NOTA DEL AUTOR:

Muy bien, primeramente gracias a todos los que siguen y leen esta historia, gracias por estar al pendiente de este proyecto. Ahora, como menciones en el pasado es mi deseo dar más desarrollo a los personajes, sobre todo con Nick, quien su pasado a muchos les llama la atención. En otro punto aparte, creí no hacerlo en ese proyecto, pero la idea salió y no pude detenerla, decidí ponerle banda sonora a una escena. Es enteramente su decisión escucharla o no mientras lo leen, puse una señalización de donde iniciar la reproducción. Espero les guste este capítulo.

Ese día paso con toda a naturalidad posible, así como los subsecuentes o eso creía Nick. Pero había algo, Judy, era como todos los conejos, era totalmente honesta, para él era como un libro abierto y que conocía a la perfección. Algo no era normal, o por lo menos era diferente. La actitud de la pequeña presa seguía sin cambiar o a grandes rasgos no parecía haber cambiado. Pero ahora la notaba más, como si el poco espacio de su vida que no la incluía ya hubiera dejado de existir. Podía decir que ahora estaba más presente para él que nunca. Aunque bien podría ser una que otra jugarreta de su mente que se había comenzado a agotar, las fechas actuales no le ayudaban en nada, solo necesitaba que el tiempo siguiera pasando para que pasara de una vez y pudiera controlarse de nuevo.

Sin embargo había cambios que el vulpino nunca pudo apreciar ya que estos se dieron de manera paulatina y exponencial. La coneja busco más el contacto físico, alargándolo un poco más, sus atenciones con él fueron cambiando, comenzaba a robarle miradas durante el tiempo en su cubículo o en la patrulla. Sorprendentemente se vio a si misma fantaseando con el zorro, ese suave pelaje que la enloquecía, su aroma natural, curiosamente olía como a moras mezclado con un ligero toque cítrico, y lo mejor de todo es que estaba logrando entrar en la vida de Nick. Poco a poco esa relación de confianza y amistad su fue fortaleciendo más y más.

Cómo guirnalda del pastel de manera exitosa logro conseguir la fecha de cumpleaños de Nick. Aunque no de la manera más honesta, pero convivir tanto con Nick logro pegarle algunas mañas, toda la información de los oficiales estaba en total conocimiento de la ZPD, por lo tanto era imperativo que lograra tener acceso a dichos expedientes, pero como con toda información personal, esta era de confidencialidad. Solo había dos llaves que tenían el acceso. Una como era de suponerse era con el mismo Bogo y la otra parte con quien literalmente tenía la llave, su querido colega Benjamín. Aprovechando uno de sus momentos de distracción se escurrió dentro de su área de trabajo y dio con la pieza de metal. Todo gracias a uno de sus turnos en que les toco realizar labores de oficina, Nick había ido a conseguir su almuerzo. Todo había salido a pedir de boca. Con otra distracción, que no había sido otra que ir al sanitario fue directo al cuarto de archivos a buscar su objetivo. No fue para nada difícil encontrarlo, dado que ambos laboraban gracias a la iniciativa de inclusión de mamíferos sus expedientes se hallaban aparte. Se concentró en revisar lo más rápido posible y ahí estaba, y lo mejor aún estaba de suerte, no solo que aún no pasaba sino que sería en menos de un par de semanas…

Era de noche, Judy estaba sola en su apartamento, un largo día en la comisaria por fin había terminado. Casi eran las once de la noche cuando decidió hacer una llamada, solo esperaba no despertarla. Busco en sus contactos y cuando localizo el número que necesitaba marco para iniciar la video-llamada. Sonó tres veces antes de que su interlocutor la cortara.

— ¿Eh? ¿Pero qué rayos? —se preguntó confundida-.

Estaba a punto de guardar el teléfono cuando este sonó, precisamente era el número que marco antes, solo con la diferencia que esta era una llamada de voz únicamente, pero sin meditarlo nada contesto.

—Hola—fue lo primero que dijo para enseguida escuchar la voz que necesitaba escuchar-.

—Hola Judy, perdón por no contestar— se disculpó casi de inmediato-.

—No te preocupes Sara, ¿Estás bien? ¿No te desperté o sí? ¿Por qué no contestaste?

—No para nada, aún estaba…despierta, y por lo de no contestar pues… bueno eso no importa, ¿Qué pasa hermana?

—Bueno yo…

— ¿Ya te conseguiste a Nick? — le pregunta emocionada-.

— ¡No! — Le contesta algo ruborizada— ¿Cómo se te ocurre? A penas viniste hace un par de semanas-.

Del otro lado de la línea Sara simplemente rodo los ojos—Muy bien. Entonces ¿Qué pasa?

Judy comienza a decirle todo lo que tiene en mente, mientras Sara escucha atentamente y da una que otra acotación o propuesta, para finalmente aceptar.

— ¿Estas segura de esto Judy? —le pregunta por última vez solo para confirmar-.

—Completamente…más que nunca—le asegura-.

—Bien…Entonces hasta luego.

—Hasta luego Sara y gracias-.

—No es nada Judy al contrario. Que pases buena noche.

—Buenas noches para ti también-.

Con esto ambas hermanas dan por finalizada la llamada. No sin antes Judy preguntarse si debió de haberle dicho algo sobre el comportamiento de Nick.

Desde hace unos tres o dos días, noto que el comportamiento de Nick era… anormal, inclusive para ese anormal zorro. Lo notaba más distraído, ausente, incluso su sentido del humor no era el mismo, podía ver que se encontraba un poco tenso y eso se evidenciaba más con el paso de los días. Aunque Nick cuando se lo proponía podía actuar muy extraño, de seguro no es nada de qué preocuparse al fin y al cabo mañana es el gran día…

En otro lado vemos a una coneja de pelaje crema, que ponía su teléfono celular en la mesa de noche al lado de la inmensa cama, apaga la pequeña lámpara que estaba sobre la misma mesa y se desploma en el colchón. No pasa ni un minuto completo cuando una garra se aferra a la fina cintura de la hembra y la atrae. Sara no hace más que sonreír ante el gesto y se voltea abrazándose al pecho de su pareja.

— ¿Alguna noticia o hecho interesante? —Pregunta el depredador que comparte el lecho con la presa-.

—De hecho sí— le confirma sonriente— ¿Qué te parece si te lo digo en el desayuno?

—Estoy de acuerdo, solo una última pregunta—le apunta con simpleza-.

—Claro ¿Qué pasa?

— ¿Por qué no contestaste la video-llamada?

—Porque era mi hermana— le apunta separándose un poco de él y fruncía el ceño, tal vez ella no lo pueda ver dada la falta de iluminación en la habitación pero él si gracias a su visión nocturna, su silencio le da a entender que se explique un poco más—No dejare que nadie me vea así, eso solo lo puedes hacer tú—le apunta con tono coqueto, apuntando a la clara falta de ropa en ambos y lo enmarañado de su pelaje-.

—Muy cierto—concede con tono malicioso mientras extrae sus garras y comienza a deleitarse con el cuerpo de su novia-.

— ¿Qué crees que haces? —Le pregunto juguetona mientras sentía como aquellas filosas garras recorrían su piel-.

— ¿Tú que crees? —Le pregunta igual-.

—Mañana tenemos que trabajar—le recuerda, sin convicción al tiempo que se deja llevar-.

—Lo sé amor.

No falta decir que no durmieron en un par de horas más.

En la gran metrópoli de Zootopia un nuevo día comenzaba. Judy se levantó con más ánimo del usual. Hoy era el día, hoy era el cumpleaños de Nick y le tenía preparado un regalo especial. Si fuera alguien más en cuanto lo viera le daría un abrazo con fuerza de elefante, pero dado que él tiene cierta renuencia hacia los sentimentalismos haría algo un poco más calmado y discreto, por ahora, por su aparente decisión de privacidad no se excedería y no le diría a nadie. Se vistió con su uniforme y salió directo al trabajo mientras se controlaba para no querer darle a su amigo un abrazo como es su costumbre cada vez que alguien querido para ella cumple años. En fin llego a la estación sin nada que delatara sus intenciones del día, eso si no se cuenta el hecho de que ahora llevaba consigo una pequeña maleta deportiva donde procura guardar el regalo de Nick, y como siempre fue con su amigo recepcionista para ver si había algo nuevo de lo que enterarse-

—Hola Ben— lo saludo con su usual sonrisa a lo que el felino correspondió-.

—Hola Judy ¿Cómo estas esta linda mañana?

—De maravilla, solo tengo que esperar a que llegue Nick…—le dice mientras mira a la entrada-.

—Oh, bueno…de hecho Nick… él… ya llego—le comento mientras se rascaba la nuca con algo de incomodidad-.

— ¿Ah sí? — pregunto algo incrédula pues nunca le había ganado en llegar temprano—Entonces me voy, luego nos vemos—se despidió mientras se dirigía deprisa a donde su amigo de seguro estaría, preparándose un café, con cierta rapidez-.

— ¿Qué? —pregunto mientras trataba de comprender las rápidas palabras de la coneja—No espera…No creo que sea buena…—pero fue inútil ella se había alejado más rápido de lo que creía y no lo escucho—Espero que con ella sea diferente—comento al aire mientras suspiraba-.

Judy llego a la sala donde estaban las cafeteras y efectivamente no se equivocó, solo le basto con entrar y efectivamente vio un increíblemente atractivo pelaje rojizo y unas puntiagudas orejas.

Se aproximó al zorro animadamente— ¡Buenos días Nick! —lo saludo con una sonrisa que mostraba todos sus dientes, sin embargo la reacción del vulpino la desconcertó mucho-.

—Hola—le dijo muy apenas volteándola a ver de reojo y con un tono indiferente-.

—Nick… ¿Estas bien? —ese tipo de actitud no era la du su compañero, no era la de aquel ser que conocía-.

—Claro—le dijo sin mirarla y enseguida comenzar a alejarse-.

—Pero…—más no sirvió de nada pues el zorro la ignoro deliberadamente sin mirarla o darle unos buenos días, nada, simplemente salió como si no hubiera nadie más ahí-.

Judy simplemente trato de comprender la extraña actitud de su amigo, unos días antes era algo inusual, pero era completamente normal si se le comparaba con hoy. Igualmente lo siguió pues era obvio que estaba preocupada por él.

Nada podía ser más extraño, que ese día, pues una vez que lo alcanzo este no le dirigió la palabra a ella o nadie para ser más preciso. La expresión de su rostro era muy diferente, no sonreía, cosa en extremo rara en él, pues nunca quitaba esa mueca socarrona y vivaz. Su faz era la de alguien completamente desconectado a los demás, como si un gran, solido e impenetrable muro de hielo rodeara a Nick y nadie lo pudiera cruzar. Si llegaba a hablar era para cosas que fueran absolutamente necesarias y cuando lo hacía su voz sonaba carente de toda emoción al igual que fría.

Ese día les toco realizar informes por lo que ambos estarían encerrados en su cubículo todo el turno, ambos compartían uno ya que al igual que con las sillas cabían cómodamente por su pequeño tamaño. Pero eso no ayudo para nada a Judy. Era como si de un momento a otro fueran de nuevo aquella oficial de policía y el ruin estafador, pues el silencio que se produjo entre ambos era realmente sofocante e incómodo, o por lo menos para Judy lo era, el muro que Nick había puesto alrededor de su ser era tan grande que ni ella podía cruzarlo. En más de una ocasión trato de iniciar una conversación para aligerar el ambiente, pero Nick no cooperaba en lo más mínimo, cortaba toda comunicación con frases ásperas y contundentes hasta que no le quedó más remedio que aceptar que él no estaba dispuesto a hablar. Era la actitud más extraña en alguien en el día de su cumpleaños. Finalmente ya habían pasado varias horribles horas, o por lo menos para la coneja, de labor y ya había empezado a sentir hambre. Por lo que decidió que iría a comprar algo para el desayuno.

—Nick… voy a ir a comprar algo—le aviso mientras se levantaba-.

—Bien—le contesto sin quitar la vista de los papeles-.

— ¿Quieres algo? — le ofreció-.

—No tengo hambre-.

Judy simplemente dio un suspiro mudo mientras bajaba sus orejas. Algo estaba mal ese día.

Tardo unos minutos menos de lo que creía y ya casi entraba en su cubículo, solo que por puro instinto decidió asomarse primero dentro para ver si el zorro aún estaba igual que cuando se fue. Si aún se hallaba sentado, pero ya no estaba trabajando, ambas patas delanteras estaban lánguidas a sus costados y su cabeza gacha igual que sus orejas. Vio cómo su respiración comenzó a acelerarse y sus garras se cerraban en puños con fuerza. Sacudió la cabeza con violencia mientras daba inhalaciones profundas, claro signo de que buscaba serenarse, sus garras volvieron a abrirse y suspiro. Judy decidió regresar unos pasos y aproximarse con más ruido para que el escuchara. Y funciono pues cuando entro realmente esta vez el vulpino se encontraba como si nunca se hubiera movido de cuando ella salió.

—Toma te traje esto—le dice en tono bajo mientras deja en su mesa un vaso-.

—Te dije…—comenzó a decir más fue cortado por ella-.

—Lo sé, pero no es saludable que te saltes alimentos, podrías enfermar—le dice en un susurro—.

Nick observa el vaso dejado por su compañera, los reconocía, era un batido, un batido especial de mora extra grande, sus favoritos.

—Pero si no lo quieres igual puedes tirarlo—le dijo ella mientras se giraba para volver a su escritorio, más una garra en su hombro la detuvo con suavidad-.

— ¿Cómo podría hacerlo?...Gracias—le dijo cálidamente-.

Por primera vez en el día la voz del vulpino no sonó fría, pero tampoco se escuchó de manera normal, su tono era diferente, uno algo tambaleante, y ella solo había escuchado un tono ligeramente similar en él una sola vez…

—De nada—exclamo suavemente mientras posaba su pata sobre aquella que estaba en su hombro-.

El propio Nick, quien había iniciado el contacto lo rompió a los pocos segundos regresando a sus labores, pero solo fue eso y nada más. El zorro volvió a encerrarse nuevamente. Gracias al reflejo que ofrecía la base de una lámpara podía verlo, lo vio tomar el batido, por lo menos no había rechazado su pequeño detalle, sin embargo observo que su pulso era algo inestable. Definitivamente algo estaba muy mal.

En fin, por primera vez desde que empezó a trabajar como una autentica policía, servidora de la ley, Judy agradeció el final de su turno. Sin embargo esa sensación poco le duro, pues en cuanto se distrajo unos momentos para guardar unas cosas y entregar los informes al Jefe Bogo, Nick había desaparecido. En cuanto corroboro su ausencia salió disparada para ver si lograba alcanzarlo, era brutalmente obvio que no estaba bien y sentía la necesidad de no dejarlo solo. Podía ir a buscarlo directamente por el camino a su apartamento, pero algo le decía que él iría primero todos lados menos ahí primero. Por lo que aprovechando la vista despejada que ofrecía el frente de la comisaria pudo ver una mancha de pelaje rojizo.

En lugar de alcanzarlo decidió que lo mejor sería seguirlo, ya que ahora podía ver que su querido amigo se encontraba tenso y evadía el contacto visual con todo mundo, no lograba ver su expresión pero estaba segura que se encontraba triste, sus orejas lo delataban, Nick no era de estar triste, esa era razón más que suficiente para seguirlo y descubrir de una vez por todas que le pasaba para que estuviera así el día de su cumpleaños. Si él no se lo decía ella lo averiguaría sola…

Lo siguió durante un tiempo sin ver realmente hacia qué lugar se quería dirigir, por su parte Nick no se detenía, su andar era constante, nunca sospechando de la mirada violeta que se cernía sobre su ser. Hasta que finalmente Judy lo vio hacer una única parada, se detuvo en un puesto callejero atendido por una joven gacela, compro un bello y fresco ramo de flores, el escogió cada una de las plantas cerciorándose de comprar las más hermosas. Cuando el ramo estuvo hecho la dependiente se lo entrego al zorro, quien inmediatamente pago. Fue ahí que desde que salió del trabajo la coneja pudo ver de nuevo la cara de su amigo. Su expresión era nostálgica y distante. Nuevamente el vulpino se puso en marcha esta vez afianzándose a las flores en sus patas y tras él la coneja que ahora se encontraba aún más confundida que antes.

(Escuchar la canción Angel of mercy—Black Label Society)

Simplemente no tenía nada de sentido lo que veía, o no lo tenía hasta que por fin vio el destino del zorro, jamás pudo haberse imaginado esto…aunque viéndolo desde otro ángulo, nunca le cruzo por la mente esta posibilidad…

Nick había entrado al cementerio de la ciudad.

Solo caminaba, el rumbo lo conocía bien, a pesar de los años en los que nunca se paró ahí de nuevo, en su anterior cumpleaños, el número 32, también hubiera ido, lo habría hecho, pero en ese entonces apenas y había entrado a la academia, por primera vez en años se sentía digno, sentía que por fin volvía tener la cara para presentarse en ese lugar. Por fin podría tenerla de frente de nuevo…

Eventualmente sus patas lo llevaron hasta donde lo requería, por una vez…

Dejaría salir todo lo que por años se guardó, haría lo que no hacía desde aquel día…

Después de salir de su impresión inicial, la cual fue mucha y duró bastante, Judy se encamino al interior, francamente ahora no sabía que pensar, o que es lo que se puede encontrar, pero su corazón la instaba a continuar, así que haciéndole caso se dedicó a encontrar a su amigo. Para cuando lo encontró…la escena que vio…simplemente le rompió el corazón.

Ahí se hallaba Nick, de rodillas y con las patas delanteras también apoyadas en el suelo, literalmente estaba derrumbado… Frente a una lápida. Judy se acercó insegura temiendo ver algo que no le incumbía, estar en un lugar que no era donde ella debía de estar. Cuando se acercó lo suficiente tuvo que ahogar un grito, se llevó ambas patas al hocico al comprenderlo todo… en la tumba se podía leer la siguiente inscripción.

"Elena Wilde Amada Madre"

Era la madre de Nick la que yacía sepultada en ese lugar, pero no solo era eso, también se podían apreciar la fecha del cumpleaños de ella, como la de su deceso…la cual era ese mismo día…

—Nick…—de sus pequeños labios apenas logro salir su nombre en un susurro, pero el silencio del lugar ayudo a que el zorro lo escuchara pese a su bajo volumen-.

Nick giro lentamente la cabeza no creyendo en la voz que escucho. Pero lo que vio la coneja, lo que Judy vio. Le rompió el corazón, la mirada de Nick, en aquellas esmeraldas que tanto adoraba ver, estaba pintado el dolor, el sufrimiento, desde hace mucho tiempo que no veía todo lo que escondía el zorro dentro de su corazón con tanto recelo. Se había despojado de la máscara que mostraba al mundo quedando completamente vulnerable.

Se acercó a Nick lentamente, este la veía expectante como si aún no creyera. Cuando estuvo a su lado puso una pata en su hombro.

—Judy…—la llamo con voz temblorosa hasta que hizo algo que la coneja nunca espero-.

La abrazo con desesperación mientras rompía en llanto. Por primera vez desde que se conocieron el zorro se quebró frente a la coneja. Llorando desconsolado como un niño. Ella no sabía que hacer quería llorar junto a él, la situación la sobrepasaba, pero no podía hacerlo, Nick buscaba apoyo, buscaba fuerza, y la quería encontrar en ella. Cuantas veces él no se había encargado de consolarla, de darle fuerzas, esperanza cuando lo creía todo perdido. Muchas, eso era seguro, era hora de hacer lo mismo por él, ahora le tocaba a ella ser su roca, su base al mundo. Rodeo a Nick con sus patas en un abrazo protector ante los posibles recuerdos que este de seguro veía en su mente.

—Déjalo salir Nick—le susurro con dulzura—Que el dolor salga…estoy aquí contigo—pronto comenzó a acariciar la cabeza del vulpino con cariño-.

Y Nick le hizo caso, por primera vez en veinte años lloro, lloro y dejo su dolor salir, como aquella ocasión en la que regreso después de esa horrible experiencia con los exploradores y lloro en el regazo de su madre. Pues ahora, otra vez, tenía quien lo consolara, quien lo protegiera del mundo, tenía a Judy. A su Judy.