Capítulo 13
A veces siento que el camino correcto es el que dejé a mis espaldas
Tony
Si no fuera porque montaría un enorme drama, le encantaría enviarle a su padre una foto con el antes y el después del taller. Sabía que pondría el grito en el cielo al saber que todas sus cosas habían sido apartadas y guardadas, lejos de aquel lugar. Tony en parte sentía que estaba echando a su padre del taller, pero tampoco quería ponerle mucho asunto a ello. Su padre tendría que haberlo asumido cuando comunicó que iba a trasladarse a la mansión únicamente para poder usar el taller. Sabiendo que Howard y él no habían compartido un laboratorio desde que terminó primaria, la sorpresa habría sido que dejara el espacio tal cual él lo tenía.
Olvidándose de esa espinita que intentaba incomodarle la consciencia, Tony estaba realmente contento con el resultado final. El lugar había quedado luminoso, cómodo y plagado de la última tecnología. Atrás habían quedado los pesados ordenadores, todos sustituidos por el ordenador central que finalmente había podido instalar. Las toscas mesas de madera y aluminio ya no estaban, tampoco los incómodos taburetes. Ahora tenían mesas de acero inoxidable, mesas digitales con paneles de mandos y asientos que su espalda agradecería. También había un sofá negro a un extremo de la habitación, junto a una encimera que contaba con un dispensador de agua, una cafetera y una pequeña nevera.
Finalmente aquel era un espacio digno para trabajar y justo a tiempo. La puerta que daba acceso al laboratorio pitó en señal de desbloqueo y Tony se dio la vuelta. Peter y Bruce entraron en la habitación guiados por Jarvis. Ninguno de los dos pudo disimular su asombro, aunque cierto era que Peter ni siquiera lo intentaba. Miraba a cada rincón del taller con la boca abierta y los ojos abiertos de par en par. Le brillaban de emoción, tanto que Tony temió que en cualquier momento se echara a llorar.
—Los señoritos Banner y Parker han llegado —anunció Jarvis, haciéndose un lado.
—Gracias J. —contestó Tony, guiñándole un ojo—. Bienvenidos a mi humilde morada.
Jarvis hizo un educado gesto de despedida y se marchó en silencio cerrando la puerta tras de sí.
—¿Humilde? —preguntó Peter—. Si solo el taller es más grande que mi casa.
Bruce le dio un pequeño codazo que sobresaltó a Peter. Tony se rió entredientes. Producto de la vergüenza, Peter apretó los labios y la piel de sus mejillas y su nariz enrojeció tanto que parecía que toda la sangre de su cuerpo se había reunido ahí.
—Es un buen sitio para trabajar, ¿a que sí? Porque si están aquí significa que están interesados en trabajar conmigo.
Peter asintió, pero antes de que pudiera decir nada Bruce lo interrumpió.
—Estamos interesados, pero nos gustaría hablar algunas cosas antes.
—Adelante —dijo Tony, sentándose en uno de los taburetes nuevos.
Habría preferido ir al sofá, pero apostaba que Bruce, siendo tan receloso y cauteloso como estaba mostrando ser, se quedaría en pie como si se tratara de una charla entre el primer ministro y la reina de Inglaterra. Sin embargo, al sentarse allí, los dos lo imitaron.
—¿Qué dudas tienen? —preguntó Tony.
—Al asumir usted —comenzó a decir Bruce, pero al ver la ceja enarcada de Tony se corrigió—, tú, el coste del proyecto, ¿la propiedad intelectual del diseño pasará a Industrias Stark?
—Si piensan vendérmelo, sí.
Bruce y Peter se miraron entre sí.
—Suponía que no —continuó Tony—. Como parte de Industrias Stark puedo compraros el prototipo, pero como Tony Stark y la pequeña fortuna que he hecho inventado cosas a cada rato durante estos años, puedo financiarlo con mi propio dinero. En este segundo caso, seguiréis teniendo la autoría y propiedad intelectual del invento y, por tanto, también los derechos de explotación.
—¿Y el pero es…? —preguntó Peter.
—Que tendréis que trabajar conmigo —dijo Tony, encogiéndose de hombros—. Tanto por la vía uno como por la vía dos, pienso participar en el desarrollo funcional del prototipo. La diferencia estará en si queréis embolsaros el dinero ya y quitaros de problemas o preferís dejaros un poco los codos y ver a dónde llegamos.
—No hemos diseñado el reactor para enriquecernos —se quejó Peter.
—También está la opción de que no queramos nada contigo —apuntó Bruce, enfadado por el discurso de Tony.
Tony sonrió aunque se tapó ligeramente la boca con la mano. Ahí estaba el mal genio que le había conocido a Bruce en la convención. Realmente no había sido simplemente un arranque provocado por el estrés.
—Eres un beta de mecha corta, ¿eh? —apuntó Tony, riendo.
Su comentario hizo que Bruce frunciera el ceño, pero Tony hizo caso omiso.
—Claro, tenéis la posibilidad de salir por esa puerta sin hacer ningún trato conmigo, es lícito. Solo tendréis que buscaros a otro inversor que prefiera simplemente observar.
Bruce y Peter cruzaron miradas. Peter lo observaba con insistencia, casi parecía un cachorrito. Era terriblemente tierno porque no imponía nada incluso con ese semblante tan serio. Bruce finalmente suspiró.
—Tenemos algunas condiciones.
—Déjame escucharlas.
—Todos seremos iguales en este proyecto —apuntó Peter, adelantándose. Tenía una sonrisa enorme ahora que veía que las cosas avanzaban.
—No porque lo financies seguiremos tus órdenes —dijo Bruce, ganándose esta vez un codazo de Peter.
Tony rió, completamente relajado pese a la pulla que acababa de recibir. Era agradable que lo trataran como a un igual, incluso si la otra parte estaba con unos prejuicios que no tenían nada que ver con él. Cada vez que colaboraba en un proyecto en Industrias Stark, todos se alejaban de él automáticamente por ser el niño genio y el heredero de la empresa familiar. La sensación le era tan desagradable que había preferido siempre trabajar solo. Le gustaba ver que esa vez estaba siendo diferente.
—Todos iguales, como los tres mosqueteros, sin problema.
Bruce rodó los ojos, pero siguió.
—Este proyecto no puede interferir en nuestros estudios.
—Lo comenté para este encuentro, pero lo tengo en mente para todas las reuniones que tengamos. Nada de lo que hagamos aquí tiene que interferir en vuestras clases ni en vuestros clubs ni nada. Quedaremos los fines de semana. Y si hay algún fin de semana que no podéis, lo cancelaremos.
—¿No avanzaras por tu cuenta? —preguntó Bruce, fulminándolo con la mirada.
—Tío listo —rió Tony—. Me será difícil y la tentación será fuerte, pero si les hace sentir más tranquilos, prometo que no.
Como si eso certificara más sus palabras, Tony levantó las manos como si estuviera delante de la policía. Peter rió suavemente y Bruce volvió a poner los ojos en blanco.
—¿Qué días tendríamos que venir? —preguntó Peter—. Quizás deberíamos hacer un horario como en clase, para poder organizar mejor las fases.
—Probablemente tengas razón. No quiero quitaros todo el tiempo libre que tenéis, así que quedaría un día a la semana pero con una jornada lo suficientemente larga como para que sea productiva.
—¿Los sábados de ocho a dos? —preguntó Bruce.
Tony puso mala cara.
—Que sea de nueve a tres —dijo Tony, negándose complemente a madrugar—. Si tienes partido algún sábado y necesitas salir antes, no habrá problema.
—Todo lo que estamos hablando ahora quedará registrado en un contrato, ¿verdad? —preguntó Bruce.
—El contrato de financiación y propiedad intelectual tendremos que firmarlo sí o sí, pero si quieres incluir también uno para las condiciones que hemos hablado podemos hacerlo. Hablaré con mi abogado si te hace sentir más tranquilo.
Bruce asintió, aún seguía tenso y no terminaba de fiarse de Tony, algo que despertó profundamente su curiosidad. Se preguntó qué había llevado a ese beta a convertirse en un puercoespín que parecía recelar del mundo.
Loki detestaba con cada célula de su cuerpo estar en aquel sitio. Sí, la idea de cruzar el charco siempre le había parecido de lo más seductora, pero odiaba estar en la casa de los Odinson. En el hogar de Thor.
Sentado sobre la cama con un libro en las manos y el cuarto apenas iluminado por la claridad que entraba por la ventana, Loki sintió que le esperaban unos meses muy largos en los que su corazón iba a romperse poco a poco.
Al menos Frigga era un alivio. Si estaba con ella se sentía en paz. Siempre había sido como una segunda madre para él, amorosa, cálida y confiable. Sabía que podía hablarle de lo que fuera, descargar su frustración a su lado o llorar en silencio. Ella siempre estaba allí, cosa que no podía decir de Odín.
Realmente quería salir de aquellas cuatro paredes. En realidad, lo hacía cuando podía. Cuando nadie lo veía se fugaba a ratos, pero el peso de hacerlo a hurtadillas hacía que no lo sintiera del todo real.
Alguien tocó la puerta, llamando su atención. Se quedó en silencio. El golpe, pese a ser suave, había tenido un peso que no tenían los llamados de Frigga. Tenía que ser Thor. Así que se quedó inmóvil, esperando. Escuchó un suspiro al otro lado. Entonces Thor coló algo por debajo de la puerta y se fue.
Esperó a que los pasos desaparecieran en la distancia para levantarse de la cama. Con curiosidad, se acercó. Había una foto en el suelo. No era tan extraño, Thor siempre iba con una cámara a todos lados. La tomó.
Era una foto a color del puente de Brooklyn. Tenía la fecha de hacía dos semanas inscrita detrás y, por extraño que fuera, le pareció oler el perfume de Thor en el papel fotográfico. Suavemente, Loki aspiró.
Después de horas de reunión, Tony acompañó a los chicos a la puerta de la mansión. Ya le había pedido a Jarvis que los llevara a casa y estaba preparando el coche.
—Oye Peter —lo llamó Tony antes de salir de la mansión—. El otro día estaba de paseo y me pareció verte en Brooklyn.
—¿Dónde? —Peter intentó ocultar la emoción que le producía que Tony se fijara tanto en él como para reconocerle por la calle.
—En una cancha de baloncesto, estabas con un grupo de amigos.
—¡Sí, era yo!
Bruce ahogó una risa ante el reclamo, leyendo fácilmente el abanico de sentimientos que tenía el chico en la cara.
—¡Estaba con mi equipo!
—¿El de baloncesto?
—¡Sí! Bueno, en su mayoría. Clint practica tiro con arco y Thor juega al rugby, pero los demás sí están en el equipo conmigo.
—Te llevas bien con ellos, ¿verdad? —preguntó Tony, dando un rodeo.
—Sí, son mis amigos, todos. A veces son un poco insoportables, pero les quiero un montón —aseguró Peter con una sonrisa enorme y dulce—. Aunque ahí estaba solo una parte del equipo, con los que más tiempo paso. Bucky es pivot, como yo, aunque ahora está de baja, tiene la rodilla mal. De todas formas seguro que conseguimos hacer algo para arreglarlo.
—El chico que estaba sentado.
—Exacto. Con él estaba sentada Nat, es alero y más vale que no te metas con ella si no quieres terminar comiéndote la pelota —rió Peter—. Y Sam es escolta. Tozudo, tontorrón, pero se hace querer.
—Agradece que no te ha escuchado decir eso —dijo Bruce, abriendo la puerta y saliendo al exterior.
Peter y Tony le siguieron. Jarvis aún no estaba fuera.
—Tú no se lo digas y ya —pidió Peter, riendo.
—Y por último está nuestro capitán, Steve. Es nuestro base y siempre está en todo, tendrías que verlo en las estrategias de juego, es increíble. Es amable con todos y siempre está ahí con una sonrisa cuando lo necesitas.
Tony no necesito ver una foto para saber quién era. Era el chico que había estado sacando la foto, estaba seguro. Ese tipo de sonrisa era la que afectaba a la gente, la que se quedaba grabada en la memoria y te hacía suspirar de alivio incluso en sueños. Era reconfortante, dulce y agradable.
Tony tenía un presentimiento que le estaba aplastando el corazón, estrujándoselo tan fuerte contra las costillas que dolía.
—¿Cómo has dicho que se llamaba? —preguntó Tony aunque su pregunta se vio cortada por el sonido de la puerta del garaje al abrirse. Jarvis salió con el coche en una marcha suave.
Peter no le escuchó, pero Tony sintió la mirada interesada de Bruce encima de él.
—Los chicos tienen partido el viernes que viene, por la noche —dijo Bruce con una sonrisa suave que escondía una trampa—. ¿Por qué no vas a verlos?
—¡Claro! —exclamó Peter antes de que Tony tuviera oportunidad de decir nada—. Estoy seguro de que lo pasarás bien. Todos son buena gente y nuestros partidos son divertidos.
Tony enarcó una ceja, apreciando la mueca maliciosa de Bruce. Así que así se venga el beta gruñón, pensó Tony.
—Claro, será divertido —aceptó Tony—. Pero no me gustaría ir solo, ¿por qué no me acompañas, Brucie?
—¿Brucie?
Intercambiaron miradas retadoras, pero al final los dos acabaron riendo por lo bajo.
—¿Por qué no? —pregunta Bruce, encongiéndose de hombros.
Lunes, 2 de diciembre de 2019
¡Hola a todos, lindas flores!
Las cosas avanzan, ¡las cosas avanzan! Y finalmente hemos tenido un pequeño vistazo de Loki. Ya saben, la diva siempre se hace esperar jajajajajajaja.
Les comunico, he publicado recientemente un breve oneshot stony titulado These are the moments I remember y están todos más que invitados a leerlo.
Alessandra Von Grey, yo sé que todo el mundo esperaba algo distinto al final del capítulo anterior, pero bueno... JAJAJAJAJAJAJA. Tenía ganas de meter a los chicos en escena, pero como ni Thor y Clint me pegaban en baloncesto, pensé en otras razones que llevara a este peculiar grupo a estar junto. Y sí, algo que tengo muy claro es que si Thor no tuviera que estar salvando el universo y se permitiera acercarse a las tecnologías, es que le encantaría la fotografía. Cero pruebas, pero tampoco dudas.
ambu780, por poquito jajajajajaja.
Juvia Agreste, ahí, a lo importante, el thorki jajajajajaja.
Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!
