo habían experimentado la noche anterior. Esta vez quería ser salvaje. Quería que la hiciera gritar mientras la hacía llagar al orgasmo.
Naruto apretaba los dientes y tomaba con fuerza las caderas de Hinata en un intento de hacer mucho más rápido las embestidas. Podían escuchar cómo sus cuerpos soltaban sonidos acuosos con cada choque que había entre ellos. Los gemidos que tanto habían intentado retener ahora eran fuertes y placenteros. Incrementaban la libido que había entre ambos.
— Más… —Jadeó cerca de sus labios. Intentando aumentar la velocidad y profundidad de sus embestidas.
Alzó el rostro y junto sus labios en un beso desesperado y necesitado. Sus lenguas se movían y retorcían una contra la otra. Ambos gimiendo entre el beso mientras esperaban ansiosos el final.
Hinata frunció el ceño aún besando a Naruto, sintiendo llegar el momento. Naruto comenzó a gruñir. Ambos lo sentían cerca. Ambos lo necesitaban.
— Ahg… Na-naruto… yo… aaahh…
— Hinata… agh… Hinata…. Grita mi nombre…
— Naruto… yo… agh…
— Di mi nombre… —Exigió, sintiendo que pronto se correría.
Se aferraron con fuerza el uno contra el otro, mientras gemían con fuerza al sentir como ambos se corrían aún al compa de las fuertes embestidas.
— ¡Naruto! —Gritó con fuerza su nombre para después dejar caer su cuerpo sobre el sudoroso de él. Respirando pesadamente, trataba de regularizar su respiración mientras descansaba sobre el cuerpo del rubio. Todo su cuerpo crispaba por más mínimo contacto. Estaba cansada y sudorosa. Pero completamente satisfecha— Eso fue…
— Fantástico… —Completó. Hinata solo asintió con la cabeza— Hay que ir a bañarnos —Tomó su cuerpo con sus fornidos y fuertes brazos y la alzó, causando que soltara un gemido de sorpresa—. Aún falta el segundo asalta —Sonrió perversamente mientras caminaba rumbo al baño para tomar una placentera ducha con ella.
— Nos vemos —Deposito un suave y superficial beso en los labios del rubio mientras le sonreía. Era hora de irse. Había pasado más tiempo del pensado en el departamento del chico. Pronto el sol se ocultaría.
— Te marco luego —Le guiñó un ojo en forma de despedida.
Presionó el botón del elevador que daba al lobby. De hecho, ahora que lo pensaba con profundidad… ¿no se suponía que él vivía Michigan? ¿entonces que hacía viviendo en un pent-house de Nueva York?
No le dio importancia y se apresuró a salir del edificio para llegar a la casa de su rubia y alocada mejor amiga. No tenía ganas de dormir un par de días en su hogar, si es que lo podía llamar así. De hecho, aún no entendía por qué jamás se mudó. Tal vez era porque sabía que su padre jamás se lo permitiría. Pero ahora que más lo pensaba, menos le importaba. No estaba dispuesta a compartir espacio y ni siquiera aire con unas personas como ellos. Ni aunque fueran su familia. Ellos con el paso del tiempo se encargaron de que dejara de verlos como su familia. Ellos mismos habían cortado sus lazos con ella. Llegando con Ino lo platicaría más a fondo y buscaría un lugar en dónde podría mudarse.
— ¿Naruto? ¿Él? —Inquirió la rubia. No tenía mucho tiempo que Hinata había llegado y ahora ambas se encontraban cómodamente recostadas sobre la cama de la rubia.
— Fue el primero que se me vino a la mente… además, en parte, quería que fuera él… —Suspiró. Su mente la traicionó ya que, como un torrente sin control, las memorias de lo sucedido horas atrás asaltaron su mente. Desvió su rostro para que Ino no viera su creciente sonrojo.
— ¿Te gusta?
— Claro —Confesó completamente despreocupada.
— No me refiero a eso… —Frunció el ceño en una mueca.
— No…
— ¿Sexualmente?
— Si…
— Y ¿es bueno?
— No te diré eso… ahora sólo es mío —Le sacó la lengua mientras le levantaba su dedo del medio en una clara ofensa cariñosa.
— …
— Has estado algo distante… ¿ocurre algo? —Se levantó un poco para ver el inexpresivo rostro de su mejor amiga. No decía nada, solo miraba el insípido techo de su habitación. Meditando.
— No te enamores… —Susurró por debajo.
— No pensaba hacerlo —Se volvió a recostar— Ahora estoy comprometida y a la misma vez siéndole infiel a mi prometido. ¿Eso me convierte en una perra o una puta?
— Eso te convierte en una golfa amigui…
— Gracias…
— Entonces, ¿Dónde planeas vivir? Puedes vivir conmigo —Sugirió.
— No, pero gracias por la propuesta. Quiero comenzar a ser independiente. Tal vez cerca de la agencia, pero a la misma vez no quiero estar tan cerca de la zona comercial; odio el ruido excesivo.
— ¡Armando! —Gritó la rubia. Hinata dio un brinco del susto por lo repentino que fue. No tardó en llegar un criado a la habitación— Busca un pent-house cerca de la agencia de Hinata lo más rápido posible —El criado simplemente asintió y después salió apresurado de la habitación.
— Creí que ya no trabajaba aquí.
— ¿Por?
— Te lo coges cada que tus padres no estan, o sea, todos los días. Además, de que él sabe de que no es el único al que te follas. Si no mal sé, él está enamorado de ti, pensé que no lo soportaría y renunciaría.
— Es por eso… —Suspiró— Le dije que lo nuestro jamás iba a funcionar, pero aún así quiere permanecer a mi lado. ¡Y es bueno! Un juguete que puedo usar todos los días.
— Eres mala —Se quejó mientras la miraba acusadoramente.
— Yo no le pedí que se quedara o que se enamorara de mí —No le dio importancia.
— ¿Por? Es un buen partido. Te ama. Es guapo. Estudia su carrera. Es cariñoso. Atento. Además de que es totalmente fiel. Es perfecto. ¿Qué está mal?
— Lo que está mal son mis gustos. No él.
— ¿Tus gustos? —Frunció el ceño.
— ¡Tengo sueño, buenas noches! —Tomó un cojín y se lo aventó a la cara a la Hyuga para después meterse entre las sábanas y cerrar los ojos.
Subió con rapidez los escalones que le quedaban para llegar a la casa. Rogando a los dioses que su padre o su hermano estuvieran para que la vieran llegar. No quería otro regaño y no estaba de humor para más regaños. Pero tal parece que todos los dioses la odiaban, ya que apenas llegó a la primera sala que estaba cerca de las escaleras que la conducían a su habitación se encontró con su padre acompañado de Sasuke Uchiha. Frunció el ceño en una mueca de molestia, pero no dijo nada y simplemente se cruzó de brazos esperando el regaño.
— ¿Dónde estabas? —Preguntó seriamente su padre.
— Con Ino. ¿Ya no puedo incluso hacer eso?
Su padre sólo se limitó a fruncir el ceño en un gesto severo. Se giró al Uchiha y comenzó a hablar.
— Como tu prometido, tienes que pasar tiempo con él. Por eso lo llamé y le sugerí la idea de que fueran juntos a almorzar y tomarse el tiempo en conocerse mejor. Pasen el día juntos y convivan para un futuro prometedor.
— ¿Un futuro prometedor para mi… o para ti y Fugaku? —Habló cínicamente.
— ¡¿Dónde están tus modales?! —La vio severamente. Conteniendo sus ganas de acercarse a ella y abofetearla por su osadía. Pero no podía por la presencia del Uchiha que se encontraba a su lado.
— Como sea… —Suspiró— Me iré a cambiar —No esperó respuesta y subió los escalones sin ver a ninguna de los dos hombres que estaban a su espalda. Uno viéndola con furia contenida y el otro viéndola con diversión y un renovado interés.
— Lamento el comportamiento de mi hija —Se disculpó el patriarca.
— No. Me gusta —El patriarca frunció el ceño ante su comentario—. Es interesante —Sonrió, aún sin dejar de ver por donde había desaparecido Hinata.
