Capítulo 10
Pienso en ti casi todos los días, sí
Tony
—Menudo aburrimiento —murmuró Tony malhumorado, haciendo un recorrido por su lista de Netflix sin encontrar nada que le apeteciera.
Estaba repantigado en el sofá, con un de los pies apoyado sobre la mesa de café. Su maleta esperaba junto a él, ya debidamente cerrada aunque el desastre en su interior esperaba explotar desde el momento en que alguien tirara de la cremallera. Jarvis iba a matarlo cuando la viera.
El ascensor timbró y las puertas metálicas se abrieron. Tony no pudo, ni intentó, disimular la alegría que le dio ver nuevamente a Jarvis con su expresión solemne y su aspecto impecable.
—Buenos días, señorito Tony —lo llamó, adentrándose en el penthouse—. Todo está listo para que nos vayamos.
—Yo también me alegro de verte, J. —saludó Tony con una risa suave, tomando la maleta en su mano antes de que Jarvis pudiera acercarse lo suficiente para cogerla él. Le divirtió la forma en que Jarvis frunció el ceño ante su gesto, pero habló antes de que pudiera decir nada—. ¿Está todo listo en la mansión?
—Desde el momento en que nos notificó que iba a extender su estancia en Nueva York, se contrató a un equipo para que pusiera la mansión a punto.
—¿Y cumple tus estándares? —preguntó Tony con diversión. Si fuera por él, podía vivir en la maraña de cables y piezas que tenía por laboratorio en Malibú. Jarvis era el único que conseguía arrastrarlo de vuelta a la impoluta perfección que mantenía en el resto de la casa—. Apuesto a que lo revisaste antes de venir y hiciste un repaso de un montón de cosas que no te gustó como dejaron.
—Podría decirse que dejaron detalles por pulir.
Tony se carcajeó y caminó hacia el ascensor con Jarvis al lado. El mayordomo miraba sutilmente la maleta, así que Tony la cambió de mano, alejándola todo lo posible de él. Jarvis hizo un sutil, pero malhumorado mohín al darse cuenta de que le había leído el pensamiento. Tony rió entre dientes.
—Acabo de recordar, J., voy a necesitar ir de compras, tendrás que echarme un cable.
—Lo prepararé todo en cuanto lo ordene, señorito Tony.
Entraron al ascensor y las puertas se cerraron. Hora de regresar a casa.
Llegar a la Mansión Stark le produjo a Tony sentimientos, cuánto mínimo, agridulces. Así que hizo lo que estaba acostumbrado a hacer en esas situaciones. Encerrar sus sentimientos en una caja, lanzarlos a algún lugar perdido de su mente y centrarse en otras cosas. Por eso, nada más dejar el taxi y entrar tras las puertas de roble, permitió que Jarvis se llevara la maleta a la lavandería que estaba junto a la cocina y fue rápidamente hacia el único lugar que tenía su directa atención, la única razón por la que se había mudado de nuevo a esa casa: el taller. Al igual que el de su casa en Malibú, y el pequeño apuro de estudio que tenían en su casa en Virginia, las llaves no las tenía ningún miembro del servicio que no fuera Jarvis, así que el equipo de limpieza no podía haber entrado allí.
La puerta rechinó ligeramente al abrirla y le recibió un tenue aroma a cerrado y a papeles viejos. Esperaba que la peste a cerrado fuera mucho peor, pero sospechó que las veces que su padre se quedaba en Nueva York por trabajo había pasado algún que otro rato allí.
Encendió la luz de la habitación y se encontró con mesas atiborradas de planos, piezas sueltas, prototipos amontonados en un rincón y varias maquetas atadas a cordones y colgadas del techo. Definitivamente Tony no había heredado el don del desorden de su madre.
Había una mesa que, aunque no estaba ordenada, tenía un caos un poco más lógico que las demás. Se acercó, contemplando los planos. Era el prototipo de un misil que su padre había diseñado y presentado a la junta de Industrias Stark hacía apenas cuatro meses. Tony arrugó el entrecejo, molesto.
—Este lugar realmente va a necesitar una reforma.
Puestos a ser retorcidos o tontamente positivos, lo único bueno que Steve pudo encontrar de toda la situación con Bucky es que le había devuelto la cordura suficiente para permitirle enfocarse en lo importante.
La llegada de Tony a Nueva York había logrado sacudir los pilares de la vida de Steve. Realmente no era tan sorprendente. Era imposible negar que la existencia de Tony había sido clave en su vida. El collar que pendía de su cuello era buena prueba de ello.
No era solo el increíble cariño que le tenía, era que lo que había vivido a su lado le había dado el ferviente deseo de convertirse en una buena persona, en alguien que no dejaría que ningún abusón hiciera daño en su presencia, en alguien interesado en convertir el mundo en un lugar mejor. Todos esos recuerdos y emociones habían detonado inesperadamente y de la peor forma posible, pero ya no más. No quería manchar esos recuerdos con sentimientos tan turbios. Él, junto a su madre y Bucky, le habían ayudado directa e indirectamente a convertirse en quien era.
Tuvo la firme convicción de dejar que ese deseo avaricioso se fuera completamente de su mente cuando, al salir de la clase de química, compartió una despedida vaga con Bruce, quien iba a quedarse en el aula para seguir con el club de ciencias. Bruce era un beta amable, muy calmado, siempre dispuesto a escuchar a todo el mundo y a ser una mano amiga incluso de aquellos que jamás habían cruzado palabra con él. Nunca había hablado en profundidad de sus aspiraciones, pero era obvio que deseaba ser un científico de portento, amaba la ciencia y tenía las cualidades para ello. No era solo la carrera de Peter la que podía poner en riesgos siguiendo sus deseos egoístas.
Steve caminó hacia su taquilla y la abrió en un gesto mecánico. Dejó las cosas en su interior y, al cerrarla, se encontró con Peggy caminando hacia él.
—¿De camino al gimnasio? —preguntó Peggy a modo de saludo.
—Justamente.
—Vamos juntos entonces —dijo Peggy, comenzando a andar.
La beta cargaba una pequeña bolsa de deporte, al igual que él. Pese a que como manager no entrenaba con ellos, se mantenía todo el rato moviéndose de un lado para otro de la pista ayudándoles en todo lo necesario, incluso corría con ellos cuando les tocaba práctica en el exterior.
—Bucky me lo ha contado —comentó Peggy—. Tenemos que hacer algo.
—He estado pensando en formas de solucionarlo, quizás organizar algún partido benéfico o algo así.
—Steve, sois bastante buenos, pero estamos hablando de bastante dinero. No sé si con un partido conseguiríamos semejante suma. ¿Quizás una liga?
—No nos daría tiempo. Tenemos que intentar que Bucky esté en forma y participando en partidos antes de que acabe el curso para que tenga posibilidades de conseguir una beca.
—¿Una fiesta entonces? No creo que nos nieguen el gimnasio, sé que el entrenador se siente culpable y hay varios profesores que también les da pena todo lo que está pasando.
—Es lo mismo que tú decías antes, ¿a cuánto cobraríamos la entrada para poder llegar a la meta? No vendría nadie. Como idea es interesante, pero no suficiente.
—Es que es una cantidad de dinero tan grande que no creo que logremos nada con una acción aislada.
—¿Quieres que hagamos campaña, como las candidatas a reinas de belleza?
—Ya me han dicho que te has ofrecido para vestir de animadora. Recaudarías mucho dinero —apuntó Peggy, guiñándole un ojo—. Y tienes unas piernas bastante fantásticas para lucir esas falditas.
—Eso mismo le dije a Bucky—rió Steve.
Atravesaron las puertas del gimnasio, encontrándose con todos ya en la pista vistiendo el uniforme deportivo.
—¡Ahí están los tardones! —gritó Bucky desde el banquillo, llamando la atención de los demás.
—Quizás nos retrasamos un poco hablando —le susurró Peggy.
Steve se encogió de hombros.
—Era importante —le contesto Steve, siendo escuchado por algunos de los jugadores—. Venga, ¡todo el mundo al centro de la pista! ¡Tenemos un asunto que hablar!
Bucky, sabiendo ya cuál era el tema en cuestión, soltó un suspiro desganado antes de levantarse e ir con sus compañeros. Todos se reunieron en el centro, formando un círculo bastante deforme.
—¿Qué ocurre, Cap? —preguntó Peter. Ya tenía el pelo pegado a la frente por el sudor y las mejillas enrojecidas. Siempre que Peter estaba en la pista era igual.
—Todos sabéis de la situación de Buck —presentó Steve, recibiendo varios asentimientos—. Finalmente le han dado el presupuesto de la operación y…
—En resumen —le cortó Bucky—, en mi familia no podemos pagarlo porque es una burrada, así que es hora de darme por jubilado del equipo.
—¡¿Qué?! —protestó Peter junto a varios miembros del equipo, todos mirándole con un popurrí de expresiones que iban desde el hastío hasta la confusión.
—Tranquilo arañita, seguiré viniendo a verte a los partidos.
—Nada de eso —lo cortó Steve—, lo que iba a decir es que vamos a buscar una solución entre todos.
—Siempre hay una manera —añadió Peggy—, encontraremos una a tiempo.
—Chicos, de verdad, es difícil, pero lo hablé con mi familia y…
—Estás huyendo —lo atacó Natasha. Le estaba lanzando una mirada tan gélida que bien podía convertir a Bucky en un bloque de hielo de un momento a otro.
—No estoy huyendo —contraatacó Bucky, dando un paso adelante.
—Sí, sí lo haces —añadió Nat, feroz, imitando el movimiento—. Estás tirando la toalla antes de intentarlo siquiera.
—¿Y qué mierda quieres que intente, Nat? Es una operación de 25.000$, ¿me explicas cómo mierda vamos a salir con eso adelante?
—Encontraremos la forma —afirmó Nat sin un deje de duda en su voz—siempre lo hacemos.
Bucky la miró con duda y luego cruzó una fugaz mirada con Steve. Él los observaba con una sonrisa confiada.
—¡No estás solo en esto! —exclamó Peter, saltando sobre Bucky y dándole un abrazo.
Todos rieron ante el efusivo gesto y Natasha, que no era nada dada a las muestras de cariño, lo imitó. No tardaron en seguirle Steve, Peggy, Sam… Y poco a poco todo el equipo formó una calurosa y emocionada nube de afecto que por poco asfixia a Bucky.
—¡Tiempo muerto, tiempo muerto! —exclamó Bucky—. ¡Necesito respirar! ¡Espacio!
Entre risas, todos empezaron a alejarse. Steve fue el único que se quedó junto a Bucky. Le dio una palmada en la espalda, dando un paso para atrás y se dirigió a los demás.
—Peggy y yo hemos estado valorando ideas, como un partido benéfico o una fiesta, pero no creemos que la idea funcione. No para el dinero que necesitamos. ¿Alguien tiene alguna idea?
—¿Y si abrimos un KickStarter? —sugirió Peter rápidamente.
—¿Un qué? —preguntó Steve, frunciendo el ceño.
—Es una web para recaudar fondos. Tú estableces cuánto dinero necesitas y una fecha para recaudarlo. Si para la fecha acordada consigues el dinero, ¡perfecto! Si no, todo vuelve a los donantes.
—Sé cuál es —apuntó Sam—. Mi videojuego favorito salió a partir de ahí. Puedes poner distintos premios o membresías según lo que done la gente, para animar el ambiente, vaya.
—Quizás se pueda aprovechar lo del partido benéfico con eso —añadió Peggy.
Fue en ese momento en que Steve se dio cuenta de que Peggy estaba tomando notas.
—O podemos hacer actividades de todo tipo para animar a la gente a sumarse a la campaña y donar —sugirió Peter.
—¿Cómo que el capitán de baloncesto se vista de animadora? —bromeó Bucky, clavándole el codo a Steve en las costillas.
—Tienes una fijación, ¿eh? —preguntó Steve.
—Yo pagaría por eso —dijo Nat con seguridad.
Steve la miró con cierta sorpresa ante lo que Nat se encogió de hombros, riendo.
—Me estoy llevando muchas sorpresas con este tema —admitió Steve—, ¿alguno más tiene esa fantasía o qué?
Al ver como varios levantaban las manos Steve no pudo sino reírse.
—Que se puede decir, Stevie —comenzó Bucky, rodeando el cuello de Steve con su brazo—, son tus piernas, que suscitan toda clase de fantasías.
—Y su culo —apuntó Natasha.
—Amén a eso —contestó Peggy, aún tomando notas.
—Me voy a arrepentir de querer ayudarte, ¿a que sí? —le susurró Steve a Bucky, obviando las risas de los demás.
—Claro que no, si eres un chico de corazón de oro. Cuando me veas de nuevo en la pista se te quitará cualquier pena.
Steve finalmente vio que la pena que llevaba Bucky parecía irse de verdad, que volvía a confiar, a pensar en volver a jugar.
—Sí, lo valdrá.
Lunes, 11 de noviembre de 2019
¡Hola a todos, lindas flores!
Pues aquí está, un lunes más, la actualización de la semana. Las cosas van encajando, poco a poco, vamos conociendo a los personajes y a los locos que tenemos aquí desperdigados jajajajajaja.
Juvia Agreste, pillaste la referencia, good job! :3
Kagome-Black, me ha parecido importante mostrar así la amistad entre ellos dos, me parece una relación realmente bonita y perdura con el tiempo.
ambu780, jajajajajajaja, ¡muchas gracias! x3
Alessandra Von Grey, ¡muchas gracias! Créeme, no fue un capítulo emotivo solo para los lectores, a mí me dejó el corazoncito hecho papilla. Pero bueno, merece la pena para lo que se avecina.
En fin, con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!
