MI NIÑA

POR COQUI ANDREW

CAPITULO NUEVE

PARÍS

Algunos meses después

Terminé mis estudios del día, salí de la biblioteca y me dirigía a mi habitación

-Buenas tardes, Candy – Dijo Terry

-¡Oh! Me asustaste, Terry, buenas tardes-

-Si, ya me di cuenta, jajaja, ¿Estará tu papá?

- Si claro, está en su oficina, te llevo, es por aquí- Vi que Terry venía con una persona más, pero no pregunté quién era, pero no podía dejar de verlo, pues era muy guapo, de estatura 1.90. delgado, hombros anchos, rostro muy definido, con un poco de barba, nariz recta, cejas y pestañas tupidas y obscuras ojos color azul celeste, lo cual hacia que su mirada fuera intensa, labios carnosos, dentadura perfecta, cabello castaño, si ya se, recordaba a Albert, solo el color de cabello era diferente, pero había algo en él que me atraía más.

Llegamos a la oficina de mi padre y toque a la puerta- toc, toc – se escuchó un "adelante", entramos –Buenas tardes Monsieur Leduc – Dijo Terry

-¡Terry!, buenas tardes, pasa, pasa, ¿Se te ofrece algo, hija? Pregunto mi padre

-No, papá, solo acompañe a Terry y su acompañante hasta aquí – Mi papá volteo a ver al caballero que estaba parado junto a Terry -¿Necesitas algo papá? ¿Te envío un servicio de té o bebida fuerte? –pregunte

-Si, hija, por favor, ¿Desean algo de tomar? – Les pregunto

-Si, preferimos un Chambord, por favor- Dijo Terry

-Ya escuchaste, hija ¿puedes hacerme el favor? – dijo papá

-Claro, papá enseguida se los traerán. Con permiso – Me dirigí a la puerta y

salí.

En el despacho, se quedaron solo los tres caballeros iniciando la siguiente conversación

-Monsieur Leduc, tengo el gusto de presentarle a Fréderic Marchant, es el hijo del dueño de la empresa Marchant, se dedica al ensamblaje de aviones. –El joven se acercó para darle la mano al señor de la casa.

-Encantado de conocerle, Monsieur Marchant – dijo el Señor Leduc y estrechando su mano.

-El gusto es mío, Monsieur Leduc, me dijo Terry que tiene un negocio para mi familia, vengo en representación de ellos. ¿Quiere que lo discutamos? – Pregunto el joven.

-Sí, claro que si, tomen asiento, por favor- dijo el señor

A puerta cerrada empezaron a charlar sobre negocios.

Después de pedir el servicio para mi padre y sus invitados, me retire a mi habitación, ¿Quién será ese caballero, que vino con Terry?, Es muy guapo, ¡Arrg! Pero qué estoy pensando, yo amo a Albert, ¿o no?

-Mademoiselle Candy, ya está su baño, su madre me indico que los jóvenes que están con su padre se quedarán a comer y quiere que se arregle muy bonita, bueno más de lo que es… - dijo Paulette, yo solo sonreí

-Está bien, vamos, por cierto ¿cómo te fue con Jerome? – note como se sonrojaba

-Pues bien, Madamoiselle, platicamos, cenamos y después dimos un paseo por el parque, ahí sentados, me pregunto s quería ser su novia…

-Oh, Paulette, qué bien, le dijiste que si ¿verdad? - Yo estaba muy emocionada

- Pues si, Madamoiselle Candy, acepte ser su novia, me trata bien, dice que un futuro nos casaremos – me dijo muy emocionada.

-Me alegro por ti, mereces ser feliz, ya sabes cuentas conmigo para todo lo que necesites – le dije tomándola de la mano, después de darme un baño, Paulette me dejo como una princesa, según ella –

Baje al comedor y ya estaban esperándome, mi padre se acercó y me presentó al misterioso hombre.

-Hija, te presento al Monsieur Fréderic Marchant, mi nuevo socio, pues voy a invertir en la aviación. – dijo mi padre

-Mucho gusto, Madamoiselle Leduc – dijo el caballero, depositando un beso en el dorso de mi mano e hizo que me sonrojara.

-Es un placer, Monsieur Marchant – dije; mi padre me volvió a tomar de la mano para dirigirme a mi lugar que era a la izquierda, al lado de mi madre, se encontraba Fréderic y a mi lado estaba Terry.

El Señor Marchant me ponía muy nerviosa, no dejaba de mirarme, yo trataba de no verlo, pero me era imposible, me atreví a preguntar - ¿Es usted hijo único, Monsieur Marchant? – sentí que mis mejillas se ponían rojas.

Todos voltearon a verme, mi padre, estaba a punto de llamarme la atención, cuando el señor Marchant me respondió – No Madamoiselle Leduc, tengo dos hermanos mayores, pero radican fuera de París, ellos están casados y se dedican a otros negocios, podríamos decir que después de mucho tiempo llegué a la vida de mis padres, tengo 25 años. Madamoiselle - dijo con una sonrisa, me recordó a alguien especial. Coincidencia no lo creo.

-¿Piensan quedarse en definitivo aquí en Paris?

-Aún no estamos seguros, pues tengo negocios en América, en específico Chicago, con William A. Andrew – contesto mi padre e hizo que me pusiera triste.

-¿Con los Andrew? - preguntó - Pues realmente tienen todo cubierto, aquí en Europa y América, Monsieur Leduc. Los Andrew tienen muy buena reputación, ojalá yo pudiera hacer negocios con ellos – comento

-¿Te pasa, algo Candy? – pregunto Terry

-¡Oh! No, Terry, solo recordé algo – volteé a ver a mis padres

-Tienes que olvidar, hija, aquí tienes una nueva vida, tal vez en un año volvamos y pasarás a visitar a tus amigos.

En eso entro el mayordomo – Disculpen ¿Dónde desean tomar el té? - pregunto

-En el jardín, por favor – dijo papá. Terminamos la deliciosa comida que prepararon. Nos dirigimos al jardín, Monsieur Marchant se ofreció el brazo y gustosa acepte.

La tarde se fue muy rápido, al despedirse, ambos caballeros, prometieron volver.

En los siguientes días recibía siempre un gran ramo de rosas blancas, me imagine que eran de él, pues me conoce bien y sabe que son mis preferidas, pero también me llegaba una orquídea, me sorprendió ver lo hermosa que era y sobre todo quien me la envía…Monsieur Marchant.

-Madamoiselle Candy –entro gritando Paulette

- ¿Qué pasa? Porque entras así – pregunte toda angustiada.

-Tiene visita, vamos a cambiarla y arreglarla, su padre le dio permiso para salir con esta persona – me dijo con una gran sonrisa

-Pero ¿Quién es? – pregunte

-Madamoiselle, vamos tiene que estar lista en cinco minutos, ande aproveche que va salir un momento de su encierro.

-Está bien, me cambiaré – le dije. Decidí poner un vestido color rosa sencillo pero elegante, Paulette, me recogió el cabello en una coleta, me maquillo sencillo, pero me gusto como me veía. Tome una cartera de color crema, mis guantes y mi sombrero, nos dirigimos a la puerta, cuando entro mi padre

-¡Qué hermosa estás, hija! vas a salir, pero no quiero atrasar tu salida, a tu regreso quiero que platiquemos. ¿De acuerdo?

-Si papá, pasare por tu despacho a mi regreso. - Le conteste

-Gracias, hija, por cierto, toma este dinero, por si lo llegarás a necesitar, en esta ocasión Paulette, no te acompañara, confío en la persona con la que saldrás.

Tanto así, pensé – Gracias papá, pero ¿Quién es esa persona? ¿Acaso la conozco? – pregunté

-¡Claro, que la conoces! Anda ve, te vas a llevar una gran sorpresa, está en hall, ve - Sin más me despedí de mi padre y de Paulette, baje al principio con calma, pero apresure mi paso - ¿Será, Albert? ¡Oh Dios! Me vino a buscar – pensaba, a cada paso que daba para llegar al hall, mis latidos del corazón se hacían más fuertes, me acerqué, vi un hombre alto vestido elegantemente y con el sombreo en sus manos, cuando se giró, mis ojos se abrieron de sorpresa, no creía lo que veía.

Continuará…

Gracias por sus comentarios.

Saludos y bendiciones.

Coqui Andrew