Capítulo 11


Quizás llegue el día en que podamos volver a aquel lugar

Tony


Tony suspiró al precintar una caja más. La cargó con desgana, maldiciendo cómo una pila de papeles podía pesar tanto. La abandonó con las demás en una torpe montaña que había armado en un rincón del taller. Tony se rascó la nuca, sabiendo que no podía dejarlas allí. Tendría que buscar la forma de llevarlas todas al ático.

Había decidido guardar todos los archivos que, con suerte, servían para almacenar polvo, al igual que las maquetas que antes colgaban del techo. Tony no quería un misil sobre su cabeza, ni siquiera uno de cartón.

Se dio la vuelta, observando cómo había quedado la habitación después de lo que su padre denominaría una "purga vengativa". Ya no había papeles, ficheros ni trastos que estorbaran. Lo único que quedaba era el polvo. Podía ver dónde había estado cada cosa gracias a las siluetas que formaba el polvo alrededor. El taller lucía enorme y por primera vez no había nada entorpeciendo las ventanas, dándole a la habitación una sensación cálida.

El toque en la puerta le recordó que tenía que cambiar el sistema de acceso al laboratorio.

—Adelante —indicó Tony.

Como era obvio, Jarvis abrió la puerta, no obstante no se esperaba a la persona que estaba detrás.

—Así que aquí estabas escondido —dijo ella al entrar.

—La señorita Potts ha venido de visita, señorito Tony —dijo Jarvis a la vez.

—Sabes que me puedes llamar Pepper, o Virginia al menos, Jarvis —pidió Pepper con una sonrisa educada antes de acercarse a Tony—. Y no sé de qué me sorprende que tú estés metido en un taller.

—Les dejaré solos para que se pongan al día —anunció Jarvis, regresando a la puerta—. Llámenme si necesitan cualquier cosa.

—Gracias Jarvis —dijo Pepper.

—Luego hablamos, J. —contestó Tony a la vez.

La puerta se cerró tras el mayordomo y fue entonces que la mujer frente a él relajó la postura, mirándole con curiosidad. Tony se sintió igual que si lo analizaran con un escáner de última tecnología, sin ningún secreto escondido. Desde que la conocía, siempre había sido así.

Pepper tenía la extraña habilidad de saber sus intenciones y sus planes más locos con apenas un vistazo desde que se conocieron en Malibú. Todo había empezado con la visita de las Potts a su recién inaugurada casa y de alguna forma había acabado volviéndose una amistad férrea, sin importar que él fuera cuatro años más joven que ella.

—¿Qué haces aquí, Pepper? —preguntó Tony con una sonrisa, sentándose en una de los taburetes del taller. Al sentir como su peso se hundía, ligeramente vacilante, apuntó que eso también tendría que cambiarlo—. ¿No deberías estar en la uni?

—Tenía hora libre y aproveché para ver si era verdad eso de que piensas quedarte en la ciudad.

—¿Qué te puedo decir? Aquí me tienes.

—Sí, efectivamente te tengo. ¿No me dejaste visitarte durante la convención porque estabas muy apurado y no me comentas que piensas quedarte?

—Pensaba decírtelo.

—¿Tú o Jarvis? Ni eso, es que ha sido tu madre la que se lo ha dicho a la mía. Hoy me ha llamado por teléfono, preguntándome cómo estabas, y yo sin poder decir nada porque no tenía ni idea.

Ahí estaba, ese surco entre las cejas que Pepper solo ponía cuando estaba realmente enfadada. Ella, que siempre era de maneras tranquilas y muy analítica, lo usaba con relativa frecuencia cada vez que Tony estaba en el ajo. Pepper suspiró con pesadez y Tony se sintió culpable. No era un secreto para nadie lo protectora que era Pepper con él. Lo había sido desde que se sentó a su lado en aquella ruidosa fiesta de inauguración, con su vestido blanco inmaculado y su cabello pelirrojo recogido en un peinado retro compuesto por una espesa trenza que se enrollaba en su nuca.

Tony jamás le había preguntado qué había visto en él aquel día para actuar así, pero jamás olvidaría lo reconfortado que se sintió al sentir su mano en torno a la suya en tu toque cálido y reconfortante. En una época en la que los extraños le habían atemorizado más de lo que querría admitir, la mirada calmada de aquella beta de ojos azules había sido un auténtico refugio.

Tony inspiró hondo y tomó la mano de Pepper, tirando gentilmente de ella.

—Lo siento —se disculpó Tony—. No pensé que te preocuparías tanto, en serio.

Pepper lo observó con los ojos entrecerrados, como si no terminara de creerlo, pero al final suspiró pesadamente y se llevó la mano a la frente, esperando que el molesto dolor de cabeza desapareciera. Finalmente, se sentó en el taburete que estaba junto a Tony y le apretó un momento la mano antes de soltarle.

—Avísame la próxima vez.

—Sí, sí, palabrita de scout.

—Tony…

—Pepper, te lo prometo, no te daré un susto así de nuevo.

—Ya me gustaría a mí hacerme esas ilusiones.

Tony rió, aunque la broma era a sus expensas, y Pepper terminó relajando el rostro y mostrando una sonrisa tranquila.

—En fin, ¿qué tal el regreso a la Gran Manzana?

—Un tedio, como era de esperar. Estar encerrado es un dolor.

—¿Y con trasladarte a la mansión? ¿Cómo te sientes?

Tony clavó la mirada en sus zapatos. Estaba toqueteando inquietamente la base metálica del taburete y los cordones oscilaban con el movimiento.

—Bien, creo que estoy bien.

—¿Estás seguro? ¿Cómo te sentiste al entrar en tu cuarto?

—No he ido aún.

—¿Y piensas usarlo?

—La cama es demasiado pequeña, así que voy a usar el dormitorio principal.

Pepper tenía de nuevo esa mirada penetrante que parecía capaz de sonsacarle hasta el último pensamiento, así que Tony prefirió cortarlo por lo sano.

—Mira, estoy bien, en serio. No es que lo esté evitando, es que no he tenido tiempo. La razón por la que me he mudado a esta casa es por el taller, es lo que necesito poner a punto lo antes posible y es algo que Jarvis no puede hacer.

—De acuerdo, si tú lo dices —contestó Pepper que no terminaba de creerle del todo—. ¿Y me puedes decir qué proyecto ultrasecreto te tiene tan trastornado como para mudarte aquí?

Sintiendo que finalmente Pepper iba a darle un respiro, le habló de cómo había sido la convención y todo lo que había visto y oído allí. Le habló de Bruce, de Peter y del proyecto.

—Así que alumnos de instituto, ¿eh? Es un poco divertido de imaginar, sobre todo la reacción de tu padre.

—¡Lo sé!, tendrías que haberlo escuchado —Tony se rió entre dientes—. Tanto esfuerzo porque me rodeara de gente "a mi nivel" y he acabado interesándome en el proyecto de dos adolescentes.

—Tu madre debe de haberse alegrado. Siempre se ha sentido mal por no dejarte estar con gente de tu edad.

—Salvo tú.

—Salvo yo —confirmó Pepper riendo—. Quizás sea bueno para ti estar en contacto con esos chicos. Quién sabe, quizás hasta puedas buscar a ese chico del que me hablaste, el que te ayudó. ¿Cómo era qué…?

—No voy a ir a molestar a ese chico, Peps —dijo Tony, frunciendo el ceño—. Si yo lo pasé mal, ¿quién sabe la clase de recuerdos que tiene él de aquello? No voy a ir a refrescarle la memoria.

—Pero Tony…

—Pero sí es momento de poner ciertas cosas en marcha —la cortó Tony, sacando su teléfono del bolsillo trasero del pantalón.

La pantalla transparente no tardó en recuperar la forma recta y mostrarle el menú. En apenas unos segundos se pudo escuchar el timbrado de llamada.

—¿Diga?

—¿Bruce? ¿Bruce Banner? —preguntó Tony, tratando de obviar la atenta mirada de Pepper—. Soy Tony Stark.

—Oh, hola —respondió Bruce en voz queda. Había un deje de sorpresa en su voz que Tony no pasó por alto.

—¿Creías que no te iba a contactar? —preguntó divertido.

Pepper le golpeó la pierna con el dorso de la mano, amonestándole, pero Tony le hizo un gesto para que guardara silencio.

—Francamente… No.

—Bueno, algo que tienes que saber de mí es que siempre cumplo mis promesas. Y eso quiere decir que tenemos una conversación pendiente. ¿Estarían interesados en reunirnos?

—Sí —contestó Bruce, confundido—. Sí, sí, claro. ¿Cuándo le viene mejor?

—Trátame de tú, por favor —pidió Tony, riendo—. Ahora mismo estoy reformando el taller y me gustaría que la reunión se celebrara aquí para que también tuvieran una idea clara del entorno de trabajo. Y ustedes tienen clase, ¿puede que clubs también? Así que será mejor un fin de semana.

—Sería la opción más cómoda para nosotros, sí.

—Para este fin de semana no, entonces. ¿El siguiente fin de semana?

—Tengo que confirmarlo primero con Peter, no vaya a ser que tenga partido.

—¿Practica algún deporte?

—Si no descargara energías en otro lado, sería insoportable —susurró Bruce y parecía más un pensamiento dicho en voz alta que un comentario, pero Tony lo agradeció igual.

—Entonces envíame un mensaje si la fecha les parece bien a los dos, a este mismo número de teléfono.

Se despidieron y Tony colgó el teléfono. Pepper lo estaba esperando con una mueca divertida. Estaba relajada con el codo apoyado sobre la mesa y la mejilla sobre la palma de la mano. Sin embargo, Tony no pasó por alto que había limpiado el polvo de la mesa antes de apoyar el codo.

—Así que realmente lo vas a poner en marcha.

—Ahí vamos.

La sala se llenó con el sonido agudo de la alarma de Pepper. Sacó su móvil, disgustada, y se detuvo un momento a leer los mensajes.

—Tengo que irme, la hora libre está por terminar y el profesor que me toca ahora es una auténtica piraña.

—Eso solo quiere decir que podrás machacarlo sin sentir pena alguna.

Pepper rió y se puso en pie. Dio los primeros pasos hacia la puerta y Tony la imitó.

—No creas que tengo falta de ganas. Apenas unas clases y ya quiero que termine el semestre para no verlo más.

—Sabes que cualquier cosa, aquí me tienes. Ya sea para decirle cuatro cosas o para ponerle una bomba fétida en su despacho.

—No serviría, armonizaría con su olor —comentó Pepper arrugando la nariz antes de reír de nuevo—. Y Tony, también me tienes aquí por si necesitas cualquier cosa.

—Lo sé —aseguró tomando su mano—. Lo sé.

—Tony —lo llamó Pepper, apretando su mano antes de despedirse—, recuerda que huyendo no se consigue nada.

—Lo tendré en cuenta.

Pepper se marchó, dejando un taller impregnado de un delicado perfume floral y a Tony con más enredos en la cabeza de los que quería asumir.

Lunes, 18 de noviembre de 2019


¡Hola a todos, lindas flores!

¿Se pensaban que iba a escribir un fanfic de esta gente sin incluir a Pepper? .Broma. Y Rhodes también saldrá, no se preocupen. Aunque el padre de Tony es como es, me negaba completamente a privarle de amigos a Tony que rondaran su edad. Sí, Peps le saca cuatro años, pero en comparación con la gente con la que estudió en la universidad, pues... Y bueno, quería meter a Pepper porque es un amor de personaje, ya está jajajajaja.

ambu780, tú sabes que yo cocino las cosas a fuego lento, la impaciencia te va a perjudicar los riñones jajajajajajaja. Y sí, el momento animadora me hizo reír como una loca mientras escribía.

Juvia Agreste, #LasReferenciasSonVida

Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!