—Entonces, ¿Por qué estamos haciendo esto?—Cuestiona Stuart, que siempre ha sido el más marica de los tres chicos de Middle Park, sus lentes luchando contra la gravedad y el sudor cada vez que agacha la cabeza.

—Porque la perra me llamó gordo. —Le recuerda Cartman, reviviendo su ira ante la memoria. El bufón es indeciblemente feo, es como el rostro que temes encontrarte cuando miras bajo tu cama a mitad de la noche, y se atrevió a insultarlo a ÉL, a su apariencia, como si fuese culpa suya que su cuerpo se resista a mantener el mismo nivel de masa muscular que el resto pese al arduo entrenamiento al que es sometido en clases de Educación física y en fines de semana con su mamá.

—Pero pues... sí estás gordo. —Replica Stuart, confuso, como si dudara de pronto que el resto de los presentes haya notado aquel detalle. Cartman se encarga de dirigirle una mirada de advertencia que tal vez podría haber resultado escalofriante en otro momento, pero que ahora ha perdido su efecto al estar resollando cual animal, su rostro rojo como nariz de payaso, ahogándose en el sudor acumulado en su traje de poliéster.

El nivel de dificultad para dejar a alguien inconsciente varía de acuerdo al método que emplees: El cloroformo es un viejo clásico tristemente embellecido con mentiras de Hollywood, que en realidad requiere paciencia, fuerza y mucho tiempo a tu disposición para que funcione correctamente, sin mencionar los posibles riesgos a la salud de la víctima, si es que la requieres en excelentes condiciones posteriormente; asfixiar a alguien hasta desfallecer, hecho adecuadamente, surte mejores efectos, es más veloz, y puedes hacerlo usando sogas, corbatas, partes de tu cuerpo, etc. Y siempre está el beneficio de conservar el anonimato si, por ejemplo, tomas por sorpresa a la víctima, asfixiandola por detrás. Aunque claro, para este método también se necesita de una increíble fuerza física, porque a menos que la víctima se trate de un retorcido fetichista, pondrá resistencia, y bueno, siempre está el riesgo de que haya tomado clases de judo o defensa personal, en cuyo caso el resultado sería un absoluto desastre. Otra opción es la de golpearlos hasta dejarlos inconscientes pero incluso así también podrías cagarla: asesinar a la víctima por accidente suele ser bastante común. Además es más ruidoso, y dejaría evidencia salpicada por todo el lugar... No, no, ninguna de esas opciones le parecen convenientes.

Pero, ¿el método de Cosby? ¡Ese siempre da resultados! Es rápido, eficaz, y el Rohypnol lo venden como si fuesen tictacs. Mezclarlo en su bebida no había sido un problema tampoco, pero mover el cuerpo hacia la escena incriminatoria, oh, eso había sido un reto.

—Cuidado con lo que dices o tal vez sea a ti a quien terminemos arrastrando la próxima vez. — Bromea Alex, tan estúpidamente vivaz como siempre. De todos, es el que más le agrada. Usualmente, a Cartman le gusta trabajar solo, porque siempre que decide involucrar a alguien más, encuentra resistencia o el plan no sale como lo hubiese deseado, quedan testigos, y es de esperarse un interrogatorio completo, con preguntas tontas como "¿Por qué arrastras ese cuerpo por el gimnasio? ¿Esta respirando? ¿Por qué me pediste que consiguiera cocaína?, Dios mío, ¿Era necesario desnudarlo?" o variaciones de ellas, pero Alex es tan distraído e indiferente, que prestó su ayuda sin chistar. Como si le hubiese dado lo mismo que Cartman le pidiera ir por una soda o asaltar el banco del pueblo.—Ya sabes que Eric detesta que le digan gordo.

—¿Qué no Broflovski te llama así a diario?

El resto de los presentes, Cartman incluído, se detienen en su andar, cayendo en la cuenta de que Stuart tiene un punto.

—¡Y también Sam y Benny!

—Stan y Kenny.—Corrige Cartman.— Y algún día los haré pagar por ello, pero ahora es el turno de este imbécil.

—Entonces, si solo tus amigos pueden llamarte así, no hay problema si yo lo hago, ¿no?— Dice Stuart, moviendo las cejas juguetonamente, pero cuando Cartman deja caer el cuerpo de Chad al suelo, perdiendo la paciencia, con una respuesta mordaz en la punta de la lengua, Stuart se apresura a agregar— ¡Es broma, tranquilo!

¡Jesús, como odia trabajar con otras personas! Pero no tuvo más opción, y ya que Charlie se ofreció a vigilar el área (Es inteligente y carismático, además de ser el MVP del equipo de beisbol, si confía en alguien para sacarlos a palabrerías y excusas de ser descubiertos, ese es Charlie) está atascado con Alex y Stuart "verborrea" Becker.

Si su situación no fuera tan precaria, si fueran otros tiempos, Cartman hubiese asesinado a Chad y ese hubiera sido el final de la historia. Pudo haberlo seguido al baño, esperar a que terminara de cagar, irrumpir en el cubículo de una buena patada, empujar su cara al inodoro y verlo ahogarse en su propia orina y mierda. O lo hubiese drogado como ahora y lo hubiese enterrado vivo, quien sabe, a Cartman no le gusta limitar su creatividad.

¡Pero ahora es diferente! Ahora debe trabajar con lo que tiene a su alcance porque el asesinato de un Alfa no es algo que se tome a la ligera, y es seguro que tendría a Yates olfateando en cada rincón del pueblo. No, no necesita eso ahora. Así que la humillación pública tendrá que bastarle.

Kenny los espera al otro lado del gimnasio cuando finalmente cruzan sus puertas, impaciente y tenso. Cartman les indica a sus esclavos temporales que arrastren el cuerpo a la puerta que lleva hacia los vestidores de los Omegas, mientras que él habla con Kenny a solas. La campana sonará en algunos minutos, y no tienen tiempo que perder.

—¡Sí, desnudarlo es parte del plan!—Brama entre jadeos, tan pronto ve a Kenny observar el cuerpo con desaprobación.— Trata de controlar tu erección.

—¿Era necesario llegar tan lejos? —Cuestiona, aprovechando la oportunidad de mirar a detalle el pito del chico inconsciente. Luce decepcionado con lo que encuentra.—Tú te metiste con él primero. Además, casi nadie adivinó que se había disfrazado de ti, ¿no podías dejarlo pasar?

Cartman sacude la cabeza y responde con solemnidad.

—Sabes cómo funciona esto, Ken: Soy Eric Cartman, si te metes conmigo, te metes con el mejor. Debió escuchar los rumores sobre mí y tomar sus precauciones.

—Disfrazarte de Tony Montana, no te vuelve Tony Montana.— Enfatiza Kenny, sin darle el crédito que se merece por su asombroso vestuario y perfecta imitación de Cara cortada— Y el único rumor de ti que he escuchado es que no te gusta ducharte junto a los demás porque temes que todos se exciten con tus enormes tetas... Yo lo comencé de hecho, me he encargado de esparcirlo desde primer año.

— Estoy al tanto, Madonna, estaba junto a ti cuando inventaste la historia.—Dice desdeñoso, Kenny solo sonríe con orgullo, sacando más su pecho, presumiendo el sostén de conos dorados que forma parte de su disfraz ochentero. Jesús, Cartman no puede esperar a que termine esa infernal semana del espíritu.— ¿Conseguiste la llave?

Kenny saca la mano de su bolsillo y revela tintineantes llaves de diferentes tamaños y colores colgando de sus dedos ¡Cartman podría besarlo en esos momentos! Trata de arrebatárselas entonces, pero Kenny da dos pasos hacia atrás.

—No tan rápido, ¿Qué gano yo?— Pregunta, haciendo a Cartman recordar porqué lo odia tanto.

—Que no te asesine mientras duermes, bastardo.

—Modales, Eric.—Lo reprende con siena, chasqueando la lengua—Tuve que cobrar algunos favores para conseguir estas llaves y no hago caridad, al menos no contigo. Espero retribución de algún tipo.

—¡Te invitaré a comer, cenar, lo que sea, ahora no tengo tiempo para esto!—Cartman se lanza contra él, pero Kenny levanta las llaves por encima de su cabeza, abusando de los escasos centímetros de altura por los que supera a Eric ¡Carajo, Kenneth! —¡Dime tus condiciones después, ahora estoy sobre tiempo y mi suministro de ruffies es limitado! —Da un salto para arrebatárselas, pero Kenny lo evade a tiempo, ¡Malditos sean sus cinco centímetros extras!

— Ok, seré breve: Quiero al moreno.—Informa, con una sonrisa lobuna, observando a Alex, que recuesta el cuerpo de Chad en la pared.

—¿En serio? –Le lanza una mirada al esclavo en cuestión.— Pues sedúcelo con tus trucos de ramera, como a todos los demás. Usa tus feromonas y esas porquerías.

—¿En qué momento? No podemos acercarnos a su edificio y, de acuerdo a Kyle, con su horario, a veces ni siquiera tienen tiempo de cagar a gusto, así que tampoco es probable que lo encuentre paseando casualmente en el parque uno de estos días. Mira, ser una anomalía entre Omegas tiene sus ventajas, pero cuando llegue mi celo y mi culo lubrique cual cascada, necesitaré algo más que dedos para estar remotamente satisfecho. Y no estoy exagerando con lo del lubricante, goteo tanto hasta cuando estoy excitado en un día común que he comenzado a considerar usar pañales especiales. Para cuando entre en celo, mi Alfa tendrá que desarrollar branquias si pretende meter su cara entre mis na...

Cartman lo interrumpe con un gemido de repulsión. Mierda, él no pidió detalles.

—Quedó claro, Ken, ¿Pero entonces qué? ¿Quieres que te comparta de mis ruffies? Porque si no son usados para destruir la vida social de un malnacido, no estoy seguro que esté de acuerdo con su otro uso.

—No seas imbécil, quiero su número y que le hables bien de mí, lo suficiente para que se le antoje clavármela hasta que sus bolas estén tan secas que parezcan pasas, solo eso, ¿Lo tomas o lo dejas?—Inquiere, extendiendo su mano libre hacia él, como buscando cerrar el trato con una formalidad discordante al resto de la situación. Cartman cede, tomando su mano y dándole una breve pero fuerte sacudida. Finalmente, Kenny le entrega las llaves.

—¡Muy bien, chicos, tenemos cinco minutos para incriminar al hijo de perra y sacar nuestros culos de aquí, si lo hacemos en tres, los dejaré elegir el restaurante que quieran!—Anuncia Cartman con renovada jovialidad.

Los esclavos celebran con un alegre "¡Oh, sí, Boca du faggoccini aquí vamos!" y Kenny le lanza una mirada de complicidad, arqueando las cejas.

—¿Soborno?—Cuestiona en un murmuro, como si fuese predecible.

—Es infalible.—Admite Cartman encogiéndose de hombros.

—No pensé que lo necesitaras, básicamente besan el suelo que pisas.

Si bien Kenny está exagerando, es verdad que en realidad no había necesidad del soborno. Tan pronto compartió con ellos sus planes y aclaró sus dudas, los chicos se emocionaron ante la idea de poder ayudarlo y juraron no confesárselo a nadie. Ofrecerles una cena fue por su propia paz mental, así como el tomar fotos que evidencían la participación de todos los involucrados (nunca se es demasiado precavido con estas cosas y si va a caer, no lo hará solo).

— ¿Celoso? Ya deberías saber que siempre serás mi puta favorita —Le asegura, dandole un apretón a su hombro de manera afectuosa.— Aunque ahora seas la vergüenza del pueblo y la desgracia de nuestro grupo de amigos.

—Solo estás enojado porque ni con mi celo a la vuelta de la esquina se me antoja cogerte.—Kenny le guiña un ojo, rumbo a los vestidores. Su presencia ya no es requerida, sin embargo, Cartman no tiene la oportunidad de hacérselo saber, pues, en una vomitiva epifanía, cae en la cuenta de que aquel siempre fue un riesgo que había fallado en prever: La colonia no es más que un olor fabricado con la intención de hacerlo pasar desapercibido entre las jerarquías; su misión es la de engañar, no la de atraer. Sin embargo, la posibilidad de que algún estúpido Omega se sienta atraído por ella es bastante real e, incluso de no ser así, si Cartman toma en cuenta su sensualidad natural... rayos, ¿Cómo no consideró ese escenario antes?

Afortunadamente, Kenny no fue uno de los interesados (siempre ha tenido mal gusto, el pobre, pobre diablo), pero el considerar que estuvo cerca de suceder lo hace sentir escalofríos. Lo hace preguntarse, ¿Qué es lo que hará si sucediese con alguien más? ¿Qué es lo que haría un Alfa natural ante tal escenario? ¿Notaría el Omega la diferencia en el acto? Sus pitos lucen practicamente iguales hasta la hora del abotonamiento, pero en un coito normal, ¿Hay diferencias que desconoce? ¿Podría un Omega notarlas?

Cartman sacude la cabeza, buscando despejar sus pensamientos. Ahora es un mal momento para petrificarse ante nuevos descubrimientos, así pues, se fuerza a dejarlo pasar por ahora, ya se le ocurrirá algo cuando llegue el momento. En el peor de los casos pregonará el celibato hasta que se convierta en un Alfa oficialmente, a la mierda.

Acude con los otros chicos y, usando la llave de los vestidores de los Omega que Kenny había conseguido por misteriosos medios, arrastran el cuerpo inconsciente de Chad dentro, en donde Cartman procede a preparar la heroína. Alex espolvorea el rostro del chico inconsciente con cocaína, cual maquillaje; le recuerda a Cartman a la escena de Mulan, aquella donde la preparan para ser una geisha o cual sea la versión china de ellas, y su rostro queda blanco como el arroz.

—Extiende su brazo.—Le indica a Stuart, mientras palmea el miembro en cuestión con dos dedos, antes de pincharlo. Extrae un poco de sangre, y observa el contenido líquido, incoloro, de la jeringa mezclarse con carmín, antes de vaciar hasta la última gota bajo la piel de Chad nuevamente.

—¿De dónde sacas tantas drogas?—Cuestiona Kenny, quien pretende inspeccionar el cuerpo con interés, mientras sus tetas cónicas chocan casualmente contra Alex, que recién parece notar su cercanía ("Puedes tocarlas si quieres" Bromea Ken, cerrándole un ojo como una zorra barata; debe estar pasando demasiado tiempo con Bebe).

—De la vagina de tu madre.—Replica Cartman, y Kenny lo golpea en la cabeza con fuerza.— ¡Mierda, Ken!

—Espero que guardes algo de ese buen humor para cuando ordene la carta completa en la cena de esta noche.

—¡Hey, dijiste que no querías!

—¿Cuándo le he dicho que no a la comida gratis?— Kenny sonríe triunfante, como el cabrón que es, haciendo a Cartman resoplar con desdén. Como sea.

Centrando su atención en Chad de nuevo, Cartman coloca una tanga en la cabeza del inconsciente chico, acomodando la parte de la entrepierna justo sobre su nariz, para que dé la impresión de que el bastardo la olfateaba antes de caer inconsciente, masturbándose. Después considera hacerle justamente eso, si acaso para hacerlo ver más real; está usando guantes de látex, así que no sería gay porque no habría contacto directo entre pito y mano; y nada como un pene flácido cubierto en semen seco para no dar lugar a equivocaciones. Pero, finalmente, decide que su repulsión supera su perfeccionismo y deja el cuerpo de Chad tal como está.

Se retira los guantes, se aleja de Chad y contempla su trabajo una última vez. No es el mejor, pero tendrá que conformarse. Al menos hizo algo de justicia.

—Salgamos de aquí.

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Esa es la historia de cómo Chad terminó enfrentando cargos por posesión de drogas y acoso sexual, y de cómo Cartman terminó perdiendo gran parte de sus ahorros en una innecesaria cena, gracias al abusivo culo flaco de McCormick.

El vago arrepentimiento experimentado al no poder haber enterrado vivo a Chad, se esfumó cuando lo vio ser electrocutado por la policía en el patio escolar. Y cuando se sienta a cagar al día siguiente, celular en mano, encontrándose con varios memes y artículos amarillistas destrozando a Chad públicamente, casi siente a su ano formar una sonrisa ¡Todo aquello resultó ser más divertido que la posibilidad de escuchar sus gritos de terror apagarse lentamente bajo tierra!

¡Y la mejor parte es que ninguno de los implicados muestra remordimientos de lo que hicieron! Todo lo contrario, lucen tan contentos como él. La falta de escrúpulos siempre es un rasgo de personalidad que amerita respeto, a su parecer. Incluso Butters, que había estado haciendo guardia junto a Charlie fuera del gimnasio aquel día, le ha encontrado su gracia al asunto. Todo salió tan idílicamente bien que, cuando dos días más tarde, es llamado a la oficina del director a mitad de algebra, Cartman es tomado por sorpresa.

Por un momento, se petrifica en su asiento, incierto.
¿Alguno de los maricas confesó? ¿Acaso olvidó algún objeto incriminatorio en la escena del crimen? O tal vez está sacando conclusiones demasiado pronto, y solo se trate de algo menos grave, como que su traje es inapropiado, su vestido demasiado corto; aunque bueno, de igual forma podría tratarse de algo peor, como aquel otro asunto de pretender un estatus...

Con toda calma, se levanta de su asiento, ignorando la mirada de pánico que le arroja Stuart cuando pasa junto a él, y sale del aula. Es incapaz de adivinar el escenario hipotético al que se enfrentará esta vez, pero no debe desesperar: La improvisación siempre ha sido uno de sus talentos.

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Hablando de cosas inesperadas... WOW. Solo eso es lo que atina a pensar cuando conoce al director de la escuela en persona.

El sujeto esta fumando un puro, recargado sobre el marco de la ventana, cual modelo masculino en una sesión de fotos. Cartman anunció su llegada tocando a la puerta, su encantadora sonrisa presente en su rostro, listo para hacer acopio de todo su carisma natural, pero ahora, habiendo abierto la puerta de par en par, en lugar de presentarse o articular palabra alguna, se queda ensimismado y en silencio, cual puberto estúpido.

—Pasa, Eric—Le indica el director con un gesto de la mano, antes de apagar su puro en el cenicero. Luego gira en su dirección, y en su rostro varonil se dibuja una expresión de sorpresa similar a la suya, si bien por otro motivo. Mierda. Cuando eligió ese disfraz no se le ocurrió que terminaría en aquella situación, con aquel sujeto. El director carraspea una vez, antes de proceder con normalidad.—Toma asiento, por favor.

Cartman reprime el impulso de acomodarse el vestido, y se limita a cerrar la puerta tras él. La silla ofrecida está a tan solo unos pasos, pero con el flequillo de su vestido sacudiéndose con cada movimiento y el tacón de sus zapatillas resonando ruidosamente sobre el piso de madera, bien pudo encontrarse al otro lado del edificio. Lleva diez segundos en esa oficina y se siente más autoconsciente que en todas las horas que pasó con las miradas curiosas de sus compañeros puestas en él.

Es viernes, el último día de la aparentemente interminable semana del espíritu, y la temática es Patriotismo. Ataviarse en un mini vestido turquesa y colocarse una tiara del mismo color, por encima de una larga peluca rubia, le había parecido el cliché perfecto y divertido que buscaba, ¿Además, qué norteamericano no ama un buen homenaje a la estatua de la libertad? Lamenta haber dejado su antorcha de plástico en el aula, el traje tendría un poco más de sentido si cargara con ella, ¡Uuff, menos mal había terminado por desechar la idea de vestirse de porrista!

El director ("Daniel Hudson", reza el porta nombres en el escritorio) toma asiento detrás de su escritorio de cedro y le lanza una última mirada a su vestido, antes de sacudir la cabeza una vez, como decidiendose a no tocar el tema. Coloca sus grandes manos frente a él, entrelazándolas, sus biceps trabajados marcandose en las mangas de su apretada camisa.

—¿Dominic te hizo llegar el comunicado respecto a un congreso en Nebraska?—Cartman niega con la cabeza, y Hudson resopla.— Por supuesto que no.

El director se reclina sobre su silla y procede a informarle acerca de una oportunidad para ir cimentando su futuro como un exitoso Alfa: Un viaje, contactos, celebraciones, diplomas... Y algo similar a emoción crece en él.

—Cinco lugares fueron abiertos, y después de mucho pensar, se ha deliberado que tú serás parte de ellos. Felicidades, Eric.—Dice, con una sonrisa arrebatadora, y Eric piensa, por un breve momento, que tal vez así es como luce un ángel en realidad, no son bebés alados con aureolas en sus cabezas, sino intimidantes hombres altos con pelo en pecho asomandose por el cuello de su camisa y una tupida barba gris.

Sin embargo, inexplicablemente, cuando Hudson habla de nuevo, la sensación más extraña toma preso a Cartman.

— Esa fue la buena noticia, pero ahora vamos a la dura realidad — Algo ha cambiado en el aire a su alrededor o tal vez apenas está percatándose de algo que estuvo allí desde el inicio, pero que la percibida sensualidad y la vergüenza no le permitieron notar. Lo que sea que es, viene del hombre frente a él, haciéndolo sentir nudos en su estomago y su garganta seca. Entre esas cuatro paredes, bajo la intensa mirada de este sujeto, siente una presión en sus hombros y espalda, un repentino impulso de hacerse pequeño en su asiento, una necesidad de prestar atención a cada palabra que diga, a cada gesto que haga.— No eres un mal estudiante, tu promedio es bueno, pero la única razón por la que fuiste seleccionado fue gracias a la suspensión del joven Dickson.

—Oh.— Dice, sin lograr ocultar su decepción pese a las inexplicables alarmas en su cabeza, ¿es mucho pedir que lo dejen celebrar por un minuto?

—En otras palabras, de no haberse desquiciado por completo como lo hizo, tú no estarías aquí ahora, tomando su lugar.—Hudson aclara, mirándolo a los ojos con severidad antes de abrir un sobre manila, previamente reposando sobre una pila de papeleo.— Estuve leyendo tu expediente, y no estoy contento con algunos detalles. Por ejemplo, veo que eres parte del club de debate, pero Eric, ¿Arte, como optativa?—Hudson niega con la cabeza— ¿Ya tienes alguna universidad en mente?

Cartman parpadea un par de veces, confundido.
¿Es en serio? ¿Se supone que ya debería tener un plan de vida elaborado? Sabe lo que quiere (Poder, dinero, fama) pero no ha tenido tiempo suficiente para pensar con detenimiento en la forma en que podrá alcanzarlo, apenas ha tenido tiempo de dormir y comer.

—Escuché que Columbia tiene un buen departamento de leyes.—Responde, tentativamente.

—Leyes...en ese caso te aconsejo que cambies de materia optativa el próximo semestre. Acude con el consejero escolar para que te oriente en las clases que te darán mejores créditos a la hora de postularte para esa universidad.—Hudson vuelve la vista al folder y continua leyendo.— Fuiste recomendado incansablemente por el resto de tus profesores. Tan pronto Dickson salió de la escena, tu nombre fue mencionado una y otra vez. Pero necesito que hagas un verdadero esfuerzo a partir de ahora. Has tenido algunas faltas y retrasos, especialmente en las clases de Educación sexual. Entiendo que Dominic puede ser una persona...complicada. Intolerable, mejor dicho. Fastidioso y patético. Deprimente en el mejor de los casos. Pero si quieres ser invitado a la conferencia del año que viene, necesitarás algo más que suerte—Declara, y luego cuestiona, con tono amistoso— ¿Puedo contar contigo, campeón?

Cartman lo contempla en silencio unos momentos, procesando la información. Finalmente, sonríe de oreja a oreja, y asiente con renovado entusiasmo.

—¡Por supuesto que sí, señor! Cuente conmigo.

— Bien.— Dice, y algo del tenso ambiente se evapora—Tengo grandes expectativas de ti, Eric.

—¡Agradezco la oportunidad, no los decepcionaré!—Le asegura, con una gran sonrisa, mirándolo a los ojos, para reafirmar su determinación.—¡Se lo prometo!

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Cartman abandona la oficina del director y una expresión sombría borra todo rastro de su entusiasmo.

¡El atrevimiento de ese ardiente hijo de puta!

¿"Hacer un verdadero esfuerzo"? ¿Es que cree que Cartman se ha pasado el semestre rascándose el culo? ¡Cómo se atreve a restarle importancia a todo lo que ha logrado! ¡Cartman no ha hecho sino dar lo mejor de sí desde el inicio!

—¡Hey, Eric!—Lo llama Butters, al dar la vuelta en el pasillo.— ¿Cómo te ha...?

Cartman lo pasa de largo, hecho una furia, sus tacones haciendo eco entre los vacíos pasillos.

Tal vez si no estuviese siendo exprimido de cada gota de energía y voluntad de vivir, cumpliría las ridículas expectativas de un sistema educacional ya de por si cuestionable. Sin embargo, a medida que el semestre avanza, por cada A que obtiene le son encargados al menos otros tres proyectos, presentaciones y tareas; eso sin mencionar que los exámenes semanales NO se detienen, sin mencionar Educación física, que se ha convertido en el equivalente académico de una viciosa y peculiar tortura medieval. Incluso su clase optativa es un desastre: entre Tecnología, Música y Artes, ese último parecía ser el menor de los males y Kenny felizmente había acordado tomarla con él, pero, meses más tarde, Cartman está atascado con ensayos pendientes y Kenny, el cabrón, no ha puesto pie en el aula en semanas por andar cogiendo con Omegas en celo.

—Corte imperio. Vas mejorando.—Observa Testaburguer, cuando pasa junto a él, camino al único baño de damas en todo el edificio Alfa.

—¡Jódete, Wendy!—Berrea a voz en cuello, recibiendo nada más que una parca sonrisa en respuesta. Wendy Testaburguer, mujer amazónica con corte de hongo, NO va a darle tips de moda mientras ella viste un aburrido traje oscuro, disfrazada de alguna prominente figura femenina en la historia de Norte América que NADIE más reconoce, ¡Que se joda! ¡Que se joda ella, que se jodan todos!

Alguien suelta un silbido detrás de él, haciéndolo respingar.

—Así de mal, ¿eh? –Nota Butters, que se ha dado a la tarea de seguirlo cual personificación de la enfermedad venérea que en realidad es.— ¿Es por lo de Chad? –Continúa en lo que pretende ser un susurro, aunque Cartman lo escucha perfectamente bien en los metros que los separan.— ¿Alguien sospecha algo? Creo que si jugamos bien nuestras cartas, podemos culpar a Charlie. Coño, sospecho que si se lo pides amablemente, él mismo...

Cartman se vuelve hacia él y lo toma de su camisa, empujandolo contra los casilleros.

—Iré a un estúpido congreso en Nebraska.—Le informa, y Butters lo mira con los ojos como platos, sus manos junto a su cabeza, rindiéndose ante la amenaza de más violencia.— El director acaba de darme la noticia, ¿Satisfecho?

—Ok, ¿Pero qué no es...? ¿No es eso algo bueno?

Su inocente pregunta, por obvia que fuere, lo hace vacilar. Es la mejor noticia que ha recibido hasta ahora, debería estarlo celebrando, sin embargo...

Ciencias, Idiomas, Cálculo, Debate, Economía, Ciencias Sociales...Las clases no se terminan, pero la cordura de Cartman sí. Intentó hacer las cosas bien en un inicio, tomar el camino honesto como los perdedores hacen normalmente (Ej.— Wendy, Kyle, Token) pero resultó en extremo cansino, y ya que no es un masoquista, ha terminado por tomar cualquier oportunidad que logre darle alguna ventaja por encima de otros: Se ha hecho amigo de múltiples chicos en otras clases (¡Fue tan sencillo! Tal vez sea solo su suerte, pero a pesar de lucir amenazantes o medio muertos, los Alfas que conoce son bastante amigables cuando habla con ellos o les pide favores, contrario a los estereotipos que le habían advertido), se copia en los exámenes y tareas, manipula a sus compañeros de equipo para que hagan la mayor parte de los proyectos... ¡Cartman hace hasta lo imposible por mantenerse a flote! Pero el solo pensar en los créditos que necesitará juntar en los próximos años para entrar a una universidad decente, lo hace cuestionarse si dormir bajo puentes será tan malo como lo hacen sonar en televisión.

¡Está tan exhausto!

—Lo es. Es una gran noticia, pero también significa que tengo que comenzar a besar culos si quiero conservar mi invitación.—Confiesa, soltándolo. Butters se acomoda su traje negro y reajusta la máscara de Obama colgando de su cuello (Cartman había pasado veinte aburridos minutos la noche anterior escuchándolo debatir si contaba como algo ofensivo usar la máscara de un afroamericano siendo él caucásico).— Sacar buenas notas ya no es suficiente.

Butters asiente en comprensión, mirandolo con pesar por unos segundos. Luego, sonríe con repentina emoción.

—¿Sabes qué es lo que necesitas?

—¿Vaselina en los labios antes de comenzar a repartir mamadas a los maestros?

—¡Relajarte!—Replica con entusiasmo, ignorando la respuesta previa de Cartman.— ¿Cuándo fue la última vez que saliste con los chicos? Nuestros chicos.—Aclara inmediatamente, refiriéndose a los chicos de South Park.

Cartman comparte algunas clases con Kyle, ve a Stan y Kenny en la parada de autobuses diariamente, y a Craig y los otros chicos en el patio escolar en ocasiones, pero han pasado meses desde la última vez que se encontraron todos fuera de clases. Mantener contacto con sus antiguos compañeros nunca ha sido una de sus prioridades, pero ahora que se detiene a pensarlo, tampoco esperó que terminaran por convertirse en extraños en tan poco tiempo.

—¡Vivimos en un pueblo tan pequeño, y aún así es como si viviésemos en mundos diferentes!

—Bueno, es porque de cierta forma es así.

—¡Pero crecimos juntos, debería tomarnos más que una prueba de sangre para separarnos!

Oh, ingenuo, Butters. Siempre ha tomado menos que eso. En especial en el caso de ellos dos, los otros chicos nunca han dudado en darles la espalda.

—Vamos a jugar bolos el domingo.—Sugiere, con una radiante sonrisa.— Nosotros, el grupo de Craig y los chicos, incluso invitaré a las chicas, ¿Qué te parece?

—No veo como perder mi valioso tiempo en compañía de mediocres Betas resolverá mis problemas.

—La clave está en despejar la mente, si te distraes, tu cuerpo y cerebro se relajan, y si es en compañía de personas que aprecias, entonces es seguro que además pasarás un buen rato.— Dice Butters, el eterno optimista, sosteniéndolo por sus hombros, en una maniobra en donde impides a la otra parte escapar de tu mirada y que Cartman se arrepiente de haberle enseñado.— ¿Quién más que tus amigos para motivarte?

Tiene tanto que estudiar, tantas tareas pendientes, pero Butters no está completamente equivocado. Y ahora que lo piensa mejor...

—Tienes razón.—Responde, contagiándose de la actitud positiva del chico.— Si paso tiempo con Clyde, Red, Craig, y todos esos perdedores; si veo lo patéticos que son; si recuerdo cuanto los aborrezco; ¡Entonces me sentiré motivado a seguir con esta far... con esta mierda!

La sonrisa de Butters titubea.

—...Eso no es lo que quise decir.

—¡Y en todo caso, podré restregarles mi éxito en su cara!— Ya puede visualizarlo, presumiendo su estatus, su nueva invitación, sus nuevos y mejorados súbditos.

—Tenía en mente un encuentro amisto...

—¡No digas más! ¡Acepto! —Decide, tomándolo de los hombros, reflejando la misma postura de Butters y prácticamente vibrando con emoción ¿Cómo pudo olvidarlo? ¡Si te sientes miserable, la clave para sentirte mejor está en hacer sentir a alguien peor que tú! ¡Nunca falla!

¡Caray, siempre lo olvida, pero Butters puede ser útil en ocasiones!

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Después de las buenas/malas noticias de Hudson y con la primera salida social en meses en el horizonte, Cartman pasa los siguientes dos días aislado del mundo, rodeado de libros y libretas con notas sobre los temas del semestre, sintiéndose desfallecer con tanta información.
Cartman confía en su inteligencia. Sabe que cuando le interesa algún tema en especial, puede pasar horas investigando al respecto, sin sentirse apenas algo soñoliento; no le cuesta demasiado aprender hasta el último detalle de aquello que atrae su atención y puede contar con su excelente, aunque selectiva, memoria para no fallarle cuando lo necesita.
¡Ah, pero los estudios! ¡Aquellos siempre han sido un dolor en el orto! Los aburridos temas forzados por la escuela le resultan un insufrible ejercicio a su ya casi inexistente paciencia.

Cartman odia estudiar. Odia la vida académica en general. Abrir los libros de las materias que detesta solo le resta tiempo adicional a sus repasos al verse inevitablemente forzado a sostener una breve lucha interna contra su natural reticencia a cumplir con obligaciones que estaba acostumbrado a ignorar sin consecuencias (al menos no del tipo permanente) con anterioridad.

Así pues, llegado a este punto, sería una mentira no aceptar que se ha cuestionado si los sacrificios que está haciendo valen realmente la pena. Si las traiciones, los planes, los riesgos que ha tomado y el tiempo que ha invertido han justificado su calidad de vida actual. Está harto de sentirse cansado y confundido cada día. Está frustrado de dar lo mejor de sí y que no baste, que cada vez tenga que sacrificar más y más de sí mismo por algo de lo que no tiene control en absoluto, ¿Pero qué otra opción tiene?

Su madre, tan atinadamente que resulta casi escalofriante, ofrece una respuesta el sábado por la noche.

—Sabes que si en algún momento te arrepientes de vivir esta mentira puedes decirme, ¿verdad?—Le recuerda Liane, tomándolo de la barbilla para asegurarse de tener toda su atención y hacerlo notar su seriedad.—Si te arrepientes y decides vivir como un Omega, encontraremos la forma de hacerlo posible... Que esto quede entre nosotros, pero tengo documentos y un pasaporte falso escondido en la caja fuerte de mi cuarto, así que huir del país es una opción real ¡Dios sabe que no es la primera vez que lo he planeado!

Aquello lo toma por sorpresa, pero también lo llena de una felicidad infantil al comprobar lo innegable que son sus lazos.

—¡También tengo un pasaporte falso!—Admite a Liane, luego se corrige— De hecho tengo tres, dos de ellos están escondidos en un almacén junto a la cafetería de los Tweaks, junto con dinero de emergencia.

—¡Eric Cartman!—Exclama su madre, con una mano sobre su pecho, teniendo el descaro de lucir ofendida en grado sumo.— ¿Planeaste huir del país sin mi?

—Oye, yo ni siquiera sabía que tienes una caja fuerte.

—Siempre metes tu naricita en todos mis asuntos, tuve que conseguir una en algún momento.

¿No hubiese sido gracioso? ¿Haber cedido al temor, huido del país para, varios años después, terminar encontrándose con su madre por mera coincidencia en algún lugar alejado de la mano de dios? Casi le tienta intentarlo, aunque con su suerte seguro se reencontrarían en alguna prisión o un sucio putero de algún país tercermundista.

—¡Bueno, borrón y cuenta nueva! — Anuncia su madre, alejando los sentimientos de traición con un gesto de la mano, cual moscas.—Esta vez, si decidimos huir del país, será juntos.—Decide, y se inclina a besarlo en la mejilla.

—Aun no está en mis planes, pero gracias.—Concede, con sinceridad, y su madre aplaude de felicidad, cual foca emocionada.

En lugar de volver a reproducir la película pausada, como Cartman creyó que haría, comienza a pasear la mirada por la habitación, detenidamente, absorbiendo cada detalle. Lleva una hora allí, pero no ha dejado de reparar con fascinación en los cambios y adiciones en ella.

— ¿Vamos a terminar de ver la película o...?

Su madre había irrumpido en su nido en algún momento de la noche, con una laptop en una mano y una cubeta de KFC, anunciando que era pertinente que tomara un descanso de sus estudios y que no se marcharía hasta que terminaran de ver una película juntos.

Después de su maratón de Saw, habían hecho su hábito el ver al menos una película perturbadora a la semana, y su madre se resiste a hacer excepciones sin importar las excusas de Eric. "¡Es tiempo en familia!" Es su argumento, mientras le muestra, desde su laptop, el título y poster de alguna película vetada de los cines de al menos tres países.

—Lo siento, es que... ¡Sabia que te gustaría!—Irradia, extendiendo sus manos hacia todo el cuarto.

A pesar de sus quejas y humillación inicial, Cartman terminó por usar su nido, si bien no como el calabozo sexual que se supone que es.
Fue deliberado: No tiene televisión ni consolas allí, la señal del internet es mierda, así que no tiene distracciones; tampoco puede ver los rayos del sol salir y esconderse, así que no puede lamentar el tiempo perdido; las paredes aprueba de ruido bloquean, obviamente, cualquier sonido desde fuera que pudiese desconcentrarlo, y además le permite tener arranques de ira sin preocuparse que el vecino llame a la policía. En conclusión, es un buen lugar para concentrarse, así que bajó más almohadas y algo de ropa limpia. Pegó también algunos posters, pero solo porque las paredes lucían bastante vacías. La exhibición de dildos y el Antonio Banderas inflable han sido cubiertos con una sabana, porque guardarlos en cajas significaría tocarlos y de hacerlo, se sentiría tentado a lavarse las manos con lejía después, así que decidió que lo mejor sería solo apartarlos de su vista. Es bastante cómodo ahora. Se siente menos aterrador.

Aquellas son apenas unas cuantas modificaciones, pero su madre no cabe en sí de felicidad, como si aquello tuviese algún significado más allá de la búsqueda de practicidad y conveniencia.

—Es solo por unos días, no te hagas ideas raras.— Está por apretar la barra espaciadora de su laptop cuando ve un pequeño destello provenir de su celular: Una llamada de un número privado. Tiene una idea de quién es y aquello le trae el recuerdo de su encuentro con Hudson ¡Es cierto, esa sensación extraña ya la había experimentado antes! ¿Es común, entonces? ¿Es parte de su condición? ¿O podría ser señal de algo más, algo que está pasando por alto? En lugar de contestar (Meh, que se jodan, si es importante llamarán de nuevo, pero lo duda, debe ser para que le dé su reporte semanal y ugh, no tiene energías para lidiar con esa basura ahora) Cartman considera preguntarle a su madre.

Trata de evadir el tema de ser Omega siempre que puede, porque suele estar acompañado de un hondo sentimiento de vergüenza y un auto desprecio al cual se niega a acostumbrarse. Además, no es como que no sepa lo básico ya: Hace años, cuando recién había comenzado a trabajar con Alphonse, el loco científico compartió con él variados datos de sus investigaciones y puso a su disposición diferentes libros informativos a los que no hubiese tenido acceso de otra forma. Sin embargo, consejos y tips de primera mano de alguien que ha pasado por experiencias similares es algo que no ha tenido, y ya que su madre está al tanto de todo...

—Por cierto, tengo una duda—Le dice, con tono casual, y su madre finalmente aparta la vista de las nuevas decoraciones— ¿Qué haces cuando te encuentras con un Alfa con una presencia...inusual?

—¿Qué quieres decir, amorcito?

—Ayer conocí al director.—Inicia, y decide saltarse los motivos que lo llevaron a la oficina de Hudson, no tiene caso discutir con su madre ahora por la invitación a Nebraska que aún está luchando por conservar.— El sujeto es imponente, y sentarme frente a él fue de lo más incómodo. Tiene un aura extraña que me hizo desear huir pero también quedarme. Era como si la gravedad hubiese tomado forma y me estuviese presionando contra el asiento.— Eso sin mencionar que su pito no se decidía entrar asomarse en interés o esconderse bajo su piel, cual tortuga en su caparazón.— Fue muy perturbador, ¿Te ha pasado alguna vez?

Liane pone una mano sobre su rosada mejilla, ladeando la cabeza, con gran desconcierto.

— Eric... ¿ estás diciéndome que es la primera vez que te sucede?

—Bueno, no exactamente, creo que algo similar me ha ocurrido con Gregory y Mole un par de veces, pero les colgué la llamada cuando sucedió. Ya sabes que no gusta que me ordenen cosas.— Rememora con una sonrisa burlona. Si Cartman no obedece a su propia madre, ¿qué les hace pensar que va a obedecerlos a ellos? Que sean Alfas que cuentan con el apoyo de la milicia británica y tienen relaciones diplomáticas con la milicia americana no los convierte en su jefe. Colaboran juntos, pero eso es todo.

El desconcierto en su madre crece, parece en igual medida sorprendida y preocupada.

— ¿Qué?— Cuestiona, tomando otra pieza de pollo, deleitándose en el delicioso crujido de la piel dorada que lo recubre. Él y el coronel Sanders tuvieron sus problemas en el pasado, pero carajo, qué buenos están sus pollos.

— Todo este tiempo creí que tu resistencia a los Alfas era un efecto de la colonia, porque el lugar en el que estás, el tipo de personas que te rodean, es el peor escenario para un Omega joven. Lo que sentiste con el director, es similar a lo que deberías de sentir con cada Alfa dentro de ese edificio.

Su madre se reacomoda en su asiento, para mirarlo de frente, lo que le indica que la respuesta será más larga y seria de lo que anticipó, haciéndolo arrepentirse de haberle preguntado antes de terminar de ver la película.

—Si bien un Alfa es, para un Omega, una fuente de seguridad, protección y placer, el contexto tras su presencia es importante: Estar con ellos por amor, amistad o gratificación sexual no se compara a ser el rival de uno. Si un Alfa es infeliz, si es desobedecido, si está molesto o trata de establecer su dominancia, entonces ese sentimiento de "Querer huir" que mencionaste, se incrementa y nos pone en una posición muy desagradable.—Dice, abrazándose a sí misma, imaginándose tal escenario.— Esa "gravedad" que mencionas es la voluntad de un Alfa apelando a tu instinto Omega de sumisión, que te está advirtiendo del peligro. Para algunos se siente peor que para otros, pero en ambos casos no es algo que pueda ser simplemente ignorado.

Entonces es normal. A Cartman no le gusta como suena. Trata de revivir lo que otros Alfa lo hacen sentir y... A veces se tensa cuando se queda a solas con alguno (¡En especial si no atisba ventanas o puertas cercanas!) o cuando se le aproximan en grupos (lo cual ha sucedido con más frecuencia, maldito sea su carisma), pero no es tan diferente a la ansiedad que ha experimentado desde niño, y no se parece en nada a lo que Hudson o los maricas extranjeros lo hacen sentir. Tal vez el nivel de autoridad tenga algo que ver.

—Normalmente nuestras feromonas son un relajante natural para ellos, y ayudan a mantener su voluntad hostil a raya. Por eso dicen que las mejores parejas son entre Alfas y Omegas, hacemos buen equipo.—Continúa su madre— Pero por su cuenta no siempre pueden evitar intimidar y tratar de establecer dominio, es instintivo, y les toma mucha práctica y experiencia poder manejarlo. Por eso es tan difícil para un Alfa lidiar con otros Alfas, siempre van a buscar competir con el otro. Esa es la razón por la cual otras jerarquías no pueden mezclarse con ellos tan fácilmente.—La preocupación que había visto antes en su semblante se acentúa— A veces las escuelas hacen excepciones con algunos Gammas y Betas, permitiéndoles tomar cursos completos junto al resto de los Alfas, pero rara vez sucede porque ni siquiera ellos pueden soportar el ambiente hostil. Bueno, los Gammas pueden, pero ellos son... ya sabes, raros, así que no cuentan.

Vaya que si, Cartman ha tenido escaso contacto con dos y aunque a primera vista no hay anda mal con ellos, tienen una vibra extraña. No sabría explicarlo con claridad, pero provocan un fuerte rechazo por parte del resto, sin importar la jerarquía.

— Pero aún así, siempre será peor para los Omegas. Ya habrás escuchado lo que significa que un Omega "Despierte" a un Alfa; pues bien, un Omega normal, en tu situación, también sufre de consecuencias. Estar expuesto a cierto tipo de feromonas Alfas tiene repercusiones en la salud física y mental de los más jóvenes Omegas. Cualquier Omega que hubiese intentado someterse a tu loco plan se hubiese rendido a los pocos días o hubiese colapsado el primer mes, por eso me enfadé tanto cuando me lo contaste años atrás. El acuerdo de separarlos por categoría es por el bien de todos, incluso si al principio no lo parece... así que, si tu resistencia no proviene de la colonia, entonces... no tengo idea de cómo has podido soportarlo, corazón.

Cartman asiente lentamente, analizando la información detalle a detalle.

—O sea que no tienes ningún consejo. —Para variar, tendrá que arreglarselas solo. Dios, pudo ahorrarse quince minutos de explicaciones innecesarias.

— Lamento decirte que no, osito, de hecho me has dejado con más dudas. Si Mephisto te dio la colonia, es porque debió saber sobre tu inusual resistencia, ¿no te dijo nada al respecto?

Ah, acerca de eso... Cartman considera sus opciones.

—Hizo unas pruebas aquí y allá, si. –La evasión siempre será su respuesta preferida— Pero no sé por qué estás tan sorprendida, ¿no dices siempre que soy un niño especial y todo eso?

Liane se ríe y acaricia su cabeza.

—¡Claro que si, corazón! Pero esto es...

—Es algo que he logrado a base de mucho esfuerzo, mamá. Deberías estar orgullosa, ¿alguna vez imaginaste que mantendría notas tan buenas? ¿O que haría tanto ejercicio? Hasta me como el pasto con aderezo que te atreves a llamar comida, ¿no?— Liane ríe de nuevo, corrigiéndolo con una sonrisa, "Es ensalada, Eric, no seas dramático"— Esto debe estar relacionado con ser una anomalía o algo, los detalles no importan.

Aunque Liane asiente, no parece completamente convencida, así que decide iniciar la película de nuevo y distraerla con su más reciente idea ambiciosa: Habían pausado el film justo cuando la piel de una chica francesa era arrancada poco a poco, así que Cartman le muestra la pieza de pollo entre sus manos, que ha sufrido un destino similar, y procede a instar a Liane a ponderar el brillante potencial de acompañar sus películas semanales con temas culinarios relacionados. Pasan el resto de la película planeando un menú; y el tema anterior, así como la llamada sin responder en su celular, quedan en el olvido.

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No es hasta la mañana siguiente que, desayunando en la cocina, fuera de su nido finalmente, mientras comparte otro video de la hilarante detención policiaca de Chad, que escucha las noticias de un cuerpo encontrado en el pueblo. Reconoce el nombre y, cuando corre a la sala para ver la fotografía de la víctima, corrobora también su identidad.

Mierda, tal vez debió responder aquella llamada.