Capítulo 19
Tony Stark era calificado por un montón de adjetivos, pero muy rara vez le caía encima la corona de gruñón. Pero aquel día lo era. No solo eso, era un Rey Demonio recién llegado a la Tierra desde las mismas entrañas del averno.
Él sabía que aquella no era una actitud profesional, que no podía mostrar semejantes altibajos emocionales en el trabajo por muy heredero que fuera, pero la llamarada estaba instalada fuertemente en su traquea, impidiéndole respirar y pensar con claridad. Escuchó a un par de técnicos susurrando sobre que ni los genios se libraban de la pubertad y Tony deseo lanzarles una grapadora a la cabeza. El pequeño grado de autocontrol que le quedaba le ayudó a no hacerlo. Y que no tenía ninguna grapadora a mano.
Aunque Tony sabía que las cosas iban mal, que su cabeza era un infierno y él estaba en llamas, jamás había estado tan fuera de control.
Se sentó en su escritorio, reclinándose tensamente en el asiento, haciendo ejercicios de respiración. Acababa de salir de una reunión que definitivamente le acababa de granjear el título de peor jefe del año, incluso peor que Howard. Sí, el mismo Howard que había derrumbado todo un proyecto de energías renovables con un simple chasquido de dedos solo porque había dejado de ser rentable. Tony gruñó ante la idea.
Sí, vale, le habían presentado un prototipo de batería que era obvio que no estaba listo. Le bastó ver los diseños para saber que eso iba a reventar por algún lado y las conexiones entre las células eran un desastre. Pero eso no implicaba que él tuviera que estallar incluso antes que la batería, que se incendió allí mismo cuando Tony la puso a prueba.
Tony llamó a Pepper cuando consiguió normalizar su respiración lo suficiente para dejar de parecer un energúmeno. Se negó a mirar el reflejo que le devolvía el espejo. Tenía manchas rojas en el rostro producto de la rabia y estaba seguro que también en el pecho.
Comunicaba. Fue igual cuando llamó por segunda vez.
Probó a llamar a Rhodey, aunque no tenía esperanzas en que los consejos de su amigo fueran muy sabios. Había entrado en la fase en la que parecía un robot programado. La única razón por la que su padre no lo había encerrado en un internado militar era porque Rhodey había demostrado tener buenas notas —todo sea dicho, ganadas con muchas horas pegado al escritorio— y estaba tan cansado que cuando conversaban apenas podían hablar de tonterías. Tony lo entendía por eso había evitado en la medida de lo posible meterle más presión con sus problemas. Pero realmente no podía más, se estaba ahogando y necesitaba una mano amiga.
El teléfono de Rhodey estaba apagado. Lo intentó de nuevo con Pepper. Seguía comunicando. Tony tenía deseos de llorar y la frustración le ahogaba desde dentro. Cerró los ojos, suprimiendo un gemido de dolor. Todo su cuerpo temblaba en incómodos espasmos que no podía controlar. Con empeño, trato de concentrarse en un lugar feliz, un lugar tranquilo. Recordó su viaje a Islandia, haciendo el esfuerzo de pensar únicamente en aquellos pequeños retazos de paraíso repartidos por todo el país. Al final, los recuerdos se vieron distorcionados y Tony gruñó. Inspiró hondo, haciendo el esfuerzo de obviar sus persamientos y centrarse en sus sensaciones, las buenas. O al menos, no las peores. Pensó con cuidado en la forma en que su nuca reposaba en el respaldo de la silla, en la fina brisa producto del aire acondicionado que le acariciaba las puntas de los dedos, la forma en que sus pies tocaban el material de sus zapatos.
Recondujo sus pensamientos a todas las sensaciones de su cuerpo y obvio los mensajes de alarma que le enviaba su cerebro sin parar.
Lentamente, comenzó a calmarse. Su respiración recobró un ritmo normal, su corazón dejó de darle la impresión de que le explotaría en la garganta en cualquier momento, los espasmos desaparecieron y su piel dejó de arder. Fue en ese momento en que su teléfono sonó.
Con un suspiro, contestó la llamada.
—¿Qué hay, Pepps?
—¿Rhodey ha vuelto a cambiarte los contactos?
Tony abrió los ojos de golpe.
—¡Mamá!
Maria Stark rió resueltamente al otro lado de la línea.
—Llevaba tiempo sin hablar contigo, como no me llamas… —apuntó Maria con un deje agrio en la voz.
—Bueno, para ti tampoco era muy difícil llamarme —se burló Tony.
—No le hables así a tu madre —se quejó Maria antes de reír de nuevo—. Te echaba de menos.
—Y yo a ti, mamá.
Y lo decía de verdad. A Tony le encantaba hablar con María, siempre había sido así. Le hacía muy feliz compartir tiempo con su madre. Muchos pensaban que sus primeros experimentos de ciencia y de mecánica habían sido con Howard porque, claro, él era el increíble dueño de Industrias Stark. Le habría encantado enseñarle las fotos de María completamente manchada de aceite ayudándole a desmontar su primer motor.
—¿Con quién hablas, querida? —escuchó Tony al otro lado de la línea de forma amortiguada. Se puso tenso al reconocer la voz de su padre.
—Con una amiga, cielo —mintió Maria.
—Con que una amiga… —murmuró Tony.
—Ya sabes cómo es —contestó Maria con un tono ameno que Tony estuvo seguro que no sentía.
—Esto es increíble, no puedes ni decirle a Howard que me has llamado, ¿en serio?
—No, cariño, no es…
—¡Oh, sí es! —gritó Tony, enfadado—. Porque siempre quieres que todo sea mágico y perfecto como un anuncio de revista es que finges que todo es maravilloso, incluso cuando es mentira. ¡Pues yo no pienso mentir! ¡No soy su juguete!
—¡Cariño, espera!
—Y escúchame bien —la cortó Tony—, ¡no toleraré ni una amenaza más de su parte! Solicitaré la emancipación de ser necesario.
—No hablas en serio.
—Sabes que tengo ganancias propias. Papá no está en ninguna de esas cuentas, no puede chantajearme con cerrarme el grifo ni dejarme en la calle —aclaró Tony con voz fría—. No me hagas quitarte a ti también, mamá.
—¡TONY!
Tony colgó sin siquiera escuchar a su madre gritar su nombre.
Tony se sentía el protagonista de uno de esos videoclips tan deprimentes de pop adolescente que parecían hechos para que medio YouTube se ahogara en lágrimas. La diferencia era que hacía un sol radiante en lugar de estar lloviendo a cántaros, pero a sus ojos todo parecía estar bajo un filtro gris y feo que hacía que el día apestara aún más. ¿Qué más podía ir peor? ¿Que Jarvis le dijera que se iba otra vez a trabajar a Malibú?
Tony siguió caminando por las calles de Manhattan, sin rumbo. Parecía que últimamente nada iba bien. Su relación con su padre iba peor que nunca y al parecer con su madre iba por el mismo camino, aunque ser consciente de ello lo odiaba con toda su alma. Sentía que su juicio y sus ideas estaban bloqueadas y no sabía cómo salir de eso. Y encima Steve se le había escapado de entre las manos. Tony se despeinó el pelo con estrés. Steve… Justo cuando lo tenía contra las cuerdas, el maldito inoportuno de Sam lo había llamado a la cancha y no había vuelto a tener oportunidad de hablar con él a solas. En otras circunstancias le habría importado menos, eso era algo que se repetía a sí mismo una y otra vez, pero por alguna razón le ponía de un mal humor horrible.
Lo vio por el rabillo del ojo. Una enorme vitrina decorada con mensajes en multitud de colores escritos directamente en el cristal. Era extraño. Aunque todo parecía tan colorido, con letras redondeadas y simples, los mensajes iban al extremo contrario. Odio, muerte, avaricia, asco, control… A Tony le llamó la atención poderosamente la palabra Ansiedad, escrita en un amarillo radioactivo que parecía envenenarle la mirada.
Cuando se despegó de la palabra, dio un vistazo al edificio en general. Era una sala de arte juvenil. Tony enarcó la ceja, confundido. En otra ocasión se habría encogido de hombros y habría pasado de largo, pero un nuevo vistazo a aquella palabra le hizo dar un paso adelante y entrar en el edificio.
Para su sorpresa, el interior estaba muy iluminado y, sinceramente, parecía que mil globos multicolores hubieran estallado allí dentro hasta salpicar cada esquina de colorines. Eso solo conseguía que los cuadros y las estatuas fueran aún mas grotescas. Retorcidas en la falsa alegría mientras su interior los estaba matando con dagas de fuego. Sin permiso a estar tristes, sin permiso a sentirse mal, forzados a una sonrisa perpetua hasta que fuera el fin del mundo.
Tony se sentó en un banco cercano sin importarle mucho que estuviera ocupado por otra persona. El hombre omega a su lado tampoco le prestó mucha atención desde su pose erguida y digna.
Entonces, Tony se vio devorado por ella. Frente a él estaba la pintura más hermosa y escalofriante que había visto en su vida. Una mujer frente a su mismo reflejo, una con la cara tan chupada y pálida que era cadavérica, la otra con la sonrisa perfecta. Ambas apuñaladas por las mismas lanzas oxidadas, pero solo la cadavérica estaba cubierta de sangre, solo en ella las heridas tenían forma y las lágrimas corrían por la piel pegada al hueso. La otra estaba perfecta, impoluta y con la sonrisa de un millón de dólares cosida a los labios, aunque su mirada estaba vacía. Con todo, solo la cadavérica parecía libre, con sentimientos reales cubriendo cada milímetro de su piel y llenando de vida su mirada.
Escuchó un jadeo adolorido y entonces recordó que no estaba solo en ese banco. Giró sutilmente el rostro, prestándole atención al hombre a su lado. No, no era un hombre, aunque la altura podía dar a engaño. Pero aquella era la cara de un adolescente como él. Tony vio el sufrimiento en su mirada, las lágrimas aguando sus ojos, aunque estos estaban fijamente clavados en la pintura frente a ellos.
Aquello le devolvió un poco a la realidad. A su corazón. ¿Se había esforzado tanto en lucir como aquel reflejo perfecto que se estaba matando por dentro en silencio? ¿Ese chico haría lo mismo? ¿Estaban condenados a cometer los mismos errores?
El peso de esa afirmación le aplastó los intestinos. Él siempre había querido vivir la vida según sus propias normas, ¿por qué estaba resultando tan fácil perderse a sí mismo? ¿Por qué era tan simple hacerse daño? Inspiró hondo en un intento de controlar un sollozo, pero no sirvió de mucho. Ante sus ojos apareció de repente un paquete de pañuelos. Tony lo miró con sorpresa.
Se lo tendía el chico sentado a su lado, que aún seguía con la mirada perdida al frente. Vio que, en su otra mano, aquella apoyada fuertemente sobre su muslo, tenía un pañuelo arrugado que había usado para borrar sus propias lágrimas.
—Gracias —susurró Tony, tomando uno.
—De nada —correspondió él, con un carraspeo.
Tony se limpió y lo miró por el rabillo del ojo con más cuidado. En cualquier otra persona ese cabello tan largo sería un desastre, más porque tenía pinta de todo menos de surfero, pero hacía que el brillante cabello negro cayera brillante y con gracia, como uno de esos ángeles de Miguel Ángel, efecto que solo se acentuaba con su piel pálida como la porcelana. Sus ojos seguían enrojecidos, lo que resaltaba aún más el verde del iris. Su pulcra camisa blanca abotonada y el chaleco negro habían sido pistas falsas que le habían confundido al respecto de su edad.
—Soy Tony.
Él lo miró con una ceja enarcada, pero aún así hizo el esfuerzo de mantener una expresión neutra. Regresó su mirada a la pintura frente a ellos y eso pareció recordarle algo porque torció el gesto.
—Yo Loki.
Lunes, 13 de abril de 2020
¡Hola a todos, lindas flores!
Primero que nada, espero que todos estén bien, que se estén cuidando mucho, que se estén quedando en casa los que pueden hacerlo y se estén lavando mucho las manos.
Ahora, vamos al punto. Lo sé, lo sé, ahora mismo todo el mundo me está odiando, ¿pero a que el final del capítulo no dejó un sabor tan agrio? Es agridulce al menos jajajajaajaja. En este capítulo no hay nota de entrada, lo que para todos no debió ser un buen presagio, y se debe básicamente a que Tony estaba tan en la mierda, tan al límite, que no había espacio siquiera para eso. En todo caso habría una marca de quemadura en su lugar.
Algunas lindas flores se preguntarán: ¡LO DE STEVE! ¡¿ERA NECESARIA ESA JUGADA TRAPERA?! Sí, sí lo era. No solo por la situación en la que estaban, rodeados de los amigos de Steve entre los cuales la mitad de ellos tienen el sentido de la oportunidad en el culo, sino también porque era el punto final para que Tony reventara con todo. Diciéndolo así parece súper fácil todo, pero he tardado semanas en sacar este capítulo adelante porque cada vez que escribía sobre Tony en ese estado de ansiedad, me entraba un ataque de ansiedad a mí. Lo que tiene tener tendencia a ello y llevar tanto tiempo encerrada, supongo. En fin, espero que al menos les haya llegado al corazoncito.
Juvia Agreste, no sé yo si este capítulo te habrá subido el ánimo, pero porfa, cuídate mucho.
ambu780, creo que el capítulo no fue por los derroteros que esperabas jajajaja
Alessandra Von Grey, espero que tú también estés bien en esta cuarentena. A ratos es duro, pero bueno, se sobrelleva. Ahora lo importante es cuidarnos todos y tratar de superar esto. Respecto a mamá Rogers, sí, la adoro. Es un amor de personaje, de esos secundarios que te dan ganas de que aparezcan mucho más de lo que tenías planeado (y al final se cuelan entre las páginas porque el carisma está ahí jajajajajja) y, bueno, has podido leer sobre algunos sentimientos guardados, me temo.
Akaire.M, jajajajajajaja, ¡me alegra que te haya emocionado!
Bueno, con esto y un bizcocho, #yomequedoencasa
