CAPÍTULO 34
DESDE LAS ENTRAÑAS
Hoy fue ese día, uno en el que los demonios del pasado me atacaban apareciendo en mis más terribles pesadillas. Aquellas en las que mis gritos no salían y mis pasos y brazos jamás alcanzaban lo que tanto añoraba por más que avanzara; al contrario, el camino solo se hacía más angosto y la distancia parecía no aminorar ni un poco.
Dicen que en los sueños no se puede sentir dolor, pero yo lo estaba sintiendo; dolía, quemaba, no me dejaba respirar y la sensación de que en cualquier momento desfallecería estaba latente. Podía sentir los latidos de mi corazón corriendo como caballos desbocados, el sudor frío bajando por mi nuca y los vellos de mi cuerpo crisparse.
Grité, corrí, solté golpes a todo lo que se me atravesaba, sentí el sabor del hierro invadir con su amargo sabor mi boca. Caí al suelo aparatosamente más veces de las que podía contar, pero aun así pelee con todas mis fuerzas, llamé su nombre una y otra vez hasta quedar exhausto mientras más golpes caían sobre mí.
Seguí, trastabillé, aun así me levanté pese a que cada hueso de mi cuerpo crujía. La desesperación y furia corría por mis venas. ¿Por qué?, ¡¿por qué no podía alcanzar el maldito coche por más que corría?!, ¿por qué mis piernas no daban para más?
Mi cuerpo estaba caliente por el constante movimiento, pero yo me sentía helado, y la oscuridad de la noche solo aumentaba mis escalofríos. ¿Por qué no había ni una sola persona alrededor?, ¿cuándo el velo nocturno cayó con espantosa turbiedad?, ¿a dónde se habían ido las estrellas?... ¿cuándo solté su mano?...
Seguí corriendo entre los árboles intentando desesperadamente acortar el camino, ya no podía distinguir qué era lo que estiraba mi ropa, si las ramas o las manos que se acercaban más rápido de lo que esperaba y que si me detenía un solo instante en contemplarlas me desmembrarían.
Al fin, ¡al fin lo veo!
El carro negro de pronto fue iluminado por la luz de la luna poniéndolo como diana central ante mis ojos. Vuelvo a gritar, ¡imploro, suplico!, muerdo mis labios.
¡Me volveré loco!, ¡¿Por qué no se detiene?, ¿por qué pareciera que se aleja más y más de mí?
¡POR FAVOR PARA!
Fueron segundos, uno de los hombres sacó medio cuerpo por la ventana. Entonces escuché una risa burlona seguida del sonido estruendoso de un arma, desee que esa bala me impactara, porque así podría al fin despertar. Alguien gritó mi nombre, ni siquiera puedo voltear hacia el lugar de donde viene aquella voz, solo quiero despertar.
Cierro los ojos…
Anda, llega a mí de una vez, ¡maldita sea!, pero el impacto jamás me alcanza y lo único que cayó sobre mí fue el peso de un cuerpo herido.
Caí al suelo incapaz de seguir corriendo, sintiendo cómo el líquido rojo y caliente mojaba mis prendas hasta teñirlas con su escandaloso color. Huele fuerte, es penetrante, mis fosas nasales se contraen no queriendo olerlo más.
El líquido rojo siguió saliendo. Quise detenerlo, así que coloqué mis manos sobre el lugar donde la sangre borbotaba como fuente, pero esta solo manchaba mis manos escurriéndose entre los dedos.
¡AYUDA!
¡ALGUIEN POR FAVOR AYÚDEME!
Cierro los ojos, la sangre de mi herida en la frente entra a ellos volviendo todo rojo, trato de convencerme de que es un sueño, que pronto despertaré. Funciona, pero solo por un momento, ya que al mirar el rostro de quien se había interpuesto entre la bala y yo me fulmina hasta el punto de olvidar cómo respirar.
Yo solo resoplaba, mis pulmones no se llenaban. Ya no podía enfocar nada pues mis ojos estaban nublados por el mar de lágrimas y sangre mezclada que parecían no tener fin. Mis mejillas estaban ardiendo de un rojo furioso y todo mi cuerpo temblaba incapaz de controlarse y entonces lo supe… este no era un sueño.
No,
Esta era…
mi horrible realidad.
—Chu… Chunta, ¡no… no, no, no, no, NO! ¡deja de sangrar! ¡BASTA! – gritó Takato desesperado en estado de Shock. Levantó la cabeza y miró hacia el frente, donde el único rastro del coche que se había llevado a su vida era el del polvo levantado al salir disparado.
Sus dientes rechinaron acompañados de un puchero, temblaba. La falta de aire lo hizo inclinarse sobre el cuerpo tendido de Junta quien lucía cada vez más pálido… y, cuando al fin sus pulmones reclamaron oxígeno con desesperación, un grito desgarrador como fuera de este mundo emergió desde las entrañas estremeciendo hasta el alma.
—¡HAAAARUUUUU!
—¿Cómo está? – fue lo primero que Arisu preguntó al ver salir de la habitación a su esposo y doctor del Clan Usaka, este último conocido por su excelente historial y habilidades, y que por suerte se encontraba de guardia.
Usaka sacó un cigarro, lo acomodó en su boca, pero en cuanto escuchó la voz de Arisu, lo retiró guardándolo en la caja. Estar en un hospital poco le importaba, pero por nada del mundo se atrevería a fumar frente a su esposo embarazado que además cargaba a un niño de 10 años profundamente dormido.
De inmediato caminó hacia él tomando al chico que se estremeció por el cambio pero que rápidamente se acomodó reposando su rostro en el hombro de su padre. Mientras tanto, Usaka rodeó con su brazo libre la cintura del omega en un abrazo cariñoso.
— Ya no lo cargues, es pesado para ti. – Reprendió — ¿Qué haces aquí?, ¿quién fue el idiota que pensó que era buena idea traerte? – pronunció molesto, callando cuando el otro respondió con un "Yo" —Deberías estar en casa descansando junto con Kiyomi. Esto no le hace bien a nuestro bebé – pronunció el alto llevando una de sus manos al pequeño bulto que comenzaba a sobresalir entre la ropa de su esposo.
El Omega tenía 3 meses de embarazo, mismos que había mantenido en secreto del Beta para no preocuparlo, pues al ya ser mayor de edad los riesgos eran perentorios, por lo que con tal de mantenerlo seguro, Usaka le habría pedido abortar sin vacilar. Y dado que era un embarazo milagroso entre un Beta y Omega, además de haber pasado 10 años para que esto volviera a ocurrir, mientras Arisu tuviera vida no desecharía a un bebé producto del amor que ambos se tienen.
Así que, en cuanto Usaka se enteró, pasó exactamente lo que Arisu había anticipado, pero al ver el rostro suplicante del omega se rindió por completo. Pero ahora, su obsesión por mantenerlo a salvo hasta del viento habían aumentado un 300%
Arisu resopló. — ¿Crees que puedo siquiera dormir cuando Azumaya kun está en cirugía, Takato herido y su pequeña hija secuestrada?, no necesito dormir, ¡necesito respuestas! – exigió. Las hormonas comenzaban a hacer de las suyas exaltándolo con extrema facilidad, pero justamente hoy, estos arrebatos estaban más que justificados.
—Shh, tranquilo. – Besó su frente —El doctor ya atendió todas las heridas de Saijo san, afortunadamente no tiene ni un hueso roto, se ve algo magullado, pero no es nada que con reposo y medicamentos no pueda sanar. - Arisu escuchaba con atención —No se dejaba atender, estaba muy alterado. Quería salir en busca de la niña, así que le administró ansiolíticos, acaba de quedarse dormido. La enfermera se quedará con él. Dormirá al menos 6 horas. Por ahora está bien, pero es seguro que cuando despierte y se enfrente de nuevo a la realidad, volverá a alterarse.
—¡Esos bastardos!, cómo, ¿cómo pudo pasar esto? – preguntó el Omega recargándose en el pecho del Beta. Usaka acarició su nuca acercándolo más hacia él. —Si algo así le sucediera a Kiyomi yo… - hizo una pausa sintiendo como su cuerpo temblaba de solo imaginarlo.
—Jamás pasará eso. Antes hago que caiga una lluvia de plomo sobre ellos. – Sentenció el Oyabun acomodando a su esposo entre sus brazos. —Solo un imbécil se atrevería a levantar una mano contra nuestro hijo. No temas.
Arisu asintió. — Pobre Takato, cuando al fin estaba rehaciendo su vida… - suspiró — y Haru-chan, sigue siendo una bebé, debe estar muy asustada extrañando a su madre. Se suponía que mañana sería un día especial… es horrible… - Lamentó — Sabes, él casi no habla de cómo fue su vida con Kenichi, pero lo poco que me dejó conocer, fue un maldito infierno. Era una bestia y hubo varias ocasiones en las que lo privó de su hija, pero esto es mucho peor porque antes, si bien no podía acercarse a la niña, sabía dónde estaba, así que su instinto protector de omega se mantenía hasta cierto punto controlado; sin embargo, ahora… será un milagro si al despertar no se vuelve loco – pronto sus ojos se humedecieron —tú sabes lo que los omegas somos capaces hacer cuando dañan a nuestros cachorros y también lo que puede pasar si ellos desaparecen por completo… no quiero que él muera – murmuró temeroso de decir en voz alta la palabra "muerte".
Usaka besó la frente del pelirrojo cuando este comenzó a llorar por su pequeño amigo. — Shh, por eso los ayudaré, te aseguro que la vamos a encontrar. Hashiba y sus secuaces no deben haber ido lejos. No cuentan con suficientes recursos. Pronto daré con ellos, además, Ayagi Chihiro está metido en esto. Lo que se traduce en "El clan Ayagi les dará guerra" y Tanaka san pidió apoyo del Clan Hasegawa y sin dudarlo se lo dieron. Somos tres contra un par de imbéciles, no nos pueden ganar.
—Eso me alivia, pero ellos tienen una ventaja sobre todos, una que afecta a Takato y todo lo que ustedes pudieran hacer. – Indicó el omega.
—Y seguro estoy de que la usarán muy bien.
Ambos permanecían tomados de la mano de pie frente a la puerta de Takato, pensando en qué maldito momento todo se había ido a la mierda. Arisu limpió sus ojos con la manga de su ropa, no era el momento para llorar.
—¿Qué noticias hay de Junta? – atinó a preguntar.
—Primero tomemos asiento, sí, no quiero te canses. – Pidió Usaka llevándolo hasta unos sillones ubicados en una de las salas de espera. Acomodó a su pequeño a lo largo del asiento para dos, mientras que él se sentó en el individual cargando al omega sobre sus piernas, manteniéndolo cerca para así tranquilizarlo.
En momentos como estos odiaba no ser un Alfa, pues no podía segregar feromonas que dieran paz a su omega, por eso procuraba hacer todo lo posible para lograr transmitirle su amor, protección y que jamás lo dejaría solo. Besó repetidamente las mejillas de Arisu y acarició su pequeña pancita mientras lo mecía.
—Junta ya salió de cirugía. El trayecto de la bala fue limpio, entró y salió, desgraciadamente rozó una arteria, por lo que perdió mucha sangre. De no ser por Tanaka san y Chihiro que llegaron a tiempo, ahora mismo podríamos estar preparando un funeral.
—No puede ser…
—No te preocupes, ahora mismo se encuentra estable, le hicieron una transfusión. Lo tienen en terapia intensiva pero solo por precaución. Ese Alfa es resistente, igual no se salvará de sentir dolor y malestar en general.
Un suspiro de alivio salió de la boca del omega mientras este se acurrucaba más contra su Beta. — Aún no puedo entender, ¿qué hacía Takato en ese lugar?
Usaka levantó los hombros. — En este momento sé lo mismo que tú, amor. Es extraño, no coincide con su patrón de conducta cuidadoso que venía teniendo y de acuerdo a lo último que hablé con Junta, Takato estaba más nervioso que antes, pero no sabía el por qué.
Ambos se miraron dejando que el silencio hablara por ellos. El reloj marcaba las once de la noche y los párpados del omega comenzaban a cerrarse; de pronto, las exclamaciones de sorpresa de varios trabajadores del hospital resonaron en coro despertándolo. Fue entonces que los dos miraron hacia lo que mantenía a todos absortos.
Varias patrullas iluminando con sus características luces, camarógrafos amontonados gritando y empujándose, cintas amarillas restrictivas. Lo que la pantalla mostraba era un caos total. La prensa peleaba por la primicia con uñas y dientes. Y bajo las imágenes que corrían desordenadas, con letras enormes estaba la leyenda:
"NOTICIA DE ÚLTIMA HORA. EL CUERPO DE LA RECONOCIDA ACTRIZ DE DRAMAS, YURIE KUROKAWA, HA SIDO ENCONTRADO SIN VIDA FLOTANDO EN LA BAHÍA DE TOKIO".
16 HORAS ATRÁS
Ding, dong.
—¿Cómo es que desde la mañana estás tan chulo? - preguntó el moreno con tono pícaro en cuanto abrió la puerta para recibir a su hombre.
Apenas este iba a abrir la boca para contestar, cuando Ramiro se abalanzó sobre él para devorarlo. Las lenguas bailaban una danza sensual, el sonido de la succión llenaba sus oídos y las cosquillas otorgaban placer sobre sus labios, pero como todo lo bueno tiene que llegar a su fin, esto no fue la excepción, pues de repente, Chihiro golpeó la pierna del moreno, quien lo dejó ir en cuanto la punzada de dolor cayó sobre su espinilla.
—¡¿Podrías contenerte?!, la niña nos puede ver. – Recriminó el castaño limpiando los rastros de saliva sobre sus labios.
—¡Auuuu!, en la espinilla no, mi flaquito. – Pidió sobándose. — La patroncita está en la sala, no puede vernos desde aquí.
—Ramiro, ¿quién…
Al escuchar la voz de la niña, el moreno se enderezó dedicándole una sonrisa de oreja a oreja.
—¿No que estaba en la sala? – murmuró el Alfa al tiempo que le dedicaba ojos inquisidores.
Ramiro chistó ignorando la burla. —Bueno... ¿está lista, mi patroncita?, hoy Chihiro la llevará a la escuela, porque yo acompañaré a su…
—¡NO!
El grito seco hizo que Takato corriera desde su recámara hasta la puerta de la entrada. Encontrándose con el rostro de ambos adultos sorprendidos, y el de él, no fue la excepción cuando Haru comenzó a gritar con más fuerza.
—¡NO!, ¡no quiero ir con él! ¡No lo quiero, es un Yakuza, es malo!
Ninguno de los tres podía creer lo que la niña estaba diciendo. Ramiro volteó a ver a Chihiro como si esperara que este le explicara cómo es que la niña sabía que era un Yakuza o si él en algún momento se lo había dicho, pero el rostro congelado del Alfa le dejó saber que él no tenía nada que ver.
—¡Haru! – llamó Takato saliendo de su asombro, por primera vez en su vida le levantaba la voz a su hija, pero la ocasión lo ameritaba. Tal comportamiento no era aceptable para él. —Discúlpate ahora con tu tío, eso ha sido muy grosero de tu parte.
—¡No! – repitió desobedeciendo a Takato.
Haru no se disculpó, sino que se giró y corrió hacia su cuarto pasando a un costado del omega que no tenía ni idea de cómo reaccionar. Todo era surreal.
Ramiro cepilló su cabello con los dedos despejando su frente. — Pero… ¡¿qué chingados ha sido eso?!
Chihiro se limitó a mover la cabeza negándolo, mientras que Takato corría detrás de la niña.
Ninguno podía explicárselo y para su desgracia seguirían sin comprender y sin respuestas, pues lo que desconocían era que oculto tras el anonimato, Hashiba cual serpiente, en cada oportunidad mordía el cuello de la pequeña llenando su mente y corazón de veneno contra el Alfa, pues Ramiro y Takato aún eran intocables, ya que Haru fruncía el ceño cada que intentaba hablar mal de ellos dos.
Sin embargo, el haber mostrado sus cicatrices hacía dos semanas atrás, facilitó que el concepto que ella tenía de Chihiro se debilitara hasta convertirse en una delicada capa de hielo que al pisarla con un poco de fuerza se rompería.
Sus planes de abducir a la pequeña en la semana que había hecho contacto con ella, se vio frustrado por la falta de cooperación de la actriz, que de un momento a otro dejó de tener contacto con los hombres y de pasarles dinero. Sin embargo, su oponente era la personificación de la tenacidad y por nada permitiría que esta se desentendiera de él, así como así, por eso puso en marcha el plan B.
Lejos de la casa de los Saijo, al mismo tiempo, Hashiba trabajaba en poner fin a uno de sus problemas.
—¿Dónde está la perra? – preguntó colocando guantes negros en sus manos.
—En el cuarto, la amarramos tal y como lo indicó. Desde anoche ha estado lloriqueando, pero aquí… - dijo el malviviente mirando alrededor de la habitación en la que Takato había sido encerrado en innumerables ocasiones. — Ni Buda la escuchará.
La mansión del Clan Himura, así como otras propiedades, había sido incautada por la policía, pero después de que el caso se cerrara esta quedó abandonada. El polvo se había acumulado, pero una de las ventajas de vivir en uno de los países más seguros del mundo y supersticiosos, era que nadie vandalizaba ni entraba a robar, es más, con el simple hecho de saber que esa había sido una casa de algún Yakuza, era suficiente para ni siquiera voltearla a ver.
Todo estaba en su lugar: los cuadros, las fotografías familiares, los platos con la comida podrida y maloliente que bien podría ser considerada un arma bacteriológica. La silla que fue tirada cuando Himura arrastró al omega desde la cocina, la lámpara de la sala colgando de la mesilla; incluso, sobre la alfombra de la sala permanecían las manchas de sangre a causa del aborto espontáneo que sufrió Takato por culpa del bestial ataque del Alfa.
Era como si el tiempo se hubiera detenido contando una historia que Hashiba desconocía. Quien al ver la sangre se escandalizó pensando que era la de su amo.
De inmediato mandó limpiar la mansión, esmerándose en la recámara que pertenecía a la pequeña princesa de la casa. Quería tenerla con él, con su padre, con el resto del Clan. Había jurado que se encargaría de criarla para ser una digna sucesora de Himura y de esa manera recuperar el lugar que les correspondía.
Mientras caminaba hacia el cuarto del horror se vanaglorió de su actuar, pues nadie, ni la policía, ni los Clanes: Usaka, Ayagi o Hasegawa, pensarían por un solo instante que ocuparía la mansión como su centro de operaciones cuando la actriz dejó de apoyarlos. Suponiendo que sería como un suicidio; sin embargo, en la vulnerabilidad estaba su ventaja, pues sería el último lugar en el que los buscarían.
En cuanto el hombre entró, la oscuridad y el mal olor lo envolvieron por completo. Aun así, aquello no lo detuvo, y guiándose por los sollozos de Yurie logró quedar frente a la pobre mujer.
—Por favor… déjame ir… - apenas si era audible su voz. Esta sonaba rasposa y adolorida de tanto esfuerzo. Consecuencia lógica después de gritar por horas sin recibir respuesta.
Hashiba se burló. — Ja, esto le pasa por tonta. Por su culpa mis planes se vieron retrasados, pero bueno, debo aceptar que la necesidad y desesperación hacen que uno piense en todas las posibilidades y eso hizo que termináramos aquí – dijo señalando el cuarto. —Ah, déjeme prender el foco. Seguro no ha podido ver su suite desde hace 3 días, - comentó con tono burlón. — En eso se parece a su amigo trepador Omega, aunque esa cosa estuvo más tiempo aquí metido. – Hizo una pausa antes de mandar un mensaje para que encendieran las luces, pues quiso disfrutar un poco más los lamentos de Yurie.
En un instante el cuarto se iluminó dejando ver la sangre seca, fluidos y demás horrores que la adornaban, incluida la actriz sentada en una silla vieja y atada con las manos a la espalda. La pobre parecía haber envejecido diez años a causa del infierno que comenzó una semana atrás cuando los hombres de Hashiba comenzaron a chantajearla con fotos, videos y audios que la comprometían. Bolsas pesadas y oscuras rodeaban sus ojos, la piel seca y labios partidos a falta de hidratación daban la sensación de que de un momento a otro sangrarían. El cabello despeinado y una mancha morada sobre su mejilla izquierda daba testimonio de la violencia ejercida sobre ella.
La extorsión fue del libro. Le cerraron caminos, la amenazaron, hostigaron y no descansaron hasta quitarle hasta el último centavo. El dinero ya no era más un problema para ellos.
La repentina luz lastimó sus ojos, los cuales apretó y abrió lentamente hasta acostumbrarse, arrepintiéndose de inmediato cuando estos viajaron hasta la mesa ubicada en el fondo, donde herramientas e instrumentos aterradores reposaban sobre esta.
—No, no, no. ¡Por favor!, ¡los ayudaré!, ¡no los acusaré!, ¡por favor déjame ir! – Gritó la mujer sintiendo como se desgarraba su garganta.
Hashiba ni se inmutó, estaba harto de la mujer, pero tal vez podría hacer un último uso de ella.
—Kurokawa san, hoy me siento… misericordioso, por eso le daré una oportunidad para redimirse, así que escuche con mucha atención.
Yurie agachó la cabeza. Una sonrisa amarga se formó en su rostro oscurecido por la tristeza… lo sabía, ella lo sabía. Nada de lo que hiciera la iba a salvar, pero aún podía hacer algo más.
—Esos son muchos suspiros en tan corto tiempo – comentó el jefe Takarai a su joven ayudante, que de inmediato aclaró su garganta.
—Lo siento… hoy tuve una mañana difícil. – Soltó sin querer, sorprendiéndose por su actitud. Takato era alguien que no se quejaba, pero su mente estaba tan ocupada en Haru que no pensaba bien lo que decía.
Daiki miró de reojo al bello omega percatándose de que estaba haciendo los cortes de pan más pequeños. — Saijo kun, más grandes. —Indicó mientras batía el aderezo. Takato se sonrojó por el llamado de atención, debía concentrarse antes de que causara más problemas.
El hombre notó su preocupación. Colocó el aderezo en un envase y volvió la vista hacia el chico. —¿Acaso tiene que ver con tu hija?
Takato quiso hacer como que no había escuchado, pero justo ahora estaba desesperado por ayuda. Nadie le había enseñado a ser madre y tampoco había lidiado con una Haru rebelde que no quisiera hablar con él. Si necesitaba un consejo, era ¡ahora!
Con movimiento tímido, Takato asintió. — No sé lo que le pasa… ella siempre habla de todo conmigo, pero ahora, apenas llegamos a casa se va directo a hacer su tarea. Me evita, evita a sus tíos, pero habla bien con sus amigos, al menos eso me comentó su maestro y yo mismo he sido testigo de eso cuando el fin de semana la llevé a jugar con el hijo de mi amigo Arisu. Este comportamiento comenzó hace dos semanas que tuvo un pequeño accidente en la escuela. Me preocupé, así que fui e intenté hablar con el trabajador manual pero nunca lo encontré. No sé si ese hombre le dijo algo o… - tragó saliva preocupado. Daiki entendió a qué se refería, así que no presionó más. —La revisé, todo parecía estar bien. Es como si solo hubiera cambiado con nosotros, su familia.
Daiki cortó verduras. — Sabes, no soy experto en niños, de hecho soy soltero, pero tengo sobrinos y a veces tienen esa misma actitud conmigo o su mamá y cuando eso pasa lo que hago es sentarlos frente a mi y no los dejo ir hasta que me cuentan todo. Por lo regular se trata de malos entendidos o travesuras que no quieren confesar. Son niños, si ejerces un poco de presión hablarán. Por lo que he podido ver, tu tienes una relación muy buena con tu hija, le das su espacio, la cuidas como si fuera lo más valioso, y no dudo así sea – exclamó de inmediato, colocando los alimentos bajo el chorro de agua. — pero al mismo tiempo la tratas como tu mejor amiga… y no está mal; sin embargo… - Dijo cerrando la llave. —Tú eres su madre y ella debe aprender a respetarte, conocer sus límites y saber que hay conductas que no son aceptables. Tal vez, deberías ser un poco más firme e insistente.
Takato lo miraba con los ojos muy abiertos, como si lo que le había dicho fuera toda una revelación para él.
Daiki jaló el cuello de su camisa y carraspeó. — Seguramente estoy siendo muy entrometido o pesado, pero más vale corregir esos detalles antes de que se vuelvan bolas de nieve enormes. Si comienza a ocultarte cosas ahora, ¿quién te dice que en el futuro no lo seguirá haciendo?, además, si no habla contigo, la persona en quien debe confiar completamente, ¿con quién lo hará?
Takato dejó su labor por un momento reflexionando en las palabras que su jefe le acababa de decir, sintiendo una punzada en su pecho. Todo lo que le dijo era cierto.
Había sido paciente y confiado en que una niña de 5 años eventualmente se acercaría con él y le contaría lo que le pasaba, pero esto no sucedió y solo desperdició tiempo valioso.
Aun así, hubo cosas que no le comentó a Daiki, como el hecho de que Haru estaba despreciando a Ayagi por ser un Yakuza y eso solo significaba que algo había escuchado o visto en algún lugar reviviendo sus malos recuerdos y él, por no querer presionarla, nuevamente dejó que el incidente pasara.
Después de platicar con su jefe, agradeció el consejo y continuó con sus deberes. Decidido a que en cuanto recogiera a la pequeña, los dos tendrían una conversación muy seria.
Mañana era el cumpleaños 6 de su bebé y quería que todo fuera perfecto, incluida su relación. Así que después de comer y hablar, la llevaría a comprar regalos, (los que eran sorpresa ya estaban envueltos) pasearían por el centro comercial y finalmente se encontrarían con Ramiro y Ayagi, claro, siempre y cuando pudiera llegar al fondo del rechazo de su hija hacia el Alfa.
Pronto, su hora de salida llegó y con ello la escena que se repetía cada día.
—¿No te cansas? – preguntó Takato al ver a Junta abriendo la puerta del carro para llevarlo por su hija. Un ritual que se repitió desde que le permitió acompañarlo a la escuela cuando Haru tuvo el accidente.
—Nunca, menos cuando veo que llevas un tiempo nervioso – respondió con una sonrisa triste en su rostro. Hoy era otro día en el que no podía permitir ceder el terreno que había ganado. Traducción: trabajo de Takato, escuela, departamento.
Takato soltó un suspiro, pero de igual manera entró al carro, autoconvenciéndose de que solo lo hacía para llegar pronto por Haru. Sin embargo, no pudo evitar sorprenderse por la observación que el Enigma había hecho de su comportamiento. Y es que sí, después de ver a Hashiba y Yurie en el mismo espacio, su yo paranoico con delirio de persecución salió al exterior.
Durante el camino no se dirigían la palabra y el único sonido ambientador era el de sus respiraciones o a veces la música que Junta ponía, casualmente todas melodías románticas o de disculpa.
Sin embargo, el trayecto de este día sería diferente. En cuanto ambos estuvieron en sus respectivos lugares, Junta comenzó a hablar tomando a Takato por sorpresa, quien miraba desinteresado el paisaje urbano.
—Taka… Saijo san – corrigió apretando el volante. — Prometí que no te molestaría, pero...
—Entonces no me molestes… - murmuró Takato aún con la vista clavada en la ventana.
—Perdón, pero por ahora tendré que ignorar tu petición. - En cuanto el Alfa habló, el cuerpo de Takato se erizó. — Necesitamos hablar…
—¡Dije que no siguieras! – gritó sintiendo como su pecho subía y bajaba, pero Junta continuaba firme.
—Lo siento, pero no me detendré, porque si seguimos así no llegaremos a ningún lado. Hace tiempo cometí el terrible error de dejarte ir sin aclarar nada, mereces una explicación desde el principio. Así que por favor escúchame, ya que no te dejaré bajar del carro hasta que haya terminado.
—Detente ahora. Esto no me agrada, si es una broma te pido que dejes de jugar conmigo – Ordenó Takato apretando el cinturón de seguridad y listo para saltar del carro en cuanto llegaran a un semáforo. En cambio, lo único que consiguió con su acción, fue que Junta tomara una salida alterna hacia alguna autopista para prolongar su estadía. —¡¿Qué demonios haces?!, ¡Haru me está esperando!
—Hoy es viernes. Recuerda que dijo que hoy saldría a las 4pm, lo que significa que tenemos dos horas para hablar.
—Yo no quiero hablar – sentenció el omega con rostro desencajado.
—Me disculpo de nuevo, no tienes que decir nada si no quieres. – Chunta apretó la mandíbula antes de soltar el aire que estaba reteniendo. El tiempo comenzaba a correr.
El ambiente dentro del auto era tenso y Junta no podía hacer uso de sus feromonas porque había prometido que jamás las usaría para controlar las emociones de Takato. Así que el aire asfixiante siguió respirándose.
Takato permaneció inmóvil, como una estatua, no podía hacer nada más que resignarse.
—Lo que me escuchaste decir frente a mi abuelo y Sasaki en la oficina, es una verdad a medias.
—Ja… - Takato bufó cruzándose de brazos con una expresión que decía más que mil palabras. — ¿Verdad a medias?, ¿es eso lo que quieres aclarar?, ¿crees que me importa siquiera? – pensó recordando aquel día en el que su corazón se destrozó, pero en el que la venda de sus ojos cayó.
Junta se percató de la actitud de Takato, pero como bien había dicho, no pararía. Llevaría esto hasta las últimas consecuencias y entonces, solo entonces, el omega podría dar su veredicto.
—Yo quería vengarme… - Confesó Junta mirando el camino. Takato apretó sus labios en línea recta al tiempo que un escalofrío estremeció su cuerpo. — y mi sed de venganza hizo que viera solo lo que quería. Amé mucho a mi padre y su muerte fue un golpe muy duro para mí, tenía mis sospechas así que mandé investigar a Himura, a sus hombres, sus negocios y… - dudó. — A ti, pero la información era muy limitada. Por lo que después, idee un plan, tú estabas dentro de él, te iba a usar. – Dijo apenas con un hilo de voz cuando las feromonas dolidas de Takato entraron por su nariz.
Continuó, después de tales palabras debía seguir o si no volvería a crear problemas. Disminuyó la velocidad y apretó el volante para reunir coraje.
—Conocerte en aquella fiesta no fue casualidad, entregarte mi número tampoco. Mi primera impresión de ti fue "él es hermoso… seguramente es tan frívolo como su pareja, por algo están juntos. Seducirlo no será difícil, es más… hasta podré disfrutarlo."
Takato se abrazó a sí mismo, una rabia que pensó extinta volvió a encenderse con llamas fuertes y peligrosas. Junta dejó salir una exclamación haciendo evidente su estupidez.
— No pude estar más equivocado contigo. Ese día fui testigo de su maldito trato hacia ti, me repugnó. Parecías tan honesto, vulnerable, pero al mismo tiempo fuerte y valiente. Pensé: "¿podría ser que me haya equivocado con él?", pero mi dolor y coraje no me dejaron ver y decidí continuar, porque no podía ser que tú, siendo su esposo no supieras lo que le había hecho a mi padre, así que te di mi teléfono, mostré interés por ti, dije palabras que querías oír, pero mientras más te trataba más me daba cuenta de que eras completamente puro y que jamás podrías ser cómplice de ese sujeto…
—En serio, cállate… - pidió Takato apretando sus puños. Junta tragó saliva, sudaba y oler las feromonas dolidas de su omega le provocaron un genuino malestar en su corazón. Escuchó, más no hizo caso.
— Finalmente, rompiste el silencio, me contaste tu historia, me permitiste convivir con tu hija y entonces tuve que admitir que me había enamorado de ti, de tu sencilles, de tu fuerza, de tu alma y de esa pequeña que te seguía cual patito. Así que quise decirte la verdad no una, sino muchas veces, pero tenía miedo… miedo de que me odiaras, miedo de que no creyeras en mi amor por ti, miedo de perderte… – Pronunció desbocado. El gran Alfa Enigma se estaba derrumbando.
Junta giró la cabeza para ver a Takato, pero este permanecía igual, solo mirando hacia el horizonte.
—Te juro que las palabras que le dije a Himura fueron solo para lastimarlo, porque sabía lo obsesionado que estaba contigo. Nunca fue mi verdadero pensamiento. Soy culpable de muchas cosas y no me justificaré. Pude haberte sacado antes de sus garras, pero muchas cosas me frenaron, como el hecho de que eso significaba que te enterarías de todo; de cómo te mentí, de cómo evité decirte la verdad. Además, necesitaba debilitarlo, porque si no iría tras de ti y Haru con todas sus fuerzas, yo quedaría expuesto y la venganza no se concretaría… Yo… yo, quería quitarle todo y lo más frustrante es que de verdad lo disfruté, disfruté ver lo lamentable y derrotado que Himura lucía, pareciendo más un trozo de carne que un ser humano y pensé "Ahora tienes lo que mereces", sentí alivio por mi padre y en serio me vi triunfador, pero cuando te vi en el hospital, cuando sostuve a Haru en mis brazos, nada tuvo sentido, había vengado a mi padre… pero el precio a pagar fue horrible, porque tú y ella se vieron envueltos... lamenté tanto todo – Lloró. Junta lloraba amargamente dejando salir todo lo que había retenido para sí.
—Sasaki me dijo: "este fue el camino que escogiste, ¿no lo recuerdas? Aquel día te pregunté si estarías listo para pasar por encima de cualquiera sin sentir remordimientos y respondiste que sí." Me sentí aún peor, pero ya no podía hacer nada al respecto, lo había echado a perder, por cobarde continué en mi papel.
—Ya no quiero escucharte – pidió Takato moviendo la cabeza hacia la ventana, alejando su cuerpo del Alfa hasta quedar demasiado pegado a la puerta. Se estaba sintiendo asfixiado y unas ganas tremendas de vomitar subían por su esófago. – Eres un maldito hipócrita mentiroso. – Masculló con veneno. Junta lo aceptó.
—Sí, lo soy… y también un loco posesivo. Cuando decidiste quedarte con él me dolió, pensé que me elegirías a mí, tenía todo listo para sacarlos sin que Himura los persiguiera e incluso pensé que si ustedes venían conmigo dejaría de lado mi odio hacia él. Me sentiría conforme con verlo sufrir aun si la venganza que había planeado no se concretara. No me importaba mientras ustedes estuvieran a salvo, pero dijiste que estabas embarazado y te quedarías con él. Simplemente no podía creerlo… en ese momento vi todo rojo, quería tomarte y salir de ahí corriendo. Quería torturarlo, matarlo. Fue entonces que cometí otro error más. Sabía que aquella actriz me seguía, noté cuando tomó las fotos, pero jamás creí que se movería tan rápido y que ustedes saldrían lastimados. No me alié con ella ni planee esa atrocidad, ¡jamás!, de hecho mandé a Hasegawa por ustedes en el momento que desapareciste de mi vista, pero las consecuencias de mis malas acciones, así como lo que pude hacer y no hice, las llevo tatuadas con sangre en mi consciencia.
Cuando te vi en el hospital juré que te haría la persona más feliz de esta tierra, a ti y a Haru, pero no por lástima o por querer limpiar mi consciencia, sino porque era lo menos que merecían. Pero de nuevo fallé, fui un cobarde, usé el pretexto de los seguidores de Himura para alejarlos de Japón, quería mantener la imagen que tenías de mí, quería que me siguieras amando. Estaba desesperado y creí que en España todo se arreglaría, pero mi abuelo me lo advirtió una y otra vez, que fuera honesto… ellos me dijeron que si yo no te decía nada, ellos lo harían, pero entonces escuchaste aquella conversación…
—Solo me acabas de reafirmar que hice bien en alejarme de ti – soltó interrumpiéndolo. Ya había escuchado suficiente y estaba cansado. El de los ojos verdes asintió derrotado, sintiendo que su corazón era desgarrado.
—Siento mucho las tonterías que te dije, siento lo de tu bebé, me comporté como un imbécil. Lamento mucho haberte dejado ir así, pensando que todo había sido una farsa o que no te amaba. Debí correr tras de ti y explicarte todo, era lo mínimo que te merecías y no que yo gritara lo que mi estúpida cabeza ofuscada pensara.
De pronto, la lluvia comenzó a caer. El pronóstico decía que sería un día soleado, pero tal parecía que los elementos lo acompañarían en su melancolía. Ambos miraron cómo las gotas comenzaron a llenar el parabrisas creando una visión nublosa. Por un instante el golpeteo del agua llenó su silencio, uno que Takato, que masajeaba el puente de su nariz intentando tranquilizarse para digerir todo lo que Junta le estaba diciendo, agradeció. Como quiera, el gusto no duró tanto cuando Junta volvió a abrir la boca.
—Sé que te hice mucho mal, se que no merezco tu perdón, pero entre todo el enredo, manipulación y mentiras que dije… – indicó el Alfa incapaz de contener las lágrimas. Sin avisar salió de la autopista para detenerse en uno de los descansos disponibles. Puso las intermitentes y se giró por completo hacia el omega — existe una verdad que es absoluta Y esa es: que me enamoré de ti y lo hice incluso antes de confirmar que eras mi pareja destinada. Te amo con cada fibra de mi ser. Eres el mejor omega con el que he tenido el placer de encontrarme. – Intentó acercar su mano hacia el rostro de Takato, pero este le soltó un manotazo que le dejó de recuerdo tres líneas rojas en el dorso, cortesía de su uñas. Junta besó su propia mano agradeciendo en silencio el haber podido tocarlo, aunque el toque lo quemara.
—Eres único para mí, precioso e irremplazable, por eso viviré penando, viviré arrepentido, de rodillas, humillado, implorando tu perdón. Cuando te fuiste tuve tiempo para pensar bien en todo, para darme cuenta de mi estupidez, cobardía y orgullo. Discúlpame por haber tardado demasiado en disculparme apropiadamente. En serio, en serio lamento haberme dado cuenta tan tarde de mis errores… perdón por mentirte, perdón por ocultarte cosas, perdón por anteponer mis deseos, perdón por hacerte llorar… - gimió. — perdón por lastimarte, perdón por no haber sido un Alfa bueno para ti, perdón por haber sido un cobarde. La forma en la que me comporté es inaceptable. Estoy tan arrepentido.
Takato no dijo nada, pero las lágrimas que no dejaban de correr por su rostro hablaban por él. Ahora todo tenía sentido, todas las piezas encajaban y el rompecabezas estaba completo formando la imagen de su dramática historia.
Un Alfa lloraba a todo pulmón a su lado, un Alfa que fingiendo ser Beta siempre había lucido altivo y poderoso, ahora se encontraba deshecho y reducido a un bicho insignificante. Sumido en lamentos y arrepentimientos. Y, compartiendo el mismo espacio, un omega se preguntaba una y otra vez por qué, por qué después de tanto era incapaz de odiarlo por completo.
—Takato, nunca dejaré de amarte, si pudiera volver el tiempo lo haría, pero está fuera de mis posibilidades, así que solo me queda luchar para demostrarte que soy sincero y continuaré esforzándome hasta que de mi último aliento.
Nuevamente se hizo el silencio, sin embargo, la atmósfera tensa que los había rodeado al principio se disipó para ser reemplazada por las feromonas del Alfa herido. Eran tristes, desesperadas, confusas, solitarias y llenaban todo el coche de manera asfixiante. Tanto así, que Takato se vio en la necesidad de abrir la venta. Ignoró la lluvia y las gotas que se colaban por la rendija y salpicaban su ropa, pero poco le importaba mojarse. Necesitaba desintoxicarse.
Junta no soltó sus feromonas por querer verse lamentable y así provocarle lástima o hacerle llegar a Takato su arrepentimiento. No, no pretendía presionarlo de esa manera, pero de un momento a otro le fue imposible contener tantos sentimientos y menos cuando el remitente de su mensaje no decía una sola palabra. Creyendo que sus palabras lo único que habían logrado era alejarlo aún más del pelinegro haciendo el espacio entre ellos más grande y doloroso.
Pero lo que Chunta no sabía era que su copiloto no abría la boca por múltiples razones, la primera: no quería decir nada que lo comprometiera por sentirse influenciado por las feromonas. Y es que por más que intentaba ignorarlas y disfrutar del dolor ajeno, lo único que conseguía era que su pecho doliera, porque las emociones de Junta las estaba sintiendo en carne propia. Lo que solo confirmaba lo que ya antes había aceptado… y eso era que realmente Junta era su destinado, pues pese a no existir un vinculo físico, su presencia era tan necesaria como respirar, por eso, aunque no quisiera verlo, estar con él no era incómodo, al menos no porque le provocara un malestar como el que Himura le producía, no. Su incomodidad venía del constante choque entre lo que su instinto le pedía y lo que su mente le ordenaba. Segundo: conocer todos los hechos, así como la perspectiva de Junta fue una revelación inesperada que mantuvo sus emociones como en montaña rusa, y tercero: una parte de él se debatía entre alejarse por completo y la otra en creer en su arrepentimiento.
Por un segundo se permitió pensar en lo que fue su relación, recuerdos buenos vinieron a él: los cuidados, los regalos, las palabras afectuosas, las atenciones para con él y su hija, el lugar que les dio ante todo aquel que los presentaba, su constante mirada sobre ellos para identificar todo lo que les gustaba y así dárselos.
De inmediato Takato se detuvo y dejó salir el aire retenido.
Junta se había confesado, se mostró como un libro abierto, sacó sus demonios y pidió perdón, pero desgraciadamente, justo ahora, Takato no estaba dispuesto a seguir la conversación ni aceptar su disculpa porque si bien Junta "aclaró" las cosas, él no podía distinguir en qué punto todo dejó de ser actuación, en qué punto comenzó a ser sincero y aún más relevante era que ese Alfa que lloraba, aparte de regalarle momentos felices, fue el titiritero que tras la cortina también le provocó dolor.
El Omega humedeció sus labios y dejó descansar sus manos sobre sus muslos mojados por la lluvia. Inhaló y exhaló una vez antes de girarse y encarar a Junta que permanecía con la cabeza agachada y llorando en silencio.
—Junta… - La voz de Takato hizo estremecer al otro. Los ojos del Alfa se agrandaron por un segundo antes de volver a entrecerrarlos. No quería hacerse ilusión alguna, de hecho, tenía miedo de escucharlo, pero tenía que hacerlo y si nuevamente este rechazaba sus intenciones, viviría con ello como penitencia.
Takato pudo oler las feromonas expectantes del hombre. — No sé cómo tomarme tus palabras… soy joven aún e inexperto. Jamás me había enamorado y antes si quiera de que eso pasara tuve un bebé con alguien que me violó. Creí que jamás podría experimentar el amor, estaba convencido de que así sería y entonces te conocí y pensé que aquello que vislumbré imposible, estaba al alcance de mis manos… te amé.
"Te amé", esas dos palabras hicieron estremecer a Junta, Takato usó el verbo en pasado matando sus esperanzas.
—Pese al infierno que vivía, me sentí feliz de conocerte. Amé tu trato, tu amabilidad, tus palabras de aliento… creí todo de ti y te di todo de mí, así que entiende – recalcó con voz firme al tiempo que tomaba del mentón a Junta para levantar su rostro y mirarlo a los ojos. — Aún no puedo perdonarte. – Las orbes verdes temblaron acompañados de una expresión dolorosa. Takato continuó — No confío en ti, no sé si sigues jugando conmigo, si quieres algo más, ni sé qué tanto de lo que me has dicho es cierto o falso…
—Takato… - susurró desesperado. El ojiazul levantó la mano pidiendo se detuviera.
—Estoy realmente cansado de que me utilicen. Me hiciste el mal, pero también el bien- Cuidaste de Haru y te portaste siempre amable y cariñoso con ella, y eso es lo único por lo que te dirijo la palabra en este momento.
Ante los ojos de Junta, Takato había dado un salto de madurez enorme, y no solo eso, sino que también, se había posicionado en una torre tan alta que le era imposible alcanzarla.
—Lo siento, lo siento mucho… - volvió a exclamar el Alfa mirándolo a los ojos intentando apegarse más al calor de la delicada mano que su omega mantenía sobre su babilla, pero en un instante el agradable toque se fue.
—Gracias por querer aclarar las cosas, - dijo acomodándose en su asiento — pero te lo repito, mi respuesta sigue siendo la misma.
El perdón es algo que sabía no iba a llegar con solo pedirlo. No podía pretender que Takato olvidara todo y le diera una oportunidad, no cuando lo que ahora tocaba hacer era prometer no volver a cometer más errores con él.
Takato no podía creer en su sinceridad y eso era algo que Junta entendió completamente. Por eso, limpió todo rastro de llanto y comenzó a acomodarse hasta recuperar la compostura. Miró a su omega que pese a las duras palabras parecía más relajado que antes.
Sin avisar llevó su mano derecha hasta la mejilla del menor, quien se sorprendió y lo miró como si no creyera lo que había hecho. Con cariño Junta pasó su pulgar por su mejilla, acariciando la piel de durazno. —Me esforzaré para que algún día pueda ser una persona confiable para ti. No me rendiré contigo porque te amo, te amo mi precioso destinado. Jamás volveré a lastimarte, lo juro.
Durante el trayecto de regreso a casa en el coche de Junta, este platicó con la niña como normalmente lo hacía y ella respondió a todo, tal vez no con la misma efusividad, pero al menos no se notaba forzada la conversación; sin embargo, con Takato, Haru respondía con monosílabos y de nuevo evadía su mirada. Lo que activó las banderas rojas en el Omega.
En cuanto el auto se estacionó, Junta volvió a hacer de las suyas, pues antes de que Takato desapareciera por la puerta, tomó su mano depositando un beso casto. A lo que el otro reaccionó como gato en guardia.
Takato sintió que el corazón se le saldría por la boca cuando la mano grande de Junta lo tocó y peor aun cuando los labios tibios del hombre lo besaron.
Ahora, solo en casa, su mente estaba recordando cada detalle y palabras. Mordió su labio inferior castigándose por ser débil ante su tacto.
Su sonrojo era evidente y simple y sencillamente no podía encarar a su hija cuando lucía como un bobo.
Aun así, trató de enfocarse y reprendió al Alfa mentalmente por haber agregado a su cabeza más cosas en las cuales pensar. Sacó la comida que había preparado la noche anterior y llamó a su hija quien nuevamente había huido de su presencia.
—¡Haru, ven aquí, es hora de comer! – su voz era tranquila y cargada con el mismo amor de siempre.
Segundos después, la niña tomaba asiento en la barra.
— ¿Lavaste tus manos? – un asentimiento fue su respuesta.
—Mami, ya comí… nos dieron de comer en la escuela.
Takato se dio un golpe mental. Eso era cierto, de hecho, él era el único que no había comido por estar hablando con Azumaya. Sin embargo, no tenía apetito. Así que después de ofrecerle a su pequeña si quería un poco y ante la negativa de esta, guardó todo de nuevo.
—¿Puedo ir a mi cuarto? – preguntó la pequeña en cuanto vio a Takato darse la vuelta hacia el refrigerador.
El omega se tensó. Ahí estaba de nuevo esa actitud evasiva que no podía seguir dejando pasar. No quería presionarla ni incomodarla, pero ya le había dado suficiente espacio e incluso no le llamó la atención después de que saliera corriendo tras decirle "Yakuza" a Chihiro.
Tenía que arreglar de una vez por todas ese comportamiento y llegar al fondo del problema. Quería a su bebé de regreso. Por lo que decidió aplicar el consejo que su jefe le había dado.
—No – respondió firme encarándola. Haru se sorprendió abriendo mucho los ojos y de inmediato su comportamiento se volvió nervioso. Takato no podía creer lo que veía. Rodeó la isla y tomó a la pequeña entre sus brazos, le dio un beso en su hombro y caminó con ella hacia la sala mientras dejaba liberar feromonas agradables para tranquilizarla. Haru buscaba en el cuello de su madre su aroma, impregnándose por completo de este.
Una vez en el sillón, Takato la meció como si fuera una bebé cepillando con sus dedos su cabello al tiempo que dedicaba palabras cariñosas.
—Mami… - murmuró la pequeña apretando con sus manitas la camisa del Omega. —¿Me quieres?...
Takato se sorprendió por la pregunta. ¿Desde cuándo su hija tenía la necesidad de preguntarle eso?, ¿acaso estaba fallando en demostrárselo e inconscientemente la hacía insegura?
—¡Te amo mucho Haru!, eres mi vida – Aseguró abrazándola con más fuerza. —¿Por qué preguntas eso, cariño? – pidió saber. Acomodó unos cabellos tras la oreja de su hija y la sentó sobre sus piernas. Ella no dijo nada. Takato suspiró.
—Sabes, me siento muy triste cuando no quieres hablar conmigo. Estoy preocupado por ti. Mi bebé no me mira, no me comparte su día, grita, se esconde y cuando habla dice palabras que no son suyas. ¿Qué es lo que te pasa?, sabes que puedes decírmelo todo. Yo siempre te voy a creer, amar y proteger. – Aseguró chocando azul con dorado.
Haru volvió a evadir la mirada. Fue entonces que Takato decidió que debía presionar un poco más y con dolor en su corazón, tomó una expresión seria que sorprendió a la niña.
—Haru, deja de mirar hacia otro lado, te estoy hablando. Quiero que me digas de dónde sacaste que tu tío Chihiro es un Yakuza y por qué tienes esta actitud. Recuerda que prometimos siempre querernos y hablarnos con la verdad, sin ocultarnos nada y justo ahora me estás escondiendo cosas, estás faltando a tu promesa. – Sentenció sintiendo cómo su corazón se encogía cuando Haru comenzó a llorar.
—Ma-mami – Hipó — ¡soy mala!, ¡muy mala! – soltó dejando salir todo lo que había mantenido bajo presión todo este tiempo. —No cumplí mi promesa, no le dije a mami que vi a Hashi san y que trabaja en mi escuela. Hashi san me dijo que no te dijera, que era sorpresa, también me dijo que tío Chihiro es malo, que es un Yakuza y me enseñó su espalda, dijo que él le había pegado, también dijo que Ramiro era malo y tú también. Pero te defendí mami, porque ¡eso no es cierto!
Apenas y si Takato podía entender lo que la nena decía. Cada frase iba seguida de otra, una más aterradora que la anterior. ¡¿Hashiba?, ¿escuela?, ¿golpes?!, ese maldito se atrevió a hablar con su hija y envenenarla no solo en su contra sino también contra las personas que la aman, que se han vuelto parte de su familia.
¡¿Cómo diablos había dado con ellos?!, ¿cómo es posible que no se hubiera dado cuenta?
Había fallado como madre en proteger la inocencia de su hija, así como en mantenerla en un entorno seguro.
Haru no dejaba de llorar y Takato quería consolarla, pero él mismo no podía controlar la sorpresa, miedo, rabia y desesperación que estaba sintiendo. Por su falta de atención su hija volvía a ser lastimada por otros.
Entonces lo supo, supo que aquella corazonada que tuvo cuando vio al sujeto en la televisión era genuina. Estaba detrás de ellos y fue tan tonto que no se lo comentó a nadie creyendo que al ignorarlo podía hacer como si no hubiera pasado.
Que equivocado estaba. Abrazó a su bebé protectoramente cuando los llantos de esta se hicieron aún más fuertes hasta el punto de dolerle físicamente.
—Shh, ya, ya… tranquila mi cielo. No eres mala, eres mi niña fuerte y valiente.
—No, no soy. Hashi san me dijo que me llevaría a ver a papá y… - agarró aire sorbiendo su nariz — ¡mami perdón, perdón! yo quería ver a papá, pero no quería que me odiaras porque dijiste que no podíamos verlo más. Luego le dije a Hashi san que tenía que pedirte permiso, pero me dijo que si te decía te ibas a enojar mucho conmigo… ¡Mami, perdón!, ¡no me odies!, ¡no me dejes! – suplicó colgándose con fuerza del cuello de Takato.
—Jamás te odiaría, mi niña – respondió besando sus mejillas empapadas en lágrimas. — Y jamás, ¡nunca!, ¡nunca! Te dejaré. - Aseguró con fuerza.
Takato apenas si podía respirar por la angustia y furia que sentía. Se puso de pie y meció a la niña. Necesitaba tranquilizarse y tranquilizar a su hija. No era el momento de entrar en pánico, era momento de actuar.
—¡Maldita víbora! – pensó, sorprendiéndose de la imagen mental que se había creado. En la que tomaba por el cuello al hombre y lo ahorcaba hasta dejarlo sin aire.
Con Haru en brazos, caminó por el departamento cerrando puertas, bajando las cortinas para así obstruir toda vista desde afuera, activó la alarma no sin antes asomarse por el visor de la puerta para finalmente encerrarse en su habitación. Su santuario ya no se sentía tan seguro como antes.
Se puso de rodillas y sentó a la niña en la orilla de la cama, quien lucía más tranquila después de haberse confesado. Takato la miró con amor, limpió con la manga de su camisa el rostro enrojecido por el llanto y depositó un beso en cada mejilla.
—Eres tan fuerte Haru. Aguantaste mucho tiempo esta carga – dijo tomando las pequeñas manos y besándolas. — Gracias por decírmelo.
—¿No estás enojado conmigo? – preguntó con un puchero evidente. Takato negó con la cabeza.
—No, yo debí poner más atención en mis palabras y haberte dado más confianza.
—Hic, lo siento mami. Te amo mucho, seré buena. – dijo tallando sus ojitos.
Takato la confortó. —Te perdono, perdóname tú a mi también por no haberme dado cuenta de lo que te pasaba. Te amo con mi vida.
El Omega juntó su nariz con la de la niña en un besito esquimal. Haru aprovechó para volver a abrazar al omega y decir cuánto lo quería.
Después de un rato, Takato la separó de él con cuidado. — Ya que estás más tranquila, quiero que me cuentes todo desde el principio, pero antes te haré una pregunta y quiero que la contestes con honestidad, ¿entiendes? – Haru asintió.
—¿Hashiba san sabe dónde vivimos, se lo dijiste?
Takato estaba hecho un manojo de nervios por dentro. Rogaba para que la respuesta de su hija fuera un ¡NO!, pero a estas alturas, querer ser optimista era soñar demasiado.
Haru observó a Takato y movió su cabeza. — No se lo dije mami, pero sí sabe. Me dijo que nos visitaría pronto.
Frío
Lo sabía, el maldito lo sabía.
Takato dejó salir un grito ahogado, elogió a la niña por responderle y de un salto se puso de pie. Tenía que salir pronto de su casa, de aquella que creyó sería el hogar ideal para él y su hija.
Todos los planes que tenía acababan de ser lanzados por el retrete. El paseo en el centro comercial, los regalos y el pastel quedarían para después, incluida su conversación con Junta, porque de un momento a otro, huir, se había convertido en su única prioridad.
