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"…No hay error en amar de esa manera, un hogar no es un lugar, son las personas que lo forman. No es la sangre en sus venas lo que los une y hace una familia, es el amor lo que los mantiene juntos, apoyándose unos a otros…"

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Aparece en la estancia con un fuerte "plop", agradeciendo internamente que su acceso a la casa no hubiera sido restringido. El lugar se encuentra casi completamente a oscuras, solo la tenue luz del pasillo de arriba alcanza a alumbrar un poco.

Es escuchar el claro llanto de Dima, lo que le hace correr escaleras arriba para buscarlo. La angustia que siente es inimaginable. A penas leyó que se encontraba enfermo, no lo pensó por un segundo, su pequeño la necesitada.

Su pecho se apretó con angustia cuando no lo encontró recostado en su cuna. Fue entonces cuando el suave llanto se escuchó de nuevo haciéndole saber que se encontraba en la habitación contigua. Ni siquiera perdió el tiempo en llamar a la puerta, entro directamente en el lugar como una tormenta.

Los ojos grises de Destiny les buscaron. Ernest se sobresalto asustado por la manera abrupta en la que entro, pero suspiro de alivio al darse cuenta de quien se trataba. Dima en sus brazos se agito.

-¡Mama! -Exclamo en un grito, con los ojos húmedos y haciendo un adorable puchero.

El calor que experimenta cuando la llama de esa manera es indescriptible. La angustia remite para hacer que una cálida sonrisa ilumine los rasgos de la pelinegra.

-¡Mi bebe! -Suelta dulce abriendo los brazos para recibir al pequeño que no duda en hacer los mismo.

Ernest se lo entrega, sin dudarlo. Verlos juntos era tan natural como si en verdad fueran madre e hijo.

"Son madre e hijo" reconsidera después de pensarlo un rato.

La sonrisa estúpida en sus labios, el alivio que siente con la presencia de Destiny no se compara a nada. Ella es su hogar. Les mira embelesado como tantas veces lo a hecho cuando regresa del trabajo y se encuentra con escenas similares, donde su hijo es amado y cuidado.

-Ya estoy aquí. -Le consuela acariciando su espalda, sin dejar de besar sus redondas mejillas.

El llanto se apaga por completo, sustituido por palabras amorosas por parte de la joven y murmullos adormilados de Dima.

El niño acomoda la cabeza en el hueco de su cuello, inhalando profundamente de su aroma. La pequeña mano se hunde en los largos rizos negros, no tira de ellos, simplemente juega a enredar y desenredar sus dedos en uno mechón suave de cabellos, hasta que se queda dormido.

-Se ve bien, no tiene fiebre ¿De que este enfermo? -Pregunta en voz baja, sin dejar de mecerlo entre sus brazos.

-¿Enfermo? Dima no esta enfermo.

Destiny parece confundida, le mira evaluando la situación.

-Me llego una nota, donde decía que Dima estaba muy enfermo y que necesitabas ayuda.

-No la envié yo.

-Afortunadamente esta bien. -Admite, sin quererle dar más vueltas al asunto. -¿Por qué lloraba entonces?

Con incomodidad clava la vista en sus zapatos. No quiere hacerle sentir mal, después de todo no es su responsabilidad cuidar a su hijo.

-¿Qué pasa? -Pregunta de nuevo, exigiendo una respuesta.

Suspira rendido. -Te extraña. No a podido dormir en todo el día.

Los ojos de Destiny se abren en alarma y la culpa se hace paso en su interior.

Besa la cabeza de Dima con suavidad.

-Lo siento. -Se disculpa.

No puede evitar que las lagrimas comiencen a escapar de sus ojos para rodar por sus mejillas.

-No llores por favor. -Suplica, acercándose de inmediato a la pelinegra. -Es normal, espero que con el tiempo se vaya acostumbrando.

Destiny no puede hablar, como tampoco puede dejar de llorar. Caminando con el niño en brazos lo lleva hasta su cuarto para recostarlo en la cuna. Lo acomoda con cuidado cubriéndolo con la sabana, depositando un ultimo beso en la frente. Se toma unos minutos mas para verlo dormir tranquilo.

Ernets no entra en la habitación de su hijo, se limita a esperar parado en el umbral de la puerta, sin poder apartar la vista de Destiny. Acaba de notar que posiblemente se preparaba para dormir, lleva zapatillas de andar en casa y un abrigo largo sobre un camisón blanco. Su largo cabello negro cae suelto en sus hombros y espalda.

-No imagina quien pudo mandar esa nota, sin embargo, sea quien fuera estaba profundamente agradecido.

Salieron despacio, cerrando la puerta con cuidado para no despertarlo.

-Lamento haber irrumpido así en tu casa, estaba preocupada. -La vergüenza coloreo sus mejillas al darse cuenta la manera en la que llego sin previo aviso.

El Auror movió las manos restándole importancia.

-Esta siempre será tu casa.

La pelinegra movió la cabeza de manera negativa. -No es correcto, ya no vivo aquí.

-No digas eso. -Dijo de manera suplicante. -Eres nuestra familia Tiny. Eso no va cambiar nunca.

La joven sonrió conmovida, de nuevo con las mejillas sonrojadas por la cercanía de Ernest, quien había tomado su mano para detener su caminar y se girara a verlo.

-Creo que será mejor que me vaya, ya es tarde. -Se disculpo, soltándose suavemente del agarre de su amigo.

Destiny comenzó a bajar las escaleras, seguida de cerca por Ernest. El rostro de Willow mostraba una profunda tristeza, mas no dijo nada. Se limito a acompañarla hasta la estancia que era el único lugar en la casa en la que se podía realizar la aparición.

El silencio era denso, la joven Malfoy podía sentir la intensa mirada de Ernest en su espalda, no se atrevía a girar por miedo a no ser capaz de irse, cuando deseaba con todas sus fuerzas quedarse ahí.

Cuando llegaron a la estancia ninguno de los dos sabía como despedirse, la incomodidad es evidente en ambos. Destiny sonríe con timidez apretando el abrigo que lleva como una manera de mantener sus manos quietas y no dejar en evidencia que temblaba.

-Gracias por venir. -Sonríe a medias con cierta amargura.

-No tienes nada que agradecer, puedes llamarme siempre que me necesites.

Willow apretó los puños con fuerza hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Sabia que no debía ser egoísta, que parte de amar es pensar en la felicidad de la otra persona. Pero no podía quedarse callado y dejar que se marchara de nuevo, no al menos hasta decirle que la amaba.

Estira su mano con decisión tomándola por la muñeca.

-Por favor no te vayas. -Suplica. -Dima te necesita, yo te necesito.

Los ojos grises de Destiny se abren sorprendidos por la intensidad de la declaración.

-No soporto la idea de que te vayas, te amo demasiado para dejar que te alejes de nuevo. Se que quizás estoy siendo egoísta, que tu no sientes nada por mí. Pero…

Destiny lo silencia con un beso. Es a penas un roce de labios. Willow ni siquiera es capaz de cerrar los ojos, ve sus oscuras y risadas pestañas, con sus parpados cerrados y las mejillas ruborizadas. Siente el calor de su cuerpo y su corazón explota de felicidad.

La abraza sosteniéndola contra su cuerpo, disfrutando del beso que comparten. Hasta entonces, cuando comprueba que no es un sueño, que la mujer que ama parece corresponder sus sentimientos es que se permite cerrar los ojos para sumergirse de lleno en el placer de su boca.

-También te amo. -Confiesa con el cuerpo tembloroso cuando el beso termina, manteniendo los ojos cerrados, disfrutando del estrecho abrazo.

Ernest no cabe de felicidad, la carga y gira con ella soltando una carcajada que hace reír también a la joven.

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La ha buscado por todos lados. Incluso en la casa de los Potter aunque eso le hubiera valido las burlas por parte de Pansy y las amenazas por parte de Harry. La desesperación de Malfoy va creciendo conforme las horas pasas y no sabe nada del paradero de su mujer.

Sabe que la jodió en grande. Lo supo desde el instante mismo en que Hermione soltó la amenaza de que no se metiera mas en la vida de Destiny, pero como podía quedarse quieto cuando creía que Destiny se estaba aferrando demasiado a Willow y su hijo. Ella merecía ser feliz, tener una vida brillante.

"Ella era feliz" le dice su conciencia. Y no puede hacer otra cosa que maldecirse por su estupidez.

No quería herirla, deseaba que su hija pudiera elegir por si misma.

"Destiny eligió" vuelve a contestarse a si mismo, sintiendo la pesadez en la boca del estómago.

Volver a una casa vacía hace eco en sus recuerdos. El miedo de perder a su familia casi lo enloquece. Sin saber que hacer o como resolver la situación que el mismo ha provocado se encierra en su despacho dispuesto a beber hasta olvidarse por un momento de todo.

Después de terminar la primera botella de whisky, con la franqueza que solo los niños y los borrachos pueden tener, puede admitir con completa convicción que la ha cagado de manera monumental.

No es más que un estúpido hipócrita y egoísta.

Su hija es mucho mejor que el en todos los sentidos. Tan parecida a Hermione como si ella misma la hubiera parido. Comprende que sin importar que ella no la llevo 9 meses en su vientre, la amo desde el primer momento como si fuera completamente suya. Esa era la misma manera en la que Destiny amaba a Dimitry.

Ese niño no es una carga como pensó en un primer instante, ese pequeño es una luz que ilumino la vida de Destiny en uno de los momentos más oscuros de su vida. Es entonces, Dimitry Willow un hijo para su hija, su nieto.

No hay error en amar de esa manera, un hogar no es un lugar, son las personas que lo forman. No es la sangre en sus venas lo que los une y hace una familia, es el amor lo que los mantiene juntos, apoyándose unos a otros.

Sus intenciones son dignas. No quiere que su hija sufra. Su error esta en creer que el sabe mejor lo que le conviene. No es tan diferente de lo que le hizo su padre cuando era un niño, obligándolo a tomar un camino que creía correcto, aunque lo llevo al peor de los infiernos.

¿Destiny lo odiaría? De la misma manera que el odio a Lucius en el pasado.

El simple pensamiento lo hizo estremecer por el dolor de imaginar que su hija le aborrecería por sus impulsos al actuar sin pensar en las consecuencias.

Estaba causado dolor a quien amaba, en su empeño por creer que Destiny merecía a su lado un hombre mejor que Willow.

Se burlo de si mismo. Aturdido por el alcohol vio su reflejo en el vaso de licor que sostenía a medio beber.

¿Quién era el para juzgar a Willow?

El que fue un crio ignorante que causo tanto daño y dolor a la mujer que ama, el mismo que fue marcado como mortifago, el cobarde que siguió a un Lord por miedo.

Se ríe sin humor por su hipocresía. Reconociéndose como el hombre que forzó un matrimonio por venganza.

Ernest Willow no tiene un pasado oscuro como el suyo, no tiene pecados que lo llevaran a tener pesadillas por las noches. El puede ver a su hijo a los ojos y hablarle sin vergüenza del hombre que fue desde un inicio.

Draco Malfoy espera que ese ultimo acto desesperado para unir a Ernest y Destiny funcione. Su conciencia ya no podrá soportar una nueva culpa.

En la ultima persona que piensa antes de caer en la inconciencia etílica es en Hermione. Incluso la recuerda con tal claridad que cree ver como las puertas del despacho se abren para dejarla entrar.

Sonríe de manera estúpida a esa alucinación, que incluso le mira con evidente enfado.

-Hermione… -Pronuncia su nombre cuando la oscuridad de la inconciencia lo abraza.