Capítulo 7


¿Qué sucede con los deseos que no queremos reconocer?

Tony


Aunque las portadas de las revistas y los programas de cotilleo se empeñaran en decir otra cosa, Tony tenía mejores cosas que hacer que pisotear el apellido Stark y arrastrarlo por el fango. Sus pasos rápidos por los pasillos de la GTS eran la prueba. Estaba agotado y solo quería volver a la mansión. No lograría dormir, lo sabía desde ya, su insomnio le estaba punzando desde detrás de los ojos, pero al menos estaría tranquilo y en soledad, sin tener que responder diez mil preguntas que ni siquiera tenían que ver con su presencia en la convención.

Aún así, Tony solo podía quedarse con las ganas porque después del discurso inaugural y la presentación del prototipo del starkphone tenía que participar en el evento haciendo rondas por los otros puestos de exposición. Le encantaría largarse de allí ahora que su trabajo ya estaba hecho y solo quedaba hacer de relaciones públicas, pero sabía que el discurso que le echaría su padre sería mil veces peor que aguantar aquello. Y eso no sería lo peor. Sería ver la mirada decepcionada de su madre, otra vez.

Tony ahogó un suspiro y se recolocó las gafas, poco dispuesto a salir de los pasillos que aislaban la zona VIP de la GTS antes de entrar a la exposición.

Era hora del show.

No había nada peor que estar en una muestra en la que nada parecía interesante. Tony estuvo a punto de bostezar varias veces, especialmente cuando los científicos e ingenieros con los que se encontraba trataban de explicarle sus prototipos buscándole el enfoque militar para poder llamar su atención aunque el motivo de la convención no tuviera ninguna relación con ello. Quizás lo habrían logrado con su padre, pero no con él. Si por él fuera, Industrias Stark no fabricaría ni una bala más.

Sin embargo se vio especialmente interesado por un par de dispositivos destinados al ámbito de la salud. Había una pequeña tablet con ejercicios clínicamente probados para ayudar al usuario con la ansiedad. Luego estaba una pulsera electrónica destinada a los omegas: contaba con funciones de monitorización del sueño, nivel de estrés fisiológico y frecuencia cardíaca, pero lo que más le interesó a Tony era que contaba con una alerta hormonal para cuando se procedía con las diferentes etapas del celo. Durante los últimos años se había incrementado alarmantemente la cantidad de usuarios que se habían intoxicado mediante el uso indiscriminado de medicamentos contra el celo, especialmente aquellos omegas que sufrían de enfermedades en las glándulas omega que hacían que sus ciclos fueran inconstantes o inestables. Como a él. Aunque la aplicación particular que el equipo le estaba dando a su idea no terminaba de encajarle a Tony, apuntó el nombre en su mente sabiendo que tendría que investigarlo más adelante.

Entonces giró la cabeza, dispuesto a ir al stand de al lado, dedicado a un nuevo tipo de ordenador portátil con pantalla flexible que Tony solo necesitó un vistazo para saber que iba a dar problemas, cuando lo vio. Era un puesto que chocaba completamente con lo que había a su alrededor. Todos estaban llenos de grandes pantallas, posters y azafatos que parecían sacados de un anuncio, pero aquel parecía más propio de una feria de ciencias escolar. Solo había dos chicos, que tendrían que tener más o menos su edad, en el puesto y tenían pinta de todo menos de azafatos de eventos. Su puesto apenas tenía carteles en las paredes y el producto expuesto sobre la mesa frontal, junto a varias maquetas. Con curiosidad, se aproximó a ellos.

Tony sonrió de lado al ver como el más pequeño de los dos abría los ojos como platos al verle acercarse. Tenía el cabello castaño corto y unos brillantes ojos marrones que lo miraban con admiración. El chico castaño tiró de la manga de su compañero, un adolescente de oscuro pelo rizado y gafas metálicas que estaba ensimismado en sus notas. Lo único que hizo fue arquear las cejas al verlo, lo que fue un punto a favor para Tony.

—¿Qué tenemos aquí?

Al estar más cerca Tony pudo comprobar que ambos tenían acreditaciones colgadas del cuello. El beta con gafas metalizadas y mirada soñolienta era Bruce Banner, y el omega nervioso de brillantes ojos castaños que se negaba a parpadear se llamaba Peter Parker. Ambos del Instituto Thornton de Nueva York.

Tony los observó a ambos, esperando respuesta.

—Oh, dios mío… ¡Es Tony Stark! —susurró Peter, agitando frenéticamente la manga de su compañero.

Bruce la palmeó la mano, esperando que se relajara, pero el chico parecía estar a punto de hiperventilar. Mientras, Tony los miraba con una sonrisa en la boca, expectante.

—Es nuestro prototipo de un nuevo generador de energía renovable basado en la energía de fusión.

Tony se acercó a la maqueta, sin tocarla. Mostraba las diferentes etapas del producto final, que estaba en el centro de la mesa en una caja de cristal.

—¿Cuál es su nombre?

—Reactor 199.999 —contestó Peter con la voz aún estrangulada.

Tony alzó la vista, viéndole sofocado, con las mejillas enrojecidas, pero haciendo un esfuerzo por recuperar el control.

—¿Es la cantidad de pruebas que habéis tenido que hacer para conseguirlo?

—No, es la del dinero que nos hace falta para hacer efectivo el prototipo —contestó Bruce con una mueca enfadada.

—Vaya, con que tienes genio. Me gusta eso —apuntó Tony, haciendo que Bruce pusiera los ojos en blanco—. ¿Y cuánto habéis logrado que dure?

—Una hora si hablamos de cosas pequeñas —contestó Peter—, como cargar cincuenta smartphones seguidos.

—O cinco minutos se se trata de algo grande —continuó Bruce—, como la batería de un coche.

Tony se irguió, volviendo a poner la vista al mismo nivel que Bruce y Peter. Por primera vez en lo que iba de la exposición, estaba genuinamente interesado. No, ¡estaba emocionado! Aquellos chicos era lo que había estado buscando entre pasillo y pasillo de aquel sitio, ellos eran la oportunidad que estaba buscando. No pudo evitar la sonrisa que surcó sus labios, de la misma forma que Bruce no pudo evitar relajarse al verla y Peter ensimismarse aún más en su presencia.

—Caballeros, tengo algo que proponerles.


Cuando la acolchada mascota de los Avengers se le tiró encima, Steve finalmente sonrió. Había estado todo el partido completamente serio, centrado en defender las tácticas de juego y conseguir la victoria. El plan había terminado en un 61 - 45. Bucky no tardó en unirse y saltarle también encima, como hicieron los demás jugadores en menos de dos segundos.

El partido había sido difícil, sobre todo porque faltaba uno de sus mejores jugadores, Peter Parker. Pese a su baja altura, era su mejor pivot junto a Bucky, el miembro más alto del equipo. Tenía una enorme capacidad para los saltos y sus lanzamientos siempre iban de lleno a la canasta. Había quien lo había apodado Spider-Man por su forma de colgarse del aro cuando encestaba. Bucky prefería llamarlo la Saltarina Carlota.

Al final todos se le quitaron de encima y Natasha, una de sus aleros, le ayudó a levantarse. La alfa pelirroja le sonrió con una de esas hermosas sonrisas que le llegaban a los ojos y alzó la mano esperando que se la chocara. Steve rió y le correspondió el gesto, antes de tirar de ella y darle un abrazo. Pudo sentir su suave risa contra su hombro.

En medio de esa burbuja de felicidad, llena del ánimo del equipo y de los vítores de las gradas, Steve no fue consciente de que ese día lleno de cambios no iba si no a ser el principio de su mundo patas arriba.

Lunes, 7 de octubre de 2019


¡Hola a todos, lindas flores!

Sí, lo sé, lo sé, he estado un mes fuera de servicio, pero ha sido una temporada bastante complicada en mi vida. Digamos que incluso cuando tenía un huequito para escribir estaba tan exhausta que no quería ni ver la pantalla del ordenador. No quería ni revisar lo que ya tenía escrito, todo me parecía espantoso. Lo que influyen las emociones a la hora de plantarte delante de una historia, ¿eh?

Juvia Agreste, bueno, no todo el capítulo, pero tuviste un vistazo de la vida de Tony. Algo es algo, ¿no?

Alessandra Von Grey, Steve es como un golden retriever peludo y suavecito, dan ganas de abrazarlo todo el día.

DoppelGangerSeven, JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. Me encanta, porque muchos me dicen que les gusta el rumbo de la historia, pero que aún así me tienen rabia por lo que les hice pasar. Ay, la vida es tan complicada jajajajajajajajajajaja.

Weirdo Lyrock, pues aquí tienes, otro capítulo. Pronto más y mejor 3

Con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!