¡ Hola! Muchas gracias a todos por sus comentarios. Ya sé que me tardé muchísimo en actualizar... Se agitaron muchas cosas y no me di el tiempo, pero ha llegado de nuevo la inspiración a mí, y creo que vale la pena darle un final a esta historia. Posiblemente no me tomará muchos capítulos más (probablemente otros 5, aún no lo sé). Intentaré subir un nuevo capítulo en dos semanas. En fin, espero que disfruten leyéndolo tanto como yo disfruto escribiéndolo. Descubramos a donde nos llevan estos personajes :)

No puede ser, no puede ser, no puede ser – pensó Matt mientras corría a toda velocidad sin mirar atrás. Acababa de sorprender al terror Pataki hablando con un relicario de Arnold Shortman. En realidad no sabía por qué huía, podía enfrentar a la rubia, pero su primer instinto fue correr – Tengo que encontrar a Dora – se dijo en voz alta mientras trataba de llegar a la entrada principal de la secundaria. Girando hacia las escaleras alcanzó a ver a su amiga a punto de salir del edificio.

– ¡Dora! – el grito llamó la atención de la chica que lo esperaba un poco confundida

Matt subió las escaleras lo más rápido posible sintiendo que cada bocanada de aire quemaba sus pulmones pero tenía que hablar con ella con urgencia.

Cuando Matt estaba a punto de llegar con la pelinegra una mano en su hombro lo paró en seco. Miró hacia su derecha y se encontró con el rostro aparentemente sereno de Helga Pataki pero él podía ver la furia detrás de sus ojos. Ninguno de los dos dijo nada por un momento que pareció eterno para ambos. Incluso para Dora que presenció todo. Helga lo tomó del brazo y se lo llevó dentro del edificio.

– Oigan, la escuela ya casi cierra – anunció confundida - ¡Matt! – gritó Dora inútilmente, ambos estudiantes desaparecieron girando en un pasillo. Sin dejar de verse y sin decirse nada. Parecía que conversaban con sus miradas. Helga desafiante y Matt a la defensiva.

Phoebe y Gerald aparecieron de pronto junto a Dora después de haber pegado una carrera escaleras arriba.

– Oh, ustedes son amigos de Pataki, ¿cierto? – preguntó Dora - Acaba de desaparecer junto con Matt dentro de la escuela ¿debería preocuparme?

Como respuesta los amigos de la rubia solamente voltearon a verse con un poco de pánico - ¿por qué nadie me dice nada? – pensó para sí mientras rodaba los ojos.

– De acuerdo, tomaré eso como un sí – anunció la amiga de Matt soltando un suspiro.

Mientras tanto Helga y Matt se encontraban dentro de un cuarto de servicio en la secundaria. En cuanto estuvieron dentro, Helga cerró tras de sí y acorraló al castaño hacia el fondo del estrecho cuarto.

– Tú no viste ni oíste nada, ¿quedó claro? – le sentenció la rubia con puños amenazantes.

Matt estaba molesto por la brusquedad pero también se sentía perplejo. Sus especulaciones eran ciertas… Pataki escribía poemas para Arnold anónimamente, lo que significaba dos cosas. Una era que Helga estaba enamorada de Arnold Shortman, la segunda era que se trataba de un secreto. Entonces, si alguien, o Dios no quiera el mismísimo cabeza de balón (rió por dentro), se enterara Helga moriría de vergüenza.

Con una sonrisa triunfante y burlona Matt se cruzó de brazos.

– Oh, pero claro que vi y oí todo – dio un par de pasos intentando arrinconar a Helga hacia la puerta – y estoy seguro de que al muchacho con el par de ojos de esmeralda le interesará mucho. Me pregunto qué pensará tu amigo sobre tu relicario – dijo mientras sostenía la mirada fúrica de Helga - ¿crees que se sentirá halagado o simplemente se asuste y se aleje de ti? – le dio la espalda sólo para volverse a girar – apuesto a que te aterra el segundo escenario, si no por qué tendrías que mantenerlo en secreto – le sonrió.

– Si se lo dices a Arnold te daré una paliza tal que desearás no haber nacido – alzó los puños pero por dentro se preocupó al escuchar que Matt citaba su poema.

– De hecho, si se lo digo a Arnold y me golpeas, tú terminarías suspendida y probablemente rechazada, además de ser el hazmerreír de la escuela entera – contestó Matt aburrido mientras miraba sus uñas – pero esto puede seguir siendo un secreto entre tú y yo… lo único que tienes que hacer es continuar actuando conmigo por las buenas. Sin sabotear la obra ni sabotearme a mí, presentándote a todos los ensayos sin excepción ¿Trato? – extendió su mano

Helga se sentía enervada. Nadie chantajeaba a Helga G. Pataki y se salía con la suya. Lo tomó por la camisa y lo sostuvo contra una pared. Si las miradas mataran a Matt ya le habría estallado la cabeza, pero él sólo seguía riéndose en su cara.

No iba a permitirle salir del lugar sin antes darle una paliza. Quizá si le tiraba todos los dientes no le iría con el chisme a Arnold.

– ¡Helga! – se escuchó cuando abrieron la puerta de golpe. Los dos adolescentes voltearon al mismo tiempo para descubrir al chico con la cabeza de balón con Phoebe, Gerald y Dora detrás, todos confundidos.

Arnold se sentía aliviado de haber encontrado a ambos antes de… bueno, que ocurriera algo malo, aunque a juzgar por lo que le contaron Gerald y Phoebe no sabía que esperar. La escena que le describieron era muy críptica.

– Aquí están chicos – suspiró el rubio - No sé qué esté pasando pero seguro podrá resolverse hablando. Salgamos de aquí antes de que cierren la escuela con todos dentro.

– Oh, no es nada Arnold – se giró Matt hacia él - Helga y yo sólo estábamos hablando de joyería, ¿verdad Helga? – la miró de nuevo burlón

– Yo… yo… - Helga soltó al castaño con intenciones de apretar su pequeño cuello y retorcerlo pero miró a Arnold de reojo, preocupado, mientras que la mirada de Matt le amenazaba que estaba dispuesto a todo. Suspiró y se rindió – en realidad, Arnoldo, estaba diciéndole a Robinson que lo veré mañana en el ensayo.

Caminó hacia la puerta y siguió de largo con todos sus amigos siguiéndola atónitos y con mil preguntas en mente. Dora los miró marcharse antes de mirar a su amigo que acababa de aparecer junto a ella. Tenía una sonrisa indescifrable.

– ¿Se besaron ahí dentro acaso? – lo molestó la pelinegra

– ¡Dora! – se dio un golpe en la frente – no se trata de eso. Solamente digamos que encontré una manera de que Pataki coopere conmigo en la obra.

– Bueno, yo sólo pregunto… parecía una escena de amor pasional. Te tenía contra la pared y sus caras estaban muy cerca – contestó con un tono burlón mientras se balanceaba sobre la punta y talón de sus pies.

– Ya vámonos – respondió bufando.

Gerald había llegado a una conclusión similar pero no a modo de broma. Phoebe se había despedido de ambos en la parada del autobús y continuó caminando detrás de Helga para saber qué había ocurrido. Dejando a los muchachos con sus propias teorías.

– Vaya, en serio se consiguieron un cuarto – comentó Gerald mientras esperaba sentado junto a Arnold el autobús

– Gerald … - suspiró Arnold

– Sólo digo… lo tenía contra la pared y sus caras estaban muy cerca.

– Seguramente él la hizo enojar

– Pudo golpearlo en la entrada de la secundaria. Pataki no es de las que dan golpizas a escondidas.

Arnold se quedó callado. Su amigo tenía razón. No tenía sentido… pero tampoco era posible que Helga hubiera arrastrado a Robinson, frente a otras personas, dentro de la escuela para una sesión de besos.

– Debe haber otra explicación, Gerald – razonó el rubio – seguramente Helga tuvo otra razón

– Buena suerte cuando le preguntes, viejo – rió el moreno.

Más tarde cuando el par de amigas llegaron a casa de la pelinegra Helga soltó la sopa.

– No puedo creerlo, Pheebs – dijo la rubia al mismo tiempo que golpeaba un cojín que se encontraba en la cama donde estaban sentadas ambas, frente a frente, con las piernas cruzadas – ese perdedor se atreve a chantajearme.

La chica de los anteojos se quedó meditabunda. Se ahorro recordarle a su amiga lo peligroso que era hablar por ahí con el relicario.

– Bueno Helga… creo que lo más seguro para ti es acceder a lo que te pide Matt. Solamente pide que le ayudes con la obra. La otra opción es que le confieses a Arnold como te sientes…

– No bromees, Phoebe, por su puesto que no voy a decirle a Arnold – después de bufar suspiró. ¿Por qué no podía decirle a Arnold? Recordó el día en que se habían encontrado en el parque. Tonto cabeza de balón

– Es un alivio que no se le ocurriera chantajearte para conseguir otra cosa… como que fueras su esclava o que le invitaras todos los almuerzos por el resto de la secundaria

– Sí, creo que el muchacho no es muy listo, o tal vez sólo está demasiado obsesionado con la tonta obra.

Las amigas continuaron charlando un rato antes de que la rubia regresara a su casa.

Al día siguiente, al finalizar las clases la chica de la uniceja apareció puntual al ensayo, con el ceño más fruncido de lo normal. Todos la evitaban excepto, claro, Matt.

– ¡Llegaste! – saludó sarcástico el castaño

– Escúchame bien, alimaña – la rubia lo sujeto por el cuello de la camisa – no tientes tu suerte. Hazme enojar y harás que te tunda aquí mismo sin posibilidad de decir ni pío.

Matt solamente sonrió y quitó su mano de la camisa.

– ¿Empezamos? – entrecerró los ojos.

Ambos hicieron un par de escenas sencillas. Helga seguía intentando explicarle a Matt como aprovechar el lenguaje corporal para aumentar la credibilidad en la actuación. Lleva tus manos al pecho, suspira, haz una pausa. El castaño repetía las líneas y los ademanes hasta el hartazgo. De vez en cuando el profesor pasaba por ahí, les echaba el ojo, y se retiraba a revisar el diseño del vestuario o el diseño de la escenografía. Matt pensaba que, por lo menos, no los había interrumpido, esa debía ser una buena señal.

Poco a poco y durante un par de semanas los protagonistas mejoraron su actuación y aunque en los descansos era obvio que seguían sin agradarse al menos ya no se insultaban. El profesor Smith estaba complacido. Con eso era suficiente. Faltaban algunos meses para que terminara el año escolar y le daría tiempo a esos adolescentes para ejecutar decentemente la obra. Helga no lo decepcionaba y Matt ya no parecía tan aburrido. La escenografía había avanzado bastante y los vestuarios ya casi estaban listos.

Todo saldrá bien - pensó Smith