Antes de comenzar quiero agradecer a todos aquellos que se detuvieron a leer esta historia. Pueden que sean pocos, pero me hace sentir especial (? Espero que la historia sea de su agrado. No duden en criticar mi trabajo si así lo desean, mientras que no sea de manera ofensiva.

También he de aclarar que dudo que actualice de forma constante. A veces me cuesta mucho continuar escribiendo desde un punto en especifico y eso me retrasa mucho, sin contar todas las responsabilidades que tengo fuera de la red. Sin embargo, haré lo que puede para publicar capítulos lo más pronto posible.

Sin más que añadir, disfruten.


La recamara estaba sumergida en un silencio total, interrumpido de vez en cuando por respiraciones profundas. Apenas estaba iluminada, para así no molestar a la persona que yacía en la cama, postrada debido a una enfermedad desconocida para ellos —o al menos para Vivi, quien en ese momento era la única a bordo disponible que tenía el más mínimo conocimiento médico—. Sobre su frente había un paño mojado que fallaba en la simple misión que consistía en disminuir la fiebre.

A su lado su capitán, Monkey D. Luffy, la observaba. Habían pasado un par de días desde que zarparon de Little Garden y apenas el anterior unos piratas raros los habían atacado —¡Ese tipo gordo incluso había intentado comerse a Going Merry! ¿Quién demonios se creía que era? Qué bueno que lo mandó a volar cuando pudo—. También, habían pasado dos días desde que Nami enfermó...

Era difícil expresar lo que sentía en aquel momento, pero tal vez irritación sería un buen concepto para empezar.

Todo esto era extraño en sí. Nunca en toda su vida el muchacho había caído enfermo, así que no sabía cómo se sentía, pero no debía de ser agradable juzgando el estado actual de su nakama; su frente realmente estaba ardiendo, sus mejillas estaban todas rojas y daba la impresión de que estaba sufriendo. Eso último le dejaba un mal sabor de boca. Su navegante estaba frente a él, probablemente luchando por su vida, y Luffy no podía hacer nada. No era un doctor. Lo único en lo que era bueno era en patear traseros, pero no había nada ni nadie a quien golpear. Solamente debían encontrar un médico lo antes posible para así poder ir al país de Vivi y Carue a máxima potencia y patearle el trasero al cocodrilo ese.

Sí, eso era. Definitivamente estaba molesto por no poder hacer absolutamente nada.

—¿Are? ¿Por qué está durmiendo con una toalla en la frente? —preguntó de repente una voz aguda a su lado.

—Está enferma —respondió simplemente él.

—¿Enferma? Yo nunca he estado enfermo. ¿Por qué está enferma?

El joven capitán quedó pensativo ante eso. ¿Por qué de repente Nami había enfermado? Vivi habló de algo que podría haberlo causado, pero no recordaba qué...

—No lo sé —sinceró—. Nami estaba bien hace unos días, pero luego se desmayó en la cubierta y ahora está muy caliente.

—Ya veo. Entonces es una enfermedad misteriosa.

—Sep.

—Pero ¿no debería comer carne? ¿Mucha carne? —propuso la voz luego de un pequeño momento de silencio—. ¡Amo la carne! ¡Siempre me siento mejor luego de comer carne de jabalí! ¡O de cocodrilo!

—No lo comprendí del todo bien, pero Sanji dijo que solo carne no funcionaría, por más que suene raro. También le dije que le diera de todo, pero dijo que tampoco servía —explicó con un leve puchero.

—¡Entonces...! —la voz chillona comenzó a hacer un raro ruido de concentración, como si pensara mucho en algo. Entonces, continuó—: Si está caliente, ¡deberíamos tirarle agua encima! Eso funcionará, ¿no?

—Eso fue lo que yo dije —repitió Luffy en forma de queja, recordando los eventos del día anterior—, pero Sanji y Vivi me golpearon.

Fue en ese momento en que se le cruzó por la cabeza que tal vez, solo tal vez, cabía la posibilidad de que no estuviera hablando solo.

—¿Are? ¿Quién dijo eso?

Ante este nuevo descubrimiento, volteó rápidamente hacia donde creía haber oído la voz, finalmente despegando su vista de la cama. Al no encontrar nada, miró hacia el otro lado, donde tampoco encontró nada fuera de lo común. A continuación, repitió esto varias veces.

—¡Yo!

Logró encontrar al dueño de la voz a su derecha, donde originalmente había mirado, solamente un poco más abajo. Era un niño. Llevaba un sombrero de paja idéntico al suyo, pero no podía ser el suyo ya que lo podía sentir sobre su cabeza. También tenía una cicatriz parecida a la suya, justo debajo de su ojo izquierdo, como la que se había hecho luego Shanks y su tripulación se negaran a dejarlo navegar con ellos.

También, el chico le resultaba bastante familiar...

Hhm...

—¡Ah! —exclamó el niño de repente, apuntando a su cabeza.

—¿Ah?

—¡Ese es mi sombrero!

—Claro que no, es mío —dijo retirando su tesoro de su cabeza para mirarlo bien. De verdad se parecía mucho al del niño. Incluso podría jurar que la única diferencia era el daño que Buggy le había hecho en su primer encuentro y alguna que otra señal de desgaste debido al tiempo y sus diversas aventuras. Aun así, el menor llevaba el suyo puesto. ¿Qué era, un idiota?

—¡Claro que no! ¡Devuélvelo!

Antes de que lo supiera el niño, luego de sostener su hombro mientras su brazo giraba un par de veces, lanzó un puñetazo, que se estiró... y estiró... y estiró... hasta, por alguna razón, rebotar en el suelo, luego en la pared y luego en el techo, redirigiendo el puño hacia su propia cara y haciendo que cayera sentado al piso del camarote.

Luffy solamente pudo mirar, tratando de comprender qué había pasado.

Fue entonces cuando la puerta se abrió, dejando ver a cierto espadachín.

Zoro paró en seco en el umbral de la puerta. Primero miró a Luffy, luego al niño, luego a Luffy de vuelta.

Finalmente, su mirada terminó en el niño.

—¿De dónde salió el mocoso?

Luffy se dio un momento para pensarlo con una pose digna para ello. ¿De dónde había salido? No lo había escuchado entrar y era raro que sus nakamas no hayan notado un polizón. ¿Tal vez subió en Little Garden? No, dudaba que hubiera alguien más en esa isla que no fuesen ellos, los gigantes o los agentes de Baroque Works.

—Ni idea... —respondió finalmente.

—Yo tampoco lo sé —comenzó el menor, al parecer ya recuperado de su propio golpe—. Recuerdo haber encontrado una piedra misteriosa, pero Ace se enojó conmigo y empezó a decirme que era un idiota. Estúpido Ace. —explicó con un puchero. Por su lado, el nombre llamó la atención de Luffy ¿Ace? —. Y luego la piedra misteriosa quemó a Sabo, lo cual es tonto porque las piedras no queman, pero su mano estaba toda roja y rara, como esa vez en la que me quemé tratando de comer carne de oso mientras todavía se estaba cocinando.

El capitán miró al niño fijamente. Ace... Sabo... ¿Cómo es que conocía a sus hermanos? Además, en el caso de Sabo, eso debería ser imposible. Sabo estaba...

—Y entonces —continuó sin prestarle atención a la confusión de su compañía— la piedra misteriosa se atascó en mi mano... y en la de Ace... Y en la de Sabo... Y el viento hizo ¡Wushhhh! y el cielo se puso negro. Sabo dijo que había que irnos, pero luego Sabo y Ace desaparecieron. —El niño frunció el ceño—. Eso no me gustó porque ellos saben que no me gusta estar solo. ¡Pero entonces apareció este león grande y transparente! Al menos, parecía un león, pero no sé de dónde salió porque nunca había visto un león en el bosque y Ace y Sabo nunca mencionaron uno, pero supongo que si hay un tigre gigante y un oso gigante también puede haber un león gigante.

El de cabello verde miró nuevamente en dirección de su capitán, silenciosamente pidiendo, no, suplicando por una respuesta. Fue en ese momento que notó un cambio en Luffy. No sabía decir qué era exactamente, pero estaba seguro de que había reaccionado a algo de lo que había dicho el mocoso.

Hablando del mocoso...

—¡Y luego me comió! —exclamó claramente ofendido—. O al menos creo que lo hizo. Se sintió distinto a todas esas veces que me comieron los cocodrilos y terminé aquí y no en su estómago.

—... Lo que digas, chico —dijo finalmente el antes cazarrecompensas, quien aparentemente no tenía una mejor respuesta para lo que acababa de escuchar.

—¿Dijiste Ace y Sabo? —preguntó Luffy, finalmente saliendo de su sorpresa.

—Sí —asintió el pequeño—, son mis hermanos, pero Sabo es el hermano amable. Ace no deja de molestarme, diciendo que soy un llorón y que soy débil y que mi fruta es inútil y cosas así —explicó haciendo un puchero—. Estúpido Ace...

—¿Fruta? —interrumpió Zoro.

—Comí la Gomu Gomu no Mi —explicó, para sorpresa de ambos, pellizcando su mejilla y estirándola más de lo humanamente posible—. Soy un hombre de goma.

El capitán y primer oficial se miraron entre sí, ambos con el ceño fruncido. Luffy sabía exactamente qué estaba pensando su nakama. Por lo que Shanks le había dicho, solo podía existir un tipo de fruta del diablo a la vez y era imposible que dos personas tuvieran la misma fruta al mismo tiempo, y él aún estaba tratando de entender cómo es que ese niño podía tener a Ace y a Sabo como hermanos cuando ellos eran sus hermanos. Ojalá Nami estuviera despierta, ella sabía muchas cosas. ¿Tal vez tuviese que tirarle agua encima para que se mejore después de todo?

—Oye, ¿cómo te llamas?

El chico les dedicó una gran sonrisa que parecía ocupar toda su cara.

—¡Yo soy-!

—¡TIERRA A LA VISTA!

Inmediatamente cualquier otro pensamiento desapareció de la mente del joven capitán. Una isla, ¡se estaban acercando a una isla! ¡Eso era genial! ¡Ahora Nami se pondría mejor!

—Ve a echar un vistazo —sugirió entonces Zoro, quien no ignoró la manera en la que Luffy parecía controlarse para quedarse quieto en su asiento junto a la navegante cuando obviamente quería ir a revisar la isla.

El de sombrero de paja no le dio oportunidad para que repitiera sus palabras. En meros segundos ya estaba fuera, apenas sintiendo las bajas temperaturas a su alrededor. Al instante pudo visualizar a la distancia unas grandes montañas blancas con forma de cañón a las que se estaban acercando y no tardó en sentarse en la cabecera de Merry para así poder observarlas mejor, apenas capaz de contener su emoción. Su falta de color debía ser debido a la nieve, estaba seguro. Amaba la nieve. Al verla siempre recordaba un invierno en particular, el único que había presenciado una hermandad completada por un abrigo azulado, unas gruesas gafas protectoras del mismo color y un sombrero de copa.

Amaba la nieve. Era tan blanca...

—¡WOW! ¡¿Ustedes son piratas?!

El repentino grito a sus espaldas —acompañado por un chillido perteneciente a un Usopp tomado por sorpresa— le hizo salir de su burbuja nostálgica. Notó como su polizón había salido también y se encontraba observando, completamente emocionado y estupefacto, la calavera sonriente y ensombrerada de la vela principal. Sinceramente, se había olvidado de él en el momento que supo sobre la isla.

—¿Un niño? —oyó murmurar a su amiga.

—Oh, sí. Apareció un niño de la nada en el camarote de Nami —anunció distraídamente Luffy.

—¡¿Y nos lo dices ahora?! —chilló nuevamente Usopp—. ¡¿Y qué quieres decir con "salió de la nada"?!

—Pues, eso —respondió encogiéndose de hombros. No entendía porque le estaba preguntando eso, era bastante simple.

—Bueno, eso es verdad —comentó Sanji al exhalar una nube de humo—. Anoche no vi ningún navío en las cercanías durante mi guardia y la última vez que el barco estuvo sin vigilancia fue en Little Garden, pero eso fue hace dos días.

—Sí, seguramente lo hubiéramos notado mucho antes si ese fuera el caso —comentó Vivi—. Además, era una isla deshabitada a excepción de Brogy-San y Dorry-San.

—Esperen —los interrumpió el francotirador repentinamente—. N-N-No será o-otro agente de B-B-Baroque Works, ¿o sí? Q-Quiero decir, uno d-de ellos era una niña después de todo.

—No, ninguno de los agentes de los altos cargos en la organización además de Miss Golden-Week es un niño y él no se parece a ninguno que yo conozca.

—Además, si hubiera querido eliminarnos, ya nos hubiera atacado —aportó el cocinero.

—S-Supongo que tienes razón...

Mientras ellos discutían la situación entre manos, el de sombrero de paja observó en silencio como el niño emboscaba con preguntas y exclamaciones de asombro a un Zoro —aún confundido y levemente irritado— que acababa de salir del interior del barco. En general, dejaría de darle vueltas al asunto denominando al niño como misterioso y preguntando si podía cagar, pero tenía una extraña corazonada. No estaba seguro sobre qué exactamente, pero estaba convencido de que había visto a ese chico antes, hace mucho tiempo atrás. Además, no podía ignorar el hecho de que conociera a Ace y, en especial, a Sabo y que estos fueran sus hermanos.

No tuvieron que esperar mucho para que Zoro se les uniera en la proa arrastrando consigo al niño, quien se había pegado a una de sus piernas y no parecía que la fuera a soltar por un tiempo. Todavía seguía haciendo preguntas y exclamaciones dirigidas al espadachín, pero éste parecía ignorarlo cuando se dirigió a Vivi.

—Oye, ¿es posible que dos personas tengan una misma fruta del diablo?

Sanji enarcó su única ceja visible mientras que la princesa se mostraba algo confundida ante la repentina pregunta.

—No lo creo... Según lo que he escuchado es imposible que existan dos frutas del diablo iguales al mismo tiempo. ¿Por qué preguntas?

Zoro tiró hasta que el niño soltó su pierna y lo levantó por el cuello de su camiseta para que todos lo vean bien.

—¡Hola! —saludó el chico en cuestión con una gran sonrisa.

—Este mocoso... —Zoro fue interrumpido momentáneamente por quejas provenientes del polizón ¡No soy un mocoso! ¡Tengo siete años! ¡Soy un hombre!—. Dice haber comido la Gomu Gomu no mi.

—¡¿EHHHHH?! ¡Imposible! —negó a gritos Usopp, para luego aclarar su garganta y hablar en con voz calmada y seria—. Quiero decir, debes de haber oído mal o algo as-

Fue en ese momento en el que Zoro decidió estirar una de las mejillas —aparentemente de goma— del niño unos cuantos centímetros más de lo que una normal podría estirarse, haciendo que Usopp chillará de nuevo.

—¡HIIIIIIIIIIIIIIII! ¡IMPOSIBLE! ¡¿Acaso esa no era tu fruta, Luffy?!

El nombrado estaba a punto de contestar con un cuando el niño se le adelantó.

—Sí, esa fue la fruta que comí. Ya se los había dicho. Por cierto, nariz larga-Ossan...

—¿O-Ossan?

—¿Cómo es que sabes mi nombre? No recuerdo haberlo dicho.

—¿Tú nombre? —preguntó Vivi sin entender.

—Sí. Me llamo Monkey D. Luffy —se presentó sonriendo—. Mucho gusto.

Le tomó un momento a la tripulación procesar lo que habían oído y, cuando finalmente lo hicieron, se miraron entre ellos, escépticos.

—Monkey D... ¡¿Ese niño es Luffy?! —gritó Usopp—. ¡¿Eso es posible en el Grand Line?!

—¡N-No! Es la primera vez que escucho algo así —respondió Vivi, quien era la que más conocimientos tenía sobre ese mar.

—Bueno, algo es seguro. Actúa como Luffy —comentó Zoro.

—Sí, e incluso se ve como él...

Todos se quedaron el silencio un momento, dejando que la aparente verdad terminara de tener sentido en sus cabezas.

—¡¿EHHHHHHHH?!

Entre los chillidos incrédulos resaltó en contraste la risa característica del joven capitán.

—¡Shishishi~! ¡Conque eso era!

Todo tenía sentido ahora. ¿Cómo no se le había ocurrido eso antes? El único hermano menor que tenía Ace era Luffy, al igual que lo había sido de Sabo, y solamente Luffy tenía la Gomu Gomu no mi en ese momento.

No había duda, ese niño era Monkey D. Luffy.

Pero, si se ponía a pensarlo, él también era Monkey D. Luffy.

Bueno, ya pensarían en algo. Una cosa era segura para él: luego de que Nami sanara, tendrían una gran aventura. Lo presentía.

El niño —Luffy— miraba a la tripulación, que en aquel momento parecía estar sufriendo un colapso mental, con una mirada indescriptible en su rostro.

—¿Son idiotas o qué? —preguntó finalmente, logrando que su contraparte mayor riera nuevamente, atrayendo su atención—. ¿Y quién eres tú?

—Perdón, perdón —se disculpó entre risas—. Yo soy Monkey D. Luffy, el hombre que se convertirá en el rey de los piratas.

—Ya veo. Así que tú eres yo. Shishishi~ —comentó el menor.

—¡Lo aceptó fácilmente! —exclamó en coro la tripulación.

—Dime, Yo-Ossan, ¿Sabes dónde están Ace y Sabo? No los he visto desde que el león gigante me tragó.

—¿L-L-León g-gi-gigante? —tartamudeó asustado el francotirador.

—Larga historia —explicó Zoro.

—No tengo ni idea —respondió Luffy a su contraparte—. Ace se volvió pirata hace tres años y lo único que he sabido de él fue por el periódico, y Sabo... Sabo partió antes que él.

Había elegido sus palabras con cuidado. Se notaba que su yo pequeño pensaba que su hermano estaba vivo. ¿Tal vez antes de aparecer estaba en un lugar en el que Sabo aún vivía? Si era así, no quería preocuparlo con todo eso. Lo qué pasó, pasó —¿O lo que pasará, pasará? Era algo confuso en verdad—, ¿para qué molestarlo con algo como eso?

Sabo había muerto libre. No enjaulado por falsas apariencias, lujos asfixiantes y títulos insignificantes sino libre, navegando el mar que los tres habían admirado desde pequeños. Eso era lo que en realidad importaba.

Al menor, sin embargo, no pareció agradarle su respuesta.

—Pero Ace y Sabo estaban conmigo hasta hace poco y dijeron que cada uno partiría cuando tuviera diecisiete. ¡Esos mentirosos!

—D-Disculpen —interrumpió Vivi—. ¿De quiénes están hablando?

—¡De Ace y Sabo! —respondió alegremente el niño—. Compartimos copas de sake juntos, así que somos hermanos. Ellos son mis hermanos mayores.

—¿Es eso cierto, Luffy? —preguntó Sanji a su capitán.

—Sí —contestaron ambos pelinegros al mismo tiempo y con el mismo tono de voz.

—Solo le pregunté a uno de ustedes...

—No vuelvan a hacer eso, por favor —pidió un muy desconcertado Usopp.

—Como sea, estoy seguro de que tarde o temprano los encontraremos —aseguró el capitán—. Hasta entonces, será una aventura. Shishishi~

—¿Acaso no me escuchaste?

Luffy se le quedó mirando fijamente, sin comprender sobre qué estaba hablando. Sanji suspiró.

—Por supuesto que no... —respondió su propia pregunta— Escucha bien: no hay tiempo para aventuras. La prioridad es encontrar un doctor para Nami-San y apenas lo hagamos, nos iremos.

—Sí, no hay tiempo que perder —lo apoyó Vivi—. La condición de Nami-San es muy delicada. Entre más rápido encontremos un doctor, mejor. Además, debemos llegar a Arabasta antes de que comience la guerra civil. Hay que detenerla a cualquier costo. Si no lo hacemos...

No hizo falta que ella continuara para que Luffy supiera a qué se refería. Vivi había adoptado esa expresión en la que fruncía el ceño, se mordía el labio y sus ojos se volvían melancólicos y distantes, sin duda pensando en el peor final posible. Él no comentó nada. Sabía que Vivi confiaba en que con su mera presencia y la información sobre Crocodile y su organización podría detener todo tipo de revuelta. Luffy lo dudaba, pero para ese tipo de escenario estaban allí ellos. Ya tendría la oportunidad de patearle el trasero al cocodrilo; primero, sin embargo, estaba Nami.

—No entiendo del todo bien qué está sucediendo, pero suena divertido —rio su yo pequeño.

—Definitivamente este mocoso es Luffy.

—¿Eh? ¿Qué se supone que significa eso? —preguntó confundido el nombrado, mas no consiguió respuesta.

—Más importante, ¿ustedes dos no tienen frío? —cuestionó Usopp abrazándose a sí mismo en un intento de calentarse—. Me congelo de solo verlos...

Volteó a mirar fijamente a su nakama para luego mirar a su otro yo, quien en ese momento decidió hacer exactamente lo mismo. Fue entonces que logró sentir por completo el frío intenso de las temperaturas polares en el ambiente.

La reacción fue instantánea.

—Brrrrr...

—¡QUÉ LENTOS!


¡Y es así como Luffy conoce a Luffy y a su tripulación!

Vaya, sí que será complicado a la hora de diferenciarlos...

Por ahora, los llamaré "Luffy Grande" y "Luffy Peque" en las notas de autor para que no se vuelva muy confuso.

No planeó reescribir toda la saga de Drum para que Luffy Peque encaje. Simplemente escribiré su punto de vista de todo el asunto —con suerte en un solo capítulo— en forma de resumen, pero por ahora, todo eso no son más que especulaciones. Mi cerebro a veces trabaja... de formas impredecibles.

Quiero aclarar que me basé en los capítulos 130 al 132 del manga para escribir este capítulo e incluso usé varios diálogos directamente sacados de ahí, algunos un poco modificados. Cabe la posibilidad que en futuros capítulos con Luffy Grande, Luffy Peque y compañía ocurra lo mismo.

Antes de terminar, he aquí una pequeña escena que había pensado seriamente meter en el capítulo. Disfruten.


~*+Omake+*~

Vivi: ¿Un niño?

Luffy: Oh, sí. Apareció un niño de la nada en el camarote de Nami.

Sanji: ¡¿QUÉ?! ¡N-No es posible!

Vivi: ¿S-Sanji-San?

Sanji:-empieza a sacudir bruscamente a Luffy- ¡¿Qué le hiciste a Nami-San, capitán bastardo?! -lo suelta, haciendo que caiga de cara a la cubierta- No puedo creer que Nami-San...

Usopp: O-Oe, Sanji...

Sanji: Ya veo, esa era la causa de su enfermedad. -apunta al chico temblando- ¡Nami-San acaba de tener un hijo!

Vivi/Ussop: ¡LOS EMBARAZOS NO FUNCIONAN ASÍ!


Sinceramente, esto fue lo primero que se me vino a la mente luego de escribir el dialogo de Luffy. :v