Capítulo 12


Siempre estoy a la caza por un poco más de tiempo

Steve


Peter lanzó a canasta y la pelota chocó con el aro, saliendo fuera. Peter se lamentó en voz alta en lo que casi pareció un aullido y los demás no pudieron evitar reírse. Clint ni siquiera disimuló y le robó el balón. Clint cometió falta corriendo por la pista sin soltar el balón, es más, lo mantenía entre sus dos brazos mientras corría, pero no es como si los reclamos de Peter importaran mucho allí.

En la pista pública que había cerca de la casa de Steve no había árbitro ni reglas, solo amigos haciendo el payaso. Y en eso, en palabras de Nat, Clint era perfecto.

Todos estaban allí viendo cómo Peter trataba de atrapar a Clint. Steve estaba sentado en el banco junto a Sam y Bucky. Era difícil conseguir que Bucky estuviera mucho tiempo sentado, pero llevaba toda la tarde con la rodilla inflamada y vendada así que no le quedaba otra. Steve habría preferido ir a un lugar que fuera menos tentativo para Bucky, pero él mismo se puso tozudo como una mula y no les quedó otro remedio.

La tranquilidad de Bucky en parte tenía que agradecérsela a Sam, que estaba sentado en medio de los dos. Le había conocido el primer día de clases del año anterior y, aunque habían tropezado en más de una ocasión, había terminado convirtiéndose en uno de sus amigos más cercanos. Era un beta terco, analítico y muy bromista una vez que lograbas que relajara ese semblante tan serio que llevaba a todos lados. Una pena que sus bromas no fueran muy buenas, pero siempre conseguía hacer reír a Bucky. Esos dos habían acabado desarrollando un humor propio del que Steve prefería huir, sobre todo porque la mitad de los chistes estaban hechos a su costa y, lo que era peor, eran tan malos que daban ganas de abuchearles.

De pie, junto a Bucky, estaba Nat. Ella había traído a Clint al grupo. Era su hermana mayor y era muy protectora con él. Quizás porque era la única alfa de la familia, aunque Steve apostaba que sería igual fuera beta u omega. El beta estaba en segundo año y participaba en el club de tiro con arco. Había participado en las últimas olimpiadas y ganado la medalla de plata en la categoría por equipos y la de oro en la individual. Cuando Nat les hizo una videollamada con la noticia fue la primera vez que Steve la vio llorar.

Por último estaba Thor. Estaba sacándoles fotos a los chicos con su cámara desde una esquina de la cancha. Francamente, Steve no podía recordar en qué momento había aparecido el bonachón alfa en su vida. Era como si siempre hubiera estado ahí pese a que lo había conocido apenas en clase de arte el primer año, la única clase que compartían. Tampoco estaban en el mismo club puesto que practicaba rugby. No era como si se quejara. Thor era una persona que se hacía querer allá donde fuera. Conquistaba a la gente con esa enorme sonrisa que llevaba a todas partes y con esa energía que parecía no terminar jamás. Era el único capaz de agotar a Peter en la cancha, que ya era decir. Por eso le extrañó la expresión taciturna de Thor. Se había mantenido toda la tarde en babia, algo que no sería tan raro si no fuera por esa mueca triste que tenía en la cara.

Steve se levantó del banco y se acercó a él. Estuvo a su lado rápidamente, pero se mantuvo en silencio al verle a punto de disparar. El mecanismo de la cámara chasqueó y entonces Thor dirigió su mirada hacia él.

—¿Qué carrete estás usando?

—Esta vez en blanco y negro, estoy probando un poco —contestó Thor.

A él le encantaban sus fotos. Tenían una cierta inocencia difícil de describir, no sabía si su elección de lo analógico por encima del digital tenía algo que ver, quizás un poco. Era la forma en que Thor veía el mundo, suponía Steve. Un lugar bello, lleno de pequeñas oportunidades.

Thor alzó la cámara y lo enfocó a él. Solía tener esos arranques repentinos con bastante frecuencia. A veces se pasaba horas buscando LA FOTO y otras simplemente se convertía en alguien de gatillo fácil.

Steve suspiró, pero se mantuvo inmóvil. Él odiaba ser fotografiado, huía inconscientemente de la cámara, pero se sorprendió mirando con cariño hacia delante con Thor plantado frente a él, escudriñándole con la cámara. Era una sensación de calma extraña. El obturador chasqueó y Thor bajó la cámara, mirándole con una pequeña sonrisa que alcanzó sus ojos.

—Primera vez que no huyes.

—Hoy no me pareció necesario —rió Steve suavemente.

—¿Eso quiere decir que si mañana intento sacarte otra foto saldrás corriendo?

—Es posible —la sonrisa de Steve se amplió—, pero al menos te conseguiré un sustituto.

—Estoy seguro que podré convencerte una vez veas lo que acabo de sacar.

—Tendré que esperar al revelado, supongo.

Thor asintió y los dos volvieron la vista a la cancha donde Sam se había sumado al juego. Por el rabillo del ojo pudo ver que Nat había ocupado el asiento de Sam. Vaya con el celestino, pensó Steve resistiendo la sonrisa que intentaba invadir sus labios.

A su lado Thor suspiró, logrando que Steve regresara su atención a él. Le estaba poniendo el bloqueo de seguridad a la cámara y volvía a tener esa mirada melancólica.

—Thor, sabes que puedes hablarme de cualquier cosa, ¿verdad? —preguntó Steve sin saber cómo romper el hielo.

Thor lo miró durante un momento y soltó un suspiro aún más cansado que el anterior.

—Se te escapará la felicidad si sigues suspirando de esa manera —dijo Steve con una sonrisa amable—. Cuéntame, quizás pueda ayudarte.

—¿Alguna vez…? —comenzó Thor, dudoso—. ¿Alguna vez te he hablado de Loki?

—Me temo que no.

—Bien —dijo Thor, rascándose la frente—. Resulta que mis padres han sido amigos de toda la vida de los Laufeyson, una familia de Noruega. Estudiaron juntos durante muchos años antes de que mis padres emigraran a Estados Unidos. Consiguieron mantener el contacto y hemos estado pasando los veranos en su casa desde que tengo memoria. Loki es el único hijo de los Laufeyson.

Thor jugó con el objetivo de la cámara en un gesto nervioso, pero no parecía del todo consciente de estarlo haciendo.

—Éramos compañeros de juegos. No es que hubiera otro remedio, ambos somos hijos únicos y durante las vacaciones nos íbamos todos a la finca que tenían los Laufeyson en Sunnmøre, cerca del Geirangerfjord y alejado de todo lo demás. Fue un poco difícil, pero conseguimos llevarnos bien. Era divertido.

La tierna sonrisa de Thor encerraba decenas de recuerdos que Steve supo no tenía derecho a cotillear. Estaba perdido en sus pensamientos de nuevo, así que prefirió volver al origen de la conversación.

—Entonces, ¿qué pasó?

—Pasó que decidieron que era buena idea que Loki tuviera en su expediente algo de formación en el extranjero y ha venido a vivir a nuestra casa.

—¿Y eso no debería ser bueno? Erais amigos, ¿no?

—Ahí está el problema —Thor suspiró—. Ahora me odia.

—Te odia —repitió Steve sin comprender el giro de 180º.

—Sí, me odia, y no tengo la más mínima idea de por qué.

—¿Todo estaba bien la última vez que se vieron?

—¡Sí! Bueno, creo que sí.

—¿Crees?

—Desde que entré en el instituto, Loki se ha ido comportando cada vez más raro, pero no es que yo esté para criticar a nadie en ese aspecto.

Steve no pudo reprimir una pequeña risa y Thor lo miró con la ceja enarcada. Por suerte, estaba sonriendo.

—¿Qué? Sé reconocerlo. Bueno, pues a veces estaba un poco distante o se encerraba en su cuarto, pero lo de ahora… No quiere ni hablarme, se queda en su cuarto leyendo y cualquier día me lanzará uno de sus libros, estoy seguro.

—¿Cuánto tiempo lleva aquí?

—Poco tiempo, desde que empezó el curso.

—Piensa que, al final, él está solo aquí, en lo difícil que es acostumbrarse a eso.

—¡Pero es que no está solo!

—Lo sé, tú estás ahí para él y seguro que tus padres también, pero eso no cambia que nadie de su familia esté aquí y que haya una enorme distancia entre los dos países. Tiene que ser complicado adaptarse.

—Tal vez —Thor resopló de mala gana.

—Dale un poco de tiempo —le aconsejó Steve, palmeándole la espalda—. Las cosas mejorarán.

—Espero que sí.

Thor inspiró hondo y le tendió la cámara a Steve.

—¿Me sacas una foto con los chicos? —pidió Thor con una sonrisa traviesa—. Creo que es hora de hacerles correr de verdad.

Steve rió y tomó la cámara. Al momento Thor salió a correr, abalanzándose sobre los chicos y robándole la pelota a Sam. Los chicos se quejaron mientras Nat reía y Bucky apoyaba a Thor. Con una sonrisa enorme en los labios, Steve preparó la cámara y sacó una foto del momento exacto en que los chicos se lanzaban encima de Thor hasta aplastarle contra el suelo. Justo el mismo momento en que un coche pasó por detrás de la cancha. Un elegante coche conducido por Jarvis.


Tony era muchas cosas, pero si había dos etiquetas que se había ganado a pulso en su entorno era ser goloso y caprichoso. Sabiendo la que se podía armar cuando salía por ahí, sabía que era más seguro hacer un encargo y recibirlo en casa, ¿pero qué sería de la experiencia entonces?

Así que convenció a Jarvis para llevarlo a aquella pastelería de Brooklyn famosa por sus batidos. No solo eran enormes vasos de batido helado, sino que encima le colocaban una porción de tarta glaseada que se deshacía en los dedos.

Al menos no iba solo. No podía contar a Jarvis como compañía en ese plan porque el hombre jamás tomaba una cucharada de azúcar más allá que la miel que le echaba al té. Los acompañaba mientras amonestaba con la mirada a Tony. Esa mirada podía conseguir que Tony no se escapara de casa, pero no que no comiera tarta.

Pepper era un no absoluto, jamás se prestaría para algo así. No tanto por odiar el dulce, sino que jamás iría a un sitio donde encajaban una porción de tarta sobre una taza de batido. Sin embargo, su amigo Rhodey sí.

Hijo de una respetada familia militar neoyorkina desde tiempos de su bisabuelo, Howard había visto en Rhodey el compañero de juegos perfecto para su hijo. Se había esforzado en estrechar lazos de amistad con su madre, la coronel Rhodes, para conseguirlo. Era una pena que de críos no pararan de discutir. Tony recordaba la vez que le había volcado encima una ponchera medio llena y cómo Rhodey se había vengado lanzándole una tarta de manzana y nata a la cara.

Con ese pasado, debería ser extraño a ojos de cualquiera la simple idea de que estuvieran en el mismo coche sin tratar de pelear, pero algo había cambiado. Cambió en el mismo momento en que Tony se fue de Nueva York. Su rivalidad se evaporó desde el primer día que se vieron después del incidente que llevó a Tony a Malibú.

A Tony le dolía la barriga después de comer tanto, pero se negaba a desabrocharse el pantalón como había hecho Rhodey. Sabía que si lo hacía tendría que comerse la mirada de Jarvis que decía "te dije que era demasiado". Prefería aguantar hasta llegar a la mansión.

Bajó la ventanilla esperando que la brisa le aliviara un poco el malestar. El bullicio y las risas atrajeron su atención. A lo lejos podía ver una cancha de baloncesto donde un grupo de chicos estaban jugando. No serían mucho mayores que él. Apoyó el codo en la ventanilla para verles mejor al pasar.

Entrecerró los ojos al ver un rostro que se le hizo conocido. Realmente era ese chico, Peter. Al parecer era inquieto por naturaleza, no solo por el nerviosismo de la convención. La imagen le sacó una sonrisa. ¿Debía pedirle a Jarvis que parara para saludar al chico? Seguramente le sacaría un susto, sería divertido de ver. Pero antes de verbalizarlo, otra persona llamó su atención. Al fondo había un chico alto y rubio que estaba sacando una foto. Tenía una sonrisa preciosa que logró hacerle nudos en el estómago. Se le hizo familiar y no sabía encajar por qué.

Olvidando por completo la idea de detenerse, Tony regresó a su posición en el coche y, con la cabeza en otra parte, siguió su camino.

Lunes, 25 de noviembre de 2019


¡Hola a todos, lindas flores!

Tengo la sospecha que este capítulo ha causado unos cuantos gritos y que varias personas se caguen un pelín en mi estampa jajajajajajajajaja. ¿Cuántos maldijeron que Tony no bajara del coche? Pero bueno, no todo es malo. Al fin aparecieron Clint y Thor, ni se imaginan las ganas que tenía de meterles en escena, y también tenemos a Rhodey, aunque no ha tenido más protagonismo que hincharse a comer tarta jajajajaajaja. Respecto a Loki, bueno, ya tendrán noticias pronto.

Juvia Agreste, tú eres de la que se está acordando de todos mis muertos, seguro jajajajajajajaja

ambu780, ¡vamos, que tú puedes!

Alessandra Von Grey, es difícil elegir qué personajes meter en un fic, sobre todo si es un AU, pero es que no podía dejar a Pepper fuera. Después de este capítulo, ya me dirás si era un preludio o no jajajajajaja. Y muchas gracias por decir esas cosas tan bonitas, me llegan, de verdad.

Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!