Capítulo 9

Steve estaba acostumbrado a estar solo. Sí, era verdad que pasaba muchísimo tiempo con Bucky, pero también se las había visto con una casa vacía en más de una ocasión. En realidad no era algo que le molestara. Disfrutaba lo que podía ofrecerle la soledad. Era imposible sentarse a ver una película con Bucky al lado, nada más tenía que recordar el show de risas en el que logró convertir un drama como El Piano. No obstante, había momentos en los que la soledad podía ser una pesadilla. En ocasiones así tenía dos opciones: dibujar o lanzar canastas.

Escuchando el suave susurro de la lluvia de fondo, se había sentado frente a su escritorio y se había enfrentado a una hoja de papel en blanco. Había puesto música, cogido sus lápices, y pintado suavemente el papel con el carbón con el objetivo de vaciar su mente de pensamientos. Cuando una profunda mirada apareció entonces en el papel, una que le era tan familiar como desconocida, pasó la página del cuaderno y volvió a empezar. Volvió a pasar. Y otra vez, y otra.

Steve había soltado el lápiz, frustrado. Se llevó las manos al rostro en un gesto abatido, sin importarle mancharse en el proceso.

—Esto no puede ser sano —había dicho, repentinamente agotado.

Había apartado las manos de su rostro y ahí estaba: Tony luciendo igual que en la inauguración de la convención. Sin embargo, en su dibujo Tony no llevaba las gafas. Steve se había dejado llevar por los recuerdos y había pintado la mirada altanera, inteligente y secretamente amable que él recordaba. Ya no sabía si había algún rastro de aquel niño en el adolescente que había visto en televisión.

Frustrado como estaba por encontrar en el dibujo un laberinto sin salida, Steve acabó lanzando canastas en la pista pública de baloncesto que tenían en el barrio, cerca de casa.

La lluvia, pese a que estaba formada por pequeñas gotas tan finas que siquiera hacían ruido al chocar contra los techos metálicos de los coches a su alrededor, era lo suficientemente constante para tenerle empapado, sin importar que llevaba una sudadera impermeable con capucha.

La pelota de baloncesto le humedecía las manos y le congelaba los dedos haciendo que los músculos le protestaran entumecidos cada vez que hacía botar el balón antes de lanzarlo hacia la canasta.

Estaba cansado y molesto consigo mismo. Los pensamientos que rondaban su cabeza lo estaban atormentando, sabiendo lo extraños que eran. Estaba bien que recordara con cariño, pese a lo mal que acabó todo, su amistad con Tony. Fue su primer amor al fin y al cabo. No era malo tener esos recuerdos guardados en un rincón privilegiado, protegido, de su corazón. Eso había pensado hasta que tuvo constancia de que Tony estaba en la ciudad y preguntas inquietas empezaron a acosarlo cada vez que dejaba su mente deambular. ¿Y si buscaba la manera de encontrarse con él?

Aquello era una idiotez. Steve podía ser valiente, pero no estúpido y desde que vio esa noticia en el telediario supo que no podría evadir las fronteras que había entre Tony y él sin romper muchas normas. Era una estupidez, una idiotez completa y absolutamente. Así que, aunque los "¿y si…?" seguían torturándole entre susurros, había logrado centrarse en otras cosas y seguir con su rutina.

Entonces había aparecido Peter con su enorme sonrisa, como si fuera un inocente querubín, a presentarle una vía mucho más realista, más próxima, para encontrarse con Tony. Ahora con Peter de por medio no era un plan tan disparatado, no tendría que colarse en ningún lugar para lograr encontrarse con él. Ahora tener esa vía le hacía sentirse aún peor. No quería aprovecharse de la bondad de Peter, mucho menos si eso podía poner en riesgo su futuro. No necesitaba ser consciente de hasta qué punto Tony era un genio para saber que, para alguien con las metas de Peter, tenía que ser un sueño trabajar en un proyecto con él. No podía siquiera con la idea de volverse la razón de que las esperanzas de Peter se esfumaran.

¿Y si Tony no lo recordaba? ¿Y si lo hacía, pero no quería? ¿Si le despertaba memorias espantosas? Quizás le achacaba la pesadilla que habían vivido…

Lanzó, fallando completamente el tiro. La pelota chocó contra el tablero metálico de la canasta y rebotó en la otra punta de la pista.

—Ese ha sido un tiro de mierda.

Steve giró rápidamente el rostro, encontrándose con Bucky. Lo miraba expectante. Tenía las manos escondidas en los bolsillos de su abrigo impermeable, con los hombros hundidos, dándole una apariencia desganada.

—¿Qué haces aquí, Buck?

Al ver que Steve no se movía del sitio, Bucky caminó lentamente hacia él.

—No contestabas al teléfono, así que eso solo podía significar una cosa… —respondió Bucky, encogiéndose de hombros—. Has elegido un día de mierda para estar triste.

—Armonizo con el ambiente.

—Debería sacarte una foto con el #DramaQueen.

—Lo dice el que le estuvo llorando el hombro a mi madre sobre sus penas de amores.

—Pero yo lo asumo, no como otros que están empeñados en guardar sus sentimientos como si estuvieran en un congelador.

Steve suspiró y fue a buscar la pelota. Aprovechó los apenas treinta segundos que necesito para recogerla en tratar de serenarse. No estaba seguro hasta que punto eso era algo bueno ni cuánto podría resistir si Bucky seguía preguntándole sobre el tema.

—¿Qué te dijo el médico, Buck?

Bucky se encogió de hombros. Aunque estaba sonriendo, su expresión era tan triste que habría sido menos doloroso para Steve verle llorar.

—Lo que ya sabíamos todos.

—Que te dijo exactamente.

—Que es una operación cara, muy cara, al menos para mi familia. 25.102$, Steve.

—Mierda, Buck… —Steve rara vez decía palabrotas, pero aquella le salió del alma.

—Lo sé, ¡lo sé! Es una mierda monumental.

—¿Pero no te habían dicho que sería alrededor de 10.000$?

—Lo que tiene que te atienda un especialista, que ve cosas que el médico de cabecera no vio. Además no solo hay que pagar la reconstrucción del ligamento, es que también está el cirujano, el centro, la anestesia, el injerto…

—¿Y qué pasa con el seguro? Con los datos del especialista, ¿no habéis conseguido que den el brazo a torcer?

—Apenas. Antes no nos daban nada, porque según las claúsulas nuestro seguro familiar no cubría algo así. Fue gracias a que mi tía Ida nos echó una mano y nos acompañó que pudimos ver una cláusula en la que nos cubría el 35%, pero aún así, siguen siendo más de 17.000$, ¿cómo vamos a costear algo así?

—¿No ha habido suerte con el instituto?

—Claro que no —Bucky rió amargamente—. Ya sabes cómo van estas lesiones, muchas veces no te das cuenta hasta mucho después de que ocurren. Tú y yo sabíamos que tenía la rodilla mal, pero… Como no hay pruebas de que la rotura se produjera en los terrenos del instituto el seguro escolar no me cubre, así que, ¿qué puedo hacer? ¿¡Cómo pagar algo así si mis padres estaban rezando que me dieran una beca deportiva para que pudiera ir a la universidad!?

Bucky había comenzado a hiperventilar así que Steve se acercó a él y lo abrazó con fuerza.

Steve parecía saber siempre qué decir, pero en ese momento tenía la boca seca y le ardían los ojos.

Torpemente, Bucky aceptó el abrazo. Steve pudo escuchar el grave sollozo junto a su oído. Llevó su mano a la nuca cubierta de Bucky y lo inclinó, haciéndole apoyarse sobre su hombro.

—Encontraremos la forma, te lo prometo.

—Tu chaqueta me está mojando la cara —gruñó Bucky, sorbiéndose la nariz—. Es frío.

Pero Bucky no se apartó y se quedó llorando silenciosamente junto a él un buen rato, el suficiente hasta que logró tranquilizarse. Steve supo que estaba mejor desde el momento en que se separaron y lo miró a la cara. Había recuperado un poco esa tonta sonrisa que siempre estaba cosida a su cara. Aún había vestigios de tristeza en los enrojecidos ojos de Bucky, pero Steve sabía que aquello no desaparecería del todo hasta que encontraran una solución.

—Te prometo que encontraremos la forma. No me importa si tengo que vestirme como nuestra mascota y bailar en medio del campus para conseguirlo, encontraremos la manera.

Bucky rió.

—Tendrías mucho más éxito con el uniforme de una de las animadoras. Esas falditas te quedarían de muerte.

—Tengo unas piernas espectaculares, lo sé.

—Vaya, vaya, no te conocía esa faceta y tenemos bastante camino andado.

—Pues ten cuidado, no vaya a ser que te asustes.

Bucky recogió el balón del suelo y se lo lanzó. Steve lo recogió riendo.

Aunque aún había un peso sobre ellos en medio a aquel aire húmedo, la lluvia, en lugar de ser funesta y tétrica, se convirtió en algo liberador. Allí, uno al lado del otro, compitiendo en lanzamientos de canastas fijos en el sitio, dejaron que por un rato las penas fluyeran lejos de ellos por el mismo camino que el agua bajo sus pies.

Miércoles, 6 de noviembre de 2019


¡Hola a todos, lindas flores!

Bueno, he estado de viaje, así que el capítulo de esta semana llega un miércoles en lugar de un lunes. Mejor eso que esperar hasta la semana que viene, ¿no? Hoy el tiempo aquí está bastante feo, llueve y el cielo está gris. Parece que el clima armoniza con el capítulo de hoy, me pone un poco melancólica. Es una conversación difícil y se me ha fragmentado un poco el corazón al escribirla.

ambu780, nah, quizás sofocarte un poco, pero quiero que aguantes hasta el final jajajajajajaja

Juvia Agreste, #lafickermalvada está aquí para servirte con los mejores melodramas romanticursis jajajaja

Alessandra Von Grey, Peter es un amor, es que no puedo decir otra cosa. Respecto al reencuentro, bueno, me lo guardo de momento jajajaja. ¡Y muchas gracias por palabras tan bonitas! Le estoy dedicando mucho cariño a la historia y me alegra saber que llega a quien la lee.

Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!