Capítulo 4
Caminaré hasta volar por encontrar nuestro camino
Steve
Steve no era un niño que se dejara llevar por la ansiedad. Pese a que era muy amable y agradable, jamás había sido presa de los nervios. Quizás se debía a que durante parte de su infancia se vio obligado a estar recluido en una cama por sus problemas de salud, quizás por eso veía las cosas con otra perspectiva pese a su edad. Los únicos momentos de su vida que Steve recordaba haberse dejado llevar por el nerviosismo eran los relacionados con su padre. Aunque quizás esos momentos podrían catalogarse mejor como puro miedo. Steve aún recordaba el terror que sentía cuando él usaba su voz, haciéndole temblar de pánico.
Como estaba tan acostumbrado a mantener todo en orden y su corazón tranquilo, Steve se sorprendió al sentir la inquietud de su pecho aquella mañana de marzo. Después de dos semanas, al fin tendría la oportunidad de presentar a Tony y a Bucky. La idea de que entre ellos dos no se llevaran bien agitó su corazón.
A Bucky lo conocía de toda la vida, era prácticamente su hermano y muy importante para él. Tony, en cambio, se había hecho un significativo hueco en su vida, pese a que solo se conocían de hacía unos meses y únicamente podían verse en las excursiones. Tony le hacía sentirse a gusto, bien y feliz. Siempre le hacía reír, incluso cuando bromeaba sobre él, y le hacía ver el mundo de una forma completamente diferente. Estar junto a Tony era como si la gravedad cambiara de funcionamiento y de repente pudiera caminar al revés.
—¡Steve, venga! —llamó Sarah desde la cocina—. ¡Vas a llegar tarde!
Inspiró hondo, mirándose en el espejo del baño, antes de salir.
Steve se sentó en el autobús escolar, incapaz de dejar los pies quietos. Bucky, sentado junto a él al lado de la ventanilla, lo miró con una ceja enarcada.
—¿Se puede saber qué monstruo te acosó anoche?
—No me acosó ninguno.
Su respuesta sencilla dejó aún más curioso a Bucky. Normalmente le habría respondido la broma con otra broma en lugar de dejarla correr. Steve, en cambio, estaba demasiado intranquilo como para centrarse en eso y no quería reconocerle a Bucky que no había tenido la oportunidad de tener ninguna pesadilla porque apenas había podido dormir de la agitación.
—¿Te picó algún bicho o qué?
—Tampoco.
El autobús escolar finalmente arrancó y emprendió el camino hacia el parque. Steve apretó la tela de sus pantalones de chándal con los puños.
—¿Te estás haciendo pis?
—Que no.
—¿Y no me vas a decir qué te pasa? —preguntó finalmente Bucky, que no era un niño muy paciente precisamente.
—No me pasa nada.
—Ya, y a mí me gusta el puré de espinacas de mi madre —contestó Bucky, haciendo una mueca de asco.
—Si tu madre te escuchara.
—Ella no está aquí ahora, tú sí. Suéltalo de una vez.
—¿Me vas a cantar algo, Elsa?
—Si eso hace que abras la boca de una vez, me vestiré de princesa y te rociaré de nieve.
Steve giró el rostro en su dirección con sorpresa. No había rastro de broma en el rostro de Bucky.
—Soy capaz.
Steve rompió a reír. Realmente no lo dudaba. Si había algo que caracterizaba a Bucky era que no tenía vergüenza ninguna y que siempre se salía con la suya, pese a que muchas veces alcanzaba algún castigo o grito de por medio.
—Venga, vale… Es solo que estoy un poco nervioso.
—Eso ya lo he visto. Quiero saber qué te tiene como si te estuviera mordiendo una pulga en el culo.
—Que hoy te voy a presentar a Tony.
—¿Y?
—Quiero que se lleven bien.
—¡Oh!
Al reconocerlo, Steve se sonrojó hasta las orejas. Bucky no pudo perder la expresión de incredulidad durante un buen rato, sorprendido por lo que eso significaba. Bucky era el mejor amigo de Steve, lo conocía mejor que nadie y sabía que a Steve, pese a que era amable con todo el mundo, le costaba un poco apegarse. Con nadie era tan abnegado como con él, pero había aparecido Tony.
—Lo intentaré —prometió Bucky, con sinceridad.
Steve tenía muchas ganas de que sus dos amigos se llevaran bien. Y por supuesto tenía que ser Bucky el primero que metiera la pata.
—Eres aún más retaco de lo que pensaba —dijo, nada más presentarse, haciendo el amago de colocar la mano sobre la cabeza de Tony.
Tony evadió el gesto, con expresión molesta.
—Y tú eres exactamente tan idiota como pensaba. Supongo que a tu altura no llega bien el oxígeno.
Steve se llevó las manos al rostro, deseando poder retroceder el tiempo. Bucky le había prometido hacía apenas unas horas que se portaría bien y que intentaría llevarse bien con Tony. Steve había olvidado que a veces Bucky tenía el tacto de un burro dando una coz y ningún sentido de la oportunidad.
—Venga chicos —los llamó Steve, conciliador—. Vamos a comernos nuestros bocadillos antes de jugar a algo.
Tony resopló, pero aún así recogió sus apuntes y libros de la mesa de picnic para hacerles espacio a los dos. Los tres se sentaron sobre la mesa, tal y como Steve y Tony llevaban haciendo las últimas semanas, con Steve en el centro.
Un silencio tenso se formó y Steve sintió que la bola de nerviosismo que le había estado agitando se volvía aún mayor.
—¿Quieres una fresa, Tony? —preguntó Steve a Tony.
—¿Están verdes como la última vez?
—No seas pejiguero —dijo Bucky.
Steve le dio un codazo en las costillas que logró sacarle un quejido de dolor a Bucky.
—No, están dulces, prueba —le ofreció Steve, tendiéndole la bolsa.
—¡Oye! —se quejó Bucky.
—El que monta una pataleta cada vez que tiene que comer puré de acelgas no puede llamar pejiguero a nadie.
—Pero es que el puré de acelgas es horrible —lo defendió Tony, poniendo expresión de asco.
—Lo ha dicho él, no yo —se justificó Bucky.
—Es como el puré de espinacas, ese sí es horrible —continuó Tony.
—¡Amigo! —exclamó Bucky, haciendo a Steve a un lado—. ¡Tú sí me entiendes!
—¿También te obligan a comer cosas horribles?
—Y todo con la excusa de crecer sano y fuerte.
—En realidad es una excusa para torturarnos. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.
—Mis pesadillas son suficiente prueba.
Steve miró el intercambio con sorpresa, sin creerse el giro de acontecimientos que acababa de ver. De llevarse como el perro y el gato, matándose con la mirada, a hablar tan tranquilamente como si fueran amigos desde los pañales. Todo por el odio común al puré. Steve no pudo sino reírse.
Tony, Bucky y Steve jugaron animadamente con la pelota de baloncesto practicando pases hasta que terminó el descanso. Las bromas y travesuras de Bucky animaron a Tony a darlo todo, de la misma forma que siempre hacía con Steve. Tony acabó sudando y con una sonrisa altanera en los labios que llenó de alegría el corazón de Steve. Le partió el corazón la idea de alejarse cuando los maestros soplaron los silbatos. Antes de que se marcharan, Tony detuvo a Steve tomándole de la mano.
—¿Has hablado con tu madre? —preguntó Tony.
—Sí. Le gustaría darme permiso, pero primero quiere conocer a tus padres.
Tony perdió la sonrisa y asintió con sequedad.
—Lo hablaré con mis padres —contestó—. Puedes decirle a Bucky que venga también, si quiere.
Steve asintió y Tony soltó su mano. Renuente, Steve corrió hacia el grupo de alumnos que hacía coro en torno a los maestros. Steve no sabía que se arrepentiría de esa decisión por años.
El balón botó fuera de la improvisada cancha y Steve, que era el niño que estaba más cerca, lo persiguió. Tomó el balón y, como se había vuelto costumbre, buscó con la mirada a Tony para saludarle antes de volver al juego.
Buscó la mesa de picnic y alzó la mano, pero su saludo murió en el aire. Tony no estaba ahí.
—Quizás fue al baño —se dijo Steve a sí mismo, pero una señal de alerta le aseguró que no era así.
Antes de ser consciente de lo que estaba haciendo, Steve lanzó el balón de vuelta a la cancha y fue hacia la mesa de picnic. Pensando que iba al baño, nadie le hizo mucho caso. Los apuntes de Tony estaban desperdigados por la mesa de mala manera, algunos incluso estaban sobrevolando el suelo gracias a la suave brisa. El viento le acarició el rostro y un fuerte aroma lo golpeó con fuerza.
Steve apretó los dientes y se le puso la piel de gallina por la impresión. Era el agrio olor de un alfa enfadado. Steve inspiró de nuevo, con el corazón latiéndole a todo correr contra el pecho. Jadeó al reconocer el olor y echó a correr. Se metió entre la arboleda colindante, siguiendo el olor con desesperación, hasta que escuchó los violentos gruñidos y las risas agudas.
Steve apenas logró contener un jadeo cuando vio a Tony con la mejilla hinchada y el labio sangrando. Tenía el cuello del suéter deportivo arrugado y estirado, como si le hubieran agarrado con fuerza de él. Frente a él estaban Rebecca y Harry, que se alzaban sobre él con una pose agresiva.
—Mi madre me ha dicho que los omegas como tú deberían conocer su sitio —dijo Rebecca, llena de rencor—, pero tú no aprendes. Siempre yendo por ahí, creyéndote superior a los demás, cuando no eres más que una cara bonita y un nombre.
—No es muy difícil ser superior a una abusona como tú —escupió Tony.
Rebecca alzó el puño, decidida a golpearle el rostro nuevamente a Tony, concretamente la misma mejilla herida. Steve, decidido a impedirlo, corrió y empujó a Rebecca antes de que pudiera hacerlo.
—¡Corre, Tony! —gritó Steve y estiró la mano en su dirección para tirar de él y escapar juntos, pero Harry se lo impidió.
Harry le golpeó en el estómago, logrando que Steve se doblara de dolor, y lo pateó.
—¡STEVE! —gritó Tony, rompiendo por completo la máscara de indiferencia que había ocultado sus expresiones.
—Y ahora viene esta rata de cloaca a hacerse el héroe —dijo Rebecca—, te voy a enseñar yo a hacerte el héroe.
Rebecca le dio una patada a Steve que le sacó un grito de dolor. Harry intentó taparle la boca, pero Steve aprovechó la oportunidad para empujarle con el hombro y hacerle caer. Rebecca iba a lanzarse nuevamente contra Steve, pero Tony corrió hacia ella y le dio una patada en el pliegue de las rodillas.
Al ella caer, Rebecca tomó a Tony del pelo y tiró de él hasta darle contra el suelo. Harry le dio un puñetazo a Steve en el mentón que le hizo morderse el labio. Cayó de culo y tragó un desagradable buche de saliva y sangre.
Miró a Tony preocupado, tenía los ojos vidriosos y le costaba respirar.
—Tony… —gimió, haciendo el esfuerzo de levantarse para ponerse en una pose protectora frente a él.
—¿Tú nunca te rindes? —se quejó Harry.
—Podría hacer esto todo el día —aseguró Steve.
—Steve… —susurró Tony, aunque Steve no le escuchó.
—Vas a ver lo rápido que te quito yo las ganas —prometió Rebecca.
Steve estaba mareado por los golpes y el cargante olor de Rebecca, pero se negó a rendirse. A él le daba igual no ser un alfa tan llamativo como Rebecca o Bucky. Bien podía ser un beta o un omega, que se plantaría igual sobre sus pies para proteger a Tony.
Rebecca le lanzó un puñetazo directo a la mandíbula. Steve logró esquivarlo, pero Harry vino por el otro lado a darle un codazo en las costillas. Rebecca repitió el movimiento y esta vez si logró darle de lleno en la mandíbula. Steve cayó al suelo y solo atinó a caer sobre Tony y rodearle con sus brazos para recibir él todos los golpes.
—Steve… —susurró Tony.
Fue lo último que escuchó Steve antes de caer inconsciente.
Miércoles, 14 de agosto de 2019
¡Hola a todos, lindas flores!
Siento no haber publicado el lunes, pero esta semana ha sido un poco desastre y no he tenido tiempo para sentarme y ponerme a pelear con la web para subir el capítulo.
Si alguien pensaba que iba a escribir un stony largo sin nada de drama... Espero que este capítulo le haya borrado ese pensamiento de un plumazo jajajaajajajajajaja. Prometo momentos fluffly igualmente, ustedes ya saben que me gusta equilibrar.
Por cierto, les recuerdo que he hecho una playlist en Spotify para ayudarme a escribir SEMPITERNO. El enlace está en mi perfil y son más que bienvenidos a echarle un ojo.
Kagome-Black, Rebecca es un personaje complicado. Es agresiva y burlona, no tiene reparos en machacar a los demás, pero también porque sus padres la alientan a ello... Y sí, adoro a Bucky, pero es más espeso que las piedras jajajajaja.
Rhaenyss, a mí me ponen el corazoncito súper feliz, son lo más adorable del mundo. Por eso mismo también me duele la vida cuando pasan cosas como las del capítulo de hoy.
Juvia Agreste, lo más bonito de Steve es que siempre ha tenido un corazón de oro, siempre predispuesto a hacer el bien, a ayudar... Aysh...
Alessandra Von Grey, ¡ay, muchas gracias! Espero que también te guste el desarrollo que tendrá la historia. Entiendo las heridas que puede dejar Endgame, en realidad me decidí a escribir este fic en parte por eso jajajajaja.
Takashi Kurosawa, ¡gracias!
Pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!
