Capítulo 8
A veces no soy consciente de lo mucho que te echo de menos
Steve
Tony no había almacenado grandes esperanzas sobre la convención, algo triste tratándose de uno de los mayores eventos tecnológicos del mundo. Al final, todas las suposiciones que se había hecho de por qué el evento sería un fracaso para su tiempo y su interés se cumplieron: iniciativas predecibles, sin sueños ni retos detrás más que el ser un producto fácilmente comerciable; o lo peor, constantemente tiraban de él a un lado y a otro para ponerle sobre la mesa invenciones que forzosamente arrastraban al sector militar solo para atraerle, cuando no había nada que detestara más.
Apenas esperaba encontrar algún que otro puesto que le llamara la atención, pero para su sorpresa encontró algo mucho más allá, algo que había estado esperando por años. ¿Quién le iba a decir que lo encontraría de la mano de dos chicos que prácticamente tenían su edad? Se rió entre dientes al recordar las caras de sorpresa de Bruce y Peter al mostrarse genuinamente interesado en el proyecto. Más divertido era pensar que sus padres habían insistido en adelantarle varios cursos para que no desperdiciara su talento, para que entrara en contacto con personas que compartieran sus mismos intereses, y al final lo había encontrado en dos adolescentes. Quizás era irónico.
Se levantó de la cama estirándose como un gato. No tenía ganas de ponerse en pie, pero a la vez no tenía ganas de seguir acostado. Tenía ese sentimiento incómodo y punzante en los intestinos que le mareaba.
Toqueteando el mando que tenía junto a la cama, las cortinas se corrieron con un pequeño zumbido mecánico hasta aglutinarse en las esquinas, dejándole apreciar la ciudad de Nueva York en todo su esplendor diurno con la luz del sol dando de lleno en los rascacielos.
En el fondo, el mismo estaba sorprendido de interesarse en el proyecto de la forma en que lo había hecho. Aún no habían hablado apropiadamente del tema, pero Tony tenía en mente trabajar con los dos en su correcto desarrollo, lo que implicaba que tenía que residir durante un tiempo cerca de ellos, en Nueva York. Su plan era volver a Malibú tan pronto terminara la convención, y bien podría haberles sugerido a Peter y a Bruce comprarles la patente y desentenderse, investigar la idea por su cuenta, pero algo en su interior se revolvía molesto ante la idea. No era solo el invento lo que le interesaba, era la pasión que había visto en aquellos ojos, la tenacidad mostrada en sus palabras, lo que más le atraía.
Odiaba Nueva York. Aunque la sede central de Industrias Stark se encontraba allí, Tony evitaba poner los pies en la gran manzana todo lo posible. Pero aquel plan parecía merecer el mal trago. Por primera vez en años, estar en Nueva York no estaba cargado de malos recuerdos.
Tony se alejó de las ventanas, saliendo de la habitación. Los recuerdos se aglutinaron en su mente de forma desagradable y necesitaba un café para lidiar con ello. Fue a la silenciosa cocina del penthouse del hotel. Sabía que en cuanto le notificara a sus padres que planeaba quedarse por más tiempo le insistirían con que se trasladara a la mansión, y en esta ocasión nada podría imperdirle a Jarvis preparar sus maletas y volar a Nueva York para cuidar de él. Plantado en medio de la habitación, observando la minimalista y poco personalizada apariencia del lugar, escuchando el silencio ensordecedor que implicaba encontrarse completamente solo, la idea de volver a tener a Jarvis cerca le arrebató una sonrisa.
Volver a casa le era desagradable por el mismo motivo que Nueva York lo era, pero ahí al menos tendría un taller privado y no tendría que recurrir a los existentes en Industrias Stark.
Tony se sirvió el café con un suspiro y tomó una de las stroopwafel que estaban en la encimera sobre una fuente de cristal. La puso encima de la taza y esperó.
La última vez que había estado en la mansión fue inmediatamente tras el incidente, antes de mudarse a Malibú. Había peleado con uñas y dientes las pocas veces que había pisado Nueva York después de aquello para no volver allí. Sin embargo, estaba siendo injusto. No todos los recuerdos afincados en Nueva York eran tan terribles. Había unos en concreto que estaban embotellados cuidadosamente en su memoria, alejados del deterioro del tiempo. Los que tenían por protagonista a un niño de enormes ojos azules.
—¿Qué habrá sido de él? —se preguntó Tony, tomando el stroopwafel y dándole un mordisco con el caramelo derretido manchándole los labios.
Steve recogió sus cosas al tocar el timbre que daba inicio al descanso. Llevaba todo el día distraído y le confundía no saber la razón. Sentía que algo iba a pasar, pero no podía explicar cómo. Solo tenía ese presentimiento alborotándole el estómago. La sensación solo parecía crecer según caminaba por los pasillos para dejar sus libros en la taquilla.
Lo achacó a que Bucky había faltado a clase por tener cita con el médico. Finalmente iban a hacerle una última revisión y a presupuestarle el coste de la operación, algo que llevaba mucho tiempo preocupándole. Sabía que el coste iba a ser alto para una familia con los recursos de Bucky y que algo tendrían que hacer. Sin embargo, el conocimiento de esto llevaba tiempo con él. ¿Por qué esa ansiedad, esa sensación de mareo de pronto? Había algo más, pero por más que ahondara en su mente, era incapaz de dar con ello.
Le dio vueltas a la cabeza, preguntándose si se había olvidado de algo, algo infrecuente en él,pero no había nada más que el hormigueo que vibraba en la punta de los dedos y la sensación de ahogo en la boca del estómago. Ensimismado en sus pensamientos, suspiró agotado. Y entonces, chocó.
—¡Oh!
—Perdón —dijeron a la vez.
Entonces Steve bajó la vista y se encontró con unos conocidos ojos castaños y brillantes.
—¡Ay, Cap, lo siento! —se disculpó Peter, dando un paso para atrás y agarrando las correas de su mochila en un ademán nervioso—. No estaba mirando por dónde iba.
—No, perdóname tú a mí. Yo tampoco es que estuviera muy concentrado.
—Eso es raro —comentó Peter, sorprendido—. Tú siempre pareces estar atento a todo.
Steve rió.
—Digamos que hoy no es mi día.
—¿Por qué? ¿Es por Bucky? —preguntó Peter que movía repetida, pero sutilmente los talones de los pies.
—Sí, lo comentó el otro día en la práctica —contestó Steve mirando fijamente a Peter—. Hoy tenía cita con el médico.
—Bueno, estoy seguro que todo saldrá bien, y si hay algún problema podremos arreglarlo —dijo Peter con una sonrisa tan grande que era contagiosa.
Sin embargo, había algo que no terminaba de cuadrar y la usual alegría de Peter no lograba distraer a Steve.
—¿Te pasa algo Peter?
—¿A mí? Nada de nada.
—¿Seguro? —preguntó Steve, cruzándose de brazos y observándole detenidamente de arriba a abajo.
Ante el escrutinio, Peter hizo el esfuerzo de mantenerse inmóvil, pero apenas duró un segundo antes de volver a moverse inquieto.
—La verdad es que iba en busca de Bruce, hay cosas que tenemos que hablar y no podré hacerlo hoy si no lo encuentro ahora.
—¿Bruce? ¿Te refieres a Banner, el de mi clase?
—El mismo, fue mi compañero en el proyecto de ciencias del club y…
—Fue con el que fuiste a la convención, ¿no? Y no te he preguntado, ¿qué tal te fue?
Era evidente que ese era un tema que a Peter le entusiasmaba porque abrió aún más los ojos e impulsivamente dio un paso adelante, acercándose a Steve.
—¡Sí, fuimos juntos! ¡Y fue una completa pasada! Tendrías que haberlo visto Cap, sabía que la expo era impresionante, pero aquello es, es, ¡es simplemente WOW!
Steve rió, encontrando imposible no dejarse arrastrar por el entusiasmo de Peter. Era una clase de encanto en particular que el chico tenía, capaz de agradar a todo el mundo y de envolverlos en un ambiente entusiasta y ameno.
—Por lo que pude ver por la tele, parecía realmente increíble.
Siendo sincero, era impresionante que dos alumnos de instituto hubieran logrado participar. Según escuchó de Peter, el comisionado que ponía en marcha el evento convocó un concurso escolar para seleccionar el proyecto más interesante y darles un galardón, pero en las bases no estaba presente que contarían con un stand. Sin embargo, la iniciativa les había interesado tanto que les habían cedido un espacio.
—Es más que eso, ¡esa gente es increíble! Si antes pensaba que en la ciencia estaba lo mío, ahora está más que claro. Aun no sé exactamente en qué, pero es realmente apasionante todo.
—Si el año que viene los de segundo organizan los tradicionales viajes a Disney World o al campamento de la NASA, ya sabemos a cuál te vas a apuntar.
—Bueno… —refunfuñó Peter, mordiéndose el labio inferior levemente—. A un científico puede gustarle montarse en DINOSAUR.
Steve rió de nuevo y le palmeó gentilmente el hombro.
—Te espera un buen conflicto interno el año que viene entonces.
—¿Tú cuál elegiste?
—Fue al campamento de la NASA.
—¿Y qué tal estuvo?
—Fue bastante bien, conocí a gente interesante y me puse a prueba a mí mismo en muchos aspectos.
—¿Hicieron el experimento de gravedad cero?
Peter lo miraba con los ojos muy abiertos y Steve temió que en cualquier momento, entre la emoción de antes y el interés de ahora, empezara a hiperventilar. Steve, en respuesta, asintió.
Peter no dijo nada, pero cerró las manos en puños y se las llevó a los labios, emitiendo un pequeño grito que por fortuna solo escuchó Steve ya que no había nadie en el pasillo, todos habían ido ya al exterior y al comedor.
—Un plan de viaje acaba de ganar puntos —comentó Steve, riendo—. Pero no has terminado de contarme, ¿cómo fue la convención? ¿Fue bien recibido vuestro proyecto?
—¡Oh, sí! Bueno, mucha gente pasaba de largo porque, aunque habíamos ganado el certamen, nuestro stand no era tan espectacular como el de mucha gente de por allí, ¡es que tendrías que haberlos visto! Pero no importa, porque quien se acercó a hablar con nosotros merecía más la pena que la mirada curiosa de cualquier persona de por allí.
—Sospecho que ahora me vas a soltar un nombre que debería conocer y para mi vergüenza no lo hago.
—Claro que lo conoces, ¡fue Tony Stark!
Steve abrió mucho los ojos y cortó silenciosamente su respiración. La sensación de mareo se intensificó.
—Cada vez que aparece por la tele parece una estrella del rock, pero es más amable de lo que parece, ¡tendrías que haberlo visto! ¡Y se interesó mucho por nuestro proyecto! ¡Tanto que…! Oh, mierda, se me ha ido el tiempo volando, ¡tengo que encontrar a Bruce! ¡Nos vemos en el entrenamiento de esta tarde!
Peter se echó a correr directo al club de ciencias. Steve estaba congelado en su sitio y no fue consciente de que la sonrisa había desaparecido de sus labios.
Lunes, 28 de octubre de 2019
¡Hola a todos, lindas flores!
Me encanta que sea Peter, con su cara de angelito, el que suelte finalmente la bomba. Soy muy mala por divertirme con esto, ¿verdad? Pero, más allá de esto, tenía muchas ganas de enseñarles una conversación entre estos dos. Por cosas de la trama no había oportunidad de mostrarla antes, pero mi corazoncito está feliz por ahora.
Juvia Agreste, estoy un poco ausente, pero no desaparecida jajajajaja
ambu780, el truco para que el drama salga sabroso es cocinarlo a fuego lento ;3
Alessandra Von Grey, pues ya ves, los terremotos ya están aquí jajajajaja
Azul Ackerman, ¡gracias!
Pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!
