CAPÍTULO 33

PREPARATIVOS

Con cada día que pasaba la paciencia se le iba terminando y la desesperación por ver sus más retorcidos sueños cumplidos le impedían dormir de noche. Había trabajado duro en encontrar a los miembros fieles que se encontraban dispersos del ahora desaparecido Clan Himura. La mayoría habían sido exterminados, pero otros tantos huyeron lejos de los dominios del ahora Oyabun Hasegawa. El odio de Hashiba estaba dividido en muchas partes y dirigido a varias personas, pero ahora su poder era insuficiente para dar guerra; ni siquiera era capaz de matar a una mosca sin que todo el peso de la ley le cayera encima. Así que enfocó toda su energía en un solo objetivo, aquel que le causaría más satisfacción que cualquier otro y que sin duda iría a él sin resistencia alguna.

Así, maquinando sus planes una y otra vez, trabajó incansablemente en reunir gente que lo apoyara. Un elemento determinante en su éxito fue el patrocinio de Yurie, pues gracias a esto pudo moverse sin preocuparse por sus necesidades básicas. Tras su búsqueda, dio con varios hombres. Los acogió, comunicó sus intenciones y delegó tareas específicas, todas y cada una de ellas, enfocadas a encontrar a cierto omega.

La incapacidad de dar con su paradero lo frustraba, pero su sed de venganza era tanta que la idea de rendirse jamás pasó por su cabeza. Entonces cuando creyó que tal vez jamás vería materializado su sueño, un golpe de suerte cayó sobre él.

Hashiba al no tener ninguna pista del paradero de Takato, pero intuyendo que volverían a Japón por la llamada que Yurie le había hecho, estuvo visitando con frecuencia el panteón con la esperanza de encontrarlo. Pronto el camino de casa hacia el camposanto se convirtió en su rutina diaria. Cada que encontraba el sepulcro intacto una furia incontrolable le hacía apretar sus puños hasta dejar sus nudillos blancos. Entonces, cuando comenzaba a hartarse de sus esfuerzos infructuosos, un día, simplemente encontró flores frescas adornando la tumba.

Se agachó para tocarlas, sintiendo aún la humedad en estas. Esbozó una sonrisa siniestra y echando su cabeza hacia atrás rio como desquiciado. Allí supo que solo debía seguir vigilando y pronto el fruto de su esfuerzo se vería cosechado.

Fue así como hacía 2 semanas atrás el objeto de su obsesión se presentó ante él. Takato visitaba la tumba de su abuelo, pero la pequeña Haru no estaba con él. Hashiba siguió todos sus movimientos como un depredador atento ante las acciones del pequeño e indefenso siervo saboreándose el momento en el que encajaría sus colmillos y desgarraría a su presa.

Había sido una tarea muy difícil encontrarlo, pero al final todo valdría la pena. A partir de ese día siguió al omega, percatándose de la vigilancia de la cual parecía que el chico no se había dado cuenta. Conoció su casa, su rutina y sus ojos se iluminaron cuando al fin pudo ver a su "pequeña señorita." Ella lucía, ante sus ojos, como el mismísimo retrato de su padre. La nena caminaba de la mano del omega, vestida con el uniforme de Moribiru. De inmediato frunció el ceño con desagrado al percatarse de que tal escuela era una pública, algo que consideraba inaceptable para la educación de la hija del jefe Himura. Por lo que maldijo aún más a Takato. Quería ahorcarlo ahí mismo, pero se contuvo tanto como pudo, primero tenía que hacerlo padecer un infierno y no descansaría hasta ver cumplido su plan.

Tras pensarlo mejor, se dio cuenta de que el que Haru estuviera en una escuela pública facilitaba las cosas para él, la vigilancia no era igual y solían contratar a personal de apoyo manual sin tantos requisitos, por lo que encontró en ello la posibilidad de acercarse. Además, los sujetos que cuidaban del omega y la niña a la distancia, una vez que la menor entraba a la escuela se retiraban.

Su plan ahora iría en marcha.

Takato corría por el pasillo de la escuela como loco, minutos atrás había recibido una llamada que desestabilizó su mente y corazón por completo haciéndolo temblar. Con esfuerzo retenía las lágrimas de desesperación e incertidumbre.

Cuando el ojiazul salió empujado con fuerza la puerta de la cafetería, Junta no dudó en acercarse. Takato quiso alejarlo, pero vio que detrás del hombre, el hermoso automóvil de lujo resplandecía y ahora solo necesitaba llegar lo más pronto posible a la escuela. —"Por favor, llévame rápido a la escuela de Haru."- Fueron las únicas palabras que este le dedicó.

Junta corría a la par de Takato sintiendo su angustia, no tenía idea de qué estaba sucediendo y el omega no parecía querer comunicarse tampoco. Lo único que sabía era que el peso de su ira caería sobre cualquiera que hubiese dañado a su cachorrita.

¡PUM!, La puerta corrediza de la sala de maestros fue azotada con fuerza, pero a Takato poco le importó guardar la etiqueta. No se disculpó, caminó hacia adentro del gran salón con Junta tras de él y buscó con la mirada el cubículo que le habían indicado.

Solo cuando vio a su pequeña sentada en una silla junto a su maestro pudo soltar un suspiro de alivio sintiendo como todos los músculos de su cuerpo se relajaban.

—¡HARU! – llamó con fuerza Takato al tiempo que tomaba a la pequeña entre sus brazos estrechándola con amor contra su pecho. Con cariño besó sus mejillas y sobó su espalda.

—Mami… - susurró Haru respondiendo al abrazo.

Junta que observaba la escena, examinó de un vistazo el estado de la pequeña y tocó su pecho para tranquilizarse al notar que ella se encontraba sin un solo rasguño.

Temeroso dio unos pasos al frente y colocó su mano sobre el hombro de Takato, quería hacer más que eso, quería estrechar a ambos en sus brazos y confortarlos, pero sus límites estaban marcados y suficiente considerado había sido el omega al permitirle llevarlo a la escuela. El menor se estremeció cuando el Alfa lo tocó, pero dejó que la calidez que desprendía lo confortara.

El maestro observaba al imponente Alfa que había entrado junto con Takato y le fue inevitable morderse los labios por la obra de arte de 1.90 mts de altura que tenía frente a sus ojos. Su naturaleza omega le cosquilleó por atención y de no haber sido por la voz del otro omega junto a él, habría perdido la compostura.

Takato dio un último vistazo escrutador al rostro y cuerpo de su nena cerciorándose de que no tuviera nada, besó su frente y cargando a la niña se giró hacia el maestro, sin quitar la mano que reposaba en su hombro. — Sensei, ¿Qué paso?

El maestro parpadeó un par de veces e intentando parecer casual, limpió sus lentes para darse tiempo de reprenderse mentalmente por olvidar por un momento su deber.

—Lamento que la persona que le llamó no le diera el informe completo, seguro fue mortificante para usted. Me disculpo por ello. -Dijo inclinando la cabeza. Takato negó mordiéndose los labios, cosa que Chunta notó. La verdad era que estaba muy molesto por ello, pues tras no tener la información completa, vino a su memoria la última mala experiencia que tuvieron en el colegio anterior de Haru y el miedo a que algo así o peor se hubiera repetido lo aterró; por lo que una simple disculpa no era suficiente para devolverle los minutos angustiantes que vivió.

El mismo sentimiento era compartido por el Alfa, pero a diferencia de él, Junta no se quedaría callado.

—Una disculpa no es suficiente. Es muy poco profesional lo que hicieron, pudieron incluso provocar un accidente, ¿acaso no saben que un omega preocupado por su cachorro pondrá en peligro su propia existencia con tal de acudir a su rescate?, Saijo san pudo haber salido lastimado. Deberían prestar más atención a sus acciones – Habló con voz fuerte y dominante para que todos dentro del salón lo escucharan. Ahora no era necesario ocultar su esencia de Alfa Enigma tras la fachada de Beta.

Las mejillas del maestro se pusieron de un rojo furioso y los demás agacharon la cabeza apenados mirando de reojo a la otra maestra que había hecho la llamada a Takato, quien se escondía aún más tras la pila de cuadernos sobre su escritorio.

Takato y Haru voltearon a ver a Junta con rostros indescifrables. Este, mantenía una expresión sería y fría, pero en cuanto se percató de que sus dos personas especiales lo miraban, giró su rostro hacia ellos y les dedicó una sonrisa reconfortante. Para él, ambos lucían totalmente adorables. Haru devolvió la acción mientras que Takato sintió cómo su corazón palpitó con más fuerza.

—T-tiene razón, se-señor… fue nuestro error, reflexionaremos sobre ello – continuó el maestro rompiendo el momento.

Takato asintió satisfecho. Pasó saliva y dijo con un tono más tranquilo, pero con un dejo de impaciencia. —Ahora sí, ¿podría explicarme qué fue lo que pasó?

De inmediato el maestro les pidió tomar asiento, solo había una silla por lo que el Alfa acomodó el asiento de tal manera que Takato estuviera cómodo aún con Haru en brazos, mientras que él permaneció firme detrás de él sin ninguna intención de retirarse. Sentía la misma impaciencia de Takato por saber.

—Nuevamente me disculpo y no tiene nada de qué preocuparse, Haru iba al baño y… - bajó la voz de tal manera que solo ellos escucharan — no alcanzó a llegar, nuestro trabajador de la limpieza se percató y la trajo directamente conmigo. Se cambió al uniforme deportivo y ya platiqué con ella, ¿no es así Haru-chan? - preguntó con dulce voz recibiendo un asentimiento por parte de la nena, quien de inmediato escondió su cara en el cuello de Takato al sentir pena de que Azumaya san hubiera escuchado eso también. —Los accidentes como estos son muy comunes en niños de su edad, por favor no se preocupe, además nadie más se dio cuenta, solo el trabajador de la limpieza y yo lo sabemos. Él fue muy amable. – Agregó sintiendo como el ambiente tenso que se había formado se dispersaba.

Takato y Junta al fin se sintieron tranquilos.

—Entiendo, gracias. Me gustaría saber el nombre de ese trabajador y agradecerle en persona – pidió Takato. Haru abrió los ojos sorprendida.

—Oh, bueno… ya se fue - el maestro rascó su cabeza — él solo viene dos veces a la semana, su nombre es… - Dijo intentando recordarlo. Haru que escuchaba atenta comenzó a morderse las uñas. — Ha… Ha… ¡Harada san! - pronunció feliz de haberlo recordado.

—Ya veo, entonces mandaré algo con Haru la próxima vez. Si es todo me retiraré ahora.

Takato se puso de pie con la niña en brazos. Junta, por su parte, tomó la mochila y la bolsa donde la ropa sucia de Haru se encontraba adelantándose al omega. De nuevo, este no dijo nada y permitió la acción.

Una vez fuera de la escuela, Takato habló.

—Gracias, a partir de aquí iré solo con Haru.

Junta sostuvo con mayor fuerza las cosas de la niña, no quería que su tiempo terminara tan pronto, pero tampoco quería incomodarlo. Había sido casi un milagro que Takato no lo hubiera corrido desde el principio, por lo que tentando a su suerte intentó un movimiento.

—Por favor, déjame llevarlos. Llegarán más rápido a casa, Haru podrá tomar un baño y ambos descansarán. El carro está justo ahí – dijo señalando el Maybach negro.

Takato quería decir que no, que ya era suficiente, pero estaba seguro de que Haru se sentiría incómoda en el tren, pues si bien se había limpiado con toallitas húmedas, si prestaba atención podía percibir el olor de la orina. Así que al final aceptó.

El corazón de Junta volvió a latir con fuerza y de inmediato corrió hacia el auto abriendo la puerta para que ambos entraran. La sonrisa de oreja a oreja cruzaba el rostro del Alfa mientras se dirigía al lado del conductor, sin imaginar que no muy lejos de ahí, escondido detrás de los juegos infantiles, Hashiba lo miraba con odio reprimido.

—¡Listo! – exclamó Takato al terminar de ponerle a Haru una blusa Karl Lagerfeld con logos infantiles. —Quédate aquí, voy por la secadora. Mientras ponte crema. – indicó caminando hacia su propia habitación. Mientras tanto, la pequeña miraba su reflejo en el espejo, perdida en sus orbes doradas y sus propios pensamientos.

"Mi pequeña señorita, sus ojos se ven cada día más hermosos. Son idénticos a los de su padre." Un temblor vino a ella al recordar las palabras de Hashiba y sin poder evitarlo colocó sus manos sobre estos para no seguir viéndolos.

En ese momento, Takato entró en el baño y observó cómo su hija frotaba sus ojos con fuerza.

—Haru, no – reprendió con dulzura, aproximándose a ella, no sin antes dejar la secadora sobre el tocador. —Puedes lastimarte. ¿Qué pasa?, ¿te arden?, ¿el agua estaba muy caliente?, ¿te entró crema? – preguntó preocupado tomando su pequeña barbilla.

—No mami… - su rostro lucía un tanto decaído, cosa que no pasó desapercibida para el omega. Inmediatamente frunció el ceño preocupado por la actitud de su hija.

—Haru – llamó acariciando la mejilla redondita de su bebé. ¿Pasó algo más?, ¿el señor de la limpieza te dijo o hizo algo?, ¿hay alguna cosa que te esté molestando?

Su preocupación era genuina y que la pequeña hubiera permanecido seria todo el camino contestando con un "sí" o un "no" a cualquier cosa que se le cuestionara, cuando ella siempre le platicaba hasta el último detalle de su día, le pareció anormal, pero dado el incidente que tuvo en la escuela supuso que era lógico su comportamiento. Aun así, su instinto maternal le decía que algo no estaba bien.

Pensó que el haber orinado en el pasillo le trajo recuerdos del terrible día que no quería recordar y que al tener a Junta a un lado, solo le revolvía más el estómago, pero para su desgracia aquello no tenía nada que ver, pues lo que Haru guardaba era algo del presente y más peligroso.

Haru abrió los ojos sorprendida y miró a Takato como si él hubiera descubierto su secreto.

FLASHBACK

Con cuidado y como si de la porcelana más fina se tratara, Hashiba depositó un beso en la frente de la nena. La alejó un poco de él para verla cara a cara y con voz emocionada exclamó:

—Sí, soy yo, mi pequeña señorita. Vengo por usted.

De inmediato Haru levantó una de sus cejas confundida ladeando su cabeza. — ¿Mami te dijo que pasaras por mí? - preguntó inocente olvidando por un momento su urgencia.

Hashiba apretó la mandíbula cuando la pequeña hizo mención del omega. Disimuló su desagrado y queriendo cambiar el tema dijo algo que llamó su atención con fuerza: —Mi pequeña señorita, sus ojos se ven cada día más hermosos. Son idénticos a los de su padre.

Aquello sacó de balance a Haru, quien se sorprendió al escuchar nuevamente la palabra "padre."

No tenía idea de porqué la niña mostraba cierta resistencia, pero estaba seguro de que el culpable de ello era Takato. —Seguro ese maldito omega le metió ideas malas sobre Himura sama- pensó sin perder de vista a la niña que bajaba la cabeza. Ante esto, decidió que por hoy no tocaría más ese tema, de todos modos, contaría con más tiempo en el futuro.

El hombre crujió los dientes y casi al instante, volvió a abrazar a la niña. —Mi pequeña, la he estado buscando por tanto tiempo.

Haru, que había estado perdida en el limbo recuperó la compostura y con su tono usual continuó la conversación.

—¿Por qué me buscabas?, ¿mami no te dijo dónde estábamos?, ¿tú a dónde fuiste?

Hashiba se separó sin dejar de sostener con ambas manos los pequeños y frágiles hombros de la ambarina.

—Pasaron muchas cosas – murmuró colocando algunos mechones de Haru tras su oreja —Nunca le he caído muy bien a tu madre, no me quiere y me ha tratado mal en algunas ocasiones, por eso no supe a dónde habían ido. – soltó con veneno sintiendo una pequeña victoria en su interior.

Con lo que no contó, fue que Haru se molestaría por su comentario.

—No digas mentiras Hashi san, mi mami es amable con todos. Él no trata mal a nadie y a mí siempre me dice que debo ser buena – enfatizó cruzándose de brazos.

Hashiba sintió como un puñal se le clavaba en el pecho —¿en qué momento ese maldito omega la engatusó? – pensó al ver que tenía aún mucho camino por recorrer y si quería recuperar el tiempo que había permanecido lejos de la niña y así recuperar terreno dentro de su corazón, necesitaba retroceder un poco y cambiar de estrategia.

—Me disculpo, yo soy el que se equivocó, seguro malinterpreté algunas cosas. Su mami es… - un nudo se le formó en la garganta y las palabras que quiso decir regresaron por su garganta. — es muy bueno. – escupió finalmente sabiéndole a veneno.

Ante sus palabras la niña volvió a sonreír asintiendo efusivamente.

Una vez reestablecido el buen ambiente, Hashiba le platicó que consiguió ese trabajo para estar cerca de ella, que la había extrañado mucho y que siempre la cuidaría.

—Yo también te extrañé Hashi san – sonrió —Mami y yo estuvimos en casa de Azumaya san, fuimos a… "Espania" (lo dice mal) y ahora estamos aquí y ¿tú?, ¿dónde estuviste todo este tiempo?

—Bueno... – murmuró con voz lastimera — cumplí con una orden, pero fui encerrado por una persona mala que me lastimó.

Haru lo miró con tristeza tomando el rostro del hombre entre sus manos. —Pobre Hashi san. ¿Cómo se llama?, si le decimos a la policía ellos se encargarán de los malos.

El hombre sonrió ante la muestra de afecto y decidió continuar.

—Su nombre es Ayagi Chihiro… es la pareja de Tanaka, pero la policía no puede hacer nada contra él, porque es un Yakuza. – Dijo con voz temerosa.

Haru se congeló, "Yakuza" es una palabra que se le había quedado bien grabada en su cabeza tras la vivencia en su antigua escuela, pero lo más impresionante para ella fue que el nombre del novio de su tío Ramiro viniera acompañado de esta.

La niña intentó defender a Chihiro diciendo que aquello no podía ser verdad, porque su tío Ayagi iba a su casa, salía con Ramiro, jugaba con ella y le regalaba cosas.

Pero Hashiba, harto de no poder hacerle ver su verdad a Haru, levantó una parte de su camisa mostrándole su espalda llena de cicatrices. Ante lo cual la niña no pudo decir nada más y comenzó a hacer pucheros luchando por no llorar.

—Mi pequeña señorita, no todas las personas son buenas ni todas las sonrisas son verdaderas. - Aseguró acariciando la cabeza de la niña. —Personas como Ayagi Chihiro y Tanaka, son muy buenas ocultando como realmente son.

Para ese momento la cabeza de Haru iba a explotar, si bien era una niña inteligente, seguía siendo pequeña para comprender lo que Hashiba le decía y menos podía digerir que su tío y su otro tío fueran unas malas personas, pero las cicatrices en la espalda de Hashiba estaban ahí para acusarlos.

Al ver que la niña ya no hablaba y que en cualquier momento la campana de salida sonaría, Hashiba dio por terminado ese tema y decidió pasar rápidamente a lo que más le apremiaba.

—Mi pequeña señorita, ya ha pasado mucho tiempo y estoy seguro de que echa de menos a su padre, — tras sus palabras, la niña levantó la cabeza con los ojos bien abiertos —¿le gustaría ver a su papá? porque él me ha dicho que la extraña mucho y que la ama con todo su corazón.

Incapaz de contenerse Haru comenzó a llorar. Copiosas lágrimas salían de sus ojitos y con torpeza limpiaba su rastro con las manos.

Hashiba le había dicho lo mismo que su mami una vez le comentó, y esto era: que su papá aún la amaba.

Había sido difícil odiarlo, por eso dejó ir ese mal sentimiento, pero el otro motivo que la hacía llorar era que le había prometido a Takato que no lo volvería a ver.

—No llore – exclamó el yakuza pasando su pañuelo por el rostro de la niña.

—Yo… yo no puedo ver a papá… mami me dijo que, aunque estuviéramos en Japón no volveríamos a verlo porque él hizo cosas malas y está en la cárcel – respondió la nena sorbiendo su nariz.

Hashiba ardió en cólera al escucharla —¡Cómo se atreve ese gato callejero a decirle eso a mí señorita y peor aún, evitar que vea a su padre! – pensó reprimiendo su expresión facial, volvió a dirigirse a Haru. —Eso no es cierto, su papá no hizo nada malo. Es solo que hay muchas personas envidiosas que lo acusaron injustamente. Yo puedo llevarla con él cuando quiera y él podrá explicarle todo. ¡Podemos ir ahora! – sugirió quitado de la pena.

De inmediato Haru dejó de llorar, ahí estaba de nuevo esa punzada en su pequeño pecho.

Dudó. — No, no puedo… mami me dijo que solo puedo irme con él o el tío Ramiro y Ayagi. Tampoco puedo irme con desconocidos. - Agregó.

—Pero yo no soy un desconocido – argumentó el hombre poniéndola en apuros. —¿Acaso ya no quiere a su padre?, ¿no quiere verlo? – preguntó Hashiba sin quitarle un ojo de encima.

Haru estaba confundida. ¿Quería a su padre?, ¿podría romper su propio juramento cuando le dijo a Takato que solo lo iba a querer a él?, su pequeño corazón no dejaba de doler y este nuevamente latía acelerado por el anhelo de un padre que habitaba en sus buenas memorias.

—Yo… yo lo quiero… - Susurró. —¿E-enserio puedes llevarme con él?, ¡pero ahora no!

—Claro, yo jamás le mentiría, pero… - dijo mirando hacia los lados para finalmente colocar su dedo índice sobre sus labios — este debe ser un secreto entre nosotros. No debe decirle ¡absolutamente a nadie!, ni a su madre. Porque si él se entera, entonces no la dejará ir.

Haru lo miró con rostro confundido —Pe…pero… yo no quiero mentirle a mami – replicó con un puchero sentido.

—No lo vea como una mentira, más bien será como una sorpresa. No puede decir nada porque entonces la sorpresa se echaría a perder. Además, no está haciendo nada malo. – Recalcó.

Haru se quedó pensativa por un momento. Hashiba la observaba con atención viendo cómo jugueteaba con sus deditos mientras mantenía la cabeza hacia abajo.

—¿Prometes que papá no me volverá a pegar?, ¿ni a mami?

Hashiba perdió la compostura por un momento, ¡¿qué rayos quería decir con eso?!, ¿pegarle?, ¿Himura a Haru?, simplemente no podía creerlo.

Dubitativo, su barbilla tembló cuando se dirigió a la niña. —¿Qué dice?, ¿Cuándo su padre le ha pegado? – ni en sus más locas fantasías podría imaginar a Himura golpeando a la niña, eso era algo que no tenía sentido alguno para él.

Haru lo miró con ojos llorosos, los mismos que de un momento a otro reflejaron miedo cuando los recuerdos de un Himura poseído por la rabia la atacó a ella y Takato.

Sin aviso alguno, comenzó a orinarse sobre su ropa. El miedo en combinación con las ganas de ir al baño que estuvo conteniendo todo el tiempo, le jugaron una mala pasada.

—¡No, no! – exclamó la niña volviendo al presente, sintiendo como su ropa se mojaba y cómo un pequeño charco se formaba debajo de ella. —¡Hashi no veas! – gritó tapando su rostro como si de esa manera se volviera invisible.

Hashiba estaba en shock. Desde que la niña había nacido, jamás experimentó algo como esto. Haru era muy inteligente y desde muy temprana edad abandonó el pañal, pero ahora, con 5 años de edad, casi 6, mostraba un lado completamente desconocido para él y solo podía culpar al tipo de crianza que el omega le estaba dando. Esto más la acusación sobre Himura de que él la había golpeado, lo tenía confundido. Seguramente eran ideas que Takato le había metido a la cabeza.

Pronto la voz angustiada de Haru lo hizo reaccionar. Observó cómo la nena luchaba por esconder su ropa mojada. Los ojos llorosos y las mejillas coloradas le hacían ver aún más adorable, pero al mismo tiempo le partía el corazón.

Se puso de cuclillas y tomó entre sus manos las de la niña. —No tiene nada de qué avergonzarse, es solo un pequeño accidente. Atendamos esto primero… – dijo sonriente limpiándole las lágrimas.

Haru asintió y lentamente volvió a un estado menos agitado.

En cuanto Hashiba la dejó en el baño, corrió en busca del profesor de Haru para pasarle el informe. A la distancia observaba todo el movimiento asegurándose de que la niña fuera bien atendida. Su plática inconclusa lo molestaba, pero en tal estado no podían tener una conversación seria; así que ésta, quedaría para una próxima ocasión. Y si en algo era bueno, era justamente en esperar. La paciencia era una virtud que lo caracterizaba y aunque quería ver a Takato retorciéndose de dolor cuanto antes, se recordó a sí mismo que la venganza "es un plato que se sirve frío". Ya tendría la oportunidad de hablar más con la pequeña. Lo de hoy había sido una pequeña victoria para él, porque las semillas de la duda ya habían sido plantadas.

Mientras Haru se retiraba tomada de la mano del maestro omega, ella volteó hacia atrás para dedicarle una última mirada a Hashiba. Este, mantenía una postura firme y rostro sonriente. Con la atención de la pequeña sobre él, colocó su dedo índice sobre sus labios susurrando un "NO DIGA NADA" que la receptora entendió a la perfección.

FIN DEL FLASHBACK

—No mami, el señor fue muy amable. – Respondió mirando hacia un lado avergonzada por mentirle a su mamá. Su pecho dolía, pero tampoco quería delatar a Hashiba.

Takato no estaba tan convencido de su respuesta, pero no quiso insistir más, Haru tarde o temprano le diría lo que le pasaba, porque entre ellos no había espacio para los secretos o mentiras; además de que no vio ninguna marca extraña en el cuerpo de Haru al bañarla, lo que lo alivió e hizo que la alarma dentro de su cabeza aminorara.

Pasó por última vez la toalla sobre la cabeza de la niña y agregó: —Si te preocupa el accidente de hoy, recuerda lo que dijo tu maestro, nadie se dio cuenta ni lo sabrán nunca. No te preocupes por eso. Mañana volverás a la escuela, harás tus deberes, jugarás con tus amigos y a la hora de salida estaré ahí puntualmente para recogerte. -Haru se limitó a asentir.

Pronto la noche llegó. La cocina estaba completamente iluminada, el sonido de la televisión que venía desde la sala rebotaba hasta él con las noticias más relevantes del día, y en medio de aquello, Takato preparaba el bento que Haru llevaría mañana a la escuela.

Haru había estado muy seria y ni siquiera mostró emoción alguna cuando le comentó que le prepararía su comida favorita. Era como si su pequeña trajera demasiadas cosas en la cabeza, pero no podía reprocharle nada cuando su propia cabeza era una maraña de pensamientos. Así que después de cenar y cerciorarse de que cepillara sus dientes, la arropó bajo las colchas con la esperanza de que mañana su ánimo mejorara.

El reloj marcaba las nueve de la noche. Cansado de todo tomó asiento en el sofá dispuesto a relajarse un poco mirando la televisión. Su mañana en la cafetería fue realmente agitada, todo el cuerpo le dolía y rogaba por un masaje, Junta no le daba tregua, acechándolo como buen acosador y mirándolo con ojos de cachorro aporreado cada que él le pedía que se fuera, ya sea del trabajo o de su propia casa. Y por último estaba la llamada de la escuela.

—Había olvidado lo cansado que es tener un trabajo – murmuró dejando caer su cabeza hacia atrás cerrando los ojos. Casi al instante volvió a abrirlos cuando la voz de Yurie se dejó escuchar por el televisor.

La entrevistaban saliendo de un conocido y exclusivo centro comercial, uno que en el pasado él mismo había visitado. Al parecer la habían seleccionado como protagonista para una película cuyo guion se basaba en una novela conocida.

Giró los ojos mostrando su esclerótica a manera de fastidio. Con movimientos perezosos se incorporó decidido a alcanzar el control remoto que reposaba sobre la bonita mesilla de centro.

En cuanto lo tomó, miró hacia la pantalla y apuntó para cambiar de canal y así dejar de ver y escuchar a esa persona que le resultaba totalmente desagradable, pues si bien le había dicho cosas que él desconocía, ahora y tras meditarlo profundamente con la almohada durante tanto tiempo, pudo darse cuenta que no podía creer en absolutamente todo lo que le dijo de manera ciega como si esta fuera la embajadora de la verdad, pues al final de cuentas era alguien que siempre le mostró abiertamente su desprecio y que por sus venas no corría ni una gota de sangre sino veneno.

Por supuesto, en aquel entonces las emociones lo rebasaron, pero ahora podía ver las cosas con más claridad. Igual eso no cambiaba su decisión de tener a Chunta fuera de su vida.

Al dedicarle una última mirada a la televisión, dejó caer el control remoto cuando apenas visible, la figura de Hashiba detrás de una vitrina se mostraba atento a la actriz.

De un salto Takato se puso aún más cerca de la pantalla y clavó su mirada en esa persona hasta sentirse seguro de que realmente era él.

Hashiba permanecía quieto vestido con un traje negro. La cámara del entrevistador estaba fija, lo que le daba una mejor visión del espacio, no fue hasta que hicieron un zoom al rostro de la actriz, que el Beta quedó completamente expuesto, pues su figura se ubicaba por detrás de la oreja de la mujer.

—¡Ese maldito! – murmuró. De pronto una idea descabellada le vino a la cabeza —Será posible que… esos dos ¿se hayan aliado?

Con un fuerte azotón de puerta, la hermosa mujer entró a un departamento que Himura le había obsequiado tiempo atrás. Por supuesto este se encontraba alejado del bullicio para mayor privacidad de sus encuentros clandestinos.

Atrás de ella, el ex Yakuza la seguía con paso tranquilo.

—¡Te he dicho mil veces que no deben asociarme contigo! Eso me daría mala imagen, ¿qué rayos pretendías al seguirme en público?, ¡ya te dije que te ayudaré!, con una llamada telefónica es más que suficiente.

Hashiba escuchaba impaciente el despotrico de la actriz. Odiaba tener que depender de ella, pero tras su movimiento del día de hoy, debía apurarse en ejecutar su plan, pues Haru podía ser una bomba de tiempo impredecible; ya que, al ser una niña no era muy seguro que esta pudiera ocultar su encuentro y no quería arriesgarse a que todo lo que había planeado se fuera a la mierda tras poner al omega bajo alerta.

Respirando más tranquila, la mujer tomó asiento en la sala al fin percatándose de la presencia de muchos hombres que antes no había visto. Esto le tomó por sorpresa impidiéndole abrir la boca.

—Si ya terminó. Le explico: estas personas, - Dijo señalando a los presentes — son seguidores fieles de Himura sama. Estarán viviendo aquí conmigo.

Los sujetos se presentaron ante la actriz, no sin antes dedicarle una mirada descaradamente lasciva. Cosa que la incomodó pero dejó pasar por temor a que algo más ocurriera si abría la boca.

—Y tengo una muy buena noticia, - siguió hablando el Beta con expresión alegre — en esta semana pienso ejecutar mi plan. Al fin hice contacto con mi pequeña señorita. Antes del viernes la traeré a este lugar, después necesitaremos más recursos para movernos a Fukuoka. La salida de Himura sama está bien cubierta, ya dimos un anticipo al cuidador. – Exclamó orgulloso. — Entonces, cuando más desesperado esté ese maldito omega le llamaremos, vendrá a nosotros y nuestro Oyabun le dará su merecido y como el imbécil de Azumaya está con él, me encargaré de que se pudra en el infierno y sufra el doble que mi señor.

—No te olvides de nuestra parte, hermano, siempre quise encajarle los colmillos a ese omega. – dijo uno de los hombres que se relamía los labios al pensar en Takato.

Una sonrisa retorcida se formó en el rostro de Hashiba, él mismo se encontraba eufórico por todo lo que se avecinaba.

—Y bien, - pronunció impaciente Yurie incapaz de permanecer por más tiempo entre todos esos malhechores. —¿Para esto querías verme con tanta urgencia? – miró a Hashiba con el ceño fruncido, quería desaparecer de ahí de inmediato. Su manager le había advertido sobre mantenerse al margen y dejar de contactar al ex Yakuza y ahora entendía el por qué.

Mientras mantenía relaciones con Himura, jamás se involucró con sus subordinados, se trataba solo del hombre, pero ahora, estaba metiendo los pies en el fango y todo por querer ver destruido al Omega. Sin embargo, después de pensar todo seriamente y con cabeza fría, la idea de verse envuelta en un crimen como el secuestro de una menor, significaban palabras mayores. —Maldita sea, jamás debí involucrarme con este sujeto – pensó mortificada. —Si llega a haber una investigación, sabrán que apoyé económicamente a estos Yakuzas, que participé en la abducción de una menor y en la fuga de un prisionero. ¡Mi carrera y vida se destruirían en un minuto! ¡eso no puede pasar!

Su cabeza trabajaba a marchas forzadas ideando sobre cómo salirse del lodo sin salpicarse. Sin darse cuenta comenzó a morder sus uñas y cuestionarse si pelear por Himura valía la pena. Entonces, la respuesta vino de inmediato a ella "NO", no lo valía para nada.

Himura no era ni la sombra de quien fue, no tenía riquezas, era un criminal condenado y su increíble atractivo físico se había ido con sus piernas y manos. ¿Es eso lo que ella quería realmente?, de nuevo "¡No!"

Debía pensar en cómo deslindarse del problema en la que sola se había metido. Si bien en el pasado se había sentido humillada porque Himura prefería al Omega, había quedado satisfecha cuando le llamó y notó cómo sus palabras habían herido a Takato. Aunado a ello, fue doblemente feliz cuando se enteró por boca de Hashiba que Takato estaba de regreso en Japón, lo que podía entender como que su relación con Azumaya san había terminado. Para ella, eso era una victoria y era más que suficiente. Pero ahora, todo se le había salido de las manos y de algo estaba completamente segura: ellos (refiriéndose a los hombres de Hashiba) no la dejarían bajar del barco sin antes llegar a tierra. Y si se hundían, la arrastrarían sin duda alguna hasta las profundidades del mar donde jamás la luz del día volvería llegarle.

Además, estaba el hecho de que, si bien la policía no se daba por enterada, Azumaya lo sabría y este pediría ayuda de sus amigos, el Clan Ayagi y el Clan Usaka, y de ellos, ni el mismo cielo la salvaría de su ira. Eran enemigos contra los que no podía ni quería pelear. La desesperación la invadió, por ningún lado tenía salida, lo único que podía hacer ahora era...

Hashiba miró con seriedad a Yurie, algo comenzaba a oler mal para él y por un segundo pudo ver la duda reflejada en los ojos de la actriz. De inmediato su expresión se enfrió y la alegría que lo había invadido se evaporó al instante. Tenía suficiente experiencia como para poder oler la traición a kilómetros de distancia.

—¿Acaso le parece poco lo que acabo de decirle? – preguntó sin perder de vista la reacción de la mujer, quien se estremeció ante sus palabras.

Yurie se recompuso y usó sus dotes de actriz para engañar a Hashiba —Claro que no me parece poco, es una maravillosa noticia, pero tengo mucho trabajo aún y no puedo seguir aquí. Hablaremos mejor en otra ocasión y veremos cuánto dinero necesitas. – Dijo poniéndose de pie caminando con rapidez hacia la puerta. El sonido de su corazón retumbaba más fuerte que el de los tacones sobre el suelo; que, gracias al eco por la falta de muebles suficientes, intensificaba y hacía rebotar su ansiedad.

Hashiba entrecerró los ojos siguiéndola con la mirada. Su expresión era indescifrable pero letal. Cuando la Beta estuvo a punto de abrir la puerta, la mano de Hashiba se posicionó sobre la perilla tomándola por sorpresa. Sintiendo su calor corporal detrás de ella, pero que en vez de sentirlo reconfortante, fue como si un baño de cuchillas filosas cayeran sobre ella.

Lentamente el Yakuza acercó su boca en el oído de la actriz que permanecía inmóvil. —Yo la abriré por usted, mi señora – pronunció con la voz cortés de siempre. Yurie solo asintió haciéndose a un lado.

Con un "clack" la puerta cedió. Yurie acomodó su bolso y con una leve inclinación de cabeza se despidió; sin embargo, antes de cruzar la puerta, Hashiba le dirigió unas palabras.

—Cuídese mucho, mi señora. Los accidentes están a la orden del día y no me gustaría que le pasara algo malo. – Sus palabras, fuera de reconfortarla o mostrar sincera preocupación hacia su persona, le parecieron una amenaza descarada.

Yurie lo miró con ojos muy abiertos, tragó saliva y abandonó lo más rápido que pudo el lugar.

Hashiba cerró la puerta de manera estruendosa. Su rostro reflejaba una profunda molestia. Sus nudillos estaban blancos por la presión en sus manos. Aflojó su corbata y cepilló sus cabellos con fuerza.

—¡Estúpida mujer!

Fue lo último que masculló antes de volver con los hombres, los cuales jugaban con sus armas esperando indicaciones. Los preparativos estaban listos.