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LA BESTIA CELOSA

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—¡Kamiya-sensei! ¡Mire esto! ¡Ha!

Queriendo entender esta parodia de mal gusto, el joven pelirrojo arqueó una ceja ante varios adolescentes que, apenas ver a su madre cruzar las puertas del Dōjō Maekawa, la rodearon separándolo de ella para mostrarles movimientos mediocres de kendo, pensando que ya eran unos maestros en la materia.

—Debes sostener con más fuerza y ser más certero con tus movimientos, así sólo lograras lastimarte a ti mismo —corrió Kaoru sin impresionarse.

Por supuesto, ¿cómo sorprender a una mujer que compartía el techo con una leyenda viviente? Si el abuelo viese esto ya estaría cortando en pedazos a estos farsantes, que notablemente, deseaban aprender kendo no porque les interesase (ni un poco) sino porque buscaban usar esas milenarias enseñanzas para impresionar mujeres. Era tan obvio, y ellos tan estúpidos.

—¡Kamiya-sensei! ¡Kamiya-sensei!

—¡Tengo dudas, Kamiya-sensei!

Kenji frunció más el ceño. ¿Acaso no sabían que su madre estaba felizmente casada y ahora su apellido era Himura? ¿Por qué llamarla por el apellido del abuelo Koshijiro?

¿Qué maldita clase de falta de respeto era esa?

»Cuídala.

Ya comenzaba a ser algo notable la causa por la que Kenshin no soliese acompañar a su esposa a este dōjō.

Qué pena que el joven Himura no era tan paciente y tolerante como su madre. O siquiera tan difícil de molestar como su padre.

—Perdedores —bufó en voz alta para que un par de revoltosos lo escuchasen y se girasen a su dirección.

Si su padre no les ponía un alto a estos bastardos, lo haría él.

Al diablo. Estas patéticas excusas de aspirantes a kendokas no iban a coquetear con su madre en sus narices.

—¡¿Qué dijiste?! —exclamó al unísono, un par de tontos.

—¿Acaso no se lavaron bien las orejas, perdedores?

—¡Te vamos a…!

—¡Kenji, hijo! —exclamó Kaoru al fondo, apartando a varios alumnos para llegar a él—. No te quedes atrás, pasa —lo tomó de la manga de su yukata negra para adentrarlo ante las caras de póker de los otros.

—¿Dijo "hijo"? —preguntó uno al otro.

Kenji sintió que moriría de la vergüenza si su madre empezaba a llamarlo Kenji-chan frente a toda esta bola de idiotas. Sería demasiado para su orgullo.

—Himura-chan, veo que has traído a tu hijo.

Un anciano se aproximó acompañado de un hombre maduro.

—Así es, señor —Kaoru hizo una reverencia—, espero no le moleste.

—No, por supuesto que no. —El anciano lo miró atento—. Se parece mucho a su padre, incluso es pelirrojo como él.

Varios alumnos rodaron los ojos con fastidio.

—Pero también heredó mis ojos —dijo orgullosa, aferrándose al brazo de Kenji.

—Sin duda es una combinación poco usual de colores en un japonés —el anciano se quedó pensativo por un par de segundos—. ¿Y es tan bueno en el kendo como sus padres?

Kenji quiso maldecir.

Su madre por el otro lado se quedó muda, seguramente estaba armando cabos. Si él había estado viviendo por tanto tiempo con Seijûro Hiko…

—Kenji… ¿tú y Seijûro-san…?

—No estoy interesado en el kendo —se apresuró a mentir sin pelos en la lengua.

—Y nos llamaba a nosotros "perdedores" —farfulló un tipo entre la multitud de adolescentes que al fin habían cerrado sus bocas al ver al viejo.

—Mmm, qué pena. Con los dotes naturales que seguro heredaste de tus padres hubieses, quizás, aprendido bien el estilo de pelea de tu padre.

«¿Qué pretende este viejo?» pensó muy molesto, manteniendo el rostro en blanco—. Mi madre practica el kendo, mi padre es "una leyenda" del kendo —hizo comillas en el aire—, ¿y eso significa que yo también deba seguir sus pasos? Mi madre ya tiene preparado al siguiente maestro del Kamiya Kasshin Ryū y respeto los deseos de mi padre que es el de no adoptar su estilo de lucha.

—Kenji —musitó Kaoru.

Qué haya aprendido el Hiten Mitsurugi Ryū y ya lo haya usado en seres humanos (unos desagradables, por cierto) era una cosa; que lo cuente a cuanto anciano curioso que se le cruzase, en medio de tantos bocones, haciendo alarde de ello como si eso no fuese a afectar a su madre, era otra cosa muy distinta.

Para su sorpresa su madre se vio algo desilusionada ante su desinterés en el kendo.

Shishou tenía razón, a veces las mujeres eran raras. ¿Acaso su madre quería que aprendiese a luchar? ¿Había roto sus ilusiones de entrenarlo ella misma? ¿Qué significaba esa mirada triste?

¡Genial! Por si no se sintiese lo suficientemente miserable por sí mismo. Debió haber rechazado el haberla acompañado, tal vez así, ella no estaría viéndolo de ese modo ahora.

Quizás le contase todo a su madre algún día pero no sería hoy y menos con tantas orejas chismosas escuchándolo todo.

Luego de tan raro interrogatorio el entrenamiento en el dōjō dio inicio. Varias veces Kenji, sentado al lado del viejo siniestro que al menos dejó de hacerle preguntas, se cuestionaba sobre qué haría Shishou si veía a tantos malos aspirantes a kendokas reunidos en un solo sitio.

«Prendería fuego a este sitio y diría: "he hecho mi buena acción del día", mientras bebe sake sobre las cenizas» Kenji aguantó bien las ganas de reírse; menos mal que podía distraer su malhumor con chistes así, en vez de centrarse enteramente en sus propios problemas. O en los idiotas que veían a su madre más de lo permisible.

Odiaba que la llamasen "Kamiya-sensei" como si el que estuviese casada con su padre no fuese de importancia. Como si Kenshin Himura no existiera. Pero lo que más le calaba la paciencia era que su madre no corrigiese eso.

¿Por qué?

—Te ves demasiado fuerte para ser alguien que no le gusta el kendo.

Oh, maldita sea.

Ya empezó de nuevo.

—¿De qué habla? Soy delgado, bajito y sin ninguna habilidad salvo hacer ramen decente. —En ese instante captó al quinto infeliz que recorría con una mirada lasciva a su madre. Menos mal que Kenji no tenía una katana en la mano o él mismo habría iniciado una carnicería.

Tenía que controlarse.

El viejo se rio.

—Las apariencias engañan, tu padre es la prueba viviente de eso.

Aguantando las ganas de tomar a su madre y salir corriendo, Kenji pensó que si evitaba darle cuerda a la conversación con suerte el viejo ya fuese senil y en un segundo se olvidase de lo que estaba preguntándole.

—Seguro te preguntas por qué a tu madre la llaman "Kamiya-sensei".

De acuerdo, eso sí necesitaba saberlo. ¿Tanto se notaba su disgusto con respecto al tema?

—Mhmm…

—Eso es porque así se le reconoce como una maestra. Antes de casarse con tu padre la llamaban "Kaoru-sensei", sin embargo posterior a su boda ella prefirió que no la llamasen por el apellido de Himura. Dice que a él no le haría mucha gracia oír a los chicos llamarla "Himura-sensei" cuando la mayoría de estos lares sabemos las extraordinarias cualidades de su esposo —suspiró con nostalgia—. Yo tampoco le veo el sentido a su petición… pero veo que ella no tuvo, ni tiene, malas intenciones para tomar esa decisión.

Tampoco Kenji comprendía del todo eso, pero si su madre de alguna extraña forma quería evitar que a su padre se le asociase con el término de "maestro" entonces quizás debería aprender a tolerar que todos esos pequeños bastardos llamasen a Kaoru con su apellido de soltera.

—¡Con fuerza! —ordenó Kaoru.

Los alumnos en buena coordinación hacían movimientos certeros hacia delante, daban un paso atrás y volvían a golpear al aire.

Cuando al fin llegó la hora de irse a casa, Kenji se acercó a su madre quien le pidió unos minutos más. Hablaría con el anciano Maekawa acerca de los nuevos horarios debido al incremento de alumnos.

—Ya regreso —dijo ella amablemente.

—De acuerdo. Estaré afuera.

De brazos cruzados Kenji esperó con calma mientras su madre terminaba de hablar con el viejo y otro hombre quien, por lo que notó, era el siguiente maestro de este dōjō. El siguiente maestro Maekawa en la lista.

—Así que el amado hijo de Kamiya-sensei no está interesado en el kendo —se burló uno de los cinco que había contado Kenji antes, mirando a su madre de forma indecente.

Si estos fuesen otros tiempos, el chico pelirrojo ya le habría cortado la cabeza y la habría clavado en un palo frente a este dōjō como advertencia.

—Ni siquiera porque su padre fue el Battōsai del Bakumatsu —agregó otro—, creía que la sed de sangre podía heredarse. Creo que ya podré dormir tranquilo.

La voz de Shishou opacó por un segundo la mente de Kenji.

»Los idiotas son como las piedras. Hay en todos lados —en ese recuerdo, Shishou lanzó una gran roca que al desnudo abdomen de Kenji mientras él trataba de mantener su postura en cuclillas con dos cubetas grandes de agua sobre sus hombros gracias a una vara de bambú—. No habrá día en el que no te tropieces con solo una. Entonces tienes dos opciones: la ignoras o la destruyes.

En ese instante Kenji ignoró el dolor, se olvidó de la roca y continuó su entrenamiento sin demoras.

Eso debía hacer ahora.

—¿Qué pasa? ¿Acaso ya no te sientes tan valiente por no ser protegido por Kamiya-sensei?

Sus ojos azules se entrecerraron un poco. Kenji lo miró de reojo.

—No eres más que una piedra —le dijo fríamente—. Una piedra muy pequeña e insignificante. Tan débil que me daría vergüenza que dijeses que aprendes kendo en este dōjō y que mi madre es tu maestra.

El ofendido apretó su bokken.

—Qué duras palabras para ser el hijo de un maldito asesino —se inmiscuyó el otro.

Antes de ceder al impulso de apretar sus puños, debía recordar mantener el control de sus emociones. Aunque eso no significaba que pudiese dejar que el honor de su padre fuese insultado con tanta facilidad. Menos en su presencia.

—Pues ese maldito asesino contribuyó a que inútiles como ustedes dos pudiesen vivir sin temor a perder las cabezas por tener unas bocas tan estúpidas.

—¿Qué está diciendo este bastardo?

—¿Acaso no te lavaste los oídos bien, piedra inútil? —al parecer esa pregunta les hacía enojar mucho. Y por Kenji estuvo perfecto ya que no era lo más ofensivo que pudiese decir.

—Tú… ¡no nos provoques! —la piedra inútil, cuyo nombre real no importaba para Kenji, alzó el bokken dispuesto a atacarlo con uno de los movimientos del estilo Kamiya Kasshin.

Im-per-do-na-ble.

Qué deshonra para la memoria de su abuelo.

Eso en definitiva no iba a permitirlo.

El bastardo acababa de escupir hacia la decencia y memorias de todos sus familiares en tan poco tiempo.

No iba a matarlo, pero…

Haciendo un galante giro de pies, Kenji esquivó el bokken, acercándose lo suficiente para encertar un puñetazo en la cara de la piedra inútil; la nariz quebró y el idiota cayó al piso. Al mismo tiempo, Kenji tomó el bokken y estuvo a punto de darle un golpe a la sien del otro sujeto pero se detuvo 3cm antes de tocar su objetivo.

—No se confundan —gruñó bajando el bokken hasta su cintura, preparado para defenderse o atacar dependiendo de qué tan estúpidos fuesen esos dos—. Qué no esté interesado en el kendo no significa que basuras como ustedes puedan atacarme usando los movimientos que predicó mi abuelo hasta su muerte. No permitiré que su memoria sea manchada con sus actos.

El de la nariz rota se tapó la cara lo más que pudo para intentar parar la sangre, el otro no se atrevió a moverse de su sitio.

—Espero no volver a verlos en este dōjō o cerca de mi madre. Hoy fue tu nariz… por favor, no me hagan romperles los cuellos. Ahora lárguense de mi vista. —Entrecerró sus ojos con toda la furia que recolectó durante su viaje de regreso a casa. Odio contra sí mismo y tipos como esos dos que creían poder hacer su voluntad con los más débiles.

Incapaces de seguir provocándolo, los dos chicos corrieron lejos mientras Kenji retomaba su postura en la salida del dōjō. El bokken del inútil aquel seguía en sus manos cuando su madre volvió y lo miró con él.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó realmente confundida.

—¿Esto? Bueno uno de los chicos lo olvidó afuera, quizás deba dejarlo aquí para cuando regrese —si es que lo hacía y por su bien, era mejor que no se le ocurriese siquiera pensarlo—. Con permiso, madre.

Kaoru iba a detenerlo cuando se vio incapaz de hacerlo.

«Esa mirada» pensó recuperándose del escalofrío que le recorrió la espalda cuando su hijo la miró con un brillo en sus ojos olvidado en el tiempo. «¿Qué significa esto?», la última vez que había visto esos ojos había sido en una sola persona.

—CONTINUARÁ—


¡He vueltoooo! ¡He vueltoooo!

Jejeje, bueno. Vuelvo con actualizaciones. Y este fic no será olvidado a pesar de que es corto. ¿Cómo ven a nuestro pequeño Kenji? A pesar de los años cuida a su madre. XD

¡Gracias por leer! Ojalá que les haya gustado este capítulo. Ya nos leeremos en el siguiente.

Muchas gracias por sus comentarios a:

Kaoru Tanuki, Ane himura, persefomina


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