Capítulo 6


Descubrí que las pesadillas pueden volverse fantasías

Steve


Steve limpió el cristal ligeramente empañado para ver su reflejo. Se pasó suavemente la toalla por el pecho y la cara, secándose por completo.

Vivía en aquel pequeño piso de dos habitaciones con su madre desde hacía tres años, después de que el casero de su anterior vivienda decidiera subir el alquiler a un precio que se escapaba de sus manos, y ambos se habían acostumbrado a compartir el baño. Su madre a esa hora ya había salido a cubrir el turno de mañana en el hospital.

Steve se vistió con una camiseta de manga corta blanca y una camisa de botones vaquera. Sacudió los pantalones marrones, que aún estaban un tanto rígidos después de sacarlos de la secadora y se los puso. Se peinó rápidamente y cogió el collar que descansaba sobre el estante de cristal del espejo en el que estaban los distintos frascos de perfume. Tomó la cadena de metal entre sus dedos y observó durante un segundo el colgante que pendía en medio. Un sencillo cilindro de metal cuya tapa estaba enlazada al dije del colgante. Steve era el único que sabía lo que había en su interior. Así había sido desde que su madre se lo había regalado cuando cumplió los doce años al terminar el colegio.

Salió del baño y caminó hacia la cocina. En su lado de la mesa, sobre el mantel individual de tela azul, había un bol de cereales con fruta troceada y yogur natural junto a dos galletas con chispas de chocolate puestas a un lado. Steve cogió una galleta con una sonrisa y leyó la nota que había debajo.

Tú puedes con todo, mi capitán

Su madre siempre se ponía de morros cuando no podía ir a uno de sus partidos, pero había cogido la costumbre de hacerle uno de esos desayunos para que empezara el gran día del mejor humor. Era adorable.

Fue a coger la cafetera para servirse una taza de café cuando se dio cuenta de que había algo escrito en el reverso.

Hay más galletas en el bote de la encimera.

Llévale un par a Bucky, que no hay nada como el chocolate

para curar un corazón roto.

Steve rió y se preparó para desayunar. Encendió el pequeño televisor que tenían en la cocina para poner las noticias. Decir que a Bucky le habían roto el corazón era una exageración, pero le había contado sus penas a Sarah como si así hubiera sido. Lo único que había pasado era que Natasha, su compañera de clase, le había dado largas por tercera vez. Bucky, que tenía ese arrollador carisma desde niño y la habilidad de ser un buscaproblemas, siempre lograba llevarse bien con todo el mundo, sumarse a todos los planes y convertirse en la estrella de todas las fiestas. No era que nunca se hubiera llevado un no como respuesta, Bucky había recibido más calabazas de las que le admitiría a nadie, sobre todo en aquella época en la que le dio por engominarse el pelo como si hubiera tenido un encuentro con una medusa asesina y hubiera perdido. No obstante, era la primera vez que se colgaba lo suficientemente fuerte para estar suspirando por alguien todo el día y Natasha no estaba para tonterías. Mientras que él quería llamar su atención como un niño pequeño, Natasha le sonreía con esa mueca que no dejaba traslucir nada y se iba para seguir con lo suyo.

Steve sabía de buena tinta que a Natasha no le caía mal Bucky ni nada por el estilo, pero había permanecido en silencio porque creía firmemente que Bucky necesitaba aprender de una vez que tenía que adaptarse y aprender a lidiar con que no podía caerle bien a todo el mundo y conseguir siempre lo que quería.

Estuvo a punto de llevarse una cucharada de cereales a los labios, pero detuvo el movimiento en el aire con la mirada perdida en la televisión.

La feria tecnológica de Nueva York, GTS, da comienzo en las instalaciones de Lee Convention Center —anunció la voz en off del periodista—. Considerada una de las más grandes del mundo se reunirán durante los siguientes tres días las figuras e instituciones más relevantes del sector con las novedades más punteras.

Ayer por la noche se inauguró el evento con el discurso inaugural de la CEO de la Asociación del Consumidor Tecnológico, Venetia Zola, y la muestra del ingeniero Anthony Stark de Industrias Stark.

Y allí estaba, vestido con un traje ajustado oscuro, una camiseta de Aerosmith y unas gafas de sol grandes e innecesarias en aquel escenario. A Steve le costaba cierto esfuerzo entender que el niño taciturno que había compartido su almuerzo con él y lo había invitado a jugar a su casa era el mismo chico que se desenvolvía por el escenario con una gracia que solo podía calificarse como innata.

En una edición que promete las últimas novedades en tecnología 5G, aplicaciones revolucionarias, evolución en los vehículos autónomos y las nuevas aplicaciones en machine learning de la inteligencia artificial, Stark da el pistoletazo de salida con la muestra del nuevo modelo de starkphone. Ha presentado ante millones de espectadores la nueva tecnología de Industrias Stark de cara a las telecomunicaciones.

Vengo aquí, ante los millones de ojos que me están viendo, no solo en este centro de convenciones, sino a través de internet, para mostrar la apuesta de Industrias Stark por algo inimaginable en el sector de las telecomunicaciones. Algo único que revolucionará el concepto de tener en la mano un smartphone y lo que será nuestra vida con ello: el starkphone. Con un diseño plegable y transparente, es flexible y prácticamente irrompible. Capaz de dejar en el pasado el concepto 2D para llevarnos a una nueva realidad en la que podremos zambullirnos en internet a través del sistema holográfico que viene incorporado y transformará la experiencia 2D en 3D; y un programa de inteligencia artificial capaz de apoyarte en todas y cada una de tus tareas, siendo el primer paso para lo que serán las auténticas casas inteligentes.

La noticia siguió por el discurso de Zola y algunas de las muestras que ya se habían mostrado tras la apertura. Steve apagó la tele con la imagen de Tony grabada tras los párpados.


Steve llegó al instituto con una adusta expresión que sus compañeros solo le habían visto cuando su equipo se jugó la final del campeonato interescolar con el peso de la lesión de Bucky sobre sus hombros. Bucky no había parado de repetirle que las lesiones eran frecuentes en el baloncesto, y en todos los deportes sinceramente, pero Steve no había podido olvidar todas las pistas que auguraban que algo así iba a pasar. Si hubiera trabajado como un buen capitán podría haberlo evitado, haber enviado a Bucky al banquillo cuando fue el momento. Ahora Bucky tenía el ligamento cruzado roto y necesitaba una operación que costaba diez mil dólares. Una operación que sus padres, dueños de una modesta mercería de Brooklyn, no podían costear y que el seguro no cubría.

Una fuerte palmada sobre su hombro lo sobresaltó. Como si nombrarlo fuera un hechizo, ahí estaba Bucky, sonriéndole con pillería. Steve entrecerró los ojos.

—¡Buenos días!

—Buenos días —saludó Steve, mirándole con sospecha.

—Alguien se ha despertado de mal humor.

—Y alguien se ha despertado muy alegre, ¿qué estás planeando?

—¿Yo? Nada.

Empezaron a caminar por los pasillos de camino a la taquilla de Steve. Bucky, para su sorpresa, ya llevaba los libros de las dos primeras clases bajo el brazo.

—Sí, claro.

—¿No te crees mi palabrita de scout?

—Tú nunca has sido un scout —respondió Steve, abriendo su taquilla—. Y como no me lo digas no pienso ni pensarme el rechazar lo que estés maquinando.

—Un pajarito me ha dicho que tienes algo para mí.

Steve rodó los ojos y sacó un saquito de platina que había traído de casa, lo abrió mostrando una galleta. Los ojos de Bucky hicieron chispas solo de verla. Steve resopló, viendo al glotón que tenía por amigo. Lanzó la galleta al aire y Bucky la atrapó con la boca.

—Fu mafre ef ffalafihoa —diijo Bucky, mordiendo la galleta.

—Y si te viera comer así te llamaría Lassie.

Steve cerró la taquilla y caminó hacia su primera clase. Bucky le siguió, limpiándose las manchas de chocolate de los labios con la punta de la lengua. Steve le dio el paquete envuelto en platina y Bucky lo guardó en el bolsillo pequeño de su mochila.

—Si me da más galletas, ladraré si me lo pide.

—Ya te tiene como una mascota, no creo que sea una decisión muy difícil.

—¡Oye! Eso lo dices porque soy su hijo preferido, envidioso.

—Me gustaría ver si dices lo mismo la próxima vez que prepare pasta con salsa de espinacas, a ver si no sales corriendo.

—Aún no me lo perdona, ¿eh?

—Puede que sí, pero jamás lo olvidará —contestó Steve, riendo suavemente.

—Y me explicas por qué has venido con esa cara fúnebre hoy, ¿tenemos partido, no? —preguntó Bucky, intentando cambiar de tema—. Deberías estar con la adrenalina a los topes.

Bucky no había faltado ni siquiera a un partido desde que había sufrido la lesión, incluso seguía entrenando con el equipo dentro de sus posibilidades, pero no había vuelto a competir. Cada vez que lo veía en el banquillo, a Steve se le estremecía el corazón. Se había propuesto ganar cada partido por él y buscaría la manera de costear la operación para que Bucky estuviera de nuevo en las pistas.

—¿Has visto las noticias esta mañana?

Bucky lo miró como si la misma pregunta fuera estúpida y Steve negó con la cabeza.

—Tony está en Nueva York.

Bucky silbó. Él no había tenido mucha interacción con Tony de niño, pero lo recordaba porque aquel incidente había sido traumático para él al ver a Steve herido en una camilla de hospital y porque su recuerdo había sido una constante en Steve.

—Ha venido por una convención tecnológica.

—¿Cuánto dura?

—Tres días.

—¿Crees que después volverá a Malibú?

No era ningún secreto para nadie que la familia Stark vivía en Malibú, aunque su padre estaba viajando a Nueva York continuamente debido a la ubicación de la sede central de la empresa.

—No lo sé.

Bucky lo observó, analizando con cuidado la expresión de Steve. Aunque él sintió la mirada penetrante e indiscreta de su amigo, prefirió no corresponderla.

—¿Por qué no intentas verle?

—¿Estás loco?

—Vamos, el no ya lo tienes. Quizás él también se acuerde de ti.

—Aunque él se acordara de mí, tendría que pasar por todo su sistema de seguridad para llegar hasta él.

—Nada pierdes por intentarlo y la realidad es que hasta que no te encuentres con él no vas a quitarte la espina que llevas clavada en el pecho tantos años. Algo tienes que hacer para remediarlo, ¿no? Te digo, el no ya lo tienes.

Sin darse cuenta, ya habían llegado al aula y de refilón, Steve pudo ver al profesor de matemáticas acercarse. Bucky le palmeó el hombro antes de entrar.

—Solo medítalo y ya me cuentas.

Steve entró en la clase con el estómago hecho un mar de volteretas.

Lunes, 26 de agosto de 2019


¡Hola a todos, lindas flores!

Los que comentaron que después del capítulo anterior íbamos a tener un salto temporal, ¡felicidades! Acertaron de lleno. Lo sé, a mí me rompió el corazón lo que sucedió en los dos últimos capítulos, pero todo tiene una razón de ser en la trama, lo prometo. Palabrita de scout.

Juvia Agreste, lo que vivió Tony es una mierda, me rompió un poco escribirlo.

Fannynyanyan1912, un poquito sí, la verdad. Vaya desastre de primer amor.

Alexandrina Romanov, Steve en este fic es de lo más fluffy, así que me dio muchísima pena toda la situación.

Alessandra Von Grey, me da que no puedo contestarte a casi nada de tu review porque te estaría spoileando cosas jajajajaajja. Pero, oye, acertaste con que se avecinaban cambios en este capítulo.

DoppelGangerSeven, he desatado mucha reacción polarizada con el capítulo anterior por lo que veo. Si yo, en lugar de ser escritora, fuera lectora de esta historia, reaccionaría igual que tú. Lo que tiene que yo sé lo que va a pasar jajajajajaajaja.

Les quiero recordar que está disponible en SPOTIFY la playlist que hice para Sempiterno. Pueden acceder a ella en mi perfil.

Pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!