Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling. Solo la historia me pertenece. No obtengo beneficios lucrativos ni económicos al escribir.


Capítulo 2.


Harry se despertó relajado y sintiéndose descansado por primera vez en semanas. Era agradable no tener que levantarse a hacer las tareas de los demás y ser continuamente molestado, gritado y menospreciado por gente amargada.

Se estiró, se removió felizmente y volvió a estirarse.

Decidió que holgazanearía un rato más ya que podía y se colocó de lado abrazando su almohada.

Se dio cuenta, cuando se desperezó un poco más, que las cosas le parecían más nítidas visualmente hablando y se preguntó por un momento si es que se había dormido con las gafas puestas. Después resopló porque se las habría estado clavando en la cara cuando se dio la vuelta y ese no había sido el caso.

Se levantó, curioso por ver si durante la noche había obtenido apéndices extra y se dirigió al baño feliz de no necesitar sus gafas. Eran molestas a la hora de volar y un incordio si las perdía.

Se miró al espejo y respiró aliviado al no encontrar orejas peludas sobresaliendo de la parte superior de la cabeza y al acariciarse el trasero sonrió al no encontrar una cola.

Al menos no tenía rasgos de mantícora, trol o algo así. Nada en su contra, pero él no quería ser uno de ellos.

Sonriendo todavía, hizo sus necesidades y decidió darse un capricho en forma de baño. La bañera con garras lo llamaba.

Abrió los grifos al máximo, echó un poco de su jabón de baño favorito, y esperó a que la bañera se llenara.

Se desnudó mientras los grifos seguían corriendo, dejó sus prendas en el cesto de ropa sucia y sonrió al ver que su baño ya estaba listo.

Cerró los grifos, comprobó la temperatura del agua, y satisfecho se metió dentro.

Sintió una especie de hormigueo por todo su cuerpo y observó conmocionado cómo su piel se llenaba de escamas y cómo en lugar de sus piernas había una cola de pez.

Recordó entonces el sueño de la noche anterior y gimió.

Pero nada de eso le importaba de momento. Lo urgente era descubrir cómo volver a tener piernas.

En cuanto pensó en ello, su cola se separó y se transformó en sus piernas. Escamadas, pero eran sus piernas.

-Tanto por no querer ser una mantícora. -Refunfuñó.

Jugueteó durante un rato haciendo aparecer y desaparecer sus atributos de tritón y trató de relajarse en el baño.

-Cachorro, ¿te has ahogado ahí dentro? -A Harry le entró la risa.

-Como si pudiera. -Contestó. Pensó que su criatura le habría venido genial para el torneo de los tres magos. Masticar las Branquialgas no había sido agradable. Pero lo peor fue cuando los efectos desaparecieron. Ese momento fue angustiante.

-¿Eso es un no entonces? -Quiso asegurarse. A veces su ahijado podía ser deliberadamente vago en sus respuestas.

-No, Sirius. No me estoy ahogando. Saldré en un rato. -Respondió.

Al menos no había entrado en pánico... No mucho, al menos porque habría sido mortificante y sumamente vergonzoso si hubiera gritado y su padrino tuviese que entrar para verlo en su gloria tritónida desnuda.

Ya había tenido suficiente con que Mirtle lo viera en el baño de prefectos durante su cuarto año. Era una fantasma, pero igualmente se había sentido cohibido.

Escuchó a su padrino alejarse y un rato más tarde, salió. Era hora del espectáculo.


Remus ya estaba sentado a la mesa de la cocina con una taza de té en frente y un plato con tocino, huevos y tostadas a mediocomer.

Sirius parecía contemplar el fondo de su taza de café aún llena como si tuviera las respuestas a todas sus preguntas... ¿O quizá trataba de leer el futuro?

-¿Buscas imágenes en las profundidades de esa taza, padrino? Porque he de decirte que el futuro se lee con hojas de té, no lo vas a encontrar ahí.

-Muy buena esa, cachorro. Me la guardaré para utilizarla alguna vez. -Remus se rió.

-Sí, muy divertido. Pero estoy intrigado. -El animago perro sonrió ampliamente. -¿Alguna cola de escorpión por casualidad?

Harry bufó y se sentó. Enseguida le trajeron algo de desayuno y lo agradeció.

-No de escorpión, precisamente. De pez, sería la opción correcta.

-¿De pez? ¿Un tritón entonces?

El joven le asintió a su ex profesor.

-Bueno, al menos no eres una mantícora ni un trol. -Se rió.

-Un tipo me habló en sueños y me dijo que tendría bebés. Tal vez podría ser una mantícora en su lugar. -Gruñó.

-¿Puedes elaborar eso mejor, Harry?

El joven suspiró ante la petición del licántropo. No quería hablar de ello, pero al mismo tiempo tenía preguntas al respecto y tal vez ellos sabrían las respuestas.

-Un tritón mayor me dijo Muchas cosas. Que mi voz era muy útil, que sería así cómo encontraría a mis compañeros, y que soy un sumiso, por tanto traeré bebés al mundo... En mi cuerpo.

El silencio parecía extenderse como un lethifold al elegir una presa. Tal vez estaba siendo fatalista y dramático. Pensó que se le permitía serlo.

-No es nuevo. Las criaturas sumisas suelen llevar a los niños. Pasa con varias criaturas así que no es tan descabellada la idea. -Sirius dijo.

-Se crió en el mundo muggle, Canuto. No me extrañaría que él no sepa que es posible que los hombres puedan llevar cachorros a término.

-¿Entonces es cierto? Oh, por Merlín. Tendré bebés en mí.

-A no ser que pongas huevos como los peces. -Black sugirió.

-Eso no ayuda...

El ex profesor cerró la boca cuando Harry comenzó a golpearse la frente contra la mesa.

-Voldemort no se ha ido, ¿cierto? Ese bastardo está jugando con mi mente.

-Nop, lo siento, ahijado. Apuesto a que ahora serías feliz como una mantícora.

-A no ser que ellos también pudieran quedar embarazados. Entonces no. -Se quejó.

-Harry, no pasará ahora. No va a mirarte un mago y un bebé aparecerá en tu vientre. Se necesita un proceso para eso. Verás, cuando dos personas sienten...

-No no no no. -Potter se tapó los oídos. -No quiero oírlo.

-Es importante saber estas cosas. Es muy normal y te servirá de mucho para...

Sirius estaba tratando de no reírse en voz alta debido a la mortificación de su ahijado. James seguro estaría llorando y agarrándose el vientre por lo mucho que se estaría carcajeando.

-Remus, he tenido sexo. Sé cómo funciona entre dos hombres. Metes la varita en el caldero y agitas vigorosamente.

-Por Merlín, me estoy muriendo. -Sirius gimió. -Voy a meter este recuerdo en un pensadero y lo miraré siempre... Y me gustaría saber con quién te has mostrado íntimo.

-No lo diré. Solo... No quiero escuchar a un adulto explicándome la mecánica. Cuando el Director Dumbledore lo hizo casi se me quitaron las ganas de... para siempre.

-¿Por qué me pierdo las cosas buenas? Espero que alguien me dé ese recuerdo para...

-¿De verdad quieres escuchar a Albus dando la charla?

Sirius pensó en la pregunta de Remus y decidió que no. Mejor no quería.

-Podemos ir a Creature Alley para tratar de encontrar libros sobre tritones. -El animago ofreció. -No quiero ni imaginar qué habrá en la biblioteca de mi familia.

-Eso me gustaría... Y también hablar acerca de una piscina...

-Por supuesto. Encontraremos una habitación grande, la limpiaremos y tendrás la mejor piscina cubierta de todos los tiempos.

-Gracias, Sirius.

-Tonterías. Eres mi cachorro de pez ciervo.

-Vuelve a tu café, anda, Canuto. -Lupin suspiró.

Black obedeció. Pero porque quería beberlo, no porque Remus se lo hubiera dicho.

Cachorro de pez ciervo. -Black pensó.- Se imaginó un ciervo con escamas y fue raro pero intrigante.

¿Podría Harry ser un animago y meterse en el agua en su forma animal y luego le saldría una cola de pez en lugar de sus patas traseras o se transformaría en humano? Alguien tenía que investigar eso porque necesitaba saberlo.

-Lo he dicho todo en voz alta, ¿cierto? -Preguntó cuando vio cómo lo miraban Remus y Harry. En Azkaban se había habituado a hablar en voz alta cuando no estaba en su forma de perro para no sentirse tan solo... Ya que no contaba a los dementores ni a los otros presos como compañía decente.

-Sí. Y ahora yo también quiero saberlo.

-Sois imposibles. -Lupin suspiró.

-No puedes negar que también sientes curiosidad. Si lo haces, sabré que mientes.


Acabaron el desayuno y Harry dejó a los elfos domésticos limpiar la casa en paz. Se había ofrecido a ayudar una vez y Winky había llorado con tanta desesperación que decidió no hacerlo de nuevo a pesar de las protestas de Hermione acerca de tener elfos domésticos.

La señora Weasley también había tenido un momento difícil cuando los elfos no la dejaron ocuparse de la cocina y se negaron a que alguien ayudara con las tareas del hogar.

Harry sabía que a su padrino eso le divertía un poco. No odiaba a la buena mujer, pero él no quería a alguien que le dijera qué hacer. Deseaba disfrutar de su libertad en paz y ya no había razones para que los Weasley se quedaran en Grymmaul.

-¿Estamos listos? -Remus preguntó.

-No sé si esta túnica me favorece tanto como pensaba. Quizá debería cambiármela por otra.

-No, Sirius Black. No quiero esperar dos horas para que mires todas tus túnicas y luego termines llevando la que tienes ahora.

El animago puso mala cara pero no discutió. Irían a Creature Alley, buscarían libros, e investigarían cómo hacer una piscina para Harry.

Salieron de la casa y Remus se apareció con Harry a la entrada del callejón. Sirius los alcanzó ni un segundo después. Era mejor para él no aparecerse con nadie todavía. No se perdonaría a sí mismo si por querer ser él quien llevara a Harry acabara haciéndole un daño severo por impaciente.

La entrada a Creature alley estaba también atravesando el Caldero chorreante pero en la pared de un lado del patio en vez de la trasera. La secuencia para abrirlo era la misma que para el callejón Diagon.

A Harry le gustó de inmediato. Tal vez el ministerio no fuera feliz con las criaturas pero si les ponían sanciones a la mayoría de ellas se podían enfrentar a graves problemas de carácter global. Pues muchos países protegían a las criaturas. Ojalá los licántropos y vampiros tuvieran esa protección...

-Bien. Aquí estamos. Sé que es genial y todo eso, pero primero vamos a por lo que hemos venido y luego podemos investigar lo demás. -Sirius ordenó.

Remus puso mala cara pero estuvo de acuerdo. Godric sabía que podía quedarse absorto con algo interesante durante horas.

Fueron primero a la librería. Era una sucursal de Flourish y Blotts que tenía sobre todo libros de diferentes criaturas mágicas.

Encontraron algunos bastante prometedores y luego Remus llevó tres libros pequeños iguales.

-Dice que es una enciclopedia con todas las criaturas mágicas y sus costumbres... Pero es muy fino. -Harry miró cauteloso los libros. ¿Los estarían estafando?

-La magia es increíble. Es mejor agarrar un libro fino que cabe en cualquier parte que llevarse un tomo enorme que de solo verlo te entre la desesperación. -Lupin bromeó. -He agarrado tres porque tú podrás quedarte uno, yo el otro y el tercero para Sirius. El que había en la biblioteca de su familia se lo comieron los doxies. Y seguro que él siente curiosidad también por leer acerca de alguna criatura.

-Solo lo hace para que no le robe su libro y no pueda leerlo. -Black le confesó a su ahijado.

Harry escuchó una voz muy familiar. Era una voz arrastrada y se alegró de no sentir nada al escucharla. No quería ser compañero de Draco Malfoy.

¿Entonces él era una criatura o qué haría allí? Tal vez algo nefasto. Tendría que vigilarlo. Sí, eso haría.

-Hipócritas. -Sirius gruñó cuando salieron con sus libros. -A los supremacistas de sangre no les gustan las criaturas, pero tenemos sangre de ellas en nuestro árbol genealógico y pueden presentarse en cualquiera. Pero lo niegan y luego vienen a las tiendas y la joyería porque no hay mejores accesorios que los que crean los enanos y no hay mejores telas que las que confeccionan los elfos. -Resopló disgustado y casi chocó con una mujer que tenía rasgos felinos.

-Tenemos los libros. Vamos a esa tienda de allí. Se encargan de reformas mágicas. Seguro que sabrán hacer una piscina. -Remus los condujo por una calle algo estrecha. Esperaba que Sirius se calmara porque no quería que la salida se estropeara para Harry.

El niño ya estaba leyendo uno de sus libros y el licántropo tuvo que guiarlo para que no se chocara.

La tienda no parecía algo especial. Era un lugar pequeño con un mostrador y carpetas con muestras de diseños en algunos estantes para que la gente hojeara.

-Buenos días. -Remus saludó al hombre grande que estaba tras el mostrador.

Harry no quiso ser grosero así que guardó su libro y prestó atención. Se dio cuenta de que el hombre tras el mostrador era un centauro.

-Buenos días, señores. Mi nombre es Graham. ¿En qué podemos ayudarlos hoy?

-Queremos una piscina. -Sirius dijo. -Una cubierta en mi casa.

-¿Para qué? -El centauro interrogó.

-¿Disculpa? Pues ¿para qué va a ser? -Black seguía algo malhumorado después de haber visto a los Malfoy a través de la puerta de la librería.

-Verá, Señor. No es lo mismo querer una piscina para uso regular que una para una criatura mágica o para peces. También hay diferentes necesidades que hay que tener en cuenta porque un selkie no necesita lo mismo que una náyade, por ejemplo.

-Oh, disculpe mi exabrupto. -El animago dijo. -Necesitamos una piscina para un tritón y tal vez ya que la vamos a construir, podamos utilizarla como lugar de entretenimiento humano.

-Excelente. -El centauro tomaba notas rápidamente con una pluma de águila. -¿Con qué presupuesto estamos trabajando?

-Quiero todo lo que una piscina pueda ofrecer para mi ahijado. Me da igual el precio.

-Pasaré las especificaciones y recibirá una lechuza con una carta en la que le informaremos del día y la hora en la que iremos a su casa para construir la piscina. No tardaremos mucho en concertarle una cita ni en tener su nueva adición lista.

Sirius le dio su dirección, ultimaron algunos detalles y salieron.

Era mejor que alguien cualificado hiciera la piscina. No quería ni saber qué desastre crearía él si tratara de hacerlo por su cuenta.

-Y ahora sí. Ahora sí podemos investigar. -Sirius sonrió. -A no ser que necesites algo más.

Harry negó. No se le ocurría nada más.

-Caminemos entonces. Este callejón ha cambiado bastante desde la última vez que lo visité.

Y eso fue lo que hicieron.