Capítulo 16: Unos Visitantes Desconocidos

Después de despedirse de sus compañeros, Ladybug fue a un callejón para destransformarse. Ella estaba tranquila de que las cosas hubieran salido bien y que estuviera en buenos términos con Spider-Man. Ya como Marinette, la chica decidió ir a visitar a Peter e invitarlo a salir para compartir su triunfo de forma indirecta. Cuando ella llegó al hogar del joven Parker, la tía de su amigo la invitó a pasar a y le indicó donde estaba el cuarto del chico y le indicó que no tardaría tanto que fue traer unas cosas que le había encargado.

Spider-Man había llegado rápidamente a su hogar con la bolsa de mandado que le había encargado May antes de salir. Él entró por la ventana de su habitación para no llamar tanto la atención y saltó desde el techo al piso para después mirar la ventana por donde había entrado. Unos instantes después el traje que tenía Spider-Man se desvaneció dejando ver a un Peter Parker bastante animado por el resultado de ese día.

—Lo has hecho bien Peter, lo has hecho... —el chico se calló al ver como su amiga lo observaba después de girarse a ver su cama.

—¡¿Qué demonios?! —soltó la peliazul por la impresión.

—Mierda, otra vez no— pensó el chico antes de que su amiga pudiera decir algo más.

Marinette estaba impactada por lo que acababa de ver. Ella no sabía que decir en ese momento. Ella se debatía si salir corriendo o si quedarse a que él le explicara lo que estaba sucediendo.

—Mari... no es lo que crees —el chico le aseguró mientras se acercaba para verla mejor.

—¿Qué tu eres Spider-Man? —le contestó la chica mientras lo miraba fijamente.

—Bueno... si es lo que tú crees —el chico admitió su derrota mientras miraba hacia el suelo.

La chica suspiró pesadamente y le levantó la cara a Peter para que la observara.

—¿Por qué no confiaste en mí?

Ante esa pregunta Peter miró a los ojos a su amiga.

—No es que no confiara en ti Mari —el chico hizo una pausa para tomar valor.

—Lo que pasa es que no quiero que te hagan daño —el chico admitió, a lo que la chica alzó una ceja.

—¿Cómo que no quieres que me hagan daño? —le preguntó la peliazul.

Peter empezó a caminar por la habitación, pues para él era algo difícil explicar ese detalle de su vida, aunque sabía que tarde o temprano tenía que sincerarse con ella pero eso no lo hacía menos difícil.

—Porque eres alguien muy preciada para mí y mis enemigos aprovecharían eso para hacerte daño con tal de llegar a mí —el chico le contestó de forma resignada, solo podía esperar que ella no lo dejara allí, como un tonto... El Gran Tonto Parker.

Marinette intuyó lo que debía estar pasando su amigo pues para ella sería igual de difícil sincerarse con él. Ella comprendía su miedo, el miedo que le hagan daño a sus seres queridos, por eso era tan discreta con sus compañeros por cualquier duda y había decidido serlo aún más por la experiencia que le había compartido Annette cuando fue a hablar con ella.

—¡No tienes que preocuparte Pete! —exclamó la chica haciendo que Peter la mirara sorprendido.

—¡Cualquier problema que tengamos lo solucionaremos los dos juntos! ¡¿Lo prometes?! —le indicó la chica a lo que Peter la abrazó como respuesta.

—Lo prometo —Peter le susurró haciendo que ella sonriera complacida.

Mientras tanto en otra parte de la ciudad, más precisamente en los Jardines de los Campos Elíseos estaban dos jóvenes, dos jóvenes que habían aparecido misteriosamente hacía unos 10 minutos. Ellos estaban contemplando los lugares bastante asombrados pero el joven que era un poco más alto sonrió complacido al reconocer el lugar.

—Parece que el plan resultó —le indicó al que era un poco más bajo que él.

—Así parece... solo espero que nuestros padres no nos reprendan cuando se den cuenta de lo que hicimos —el más bajo le indicó a su compañero.

—Sí mi plan resulta bien, ni siquiera nos van a reprender —el chico más alto le contestó bastante confiado.

—Espero que así sea —le respondió el más chico.

Ya era de noche, y en el hogar de los Dupain-Cheng Marinette se encontraba en su habitación después de haber hecho su rondín correspondiente, en el cual habían capturado a unos secuestradores en flagrancia, precisamente cuando trataban de llevarse a una chica rubia que conocía bastante bien... cuando la rescataron, entre los tres héroes les dieron la paliza de su vida a los secuestradores y Spider-Man había tenido la cortesía de dejarlos colgados de un poste a plena vista del público.

Marinette estaba pensativa. Ella estaba recordando cuando uno de los secuestradores le iba a meter un tiro en la cabeza pero Spidey se arrojó empujándola, cuando volteó a ver a su compañero notó que había dejado de combate al tipo, pero también notó que su hombro derecho le sangraba profusamente y ella estaba impactada por el hecho de que él hubiera recibido un disparo por ella, de forma literal. Cuando ella le preguntó porque lo había hecho su amigo le respondió que su cuerpo se había movido solo, que él no podía dejar que algo le sucediera a ella.

La chica estaba muy metida en sus pensamientos cuando Tikki captó su atención haciendo que la chica posara su atención en ella.

—Parece que te tomaste bastante bien el pequeño secreto de Peter Marinette —le comentó la kwami haciendo que Marinette suspirara profundamente y la viera tranquila.

—Creo que él tenía la razón de ocultar su identidad secreta... y de todos modos sería una hipócrita si me quejara.

La chica negó con la cabeza y soltó una carcajada

—Aunque debo decir que me dolió un poco que él no confiara en mí, además estoy feliz de haber resuelto mi conflicto con él... imagínate Tikki, no me gustaría estar peleada con él.

La kwami asintió imaginándose esa situación.

—Yo creo que reaccionaste de la manera correcta Marinette, creo que si hubieras reaccionado de forma impulsiva, eso lo hubiera alejado de ti —reflexionó la kwami de forma pensativa.

Marinette no se tomó la reflexión de su amiga muy bien que digamos, pues su expresión cambió a una de preocupación.

—¡¿Y sí Pete me deja de hablar para ponerme a salvo?! ¡¿Y sí se hace amigo de Chloé para despistar?! —la chica comenzó a inhalar y a exhalar rápidamente— ¡¿Y si me empieza a odiar?!

Tikki rió ante las preguntas de su amiga y portadora.

—Marinette yo que dices es imposible y menos después de que te salvó hace rato —la kwami le respondió a la chica tratando de tranquilizarla.

—Pero él no sabe que soy Ladybug... —Marinette le respondió de forma desanimada haciendo que Tikki recordara ese detalle.

Mientras tanto en la residencia de los Salazar-Boissieu, Sarah se encontraba leyendo una carta que Arni, su lechuza, le había traído. Ella se puso bastante contenta al leer el remitente, así que ella procedió a leer la carta rápidamente. Saulo, quien se encontraba con ella alzó una ceja pero después esbozó una sonrisa por la actitud de su esposa, la cual parecía no cambiar con el paso del tiempo.

—¡Él va a venir! ¡Él va a venir Saulo! —Sarah exclamó muy feliz al terminar de leer la carta.

—¿Quién va a venir cariño? —le preguntó Saulo mientras le prestaba atención.

—¡Raffy va a venir! —ella le contestó bastante emocionada.

—¡Genial! ¿Y a qué va a venir Rafael? —le preguntó Saulo sorprendido.

—¡Él va a venir a un Torneo de Duelo y va a ser en una semana! —ella le contestó satisfaciendo su curiosidad.

—Eso es genial —le respondió Saulo animado por la actitud de su esposa.

Ya era alrededor de medio día y Adrien se encontraba algo satisfecho pues se había podido ir después de una larga y agotadora sesión de fotos, él había decidido ir por la cuenca el rio Sena que pasaba cerca de la torre Eiffel para relajarse un poco. Una vez que estuvo ahí se puso a observar con tranquilidad el rio. Mientras hacía eso no pudo evitar oír unas voces que se acercaban hacia él pero le restó importancia.

—¿Estás seguro de ir por aquí primo? —le preguntó el joven más chico a su primo quien estaba seguro de lo que hacía.

—Claro enano, o tienes miedo de encontrarte con tu madre —le contestó el más alto.

—Sí... bueno no, sabes que tengo curiosidad de saber cómo era ella de joven pero creo que es un juego muy peligroso al que jugamos —le contestó a su primo quien soltó una carcajada contento de su respuesta.

—¡Vamos! ¡Qué Él me prometió que no nos iba a pasar nada! —le contestó el más alto bastante seguro.

—Además de que tengo curiosidad de ver cómo era mi padre antes de "eso" —continuo mientras veía burlón a su primo más enano.

Adrien que estaba ahí alzó una ceja por lo que acababa de oír pues intuía que nada más estaban bromeando.

—Y también de paso podríamos ver cómo era el tío Adrien —a lo que el chico más enano asintió contento y también Adrien no pudo evitar poner más atención.

—Pero para eso tenemos que contactar con mi tío abuelo primero ¿no? —preguntó el más chico recibiendo un asentimiento por parte de su primo quien se dispuso a continuar con su camino.

Ambos iban caminando por la orilla hasta que se toparon con Adrien, él volteo a ver al joven de menor estatura y notó el color del iris de sus ojos eran de un color anaranjado que él estaba seguro que había visto en algún lado. Hasta que algo hizo clic en su cabeza, pues ese color de ojos lo tenía su amiga Juleka. Adrien estaba intrigado por ambos jóvenes, entonces decidió acercarse para hablarles pero los dos chicos notaron eso así que empezaron a apurar el paso para tratar de dejarlo atrás.

Momentos después los tres chicos frenaron de repente y miraban atónitos hacia el frente.

—¡¿Padre qué te pasó?! —Adrien preguntó en voz alta al ver a su padre.

Pues la apariencia del modista no era la habitual, sino que su piel era de un color morado pálido, su cabello estaba alzado en punta y era de color blanco con una raya negra rizada, además usaba unas gafas negras con lunas rojas y una corbata roja con toque negros y también vestía un traje negro con mangas y guantes blancos y calzaba unas botas de tacón negras que estaban conectadas a su traje... definitivamente ese bicharraco ya no era Gabriel Agreste

—¡Yo no soy tu padre mocoso! ¡Yo soy el Coleccionista! —exclamó el akumatizado mientras veía amenazante a los tres jóvenes.

Unos treinta minutos atrás...

—Sarah creo que voy a hacerle una visita a Gabriel Agreste ¿No quieres venir? —Saulo le comentó a su esposa, la cual asintió tranquilamente.

Si ella no lo conociera hubiera saltado a reclamarle lo idiota que era por exponerse de esa manera pero ese no era el caso.

—No crees que con el uniforme te vayas a delatar —le indicó ella de forma burlona a lo que Saulo se negó.

—No voy a ir con él uniforme, voy a ir vestido con mis ropas normales... pantalón negro, camisa negra, chamarra de cuero y con la pistolera debajo de la chamarra, ya sabes lo típico —Saulo explicó y Sarah solo pudo negar divertida, pues esa forma de actuar le había recordado a uno de sus amigos de Reino Unido.

La pareja le avisó a Annette que iban a salir a dar un paseo, cosa que ella no les creyó pero lo dejó pasar. Ya una vez que estuvieron afuera se dirigieron rápidamente a la mansión Agreste, se fueron en un auto negro que Saulo manejó cuando su sobrino llevó a una de sus amigas.

Cuando ellos llegaron al lugar Saulo fue al timbre que estaba en la entrada de la barda perimetral de la mansión, y unos instantes después salió una cámara.

—¿Qué necesitan? —les preguntó la voz indiferente de Natalie haciendo que Sarah se pusiera seria.

—Necesitamos hablar con el señor Gabriel Agreste —le contestó la pelirroja de forma tranquila.

—¿De parte de quién? —le preguntó la secretaria con el mismo tono de voz indiferente a lo que Saulo miró fijamente a la cámara.

—Dile que viene el primo de su esposa —el capitán le habló con un tono de voz bastante serio, provocando que a Natalie le diera un escalofrió en la espala e inmediatamente la cámara se volvió a ocultar para proceder a abrir la reja y permitirles el paso.

—Bueno no pensé que sería tan fácil —comentó Sarah de forma casual.

—Yo también pero bueno —le contestó Saulo con una media sonrisa.

Mientras tanto, adentro de la mansión Gabriel estaba contemplando al cuadro de su mujer. El modista suspiró pesadamente, pues él sabía que el poder que el amigo de Kingpin le había regalado era fabuloso pero también sabía que este lo estaba afectando, que lo estaba volviendo mucho más propenso a sus emociones.

Mientras el modista estaba sumido en sus pensamientos Natalie irrumpió en su oficina y estaba algo preocupada por la expresión que él pudo notar de su asistente.

—¿Qué pasa Natalie? —Gabriel le preguntó a su asistente con un tono serio.

—Señor Agreste, el primo de su esposa lo espera en la sala principal —le contestó la secretaria tratando de mantener su postura fría e inquebrantable.

—¿El primo de Emilie? —le preguntó el modista.

—Sí, señor —le contestó Natalie.

—¿Y quién viene con él? —le preguntó el Agreste mayor mientras mantenía los ojos cerrados dándole la espalda a Natalie.

—Viene una mujer pelirroja con él pero no me mencionaron sus nombres señor —le contestó con un deje casi imperceptible de preocupación.

Tras escuchar esto de su secretaria, Gabriel Agreste abrió los ojos sorprendido y procedió a girarse para ver a Natalie, quien lo miraba fijamente, atenta para cualquier cosa que él le ordenara.

Gabriel Agreste procedió a ir a la sala principal para ir al encuentro de uno de los fantasmas de su pasado. Él iba con paso decidido para encararlo pero tratar de no dejar que sospechara sobre él, pues estaba al tanto que él era el militar que intervino cuando Pharma estaba haciendo de las suyas. Además sabía que tenía contacto con sus mayores rivales y con la araña molesta. Cuando el modista llegó a su destino lo primero que vio fue a una cara conocida a la cual no había visto desde que él se alejó de la familia de su esposa desde su desaparición y también vio a la mujer pelirroja que lo acompañaba, la cual vestía un ajustado pantalón color verde esmeralda y una blusa color beige acompañada de una chaqueta color café y unos botines del mismo color.

Para el modista no fue tan fácil olvidar a la esposa del "imbécil" que tenía en frente, pues la pelirroja siempre fue muy cercana a Emilie y a Adrien.

—Gabriel Agreste... tanto tiempo —Saulo le saludó de forma seria y un poco seca.

—¿Qué es lo que necesitas Saulo? —le contestó de forma seria Gabriel mientras los observaba fijamente.

—Verás quería avisarte que encontramos unas pistas de donde podría estar Emilie —le contestó Saulo mientras le sonreía de forma sospechosa.

Eso hizo que Gabriel se sorprendiera porque él había escondido el cuerpo de su esposa el cual seguía con vida pero no había rastros de su conciencia, como si su alma se hubiera desprendido de su cuerpo.

Sarah leyó rápidamente el lenguaje corporal del modista y notó que se había puesto nervioso y que él ocultaba algo.

—Recuerdas cuando una pandemia de pesadillas ¿no? —Saulo le preguntó a Gabriel, que rápidamente recobró la postura y volvió a su posición infranqueable.

—Sí, si lo recuerdo —le contestó mientras lo observaba fijamente.

—Supongo que por los noticieros te habrás dado cuenta que estoy ayudando a los héroes de París para atrapar a Hawk Moth —Saulo comentó, a lo que Gabriel Agreste apretó la mandíbula antes de contestar, cosa que fue notada por Sarah.

—Sí, estoy al tanto que estas ayudando a Spider-Man, a Ladybug y a Chat Noir ¿Pero eso que tiene que ver con Emilie o con la pandemia de pesadillas? —le preguntó el modista a lo que Saulo rió cínicamente.

—Pues fue gracias a eso que localicé a Emilie —le contestó Saulo a lo Gabriel se preocupó pues pensó rápidamente que había localizado el cuerpo cosa que notó el Capitán.

—Saulo ¿estás seguro de lo que haces? —Sarah le preguntó en un susurro con algo de preocupación, que solo escuchó el militar pues sabía que Saulo se estaba exponiendo demasiado pero recibió un asentimiento de parte de este.

—¿Por qué mejor no vamos mejor a tu despacho y profundizamos mejor sobre esto? ¿No crees? —le preguntó Saulo haciendo pensar al Agreste mayor.

—Está bien Saulo vamos a mi despacho —Gabriel se rindió antes la propuesta del capitán.

Los tres fueron hacia el despacho del modista en el cual había unos diseños que aún no habían salido a la luz, los cuales le encantaron a Sarah pues ella siempre supo que los diseños del Agreste eran fabulosos. Gabriel los hizo sentar en frente del escritorio, recargó sus brazos sobre el mismo y los observó fijamente.

—¿Y bien Saulo? —le preguntó el modista.

Saulo suspiró y se dispuso a decir lo que había averiguado.

—Bueno, cuando pasó el incidente de las pesadillas yo me dispuse a investigar, por supuesto, pero casi inmediatamente llegó Spider-Man y me contó lo que sucedía. Después de eso se formuló un plan pues el causante de todo eso fue un akumatizado llamado Gregkaf —Saulo hizo una pausa, miró a su esposa y le sonrió dándole algo de confianza y después le sonrió mientras negaba con la cabeza.

—Cuando los héroes le estaban combatiendo, yo les estaba dando soporte y ahí fue donde la localicé —Saulo terminó de contar con si fuera cualquier cosa.

Gabriel Agreste no sabía que decir pues en cierta forma su lacayo le había ayudado al militar a localizar su esposa o eso quería creer.

—Ah sí... ¿y en dónde la localizaste? —el modista le preguntó de forma sarcástica mientras alzaba una ceja incrédulo.

Saulo le miró bastante serio.

—La localizamos en el plano onírico o mejor conocido en el mundo de los sueños, no sé qué pasó para que ella terminara ahí pero solo es cuestión de tiempo para que la recuperemos —le afirmó el militar sabiendo que en parte su afirmación era una mentira a la que se aferraba en volver realidad.

Gabriel miró incrédulo al militar que tenía en frente pero le restó importancia y fue hacia el cuadro de Emilie, y descubrió una caja fuerte para sacar una botella de licor que Saulo conocía muy bien. Pero cuando vio el interior se molestó por un motivo que los dos militares no comprendieron. Rápidamente fue hacia su escritorio y tecleó algo dejando ver un monitor, el cual reproducía la grabación que tenía la cámara que vigilaba dicho cuadro y grande fue su sorpresa cuando vio que Adrien la abrió y sacó un libro que él conocía muy bien.

—¿Cómo pudo? ¡¿Cómo pudo hacerlo?! —exclamó el Agreste mientras empezaba a perder el control.

—¿Qué pasa Gabriel? —le preguntó Saulo manteniendo la calma para poder calmar al modista, el cual parecía estar bastante alterado llevándose las manos a la cabeza y la sujetó con fuerza.

—¡¿Por qué lo hiciste hijo?! ¡¿Por qué?! —exclamó el modista poniendo en alerta al matrimonio.

Casi de inmediato se presentó un akuma, el matrimonio veía incrédulo lo que pasaba y pensaron que hacer una retirada táctica era lo más indicado. Saulo desenfundó su M1911 (la cual estaba cargada con munición no letal) y cuidaba que en lo que sea que Gabriel se hubiera transformado no se encontrara con ellos de momento. Sarah volteó a ver a su esposo y lo miró bastante seria buscando que él le dijera porqué se expuso tanto.

—Sí hizo lo que creo... habrá valido la pena todo lo que dije— Saulo le dijo a Sarah, quien se sorprendió pues al parecer ella había bajado la guardia.

La pareja oyó como el Akumatizado salía por la ventana del despacho del modista y decidieron ir tras él antes de que fuera a mayores.

Volviendo con los tres jóvenes quienes estaban acorralados por el akumatizado quien parecía tenerla con el rubio ojiverde.

—¡Repulsión Gravitatoria! —exclamó el joven desconocido de mayor altura haciendo que el Coleccionista saliera a volar.

Adrien vio incrédulo lo que había pasado en frente de sus ojos pues prácticamente habían mandado a volar al akumatizado. Cuando él miro al joven a los ojos notó como el iris de estos eran plateados con una línea concéntrica.

—¡No hay tiempo para charlar! ¡Hay que correr! —el desconocido le exclamó a sus dos acompañantes quienes no perdieron el tiempo en cuestionarlo.

Después de haber desaparecido del lugar, los tres jóvenes redujeron su ritmo para poder seguir andando. Adrien quería cuestionar a los jóvenes pero el más alto le paró el tren diciéndole que ese no era el momento más indicado que digamos, que ya habría tiempo para hacer eso y más.

—Solo es cuestión de tiempo para que Ladybug y Spider-Man aparezcan —le mencionó el joven que había tomado el liderazgo.

—¿Y por qué no mencionas a Chat Noir...?

—Dante, ese es mi nombre —le mencionó el más alto haciendo que su primo lo viera pálido—. Y respondiendo a tu pregunta, es porque tú eres Chat Noir.

Adrien se puso pálido al igual que el primo de Dante.