Dedicatoria: A mis alumnas y alumnos, a mis queridos darlings, de quienes aprendo más de lo que enseño.

XIX: Correspondencia

Un lago inundado del rumor de tres cascadas que, transitando, se vuelven una.

—Este sitio es muy yo...

Antes vivió a la intemperie solitaria de Yunzabito. Bestia, demonio, o medio-hombre: creyó etiquetas impuestas. Hoy encuentra sentido en las primeras letras trazadas en un buzón con crayones.

«No puedo enviarte cartas si no tienes casa.»

Resbala su mano verde sobre la superficie imbricada, iridiscente, de la concha nácar expuesta al sol primaveral.

«Un caracol lleva su casita en la espalda, Tío Picoyo. ¿Por qué tú no tienes una?»

—Increíble: un pequeño brote como tú enraizó a un viejo árbol como yo.